Chapter Text
Draco siempre se imagino que su alma gemela seria su salvación.
Incluso siendo joven, no se engañaba en su forma de ser- orgulloso si, pero no inconsciente. Era caprichoso, irritable y realmente vengativo cuando se enojaba, así que siempre pensó que era una suerte que estuviera destinado a alguien que lo amaría incondicionalmente. Durante los años, muchas de esas cosas cambiaron (o fueron eliminadas debido a la guerra) pero la idea de un alma gemela- alguien que lo amaría a pesar de la marca en su brazo y los muchos, muchos errores que ensuciaban su historia lo consolaban.
Incluso cuando el mundo mágico lo excluía, Draco siempre se calmaba con la promesa de que su alma gemela estaría ahí, esperando. Un día conocería a alguien o conectaría con alguien y el hilo del destino se volvería visible para él. Un hilo que lo conectaría con la persona a la cual estaba destinado a amar y la cual estaba destinada a amarlo.
Luego, tres meses después de que fue liberado oficialmente de la custodia del Ministerio, Draco intentó hacer las paces con Harry Potter y le informan que no solo Potter no quiere nada de él, sino que preferiría que Draco se alejara totalmente.
Al principio no sabe que decir. Hizo todo de manera correcta- se disculpó después de la guerra, fue educado, contrito y había agitado una metafórica bandera blanca. Había sido genuino con todo. No es como si pidiera que fueran amigos. A pesar de esto, Potter lo rechazo con el ceño fruncido y ojos de acero y Draco sintió una dolorosa estacada en su pecho, en donde se sentía que el núcleo de su magia y su corazón se encontraban.
Bajó la vista, incapaz de ver los ojos de Potter, tratando de adivinar que decir. En ese momento se dio cuenta que había un hilo rojo brillante atado en su dedo meñique. Lo acompaño una sensación de nausea al darse cuenta de que el final del hilo que estaba atado en el dedo de Potter se estaba volviendo grisáceo y muerto a medida que se acercaba a su mano.
Observó el hilo pasmado. Este momento se supone que sería como un cuento de hadas, donde Draco y su alma gemela reconectarían y luego su vínculo de alma gemela encajaría en su lugar como si fuera el destino. Nunca imagino que el momento de conexión se rompería con un rechazo inmediato. El sentimiento extraño y enfermo que había sentido- tenia que ser del vínculo.
Lo podía sentir, como siempre se le dijo que podría hacerlo. También podía sentir que estaba cercenado, roto.
Potter miró hacia abajo, parecía que no había notado nada extraño y luego miró a Draco como si pensara que Draco estaba tramando algo. Se le ocurrió que Potter no tenia idea de nada. Él no podía ver el hilo y no tenía la menor idea que le estaba asegurando a Draco una muerte lenta y agonizante al rechazar su vínculo.
Draco podría decir algo. Lo podría hacer, incluso, por su propia salud. Potter tenía un notorio complejo de salvador, cierto? Se retractaría si esto significaba salvar la vida de Draco. Ellos podrían ser amigos, conservar el vínculo platónico y conservarlo lo suficiente para mantener a Draco con vida.
La cosa era que Draco sabría por el resto de su vida que, dada la opción, su alma gemela no lo habría escogido a él. Su única opción salvadora, la única que importaba lo suficiente para seguir adelante, para seguir mejorando, seria una mentira.
Sabía que Potter, quien rechazaba el vínculo y a él, que ni siquiera sabía… Potter nunca sentiría nada. Nunca sabría por qué. Draco se marchitaría, pero el vínculo que había sido roto antes que tocara a Potter, no lo afectaría.
Era raro, que los vínculos quedaran unilaterales como este. Requería un rechazo inmediato y certero para romper un vinculo antes que fuera completamente formado. Si se dejaba, así como estaba ahora, permanecería roto y Potter nunca sabría que había hecho. Draco cambiaria para siempre y pasaría el resto de sus días viendo a Potter en esta nueva luz extraña, sabiendo que ellos podrían ser perfectos el uno para el otro, y Potter…no lo sabría.
El lugar donde el vinculo se conectaba a su alma, el tirón en su pecho, los sentimientos que lo llevaron a la realización de que, si hablaba, Potter sacrificaría su propia felicidad con alguien que odiaba. Ninguno de los dos seria feliz. Draco se sentiría insatisfecho y Potter seria miserable.
Tal vez antes del vínculo, Draco seria lo suficientemente egoísta para decir algo.
-Disculpa, entonces- dijo Draco en cambio, rígidamente. Era mas doloroso de lo que pensaba. Luego se dio la vuelta y se acercó a la red flu más cercana del Ministerio.
Era mucho más difícil de lo que parecía decir las palabras Mansión Malfoy si significaba que perdería a Potter de su vista.
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Draco tenia un par de años. Los rechazos de las almas gemelas eran muertes lentas y en el primer par de meses los únicos síntomas de Draco eran emocionales. Depresión inmediata y una ligera ansiedad. Estaba familiarizado con ellas, de todas maneras, y no había nadie para contarle incluso si lo quisiera. Nadie que pudiera cuidarle. Su madre, su padre y Vince habían muerto. Pansy, Greg y Theo se habían ido sin intenciones de volver a Inglaterra. Blaise estaba casado y a pesar de que aceptaba sus llamadas por flu, se la pasaba ocupado con el negocio que dirigía con su esposa en Alemania. Vivía en la mansión, gigante y fría como siempre, solo. Extrañaba a Potter, lo que se sentía extrañamente natural, y pasaba la mayor parte del tiempo reviviendo la manera en la que Potter lo había hecho sentir vivo cuando eran “rivales” durante sus días de Hogwarts.
Iba a lo chequeos del Ministerio y el trabajo del correo le fue asignado como requerimiento para su rehabilitación. Escuchó a alguien chismoseando, diciendo que lucía como si estuviera listo para suicidarse.
La bruja que lo dijo decía que esperaba que fuera lo mas pronto posible, porque trabajar cerca de un mortífago le daba escalofríos.
Esto hizo que mantuviera su cabeza agachada durante todo el día, agradeciendo a Merlín que lo habían puesto en un cubículo más o menos alejado de los demás. La clasificación del correo se retrasó media hora mientras veía el hilo rojo atado alrededor de su meñique y trataba de mantenerse concentrado.
Tres meses después, se encuentra con Hermione Granger -futura Weasley- en una tienda muggle de café. Ese era el único lugar al que podía ir sin que le negaran el servicio y como resultado, se había vuelto amistoso con la muggle que servía sus bebidas. Ella tenia dieciocho- solo unos años menor- pero él se veía tan mayor ahora que cuando se conocieron ella pensó que se encontraba más cerca a los treinta que a los veinte. El no recordaba verse tan viejo algunos meses atrás, pero las bolsas debajo de sus ojos y el tinte cetrino en su piel que tenia por alimentarse poco no le favorecía mucho. Su falta de autocuidado no era intencional. Solo estaba cansado.
La barista sostenía su pitillo cuando escucho una voz familiar diciendo su nombre.
Se giró para encontrarse a Hermione Granger mirándolo con incredulidad frunciendo el ceño. Imaginaba que estaría sorprendida de verlo en una tienda muggle, pero se dio cuenta que no le importaba. Ella era la menos hostil del Trio Dorado, al menos, así que solo asintió en forma de saludo. Era lo mejor que podía hacer.
-Gracias Mimi- le dijo a la barista, ella sonrió mientras el destapaba su pitillo y lo deslizo en su café.
-Hasta luego Granger- añadió al pasar y se fue. Ella no le dice nada, pero lo observa irse.
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Va a su siguiente chequeo, pálido y algo cercano a no-vivo, para enterarse que Ronald Weasley era el nuevo auror asignado a él. Weasley no dice nada al principio, solo lo observa y chequea su varita como es requerido hacerlo. Draco no dice nada tampoco, solo se desploma en su silla y mira abajo hacia su hilo. Hace eso mucho últimamente.
Weasley marca lo que necesita- Draco no sabe que es, nunca se lo dicen. Y luego baja su portapapeles con un golpe seco. Lo saca de sus pensamientos.
-Mi prometida me dijo que te vio en el Londres muggle. ¿Que estabas haciendo?
Luce enojado, suspicaz. Draco sospecha por un segundo que fue reasignado a propósito, que había pedido estar al mando para interrogar a Draco.
-Tomando café- dice Draco de manera honesta. No hay emoción en esto. Parpadea a Weasley de manera cansada.
-Porque vas al Londres muggle por café? – pregunto Weasley, presionando los dientes como si asumiera que Draco estaba evitando la pregunta. Draco solo suspira.
-Me gusta las bebidas de café frías- dijo Draco sencillamente- Y solo hay una tienda mágica de café en el Callejo Diagon la cual no me serviría agua ni, aunque estuviera muriendo de deshidratación.
Weasley no parecía sorprendido.
-Así que andas aterrorizando gente en tiendas muggles de café?
-No aterrorizo a Mimi.
Hay una larga pausa en donde Weasley solo lo observa. Draco asume que esta confundido.
-La barista. Su nombre es Mimi.
Otra larga pausa
-Harry me dijo que habías intentado ser amable con él. ¿Esto tiene algo que ver con ser amable con los muggles? ¿Es esta una nueva etapa que estas probando?
El sonido del nombre de Potter hizo que su pecho palpitara. Miró hacia su hilo.
-No es ninguna etapa. Solo trato de vivir mi vida.
Suspiró, un dolor de cabeza empezó a palpitar en su sien.
-Weasley, por favor. No estoy tramando algo más allá de existir, e incluso así, es un intento bastante mediocre. No hay nada para interrogar, nada que te este ocultando.
Nada excepto el hilo rojo del destino atándolo al mejor amigo de Weasley, por supuesto, pero no hay nadie soportando la carga sino Draco. Nadie necesita saberlo, especialmente no Weasley ni sus amigos.
-Te estaré observando Malfoy-dice impasible y Draco encoge los hombros con indiferencia.
Weasley lo deja ir.
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La depresión no se vuelve peor como tal, pero tampoco mejora. Sus días empiezan a juntarse todos, y cada día se encuentra mas cansado. Se cae dormido en público, se mantiene despierto de noche y se vuelve cada vez más y más apático. Va al trabajo, es totalmente ignorado por todos con los que trabaja y va a la Mansión. Hay días en los que ni siquiera habla, ni siquiera para contestar a su supervisora, Quinley. Se sale con la suya en gran medida porque los demás esperan e incluso disfrutan la idea de que su espíritu este roto, así que Quinley solo asiente y le permite contestar con gestos cuando le dice que debe hacer (o que no hacer).
No ha visto a Granger de nuevo desde esa primera vez, pero Weasley sigue siendo su auror de chequeo. Weasley ni se molesta en mirarlo. Lo recibe con una mirada perdida y lo deja ir con una en conflicto, mientras va obteniendo más y más información en cada reunión, a pesar de que Draco no tiene idea a que viene todo esto. La única persona que hablaba con el de manera intencional (o amabilidad) era Mimi. No importa que tan cansado estuviera, no podía evitar desear la vista de una cara amistosa.
-Estas enfermo? – pregunto Mimi un día cuando se encontraba de paso. Preguntó en voz baja, como si no quisiera llamar mucho la atención, pero él solo encoge los hombros.
- Te ves como si hubieras perdido peso. - Ella muerde su labio cuando encoge sus hombros nuevamente.
Draco intenta irse, pero Mimi lo detiene.
- ¿Si te doy un sándwich de croissant, te quedaras un poco y lo comerás? – pregunta amablemente y Draco se da cuenta que ella esta preocupada de que se esté matando de hambre a propósito. Le da una pequeña sonrisa y acepta solo para disuadir sus miedos.
Para ser justos con Mimi, realmente no ha estado comiendo mucho. El no es un buen cocinero, y todos los elfos de la Mansión han sido tomados por el Ministerio. A veces comía algo al almuerzo en el trabajo y ordenaba comida para la Mansión para no tener que cocinar, pero el resultado final era que su dieta era limitada y su apetito era realmente inexistente.
Mimi continúa trabajando mientras él come, pero es agradable ver que ella no le aparta la vista. Su preocupación le hace sonreír un poco. Ella lo despide con la mano cuando él se va.
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Draco no busca a Potter y nunca se aventura en espacios donde él pasa su tiempo. No sabe como reaccionará su cuerpo al ver a Potter (cómo reaccionará él) pero imagina que no será bueno.
Sin embargo, empieza a ver a Weasley alrededor de manera regular. Al ser su auror de chequeo, Weasley también hace paradas y lo observa mientras trabajo, lo cual es algo que el anterior auror debería haber hecho, pero nunca hizo.
Junto a la presencia de Weasley, Draco es introducido a un nuevo síntoma de su vínculo roto, un frio constante que ningún hechizo de calentamiento quita definitivamente. Empieza a usar suéteres y ropa de invierno en septiembre, cuando apenas es justificable las mangas largas.
La mansión es bastante fría y sin elfos para mantener las chimeneas encendidas, Draco se queda dormido al frente de la chimenea de su estudio muchas noches ya que es mucho más fácil que tratar de mantener varios cuartos cálidos por si mismo. Mantiene un edredón allí, hecho por su madre cuando solía tejer como una manera de practicar magia fina. Recuerda como se recostaba en su regazo mirando como su aguja volvía a enhebrarse, desaparecer y reaparecer de un lado al otro de la tela.
Podía sentir su magia, a veces, cuando tenía el edredón encima y se concentraba. Notaba que se estaba volviendo más sensible a la magia que antes, y mientras sabía que esto no conducía a nada bueno, le daba esta bendición.
Pasa medio año. Draco a veces se encuentra jugando con el hilo alrededor de su meñique como un tic nervioso. Cada cierto tiempo, lo jala , pero nunca siente el jalón de vuelta.
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Weasley lo espera en su escritorio cuando Draco llega al trabajo un viernes en la mañana. Trataba de llegar antes que nadie porque se estaba convirtiendo rápidamente en insomne y hacer trabajo repetitivo sin tener que pensar era la mejor manera de sobrellevar esto mientras pasaba horas despierto. Dicho esto, era impresionante que Weasley llegara antes que él.
-Necesito tu ayuda-dice Weasley y Draco recuerda una época en la cual habría sentido algo más que un vago sentimiento, de lo que fuera. Se sentiría presumido, orgulloso o incluso irritado por el hecho de que Weasley viniera por ayuda, pero ya no hay nada de eso en él.
Tal vez sus compañeros de trabajo tengan razón. Tal vez su espíritu esta roto.
-Qué es? -responde en vez de ponerle voz a alguno de sus pensamientos. Weasley se ve visiblemente sorprendido. Ahora se veía algo contrariado, claramente esperando algún tipo de comentario sarcástico de Draco, pero Draco no tenía nada para dar. Además, Weasley podría literalmente echarlo a Azkaban, y solo la esquivó la primera vez por el testimonio de Potter en su juicio.
Dudaba que Potter lo daría nuevamente.
Weasley se sacudió un poco.
-Te lo pido solamente porque trabajas aquí en el correo y confió que no eres uno de los locos que quiere meterse en los pantalones de Harry.
Draco casi quiso reírse. Nunca había considerado entrar en los pantalones de Potter, no, pero por un solo segundo, si tuvo un momento donde casarse con el hombre se veía como una posibilidad real, así que Weasley no estaba muy alejado de la realidad.
El no dice nada de esto.
-Potter esta recibiendo correos de fans, no es cierto? – pregunta Draco. No podría saberlo. No está autorizado a estar remotamente cerca al correo de Potter, el cual llega en tales cantidades copiosas que el supervisor de su supervisor está asignado a recibir su correo de manera exclusiva. Ni siquiera el Ministro en persona tiene un empleado asignado exclusivamente a su correo.
-Está recibiendo cartas que bordan entre el acecho y el acoso. -dijo Weasley de manera plana- No podemos exactamente detenerlas de donde vengan y no confió en la chica que lo está manejando, considerando actualmente que ella ha invitado a Harry una que otra vez en el tiempo que ha trabajado en la oficina de los aurores.
Draco asiente comprendiendo la situación.
-Y crees que yo, el preso amarrado, no tiene ni el motivo o los medios para ir en contra tuyo
Los ojos de Weasley se entrecerraron
-Esa respuesta me parece sospechosa.
Draco literalmente resopló. Podría ser la primera emoción que sentía en meses, un surgimiento repentino y rápido de humor.
-Auror Weasley-suspiro- No tengo intenciones con tu Potter. Si quieres que me encargue de su correo, juro solemnemente no manipularlo.
Al menos, no tenía intenciones con Potter ahora. Las pudo haber tenido, antes que Potter cortara su relación y dejara a Draco muriendo, pero Draco había dejado morir sus esperanzas junto con sus sueños infantiles de amor verdadero.
No está amargado, a pesar de sus frases hirientes. Solo es consciente de los hechos.
Esta medianamente sorprendido cuando Weasley resopló de vuelta.
-De hecho, te pido que lo manipules. Quiero fuera toda esta mierda de su correo y quemada maldita sea. Confío en que encontraras algo de placer en destruir las cartas de amor de Harry.
Bueno, no tenía razón y no por las razones que Weasley asumía, pero tampoco se encontraba equivocado. Placer, no. ¿Satisfacción? Tal vez.
No podía decir que no, de todas formas. Sabía cómo era cuando una persona con poder sobre ti te pedía un favor.
Menos de una hora después, Draco tenía una maldito recipiente lleno del correo de Potter en su escritorio y Weasley no se equivocaba. Era aterrador. Draco apenas había observado quince cartas hasta ahora y tres de ellas eran cartas de amor con variada obsesión. Dos de ellas referenciaban a otras tres cartas que le habían enviado.
Puso un seguimiento en cartas que tuvieran la misma firma mágica a las que había sacado previamente, y con esto pudo eliminar otras cuatro cartas en su escritorio. Contempló lo que le hacia falta. Le tomaría todo un día ponerse al día con todo, considerando que, a menos que tuvieran sellos oficiales, debía abrirlas, leerlas y resellar todo lo que quedaba.
Después recordó porque lo estaba haciendo.
Se imagino a Potter, la tensión en su rostro, un contraste fuerte a sus sonrisas habituales y se pregunto cuantas de estas cartas habrán causado esa misma cara de nuevo.
No está seguro si es una obsesión de mas de diez años o el vinculo del alma que hacia que su pecho se apretara con la idea de Potter leyendo estas cartas sórdidas, cosificadoras y a menudo aterradoras. Se veía como algo insignificante, pero si a Draco le perturbada leerlas, así estuvieran dirigidas a alguien más…
Estuvo una hora y media mas tarde terminando el correo de Potter del día. Otra canasta pequeña apareció mientras se marchaba.
Las dejaría para mañana.
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Draco es la persona exclusiva del correo de Potter por los siguientes cuatro meses. No está seguro que Potter sepa quien es la persona que mira su correo y a pesar de que una parte de él se siente enferma cada vez que piensa lo poco que le importa al que podría haber sido su alma gemela, también esta algo aliviado por esto.
A pesar de que sus manos empezaron a sacudirse de manera regular, todavía abre, lee y sella el correo de Potter. Hay algo calmante al saber el horario de Potter, que está sucediendo en su vida, a través de los trazos rápidos de la pluma de Granger, las invitaciones, las notas interdepartamentales acerca de reuniones y misiones (las cuales no son estrictamente confidenciales de todas maneras).
Weasley viene a chequearlo un día. Cuando llega, hay un huracán de cartas alrededor de la cabeza de Draco. Catorce cartas completamente alineadas en el aire de la misma persona- la dueña de tres cartas del primer día que había empezado a revisar el correo de Potter. La escritora esta desesperándose. Draco no sabe si se da cuenta que sus cartas no están siendo recibidas. Tampoco le importa.
-Weasley- dice Draco, con la voz un poco distante. Se enfoca en su tarea, pero no está completamente concentrado. Se ha sentido ligero por días. Era su mayor lapso de enfermedad que había tenido desde el comienzo del año. Se pregunta cada vez si su vínculo roto lo hacía más susceptible al frio constante de la mansión el cual estaba arruinando sus sistema inmune pero el resultado final era el mismo y no le importaba mucho.
-Draco- dijo Weasley, elevando una ceja. Había empezado a usar el nombre de Draco hacia años, el resultado de una familiaridad prolongada. - Luces como mierda.
Hizo una pausa, girando lentamente. Miró a Weasley a través de sus ojos llorosos. La fiebre lo estaba pateando fuerte, pero su Sanador le había recomendado que se mantuviera alejado de la poción Pimentónica, pero se había dado cuenta que no tenia mucho efecto como antes en Draco, lo cual hizo que el sanador mostrara algo de preocupación en su ultimo chequeo.
No le había dicho a nadie sobre el vínculo roto, a pesar de que estaba seguro de que la Sanadora Clearwater – la única sanadora en San Mungo que estaba dispuesta a tratarlo- sospechaba. Sin una carta sobre las circunstancias de su enfermedad, no podría librarse de su trabajo obligatorio, así que batallaba y deseaba secretamente que su vinculo lo pusiera en un coma lo más rápido posible.
-Si- dijo una vez se dio cuenta que Weasley se había quedado mirándolo.
-Enfermo? – asintió.
-De nuevo? – Asintió nuevamente.
Weasley suspiro pesadamente.
-Luces como mierda- dijo nuevamente- Iba a almorzar después de venir aquí. ¿Has comido?
No- Draco no esta convencido de que pueda contenerse por mucho más tiempo y está a punto de decirlo cuando Weasley empieza a hacerle gestos para que se levante.
-Weasley…
-No Draco. Cállate. Vamos a comer algo y es todo- murmuró algo acerca de no creer lo que estaba haciendo, pero Draco no estaba particularmente sorprendido. Weasley empezó a actuar como si sintiera lastima por Draco hace aproximadamente un mes y medio después de su trato laboral y ahora era un espectador constante de su estilo de vida malogrado y lento descenso al infierno.
-Merlín, ¿puedes moverte más rápido?
-…No.
Sabe que el sitio donde lo lleva Weasley es mágico, pero no discute. Dejarlo que descubra que pasa cuando un mortífago entra en un establecimiento mágico en Londres, pensó. Granger y el, por supuesto, se darían cuenta una vez que llegan al cubículo donde la casi Weasley espera.
Ella levanta una ceja.
-Ron. Malfoy.
Draco asiente en forma de saludo como había hecho el día del café, solo que el resultado esta vez lo deja un poco inestable. Weasley lo agarra de un brazo y hace un sonido desesperado.
-No te ves muy bien, Malfoy- dice ella lentamente una vez Draco logra sentarse y quedar algo más estable.
-Eso fue lo que le dije-Dice Weasley asintiendo.
-He estado enfermo-murmura Draco, inseguro de como interactuar con estas personas en una reunión semi casual. Weasley técnicamente es su superior, pero Granger es territorio desconocido. Lo mejor es tratarla de la misma manera que trata a Weasley, piensa.
-No pareciera que estuvieras enfermo-dice Granger-te ves como si estuvieras muriendo-mira escépticamente hacia sus manos, las cuales tiemblan en la mesa. Draco pone las suyas en su regazo, fuera de vista.
-He estado muy enfermo- corrige, y no reconoce el hecho de que ella tiene razón.
-Mmm.
Hay una pausa larga en la cual Weasley y Granger comparten cierto tipo de mirada y luego Granger dice gentilmente- Aquí venden una sopa que seria perfecta para tu estomago- y luego la ordena para él.
Draco descubre que, si esta rodeado de dos tercios del Trio Dorado, los establecimientos mágicos le servirán. Quien podría imaginarlo.
A pesar de que el almuerzo fue incomodo, se sentía lo suficientemente cómodo en su presencia – o lo suficientemente cansado para importarle- para quedarse dormido.
Se quedaron una media hora extra antes de despertarlo y regresarlo de vuelta con ellos al Ministerio. Cuando entraron, las barreras vibraron en su piel. Por primera vez, la sensibilidad mágica que estaba desarrollando lo lastimaba y solo apretó sus dientes para evitar hacer ruido.
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El almuerzo con Weasley y Granger se vuelve una parte regular de su semana. Casi lo espera con ansias. Después de la segunda semana, Granger intenta que tenga una conversación real con ella, y su voz se pone algo afónica de lo mucho que habla, mas de lo usual.
Va con Granger a la tienda de café muggle, y ella observa con expresión asombrada como le habla a Mimi la barista, quien lo saluda con una expresión familiar y una sonrisa. Granger le dice que cree que él cambió, pero él piensa que ha sido cambiado. No lo dice en voz alta, pero es lo que piensa.
Weasley pasa mas y mas seguido para discutir sobre las cartas , porque aparentemente le importa su opinión sobre las acosadoras de Potter. Es por la frecuencia de las visitas que Weasley es el primero en darse cuenta cuando el vinculo empieza a consumir su magia.
Le toma varios intentos para castear un Incendio a una pila de cartas (más larga de lo usual gracias al reciente éxito de Potter con un caso de alto perfil) y Weasley lo observa con cejas fruncidas.
- ¿Esto está sucediendo muy seguido últimamente? -pregunta y Draco encoge los hombros. Para ser honesto, hasta los hechizos básicos han sido difíciles últimamente. Lo atribuía al cansancio- la manera en que sus manos temblaban o la falta de sueño en sí- pero cuando Weasley lo mencionó se dio cuenta que era peor que eso. No era falta de control, era falta de magia. Apenas podía sentirla, a pesar de que podía sentir la magia de otros demasiado bien.
Miro alrededor de las cartas almacenadas de manera ordenada en su escritorio. Se había convencido de que era muy perezoso y estaba cansado para mantener su sistema organizacional flotante corriendo, pero una vez que le prestó atención se dio cuenta que estaba en negación.
-Lo siento Weasley- murmura Draco-No me encuentro muy bien.
-Si-dice Weasley. Castea un Incendio a la siguiente pila de cartas y el chisporroteo de su magia hace que Draco sisee. Weasley lo mira fijamente.
-Estas diciendo esto mucho últimamente. ¿Ya es hora que vayas con un sanador, no crees?
Draco lo hace.
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La sanadora Clearwater lo mira con una expresión en blanco una vez que le explica lo que sucede.
- ¿Todo el año pasado? -pregunta. El asiente.
- ¿Por qué venir hasta ahora? -sus cejas están fruncidas como las de Weasley últimamente.
-Creo que mi magia se está yendo- le dice, brutalmente honesto. Su boca se abre un poco y pasa saliva mientras continua- Si no es por el cansancio debe ser síntoma del vínculo…así que voy a necesitar una nota para mi asignación de trabajo.
-No podrás trabajar mucho si tu magia esta deteriorándose- ella asiente con la mirada perdida- Típicamente es el punto de inflexión del rechazo del vínculo. Estarás recluido en casa para Navidad.
Le da aproximadamente cuatro meses, se da cuenta haciendo las matemáticas. Cuatro meses de tener una vida real. Cuatro meses antes que realmente el reloj empiece la cuenta regresiva.
-Estaré de vuelta cuando empiece a ser demasiado para mí- le dice mientras ella aprieta los labios antes de asentir en respuesta.
Ella lo detiene antes que se levante, listo para irse.
- ¿Quién es? – le pregunta y está sorprendido de ver que ella luce casi enojada.
- ¿Lo sabe? ¿Has intentado hablarle?
Se pregunta si ella recuerda al chico de doce años que estaba enamorado de ella, el que se escapaba de sus amigos para pedirle tutorías en la biblioteca como una forma de pasar tiempo con ella. El era consentido y malcriado, es cierto, pero también era dulce como cuando era niño y había pasado semanas tratando de enamorarla antes de que ella gentilmente le dijera que era muy mayor para él y que estaba interesada en alguien más.
Penélope era muy amable con él, incluso ahora. El ya no era ese niño ahora, y tenía la marca para probarlo. Era un hombre que probablemente se lo merecía.
-Es mejor que él no lo sepa-dice Draco antes de salir de la habitación.
Cuando va a casa esa noche, se acuesta y se cubre con el edredón que hizo su madre. La magia residual se pega a este, haciendo que su piel queme en vez de confortarlo y llora hasta quedarse dormido en frente del fuego que a duras penas puede iniciar con el edredón abandonado en el colchón. Amanece con frío.
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En principios de septiembre, Weasley lo invita a almorzar como hace día de por medio. Casi declina, pero hay algo en la manera en la que Weasley lo invita que se ve sospechoso. Quiere saber que sucede así que acepta con una expresión dubitativa.
Carga un bastón ahora. Pretende que es por moda, pero no lo es. Es el sonido del bastón que alerta a Potter y Granger cuando Weasley lo conduce hacia la mesa que comparten formalmente en La Camelia, el lugar favorito para almorzar de Granger. Potter mira a Weasley con incredulidad, pero Draco no dice nada. Granger lo guía a la cabina y deja que Draco tome el asiento al lado suyo. Draco ordena silenciosamente, se sienta silenciosamente y tiembla silenciosamente como si no estuviera pasando nada. Granger trata de que participe en la conversación múltiples veces, pero esquiva cada uno de los intentos con monosílabos.
Se siente vivo y muerto, torturado y a gusto, teniendo a Potter tan cerca. Con la mano en su regazo, jala del hilo, el cual-nota con un sentimiento de pura agonía- que ha empezado a verse de color café con tonalidades rojas, como la sangre en la ropa. Potter no reacciona. Probablemente no sienta el hilo, pensó Draco mientras veía donde se conectaban.
Finalmente, Hermione suspira y desiste de hacerlo hablar. Potter los mira interactuar (arrojando miradas incrédulas a Weasley de vez en cuando) con una expresión sepulcral, pero hay algo que brilla en sus ojos una vez que Granger pregunta.
-Un hechizo de calentamiento?
Los ojos de Potter se clavaron en él cuándo asintió agradecido y se abrieron cuando observó que el hechizo de Granger lo lastimaba visiblemente a pesar de que Granger y Weasley habían aprendido a no preguntar. Tenía tanto frio que aceptaba cada vez que ella le renovaba el hechizo, a pesar de que la mágica le heria. El resto del almuerzo fue incomodo y paso rápidamente, pero Draco seguía sintiendo la mirada de Potter en él.
Potter no dijo nada cuando Weasley lo llevo de vuelta al ministerio, pero se quedo observándolos. Draco se preguntaba que veía.
