Chapter Text
Rodrigo, un padre soltero de una niña de casi cinco años quién le había presentado la lista para Papá Noel.
Ella con mucha vergüenza le dijo todo lo que había anotado, hace unos días le había preguntado si el viejo de rojo se iba a enojar si pedía muchas cosas, le respondió que no.
Rodrigo hubiera deseado decir que sí, la lista comenzaba con:
1) Maquillaje profesional.
¿De dónde iba a sacar maquillaje para una niña?
2)Zapatos de tacón con brillos.
¿Hacían zapatos con tacón para niñas de cuatro años y medio?
3)Una muñeca de Encanto.
Bien, podía con eso.
4)Mochila de Encanto.
Otra cosa bien, podía con eso también.
5)Vestido de Isabel (de Encanto)
Tildado, pan comido.
6)Lentes de Encanto.
Otra tilde.
7)Medias de Messi.
Cruz, cruz, cruz, no iba a conseguir una medias de Lionel para su hija.
—¿Medias de Messi, amor? ¿Por qué? ¿No querés unas medias de papá?
Ella estaba en su regazo esperando que él termine de leer la carta.
—Nop, papi. Quiero las del tío Leo.
Él suspiró. Bueno, iba a tener que comprar unas medias con el número 10 y no con el número 7.
8) Que vuelva el tío Messi.
Rodrigo insultó mentalmente a su hermano, él la había ayudado a redactar la carta y la había impreso para Papá Noel. Era una persona horrible, agregar ese último deseo seguro era idea de él, primero porque su hija sigue llamando tío Leo a Lionel y segundo porque su hija ya no lloraba porque extrañaba al hombre. ¿Quién lo quería de vuelta? Nadie. Le habia costado mucho tiempo lograr que su bebé ya no se pusiera triste cuando pensaba en el famoso delantero. Ni siquiera Rodrigo seguía llorando porque extrañaba al hombre.
Franchesca bajó de su regazo y se puso a jugar con los juguetes que estaban esparcidos por el suelo.
—Fran, ¿extrañas a Lionel?
—Lo ví todos los días con el celular de papi.
—Veo, Fran, es "lo veo". —Corrigió. Bien, ya no sufría por la ausencia del hombre pequeño en su vida, aunque Rodrigo entendía que lo extrañara y viera videos del hombre en su celu. —¿Le pediste a Papá Noel que te trajera a Lionel?
Ella comenzó a jugar con el juguete de su mano, fingía que no lo escuchó, estaba evitando la pregunta. Entonces su hermano no la había escrito para joderlo, Fran se lo había pedido.
—Bebé, podés decirle a papá si querés ver al tío Leo. —Aunque se tenga que humillar quería hacer feliz a su hija.
—No puedo, papi.
—¿Por qué, cariño?
Ella se levantó y abrazó a su padre, Rodrigo la volvió a alzar y rodeó su pequeño cuerpo para un abrazo más fuerte.
—Estuviste muy triste cuando se fue el tío, no quiero que papá llore.
Oh, mierda, creyó que Fran no estaba enterada de sus noches de lástima y autocompasión. Era un padre de mierda si su hija lo había visto en su estado más vulnerable.
—Fran, mi vida, papá no va a llorar por ver a tu tío, ¿querés que lo llame?
Ella asintió en su pecho. Él aún la abrazaba y besó su frente.
—Te amo, ¿si? No quiero que te angusties porque papá lloró, ya pasó, estoy feliz ahora, contigo.
Ella sonrió y le dio un beso, le dijo que lo amaba y luego siguió jugando. Ignoraba el nudo en el estómago que se le había hecho a su padre, ponerse en contacto con el hombre que lo dejó de un día para otro no estaba en sus planes, pero quería hacer feliz a Fran, ahora entiende que fue un error haber borrado de su vida al hombre porque le había hecho daño a su pequeña hija.
El número de Lionel aún está en su celular y le toma dos días poder hacer la llamada.
—¿Rodri? ¿Qué pasó?
'Rodri', tenía el descaro de llamarlo Rodri después de que le dijera "maricón" cuando se fue.
—Hola, Lionel, ¿cómo has estado? —¿Tan mal como yo? ¿Cuántos días tardaste en olvidarte de tu amigo el maricón y su hija de cuatro años?
—Bien, Rodri, bien. Estoy en Rosario, vine por las fiestas, ¿vos? —Sonaba cómodo hablando con él como si no se acordara que habían dejado todo mal entre ellos y había roto el corazón de Rodrigo en mil pedazos.
—Estoy bien, estamos bien, Fran está entusiasmada por la Navidad.
—¿Ella está bien? ¿Están en Buenos Aires? —Rodrigo dejo de escucharlo. No podía hacerlo. Creyó que podía pero no. Cortó la llamada a mitad de la charla y dejó el celular en la mesa. Sorprendentemente Lionel le devolvió la llamada, no respondió, en cambio envió un mensaje.
"Lo siento, se cortó, te llamé porque Fran quería verte y hablar con vos. ¿Podés hacer una videollamada con ella? Está bien si no podés"
La respuesta llegó enseguida.
"Sí, ¿ahora? Ya la hago"
Apenas terminó de leer el mensaje entró la llamada, Rodrigo salió a buscar a su hija al patio, estaba hamacandose. Contestó, pero no se animó a mirar la pantalla mientras detenía a Fran y le explicaba que tenía una sorpresa. Los ojos de su amada hija brillaron con fuerte emoción y pegó un grito de felicidad cuando vio quién estaba del otro lado de la pantalla. Rodrigo no había tenido el valor que su pequeña hija si tuvo. Él no podía ver, en ese contexto, al hombre que creyó haber leído bien y al final no resultó ser.
Lo suyo había sido toda imaginación suya.
Los recuerdos se amontonaron en su memoria cuando escuchaba a su hija hablar con el hombre que la había criado, a veces revisaba los videos que tenía de ambos, como si eso le diera paz al ver los recuerdos felices. En especial aquella vez que Fran caminó por primera vez hacia el hombre. La vez que Lionel estaba emocionado porque ella podía pronunciar su nombre. Cuando estuvo preparando todo para la fiesta de primer año de su hija con él a su lado. Veía una y otra vez las imágenes que le envió su hermano donde Rodrigo estaba sentado, la Navidad anterior, en su sillón familiar y Lionel estaba encima de él hablando con la madre de Rodrigo. No había sido extraño para ellos estar así, no había sido extraño para su familia verlos así. Y su hermano había querido capturar el momento.
Una tarde, Lionel apareció en el entrenamiento de su equipo con la bebé en brazos, Rodrigo quiso besarlo en ese momento, fue la vez que se dio cuenta de que tenía sentimientos por el pequeño delantero.
Tres años después de eso creyó que estaría pasando otra Navidad con el hombre, pero lo único que tenía eran recuerdos.
Lionel incluso ya era dueño de la habitación de invitados cuando decidió que no quería saber nada con ellos por el desliz de Rodrigo.
Se habían conocido en una fiesta de beneficencia, él era nuevo en Europa, tenía una bebé de dos meses que criar después de la chica con la que lo había tenido falleciera en el parto, no habían tenido una relación y solo fue cosa de una vez, pero estaba triste por su bebé que ya no tenía mamá, solo tenía un padre que se encontraba solo en un país desconocido dando lo mejor de sí para conseguir un contrato permanente. En ese entonces aún vivía en un departamento monoambiente con su pequeña hija, hoy tiene una casa en Francia y otra en Argentina, no podía quejarse de la estabilidad que había obtenido.
Lo habían invitado porque era parte de los jugadores del Atlético de Madrid y todos sus compañeros estaban con él. A Messi lo conoció en la mesa de bebidas, no fue presentado y no lo reconoció en un principio. Simplemente el hombre pequeño le habló quejándose de que hablar en público lo ponía nervioso.
Luego de eso jamás se separaron. Incluso cuando Lionel necesitaba su espacio cuando era tímido e introvertido.
Entró a la Selección Argentina con Lionel cómo capitán, conoció a muchos de sus mejores amigos ahí, también conoció los celos cuando se dio cuenta de que Lionel admiraba y quería tanto a Sergio "Kun" Agüero. Juntos ganaron La copa América, La Finalissima, y recientemente se consagraron Campeones del Mundo. Había tenido que ver a Lionel más de cuarenta días y en ningún momento arreglaron las cosas, faltaron los abrazos, faltaron sus bromas y sus caricias, pero no faltó la química, ellos seguían siendo un excelente equipo. Sus compañeros se dieron cuenta enseguida de como la relación entre ellos había cambiado, los periodistas también lo notaron, De Paul ya no corría a los brazos de su amigo.
Rodrigo agarró el teléfono que su hija le pasaba, en la pantalla seguía Lionel, había estado sonriendo hasta que estuvo frente a él. ¿Cómo había podido trabajar con él tantos días, pero ahora le dolía mirarlo?
—Fran me decía que me pidió para Papá Noel.
Que incómodo se sentía. —Mmh, sí. Ella hizo eso.
—¿Me dejarías ir? El 25, para verla.
No podía respirar. ¿Qué iba a decirle? ¿No? Cuando su hija estaba esperando que él responda afirmativamente. No podía hacerle eso.
—Sí, vení, vamos a estar en la casa.
Ella volvió a tomar el celular para despedirse del hombre y él sintió que su cuerpo colapsaba.
De Paúl estaba en la cocina, tenía todo listo para la noche de película con Lionel y su hija, al hombre le encantaba vivir cerca de ellos dos ahora que ambos estaban en Francia, Lionel empezó a jugar para el PSG y De Paul para Rennes, ambos estaban viviendo cerca, Lionel vivía a hora de distancia de ellos, estaba a dos de París.
Cuando iba por la mitad la niña se había quedado dormida sobre Lionel y el hombre que ya conocía la casa como la suya propia la pudo llevar a dormir a la habitación. Cuando volvió Rodrigo seguía en el sofá, comiendo pochoclos. Se sentaron juntos, Rodrigo lo rodeo con su brazo y siguieron mirando el film.
Cuando estaba por terminar Rodrigo no puede evitar quedarse mirando el perfil de Lionel, estaba perdidamente enamorado de ese hombre y si había interpretado bien las señales de Lionel él también estaba interesado en él, así qué esa noche se animó a actuar sobre sus sentimientos.
Cuando la película ya habia terminado Messi voltea a ver a su amigo que no había dicho nada sobre el final abierto, horrible, que había tenido. Todo lo que vio fue al hombre acercar su rostro y besar sus labios, Lionel estaba en shock , Rodrigo tenía sus ojos cerrados y había acunado su mano en la mejilla barbuda del otro hombre, pero este no le correspondía el beso y fue cuando se apartó.
—¿Qué fue eso?
—Un beso —sonrió, pero su amigo estaba serio—. Mierda, lo siento, yo-bueno yo creí que... Hubo señales. —Lionel tenía el ceño fruncido en su totalidad, Rodrigo estaba tartamudeando porque sabía lo que significaba. Se había equivocado.
—¿Señales de qué? —El hombre se levantó del sofá, De Paul igual.
—De que yo te gustaba, prácticamente vivimos juntos, estamos criando a mi hija, creí que estábamos en algo.
—¿Crees que soy maricón, Rodrigo? Ni siquiera sabía que vos sos un marica.
—No, creí que eras bisexual como yo, no un puto maricón. —Lo había aceptado hace algunos años, cuando empezó a mirar a Lionel con otros ojos. Su familia lo supo en cuanto lo vieron llegar con el hombre para celebrar la Navidad, jamás les molesto que estuviera tan cerca de Lionel y su madre le había preguntado en privado hace cuanto que estaban juntos, le tuvo que explicar que no había nada entre ellos. Debió creer lo que dijo y no imaginar una vida donde podía despertar con el rostro del mejor del mundo a su lado.
—¿En qué momento te hice creer que me podían gustar los hombres, que me podías gustar?
—Las señales... —Fue interrumpido por Messi quien ya estaba agarrando sus cosas. Se estaba yendo.
—¿Qué señales, Rodrigo? ¿Qué señales? Yo no me ando con señales, si una mujer me gusta encaro y listo. ¿Señales? No puedo creerlo, ¿qué tenés 12 años? —Soltó, Rodrigo podía ver como se cerraba por su enfado cada vez más. Se arrepentía totalmente, pero no se iba a quedar callado, ¿entonces qué fue todo lo que pasó entre ellos?
—No te hagas, me tocabas y me besaste en los vestuarios, en otros lados, siempre estas encima de mí, te gusta que yo te toque y te gusta venir acá, creí que era por mí.
Messi ya se había puesto la chaqueta cuando lo miró con lástima.
—Te hiciste la cabeza, Rodri. Yo jamás insinué algo, o hice algo para darte alas. Todo eso que decís lo hacemos todos los jugadores, ¿sabes cuántas beses bese al Kun? Es normal, él no se enamoró de mí por unos besos. Sos jugador profesional, ¿cómo vas a confundir las cosas así?
¿Cómo había confundido las cosas? Ser jugador profesional no venía con un manual de no enamorarse de sus compañeros que se creen con más derechos que una novia oficial.
—Tampoco me crucifiques, me equivoqué, lo entiendo. Leo, no va a volver a pasar.
—Claro que no va a volver a pasar, lo lamento por Fran, pero ahora quiero mi espacio, besarme así como si nada, eso estuvo mal. Te llamaré cuando pueda verte.
—Lo hice porque creí que ibas a corresponderme.
La expresión de incomodidad que presentaba Messi hizo que Rodrigo bajará la cabeza. Iba a dejar que la angustia salga a flote y se iba a derrumbar si veía esa mirada una vez más porque estaban rompiendo su corazón. La puerta principal se escuchó y Rodrigo supo que no vería más a su amigo. Esa noche lloró tanto que no pudo bajar la hinchazón de sus ojos hasta al mediodía del otro día.
Messi no volvió a su casa después de eso, no volvió a enviarle mensajes ni a llamarlo y él tampoco lo hizo.
Recuerda que esa noche estuvo al teléfono con su mejor amigo, estaba sufriendo con él, le pedía disculpas a Rodrigo porque él había insistido que tenía que romper el hielo y besarlo porque ya no podía ver como bailaban uno al lado de otro sin dar un paso asertivo. Al parecer el único que estaba bailando fue Rodrigo.
—No lo entiendo, creí que le gustaba, él incluso... incluso me dejaba besarle el cuello las noches de película, ¿cómo queria que interpretará eso? Eso no hacen los amigos, los amigos no se besan como cuando me besó a mí cuando ganamos la copa América —expresó, lamentando su acción, buscando una explicación en donde se había equivocado por creer que era correspondido.
—No lo sé, Rodri. Solo él sabe por qué hace esas cosas. Es un idiota
Rodrigo comenzó a llorar una vez más, había perdido a la persona que amaba y su hija había perdido a su otro 'padre' porque él no pudo mantener en secretos sus sentimientos.
Ese beso, recordaba ese beso, él estaba sentado en el vestuario y sus compañeros se divertían bebiendo y bailando, del medio del quilombo vio salir Lionel, quien fue directamente a sentarse en su regazo. Se inclinó, tomando su rostro le encajo un beso que duro varios segundos, los gritos de sus compañeros se escuchó en todos los rincones del vestuario y Messi se bajó de él sonriendo, guiñándole un ojo. ¿Le parecía normal eso? Jamás vio que besara al Kun así, es más, nunca lo había visto besarlo.
Cuando se acercara el 25 de diciembre le iba a pedirle a su hermano que recibiera a Lionel, una cosa era verlo con el estrés y la presión de tener que ganar, con 26 compañeros a su lado y otra muy diferente era estar a solas con él, sin nadie que lo distraiga.
El día de Navidad llegó, Fran había recibido todo lo que pidió incluidas las medias horribles de Lionel Messi, vino incluida una remera con tres estrellas porque a De Paul le dolía ver los números 1 y 0 en su casa, pero el amor por su hija era más grande que su dolor. Lo único que faltaba era lo último en la lista.
Eran las nueve de la mañana cuando Rodrigo recibió el mensaje de que Lionel estaba en camino. ¿A qué hora había tomado el avión? Loco desquiciado, más le valía que estuviera sobrio para ver a su hija. Su hija que aún seguía durmiendo y que él tenía que levantar, darle el desayuno, cambiar y hacerla lucir hermosa para recibir a su tío, como ella lo llamaba, antes de que este mismo llegara.
Después de levantar a Fran y dejarla abajo en la cocina frente a su leche chocolatada con cereales fue a despertar a su hermano quien había bebido tanto que estaba durmiendo con los pies en la cabecera de la cama.
—Guido, levantate, conchudo de mierda, Lionel ya viene y no quiero verlo.
—Mhh... Andate a cagar, déjame dormir. —El hombre se volteó y siguió durmiendo. Rodrigo se indignó, lo había traído de la casa de sus padres para que le hiciera ese favor y el idiota ahora solo quería dormir porque se había tomado hasta el agua de la zanja la noche anterior.
—¡Guido! Pito corto, cara de pinga, levantate, ¡dale, bobo!
—Comprate un par de huevos, Rodrigo.
—Que hijo de puta que sos, me prometiste que no me dejarías solo con él.
—M-me shupa uhgn huwevo —¿Qué? Oh, mierda, se había vuelto a dormir y ya no se le entendió nada excepto que estaba claro no lo iba a ayudar.
Cuando bajó a la cocina su hija ya no estaba y se había ido a ver la televisión. Él lavó la taza y la dejo a secar, también empezó a repasar la casa, no quería que hubiera algo sucio. La señora de la limpieza y la niñera no habían viajado con él a Argentina, cuando él no trabajaba podía hacerse cargo de sus responsabilidades y pasaría todo el tiempo posible con su hija. Bueno, quizás le estaba por regalar horas a su hermano con su sobrina hace unos momentos pero tenía un justificativo por eso.
El timbre sonó y Fran corrió hacia la puerta, emocionada, no espero a que Rodrigo llegara a ella cuando abrió la puerta.
—¡Tío Leo!
Saltó a los brazos del hombre frente a ella, él comenzó a dar vueltas sobre su eje y se podía escuchar la risa animada de la niña.
El hombre se veía igual que hace unos días en Qatar, sus ojos estaban más brillantes, seguro debido a la felicidad de ser Campeón Mundial. Rodrigo quería odiarlo, pero no podía, si ese hombre hoy le decía que se dio cuenta de que estaba enamorado de él de repente él lo recibiría con los brazos abiertos. Era tan, tan, tan patético.
—Hola, Fran. Que grande estás, tu padre no me dijo que estabas enorme.
Lionel no la veía desde ese día horrible hace más de seis meses, Rodrigo no la había llevado a Qatar, la dejó con su mamá en Argentina porque así su corazón y cabeza estaba tranquilo sabiendo que estaría bien cuidada con su familia.
Rodrigo los dejo pasar, ella seguía en los brazos del delantero. Estaba nervioso, se llevó puesto el jarrón con su codo y llegó a agarrarlo antes de que tocara el suelo. Su cara se volvió rojo tomate en segundos, pero ninguno de los dos lo habían visto así que no se mortificó por casi hacer el ridículo frente a Lionel.
—Te traje un regalo, Papa Noel pasó por mi casa también y te dejó esto. Espero que el anciano no se haya confundido con el talle. —Una bolsa de regalo colgaba de su brazo.
Fran se bajó de los brazos del hombre que adoraba y agarró la bolsa. Miró a Rodrigo quien asintió y le sonrió para que confiara que podía abrirla. La niña abrió la bolsa y sacó un vestido de princesa color violeta que venía con peluca rubia muy larga. Era un disfraz de Rapunzel la vieja obsesión de Fran antes de Encanto.
—¡Wow! ¡Mira papá! Me encanta, me encanta.
Ella abrazó su regalo y luego a Lionel, le agradeció y salió corriendo para buscar sus otros regalos. Estaba tan feliz con cada uno de ellos que había valido la pena recorrer tiendas de maquillaje para encontrar una paleta apta para niñas.
Ahora que se quedó solo con Lionel no sabía que decir, pero debía ser buen anfitrión.
—Gracias por el regalo. ¿Querés agua o algo?
—¿Mate? —Lionel era un verdadero idiota, no se sentaría a tomar mate con él, hablando como si nada hubiera pasado. Si quería tomar mate lo haría solo o con su hija, ella a veces le hacía compañía.
—Claro, sentate, ya lo preparo. —Lionel no se sentó, quiso seguirlo a la cocina, pero su hija apareció en el momento llevando su mochila con las cosas adentro, tomó la mano de Lionel y lo llevo al living donde descargo todo.
Rodrigo puso a calentar el agua y empezó a buscar la azúcar (porque Lio tomaba mate dulce) y la yerba. Podía a escuchar a su hija hablando desde ahí.
—Mira, es mi vestido de Isabel, papá dice que puedo usarlo el sábado. ¿Cuántos días faltan para el sábado?
—Siete días. —Lio le mostró con los dedos cuanto era, ella hizo puchero.
—Falta mucho —murmuró, pero se olvido enseguida de eso al ver su paleta de maquillaje.
—Mirá, mirá, mirá tío, ¡Papa Noel me trajo maquillaje!
—¿No sos muy pequeña para eso?
—No. —Ella se encogió de hombros, Lionel sonrió, había extrañado tanto a su pequeña niña. Agarro una tela blanca y celeste que estaba entre una muñeca y unos zapatos. —¿Y esto?
Ella se lo sacó de la mano y lo estiró para mostrarle que era.
—¡Tú camiseta de campeón!
Ella tenía su camiseta, Rodrigo habrá querido asesinarlo cuando ella pidió algo suyo, pero había hecho feliz a la niña, él estaba ahí porque ella lo extrañaba, era mutuo. No había tenido el valor de comunicarme con Rodrigo después de que pasaron tres semanas y mucho menos cuando se cumplieron los dos meses, en Qatar, con seis meses sin una llamada, habia sido amable, pero solo eso, no lo admitió en ese entonces, pero lo extrañaba y extrañaba a la niña, aunque no queria que el hombre se confundiera una vez más. Ella ahora le mostraba unas medias que también tenian el número 10 en ellas. Lionel solo pudo abrazarla cuando la felicidad lo abrumó. Ella también lo abrazó.
—Te extrañé mucho, mi niña.
En ese momento volvía Rodrigo, se los quedó viendo unos segundos y luego interrumpió.
—¿Querés ponerte la camiseta, Fran?
Ella gritó que sí y se la dio a Rodrigo, él la levantó a ella y se dirigió a Lionel.
—Deje todo listo afuera, podés ir.
—Gracias. —Se paró para irse mientras Rodrigo desaparecía arriba para poder cambiar a Fran.
El patio de la casa en Argentina ahora tenía más juegos que la última vez que estuvo ahí, había una nueva hamaca, un tobogán y una cama elástica. La mesa con seis sillas seguía donde estaba el año anterior, arriba estaba el set de mate que había preparado Rodrigo, ahí también había colocado tostadas con manteca y dulce de leche. Se sentía como aquellas mañana donde desayunaban ahí antes de Navidad, donde pasaban en casa de la madre de Rodrigo, juntos por tres años seguidos. ¿Qué había hecho con esa relación? Podría haberle dado espacio a Rodrigo sin la necesidad de romper lazos, pero él se equivocó, y ahora debía vivir con las consecuencias.
Rodrigo y Fran llegaron cuando él se sentó, la niña tenía puesta la remera y se la mostraba con mucho orgullo.
El número 7 sentó a la niña en la silla al lado de Messi y él se quedó parado.
—Fran, ¿querés mate o vas a jugar?
—Quiero mate con el tío.
Rodrigo miró a Lionel.
—No más de tres. —Lo sabía, Lionel le había dado su primer mate a los tres años, claro que sabía cuanto darle y cuanto no. Sabía que se merecía la desconfianza de Rodrigo sobre ella y era desgarrador.
Rodrigo se movió para volver a la casa.
—¿No te vas a quedar?
—No.
Fran se estiró para agarrar una tostada y él solo pudo ver a Rodrigo entrar a la casa.
—¿Entonces, cómo se siente esa remera? ¿Querés que después juguemos con la pelota?
Ella feliz respondió que si. Desde que podía caminar Rodrigo le había regalado una pequeña pelota y ambos habían jugado con ella. Estaba seguro que el hombre seguía jugando con ella aunque el no estuviera ahí.
Rodrigo miró los regalos de Fran olvidados en el sofá, él los recogió y los volvio a dejar dentro de la mochila que también era un regalo, no sabía que hacer dentro de la casa. Ya habia limpiado todo la mañana anterior, no habían estado en la casa en toda la tarde-noche y la casa seguia limpia. Podia ir a despertar a su hermano pero seguro lo sacaría a patadas de ahí, no quería sentarse a ver TV, queria fingir estar ocupado para que Lionel no se le ocurra hablarle.
El timbre de su casa sonó, no esperaba a nadie porque apenas eran las diez, ¿apenas eran las diez? Solo había pasado media hora de que llegó el hombre y él ya estaba arañando las paredes.
Hablando de paredes, Paredes estaba justo frente a él cuando abrió la puerta.
—¿Qué haces acá?
—Buen día para vos también, estoy bien, gracias. —Rodrigo no le siguió el juego y el hombre de ojos claro entró a la casa sin pedir permiso—. Tú hermano me envió un mensaje, oh bueno lo intento solo entendí Messi y Rodri entre todo lo que dijo. Crei que te encontraría llorando en una esquina pero veo que estás completo.
El hombre se paró en medio de la sala.
—Pudiste llamarme.
—Si, pero también necesitaba dejar la casa de mi suegra, asi que si mi mujer pregunta estas a un pelo de rana calva de suicidarte por amor.
—No digas estupideces, Lea. —Rodrigo se sentó en el sofá, ahora si tenía una distracción.
—-¿Dónde está la princesa de la casa?
—Con su ex-padre en el patio.
—Me estas jodiendo. —Rodrigo negó—. ¿En serio? ¿Está acá? Que descarado hijo de puta, mirá que en Qatar me aguante romperle la cara, pero acá no.
Rodrigo lo miró con una sonrisa.
—¿Qué tomaste que estas diciendo tantas boludeces? No podrías pegarle a alguien aunque quisieras, sos un pan de Dios. Y Leo no hizo nada que amerite que lo golpees.
—Te dejo con una niña, con el corazón, abandonado y triste.
—Él no era mi esposo, Lea. Te recuerdo que fue por eso que se fue.
Paredes desapareció después de recordarle eso, sabía que iría al patio. Resopló al aire y luego se levantó para seguir a su amigo.
Leandro salió al patio, Messi estaba jugando a los pases con Fran. Él le daba la espalda asi que fue Fran quién lo vio primero, ella ignoro la pelota que Lionel le enviaba y corrió hacia el hombre hincha de Boca. Él la recibió con los brazos abiertos y la levantó por los aires antes de bajarla.
—¿Cómo estás, princesa? Que linda remera tenés, vas a ser mi compañera en la selección.
—Nooo, voy a jugar con Gio. —Su hijo pequeño.
—-Cierto, cierto, que tonto soy —él se había agachado a su altura y hablaba con ella desde ahí. —No vas a adivinar, Papá Noel pasó por mi casa y te trajo algo.
—¿En serio? —Al principio se puso feliz, luego su expresión cambió—. ¿Pero por qué dejo los regalos en tú casa y la del tío en vez de dejarlos todos acá?
Leandro se salvó de contestar porque Rodrigo lo hizo por él.
—Él queria que tus tios vengan a verte, por eso.
—Ooooh, es mi listo.
—Si, amor, lo es.
—¿Qué me regaló en tu casa?
Lionel para ese entonces ya estaba con ellos pero Leandro no lo había mirado ni una vez. De su bolsillo sacó una bolsita y se lo dio a la niña. Ella lo abrió, seguramente Leandro se lo había comprado camino a la casa. Era un reloj rosa, prendia luces y tenía alarma. A ella le encantó, lo abrazó y luego fue a mostrarle a su padre. En ese momento Leandro se acordó de darle la mano a su capitán. Messi podia sentir la enemistad que el hombre proyectaba. ¿Y qué esperaba? Posiblemente Paredes fue uno de los primeros en enterarse que había rechazado a De Paúl, puede que también le prestara su hombro para llorar, en Qatar no sintió nada de la mala energía, pero podía ser porque no había estado a solas con él frente a Rodrigo.
—-Si ya se dejaron de medir los pitos voy a ir a comprar para comer, ¿Lea me acompañas? Lionel, puedes quedarte con Fran, no tardaremos mucho.
Iba a confiar en Lionel porque él tenia que salir de ahí, tenía que sacar a Paredes también de ahí.
—Sí.
—Sí.
Lionel volvió a tirar la pelota y Fran salió corriendo a buscarla, su reloj rosa brillaba en la muñeca.
—¿Te vas a quedar a comer?
—Si, tengo miedo de que si te dejo solo con ese idiota termines enamorándote otra vez.
Rodrigo se ahogó con su saliva, golpeo su pecho mientras caminaba al auto.
—Rodrigo, decime por favor que no te sigue gustando. Decimelo, por favor.
—Fueron más de tres años, no pretendas que lo olvide en unos meses.
—Sos hombre, los hombres olvidamos todo en dos semanas.
—¿Te tengo que recordar aquella vez que te deprimiste por un mes porque creíste que tu esposa te era infiel?
—No me difames. —Rodrigo negó con la cabeza divertido mientras conducía. No había ido a hacer las compras porque pensaba usarlo como escusa si su hermano le fallaba, el imbécil le falló, había hecho bien en no hacerlas. —¿Qué vamos a comer?
Rodrigo no era el mejor cocinando pero tuvo que aprender para poder cuidar de su hija, aún no era el mejor pero se defendía.
Cuando llegó la hora del almuerzo había hecho el plato favorito de su hija, puré de carne.
Todos se habían servido un poco y Fran estaba comiendo como si nunca lo hubiera hecho. La mesa estaba en silencio, solo se escuchaba el ruido de los cubiertos golpeando en el plato hasta que la niña se dirigió a Paredes. La conversación logró que se involucrara Rodrigo y luego Lionel empezó a hablar con ella mientras Rodrigo se entretenía con Leandro.
La niña llena fue a mostrarle a Lionel como había decorado su habitación con luces de hadas. Paredes ayudó a Rodrigo en la cocina.
—Bueno, me voy a ir porque tengo una familia, viste, solo pasé para ver si estabas bien.
—Gracias Lea, no hubiera podido hacer esto sin que estuvieras acá para molestarme.
—Para eso son los amigos. —Ellos se abrazaron, Rodrigo lo retuvo más tiempo porque necesitaba ese abrazo. Fran entró a la cocina con Lionel de la mano, ellos se separaron cuando la niña se quiso colgarse de Leandro.
—¿Ya te vas?
—Sí, pequeña. Lo siento, tengo que ir con Gio.
—Está bien. —Ella beso su mejilla y salio de la cocina saltando. Lionel se quedó.
—Mmm... Veníamos a pedir permiso para ir a la heladería que está acá cerca.
Leandro miró a Rodrigo que tenia la vista fija en Lionel, ¿dejar ir a su hija a la heladería donde ellos iban caminando cada fin de semana que pasaban en ese pais? No podia acompañarlos pero si dejarlos ir, quizás Lionel tenia recuerdo hermoso con su hija y está vez decidía quedarse en su vida. Su princesa era tan feliz con él 10.
—Sí, está bien, llevala.
Messi salió de la cocina. Paredes siguió mirando a Rodrigo.
—Recuerda que no es su padre, por más que quieras, a él no le va a importar irse otra vez sin pensar en ella.
—Lo sé —bajó la cabeza, ¿se equivocó?—. Lo sé.
Lionel y Fran no estuvieron solo en la heladeria, recorrieron el shopping que estaba cerca y volvieron con varias bolsas.
—¿En serio, Lionel?
—Ella quería.
Dejaron las bolsas en la sala y Fran empezó a buscar su nueva muñeca. Se la mostró orgullosa a su papá y luego le agradeció a Lionel.
—Lleva tus cosas al cuarto.
Ella sujeto todas sus bolsas, que eran cinco. Rodrigo miró a Lionel con el ceño fruncido.
—Escucha, se que quieres compensar tu ausencia con ella pero no es modo comprarle todo lo que quiere. No vuelvas a hacer eso. —Lionel entendió y prometió que no lo volvería a hacer. Se acercó a una de las bolsas doradas y se la obsequió a Rodrigo.
—Como dijiste, intento compensar haber sido un idiota y se no es el modo, pero quiero intentarlo, el estar presente en la vida de Fran otra vez. —Quiso agregar que en la vida de Rodrigo también pero no se animó porque el hombre frente a él aún estaba dolido y había un muro entre ellos. Rodrigo no se movio ni respondió nada, él ya imaginaba que Lionel iba a querer ser parte de la vida de Fran, le dolió que no quisiera ser parte de la suya pero era entendible. —¿Podes aceptarlo, por favor?
Él lo hizo, agarró el regalo, no lo revisó simplemente lo sostuvo.
—Cuando volvamos a Francia te llamaré, ahí veremos cuando es que tienes tiempo para verla.
—Gracias, Rodri.
El silencio volvió, Lionel estaba desesperado por cortarlo y Rodrigo estaba incómodo, ¿dónde estaba su hija? ¿Tanto iba a tardar en dejar cinco bolsas?
—¿Así que haces las compras con Paredes?
—¿Qué? —No entendía la pregunta simple, ¿ese era su tema de conversación?
—Eso de que fuiste al supermercado con él,¿no fue un código para coger? Creí que lo habías llamado, ya que yo estaba con Fran; así que, podías salir con él.
Rodrigo quería golpearlo, el hombre frente a él no tenia vergüenza y era un imbécil.
—¿Y qué si lo fuera?
—Él está casado.
—Entonces que bueno que ir al supermercado significa ir al supermercado, que me gusten los hombres no quiere decir que me coja a todos mis amigos.
—Lo se, no te enojes, solo tenia esa duda con su relación. Él me odia.
—No te odia, solo está enojado porque... —Se queda en silencio, no es algo que le gusta recordar.
—¿Por qué?
Rodrigo suspiro, lo que le había contado Leandro aquella vez le dolia hasta hoy en dia.
El ruido de unos pies pesados bajando la escalera los distrajo, la risa de Fran se escuchaba en toda la casa. La niña estaba sobre el hombro de su tio, quien estaba completamente desaliñado usando solo unos jeans.
—Oh, seguís acá, hetero con H de homosexual.
Su hermano era aún más idiota que Lionel.
—Hola Guido, veo que vos también me tenés en la lista de favorito —saludó con ironía Lionel.
—No, no mereces ni estar en una lista.
—Bueno, ya está, Guido anda a buscarte algo para comer y dejá a Fran acá.
El hombre mayor bajó a la niña, le revolvió el pelo y desapareció hacia la cocina.
—Fran, ya me tengo que ir.
—¡No! ¡No! ¡Podes quedarte! Papá, se puede quedar, ¿verdad? A dormir, papá.
—No, Fran, lo siento —Él se agachó para estar a la altura de su hija quién tenia los ojos con lágrimas no derramadas—. Lionel tiene que volver con su familia, amor.
Ella negaba, comenzó a llorar y se sujeto de la pierna de Lionel.
—Nos veremos en Francia, princesa. En dos semanas podemos ir a París, ¿te gustaría conocer Disneyland? —Ella asintió aún escondida en su pierna. Él acariciaba su corto cabello castaño—. Entonces tenes que ser una buena niña y portate bien hasta que nos volvamos a ver, ¿sí?
Él se agachó cuando ella aflojo el agarre. Acarició su carita mojada y le dio un beso en la mejilla.
—Te quiero mucho, nos vemos en dos semanas.
—¿Cuánto es dos semanas?
Lionel levantó sus dedos y le mostró. Ella dijo que era mucho y él le aseguró que pasaba rápido el tiempo.
Fran lloró en su hombro cuando la puerta se cerró y Rodrigo acariciaba su cabeza diciendo palabras amables y prometiendo que la dejaría ir a París. Su hija había sido muy feliz durante todo el día, una rabieta por tristeza no iba a arruinar el día.
Su hermano logró distraerla y ella volvió a reír en menos de diez minutos.
Todo estaba bien.
