Chapter Text
" Ezra, recuerda, sin esperanza no somos nadie..."
Las palabras de sus padres resonaron en su mente viendo la mano extendida de la Twi'lek hacía él. La mirada verdosa, brillante y llena de aceptación le recordó a la calidez que emanaba de Kanan
Ezra trago con nerviosismo, desconfiando del repentino interés que parecía haber tenido Hera en él. A pesar de que no había percibido hasta el momento ningún sentimiento negativo hacía él—más allá de la amenaza de dispararle cuando recién los encontró—, no pudo evitar mirar con recelo a la piloto.
"¿No tienen cosas que hacer?" Preguntó Ezra mirando hacia los lados. No hubo rastros del resto del grupo afuera de la nave, por lo que pudo deducir que se encontraban adentro. "No sería bueno que perdieran el tiempo llevándome. Lo dijiste hace rato ¿No? Con lo de las cajas."
Hera le miró por unos segundos, antes de retirar su mano y tarareo pensativa. "No nos tomaremos mucho tiempo dejando la carga y podrías quedarte en el fantasma mientras lo hacemos." Respondió cruzándose de brazos. "Además, eres de nativo de aquí ¿No es así?"
Ezra frunció el ceño con intriga. "¿Por qué la pregunta?" Dijo imitando la postura del piloto, así que Hera le sonrió con diversión.
"Piénsalo como un trato. Nosotros te llevamos a donde necesites ir y tú nos ayudas a conocer un poco más del planeta." La Twi'lek le miró expectante, con su expresión segura entrelazándose con la cautelosa de Ezra. "Además, nadie se daría cuenta que estarías con nosotros, así que tampoco te meterías en problemas con el imperio."
Ezra se mordió los labios con indecisión. La suave balada regreso a sus oídos haciendo que su corazón latiera con curiosidad.
Hera tenía un buen don para convencer a la gente. Se preguntó si tal vez por eso parecía tan segura de si misma.
Suspirando, finalmente pasó a las palabras de la Twi'lek. "Esta bien." Dijo jugando con sus bolsillos. "Pero nadie puede saber que estuve con ustedes. Ya tengo suficientes problemas con las rutinas diarias que hacen los oficiales y no necesito que sospechen más de mi."
La mirada del piloto se ilumina con satisfacción y una sonrisa cálida apareció en su lugar. Asintiendo, dio media vuelta hacía Sabine. "Ve preparando el resto de la carga, iré a presentar a nuestro invitado a los demás." Dijo caminando hacia adentro. Sus pasos le invitaron a seguirla, cohibiéndose al sentir la mirada de la mandaloriana al lado suyo.
Ezra sospechó de incomodidad. Realmente solo él podía meterse en estos líos.
"Se que puede parecer un poco pequeño en comparación con otras naves, pero el fantasma tiene el espacio suficiente para poder resguardarnos a todos." Dijo Hera guiándole por el lugar. "No solo estaremos mucho tiempo en un solo lugar,pero Lothal es más especial de lo que muchos piensan."
Ezra parpadeó con incredulidad volteando a ver el interior de la nave. "¿Por eso siguen viniendo aquí?" Preguntó frunciendo el ceño. "Si saben que ahorita no hay muchas personas que los apoyen ¿Verdad?"
Hera suspir con pesar, su mirada entristecida casi hizo que Ezra se arrepintiera de sus palabras. "Lo se y lo entiendo, pero es por eso que es importante que sigamos viniendo."
Ezra no lo comprendió del todo. La parte de atacar al imperio, por supuesto, lo demás no tanto.
"No solo se trata de atacar a los sectores imperiales o dañar sus naves e ingresos, es mucho más allá de eso." Dijo Hera captando su confusión. "Ayudamos a quienes lo necesitan, porque es lo justo."
"¿Incluso si hay quienes los rechazan?" Preguntó Ezra recordando las miradas enojadas de las personas en el mercado local cuando se hablaba de los rebeldes en Lothal.
La sonrisa de Hera se suavizo. "Puede que a muchos no les agrademos y eso está bien, pero si en un momento nos necesitamos, entonces podremos contar con nosotros."
Ezra se mostró pensativo. Entendió a lo que se refería y aún así se sintió tan distante ante las palabras de la Twi'lek.
Sus padres le habían dicho que mientras pudieran ayudar aunque sea una persona a seguir viviendo, entonces su lucha valdría la pena. Pero sus padres estaban muertos y las calles frías de Lothal le habían enseñado otras cosas.
El hambre no perdona, sus heridas no sanan solas y nunca podría haber sobrevivido por tanto tiempo si se hubiera enfocado en alguien más que en si mismo.
No es que ignorará el abuso de los imperiales, al contrario, a menudo, Ezra solía distraer a aquellos oficiales demasiado atentos al reglamentario cuando se trataba de los cheques diarios de los negocios. Aunque claramente no se asimilaba en lo absoluto a lo que Hera decía que hacían, al menos la intención se encontraba ahí.
Las nuevas regulaciones hicieron que pasarán más noches sin comer, nuevos días sin salir y sin embargo, al mirar a su alrededor, con la tierra seca y el cielo endurecido, la tristeza inundo su corazón.
"Entonces esto hacen cuando no están poniendo bombas y explotando todo". Ezra titubeo haciendo una mueca. En el interior del fantasma, pasaron por un pasillo donde a lo largo de las paredes se extendieron dibujos de todo tipo—probablemente hechos por Sabine—, calendarios y anotaciones. "No esta tan mal." Murmuró viendo el dibujo exagerado de la figura de un lasat cayendo en una caja de joggans.
Hera resopló con diversión. "Te acostumbras con el tiempo, al principio puede ser demasiado, pero no hay nada mejor que saber que no estas solo y que hay personas a las cuales puedes confiar con tu vida".
Ezra desvío su mirada hacia el suelo.La ansiedad se engancho en sus hombros como un hilo de nervios revueltos en un fichero.
El silencio volvió a dominar su conversación. Llegando a las puertas de entrada, estas se deslizaron con fluidez hacia los lados, dándoles paso a lo que lucía como una especie de sala de reunión.
Hera paso cruzándose de brazos y le sonriendo con cariño. "Muy bien, chico, es hora de presentarte". Dijo volteando a mirar a los otros dos integrantes restantes que se encontraban conversando en el sillón.
Ezra los supo reconocer al instante. Especialmente al hombre de cabello largo que anteriormente había ayudado, aunque por otra parte, el compañero al lado suyo solo le trajo recuerdos del incidente con la moto deslizadora.
Es por ello que no le sorprenderá cuando la familiar mirada azul-verdosa le observará con sorpresa. Kanan frunció el ceño, parándose casi al instante y caminó lentamente hacia él.
Ezra se encogió con un leve temor surgiendo en su pecho, dando un par de pasos hacía atrás hasta quedar detrás de Hera. Diría que era algo más inconsciente, acostumbrado al disgusto de los comerciantes que siempre solían echarlo de los lugares cada vez que salía a pedir por comida.
No le tuvo miedo, o al menos trato de no aparenterlo. Ezra tensó sus hombros y apretó sus puños en caso de necesitar alguna distracción física. La entrada se encontraba justo atrás suyo y no le resultaría difícil escabullirse entre estas personas.
Sin embargo, el gesto en sí provocó que tanto la Twi'lek como el hombre pausaran un momento al verlo, Hera, quien parecía tanto preocupada como intrigada, volteó a ver a Kanan con una mirada brillante, a lo que éste le respondió parpadeando sorprendido.
Antes de que alguno de los dos pudiera procesar lo que estaba pasando, el lasat dio un paso hacía y lo señalo con enojo. "¡Eres ese niño que robo mi moto deslizadora y me aventó a esa caja de frutas!". Expresó con disgusto. Ezra no pudo evitar sonreír con burla.
"Al menos puedes decir que tuviste un olor agradable por unos días." Respondió pícaramente. Zeb hizo una mueca con enfado y se aproximó hasta quedar en frente de él.
"¿Qué estás haciendo aquí?" El lasat gruño levemente cerrando sus puños sin amenaza antes de voltearse a Hera con indignación. "¿Qué está haciendo él aquí?"
Hera alzo una ceja mirando al trío de personas. Primero paso de Kanan a Ezra y después de Ezra a Zeb.
"Está bien, necesitamos una explicación en este instante". Dijo Hera con calma, viéndolos como si acabará de descubrir algún plan oculto. "¿Se conocían?"
Ezra sospecha rodando los ojos. "Ellos explotaron una caja de suministros que intentaba robar, en cambio me robe su moto deslizadora."
Zeb gruño con molestia. "Mejor dicho, te subiste a MÍ moto, me empujaste y luego te la llevaste." A lo que Ezra se encogió de hombros.
"Oye, no es mi culpa que te hayas distraído."
Tú–"
"Okey, muy bien, dejamos eso aparte por ahora". Interrumpió Hera. "¿Kanan?" Preguntó con una mirada acusatoria al hombre que había estado evadiendo la pregunta desde que Zeb comenzó a hablar.
El castaño suspiro desviando su mirada hacia Ezra por un segundo. "Fue en el día del imperio." Las palabras resonaron con Twi'lek, a lo que esta abrió los ojos con compresión.
"La voz." Murmuró con realización y volteó a ver a Ezra.” Supe que había escuchado tu voz en algún momento, pero seguía sin saber de donde." Dijo frunciendo levemente el ceño antes de relajar su mirada y sonreírle con ternura. “Gracias por ayudar a Kanan, estoy segura que no debo haber sido fácil."
Ezra creyó haber visto la mano de la Twi'lek moverse hacia él antes de colocarla en su brazo con rapidez. "Sí, bueno, no fue para tanto." Murmuró encogiéndose de hombros. "Además, no es que me moleste, pero ¿No les contaste lo que paso?" Preguntó mirando al castaño.
Kanan hizo una mueca nerviosa. "Pensé que no querrías que más personas supieran acerca de ti, especialmente porque parecían enojadas cuando Hera sugirió vernos en el lugar."
Ezra ascendió. "Entiendo." Luego volteó a ver a Hera. "Mi casa no queda muy lejos, no necesito llevarme si no quiero." Mintió con simpleza. No es que Ezra no supiera donde se encontraba su torre, si no más bien, que no tenía idea de dónde se encontraba en ese instante.
Kanan frunció el ceño pensativo. "Sabine también menciono algo por el estilo a través del comunicador hace unos minutos, Hera, ¿Dijo que querías viajar con Ezra a cambio de información?" A lo que la Twi'lek ascendió alzando las cejas con diversión.
Ezra rodó los ojos al darse cuenta del desliz de su nombre. De todas formas ya le había dicho a Kanan su verdadero nombre y tarde o temprano los demás se enterarían.
"Hemos estado hablando del reciente animo del planeta con respecto al imperio, el cómo Sabine y Zeb tuvieron que escapar de una multitud enojada cuando intentaron obtener más provisiones y Ezra, resulta, que es originario de Lothal ¿Quién más podría ayudarnos a comprender el enojo de los civiles si no es uno mismo?"
Zeb resopló con sarcasmo. "No es que sea muy difícil de entender porque están enojados." A lo que Hera ignoró sus palabras. "El niño es un ladrón y un alborotador, terminará metiéndonos en problemas aunque no quiera." Reclamo brevemente.
Kanan tarareo viendo a Ezra, quien solo pudo retorcerse incómodo. "Aquella vez en el día del imperio, me ayudaste. No solo me diste un escondite, si no que también esa gasa hizo posible que pudiera reunirme un tiempo. Si no fuera por ti, no sabría que hubiera pasado."
Hera resaltando ante las palabras de Kanan. "Eso hace que sea dos a uno." Las puertas de la sala se abrieron dejando ver el casco de la mandaloriana. "¿Sabino?" Preguntó, la joven guerrera camino hacia ellos y se quitó el casco.
Su cabello corto y colores vibrantes combinados en tonos rosados y amarillos le recordaron a Ezra a las explosiones que había visto previamente. La chica era de buen parecido, notó sintiendo sus mejillas calentarse, antes de agitar su cabeza intentando concentrarse en su situación actual.
"No creo que sea una mala persona. Solo digo que conoce nuestra nave, quienes somos y donde nos encontramos. Si lo llevamos, nada puede asegurarnos que no usará nuestra información en nuestra contra." La mandaloriana le miró con cierto recelo a lo que Ezra hizo una mueca sin poder recriminarle nada.
Hera suspir, antes de escuchar unas ruedas caminar a su lado.
《"¡BWRAH! ¡BWRAH!" 》Exclamó Chopper a su lado, a lo que la Twi'lek abrió los ojos con alegría.
"Chopper está de acuerdo conmigo. Dice que Ezra le ayudó a regresar al fantasma cuando nadie más lo hizo". Dijo Hera mirándolo con emoción. "Y además, que se tomo la molestia de quitarle el pasto de sus ruedas."
Zeb rodó los ojos con molestia. "Chopper solo lo dice porque esta molesto que no lo hayamos acompañado a pesar de que estábamos ocupados." Dijo que estaba enojando al droide.
"Parece suficiente para mí. El niño se queda con nosotros por el momento." Habló Kanan esta vez dirigiéndole una mirada calmada. "¿Te parece bien?"
Ezra se encogió de hombros. "Mientras no me descubran."
Hera paso a su lado colocando su mano sobre su hombro. "Vamos, déjame te enseño la cabina principal". Dijo caminando hacía más adelante.
El calor de su palma mando escalofríos al resto de su cuerpo. Habiendo vivido tanto tiempo solo, no estaba acostumbrado a las interacciones físicas que no se tratarán de peleas o escapadas.
Ezra avanzó siguiendo la figura de la Twi'lek.
"Supongo que no hay de otra". Murmuró Zeb sentándose nuevamente en el sillón. La leve irritación en su tono hizo que Sabine le palmeara la espalda con apoyo.
"Al menos no será por mucho tiempo". Dijo Sabine. "Si hacemos las cosas bien. Solo llegamos, damos la comida, ellos se encargan de Vizago y luego nos volvemos a dejar el niño en su casa".
Kanan se mostró pensativo.
Había pensado que el encuentro con Ezra en el día del imperio fue una extraña coincidencia. No todo el tiempo te encontrabas a una misma persona justo en las mismas situaciones y en el lugar exacto, ni mucho menos que decir del constante gorgoteo que aparecía en su nuca cada vez que el peli azul encontraba una manera de involucrarse en sus planos.
Kanan no lo admitía del todo, pero sentía curiosidad por la presencia tan intensa que destilaba de Ezra. Casi como si la fuerza misma lo estuviera arropando con ternura.
Suspirando, camino hacía la cabina principal ignorando las quejas del lasat y las miradas acusatorias de Sabine.
No había mentido con respecto a estar agradecido con el niño por lo que hizo en el día del imperio, le había salvado la vida a costa de poner la suya en riesgo y sin ningún beneficio. Kanan se estaría engañando a si mismo si dijera que eso no le había dejado aún más intrigado de lo que ya había estado desde su encuentro en aquel techo.
Si hubiera sido otra persona lo habrían dejado desangrarse en las calles de Lothal, pero Ezra no lo hizo y seguía sin encontrar sentido del porque no lo había hecho.
Era solo un niño.
Kanan había sido un niño también cuando vago por las calles y en su momento no había dudado en esconderse primero, antes de arriesgarse a ser capturado.
Había algo más.
Algo de lo que conocía muy bien y que palpitaba con tanta fuerza que casi le asfixiaba. Sin embargo, el dolor de sus viejas heridas le cegaron lo suficiente para querer aceptar lo que se presentaba frente a sus ojos.
Hera tendría un festín de platicas con él durante todo lo que restaba de la semana. Pensó Kanan sin poder culparla del todo.
Quería responder a ese llamado, pero no encontré la fuerza suficiente en él para poder hacerlo. Ni siquiera sabía si ese llamado se dirigía a él, alguien cuyas memorias se vieron tintadas del dolor y egoísmo vivo.
No . Sacudió su cabeza. No podía dirigirse hacia él.
No cuando había huido. No cuando las memorias de una antigua vida seguían provocándole pesadillas durante todas las noches. Kanan seguía anhelando la presencia de su maestra, buscando su mirada en cada persona que encontraba, tratando de encontrar a alguien que yacía muerto desde hace mucho tiempo.
¿Cómo podría ser él entonces?
Aquel que corrió, que se escondió debajo de los árboles, que lloró en las esquinas del mundo. La fuerza debió haberse equivocado, de la misma manera que se equivocó cuando le dejo vivir aquel desastroso día.
Cuando cruzó las puertas, se encontró con la sonrisa materna de Hera dirigida hacia la curiosidad errante que iluminaba los ojos azules del niño.
Tampoco pudo evitar ver el brillo en la mirada verdosa de su pareja. Kanan conoció ese brillo, lo había visto numerosas veces a lo largo de su vida, iniciando con él, después con Zeb y finalmente Sabine.
Sabía a donde se dirigía eso y aún así no pudo evitar negarse a lo que iba a suceder. Especialmente porque una calidez se extendía a través de su pecho cuando vio la inclinación nerviosa de Ezra hacía Hera cuando notó que estaba detrás de suyo.
Kanan se preguntó si el niño se había dado cuenta de lo repentinamente cercano que se había vuelto con Hera, aunque no pudo evitar que una punzada dolorosa le recorriera al pensar en el aparente miedo que Ezra le tenía.
Egoístamente pensó que por haberlo ' conocido ' primero, le daría algún tipo de ventaja, lo cuál era irónico porque ahora viéndolo de manera más clara, era obvio que la lógica no funcionaba de la misma manera con el muchacho.
Kanan señalando hacía a Hera colocándose en el asiento detrás de Ezra y acercándoles que podía seguir hablando.
Ezra le miró con aquellos ojos azules que brillaban como las lunas mismas y que en su interior, rugía un remolino de emociones, desafiantes, como la vida misma, gruñendo, como la ferocidad de un lobo.
Hacía tiempo vio esos ojos en su persona.
Retraídos, dolorosos, solitarios..
En su mente recordó el pánico en su voz cuando Hera sugirió que se encontraran en aquella casa abandonada. Se preguntó si había algo más en el lugar para que Ezra la encontrara tan importante. Tal vez era el hogar de alguien que conocía o tal vez era el suyo.
Kanan no esperaba saberlo.
"Entonces, ¿De qué lado te encuentras?" Preguntó Hera con calma, hasta que Ezra se encogió de hombros.
"Solo déjenme en el mercado local y no habrá ningún problema."
"Entendido." Dijo en respuesta frunciendo levemente el ceño. "No necesitas salir de la nave, pero si quieres ayudar a Sabine ya Zeb con las cajas tampoco habría ningún problema. Usualmente no tenemos inconvenientes con las personas de Tarkintown, suelen ser bastante más tranquilos que el resto de la población a decir verdad."
Ezra hizo una mueca. "Para ser sincero, nunca he estado en el lugar. He escuchado algunos rumores que circulan en el mercado, pero casi todos suelen desaparecer al poco tiempo."
"Eso es porque el imperio tiene bloqueado cualquier contacto relacionado con ellos." Habló Kanan con gravedad. "La población de ahí consiste en aquellos que fueron desplazados de sus hogares, personas que rechazaron trabajar con el imperio y que en consecuencia se quedaron sin un lugar al que llamar hogar."
Los ojos de Ezra se abrieron con sorpresa. La última se deslizo en los entrañables iris azules del más joven, pasando a un ojo más visceral y terminando en una grumosa melancolía.
Kanan casi se arrepintió de sus palabras hasta que el adolescente volvió a hablar.
"Lo hacen con todos los pueblos más pequeños que se encuentran más allá de la ciudad". Murmuró Ezra cabizbajo con la apatía abrazando sus palabras "Los queman, destruyen y finalmente se los llevan".
Hera lo miró sorprendida mientras dejaba que el horror la inundara, en un gesto de consuelo, Kanan poso su mano en el hombro del líder del fantasma y dirigió una mirada significativa a Ezra.
"¿Lo has visto?" Preguntó directamente.
Ezra empresario. "No como tal, pero sus gritos se escuchan a través de toda la senda." Cada palabra enfrascaba un nuevo tipo de emoción a la que Kanan no quería deducir. "El humo también deja rastros en el cielo y casi siempre huele a cenizas en el aire". La voz del chico tambaleó en conflicto.
Hera se acercaba con dolor. "Zeb también había comentado eso cuando llegamos."
Sin embargo, había algo más en las palabras del niño de lo que dejaba ver. Algo que sabía que agitaría sus nervios como abejas en un panel, pero que una vez más, no pudo evitar preguntar.
"¿Cómo llegan a ti?"
Ezra alzó la cabeza, sus ojos inyectados de sangre, confusos de sus propias emociones. "No lo se." Tragó con nerviosismo. "Solamente, se que están ahí."
"¿Y cómo lo sabes?" Preguntó nuevamente, obteniendo una mirada extrañada de Hera, quien se encontró alternando entre el niño y él. "¿Cómo escuchas sus gritos? ¿Cómo hueles sus cenizas?"
"El dolor." Dijo finalmente Ezra. "Siento su dolor."
Como millas de agujas en un hilar, uniendo dos extremos de un mismo hilo. No importó cuanto uno tiro del otro con enojo.
Kanan supo que se había condenado al instante que vio las lágrimas deslizarse a través del joven rostro de Ezra.
Padawan.
La fuerza le susurró en sus oídos.
Como si fuera una balada de cuna, meciéndose de un lado al otro, cosquilleando sus sentidos, cegando su mente y ahogando sus dudas.
Padawan.
Sus ojos se cerraron con realización y por primera vez en mucho tiempo, sintió el aire fluir en sus pulmones.
