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Viajar en el tiempo es difícil, tener los recuerdos de tu yo pasado empujados cruelmente dentro de su cabeza con cada retroceso es mucho peor. Le permite ubicarse, al menos, evita quedar como estupido cuando los demás comentan algo que han hecho entre sus viajes, pero también son un recordatorio, una prueba constante de lo increíblemente patético que es con o sin el conocimiento del futuro.
Verse a sí mismo huir una y otra vez no es divertido. No importa cuantas veces se repita que el pasado Takemichi en realidad no tiene la culpa de que la vida siga arrojándolo a una situación imposible tras otra, nunca termina de sentarle bien. La mayoría de días trata de no pensar en eso en absoluto porque sus amigos merecen las mejores versiones de su sonrisa, y no la cosa rota que a veces esboza por las noches.
Cree que el viaje futuro más doloroso que ha experimentado es el último: Boten. Regresa y aun puede sentir el calor de la mano de Mikey resbalando por su muñeca, el escalofrío de la lluvia en su piel, los dolores fantasmas de las cicatrices que aún no existen y la pegajosidad de la sangre en su ropa. Pero lo peor es cuando todo encaja con la avalancha de recuerdos que recibió dos días después de llegar al futuro. No son traumáticos, per se, en realidad son bastante tranquilos, casi domésticos.
Y eso es lo que le molesta. Le asquea la forma en la que se quedó al margen, observando con sonrisa nerviosa mientras los demás trataban de buscar a Mikey: de jalarlo a las salidas, de llamarlo, buscando una manera de que siguieran siendo amigos. Los ve, a través de los ojos de un yo que es más ingenuo que él, como poco a poco se van rindiendo y forman sus vidas, aceptando el hecho de que Mikey ya no quiere tener nada que ver con ellos. Y Takemichi, el del pasado, respira con tranquilidad ante eso.
Hay muchas maneras de justificarse, lo sabe. El mundo de las pandillas es un lugar peligroso y uno que podría tragarse al Takemichi más joven (tantas líneas de tiempo, tantos saltos, tantas huidas y malas decisiones lo habían demostrado), pero Takemichi no quiere justificación, no quiere aceptar que lo que hizo: el dejar ir a un amigo esta bien. Por otro lado, tampoco puede negar que no era un buen futuro. Diablos ¡Incluso había estado a punto de casarse con Hina antes del desastre de la bolera!
Y tal vez eso es lo que lo hacía peor. Todos estaban felices gracias a que Mikey sacrificó su propia felicidad. ¿Qué pasa si ese sacrificio es en realidad la única manera de lograr un mejor futuro? Si es así entonces Taeimichi lo había arruinado todo, no solo al ir a la bolera, no solo al morir sosteniendo a Mikey del techo, sino mucho antes mientras buscaba información de Boten y ponía en peligro a sus demás amigos y descuidaba a Hinata hasta el punto en que todos le lanzaban miradas decepcionadas.
Dolía que no vieran las cosas como él, que no hubieran comprendido. Solo puede imaginar lo agobiante que hubiera sido regresar después de haber fallado en convencer a Mikey y enfrentar a esas diferentes versiones de “te lo dije”. Con todo, volver al pasado es casi un alivio, sobre todo porque solo han pasado un par de meses y por primera vez en su vida desde que comenzó todo eso de los viajes siente que tiene información para trabajar.
Antes de ese salto sus visiones del pasado/futuro siempre fueron pequeños flashes confusos en su mayoría enfocados en sus días con Hinata, sus citas, situaciones de gran emoción y salidas en grupo. No siempre eran lineales y no siempre aparecían una vez regresaba al futuro, la mayor parte del tiempo ni siquiera eran útiles cuando regresaba al pasado otra vez. Sin embargo, este último, quizás porque fue desencadenado por Mikey y no por Naoto, tiene más información.
Así que comienza buscando a Mikey y forzándose de vuelta a su vida. No es fácil, la mayoría de veces Takemichi termina recibiendo malas miradas en los días buenos y patadas en los días malos por sus esfuerzos, pero Takemichi está decidido a no dejar que se repita el mismo futuro. Con todo, es bastante fácil lograr que los demás se unan, sobre todo porque solo han pasado dos meses desde que “se fue” y nadie ha renunciado a Mikey aún como lo harían (lo hicieron) en el futuro.
Se tardan tres meses más, pero al final, después de mucho acoso, un par de carreras y una pelea a gritos en donde se involucran todos y Takemichi miente un poco sobre el futuro del que viene, Mikey por fin accede a dejar de lado todo su plan de “sacrificar su felicidad por el bien de otros” y regresar con ellos.
Por supuesto las cosas no se solucionan inmediatamente; Mikey aun desaparece a veces, sobre todo después de alguna pelea con Draken, que ahora son mucho más tensas, y casi que se niega a dormir en su propia casa, por lo que rota entre las casas de los antiguos miembros de Toman. Los otros también tienen sus problemas (Kazutora siendo el más notable) pero las cosas avanzan.
Así es como de alguna manera, cinco meses después de regresar del futuro de Boten, la mayoría de los antiguos miembros de Toman y la totalidad de los que conocen su secreto de viajes en el tiempo se encuentran disfrutando de una tarde calurosa libre de clases en su casa, mientras pasan las bebidas que un sonriente Baji había traído.
Es un día tranquilo y Takemichi lo agradece. No ha estado durmiendo bien últimamente y las ojeras bajo sus ojos comienzan a llamar la atención. Chifuyu y Akkun habían tratado de preguntarle si le pasaba algo, pero Takemichi los había espantado con excusas leves de pesadillas. Y no es mentira, Takimichi tiene pesadillas, pero la mayoría de las noches ni siquiera logra quedarse dormido el tiempo suficiente como para soñar. Todos saben que él es el Takemichi del futuro y eso le da pase libre para salirse con muchas de las suyas, incluso se escapa de la parte más sofocante del cuidado paternal de Mitsuya.
Nadie sabe realmente qué pasó en el último futuro, Takemichi es demasiado vago, pero imagina que todos creen que fue un futuro horrible y por eso le dan su espacio. (Takemichi no es muy bueno mintiendo ¿pero medias verdades? esas son mucho más fáciles de contar).
Comienza como una tarde tranquila; de alguna manera todos logran encajar dentro de su casa y Takemichi se encuentra a sí mismo apretujado entre el brazo de su sofá y un Chifuyu demasiado entusiasta que intercala entre compartir bromas con Baji y robarle papas fritas. Los demás están ocupando el resto de sillones o en el piso; Kazutora, el más extraño, se ha subido a una mesa y ahora se extiende como si fuera un gato.
Nadie sabe cómo comienza, ni siquiera después de que las cosas se calmen, aunque la mayoría culpará a los grados de alcohol que Baji había mezclado en las bebidas, pero de alguna manera el ambiente deja de ser tranquilo y pasa a ser solemne. Inicia con la forma de un Mikey un poco borracho que suspira y deja que su cabeza se acomode sobre el brazo de Draken.
—Lo hubiera extrañado, Kenchin.
Habla bajo, pero no lo suficiente como para que los demás no lo escuchen. Inmediatamente todos dejan de hacer lo que están haciendo y se concentran en el rubio que lleva una sonrisa cansada y los ojos cerrados.
—¿El que? —pregunta Draken, porque aunque tiene sus sospechas, quiere escucharlo del propio Mikey. La relación entre ambos no ha sido la misma desde la muerte de Emma y ambos lo saben y todo el lío de la desaparición y los meses sin buena comunicación habían pasado factura. Ambos estaban heridos a su manera.
—Esto, reunirnos solo para hablar. Se siente bien.
Por un segundo nadie dice nada, demasiado sorprendidos de la declaración. Suena como una confesión profunda, pero para Takemichi es solo una repetición de cosas que ya sabe: Mikey aprecia a sus amigos hasta el punto de arruinar su propia vida por ellos. En lugar de sentirse complacido Takemichi siente un sabor amargo en la punta de la lengua y se obliga a bajarlo con un profundo trago de su bebida.
Draken debe sentir lo mismo, o al menos algo similar porque deja escapar un suspiro sufrido que se mezcla con una risa cansada que no es una risa del todo. Pero no es él el que responde, sino Baji, que quizás es el más amargado de todos.
—Sí bueno, tú fuiste el que pensó que toda esa mierda de dejarnos era buena idea.
Mikey abre un ojo y Takemichi nota las emociones en conflicto que se arremolinan en ellos. Después de tantos futuros cree que está bien versado en leer al otro, así que sabe de antemano que Mikey no responderá. Baji, que también lo sabe, suelta un gruñido. De todos ellos Baji se había tomado peor la desintegración de Toman.
Cuando ocurrió el Hallowen Sangriento Takemichi había logrado mover al otro lo suficiente como para que la herida no fuera mortal, pero el propio lugar insalubre y la tardanza de los paramédicos hicieron que Baji tuviera que estar encerrado en el hospital durante un largo tiempo, y cuando por fin salió Toman ya se había desintegrado.
—¿Sabes lo que no entiendo, Mikey? No entiendo como pudiste haber creído que algo de tu estupido plan funcionaria, yéndote así y creando una nueva pandilla que, no, esos tipos están más jodidos que nosotros.
—¡Oye!
—¡Callate Inupi, tu y el lunático del dinero saben que es cierto! Cuando te encontramos ya estaban metidos en algunas cosas turbias, quién sabe en qué cosas se hubieran metido después.
Es obvio que todos se esfuerzan por no girar a verlo pero Takemichi está demasiado interesado en el patrón de la alfombra como para que le moleste. Sabe que está mal ocultarle algo así a sus amigos, el no hablar de un futuro donde todos menos uno eran felices, pero ¿realmente pueden culparlo?
De cualquier manera el momento no dura demasiado porque entonces Mikey deja su posición recostada, dando un sorbo a su propia bebida para después inclinarse, apoyando ambos codos en sobre sus rodillas. Desde que lo recuperaron escenas en las que Mikey ya no actúa como el invencible que creen que es se han vuelto más frecuentes y todos han aprendido a tratarlo con seriedad.
—Pensé que era la única manera —murmura y Takemichi escucha a Smily tararear con duda—. Escuchen, se que no me creen, pero ustedes mismos lo escucharon ¿no? en cada futuro que sucede la mayoría terminan muertos o en la cárcel y en gran parte es mi culpa. Por eso desintegré a Toman.
—Pero eso no explica porqué creaste una nueva pandilla —señala Chifuyu, robando otra papa de la bolsa de Takemichi. El propio Takemichi sigue sin mirar a nadie. De nuevo parece que Mikey se va a callar, pero tal vez ha consumido más alcohol de lo que creía en un inicio porque de alguna manera Mikey abre la boca y sin siquiera quererlo del todo, comienza a hablar.
Habla de su plan, de cómo pensaba utilizar a la nueva pandilla como un a forma de asegurarse de que todos pudieran cumplir sus sueños y tener unas vidas felices, de como se había acercado a Kokonoi y formado una idea con lo que quería; habla de sus metas, todas concentradas en torno a ellos, de cómo había estado evitando que otras pandillas los reclutaran. Y para los demás no es difícil descubrir que su salida relativamente fácil del mundo de la delincuencia a comparación de otros que habían conocido no había sido debido al miedo o respeto de las otras pandillas, sino a Mikey.
Para Takemichi todo esto es información vieja, pero escucharlo directamente del rubio le da una profundidad a todo que antes no había tenido, incluso mientras colgaba del techo de la bolera. Puede sentir más que ver cómo todos van cayendo en la aceptación; los hombros se relajan: Draken se inclina hacia Mikey como si quisiera cubrirlo, Baji suelta la sonrisa todo diente que había estado sosteniendo e incluso Mitsuya ha perdido un poco de la tensión que no sabía que había estado sosteniendo.
Kokonoi, que había estado callado hasta ahora desde su lugar en el sofá de dos plazas junto a Inupi interrumpe un par de veces para aclarar cuando la inevitable cantidad de preguntas comienzan a llegar. De alguna manera se las arreglan para seguir siendo algo tranquilo, sin perder la solemnidad ganada. O lo es hasta que Angry, siempre el más gentil de ellos, se reclina sobre el hombro de su gemelo, la mirada ligeramente borrosa fija en el ex comandante.
—No tenías que hacer todo solo —dice—, podemos cuidarnos bien.
Entonces Mikey, impulsado por su estado semi borracho, deja salir una sonrisa amarga, descansando sus ojos en cada uno de ellos hasta terminar en Takemichi, que ya lo está mirando.
—La verdad es que no solo lo hice por eso. Desde lo de Shinichiro —Hay un ruido proveniente de Kazutora—, desde lo de Shinichiro tengo estos impulsos, momentos en los que no distingo nada y todo se siente tan vacío. Pasó en Halloween Sangriento y lo sentí cuando Draken fue apuñalado. La mayoría de las veces es difícil dar marcha atrás, y no distingo lo que está bien o no, solo tengo enojo.
Nadie interrumpe esta vez, sino que callan mientras Mikey, su capitán y amigo derrama uno de sus grandes secretos. Claro, todos ahí eran conscientes que algo no estaba bien en Mikey, pero jamás esperaron que su líder se sintiera tan perdido. Verlo así, casi con la cabeza baja, es un fuerte recordatorio de que Mikey, al igual que ellos, es solo un niño que ha visto demasiado.
—Takemichi ya lo sabe, y por un tiempo creí que sería suficiente, pero luego con lo de Izana… Creí, creo, que es demasiado peligroso quedarme alrededor de ustedes. Estos impulsos- ¡Ay! ¡Mitsuya!
—Idiota. Para eso estamos aquí Mikey, para sacarte de tu cabeza cada vez que vayas demasiado lejos.
Hay exclamaciones de acuerdo. Mikey parece confundido pero hay un brillo que Takemichi reconoce demasiado bien en sus ojos. De alguna manera Mitsuya consigue persuadir al rubio para que siga hablando mientras Baji reparte otra ronda de bebidas. ¿Es la tercera?
Todos son tan serios y comprensivos que es casi un oxímoron. Takemichi sabe que debería estar feliz, está feliz, pero una parte muy dentro de él también se siente amargada.
No es hasta varios minutos después, cuando Mikey dice algo entre llamarse un peligro para los demás y lo difícil que es tener los impulsos oscuros que todo se va por la borda. Más adelante culpará al alcohol en su bebida, pero la realidad es que por mucho que lo niegue, Takemichi ya no es el niño de ojos brillantes que creen que es, diablos, ni siquiera es el que regresó por primera vez dispuesto a salvar a Hinata.
No, Takemichi había vivido demasiado para eso. Entonces, entre tantos viajes en el tiempo y tantas realidades, cree que conoce bien a cada uno de los que están en su casa; los ha visto en algunos de sus mejores y peores momentos, y verlos todos ahora, tan confundidos por la explicación de Mikey, con caras casi de lástima porque, aunque pueden concebir que su amigo se vuelva violento y criminal, ignoran que ellos también pueden (se han) convertirse en lo mismo.
Y Mikey, oh Mikey, siempre creyendo que él es el culpable de todo, la excepción, el punto negro en la página blanca, creyendo de sus cargas son diferentes al resto hasta tal punto de convencerse que nadie más puede ayudar. Un sabor amargo le nace en el estómago y trepa hasta su garganta a la vez que dos lágrimas solitarias escapan de los ojos del excomandante. Takemichi no puede evitarlo, se ríe. Siente los ojos de los demás sobre él, pero no le importa.
—¿Algo que quieras decir Takemichi? —Mitsuya suena molesto y con razón. Aquí está Mikey abriéndose con ellos ¿y lo que hace es reírse? debe parecerles un lunático, y en cierto sentido lo es.
Le duele el pecho y reconoce que la risa le suena más energética que antes, con un borde de dureza. Se fuerza a respirar, una, dos, tres veces, hasta que cree que no volverá a estallar en risa si habla. Mira a sus amigos, la mayoría le dan una mezcla de miradas ofendidas y preocupadas. Mikey en especial lo fija con su típica mirada estoica llena de vacío (es un poco como el Mikey de Boten, pero con el trasfondo de Manila). Takamichi se contrae pero se obliga a volver a relajar los hombros.
—Lo siento, lo siento —dice, pero por la forma en que los demás lo siguen mirando sabe que no es muy convincente. Chifuyu se revuelve a su lado para mirarlo mejor y oh, sus ojos tienen un rastro de decepción en ellos pero Takemichi se obliga a no prestarle atención. Es divertido, de cierta manera, como él que es el único adulto real ahí está siendo tratado como un niño rebelde. Aleja su mirada de su amigo y en su lugar dirige su atención al resto.
Draken se para junto a Mikey y nunca ha parecido más un guardián como ahora, con el gran e invencible Mikey tan serio como una estatua pero aun con los rastros de dos solitarias lágrimas en las mejillas. Takemichi sabe que debería sentirse como una mierda o al menos culpable de haber interrumpido este momento, pero lo único que pude sentir en este momento es ira, una frío y turbulento enojo que le trepa por la garganta y que le dan ganas de gritar.
—¿De verdad piensas que eres el único con impulsos oscuros, Mikey?
—¿Qué mierda, Takemichi?
No ve a quien pregunta, aunque podría ser cualquiera. Toda su atención está en Mikey, quien trata de parecer impasible mientras alza una ceja.
Pero oh, Takemichi lo sabe.
—Hablas y hablas sobre cómo la oscuridad te rodea y que por eso tienes que alejarte de nosotros. ¿Sabes como se llama eso? Ingenuidad. Eres demasiado ingenuo, Mikey.
Tiene que ser la bebida, piensa una parte histérica de él mientras siente cómo sus labios forman una sonrisa que es todo dientes y nada de felicidad. Ve a Mikey echarse hacia atrás como un puñetazo y puede ver como los demás se congelan por el rabillo del ojo.
Ingenuo.
Nadie llamaría a Mikey ingenuo, no después de los últimos meses en el pasado donde se mezcló con un poco de escoria de la tierra. No después de perder a sus hermanos de formas violentas. No después de ser el líder de Toman.
Y aún.
Takemichi nunca se había dado cuenta que era lo que más le molestaba del Mikey de Boten —a parte de la abnegación, lo que lo convertía en un hipócrita y de las tres heridas de balas que no tiene pero que aún siente algunas noches—. Cree que lo ha descubierto, lo cual es un asco porque está seguro de que es algo que nunca debería haber revelado a los demás, mucho menos medio borracho cómo se siente.
Mikey, por supuesto, se ofende y deja escapar un suspiro despectivo con toda la fuerza de sus dieciséis años.
—No sabía que te veías reflejado en los demás, Michi.
Hay risas y Takemichi recuerda que la mayoría de sus amigos han sido subordinados y amigos de Mikey durante más tiempo del que lo conocen. Y para ellos ahorita solo esta siendo un idiota.
Y aún.
—Solo un ingenuo piensa que es su culpa que los demás se vuelvan malos —dice, ignorando la forma en que los ojos a su alrededor se quedan fijos. Toma un trago pero Siente a Chifuyu moverse y se levanta antes de que pueda quitarle el vaso.
Mikey está serio otra vez. No burlón, no herido. Sus hombros han bajado un poco y su boca se curva en una mueca benigna llena de paciencia.
Un maestro a un estudiante lento. Un padre a un hijo rebelde. Un comandante a su seguidor estupido pero querido.
—Entiendo que no estés de acuerdo con mis planes, Michi, pero tienes que aceptar que hay algo podrido en mi. En todos los futuros cosas malas pasaban porque estaba cerca. Toman cambiaba porque dejaba que Kisaki guiara mis decisiones, o si no era Kisaki entonces mis propios deseos egoístas. La violencia se me da demasiado bien y se que no lo entiendes Takemitchy, porque eres amable y una buena persona, pero yo no lo soy.
Por un segundo las ganas de golpear algo lo llenan. El resto de los que estan en la habitación parecen mirarlo de otra forma ahora que Mikey ha “explicado” que solo esta siendo idiota porque no quiere creer que Mikey es malo.
No necesita leer sus mentes para saber que estan pensando en lo leal que es, en lo tonto que es, en lo ingenuo.
Y cualquier otro día podría haberlo dejado estar, podría haber llorado y decirle que no, no es malo o podría haber asentido y pedir perdón. Pero por alguna razón este día se siente como el adulto cansado que es, como el hombre que no podía obligarse a limpiar su apartamento y se paraba demasiado cerca del borde esperando el tren.
Se siente cansado y molesto y está harto de que Mikey sea un niño que piensa que es un adulto y que el resto le siga la corriente.
—No soy una buena persona.
Baji se ríe.
—Ahora solo estás diciendo mentiras. Beber te vuelve mentiroso, Takemitchy.
—Si, compañero. Dame ese vaso y miremos una película ¿quieres?
—Tal vez deberías acostarte. Koko, quítate para que se siente aquí.
—Ya dejenlo, pero sí, siéntate Takemichi.
Hay más comentarios sobre como se ve pálido y sobre ser un peso liviano. Le preguntan si ha estado durmiendo y alguien incluso trata de tomarle la temperatura. Mikey también se ve preocupado, pero no es hasta que ve cómo se inclina hacia Draken para preguntarle si deberían esconder las bebidas que Takemichi explota.
—¡No soy una buena persona!
—Take-
—¡Ninguno de ustedes lo es! Los he visto a todos hacer cosas malas, a Draken, a Hakkai, a Mitsuya y a todos. Y no siempre es porque Mikey está cerca. Yo he hecho cosas de las que no puedo perdonarme, y no hubo ningún Mikey que me obligara o empujara hacerlo.
Respira y se siente un poco mejor. No sabía que cargaba con ese peso hasta que siente que su pecho es más liviano.
Pero entonces Mikey hace un puchero.
—Ne, matar hormigas no es algo demasiado malo, Takemitchy —Sube las piernas al sofa y estira los brazos como un gato—. Eres demasiado bueno como para entenderlo. Y no, no darle tu asiento a una anciana en el tren tampoco nos hace iguales, ni comprar el ultimo chocolate, ni olvidar una fecha de cumpleaños ni-
—Maté a Hinata —dice y siente cierta satisfacción por cómo todo se detiene. Mitsuya deja de intentar moverse sin que lo note y Baji baja su propio vaso. Incluso Kokonoi ha dejado de jugar con su teléfono. Mikey parece una estatua—. En un futuro, me volví codicioso. Busqué convertirme en amigo de Kisaki aunque sabía el tipo de cosas turbias en las que andaba porque quería dejar de sentirme como un perdedor. No estabas ahí Mikey, habías desaparecido hace tiempo. Eso no evitó que me convirtiera en un administrador. En mi camino ahí pisoteé y traicioné gente que me importaba, maté, dí órdenes y me volví una completa escoria.
—Takemitchy-
—¿Y sabes qué fue lo peor? Que lo disfrute, me encantaba tener el poder y dar órdenes. Me sentía como un maldito dios. Y luego Kisaki me pidió un favor, me dijo que mandara a un hombre, no tenía que ser de confianza, solo bueno en su trabajo, para que creara un accidente que matara a cierta persona. Podría haber dicho que no, pero era tan rutinario que ni siquiera pregunté quién era la víctima.
—Socio, eso no fue tu culpa, el que lo hizo fue-
—Mi pasado, que es el mismo que fuí. No somos tan diferentes, solo tengo otras experiencias. Cuando salté a ese futuro y obtuve fragmentos me di cuenta de que había enviado a Akkun a esa tarea a pesar de que sabía que estaba pasando por un mal momento. Lo envié aunque pude haber enviado a cualquiera y no me importó. Akkun mató a Hinata porque se lo ordené y murió haciéndolo. Me enteré más tarde, claro, y si lloré y me sentí culpable, pero no tanto. Creo que le- me molestaba más la idea de que me había ensuciado las manos que sus muertes en sí. Entonces Mikey, no me digas que no lo entiendo, tampoco digas que eres el culpable de todo lo que pasó en esos futuros porque asi como yo hice todas esas cosas, cada uno de los que están aquí también.
—Pero Toman-
—Toman nunca ha sido de un solo hombre, Mikey. Kisaki o no, en la mayoría de casos cada uno se quedó porque quiso.
