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Language:
Español
Stats:
Published:
2021-04-18
Words:
2,890
Chapters:
1/1
Kudos:
15
Hits:
251

La ambición del recelo

Summary:

Paul Gauguin invita a pasar la noche en el Burdel a Vincent, el presente que algo malo va a pasar ahí.

Notes:

Pido perdón a Vincent, pero tengo toda una tesis de porque estaba enamorado de Gauguin.
A Guaguin no te pido nada, que se joda.

Oh, cierto hay un poco de Misoginia típica de la época.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Llegaba a casa después de una larga jornada exhaustiva de pintura contra viento y mi propio cuerpo, lo primero que me recibió fue:

-Ven, vamos al burdel - Me digo Gauguin más como una orden que como una proposición, aún que yo me quería negar eso no impediría que de alguna forma terminara con él ahí.

Sé que le avergonzaba, sé que quería estar sin mí, pero por razones que no conocía ni entendía siempre insistía que lo acompañara a buscar sus queridos juegos sucios, decía que era de fundamental importancia para un hombre, como una necesidad más.
Yo bien sabía que tanto tiempo en estos lugares te terminada pudriendo por dentro, devoraba tus sesos, derritiendo cada una de tus neuronas, por eso mismo prevenir al joven Emilie de los martirios de dejarse llevar por los placeres y del más peligroso; El sexo.

Al igual que yo Paul era una bestia pero despiadada, feroz como peluda, llevada por sus instintos sin meditar de las consecuencias de sus garras sobre la débil alfombra, de esos cabellos largos que declaran la bohemia pero rompiendo el código en un no te amo y te beso.
Tan sincero para sí mismo que resultaba terriblemente egoísta, un poema del sulfurar.

-Estás bien -Le responde después de un largo silencio, mientras trataba de limpiar mis pinceles con el aguarrás, quemaba mis palmas.

Ni siquiera me preocupe en cambiar mis ropas cubiertas de pintura, me fui como un campesino que después de su jornada va al café con sus botas aún inundadas de barro.

"¿Tenía que preocuparme? Mírame ni siquiera hay algo rescatable"

Por el otro lado estaba él, que sí trataba de sacar sus mejores ropas, teniendo la suerte de poder encontrar algunas camisas que no tuvieran manchas de pintura, eso era difícil en esos tiempos. Lo que no se percató en aquel momento fue que sí tenía una, que era una pequeña gota de color carmesí arriba de su mejilla decorando sus lunares, que lo hacía ver aún más agresivo de lo que ya era, confundiéndose con sangre, como si hubiera estado cazando y quizás lo estaba haciendo, rompiendo las patas al pollo para la sopa de esta noche, puede que sí haya sido sangre pensandolo asi. Pero para mí resaltaba el atractivo de sus ojos y cabellos oscuros.

Definitivamente él era más bestia que yo, Aún que fuera quien entraba con patas mojadas a la casa y él si tuviera la delicadeza de quitarse los zapatos antes.

Sólo me quedé esperándolo secando los pinceles y sentándome en mi banquito. Él se ponía su chaqueta y buscaba el dinero, lo manejaba todo a la perfección, nunca terminaba de impresionarme cómo podía llevar tantos cálculos a la vez, fue un ser de precisiones.

-Listo, vamos mi amigo -Me dijo alegremente abriendo la puerta para salir al frío del invierno.

"¿Por qué será que las noches últimamente son tan frías?

¿Por qué será qué te quieres ir estos últimos días?

¿Por qué será que sólo encuentro el calor contigo?

¿Por qué será que siempre te mendigo?"

Gauguin y yo siempre terminamos en el lado oscuro del mundo, no había lugar al cual pertenecieramos de mejor manera, nos mesclavamos como si fuéramos los personajes de un cuadro a blanco y negro que se destaca por sus personajes tan vistosos, a veces pensaba que está era mi verdadera patria, cualquier lugar que mirara miserable era mi hogar. Tengo entendido que no nació aquí, terminó equivocándose de camino a la hora de buscar su libertad y paraíso siendo maldecido por pisar un lugar sagrado quien vehemencia, así que su alma su rechazada y aquí se quedó, en los rincones oscuros al lado de los burdeles...Yo si soy residente de este lado del globo terráqueo ya estoy acostumbrado a tener el hocico socio y recostarme sobre la basura putrefacta, puede ser por eso que no me entienda ni me soporte o solo orgullo de ex Marín, puede que algún día después del calor de la hambruna vea mi reflejo.

"necesitaba que me soportaras, era mucho pedir"

-¿Por qué estás tan callado hoy? - Me preguntó observándome mientras caminábamos tan cerca del burdel.

-Creo que no tengo nada interesante que decirte...- Le conteste cortante tratando de acelerar un poco el paso, era mas conveniente que todo esto se acabara de una vez. No era capaz de decirle que no me gustaba el lugar al que nos dirigimos, presentía que terminaría en desastre, y solo para mí como ya era una costumbre.

-Jaja, no lo creo, siempre tienes algo que decir -Me digo muy cercanamente de sarcástico.

-Nada agradable que decir- Dije en un murmuro, tratando de comunicarme mi necesidad de volver a casa.

-Vaya, veo no estás de humor ¿Que te paso? Nuevamente uno de tus lienzos te domino? Quizás las chicas te relajen -Me cuestionó burlesco, no podía interpretar si realmente le preocupaba mi estado silencioso y por eso trataba de animarme con bromas o si solo se quería reír de mí.

-Nada en especial, solo estoy cansado creo -respondi rapidamente cruzandome de brazos, ni siquiera quería pensar en el motivo de mi silencio.

-Aunque te ves bello, silencioso y enfurruñado... -Me confesó suavemente agarrándome del hombro y acercándose a mi oído para soltar las palabras.

Yo no puede evitar conmoverme acercando más mi cabeza para rozar sus labios con mi oreja, abriendo los ojos a todo mi capacidad para mirarlo fijamente y asegurarme que no me estaba mintiendo, constantemente tendría a eso, con justa razón se podia dudar de cada una de sus palabras. El calor estaba de vuelta en mi alzando de mis cejas, fue un golpe que me dejó casi en el suelo temblequeando por el escalofríos, aturdido por el mañana, podría quizás tan bien ser el efecto del viento brusco que congelaban mis huesos... Añoraba que me besara la oreja.

-Jajaja, Ay, Vincent eres toda una señorita complicada, y está te sonrojas como una jajaj - me dijo como si fueran la ocurrencia más inteligente que le haya cruzado por la cabeza.

-Por supuesto que no lo soy, imbécil -Le contesté enojado y apretando más mis brazos que estaban cruzados.

-Claro que lo eres, caes con las mismas frases que yo uso para que se enreden en la trampa, que ingenuo eres-Me respondió orgulloso con una sonrisa.

-Solo te burlas porque yo si quiera y sueño amar -Le dije con un nudo en la garganta.

-Jajajaj, ingenuo, el amor es solo una perdida de tiempo, esfuerzo y esperma -Me dijo poniendo una mano sobre mi hombro apretándome, como un abrazo.

Ingenuo por supuesto que sí lo era, yo quería amar a un hombre que iba a contracorriente, como un caballo sin domar rechinando y azotando a todo aquel que trataba de tocarlo y montarlo, que primero aceptara que se le arrancarse todos los dientes de su boca antes de decir un sincero "Te amo"... Yo sabía que también tenía que dejarlo, pero algo fallecería en mí primero.

Aunque perdiera mi visión con tan sólo tener mi olfato podría reconocer el lugar a donde acabamos de llegar. Humedad, alcohol, sudor, vómito, madera, hierro y sexo, nunca cambiaba su característico olor, nunca cambio y creo que nunca lo hará Al igual que su constante visitante; Gauguin.

Él sabía moverse al ritmo de la mayoría de los compases, viajando dramáticamente por toda la pista, con una soltura y seguridad que no había visto a nadie que estuviera consciente, para tener ese descaro hacía falta al menos que la bebida apacigüe los nervios y deje temblando a tus pies, así harías una especie de baile desequilibrado que no se vería tan fuera de lugar.

Yo nunca he bailado, sólo sabía los pasos del vals pero ni los use, ni los pulli, siempre fui un hombre rígido como una pared de hormigón, aunque me ya me estaba desmoronando. Lo único que podía hacer era cantar y de manera penosa, baja para que se mezclara con el estruendo del lugar.
Yo quería bailar con él, añoraba hacerlo pero el valor siempre me flaqueaba ni por más añejo que consumirá.

Alucinaba con que Paul era quien me invitaba a ser parte de los rigurosos pasos enseñándome la postura correcta con su mano agarrando mi cadera firmemente, con nuestras manos juntas efervescentes, seguro estaría tan nervioso que caería tropezando sobre su pecho pisandolo y solo sería el comienzo de mis torpezas. Pero era una idea más allá de lo descabellado así que me conformaba con tomar hasta dejar de sentir mi cuerpo y así no ceder ante la tentación de ser que se tiren y vuelva a ganar la fama de loco por pedirle una pieza a un hombre, ya podía escucharlo Cómo se reirán en mi cara nuevamente.

Si tan sólo estuviéramos solos, Si tan sólo tuviéramos un tocadiscos en la casa amarilla...pero aunque fuera así ¿Él me dejaría tocar sus manos y entrelazar las con las mías que están tan sucias? Aún sabiendo que son su posesión más sagrada, con las que tratan bazar día a día el pan y el camino a la eternidad? Solo puedo tenerlas cuando me arrastras de nuevo a casa.

"¿Cuántas veces más te has burlado de mí?"

Subió con una mujer escandalosa por las escaleras, mientras la besaba y la manoseaba, yo no aparté la vista y no dude en seguirlos, sabe lo que se avecinaba, la parte más dura de la noche, la luna se ocultaba quedábamos sin luz en la penumbra... el ardor en el pecho y las ganas de escupir, no llore en el rincón me decia.

Odia verlo con las mujeres, como ellas si podían tomarlo,tenerlo...lo único que hacía que no me enterrara los vidrios de las copas rotas en la garganta era por el mareo que me dominaba poniendo mi pulso débil, imposible de agarrar con quietud para hacer un buen corte para no hacer el ridículo como sobreviviente.

No perdía el tiempo en desnudarse pues cada segundo valía un franco, empujó con fuerza a la mujer en la cama rechinante y se abalanzó sobre sus pechos. Me puse de pie detrás de la rendija, ya era una costumbre que yo estuviera ahí, entonces las otras damas no se molestaban en insinuarse más de una vez porque sabían que las callaría, incluso las echaría del lugar.

Una voz me decía que cerrara los ojos, que nada de esto tenía que verlo, si no lo veía no me rompería tan profundo, no tenía que desatar el furor de mi sangre, está que me ahogue mi palpitar... Pero esta era la única forma de tenerlo, de ver su cuerpo algo fornido marcado por el sudor y la tensión de los músculos, sus piernas, su pecho, sus brazos maltratados por el trabajo, sus glúteos, y poder imaginar que los tenía tocarlo, acariciar sus velos sintiendo la aspereza que parecía tener, sentir su barba recorriendo todo mi cuerpo y chocando con la mía, que me agarrara del cabello para unirme más en su hombria... Mi fantasía solo duraba está que volvía a ver la mujer, voluminosa y tersa, ciertamente bella, aunque no quisiera involuntariamente terminaba compararme con ella, tan suave como dulce se vea, aún que se notaba que estaba medio borracha, con cabellos todos desordenados y sueltos, el encaje desabrochado y algunas manchas en el vestido, pero ella era hermosa Y eso lo compensaba todo, sin duda podría cautivar a mucho público. Y luego estaba yo, delgado hasta el punto harapiento, de vistas enfermizas, pelirrojo intenso está perder las cejas, demasiadas marcas de cansancio en la cara, sucio intoxicado con óleo, los labios lastimeros y los pómulos que duelen, seguramente no me veía para nada apetitoso y no podía culpar a nadie más que a mí por mi deplorable estado del culpa era culpable. Entonces veía como un imposible que me prefiriera mí, entendía porque me veían como lo más barato del mercado.

"Perdí todo mi valor
No puedo pintar, se acabó mi color"

Cuánto envidiaba, envidie hasta vomitar a esas mujeres, hasta perder la conciencia interrumpiendo el acto tratando de sacar Gauguin de sus brazos, llorar tratando de acabar con toda esta tragicomedia tomando el aguarrás, gritarles que me dejaran en paz cuando ni siquiera me estaban dirigiendo la palabra, discutir con él y empujarlo diciéndole que era mejor que no volviera a pasarse por la casa, peleando con cualquier que estuviera enfrente como una cabra golpeando peatones.

La línea de su figura moviéndose de arriba abajo con dedicación y distinción, su expresión que no reprimía el placer, el sonido de sus gruñidos y palabras sórdidas me hacía tomar la calma, un respiro para volver a el desborde.

"Pero como me hubiera encantado ser esa mujer
¿cómo podría hacer para ser esa mujer sin ser una mujer?"

Aún que me agarrará duro y me golpeara contra el piso rebajándome hasta lo humillante no me importaría con tal de sentir su pecho contra el mío, tu sexo contra el mío, incluso si me arrancarse la piel sería un precio que podía pagar y más si fuera un acto puro, dónde pudriamos hablar de amor, dónde yo pudiera decirte en el éxtasis todo lo que he escrito de ti antes de dormir y como creo que incluso Theo ya lo sospecha ... Pero eso va más allá de la fantasía, ya me estaría engañando esto una vez más era demasiado que pedir.

Como odio tener que tomar tantos tragos para poder actuar como esas mujeres, igual de infeliz, igual de reprimido, y aún peor porque estaré seguro de que no lograre nada más que una o dos caricias con malicia que me darán suplicarte por mi espalda sin tocar mi cuello. Pero no más aberrantes que mis manos en ese momento masajeandome mi intimidad , por más que grite la ira nunca se desvanecía, no lo haría.

Sabías lo que hacía, Yo tampoco me comprimía, gemía incluso algunas veces se me había escapado tu nombre, nunca fue un secreto que te lo dedicaba, que eres tú quien estremecía mis pasiones, esa mujer para mí estaba de sobra. Además las señoritas no se demoraron en murmurar lo mal que estaba al actuar de esa manera, que era un desviado de los más extraños. No podían entender porque me conformaba con observar, si tan solo supieran los sacrificios que se hacen cuando los frenesí de amor sin tener esperanza de una carantoña, ahí caía en cuenta de lo poco que saben de amar está el desconsuelo, quizás sea porque solo fingen amaras.

Era Claro que lo sabías, porque te quedabas mirándome a los ojos en la parte más alta del clímax, me sonreías y volvías a besarla como si la apreciarás , deja de fingir no nos engañabas, estamos donde la lesión que las madres les dan a sus hijas es; "No confíes en los hombres, son como los perros". Yo aceleraba furtivamente mis movimientos por el coraje, Pero siempre volvías a mis ojos esperando a mi llegada, cuando después de todos los retortijones podía darme por finalizado con un gruñido, te alzabas alejandote de a la mujer que yacía en la cama con desprecio para besarme de media luna y tocar mi pecho, impregnado de su sudor, el mismo que estaba colapsado.

-Eres un pelirrojo muy travieso... -Me murmurabas desde el beso para ludir mi entrepierna, inspeccionando mi desastre.

Entonces por qué aún seguías con esas mujeres? Cuál era el verdadero propósito?
Solo te gustaba sacar todo el provecho y abusar de mi decadencia, y yo no objetaba nada, solo me quedaba en silencio sintiendo como palmas que acariciaban los hombros en otro beso de media luna porqué no te atreverías a darme uno completo, irritante como tu dedicación ofrecerme solo fracciones de ti. La mujer nos miraba con recelo pero no tan determinante como las que le devolvía, no tenía nada que celar, ella lo tenía completo y con francos extra... cuando yo solo perdía con él y tampoco podía ofrecer una buena carne.

La envidia escuece más dura que la rabia, se pone y reemplaza tu corazón, te despoja de tus virtudes, ciega tus acciones hasta que te vuelves un garabato irreconocible, entonces empezaba a sollozar apoyándome de la débil rendija cuando él se iba agarrando su ropa para vestirse. la vergüenza se escondía en día más borroso, que recordarlo con la embriaguez no lo reconocería ...pero en el fondo perdería mi orgullo, si es que al final algo de eso pudo sobrevivir, trataría de olvidar y fingir que nunca me azote por esto. Me volví pecador capital por ti, la lujuria me acechaba junto a la envidia y el coraje, y aún así nunca era suficiente pues no podía parar de verte, aunque eso implicaba las marcas de una tortura de guerra.

"Perdóname padre porque he pecado"

Me hiciste envidiar a las mujeres que nadie envidia, que las que desprecian, con las mismas que demostraban su hipocresía ya que las consumían y después apuntan con un dedo acusador de lo perverso, sin conciencia de lo cruel que es la supervivencia en las húmedas calles, yo era más bajo que aquellas personas que no queda de otra que trabajar con sus genitales no hay que decir más para aclarar Porque me han quitado el derecho de apellidarme Van gogh.

Pero algo estaba claro al llegar a casa no dejaría de llorarte, y después que te fuiste también.

Notes:

Esto es un escrito que hice rápidamente en vez de nuevamente hacer la narración que tengo encargada para mi clase para el Lunes <3

Muchas gracias por leer, y discúlpeme los errores ya saben cómo soy.