Chapter Text
Como autor de la novela más amada y odiada del internet actual, Airplane Towards The Sky estaba bien versado en lo que era el mundo otaku. Había leído pilas y pilas de manga, manhwa y manhua que había podido conseguir, también había leído muchas novelas y visto tantas series como pobre internet pudo soportar. Es por esto que estaba bien versado en conceptos como el isekai. El cual había adquirido gran popularidad luego de grandes obras como Re: Z*ro, K*nosuba y Ov*rlord. Así que conocía las reglas y las distintas situaciones que los convocados podían sufrir. Incluso pensó en agregar una trama similar al Isekai a su propia novela, pero pensó que sería absurdo hacer que alguien transmigrara en uno de sus personajes, como, por ejemplo: Shen Qingqiu.
¿Qué clase de pobre diablo querría transmigrar a un hombre destinado a tener un fin tan visceral? Incluso si transmigraba antes de toparse con Luo Binghe, todavía estaban las torturas que sufriría en la mansión Qiu o el abandono (no a propósito) de su Qi-ge.
Aunque probablemente sería mejor que lo que le estaba sucediendo en ese momento.
Comenzó como un típico Isekai.
Con una muerte absurda.
Pero en lugar de ser arrollado por “Camión-chan”, se electrocutó hasta la muerte en su pequeño y solitario apartamento luego de accidentalmente derramar su taza de fideos en su computadora portátil.
Si hubiera sabido que moriría tan joven hubiera pedido un préstamo y hubiera escrito lo que quería en lugar de preocuparse por llegar a fin de año en una pieza.
Al final se resignó y abrió los ojos en un lugar oscuro frio y húmedo, pero no tardó mucho en darse cuenta de que en realidad estaba ciego. Su mente estuvo confusa esos días, a veces podía sentir a otros junto a él compartiendo calor, pues estaba también sordo, pero lo que sintió más fue un olor agradable, dulce y familiar de algo mucho más grande que se acurrucaba junto a ellos. No fue hasta que pasaron semanas (o eso piensa pues no podía sentir el tiempo) que se dio cuenta de que lo que había pasado.
Había reencarnado. Sí, pero no era humano.
Era un perro.
Bueno. No exactamente. Había visto a su madre y definitivamente no era un perro. Era más grande, mucho más grande que incluso los lobos del zoológico que visitó en su niñez, más cercano al tamaño de un tigre de bengala con un pelaje negro que se fundía en la oscuridad, colmillos grandes y afilados como cuchillas y ojos rojos del tipo que te hubieras cagado en los pantalones con solo una mirada.
No necesitó preguntar, pues su instinto o memoria heredada le dio la respuesta que necesitaba.
Era un hellhound, pero no cualquier canino demoniaco. No. Era una especie idéntica a la que imaginó para incluir en la fauna peligrosa de su novela de sementales. Perros infernales que habitaban el borde del abismo y en los bosques malditos donde las sombras proliferaban. Tenían la capacidad de viajar a través de las sombras, pero no era como el poder de Mobei-jun, quien creaba portales de oscuridad, sino que saltaban dentro de las sombras que otros objetos y seres formaban, como si fueran corredores que se extendían al infinito. Por eso la especie prefería las zonas oscuras con caminos estrechos, donde tenían la ventaja.
Incluso el Cucumber-bro había admitido la genialidad de la especie antes de arrojarle un testamento sobre porque había sido un concepto desperdiciado luego de que Luo Binghe matara a la manada para defender a la doncella en apuros de turno antes de tener un maratón de papapa con ella durante los siguientes dos capítulos.
Sus primeros meses de vida fueron tranquilos. Sus padres eran la pareja alfa de la manada, por lo que la comida estaba asegurada. Además, tenía otros tres hermanos, que solían competir por él por el mejor sitio para acurrucarse en la madriguera. Cuando pudo distinguir cuando sus ojos terminaron de desarrollarse fueron las grandes fauces de su madre, mientras lo limpiaba con su hocico. Un poco aterrador si su cerebro humano lo decía, pero su lado animal (como le gustaba llamar a ese instinto súper desarrollado) estaba muy cómodo por ser mimado por mamá.
¿Era triste pensar en que una madre canina lo trataba con más cariño que su propia madre en sus últimos días?
Su desarrollo fue tan rápido como lo sería el de un canino salvaje. Airplane se encontró correteando detrás de la cola de sus hermanos muy pronto y había algo en poder actuar salvaje sin pena que hacía de esta una experiencia más divertida.
Por supuesto que, como todo lo bueno en la vida de Airplane, no podía durar.
Fue un desafortunado accidente. Su padre, el líder de la manada les estaba enseñando a viajar en las sombras, empujándolos uno por uno. El canino estaba aterrado, incluso cuando vio que sus hermanos salieron de la sombra de un árbol que solo estaba unos metros más allá, pero intenta discutir con un sabueso demoniaco gruñón, no hubo forma de convencer a su padre de que no estaba listo y lo empujó a la sombra del árbol.
Entonces algo se activó.
Fue como si el mundo desapareciera en un instante. O más bien, como si él desapareciera del mundo. No podía ver, escuchar o sentir, ni siquiera podía respirar. Era como estar en la nada, pero al mismo tiempo, podía percibir en su mente una especie de brújula, como un instinto nato que lo guiaba en su camino. Era como estar en un pasillo largo y angosto, completamente oscuro, pero que se dividía en innumerables caminos.
El problema es que se estaba quedando sin aire.
Sus pulmones eran pequeños y su cuerpo frágil, por lo que cayó en uno de estos corredores sin pensarlo.
Cuando regresó la tenue luz del amanecer que se había colado entre los arboles ahora caía directamente sobre su cabeza. El pasto era más largo y los arboles eran cada vez menos, hasta dejar al descubierto una amplia pradera donde unas manadas de venados de colmillos de acero pastaban y chocaban sus cabezas.
No tuvo tiempo ni de procesar su situación cuando el ciervo con los cuernos más grandes y arrugados alzó su fea cabeza con esos colmillos y sobresalientes y miró hacia un punto de la periferia. Alzó sus patas y golpeó el suelo con sus garras de metal y toda la manada se lanzó en una estampida, huyendo del peligro desconocido.
Incapaz de correr lo suficientemente rápido para escapar, se resguardó detrás de un tronco, esperando que simplemente lo saltaran y no lo aplastaran.
La manada pasó sobre y sintió como si toda su vida pasara frente a sus ojos. Lo cual no fue mucho si descartaba su vida como humano.
Pronto el ultimo se alejó saltando y no tuvo tiempo de sentir alivio cuando de un segundo a otro un objeto voló a toda velocidad, rompiendo el aire y atravesando la cabeza del ciervo alfa. Su grueso cráneo fue atravesado como mantequilla por una enorme espada de hielo.
Una figura alta atravesó el campo a paso lento pero decidido hacia el cadáver del ciervo. La figura sujetó la espada y la arrancó de un tirón. Un poco de materia cerebral salpicó junto a él. Si antes el escritor había podido contener su vejiga, ahora no pudo evitar orinarse encima.
¿Pueden culparlo? ¡Es solo un cachorro y hay un depredador supremo justo frente a él!
Rogó por no ser escuchado y reducir su sentido de existencia lo más posible. Retrocediendo lentamente para ocultarse del otro lado del tronco. Debió saber que aquel no era su día. Solo bastó con que la dirección del viento cambiara, llevando su olor a la figura y de un momento a otro sus patas traseras fueron atrapadas por una capa de hielo.
Esto solo confirmó sus temores.
Por supuesto que sabía que los Hellhound eran una especie de PIDW, pero había pensado que eran un grupo de lobos comunes y que realmente no había entrado a un mundo a un empujón del abismo. Literalmente. Ahora, mirando al gran demonio que se extendía sobre él como una gran muralla, no pudo seguir negando la verdad.
Chilló cuando fue tomado del cuello y alzado en el aire hasta que dos ojos, tan azules como el hielo bajo el sol, se encontraron con los suyos. No pudo evitar temblar aterrorizado por la sensación de las garras del demonio rozando su pelaje, pero al mismo tiempo estaba asombrado.
Este Mobei-jun se veía muy joven, solo un adolescente, aunque su rostro y túnicas oscuras estaban manchadas con sangre, al igual que las garras que lo sostenían. Incluso si no lo viera, el olor era suficiente para sofocar la sensible nariz de sabueso del autor.
¿Estaba en medio de una cacería?
Mobei-jun no estaba pensarlo en comerlo, ¿o sí?
Lloró de forma lamentable “Ya tiene a ese enorme y feo ciervo, mi rey. Por favor, ni siquiera soy un adulto. No te serviré ni como aperitivo y mi piel no es suficiente ni siquiera para hacerte un guante. Ni siquiera el par”
Sus palabras probablemente no eran más que aullidos y gemidos sin sentido para el demonio.
Pero Mobei-jun no necesitaba palabras cuando gruñó de forma amenazante, enseñando unos colmillos blancos y muy poderosos.
El cachorro entendió el mensaje y se quedó en silencio, sin mover un solo musculo.
El demonio parecía complacido por su obediencia o tal vez solo estaba aliviado porque detuvo su escándalo. Cual fuese la razón, Airplane se quedó inmóvil como un muerto, incluso cuando Mobei-jun cambió su agarre para inspeccionarlo, lo que fue especialmente difícil cuando el demonio levantó su cola para inspeccionar su trasero.
“Un macho” el cachorro aulló débilmente, usando su cola para cubrirse apenas lo soltaron.
Mobei-jun ignoró la vergüenza del cachorro, caminando nuevamente hacia la pesa caída con Airplane en brazos.
El olor a sangre ya había atraído a las primeras aves carroñeras, pero estas sabiamente se mantenían en el aire, lejos de Mobei-jun. El demonio se arrodilló junto al cadáver, dándole al hellhound una vista completa de la herida fatal. El cachorro sintió su estómago revolverse pensando en lo que Mobei-jun podría hacerle a él. En medio de sus pensamientos de muerte, no notó los movimientos del príncipe demonio hasta que algo cálido chocó con su hocico. Inconscientemente lo lamió, tragando algo viscoso, pero de buen sabor.
Tardó un par de segundos en darse cuenta que era sangre.
Quiso alejar su cabeza, negando repetidamente, lo que hizo que Mobei-jun frunciera el ceño.
“Come” con una orden directa, el cachorro no tuvo más opciones y lamió el pequeño charco de sangre de la mano del demonio. El sabor cálido de la sangre hizo que su cuerpo se sintiera enérgico y su cola se agitó alegremente cuando un segundo charco fue entregado en su boca.
Solo ignorémoslo, ni siquiera soy humano ahora. Pensó y continuó bebiendo, pero en el ultimo el gusto de la sangre cambió. Era más fresco y más dulce, pero no logró identificar la diferencia, además de que luego de satisfacer su hambre, comenzó a sentirse adormilado. No debería dormirse en brazos de un depredador como Mobei-jun, pero sus parpados fueron desobedientes y pronto cayó rendido.
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Mobei-jun se sintió complacido al ver como la pequeña bestia aceptaba su contrato de servidumbre obedientemente.
No había esperado obtener nada de interés de esa cacería, solo una excusa para alejarse del palacio y las disputas políticas entre su tío y su padre, hace poco había salido mal parado de una de las escaramuzas de su tío, por lo que estaba furioso consigo mismo. Mataría algunas presas para desahogarse y luego las arrogaría a alguien para que se encargara de la carne y el cuero.
Si la dirección del viento no hubiera cambiado cuando lo hizo, se hubiera perdido al cachorro por completo.
Era pequeño, de un pelaje negro y esponjoso, pero la energía demoniaca que rodeaba al cachorro era abundante. El cachorro aulló patéticamente cuando lo atrapó. Mobei-jun miró alrededor, pero no encontró rastro de la manada del cachorro. No estaba seguro de que especie era, pero parecía ser algún tipo de lobo demoniaco, por lo que debía ser util.
Aun dolido por su reciente derrota, miró al cachorro y pensó para sí mismo que los lobos eran criaturas extremadamente leales cuando se los criaba desde cachorros, considerando a su dueño como su manada. Si ni siquiera podía obtener la lealtad del suyo, entonces no era apto para tomar el trono.
Ahora necesitaba pensar en cómo llamarlo.
