Actions

Work Header

El Comentarista

Summary:

Draco descubre su vocación mientras narra un partido de quidditch en su época en su escuela. Años después, Harry Potter consigue llevar al equipo inglés a la semifinal del Mundial de Quidditch y el trabajo de Draco es comentarlo.

Este fanfic forma parte del conjunto de obras creadas para celebrar los 20 años de Drarry en Español.

Fanfiction slash del universo de Harry Potter
Drarry/Harco [Top!Harry Bottom¡Draco]

El universo de Harry Potter, su historia, así como todos sus personajes pertenecen a J.K. Rowling. La historia está escrita sin ningún fin lucrativo.

Notes:

ADVERTENCIAS:

+18. Escenas de sexo explicitas.

Saltos en el tiempo -PASADO/PRESENTE- a través de la historia, se recomienda prestar atención.

¡Este fanfic está dedicado a nuestra escritora designada PerlitaNegra!

Hola Julie!

Por alguna razón, me encuentro nerviosa de saber que vas a leer esto, aunque puede ser muy obvio, pusimos todo nuestro esfuerzo para que sea algo de tu agrado, y quiero que sepas que desde el primer momento en que me entere de la convocatoria, quería dedicártelo a ti. Me encanta tu trabajo, no hay forma de ponerlo en otras palabras, llegaste para hacer del Drarry algo increíble. Eres de los pilares en la comunidad, y siempre tendrás personas como mi amiga y yo que te leemos, amamos y respetamos tus historias.

Gracias por darnos todo sin pedir nada a cambio.

BlackMoon00 xx

Hola Perlita <3 (amo tu user)

Me gustaría empezar agradeciéndote por todo lo que has hecho por la comunidad, todas tus historias y traducciones me hicieron una nueva persona -acá entre nos, fuiste de las primeras autoras que escriben Drarry que leí y no me arrepiento-, además de que me encanta la fuerza que demuestras en todos tus tweets; –te sigo en twitter 😊- por eso mi amiga y yo quisimos dedicarte esta bella historia que esperamos AMES; –nos debatimos mucho para pensar qué te gustaría- espero que sigas con esa fortaleza que te caracteriza muchos muchos años más.

Porque aquí seguiremos, los años que tengan que pasar.

Gracias por demostrar que la edad no es impedimento para imaginar.

Wanabana_

Disfrútalo.

Chapter 1: Capítulo único

Chapter Text

Copa mundial de Quidditch 2002 Inglaterra vs. Australia. Draco comentarista, Harry Jugador

Desde que llego al hotel sentía los cosquilleos en el estómago, decir que no se sentía nervioso sería una completa mentira.  

La realización de que iba a ser el comentarista principal de ese partido en especial, lo llenaba de una emoción que pocas veces tenia a lo largo de su carrera.  

Draco estaba alisando tal vez por quinta vez su camisa blanca -realmente, ya no llevaba la cuenta- antes de colocarse y anudar detenidamente la corbata roja escarlata que había elegido especialmente para esa ocasión. 

Con la única intención de apoyar a su selección, claro está.  

Hizo ademán de tomar su saco, cuando los picoteos en la ventana lo hicieron voltear a su derecha, una lechuza café que previamente le habían avisado que llegaría por parte del ministerio canadiense esperaba en su ventana, abrió para dejarla entrar, ésta dando una vuelta por la habitación antes de bajar y posarse sobre el respaldo de la silla, le dio un bocadillo lechucil de propina y tomo la carta donde una letra estilizada por parte del Departamento de cooperación mágica internacional y el Departamento de deporte y juegos mágicos le daban sus cordiales saludos y le anunciaban la dirección del lugar para aparecerse en el estadio, incluyendo un gafete de exclusividad con su nombre donde lo esperarían para darle las pautas a seguir una vez que los espectadores comenzaran a llegar.  

Tener ese pedazo de pergamino en sus manos solo le daba el recordatorio de que el momento se estaba acercando, aquello por lo que había estado esperando desde hace casi dos años se solidificaba y hacía que sus rodillas temblaran ligeramente en un espasmo de nervios.  

Merlín, realmente no podía llegar tarde, estaba listo.  

Nada en ese momento le impediría su paso hacia-  

— Maldición... — Bajo su mirada lentamente, tratando de no perder la calma, pues de antemano ya se hacía una idea de lo que se iba a encontrar.  

Tal como esperaba, unos converse lo habían hecho tropezar, ¡y estuvieron a punto de asesinarlo, justo en su glorioso momento! — Como no levantes tus cosas para la próxima, me vas a oír... — Gruñó por lo bajo antes de apartar los tenis de una patada y finalmente salir de la habitación. 

— 0 — 

El estadio era simplemente maravilloso, la organización mucho más de lo que se esperaba, algunos empleados estaban tratando los últimos detalles antes de dar la orden de dejar entrar a un público completamente extasiado que se podría escuchar desde algunos kilómetros a la redonda.  

Acababan de traerle un par de botellas de agua a su mesa, el lugar donde estaría comentando era amplio, tenía una de las mejores vistas desde los palcos, solo igualadas a la de los ministros y gente de la alta sociedad, cubierto con un ligero hechizo insonoro para evitar que los gritos pudiesen distraerlo de su trabajo.  

Se asomó ligeramente por sobre el barandal, donde en el centro de campo, los equipos estaban trazando las últimas jugadas y probablemente, los capitanes animaban a sus respectivos equipos, mientras que unos cuantos daban unas últimas vueltas en el aire.   

Se sentó, tanteando, y tomó el pequeño megáfono de metal que descansaba justo al lado del banderín de Inglaterra que había colocado hace unos minutos, saco su varita de su manga, y con un toque de esta se activó el hechizo de amplificación que le habían colocado para hacer una prueba de sonido. 

La gente no tardó mucho en comenzar a aparecerse directamente en sus palcos, el área reservada para los familiares de los jugadores se encontraba llena, debido a que estos habían llegado con anticipación. El bullicio que hace unos momentos solo era un eco aumentó después de unos minutos, ahora se encontraba retumbando en sus orejas, era real, el momento era tan real como él. 

Al cabo de unos minutos, el estadio se encontraba ya completamente abarrotado de gente, el volumen de sus voces entonaba los himnos de sus respectivos equipos, miles de camisas rojas con blanco y azul marino con blanco se ondeaban por donde Draco ponía la mirada, algunos espectadores solamente tenían su rostro pintado de colores representando las banderas de su país. La publicidad cambiaba cada cierto tiempo en el panel principal, el ojigris rio un poco al ver la última, donde aparecía con letras de colores anaranjados y morados “Sortilegios Weasley: Si crees que uno es impresionante, ¡Deberías probar con dos! Código de descuento con el boleto de tu entrada: INÉDITO”, creativos hijos de perra. Cuando volvió a ver el panel, este se encontraba con el marcador ‘INGLATERRA: 0, AUSTRALIA: 0’. 

Los nervios y ese cosquilleo en la parte de su estómago se hicieron más presentes, respiro hondo.  

Se escuchó un ‘¡Sonorus!’ muy cerca de donde él se encontraba, la voz del ministro de magia de Canadá hacía su aparición intercambiando el bullicio por un silencio moderado. 

— ¡Bienvenidos, sean todos bienvenidos a la cuadrigentésima vigésima cuarta edición de la copa del mundo de quidditch...! — El bullicio se hizo presente de repente, los espectadores estaban locos de la emoción.  — … ¡Y ahora sin más preámbulos, démosle una calurosa bienvenida a la mascota del equipo inglés! — el lado rojo con blanco en el estadio estalló con gritos y bullas cuando la ilusión de una quimera colosal llenó el lugar, meneándose por las orillas de los palcos en un recorrido ágil y salvaje, atravesando los aros de anotación, si Draco no supiera que no era real, realmente le tendría más miedo del que le tenía en ese momento. Se veía increíble el cómo la afición inglesa se volvía loca con la ilusión del animal que hacía una clase de baile tradicional, a los minutos de pavonearse la voz del ministro se hizo presente de nuevo. 

 — Muy atractiva la quimera, ¡pero ahora démosle la bienvenida a la mascota de nuestros amigos de la selección de Australia...! —Después de aquella introducción, el público australiano no se quedó atrás al momento de apoyar a su mascota, cientos de insectos billywigs aparecieron en ese instante, volando a una velocidad fantástica creando una coreografía perfecta alrededor del campo, lo que al principio eran cientos de puntos azulados, comenzaron a cambiar a algunos destellos rojos y blancos, acomodándose en un patrón que finalmente dejo ver lo que era la bandera de su país de origen. El alboroto de la afición australiana era avasallante, Draco sentía que la barrera insonorizada no estaba funcionando y que se rompería en cualquier momento, suspiró, — El momento llegó. — se dijo a sí mismo y una vez encendiendo el pequeño megáfono, y con los nervios hasta el cuello, habló. 

— ¡Bienvenidos nuevamente a lo que parece ser uno de los partidos más prometedores de la temporada! ¡Mi nombre es Draco Malfoy y tengo el honor de ser su comentarista de esta noche, dejemos la tensión contenida y empecemos a darle la bienvenida a la selección nacional de Australia! Tenemos a ¡Davis! — Exclamó, al tiempo que una figura azul apenas reflejada en el aire se alzó para dar algunas vueltas por el campo — Seguido de ¡Williams!, ¡Taylor!, ¡Moore!, ¡Brown!, y los más temidos golpeadores hasta ahora ¡Turner y Anderson! ¡Esperemos este par no sea un problema para los ingleses...! —  

A decir verdad, Draco si estaba preocupado.  

—… Aún no hemos podido olvidar como los pobres peruanos tuvieron que ser descalificados luego de que uno de sus cazadores fuese golpeado brutalmente por una enfurecida Bludger — Se escucharon unos vitoreos de parte de la afición australiana, pero en el otro extremo del estadio los hinchas ingleses abucheaban al equipo. 

— ¡Y ahora recibamos con un fuerte saludo a la selección nacional de Inglaterra! Comenzamos con ¡Jones!, ¡Sallow!, y ¡Browning!, ¡nuestras cazadoras! — Tuvo que contenerse de sonar tan entusiasmado como el público, las tres primeras figuras salían en una formación de ataque que daba una amenaza silenciosa de lo que se avecinaba — seguimos con ¡Smith! ¡Baker! ¡Dagger! y terminando con broche de oro, literalmente, la nueva promesa del equipo inglés, ahora no solo como buscador, si no siendo el capitán oficial del equipo... ¡Potter!  — La afición inglesa pareció volverse loca, comenzando una secuencia de gritos en un vitoreo exorbitante. Todo lo que Draco podía escuchar sin cesar era:  

“¡Po-tter! ¡Po-tter! ¡Po-tter!” 

Segundos después, la figura de Harry Potter salía de las sombras, en una preciosa Saeta de trueno de mango plateado, dando inicio a un recorrido alrededor de todo el estadio. Era simplemente maravilloso, necesitabas tener una buena mirada de buscador para seguirle el paso, y Draco la tenía.  

Finalmente quedó suspendido a mitad del campo, justo en lo alto, a la vista de todos, su porte solo podía gritar imponente, el uniforme blanco se envolvía a sus muslos y torso como una segunda piel, con la túnica roja ondeando en el aire con el numero “siete” en blanco y el “Potter” en la parte superior, era colosal. Para suerte de los despistados, una cámara no tardó mucho en acercarse a él, mostrando una proyección de cerca en uno de los paneles principales, donde se mostraba el marcador; Harry miraba hacia el público, la emoción y la seguridad impregnada en su rostro, su mandíbula estaba ligeramente tensa por la adrenalina del momento, y tal vez un poco de nerviosismo, su sonrisa era definitivamente la protagonista, una hilera de blancos dientes se mostraban con una calidez característica de él. 

De esa forma, Draco podía entender un poco más porque toda la comunidad mágica estaba enamorada del niño que vivió.  

— Y ahí lo tienen damas y caballeros, esperemos que la selección inglesa no se haya equivocado con Potter —Para este momento los jugadores se encontraban en posiciones, el árbitro se encontraba en el centro del campo con la quaffle en las manos, la snitch en el aire perdiéndose en los rayos de luz del atardecer, los capitanes de ambos equipos se dan la mano no sin antes darse una mirada retadora. — Atentos capitanes, este es el pase directo a la final, los que tendrán que enfrentar a Francia, recodemos que estos tuvieron que sacar a los mismísimos anfitriones del lugar sede y están dispuestos a llevarse la copa a casa. 

 — La quaffle está en el aire... ¡y empieza el juego.! 

 

Spinnet con la quaffle en posesión, Gryffindor toma la delantera hacia la portería de Hufflepuff, esquivando el primer golpe de la bludger dirigido por Rickett. Spinnet se la pasa a Bell, ¿qué estoy viendo aquí?, ¿me pareció haber visto la Finta de Porskov(1)... Fleet intenta tomarla y... agh, diez puntos para Gryffindor — De mala gana, Draco aprieta el pedal del marcador, dejando un “1” donde anteriormente se encontraba un “0”. Del otro lado del campo, los leones parecían felices de empezar con el pie derecho; él no estaba preocupado, probablemente Weasley les daría la victoria a los tejones, como había hecho con Slytherin hace apenas unas semanas.  

—¿Ese destello que veo es el de la snitch?, es probable ya que Potter ha cruzado el campo para llegar hasta ella, seguido de Summerby, quien parece algo confundido porque el inútil aún no la nota y solo está siguiendo a Po... 

— ¡Señor Malfoy!  

—Profesora McGonagall, ¿usted está narrando el partido o soy yo?, bien, volvamos con los buscadores, al parecer solo era una estrategia de Potter para confundir a Summerby. De vuelta con los cazadores, Weasley y Spinnet en posesión de la quaffle, se alinean para hacer una maniobra, pero nop, O’Flaherty no les da tiempo, una bludger es disparada a Spinnet casi derribándola de su escoba y haciéndola soltar la quaffle, deberías revisar ese equilibrio Spinnet, por algo estas en el equipo... 

—Señor Malfoy, comente el juego solamente por favor. 

—Con gusto profesora; es Zacharias Smith quien ahora posee la quaffle, y vuela solo contra las bludgers de Sloper y Kirke, venga Weasley, es tu momento de fallar... 

En las gradas del otro lado del campo, Draco pudo escuchar como la entonación de la conocida canción “A Weasley vamos a coronar” era retocada para los tejones de parte de los Slytherin. 

—...por eso los de Hufflupuff deben cantar: A Weasley vamos a coronar... 

—¡Última advertencia señor Malfoy! 

—Ugh, no deja a la gente divertirse profesora, y aquí viene Smith, con ayuda de Applebee, se lanzan la quaffle entre ellos esquivando las bludgers, Smith se apunta y ¡ANOTA!, ¡diez puntos para Hufflepuff! ¡Gracias Weasley!  

Antes de anotar los puntos, Draco ve por el rabillo del ojo una cabellera negra pasar, dirigiéndole una mirada desagradable e intensa. No podía estar más complacido por esa reacción, si no podía jugar debido a su lesión, al menos lo molestaría desde las gradas.  

— ¿Qué miras Potter? ¿No deberías estar buscando la snitch?, porque parece que Summerby la ha visualizado y... Si, allá va, respirar en la nuca de la gente es típico de ti, ¿no potty? 

—Señor Malfoy...el juego… 

Draco sabia hasta qué punto llegaba la paciencia de la profesora, así que, de mala gana, se guardó un poco de sus comentarios para enfocar su narración solo en el partido; nada interesante, después de que a los buscadores se les perdiera nuevamente la snitch, la comadrejita  menor logró anotar otros veinte puntos, pero no parecía servirles de mucho, los cazadores de Hufflepuff realmente eran buenos, o solo era que Weasley cada vez jugaba peor como guardián.  

Para los primeros diez minutos del partido, el marcador ya estaba a 30 – 50 a favor de Hufflepuff.   

— ...Esto parece estarse enfriando, Bell toma la quaffle, se la pasa a Weasley... no por mucho tiempo, Wallader logra quitársela y atraviesa todo el campo, Kirke manda una Bludger y… logra quitarse a tiempo- ¡algo más interesante! Parece que la snitch volvió a aparecer, los buscadores van en picada, ¡ya casi la tienen! ¿Summerby está tratando de tirar a Potter?... uy, pues si lo logro, pero no sirvió de mucho, Potter la atrapó — Los gritos de Gryffindor aparecieron estruendosamente, Draco tuvo que hablar más fuerte de mala gana — ¡Gryffindor gana! 

Los alumnos empezaron a bajar en una bulla de festejo, Hufflepuff parecía bastante resignado, el próximo partido de ellos era contra los mismos Slytherin, y sinceramente, sabían que no tenían oportunidad.  

Los jugadores se dirigieron hasta los vestidores, y algunos ya tomaban el sendero de vuelta al castillo. Cuando estuvo a punto de pararse para encontrar a sus amigos e irse con ellos, la profesora McGonagall lo llamo.  

— Ya que estaba tan de buen humor con sus comentarios, porque no ayuda a la profesora Hooch a recoger las cosas y luego me espera en mi oficina para que hablemos 

— Bien, la veré entonces. — Contestó, resignado 

Para el momento en el que Draco había terminado de bajar y poner las cosas en su lugar, la mayoría de los jugadores ya estaban bañados, cambiados, y listos para regresar al colegio, la cena empezaría más o menos en una media hora.  

Aun se escuchaba una regadera en uso en los vestidores de los leones.  

Entro a la oficina del capitán, el espacio era pequeño, había una pizarra en una de las paredes, con algunas jugadas escritas en ella, un escritorio con una silla, y a la izquierda, el casillero donde se guardaba el baúl con las pelotas.  

Justo cuando cerro el casillero, alguien entro por la puerta.  

Por el mismísimo Salazar Slytherin. 

Potter estaba en el marco de la puerta, bastante sorprendido de encontrarlo ahí, llevaba solo una toalla amarrada a la cintura y el cabello mojado, algunas gotas de agua caían por su torso y Draco tuvo que esforzarse demasiado por mantener su mirada en las pupilas esmeralda.  

— ¿Y tú estás aquí porque...?  

Draco sonrió malicioso 

—¿De verdad no te lo imaginas? Vine exclusivamente a felicitarte — Exclamó recargándose en el escritorio, Harry rodó los ojos y se dirigió a uno de los casilleros, donde probablemente se encontraba su muda de ropa.  

—No te hubieras molestado, ¿También vienes a tallarme la espalda? — Casi para confirmar lo dicho, se volteó un poco; en la parte baja, casi al lado de las costillas, un raspón se acentuaba. Auch, realmente debió de haber dolido.  

Bajo la mirada un poco más, el culo del azabache se destacaba por el único pedazo de tela que traía.   

Sintió que se le hacía agua la boca.  

—Eso te gustaría, ¿verdad, Potter? —El rubio fue acercándose al morocho con un paso lento — Pude notar como no dejabas de mirarme en el partido, ¿es que acaso te distraigo?, tu desempeño puede verse afectado...  

De un momento a otro, Draco sintió como era tomado y estampado hacia la pared más cercana, Harry había sido rápido y ahora lo tenía acorralado con sus brazos a cada lado del cuerpo, lo suficientemente cerca como para poder escuchar la respiración de Draco entrecortarse por la sorpresa. 

— ¿Sabes algo? Estoy cansado de tus jueguitos, ¿por qué no puedes ser honesto por una sola vez en tu vida y admitir que debajo de esa actitud ególatra realmente te estas muriendo por mí? 

Draco estaba pensando en una buena respuesta que dejara al otro callado, que lo salvara de esa situación, de verdad lo estaba haciendo.  

Pero para ese momento Harry lo había tomado con una mano por el cuello y lo estaba acercando a su boca, quitando cualquier hilo de pensamiento de su cabeza.  

¿En qué momento había pasado eso? 

Realmente no importaba.  

En un instante se encontró a si mismo pegando sus labios a los del moreno, empezando un beso caótico, en una pequeña pelea por ver quien dominaba a quien, la lengua de Harry no tardó mucho en demandar por entrar en la boca de Draco y no pudo oponer mucha resistencia, después de todo, no podía negar que había estado soñando por meses que algo como eso sucediera.  Podría ponerse a saltar de la pura satisfacción de probar al fin su sabor.

Las manos que hace unos momentos estaban en sus costados, ahora estaban tocando su piel por arriba de la camisa, tanteando, tal vez, pensó, con miedo de que Draco fuera a salir corriendo de ahí, no podía estar más equivocado.  

Y solo para dar a entender su punto, él mismo llevo sus manos a la mata húmeda que era el pelo de azabache hundiendo sus dedos largos en el, profundizando el beso. Los jadeos se hicieron presentes algunos segundos después debido a la poca respiración que tomaban, siendo ahora el turno de Harry para meter sus manos dentro de su camisa, tocando su ahora ardiente piel y comenzando a bajar sus besos húmedos por la mandíbula del rubio succionando suavemente y rasgando su piel porcelana con sus dientes haciendo que Draco soltara un sonido que ni siquiera sabía que podía hacer.  

Una parte en su subconsciente le gritaba que se detuviera, que cualquier persona podría entrar, que aún tenía que ver a la profesora en su oficina. Luego miro al chico frente a él que, maldición, casi había olvidado que el jodido Harry Potter solo traía una toalla encima, y su línea coherente de pensamientos colapsó.  Todos podían joderse en ese momento.

Tal vez Potter notó sus intenciones cuando empezó a bajar sus manos por su espalda porque se separó apenas unos centímetros, con una sonrisa similar a la que ponía cuando ganaba los partidos.  

—Ahora, cuando estés listo, hablamos.  

Y con su ropa en mano, salió del cuarto, dejando a un Draco Malfoy completamente perplejo y acalorado. Se quedo ahí, parado, por un tiempo que no pudo definir, ¿Cómo demonios se había atrevido a humillarlo de esa manera?  ¿Quién se creía?

Eso no era lo peor del caso, si no la semi erección que tenía en los pantalones.  

Suspiró aun con los nervios de punta y trato de calmarse, todavía tenía que verse con McGonagall.  

— 0 — 

—Tengo que admitir que, en todos mis años estando en esta escuela, jamás me había tocado un comentarista tan imprudente, arrogante e irrespetuoso... y eso que tuve al señor Lee — Draco se encontraba sentado frente al gran escritorio de la profesora de transformaciones, tenía la mirada gacha y sinceramente, su mente se encontraba en otro lado, así que no tenía nada que contradecirle. —Pero como se ha enterado, aún no llenamos la vacante de comentarista y, bueno, usted ha sido el único que realmente conoce el deporte, además de tener un criterio sólido, creo que sería perfecto para un puesto así, ¿qué le parece señor Malfoy? 

Draco levantó la mirada, ahora con un claro ceño fruncido — Tal vez no estoy entendiendo bien profesora, me estaba regañando, ¿Y ahora me está ofreciendo el puesto de comentarista? — Minerva, que ahora lo miraba por encima de las gafas con gesto divertido, solo asintió con la cabeza.  

De primera instancia, había tomado el puesto de comentarista como algo temporal, al menos en lo que su lesión sanaba; él amaba el quidditch, más que eso, amaba jugar. Y esto, lo tomo completamente desprevenido. No podía negar que no lo había disfrutado, pero...  

— Si yo aceptara, está de más decir que no podría volver a jugar en el equipo — No estaba seguro de si era una pregunta o una afirmación, la profesora volvió a asentir.  

— No tiene que darme una respuesta ahora señor Malfoy   

Pero Draco ya estaba repitiendo en su cabeza el partido anterior, lo mucho que se había divertido, lo satisfactorio que había sido poder tener la mirada de Potter  sobre él, y haber sido su distracción principal, aun cuando no estaba en el campo como cada año.  Sonrió.

— Ya no tengo que pensarlo, profesora, cuente conmigo.  

Lo que vino después de eso, fue solo una secuencia de momentos cruciales en la vida de Draco.  

Ahora con su puesto permanente como comentarista, Draco había podido llamar la atención del niño que vivió en más de una ocasión, con sus comentarios y miradas subidas de tono, que, para su deleite, surtían efecto, y aunque Draco solo mostraba una apariencia inocente con la profesora Hooch cuando se ofrecía a ayudarla con las cosas, la verdad era que terminaba siendo acorralado voluntariamente en la oficina del capitán del equipo de quidditch de Gryffindor, dándole paso a una extraña y deleitosa sesión de besos y arrimones que se repitieron en varias ocasiones, Draco no estaba seguro de que era exactamente lo que estaba empezando a surgir entre ellos, pero realmente no quería preocuparse por eso, porque le gustaba mucho más de lo que podría admitir en voz alta. 

Al otro lado de la moneda, la guerra estaba tomando forma, y estaba encomendado en una misión que, aunque él se decía a si mismo que era capaz de realizar, la realidad era que se encontraba completamente aterrado.  

Su madre, en un último intento desesperado, había acudido a su padrino para pedirle ayuda, y después de pensar en las opciones más favorables, había terminado en la oficina del viejo director, confesando lo que había estado ocurriendo ese verano, intentando que su voz no fallara por la desesperación de tener que admitir que estaba siendo amenazado. Hacerlo fue bastante difícil, después de todo la casa de Slytherin nunca había sido la prioridad de Dumbledore, pero encontró el apoyo necesario en Snape, y, sorpresivamente, en el mismo Harry, que en cuanto estuvo al tanto de su situación le había ofrecido ayuda y una especie de alianza. 

Ahora, Draco se encontraba en calidad de doble espía y esto solo fue una jugada clave para ganar la guerra.

Tal vez esto solo reforzó lo que estaba ocurriendo entre ellos.  

Pues entre todo el caos que eran sus vidas, pudieron abrirse un poco, y darse cuenta de que, en repetidas ocasiones se sentían bastante solos, y con una carga demasiado pesada en sus hombros que ellos no habían pedido, pero tal vez, estando juntos, las cosas serían solo un poquito más fáciles. 

Cuando Draco y Harry estaban a punto de separarse, el impacto de la epifanía al encontrarse perdidos el uno con el otro los había golpeado inesperadamente en seco. 

No había nada que hacer al respecto.  

Así que se tuvieron que despedir con nada más que una promesa de volver y esperanzas en que las cosas salieran bien. 

0

Cuando empezaron el “viaje” Harry sabía que no serían unas lindas y cómodas vacaciones, tal vez esa había sido una de las razones por que las que había decidido hacer eso solo; tenía que ser demasiado idiota para creer que sus amigos lo dejarían ir tan fácil. Él se sentía profundamente agradecido y el simple hecho de tenerlos ahí como un soporte era suficiente para él.

Aun con todo esto, el dueño de una cabellera platinada había estado ocupando un espacio de sus pensamientos de una forma más frecuente de lo que había tenido planeado, dejándole una pesada sensación en el estómago.

Había levantado la vista de donde hasta ese momento, fingía leer uno de los muchos libros que Hermione había llevado con la esperanza de que ayudaran en algo. Ron y esta última estaban un poco más cerca del fuego, platicando en voz baja; se acercó un poco más a ellos, en un intento por hablar y despejar su mente.

Pero no funcionó, había abierto la boca y sin poder decir algo, la volvió a cerrar. La castaña le lanzó una mirada a Ron, como poniéndose de acuerdo entre ellos.

— Sabemos que lo extrañas, ¿sabes? Somos tus mejores amigos, no tienes que explicarnos nada – Le había mencionado en esa ocasión.

Harry no entendía como ellos se habían dado cuenta, no había podido aun contarles, jamás encontrando el momento apropiado, Ron pareció captarlo.

— Eres muy obvio compañero, pasaste de tener un buen humor a no querer nada, y sabemos que no es solo por la guerra — Dijo mientras hacía una mueca — Y esos minutos extras que te tomabas en los vestidores donde casualmente Malfoy estaba recogiendo las cosas nos hizo darnos unas ideas de lo que estaba ocurriendo.

Soltó una risita nerviosa.

Oh, así que había sido por eso.

Bueno, ahora al menos no tendría que idear un plan de estrategia para dar explicaciones que realmente no quería dar, así que solo levantó las comisuras de su boca en una sonrisa amarga, en la que esperaba, ellos vieran lo mucho que agradecía eso también.

0

Draco perdió la cuenta de los días que habían pasado, la Mansión Malfoy había dejado de significar “hogar” para convertirse en un abismo de soledad y pesadumbre. Tenía entendido que Harry Potter, el indeseable número 1, había desaparecido, y con él se fueron sus ilusiones, esperaba que llegara por él, destruyera a Voldemort y huyeran a la luz del atardecer...pero esto no era un cuento de hadas y diablos, lo extrañaba tanto.

Se sentía tan deprimido cada día que pasaba, era obligado a torturar a tanta gente nacida de muggles, los cuales también eran asesinados, él no lo hacía, jamás mataría a nadie, era muy cobarde para hacerlo.

Pero aquella noche, el sonido del timbre le hizo eco en su cabeza, pensó que no era nada importante, pero unos momentos después, cuando un elfo doméstico tocó su puerta y le avisó que se le requería en el recibidor, se sintió extrañado y su estómago se revolvió, esperó lo peor, siempre lo hacía.

Al bajar las escaleras y subir la mirada, la única luz que tenía ahí eran las llamas tenues de las antorchas que adornaban sus paredes y las velas de la lámpara de araña en su techo, su corazón dio un vuelco al ver a su familia reunida. Su madre, su tía Bellatrix y su padre estaban ahí, al igual que esos sucios carroñeros con Weasley y Granger en sus brazos atrapados, pero en aquellos brazos sucios y peludos del desagradable hombre lobo se encontraba la razón por la que estaban ahí. Lo reconocería donde fuera, aunque aquel hechizo que probablemente Granger le había lanzado había desfigurado todo su rostro; quería correr hacía él, abrazarlo, acariciar su cabello y decirle que todo estaría bien, que se iría con él y vivirían felices en el mundo muggle para esconderse si era necesario.

Pero aquellas fantasías solo eran eso, fantasías.

—Ven aquí, Draco —le habló su madre suavemente y él obedeció.

Se acercó dando pasos cortos, se inclinó un poco para observarlo mejor, su rostro estaba más desfigurado que un puré de papas, su cicatriz estaba ahí, pero no se lograba ver con claridad, parecía un leve rayón hecho por una piedra, pero sus ojos, los reconocería donde fuera, aquellas esmeraldas que amaba ver de cerca y verlas brillar cuando se demostraban el cariño que se tenían, los que a los rayos del sol parecían resplandecer con magia propia, ahora estaban tan aterrados, su mirada se notaba espantada y con pánico, lo sabía, él sabía lo que tenía que hacer.

— ¿Y bien?, ¿Es Harry Potter?

Lo salvaría.

—No...no estoy muy seguro.

A partir de eso, comenzó una batalla que realmente necesitaba perder si quería que Harry y sus amigos salieran con vida de ahí.

Todo pasó muy rápido, aquel elfo que anteriormente servía a su familia había llegado por ellos, como un milagro mandado del mismísimo Merlín, Draco agradeció eso en su mente mientras observaba como su tía lanzaba la preciada daga familiar en el momento de la aparición conjunta

Lo último que vio fue aquellos ojos verdes, agradeciéndole con una mirada cargada de afecto y preocupación, sabía que después de esto recibiría el regaño de su vida. Pero valió la pena, él estaba a salvo. ¿Qué más podría importarle?

La próxima vez que se volvieron a ver, la guerra había terminado.

0

—Entonces, ¿lo rechazaste?

—¿Tú crees que estoy listo para ser auror y seguir dando mi cuello para que prácticamente lo desgarren a la primera?, creí que tenías más sentido de la supervivencia, cariño. — Draco tomó otro sorbo de su té, tratando de aguantarse un poco la risa por la expresión que había ocupado su novio.

—¿Quién eres y qué hiciste con mi estúpido Gryffindor? — Esta vez fue el turno de Harry de reír.

Apenas habían pasado seis meses después de la guerra, pero durante ese lapso las cosas parecían tener una nueva y maravillosa perspectiva. Draco había sido absuelto de cualquier crimen en el Wizengamot, donde el mismo Harry había sido participe dando su declaración de los acontecimientos, de la misma forma en que contó como su propia madre había mentido ante Voldemort. Lamentablemente Lucius no había tenido la misma suerte que ellos, quedando condenado a cadena perpetua.

Esto había significado un golpe duro en la vida de su madre, sin embargo, se concentró en reparar los daños causados de muchas maneras, sobre todo, cuando le contó sobre la relación que comenzaría con Harry, ella no pudo hacer más que llorar de la alegría por verlo al fin pleno y contento.

Un pesado suspiro había roto el hilo de sus pensamientos, en un momento, Harry había dejado de sonreír. 

— Estoy realmente cansado, ¿sabes? — Mencionó con voz baja, su rostro viéndose de repente sin energía — Siento que por primera vez tengo la oportunidad de respirar, y ahora no dejan de ofrecerme propuestas, ni siquiera sé que es lo que quiero hacer de mi vida.

No necesitaba realmente decir nada más, en realidad, se sentía de la misma forma. Dejó la taza en la mesa de centro, y con un gesto de manos le pidió que se acercara, Harry no tardó ni un segundo en llegar a sus brazos y tenderse arriba de él, ambos quedando medios acostados en el sillón, donde comenzó a acariciar esa melena revoltosa que ahora se le hacía tan familiar.

Estuvieron así por un momento, ambos envueltos en un silencio cómodo. Hasta que Draco lo tomó de las mejillas para que lo volteara a ver, contorneando su mandíbula en una perezosa caricia.

¿Sabes qué? Al diablo con todos, nos iremos de aquí la decisión impregnada en sus palabras — Toma tus cosas.

 — ¿Irnos?  ¿A dónde?

Draco sonrió. 

—¿Hawái?, ¿Jamaica?, ¿Japón?, ¿México?, ¿Brasil, Canadá?... ¿Acaso importa? A donde quieras — Sonrió al ver la expresión de sorpresa en su rostro, Merlín, se veía tan adorable que no pudo evitar darle un casto beso en los labios, su expresión confundida no cambió hasta después de unos cuantos besos fugaces más. —Lo importante es que tú estás conmigo y yo estoy contigo, no necesitamos nada ni a nadie más. Solo nosotros dos.

“Necesitamos sanar”

— ¿Entonces? — Dijo poniéndose de pie — Levanta ese lindo culo y vámonos de aquí-

—¿Ahora?

Draco rodó los ojos.

—¿Quieres una invitación por escrito?

—¡Esta bien! Bien — Dijo Harry con un repentino entusiasmo en sus palabras, como niño pequeño que acaba de recibir un regalo por adelantado — Haré mis maletas.

— Ya no hay tiempo, es ahora o nunca, Potter, dame la mano.

Sintió su mano ser tomada segundos después por su novio, quien la apretó con fuerza siendo ahora turno de Draco de aparecerlos en Gringotts, pues el dinero no crecía en los árboles y sus bóvedas llenas de galeones esperaban ser usadas.

 Así fue, hasta el momento en que, con sus bolsillos llenos de dinero, sus manos entrelazadas y un sentimiento de libertad tomaron el primer traslador que salía ese día hacia un destino que desconocían y, por ende, aventurándose en un viaje que duraría un año entero, un año entero sin preocupaciones, sin responsabilidades. Solo ellos dos.

“Necesitamos sanar”

—0—

Pero como todas las cosas buenas, no duran para siempre.

Al pasar el año, Draco y Harry regresaron a Inglaterra, más unidos y renovados que nunca, su felicidad no tocaba límites, y aunque habían extrañado a sus amigos y familiares, habían disfrutado cada momento juntos, cada lugar, cada puesta de sol, cada luna llena, que eran consumadas con besos y su ahora inquebrantable amor.

 Porque se amaban, lo sabían y se lo repetían cada que podían.

Durante ese tiempo también habían tenido oportunidad de platicar y pensar en lo que querían hacer de sus vidas cuando tuvieran que volver, Harry, por su parte, había descartado al cien por ciento la posibilidad de ser un auror, y encontrando de nuevo su amor por el quidditch, pensó que si se lo proponía podría entrar a un buen equipo, Draco por su parte, había pensado en ser pocionista, como su padrino, pero después de muchos recuerdos de sexto año siendo comentarista, lo vio como algo sumamente atractivo, de hecho, si lo pensaba bien, era perfecto; conocía cada jugada, cada movimiento anticipadamente, tenía un excelente sentido del humor y esa pizca natural para tener al público atento a sus palabras, Harry no estuvo nada sorprendido cuando se lo expresó abiertamente.

Meses más tarde, después de arduos días de entrenamiento y varias horas gastadas en la cancha expandida con magia en su jardín, Harry se sentía listo para las pruebas oficiales, Draco lo había ayudado al momento de entrenar, fingiendo ser de un equipo contrario para darle lucha a Harry, lo cual siempre terminaba en uno siendo tirando de su escoba por el otro, dando algunas vueltas por el pasto recién podado para terminar recostados besándose en aquel jardín; Draco siempre sobre él, tentándolo para que dejara de entrenar y le diera algo de atención a su novio -como bien se lo merecía-, Harry no creía que necesitaba entrenar tanto de todos modos.

La verdadera prueba llegó a principios de mayo, Draco, que acompañado de Ron y Hermione para no verse tan obvio puesto que, a pesar de todo ese tiempo juntos, nadie más que su círculo cercano estaba enterado de su relación –Draco solo reía de recordar el grito que había puesto la población mágica ante la repentina desaparición de su niño de oro-, se dispuso a apoyar a su novio desde las gradas de aquel gran campo en el que se llevarían a cabo las pruebas oficiales de quidditch para que los equipos tomaran a los nuevos jugadores que tarde o temprano los llevarían a la victoria.

Quince jugadores más tarde, el turno de Harry era inminente para ese entonces, se sentía nervioso, sí, pero había peleado contra un dragón, había derrotado al mago más temido del mundo, unas pruebas de quidditch eran tarta comida.

Draco, por su parte, se encontraba narrándole el partido que estaba tomando forma en aquella prueba, para hacer más ameno el tiempo transcurrido con los chicos, les narraba cada jugada efectuada por su novio, le apasionaba, y le entusiasmaba más si era Harry el que las ejecutaba a la perfección, sabía lo que hacía, siempre había tenido esa habilidad desde pequeño y Draco estaba orgulloso de él.

—¿Te gusta comentar partidos, ¿cierto? — Escuchó a la morena hablarle, con sus ojos fijos en los suyos, sonrojándose ante su comentario. Bajó la cabeza de inmediato en un intento por disimularlo.

— Si, algo, es más un hobbie que tengo desde sexto, en el partido de Gryffindor y Hufflepuff supe que estaba hecho para eso y no para jugar, además de que podía ver mejor a Harry desde las gradas que desde el campo. — Aunque en su momento lo había platicado con el ojiverde, la verdad era que le apenaba un poco expresar a más personas que era lo que realmente le apasionaba, tal vez por un poco de temor a ser juzgado o que no lo tomaran en serio.  Era normal que el hijo de Lucius Malfoy, el heredero legítimo, se dedicara a algo más formal como el manejo de acciones y contratos de la familia. 

—Ugh, no necesitamos detalles, gracias.

—En fin, —Hermione le lanzó una mirada seria a Ron —Harry me comentó hace un tiempo que tenías la intención de trabajar en algo como eso, y da la casualidad de que soy muy amiga de la directora del departamento de deporte y juegos mágicos, por lo que, si quieres darte a escuchar, estará muy contenta de ponerte a prueba.

Cuando Hermione terminó de hablar, Draco estaba más sorprendido que nunca, su piel pasó de estar completamente blanca a estar de un rosa furioso en sus mejillas. Lo único que pudo hacer es asentir, asentir con toda la rapidez posible y sonriéndole a la que sería, probablemente, de ahora en adelante, una de sus mejores amigas.

—Gracias, gracias gracias gracias, Merlín, estoy tan feliz ahora que podría abrazarte- pero no creo que a Weasley le agrade...

Ron se encontraba viéndolos con ojos crítico, cuando después de unos segundos terminó riéndose y levantándose para abrazar directamente al rubio, quien hizo un ademán de alejarse apenas el pelirrojo lo tocó.

—Cualquier amigo de mi esposa es amigo mío. —  Dijo alzando los hombros

—Que tonto eres Ronald, es el novio de Harry.

—Silencio Granger, por fin me está aceptando.

Horas después, un emocionado Draco le contaba las buenas noticias a su novio mientras cenaban en su jardín a la luz de la luna, el ojiverde no podía quitarle la mirada de encima, se veía tan feliz y emocionado, que no quería ni siquiera moverse para no interrumpirlo.

Paso solo una semana para que Harry recibiera los resultados de las pruebas; esa tarde se encontraban en casa, Draco arreglaba unas cosas en la habitación, al parecer con el hecho de vivir juntos, nadie le había comentado que su novio fuera una persona tan desordenada, dejaba todo hecho un caos para solo encontrar una camisa, olvidaba a veces poner la ropa sucia en el cesto, y aunque él juraba que le molestaba de sobremanera, la realidad era que hacía ver todo más como un hogar, un espacio donde todo le gritaba Harry, Harry, Harry; claro que era diferente cuando vivía en la mansión, al entrar en su habitación parecía como si ni un alma viviera en ese espacio, los elfos tenían la orden de que cuando los amos salieran de sus aposentos, debían limpiar enseguida, no iba a negar que tenía sus ventajas, pero cuando Draco llegó a experimentar el vivir con Harry, su corazón le dijo que estaba en el lugar correcto, porque sabía que había alguien ahí con él, para él.

Sus pensamientos lo hicieron sonreír, pero no duró mucho, pues un escándalo en el piso de abajo llamando su nombre repetidas veces subía las escaleras a la habitación donde se encontraba, pocos segundos después, Harry entró con un sobre completamente blanco, lo adornaba un sello de cera negro con el logo oficial de los “Montrose Magpies”, el equipo para el cual el moreno había hecho las pruebas.

Ambos se quedaron sin habla, las manos de Harry estaban temblorosas y Draco no podía ni él mismo con sus nervios.

— Esto es. Merlín, si me rechazan quiero que me abraces, fuerte.

—Siempre, Harry.

No necesitó una palabra más, contuvieron su respiración mientras el azabache abría el sobre con lentitud, este último con los ojos cerrados. Draco se balanceaba en su lugar, intentando contener la emoción que sentía. Al momento de terminar de desdoblarla abrió sus ojos, y se dispuso a leer el comunicado.

—¿Harry? —le susurró para después ver como este levantaba la mirada hacia él y le sonreía ampliamente, lo supo de inmediato.

 

“Estimado Sr. Potter

Es mi deber informarle que sería un honor para el equipo de los Montrose Magpies aceptarlo como buscador.

En breve le haremos llegar su itinerario de entrenamiento, al igual que su uniforme oficial...”

 

—Estoy muy orgulloso de ti, mi amor.

—Tengo que decirle a los Weasley, ¡esto es una noticia tan grande!, Oh Merlín, jamás creí que jugaría para un equipo de división de primera, Draco, esto es un sueño, por favor golpéame, necesito saber si esto no es un... —

Draco no necesitaba golpear a su novio, no cuando un beso era todo lo que se necesitaba para traer de vuelta a un Harry delirante. Así que lo interrumpió pegando sus delgados labios a los del moreno, y dispuesto a tranquilizarlo, lamió su labio inferior mientras tanteaba para poder meterse a esa boca que tanto le encantaba, Harry no se lo pensó dos veces para darle paso libre, buscándolo con su lengua.

Estuvieron un rato así, en un beso tentativo al inicio y que poco a poco estaba subiendo de nivel, sus respiraciones ya aceleradas y las manos del ojiverde posesivamente en sus caderas, demandantes.

Al separarse miró sus ojos, tan brillantes y profundos como cuando lo miraba solo a él, un leve color carmín bañaba su rostro, y por su ligero puchero, no estaba de acuerdo con esa interrupción.

Rio bajito mientras acariciaba su mejilla y lo atrapaba en un abrazo que le demostró a Harry el cariño y el apoyo que siempre le daría.

—Es mi deber celebrarle el inicio de esta nueva etapa, Sr. Potter — Draco ronroneó en el oído de Harry y este se estremeció ante la sensación, disfrutando de los besos que ahora el rubio dejaba sobre su oreja, y poco a poco formaba un camino bajando por la extensión de su cuello.

—...Draco — Gimió Harry sobre su oreja.

Bueno, tendría que esperar un poco más.

Así que como si no fuera la cosa –aunque con un gran esfuerzo de por medio-, Draco se separó por completo de él.

—Le llamaré a Hermione y a Weasley para que se contacten con los demás — Dijo de pronto, empezando a caminar hacia la puerta.

—Pero-

—Les diré que traigan una botella de vino, oh y probablemente tengamos que comprar mucho whiskey de fuego — Para cuando Draco estaba abandonando la recamara, solo logro escuchar los quejidos y protestas de Harry, rio bajo para sí mismo. Esa noche sería inolvidable.

—0—

Cuando Draco abrió los ojos, pensó que podría volver a dormir para siempre, o incluso, que preferiría ser envenenado a tener que aguantar semejante dolor de cabeza que parecía partirle la cabeza por la mitad.

Cerró los ojos con fuerza, y empezó a tantear por sobre las sábanas, buscando algo, alguien.

Finalmente lo encontró, una mata de cabellos más desordenados de lo usual estaba a unos palmos de él, aunque por el hecho de que estaba ocupando casi toda la cama con sus piernas y brazos extendidos, no sabría reconocer como es que Harry seguía en ella también. Lo llamó, pero este no pareció despertar, contrario a eso, un ronquido inundo el espacio. ¿Qué hora sería?

“Bueno, eso es lo de menos” pensó, lo importante ahora era encontrar el maldito buró donde tenía las pociones para la resaca. Que después de estar un rato estirándose y no tocar nada, notó que era porque había dormido al revés, se arrastró y cuando por fin la tuvo en sus manos, se sentó en la orilla de la cama y se la empezó a tomar de un solo trago, solo quedó esperar.

Poco a poco el dolor disminuyó, y con eso, los recuerdos de la noche anterior llegaron a él con gran impacto. Al inicio no había sido nada del otro mundo, como dijo, contactó a Granger para la darle la noticia y la idea de hacer una celebración en su casa, todos los Gryffindors amigos de Harry incluidos, Seamus y Dean habían llegado juntos con un barril de cerveza que, según el irlandés, era de la mejor reserva. Los Weasley, Luna y Longbottom habían llevado jugo de calabaza, cervezas de mantequilla, y unas que otras botanas.

Por otra parte, Pansy, Theo y Blaise habían llegado solo para traer un montón de botellas –Si, más de las que ya tenían en la cocina- y juegos en los que el fin era exclusivamente ponerse hasta que olvidaran quienes eran y claro, celebrar a Harry.

Por Salazar, jamás había tomado tanto en su vida. Pero no podía ser para menos, todos celebraban la victoria de Harry como la de ellos mismos, la música estaba en su punto y la noche parecía eterna.

Recuerda por un momento haber visto a Harry bailar arriba de la mesa de centro con Seamus, mientras Ginny y Pansy les aplaudían y les lanzaban servilletas como si fueran billetes. Draco y Blaise no podían con las risas, mientras que Hermione y Neville ya estaban abrazados en uno de los sillones a punto de caer dormidos.

Solo cuando Theo dijo que era su turno de bailar, Harry se bajó y se acercó a él con una sonrisa bonachona y los ojos brillosos, Draco lo atrapó en sus brazos y lo besó.

— Oye no...no puedes besarrrme, mi novio esta por ahí... —Balbuceó Harry con el ceño fruncido, hubo risitas después de parte del rubio —...Pewro- la verdad estas muy guapo... — Se alarmó un segundo después —...oh Merlín, no le digas que te dije eso, él es taan ce-celoso, pero diablos, lo amo tanto...

Draco solo se había quedado mirándolo algo ido, incapaz de pensar en lo que había dicho, menos encontrarle un grado de coherencia, tal vez por todo el alcohol en su sistema.

—Bueno, el mío también es muy celoso y esta porr..porr ahí... ¿qué te parece si nos escapamos de ellos? —rio Draco sobre los labios de Harry mientras le dejaba pequeños besos, pareció pensarlo seriamente por unos segundos, hasta que asintió y con lo que parecía una mirada cómplice, tomo su mano y lo encaminó hasta el pasillo más escondido de su hogar, donde empezaron una interminable sesión de besos y toqueteos, soltando varias risitas seguidas de “shh” que se lanzaban en el proceso, porque por ningún motivo querían ser descubiertos por sus celosos novios.

El ojiverde tenía a su novio contra la pared, dejando una serie de besos furtivos en su cuello, repitiéndole lo bello que era, y lo suertudo que se sentía al tenerle, Draco solo escuchaba balbuceos incapaces de entender sobre la piel de su cuello, su respiración se agitaba ante la sensación de las frías manos de Harry debajo de su camisa, tocando su piel caliente. No sabía en qué momento su pequeño “juego” había terminado en algo completamente serio y subido de tono, mientras pasaba sus manos por esa espalda tonificada.   

—Oh Merlín, de verdad eress prwecioso Draco — soltó apenas como un suspiro, como si fuera una verdad absoluta que le era difícil que comprender, subió de nuevo para atacar los labios de su amado Dragón —Eres el mejor novio que he tenido y que tendré...novio...

Novio.

—Harry...vamoss, no pares...

Harry paró los besuqueos y arrumacos, se quedó pensando sobre lo que había dicho hace unos instantes, Draco era su novio, sí, y era algo maravilloso. Pero él lo amaba, lo amaba como nunca había amado a alguien. Habían pasado demasiados momentos juntos, siempre fue esa constante de la cual al inicio ni se había dado cuenta.

Él quería mucho más que eso.

Porque, sinceramente, ¿Quién dejaría ir a un hombre como el que tenía enfrente? Ni con una cantidad abismal de alcohol dejaría de notarlo.

—Draco...

—¿Harry?, ¿Qué pasa, mi amor?

—Casémonos.

—¿Q-qué? — Draco se había enderezado en la pared para ver a su Harry, quien estaba frente a él con una sonrisa tan esplendorosa y tal vez con cien litros de whiskey de fuego en su sistema nervioso. ¿o sería el quien ya estaba demasiado mal y empezaba a alucinar? —Potter, estas demente, yo no lo s-sé...

—No hay nada en qué pensar, mi amor, nos amamos, es lo...-hipido-...único que importa, nadie se enterará, solo tú y yo, Dragón —susurró encima de la respiración de Draco, quien se estaba dejando llevar por los benditos labios de su novio y sin darse cuenta asentía con mucho entusiasmo, incluso en un momento pensó que era una excelente idea.

“¿Cómo no se me pudo ocurrir a mí?”

—Si...casémonos, quiero ser completa y absolutamente...-hipido-...tuyo.

No dijeron más, Harry besó los labios de su amado y tomó su mano dándole un suave apretón, para después comenzar a caminar dando trompicones por toda su casa sin llamar la atención de sus amigos, quienes de por sí ya estaban más que perdidos en el alcohol, hasta llegar a la puerta principal y salir de inmediato entre risas, dirigiéndose a un lugar en específico, que si tenían suerte –y con unas cuantas llamadas de por medio- podrían atenderlos.

—Mhnm...

Unos brazos lo rodearon por la cintura, devolviéndolo a la realidad, apenas y giro un poco sobre su torso. Harry se había arrastrado con lo que parecía una increíble dificultad para el estado en el que se encontraba, pero había conseguido su objetivo, dejar descansar su cabeza en su regazo. Draco acarició los mechones despeinados mientras lo tomaba con cuidado en sus brazos para darle un poco de su propia poción.

La realización de todo lo ocurrido llegó cuando, en su mano, descansaba una argolla plateada que jamás había visto: un cosquilleo atravesó su cuerpo, la esencia mágica que había dentro de ella le era familiar, cálida y protectora.

Era la magia de Harry.

Buscó entre los brazos que aún lo rodeaban y jaló de su mano izquierda donde, una argolla idéntica, probablemente con su magia impregnada, decoraba su dedo anular. Soltó un fuerte suspiro.

No iba a regañarlo en ese momento, no cuando el mismo se sentía sin aire, esperaría hasta que el morocho reaccionara y vería que sucedería.

Así que se recostó, llevándose a Harry con él en el proceso, tratando de hacer que su respiración se mantuviera en un ritmo normal, intentando no sentir el remolino de emociones.

Era su esposo.

¿Esposo?

Merlín, incluso pensarlo era raro. ¿Qué le diría? ¿Acaso se iba a arrepentir y decir que todo fue un error?

“Bueno, después de todo, fue su idea, no tuya”

—Buenos días, dragón — La voz rasposa de Harry le erizo la piel, y sin quererlo, su cuerpo se tensó, el pareció notarlo, pues con el ceño fruncido, levanto un poco su rostro — ¿Estas bien?

Quería explicarle, pero las palabras simplemente no conectaban con su cerebro, como queriendo dar a entender su punto, levanto su mano, mostrando el anillo, incluso lo señalo por si no quedaba claro.

Esperaba cualquier cosa, de verdad, menos que Harry se riera.

Esperaba que fuera de nervios, porque no habría otra forma en la que la situación fuera graciosa, maldito Gryffindor sinvergüenza.

— Oh Harry — dijo desdichadamente, llevando una mano a su cabeza — ¿Qué hicimos?

Quería tomarse las cosas como los adultos que se supone que eran, pero pronto no pudo más y se encontró soltándose a carcajadas limpias con el morocho, ¡Jamás volvería a tomar! Eso era definitivo.

—No tengo idea — Dijo el ojiverde sin dejar de reír, viéndolo a los ojos — Pero no me arrepiento de nada, ¿tu? — Sus ojos otra vez brillaban, oh y cuando eso pasaba, Draco podía irse olvidando de cualquier problema.

La argolla en su mano vibró, se sintió feliz y de alguna forma, completo.

—Pues no... pero- ¡Hey! ¿A dónde vas?

Poniéndose sus pantuflas, y limpiándose algunas lágrimas a causa de la risa, empezó a caminar hacia la puerta de su habitación.

— Pues no sé tú, pero yo —Se señaló a si mismo — iré a hacerle el desayuno a mi esposo.

—¡Harry! Tenemos que hablar de esto-

—Por supuesto que si, cielo.

Bueno, en realidad nunca hablaron de eso.

A decir verdad, la situación no fue tan diferente a como todo iba en ese momento, con la excepción de que sus amigos se sintieron un poco traicionados por aprovecharse de sus estados de ebriedad para escaparse y unirse mágicamente, así que esa misma semana, en la madriguera, se celebró la nueva etapa que formarían.

Draco no podía sentirse más realizado, Harry y el seguían viviendo en la casa que habían comprado en el valle de Godric cuando regresaron de sus vacaciones, aunque, ahora con el trabajo de Harry usualmente viajaban. Por su parte, él había tomado la palabra de Granger y ahora, comenzaba su carrera como comentarista de algunos juegos amistosos que se hacían en la liga inglesa.

—...y bien Draco, ahora que tu sueño se ha cumplido, ¿Cuál es el siguiente paso? —  Le había preguntado uno de los reporteros que se encontraba en la salida de uno de los partidos que acababa de comentar en la última semana. Al parecer como había adivinado, la gente se mostró sorprendida por su elección de carrera.

—Verás, estoy disfrutando mucho de este camino, mis partidos anteriores comentando habían sido cosas del colegio, pero esto es más grande. ¿Quién sabe? Me encantaría verme en algunos años comentado para los mundiales de Quidditch.

—¡Eso sería algo maravilloso de ver! Pero cuéntanos, ¿acaso no te ves siendo acompañado en este recorrido? ¿Qué ha pasado en el mundo de las conquistas?

Draco frunció el ceño.

— No quiero sonar grosero, pero eso es algo personal.

—Vamos, es simplemente que jamás te hemos visto siendo acompañado por alguna mujer, ¿hay algo que nos este ocultado joven Malfoy?

Draco había aprendido a ser paciente, pero lo que no toleraría jamás sería a gente tan entrometida — Como dije, eso es algo que no le incumbe — Con una mirada que haría a cualquiera apartarse y sin esperar a que siguiera, se había marchado del lugar.

Durante el transcurso de esos meses, hablaron varias veces sobre si al fin debiesen salir a la luz sobre su relación, sería algo realmente inesperado, jamás habían visto a Harry acompañado de alguna chica, y a Draco solo lo habían tomado como un amigo cercano de la familia a causa de su papel en la guerra. Como había pasado en esa ocasión, las preguntas no faltaban por aquí y por allá.

Podían decirle egoísta y demás, pero la tranquilidad que vivían era muy buena para dejarla ir así como así, sabía que Rita estaba esperando cualquier movimiento en falso de ellos para lanzar mil reportajes y columnas en la primera plana del profeta. Y aunque Harry le explicaba que él no tenía ningún problema, que jamás podría sentirse asfixiado de decir que era suyo, él sabía la paz que, hasta hace unos años, jamás había podido tener, siempre a la expectativa de todos, siempre siendo juzgado por sus decisiones.

Dejaron eso de lado por un tiempo, y pensaron que cuando el momento llegara, sería algo que ninguno podría evitar y que eso estaba bien.

Así pasaron dos maravillosos años, Harry se encontraba en la cúspide de su carrera, y Draco, pronto se había vuelto en uno de los mejores comentaristas de los últimos años, la gente sorpresivamente, amaba sus narraciones, eran ese toque que le daba a los partidos, y la pasión que el mismo sentía por los juegos lo que lo llevaron hasta donde se encontraba en ese mismo instante, comentando con energía y una habilidad impresionando nada más ni nada menos que la semifinal de la mundial de quidditch. Donde Harry, con su esfuerzo y sudor había guiado a su equipo y si atrapaba la snitch, lo más seguro era que tendrían el pase directo a la final.

Draco estaba seguro de que, si las cosas seguían como hasta ahora, el corazón se le escaparía y le daría un infarto en ese mismo instante

Y ahí van Turner y Anderson golpeando bludgers en contra de Potter, quien ha avistado la snitch no hace menos de tres segundos y parece que tiene a Taylor tocándole los talones, recordemos por favor el marcador, 130-250 a favor de Australia, esperemos que Potter no este preocupado por esos números como la afición inglesa, si el guardián sigue dejándose meter más quaffles, ni la snitch podrá salvarlos de ganar el partido.

Draco estaba nervioso, los australianos llevaban una ventaja muy alta por encima de los ingleses, y como buen inglés que era, quería que su nación ganara, nada nuevo.

—Jones en posesión de la quaffle, toma la delantera esquivando a Brown, su espacio se cierra, Williams y Brown quieren acorralarla, estoy viendo muchos golpes traseros de parte de Brown, eso ameritará una falta por blatching(2)... y si, suena el silbato, el árbitro marca falta a favor de Inglaterra, ánimo australia, podrán seguir haciendo trampa después de esta falta. — Las miradas despectivas y gritos de parte de los australianos hacia Draco no tardaron en llegar, seguidos de unos hinchas ingleses abucheando al equipo australiano.

Esta es una oportunidad para nuestras cazadoras de meter unos puntos extras al marcador, parece que Sallow será la elegida, no podíamos esperar menos, ¡tiene hasta ahorita un récord de 100 puntos lanzados en nada más una mitad de partido!... Toman posiciones, veo a Moore demasiado confiado,  Sallow, se prepara, lanza... ¡Anota! — ¡Eso era justo lo que necesitaban! Draco podía ver desde el palco la satisfacción en el rostro de Harry, probablemente tendría que darle unos cuantos minutos de ventaja a su equipo para que estos pudieran meter unos tantos más, y él, que era perfecto para poner nerviosos a los jugadores, se encargaría de ayudar.

—El partido se retoma desde el último punto, Inglaterra con la posesión de la quaffle, Browning se la pasa a Jones ¡pero no!, Davis estaba listo para interceptar la pelota, australia se hace con la quaffle, zigzagueando hacia la victoria, increíble cómo logra la clásica y australiana Woollongong shimmy(3), casi derribando a Jones en el proceso, es muy veloz ese Davis, se acerca a la portería de Inglaterra con toda la intención del mundo a anotar, lanza y...¡nada! — Por más que intentó mantenerse sereno, no pudo evitar gritar de más por la emoción, el partido se estaba prolongando, y la tensión estaba a fuego vivo. —¡Vaya! Parece que Smith ya despertó, ¡nos tenías preocupados por acá!

Logro ver desde los aros la risa de Smith, mientras negaba con la cabeza. Ellos estaban completamente acostumbrados a los comentarios sarcásticos de Draco y sabía que todo era con la doble intensión de ayudar.

Draco se sentía efusivo, había tantas cosas que comentar por donde sea que mirara, durante los diez minutos que habían pasado, las cazadoras inglesas habían anotado más de 60 puntos para su equipo y, por si fuera poco, hubo otras dos faltas de parte de los cazadores de australia que, aunque las mencionó en repetidas ocasiones, los árbitros parecieron no tomarlas en cuenta, eran sucios pero inteligentes, había que reconocérselos.

— ¡Parece que los cazadores australianos están sacando la casta! Hay un poco de jugadas en sus trampas chicos; andamos un poco perdidos con el marcador, pero para eso me tienen a mí, los ingleses retoman y dan un giro favorable al marcador 200-250 aun a favor de australia. ¡Vamos Moore! Estoy seguro de que te puedes dejar un meter unos tantos más... ¡inglaterra te va a coronar! — Para este momento, una ráfaga de pelo negro había pasado cerca de su palco, la snitch no estaba a la vista desde varios minutos y Harry solo había estado dando rondines a lo largo del campo, tal vez fue por eso que tuvo tiempo de lanzarle una mirada satírica, seguida de una carcajada que no se molestó en disimular.  

Por otro lado, los golpeadores australianos no parecían muy contentos con las burlas, sabían que el guardián se había confiado y ahora estaba hecho un manojo de nervios. Como buen Slytherin, podía asegurar que no sentía una pizca de remordimiento.

— Puedo ver a Potter volando hacía un punto en específico, ¿será que vio la snitch o es otra jugarreta para burlar a Taylor...oh no, los golpeadores australianos no piensan igual, ¡y parece que van directo hacia él para lanzarle una de las bludgers!, mucho cuidado Potter, una de esas me pegó en la escuela y no fue nada agradable —las risas en los palcos se hicieron presentes después de aquel comentario haciendo a Draco reír también, en el fondo, sabía que lo hacía con la intención de no sentirse tan nervioso, odiaba ver que estuvieran a punto de pegarle o lastimarlo.

 — No, pero enserio- si Potter quiere tomar la snitch ahora la tendrá difícil con aquellos... ¡ouh!, ¡¿vieron eso?! — Draco para este instante no podía creer lo que acababa de ver, por un momento, no estuvo seguro de si soltar alguna maldición; sabía que los australianos estaban jugando pesado, pero para este momento solo podía ver como los golpeadores habían dejado de lado sus intentos de pegarle a Harry con las bludgers y habían tenido que recurrir directo al contacto — ¡eso fue una falta muy sucia de parte de los golpeadores!, ¡se considera como Cobbing(4)! ¡Esto es una basura!

Decir que se encontraba enojado era un chiste, y parece que la afición se percató de esto, los árbitros pararon en ese momento el juego, para ponerles una merecida falta, Draco hubiera preferido tomar venganza por sus propios medios, pero sabía que tenía que respirar y contar hasta mil si era necesario.

No soportaba que Harry fuera lastimado de ninguna manera.

Además, ¡qué se creían esos imbéciles! Parece que solo podían pensar con una neurona.

— Bien, parece que tenemos otra falta, esta vez por parte de estos supuestos golpeadores profesionales, ¿en serio australia permite tener a esos sucios tramposos?  ineptos... cerd-

—¡Señor Malfoy! — Por un momento Draco creyó escuchar a la mismísima profesora McGonagall en el cuerpo del ministro canadiense, quien, escandalizado, se había acercado hasta la tribuna donde se encontraba — ¡Por favor controle su temperamento! ¡Está alentando a los aficionados!

Un poco avergonzado, puesto que esto no era un simple juego de colegio, se encogió en su asiento — ¡Lo siento ministro! Es que se me hace una completa injusticia... — Para su buena suerte, los ingleses parecían estar en total acuerdo con él, y ya que ellos no tenían que mantenerse en un estado neutro, se escuchaban los insultos a diestra y siniestra por todos lados. Al menos eso lo hizo sentir un poco mejor, aunado a los 10 puntos que Browning acababa de meter. El partido no tardo más que unos segundos en retomarse, la tensión se sentía en cada metro cuadrado, todos estaban como locos esperando la aparición estrella de la snitch, y por la expresión de Harry parecía estar dispuesto a lanzarse a los golpes con el siguiente que se atreviera a interponerse en su camino.

— Mantengan sus codos donde pueda verlos ¡Tramposos! — Dijo en cuanto vio la quaffle a manos de Sallow. No pudo evitar soltar una risita baja cuando escucho otro “¡Señor Malfoy!” de parte del palco donde el ministro había regresado a sentarse.

Los cazadores seguían sin bajar el ritmo, tenías que estar atento para seguirles el paso entre ratos, todo era un enredo de colores rojos y azules, los guardianes no se permitían bajar la guardia y , y el público se encontraba en un estado de fascinación y euforia, Draco ya sentía la vena marcándose en su frente, indicando un estado de exasperación y angustia, quería que Harry tomara la snitch YA, pero de alguna manera también le preocupaba el estado en el que se encontraba su esposo, antes de retomar el partido él había dicho que se encontraba bien, pero esa respuesta, viniendo de un Gryffindor enojado, para Draco, no estaba bien.

Tal vez metiendo un poco de presión...

— ¡Es momento de que Potter deje de jugar y atrape esa snitch! — La afición inglesa le tomó la palabra soltando una bulla tremenda, haciéndolo sonreír mientras veía a Harry moverse entre los demás jugadores ágilmente buscando la pelotita dorada con celeridad. — Jones con la quaffle, los golpeadores se aproximan para vigilar que la jugada se pueda llevar a cabo- Potter y Taylor cerca de los aros del equipo australiano- Potter se lanza hacia el otro extremo, parece que vio algo... ¡Oh! Nos engañó a todos, ¡veo una plumpton pass(5)!Potter está más cerca- Taylor trata de alcanzarlo-

Por un instante, el estadio completo se quedó en silencio, la intriga les quemaba las manos y la garganta. Draco no se quedaba atrás con el sentimiento... “por favor”. La cabellera negra de Harry Potter con la snitch dorada en su mano derecha se alzó en el medio del campo.

— ¿La tiene? ¿si la tiene? ¡LA TIENE! -Todo el estadio rompió en un grito ensordecedor, pero Draco no estaba escuchando a nadie, ni siquiera a él mismo- ¡LA ATRAPÓ JODER! ¡MI ESPOSO ATRAPÓ LA JODIDA SNITCH!

Se hizo el silencio de nuevo, por unos cuantos segundos, el estadio se llenó de una tensión tan densa que podría cortarla con un cuchillo, pero no tardó mucho cuando los jadeos sorprendidos de los aficionados comenzaron a llenar el lugar.

“¿Cómo?” “¿Dijo esposo?” “¿Escuchaste lo que dijo?” “¡Lo sabía!”

“¡Pero es Draco Malfoy!” “¿No se supone que eran muy buenos amigos?”

Draco había tapado su boca con toda la vergüenza del mundo, tratando de remediar lo que había dicho, pero no había vuelta atrás, mejillas incendiadas; de repente, sentía que no podía moverse ni un solo milímetro, en un estado de shock que lo estaba haciéndolo entrar en crisis. ¿Realmente lo dijo? ¿Cómo pudo ser tan descuidado? Estaba a punto de hacer un portal con la pura esencia mágica que estaba despojando de los poros de su piel para meterse ahí y no salir en cuanto menos unos cien años.

—Y-yo…quiero d-decir…

Volteó a ver con miedo a Harry, quien aún estaba en el centro del campo respirando agitadamente, dándose cuenta igual de las palabras de su esposo. Draco esperaba que estuviese enojado, sabía que Harry no quería que la prensa se enterase, él mismo había estado de acuerdo en mantener su matrimonio en secreto y ahora, todo se había ido al caño. Lo que debía haber sido una celebración se convirtió en su peor pesadilla.

No tomó en cuenta el cuerpo en la saeta de trueno acercándose a él mientras reía animosamente, tampoco tomó en cuenta los bullicios que hacía la gente en los palcos más cercanos, alzó la mirada y vio a su perfecto esposo volar hacia él, tomándolo de donde se encontraba sentado y arrancándole un gritito, al tenerlo ya en sus brazos y cómodo arriba de su escoba, tomó el pequeño altavoz y miró a la población mágica frente a ellos, quienes los veían expectantes.

—Así es, el comentarista Draco Malfoy es mi esposo.

Y con eso, aventó el micrófono hacia donde pertenecía y comenzó a volar alrededor del estadio con Draco entre sus brazos. Merlín, no podía creerlo, Harry había aceptado la confesión que accidentalmente había soltado. Lo miró, lo miró como nunca lo había mirado, acarició su mandíbula con su mano y se inclinó para robarle un beso, beso que sería correspondido tan eufóricamente por su esposo que sintió los vellos de su nuca erizarse. La población mágica se había vuelto loca, gritando y celebrando que, por fin, el niño que vivió no se encontraba tan solo como el mundo mágico esperaba.

— Las noticias serán un tormento mañana, lo sabes, ¿verdad?

—Realmente no me importa, al fin el mundo sabe que Draco Malfoy es mío.

Draco sonrió una última vez y soltó un grito al sentir las manos de Harry sobre sus muslos para volver a pegar sus labios con los suyos dulcemente.

Tal vez las noticias eran lo de menos al final del día.

—0—  

Pronto lograr salir del estadio se convirtió en una odisea, la gente parecía no creer –y querer- que el partido había terminado, y con semejante noticia la rueda de prensa parecía no querer soltar Harry, le llovían las preguntas como jamás en su vida lo habían hecho, y por primera vez las preguntas no solo iban hacia los jugadores, los reporteros morían porque Draco también contestara o contara la forma en que toda su relación había nacido, definitivamente no lo conocían lo suficiente, pues él no diría nada que lo hiciera meterse en problemas de nuevo, además de que no quería poner palabras en boca de Harry, así que se abstenía a responder las preguntas con “si”, “no” y “sin comentarios”.

Lo único que querían era llegar a la habitación de su hotel, pues Draco quería ver personalmente las heridas de Harry, con el tiempo se había perfeccionado en los hechizos de sanación y también quería que su esposo descansara de su reciente logro, porque Inglaterra ahora era el finalista del Mundial, y Draco quería felicitar personalmente al capitán en la intimidad de su cuarto. Como en los viejos tiempos.

Lo que menos se esperaba, era que también hubiese casi diez reporteros en la entrada de su hotel, lo cual lo dejó bastante impresionado, no estaba seguro de que clase de encantamiento o contactos tuvieron que ocupar para lograr dar con el lugar, usualmente Harry y el eran muy reservados a la hora de hospedarse y siempre salía uno primero antes que el otro.

Pudo ver inmediatamente el gesto de cansancio en el ojiverde, sin embargo, seguía siendo Harry, así que no se atrevió a correrlos; sin embargo, notó como el agarre en su cintura se hacía un poco más fuerte, en un gesto de protección que Draco amaba en secreto.

— ¡Draco! ¿Qué se siente ser la persona más envidiada del mundo en estos momentos?

— ¡Harry! ¿Cómo es que terminaste con un Malfoy?

—¡Señores!, por favor, estoy seguro de que el señor Potter quiere descansar de las increíbles jugadas que nos ha regalado, además de querer reposar debido a sus heridas, así que, si no es mucha molestia y si nos disculpan, nos retiramos a dormir.

— ¿Tendrán hijos?

Aquel reportero no vio venir el hechizo que hizo azotar la puerta del hotel en su nariz, cortesía de Draco, haciendo a Harry reír y agradeciéndole con un suave gesto en su mano y una sonrisa.

—Vamos Potter, tengo que revisar que no te hayas molido allá en el campo.

—Voy justo detrás de usted, Señor Potter.

La llegada a su habitación fue rápida, el elevador hizo más práctico el recorrido. Al entrar en ella, lo primero que hizo Harry fue quitarse su uniforme sucio y lleno de sudor y con él, su ropa interior, adentrándose al baño para quitarse el horrible olor que traía encima. Draco lo seguía con la mirada mientras sonreía, sabía que estaba exhausto, pero Merlín, ver a Harry como Dios lo trajo al mundo con aquella espalda y cabello sudado, le hizo pensar en cosas muy perversas. Así que lo siguiente que hizo fue deshacerse de su perfecto traje, dejarlo pulcramente sobre la silla para después entrar desnudo al baño donde la ducha se encontraba prendida y dejaba correr el agua caliente en un cuerpo moreno. La vista no podía ser más maravillosa.

Draco quería tocarlo, aliviar sus heridas con su toque mágico, pero lo que hizo a continuación tomó por sorpresa a Harry, quien dio un pequeño brinco al sentir los brazos de Draco alrededor de su cuerpo mojado y unos besos lentos y suaves en su espalda. Sonrió.

—¿Y tú estas aquí porque...?

Bueno, había algunas cosas que no cambiaban.

—Vengo a felicitarte, Potter, no todos los días ganas una semifinal de un mundial de quidditch, además de que te ves reverendamente sexy y no puedo controlarme.

—Así que tenemos a un fanático, no me molesta nada que sea mi esposo. — Harry se volteó para ver a Draco a los ojos, tan profundos que parecían plata fundida, que sabían cómo mirarle y volverlo una masa temblorosa.

—Por favor, cállate.

Y con eso, los labios del rubio encontraron los del moreno en una danza ya conocida, las manos de Draco pasando del torso de Harry a su cuello atrayéndolo más para profundizar aquel beso que poco a poco subía de tono a uno más pasional. Las manos de Harry no tardaron en hacer de las suyas para recorrer el cuerpo de su amado con vehemencia, logrando hacer que Draco soltara un par de jadeos sobre la boca del ojiverde, quien estaba más encendido que nunca, se podía notar en sus semi-erecciones golpeando el torso del otro.

—Merlín, Draco...te necesito ahora, por favor. —Harry suspiraba en la boca de Draco, quien sonrió ante el jadeante tono de su esposo mientras negaba y bajaba los besos a su mandíbula para comenzar un recorrido hacia su cuello.

—Tengo que ver que no estés herido de gravedad, Harry —susurró en su oído, no sin antes tomar con su lengua el lóbulo de su oreja, haciendo que la piel del moreno se erizara, sintiendo sus manos haciendo presión posesiva en sus caderas. Rio un poco más fuerte dejando un último beso en su mejilla para luego apartarse. —Estoy seguro de que puedes aguantar unos minutos más, anda — Y antes de que Harry dijera nada, Draco salió del baño con una toalla cubriendo su desnudez, el moreno terminó de enjabonarse sin rechistar, pues sabía que la espera sería fructífera.

Cuando había entrado a la ducha unos instantes atrás, se había sentido tan cansado y sin energía, que lo único en lo que había pensado era en dormir hasta medio día, pero ahora con esa estimulación, y el ver a Draco al salir hincado sobre la cama y mirándolo con una sonrisa suave, el cansancio dejó su cuerpo y sin más preámbulo se acercó a él para comenzar una sesión de ardientes besos, los cuales –para su desgracia- nunca llegaron, pues el rubio se alejó y le señaló la cama para que se sentara dándole la espalda, Harry algo extrañado hizo lo que se le pidió, jadeando al instante en que las grandes y pálidas manos de Draco comenzaban a hacer un masaje sobre sus omóplatos, deslizando de vez en cuando sus labios por la nuca y hombro del moreno susurrando los hechizos sanadores haciendo que Harry gimiera ante lo bien que se sentían, pues aunque no lo quisiera admitir, tenía unos cuantos dolores de tantos golpes y jaloneos el partido.

Por su parte, Draco trataba de controlar su molestia al ver como en la espalda baja de Harry, empezaban a tomar forma varios moretones, sabía que era inevitable, que eran gajes del oficio, pero eso no hacía que se preocupara menos. Así que, para su tranquilidad, prefería sanarlo y consentirlo él mismo.

—Realmente tienes unas manos encantadoras, dragón — Escuchó a Harry decir con un alivio palpable; sonrió para sus adentros mientras con las manos, jalaba ligeramente al morocho por los hombros en un ademan de que se recostara por completo en la cama y acomodándolo para que su cabeza tocara las suaves almohadas.

—No tienes idea... — Busco sus labios con ansiedad, y Harry pareció bastante complacido con eso, soltó un suspiro al tener ese sabor dulce tan familiar y que al mismo tiempo siempre lo tenía fascinado, su labio inferior estaba ligeramente agrietado, normalmente terminaban así después de los partidos por haberlos mordido debido a los nervios, y Draco siempre estaba gustoso de lamerlos y morderlos hasta que terminaran brillantes y rojos, en un momento, ya se encontraba encima de su regazo y un ronco gemido escapo de su garganta al sentir la dureza del ojiverde entre sus nalgas, era inevitable, quería restregarse hasta saciarse, o algo incluso mucho mejor que eso, sentirlo dentro de él.

Parecían ir por la misma línea de pensamiento, Harry no tardó mucho en llevar sus manos a sus muslos para acariciarlos y apretarlos, sabía que tenía una fascinación con sus largas y delgadas piernas y se sentía complacido de generar esas reacciones en él. Maldita sea, quería besarle hasta el último gramo de piel, y no se iba a quedar con las ganas, empezó a bajar hasta su cuello, pasando su lengua y disfrutando de la piel mojada, arañando ligeramente su torso, maravillándose de los gemidos que Harry despotricaba con una ansiedad que pocas veces le había visto.

Sintió una mano que lo jalaba por la mandíbula de vuelta hacia su rostro, y Salazar bendito, podría solo correrse con esa imagen, los ojos de Harry siempre se veían más dilatados de lo normal, al igual que ese rubor que llenaba su rostro hasta las orejas dándole un extraño aire tierno. Los dedos ajenos recorrieron sus labios con un poco de brusquedad y no pensó ni dos veces al abrir su boca y meterlos hasta llenarlos en saliva. Harry lo observó maravillado, le encantaba tener a Draco así de entregado, le hacía querer poseerlo hasta que no pudiera hacer otra cosa más que gritar su nombre.

Sintió la otra mano del ojiverde tomar sus nalgas y comenzar a masajearlas, sabía que era uno de sus puntos débiles y más para su deleite, los dedos que seguía lamiendo pronto se encontraron haciendo algo mucho más interesante, tanteando en su entrada, torturándolo.

— No me hagas esto Harry...

— ¿yo? No estoy haciendo nada — Oh, claro que no estaba haciendo nada, solo lo estaba volviendo loco. Mordiendo la piel de su cuello, sabiendo que dejaría marcas y que en ese preciso instante no podía importarle menos.

— Harry... — Gimió con apremio balanceando sus caderas sobre la ya dura erección del moreno, donde la punta ya estaba más que mojada por el pre-semen, la cual ansiaba atención al igual que la suya, mojando entre los roces de su estómago y el estómago del azabache.

Soltó un gemido de aprobación que vibró en todo su cuerpo cuando sintió el primer dedo deslizarse lento, abriéndolo y haciéndose paso en su estrechez, comenzando un vaivén, abriendo y cerrando los dedos, dejándolo de pronto preparado para el segundo. Los dedos de Harry eran lo mejor que le había pasado, pues sabían exactamente qué punto tocar para hacerlo delirar de placer. Pero ya no era suficiente, necesitaba algo definitivamente más grande y grueso.

— Harry, oh merlín, estoy tan listo para ti, por favor...

—Mierda amor, te sientes tan apretado, no sé si pueda controlar...

Draco no sabía en qué momento había cerrado los ojos, pero en ese momento los abrió para mirarlo con determinación.

—Harry Potter, te amo como un loco, pero por favor, fóllame de una vez.

¿Quién era Harry para negar esa petición?, además, se lo había pedido por favor.

Sacó sus resbalosos dedos de la entrada de su esposo sustituyéndolos por su dura y goteante erección, sintió su lugar favorito increíblemente apretado, Merlín, era una tortura tener que hacerlo tan lento, pero su recompensa era la reacción de Draco, quien se veía tan caliente con su rostro sonrojado y mordiendo su labio, sus ojos eran exclusivamente solo para Harry, y estos le estaban pidiendo silenciosamente más.

—Te daré todo lo que quieras, Dragón, pero sabes que debes pedírmelo en voz alta. —habló Harry sobre los labios de Draco, quien estaba algo abrumado por la prominencia dentro de él mientras movía sus caderas lentamente para que Harry sintiera lo dentro que estaba.

—Te quiero... te quiero a ti- quiero que mi esposo me haga el amor tan duro que me haga olvidar mi nombre. —ronroneó coqueto en el oído del jugador de quidditch, quien de tan solo oírlo se descontroló, tomó las caderas del rubio tan fuerte que esperaba no dejara marcas al día siguiente, escuchó el siseo de Draco cuando el vaivén de caderas empezó, lento, pero tan duro que el rubio sentía que iba a quebrarse en dos, esta posición le encantaba porque solo así sentía que Harry le estaba dando todo lo que tenía y diablos, amaba todo lo que le daba.

—Eres tan apretado...tan perfecto...y tan mío — el azabache suspiró mientras decía cada palabra y aceleraba los empujes hacia Draco, haciéndolo soltar esos gemidos con su nombre como protagonista.

—Ha...rry, dame más, te necesito más — las manos de Draco permanecían en los hombros de Harry, donde solo apretaba y enterraba sus uñas romas en la morena piel, dejando marcas familiares y que hacían que Harry se volviera completamente loco.

Cuando se sintió con la suficiente fuerza para seguir por el mismo, se alzó para quedar sentado, el cambio brusco de movimiento lo hizo soltar un pequeño grito, lo sintió aún más adentro, rozando su próstata, meneando las caderas casi al instante, sintiendo las gotas de sudor y de su reciente ducha caer por su rostro, el cuerpo caliente y sus manos en el pecho, listo para comenzar a subir y bajar; primero lento, sintiendo cada pedazo de piel dentro de él, dejándose llevar por las sensaciones, dejando caer su cabeza hacia atrás y enderezando su espalda debido a las corrientes de placer que corrían por su columna vertebral.

El perfectamente podría decir que se encontraba en el cielo, sí.

Empezó a aumentar la velocidad, dejándose caer en esas preciosas caderas, la piel mojada chocando, el sonido solo causaba que su estimulación aumentara, empezando a sentir las piernas temblorosas, como si de gelatina se trataran.

—Dios Draco, mírate... —Las embestidas tuvieron más rapidez, los ojos de Draco, que habían comenzado a lagrimear por el placer contenido, se cerraron con tal fuerza que estaba empezando a sentir los cosquilleos en su vientre, el orgasmo a punto de alcanzarlo. 

Las manos que llevaban ya tiempo posadas en sus caderas, y habían estado apretando más de lo que se había dado cuenta, llegaron hasta sus nalgas, donde dio un azote y con más fuerza le empujaba hacia abajo.

Sin poder evitarlo, Draco se encontró corriéndose sobre el pecho de Harry, manchando el abdomen con su semilla. Harry no se quedó atrás, pues al sentir las paredes de Draco apretarse alrededor de su pene se derramó tan fuerte como jamás lo había hecho, llenando a su novio con las ultimas estocadas, enterrándose lo más profundo posible, el orgasmo había llegado a ellos sin avisar, derribando a Draco sobre el pecho de Harry, escuchando como este empezaba a susurrar su nombre con cansancio y pesadez; llevando sus manos a su cabello para despejar los mechones que se encontraban ahora pegados a su frente.

— Considera esto como tu regalo por atrapar la snitch, Potter.

Escuchó la risa del moreno vibrar en su pecho, se sentía amodorrado, manipulado por la increíble polla de su esposo –que aún seguía deliciosamente dentro de él-, siempre terminaba muy agotado. Las caricias en su espalda no tardaron en llegar, Harry hacía todo lo posible para que después del sexo Draco se sintiera cuidado y cómodo.

Harry le dedicó una sonrisa ladeada y una mirada depredadora — Oh no, aún no he terminado contigo. — Su voz salió tan profunda y gruesa que Draco sintió que si no hacia algo, se le iba a volver a poner dura.

—¿Te sientes mejor?

—Mucho mejor, gracias.

—Perfecto. — Dijo asintiendo, y para sorpresa del moreno, se levantó tomando fuerza de la nada para tomar el converse con el que se había tropezado aquella mañana y se lo aventó con un poco de fuerza a su novio.

—Entonces ya puedes levantar tus cosas, maldito desordenado. —Harry río al sentir el tennis golpear su brazo, pero hizo un puchero de inmediato al ver a Draco caminar hacia el baño.

—Mejor vuelve aquí y hazle una mamada al campeón de la semifinal.

—Te la chuparé cuando levantes tus cosas y ganes la copa mundial. — Volteó a verlo en el marco de la puerta con una sonrisa mordaz.

— No intentes retarme porque sabes que lo haré. — Draco conocía esa mirada, y aún más importante, conocía ese tono provocador y sugerente, si había algo constante en ellos, era ese juego de desafiarse.

Cuando Draco cerró la puerta del baño, no pudo evitar soltar una carcajada, por alguna inexplicable razón, se sentía irremediablemente feliz.

 

 FIN

 

Información proporcionada por nuestro fiel compañero, Quidditch a través de los tiempos:)

(1) Finta de porskov

El cazador que lleva la quaffle vuela hacia arriba y hace creer a los cazadores rivales que está tratando de escapar para marcar un tanto, pero entonces arroja la quaffle hacia abajo, a un cazador de su equipo que está esperando la pelota. Es esencial tener una coordinación milimétrica. Se llama así por la cazadora rusa Petrova Porskov.

(2) Blatching

 Volar con el propósito de chocar contra otro jugador.

(3) Woollongong shimmy

Perfeccionado por el equipo australiano Woollongong Warriors, este es un movimiento que consiste en zigzaguear a gran velocidad para derribar a los cazadores contrarios.

(4) Cobbing

Uso excesivo de los codos contra los adversarios.

(5) Plumpton pass

Jugada de buscador: un cambio de dirección aparentemente no premeditado que sirve para enfundarse la Snitch manga arriba.