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En alguna ciudadela.
Diferentes espadas son enviadas a la región siendo invadida por lo Revisionistas de la Historia, entre ellas había varias que aún les faltaba experiencia por lo que fueron acompañadas por Mikazuki Munechika.
Una bella espada que a pesar del tiempo nunca perdió su valor siendo la más vieja en la Ciudadela.
Yamanbagiri Kunihiro, estaba a su lado, aunque siendo una réplica siempre estaba en conflicto consigo mismo, sin embargo, eso no le impedía seguir adelante junto a Mikazuki que lo apoyaba de diferentes formas para poder sobrellevar esa gran carga que tiene durante años.
En algún punto de la misión con el invierno a su alrededor tuvieron que refugiarse, las pequeñas espadas *Tanto junto a las *Wakizashi se juntaron hasta el posible momento del cambio de la historia.
Mikazuki con Yamanbagiri salieron.
Caminaron de cerca sobre la nieve que se acumulaba, aún tenían tiempo hasta que el evento histórico se llevase a cabo y que probablemente sea el objetivo del enemigo.
En cada paso la temperatura bajaba, los pasos de la vieja espada eran más lentas, Yamanbagiri intentaba acercarse, la capa blanca lo protegía un poco, pero de todos modos no sabía porque razón salieron.
—Regresemos Mikazuki, Honebami estará preocupado.
…
De regreso a la Ciudadela el ambiente no cambio mucho.
Eran finales de otoño y las ultimas hojas caían. Siendo el capitán del equipo fue a informar a su actual amo.
Para cuando regresaría vería a Mikazuki sentado con un té en las manos junto al atardecer, verlo tranquilo descansando era satisfactorio para muchos en la Ciudadela, pero verlo perdido era raro.
Aunque era algo común mientras estaban en una misión ya sea tomando té en cualquier momento o estando distraído.
Ve más pequeña la figura con el sol en el horizonte.
Mikazuki sonríe a lo lejano dejando su taza para luego levantarse he ir directo a él.
—Quedo a tu cuidado Yamanbagiri, por favor, no me siento bien.
…
Con Mikazuki recostado y verlo dormir es increíble, estar cerca de la más bella espada seria incómodo para otras espadas, pero para Yamanbagiri era mucho más que eso, solo verlo bajo las blancas sabanas le traían recuerdos y más aún cuando estuvieron la nieve que cubría el cabello de Mikazuki.
Aún podía recordar esa pelea contra él, así como su derrota.
Y aún más recordaba su partida.
La Ciudadela se sintió diferente sin Mikazuki, todos lo extrañaban, pero después de mucho tiempo volvió a ser invocada.
Verla de nuevo solo creo un profundo dolor porque sabía que debería romperla en algún momento.
Era su prueba y hasta que lo lograra debería romper ese nudo en el que está atrapado Mikazuki.
Solo pensarlo sentía mucha pena y dolor verlo cerca.
Pero hasta que llegue ese momento debe seguir acumulando experiencia para poder derrotarlo.
…
Volver a tenerlo cerca después de tanto tiempo llenaba un poco el vacío de su eterna alma, los cabellos blancos son borrados por el azul, y la desesperación remplazada por la paz.
El anterior amo de esta bella espada consideraba un pecado manchar su hoja con sangre, por lo que siempre estuvo sola y sin uso, y lo seguirá estando mientras sigue luchando por su destino.
Solo él le dará fin a ese nudo infinito.
…
Al día siguiente le ofrecerá una taza de té, que es recibido con mucha alegría.
—Buen día Yamanbagiri, gracias por cuidar de mí.
