Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 2 of Aoi Sekai
Stats:
Published:
2021-07-05
Words:
1,842
Chapters:
1/1
Kudos:
9
Bookmarks:
1
Hits:
91

Dos gorriones tomando un baño

Summary:

La lluvia veraniega deja salir sentimientos bastante bien ocultos.

Work Text:

¿Cómo te explico que no puedo parar de mirarte? ¿Cómo decirte que tu sola voz me la sé de memoria como una grabación? ¿Te agradaría escuchar de mis labios lo mucho que anhelo un beso tuyo? ¿Conoces la razón de mis ansias por envolverte entre mis brazos?

No tengo la respuesta a ninguna de estas preguntas. Soy indeciso y difícil, estoy consciente y lo lamento. Mis charlas son aburridas o vacuas, hablar me cuesta; tengo apariencia tan común a ojos de todos y me miro menor de lo que soy. Me pregunto con frecuencia cómo fue que alguien poseedor de tal inteligencia con toques de misterio y soledad pudo haberme tolerado tanto tiempo. Decir que lo agradezco quedaría corto, pues no ha sido una sinrazón la forma desmedida en la cual me hiciste conocer al amor. Un amor complejo, indescifrable como tu forma estoica de ver a través de las personas. Dos niños enfrascados en un enamoramiento irracional; probablemente también uno que deba terminar por tornarse furtivo. No puedo leer tus ojos a través de los cristales empañados de tus anteojos por el aliento caliente. De menos tengo certeza de tu neblina visual, concediéndome total desvergüenza en perderme sobre tus facciones de estudiante escuálido. Tampoco entiendo la raíz de tu incomprensible mutismo, o porqué no estas dispuesto a moverte de tu sitio, sea para alejarte o acercarte más a mí. Oh querido, ¿tienes idea lo intrigante de tu mente o sentimientos? ¿Qué te empuja a acorazarte para salir al exterior sin la menor esperanza de sonreír?

Nuestros uniformes ya se han humedecido. El saco azul noche con bordes impecables nos protege la espalda y mi chaleco de algodón cubre mi pecho. Los zapatos y mis pantalones de vestir están empapados. Tu cubrebocas tapa el puente de tu nariz y aseguras que lo usas solo cuando hace frío, incluso si te rehusas a guardarlo al transitar por la calle. Nuestros hombros chocan desde unos minutos atrás, me estremece lo escaso de esta cercanía inocente. Soy un mero novato de la vida. Tragué pesado para no mirarte más de la cuenta, me muero de ganas por hablar o escucharte, sin embargo tampoco niego lo mágico de este silencio sepulcral, roto solo por las miles de gotitas ácidas cayendo en un torrente inconcluso como ambientación sosegadora. Hum, esto es confuso, a pesar del frío he empezado a sentir una especie de sopor relajante.

Podría tomar tu mano, la misma que roza el dorso de la mía tan casualmente. Podría hacerlo excusándome con que me muero de frío. Así, aunque fueses a rechazarme sabría si tienes interés en mí o solo me das evasivas ambiguas. Este desconcierto me devora desde dentro. Las espinas de una rosa desean florecer a costa de abrirme el pecho; ¿acaso responderías si preguntara si esto no es más que un amor unilateral? ¿Reconocerías, en primer lugar, tus emociones si éstas correspondieran?

Llueve y arrecia el viento. Hojas caídas o arrancadas de las ramas de los árboles arremeten en nuestra dirección, mas no alcanzan a darnos de lleno en la cara. El angosto paraguas que nos cubre las cabezas no podría ser más inútil. Quiero tomar tu brazo y hundirme sobre tu pecho para intercambiar aunque sea unos cuantos grados de calor. Tu cabello brillante como oro se adhiere a tu cuello descolorido y a tus mejillas enrojecidas por el aire gélido. Diablos, no sabes cuánto en verdad ansío poder ver tu rostro en este instante.

—Eve... ¿Y si nos movemos de aquí? —musito tiritando por el agua colándose entre mi ropa. En cualquier caso no hay mucho por hacer además de correr, dado que ni un techo ni un refugio se avistan desde este punto a mitad de camino de la escuela.

—¿Pero a dónde? —tomas tus lentes empañados y frotas tu manga contra los cristales. Vuelves a colocártelos sin permitirme admirarte en demasía.

—Buena pregunta —concluyo con nuestro barato intento de conversación.

De reojo volteo a ver los preciosos zafiros que tienes por ojos, entornados de la pared de niebla y agua enfrente nuestro. El agua nos induce a juntar instintivamente nuestros cuerpos poco a poco, de modo que no puedo parar de sentirme contrariado. Mis piernas arden por correr pero mi corazón bombea por quedarme; el agua me hace temblar pero por ti me petrifico de los nervios; hay un calor extraño en mi pecho sin importar que el viento nos quiera empujar hacia atrás al envolvernos en una corriente helada.

—Tengo mucho frío —susurro al tomar débilmente la manga de tu saco. ¿Me estaré justificando por desear sentirte más cerca? ¿Tu pulso estará tan enloquecido como el mío?

—Sí, yo también —contestas lacónico, casi tajante.

No te inmutas, cuando menos aún no. Ojalá y no te esté molestando con mi frágil actuación, pero solo así aseguro mi precaución contigo.

Padecemos vulnerables bajo la copa de un árbol. El tronco flaco es alto y su follaje nos cobija con la humildad de la naturaleza. De todos modos llueve a cántaros y los charcos se acumulan antes de desparramarse sobre el asfalto formando minúsculos ríos. Mi espalda está bastante mojada en este punto. Ya no me atrevo a mirarte. ¿Te hice enfadar?

Mas sin embargo, sin previo aviso, el brazo al que estuve aferrado se remueve hacia atrás. Doblas el codo, te suelto sorprendido. Seguidamente extiendes la mano por detrás de mis hombros. Finalmente dejas caer con cuidado el brazo alrededor mío y me atraes, justo como fantaseé. ¿Estoy soñando y resulta que eres un simple espejismo? Lo digo muy en serio, si esto es un sueño, permítanme dormir otro rato.

Por supuesto no me opuse, ni objeté en absoluto. Me emociona tanto este momento que podría desvanecerme sin el menor remordimiento. ¿Será que mi primer amor no terminará en una ilusión de cuento de hadas? Te pido que me ames aunque sea durante lo que tome este diluvio. Estoy desesperado, te habrás dado cuenta.

Relajo, trabajosamente, el cuerpo y cierro la distancia. No me interesa estar siendo inapropiado, da lo mismo si más tarde confiesas cuanto te desagrada verme como mosca sobre ti o si no te gustaría hablarme de nuevo. Incluso si hemos cimentado y nutrido esta relación —amistosa— por tres años y un día me he despertado sabiendo que te amo, ¿qué harías entonces? De pensarlo tanto he creado unos cincuenta posibles escenarios.

No puedo decirlo fuera de mi mente, no puedo escupirlo por mucho que mis entrañas duelan, aquellas palabras necesitan salir y les niego su único deseo haciéndote dudar de mi normalidad o mi actuar sin precedentes. Si tiene conexión alguna mi ansiedad por tratar parecer perfecto frente a ti con que me mires diferente de pronto y no sepa explicarlo o entenderte me hacen creer que sí, la hay. Si mis pómulos se encuentran ahora mismo ruborizados no pienses por favor que se trata del frío.

Suspiro de tanto revolverme internamente. Aunque mi cabeza esté seca a duras penas procedo a dejarla reposar con suavidad en tu dirección, me alegra notar la cercanía ínfima. Increíble, todavía no has dicho algo en contra de mis acciones tímidas. O estoy delirando en verdad o has suspirado. ¿Estás nervioso, dulce y roto chico mío? Muéstrame tu lado más débil para poder reclamar el derecho de abrazarte, ese que me pertenece hace tanto pero reservas bajo una llave perdida.

De pronto, la rigidez de tu postura adquiere cierta soltura. En intención accidental ladeas la cabeza sobre la mía. Las gotas de tu largo cabello trazan paseos delgados hasta mis mejillas y cuello. Una corriente eléctrica surcó mi espina, provocada por el tacto del rocío o tal vez, también por tu acertada decisión. Vaya, eso es jugar sucio. Ilusionar mi pobre corazón antes de recobrar tu faceta de estatua inescrutable es cruel. Anda, no seas desconsiderado, se suave sólo conmigo y prometo bajo juramento no revelarle a alguien lo bello de Eve siendo blando.

Sonrío estúpidamente olvidando que, si alguien quisiera, podrías verme atontado por apenas unos cuantos momentos de improvisado intento por escondernos del aguacero y ocultar nuestros sentimientos. He cerrado los párpados, me dedico a disfrutar enteramente de este instante de ensueño con los labios entreabiertos. La lluvia se volvió mi mejor amiga a partir de ahora. El sonido de agua fluyendo desde las nubes ha ido disminuyendo la intensidad, la tormenta se redujo hasta convertirse en una gentil llovizna.

Ehhh, para este punto no sé si asustarme, estar feliz o triste. Mi estómago no ayuda mucho que digamos.

Inhalo profundo. Los cachetes se inflan del oxígeno y saboreo el fresco sabor de una tarde húmeda en la boca. Exhalo cuando mis pulmones consideraron prudente. Ensancho mi sonrisa. Desconozco el porqué, de improviso, me siento pleno. Abro los ojos por fin, tengo un objetivo en mente.

—¿Ya paró verdad? —volteo a verte.

Descolocado por mi enérgica actitud, noto un efímero brillo de niñez en esos iris claros e inexpresivos, normalmente ensombrecidos, iluminar tu semblante.

—Casi, sigue una pequeña brisa.

Me sonríes (tan solo a mí) achicando los ojos.

Entonces mi alma se contrae, mi esperanza crece con la velocidad de la luz y me decido. Rio travieso; en respuesta te me quedas viendo como expectante. Menciono que unos segundos atrás hubiste bajado tu brazo de mi hombro, así que nuestras manos volvieron a rozarse. Aprovecho esto para tomar tu mano libre con firmeza y alejarme.

—¡Mira, está saliendo el sol! Si nos apuramos podríamos ver un arcoíris, ¡vamos!

—E-ehh...

Asientes siguiéndome el juego. Las nubes grises se han teñido de un alucinante tono rosa anaranjado pálido. Con dudas, accedes a mi petición; mueves las piernas para trotar juntos en busca de un sitio despejado donde los edificios no interrumpan el paisaje de un cielo recién lavado. Creo que te haré soltar el paraguas, considerando que no te di oportunidad de cerrarlo siquiera. No reclamas nada de todos modos.

 

[❀✿❀]

 

Impulsados por la emoción, de repente nos hallé corriendo sin rumbo fijo en no sé que parte de la ciudad.

—Hah... ¿A dónde se supone que vamos? —cuestionaste, jadeante, siguiéndome el paso tan solo gracias al agarre.

—¡No tengo la menor idea! ¡Ja, ja, ja!

—¿Ehh? —exclamas incrédulo. Paramos a tomar aire— Sou, por favor no me digas que en serio estuvimos corriendo solo por que sí —ríes.

—¡No me culpes! Yo esperaba que hubiera un un arcoíris por aquí aunque sea —inclino la cabeza, negando cualquier responsabilidad—. No creí que ni eso.

Me soltaste para bajarte el cubrebocas y respirar como corresponde. Deberías hacerlo más a menudo. Pasas saliva, mientras yo me encandilo de esa sonrisa tuya tan deslumbrante.

—¡Oh, mira! —señalas detrás de mí.

Giro sobre mis talones para encontrar ni más ni menos que un par de avecillas grisáceas retozando en un charco de agua en medio de la hierba. Se ven tan lindas que hubiera preferido no olvidar cargar mi teléfono en la mañana.

—Son gorriones, ¿no?

—Si, lo son.

Al final no hubo arcoíris, pero sí dos gorriones tomando un baño y dos niños tontos que no se atreven a abrir totalmente el corazón.

Series this work belongs to: