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El día era hermoso, soleado con unas cuantas nubes, perfecto para una cita. Geten deseaba que su novio contestara sus mensajes para así poder invitarlo a comer.
En su caminata diaria encontró una nueva cafetería, el anuncio que tenían afuera mostraba una promoción de 2x1 por su inauguración. Fue casi inevitable para el chico el no acercarse al lugar, estaba seguro de que podría llevarle algo de ahí a su novio para comer juntos.
Apenas acercó su mirada a las ventanas pudo notar algo, más bien a alguien, su novio, Touya Todoroki se encontraba sentado en una de las mesas del local en compañía de su exnovia, Nejire Hado. El chico se mantuvo en su lugar, el miedo apoderándose de sus pensamientos y cuerpo, una pequeña parte de él rogaba a cualquier ser de que solo fuera su mente creando escenarios falsos, jugándole malas pasadas y no que su novio de cinco años estaba viendo a su ex a escondidas de él.
Su vista empezó a nublarse, todo lo que se encontraba a su alrededor se detuvo en ese momento. En el momento en el que Touya unió sus labios con los de Nejire, fue el momento en el que el frágil corazón del chico de ojos azul cielo se quebró después de varios golpes.
Si su padre lo viera en este momento sin duda le diría que se veía patético y es que era verdad, por dios, Geten nunca se había visto tan vulnerable como en ese momento. Sus ojos llenos de lágrimas, su mano cubriendo su boca en un esfuerzo para detener los sollozos que escapaban de la misma; necesitaba moverse, pero sus piernas parecían estar pegadas a la banqueta.
En el momento en el que su mirada cruzó con la de Touya, lo supo, aquel beso que había presenciado fue hecho a propósito, la sonrisa ladina que tanto caracterizaba al chico de cabellos negros lo delataba. Desde que Geten había llegado al local, él se había estado burlando de su pareja y ahora aún más al ver su estado deplorable.
Nubes oscuras aparecieron en el cielo siendo seguidas por fuertes gotas de lluvia que caían como si desearan inundar la calle, una sonrisa burlona se formó en los labios del chico, su vida se había vuelto una mala película cliché de romance. Con la poca dignidad y orgullo que le quedaban, en un paso lento, comenzó a alejarse de la cafetería sin importarle que llegase empapado a su departamento.
Al llegar al departamento que compartía con su novio, Geten finalmente dejo salir todos sus sentimientos, los gritos desgarradores que emanaban de su garganta le causaban un enorme dolor, pero no más que la traición hecha por Touya, las lágrimas que se deslizaban por sus mejillas ardían igual que su amor despreciado. Se sentía tan roto como el espejo de la entrada, tan vacío como el florero de la mesa y tan usado como las sábanas en las que yacía recostado.
Quería fingir, seguir en su mundo de fantasía en el que todo estaba bien, tal y como lo había hecho hace unos meses cuando había vuelto de su viaje a Corea y olió el perfume de otra persona en su almohada, como cuando descubrió a Touya saliendo de su departamento a las tres de la mañana o como cuando los hermanos de su pareja le preguntaban constantemente sobre el estado de su relación con el mayor de los Todoroki.
Debió haber dejado todo hace meses, desde el momento en el que Touya le dijo que si dejara crecer su cabellera blanca lo querría mucho más, desde que el chantaje emocional apareció en su relación debió haber huido. Nunca debió permitir que ese idiota que tanto amaba lo golpeará y después dijera que había sido por su propia culpa.
¿Por qué? ¿Por qué había sido culpa suya que Touya gimiera el nombre de Nejire mientras estaban juntos? ¿Por qué era su culpa que su novio lo estuviera engañando desde hace meses o años?
Nada de eso era culpa de Geten, pero se había cegado, las palabras vacías de Touya lo habían vuelto su juguete personal al cual siempre podría recurrir cuando tuviera problemas. Porque Touya amaba tanto a Geten, que había sido él quien se encargo de conquistarlo por todo un año, no había sido para darle celos a Nejire y mucho menos había sido por un juego que tenía con Shigaraki en el cual el chico de piel blanca era el premio final.
Touya amaba tanto a Geten que fue él quien sugirió vivir juntos, no fue porque se había quedado sin dinero suficiente para vivir por su cuenta. Porque Touya lo amaba tanto que había pedido conocer a su padre, no había sido porque buscaba conseguir aún más dinero haciendo negocios con él.
Touya lo amaba tanto que le había dicho que priorizara sus estudios y fuera a Corea, no había sido para que él pudiera meter a cuantas personas quisiera a su apartamento por varias noches.
Touya amaba tanto a Geten que lo había hecho enfocarse en sus estudios y dejara de pensar en tonterías como el matrimonio y formar una familia, no había sido porque él no quería comprometerse y porque la idea de tener hijos con el chico le parecía asquerosa y estúpida.
Y Geten amaba tanto a Touya que había dejado de hablar con los hermanos del chico porque el pelinegro quería toda su atención, no había sido porque ellos estaban planeando contarle sobre las múltiples infidelidades de su hermano. Lo amaba tanto que accedió a dejar a sus mascotas con su padre para que Touya no tuviera problemas con sus alergias a pesar de que en ocasiones lo había visto acariciando a las mascotas de Nejire.
Geten lo amaba tanto que en esas noches en las que Touya no podía dormir, se encargaba de tocarle una canción para tranquilizarlo.
Lo amaba tanto que había hecho cada cosa que él le pedía, como vestirse con un estilo similar al de Nejire, dejar crecer su cabello, solo tener sexo sin verse cara a cara y solo cuando Touya quería.
Lo amaba tanto que ignoro todas las señales de infidelidad porque al final del día, Touya siempre volvería con él y le mostraría una de esas sonrisas que nadie más tenía el privilegio de ver, solo él conocía al verdadero Touya...bueno solo él y Nejire.
Sus gritos habían cesado, todo el dolor acumulado seguía ahí en sus manos que frustradamente deshacían la cama y golpeaban los taburetes de los lados ocasionando que una de las pocas fotografías que tenían juntos cayera al suelo, era de su primer año juntos. Su sonrisa lucía tan brillante y sincera mientras que la del pelinegro se notaba vacía y falsa, desde el comienzo todo fue una farsa y el se había comido todo el cuento.
Nunca quiso enamorarse, su padre se lo había dicho, el amor no era nada más que un capricho que eventualmente termina destruyendo a una persona y ahora más que nunca Geten lo sabía. Tal vez si su madre no le hubiera dicho que lo amaba constantemente para después abandonarlos a él y a su padre, Geten no hubiera terminado creyendo en falsos amores y mucho menos hubiera acabado en los brazos de alguien como Touya.
Enamorarse de Touya Todoroki no era algo que tenía previsto, había sido algo inesperado que lo hacía muy feliz incluso si todo era falso, al menos eso fue hasta ese momento en la cafetería. Touya había hecho del amor de Geten un chiste, uno que odiaba con todo su ser.
Todo el amor que le tenía a su pareja se había convertido en odio puro, lo odiaba, odiaba que un idiota como Touya lo estuviera haciendo sentirse de esa manera tan frágil y asquerosa, odiaba haber aceptado hace seis años el salir a una cita con él, lo odiaba tanto, pero el odio que sentía por el chico pelinegro no era mayor al que sentía por sí mismo.
Geten se odiaba por haber permitido que jugaran con él, se odiaba por haber abandonado todo lo que alguna vez lo había hecho sentir feliz, se odiaba por seguir sintiendo amor hacia Touya.
Dios, se odiaba tanto porque a pesar de todo, él quería seguir ahí para Touya.
Su llanto aumentaba con cada recuerdo feliz que venía a su mente y era distorsionado a la imagen que había presenciado hace poco. Odiaba llorar, odiaba sentirse como el día en el que su madre lo abandonó, odiaba a Nejire, odiaba a Touya, odiaba haber creído en el amor, pero no más de lo que se odiaba a sí mismo.
Touya le había enseñado a amarlo pero también había sido él quien le enseñó a odiarlo.
