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La llegada de la primavera

Summary:

Sakura recibe una fiesta sorpresa por parte de aquellos cercanos a su corazón.
Una historia corta dedicada a Sakura Matou.

Notes:

Hola a todos, para celebrar el cumpleaños de Sakura decidí escribir esta pequeña historia, algo simple pero lleno de sentimientos y agradecimiento a uno de mis personajes favoritos de la saga de Fate, espero y la disfruten.

Work Text:

 

—¿Ya puedo abrir los ojos, senpai?— dijo Sakura, tocando la venda que le cubría los ojos.

 

—Todavía no Sakura, yo te diré cuando puedas— respondió Shirou, mientras la guiaba tomándola de la mano.

 

Antes de llegar a la residencia Emiya, Sakura había sido sorprendida por Shirou, que le pidió cubrirse los ojos con una venda, se veía bastante agitado y estaba claro que había salido corriendo para poder reunirse con ella, pero su voz era amable como siempre, por lo que decidió complacer su petición. Llevaban un par de minutos caminando así, al principio no pudo evitar sentirse un poco nerviosa por caminar por la calle sin saber por dónde iba, pero el agarre firme y paso decidido de su senpai le dio confianza y seguridad, después de todo, él nunca le haría algo malo.

Un escándalo de voces y ruidos atrajo su atención, parecía venir de cerca, su corazón se aceleró y apretó ligeramente la mano de Shirou, que se sonrojó y disminuyó la marcha. Por alguna razón, Sakura podía sentir la residencia Emiya cerca, tal vez era por que ya sabía de memoria las curvas y cruces de las calles para llegar, tal vez el aire se volvía más fresco cuando estaban en la zona residencial o quizá se había vuelto su hogar y podía sentirlo cerca, de cualquier forma, Shirou se detuvo y soltó su mano por un momento. 

 

—Ok, puedes quitarte la venda, pero por favor date la vuelta y espera un poco, no tardo nada— dijo Shirou, ayudándole con la venda.

 

La luz cálida y brillante del sol de primavera la cegó por un instante, pero al recuperarse sus sospechas se confirmaron: realmente estaban a una cuadra de la residencia Emiya, el escándalo se había vuelto más claro y la curiosidad le generaba mariposas en el estómago. El chico pelirrojo le puso una mano en el hombro como gesto de apreciación y salió corriendo en dirección a su casa. 

 

(¿Qué estará pasando?) Se preguntó, pensando a qué se debía tanta precaución.

 

Un pensamiento fugaz cruzó su mente: Hoy era su cumpleaños. Claro, era obvio, la respuesta más simple y directa… pero ¿De verdad harían algo para ella? Tal vez estarían celebrando el regreso de su hermana al país después de su viaje de estudios, o quizá se tratará de una reunión para celebrar el fin de la guerra. Quería pensar que las personas se acordaban de ella, que no solo recibiría felicitaciones y saludos por parte de sus compañeros y amigos, pero todavía había una parte suya que intentaba convencerla de abandonar ese deseo para no decepcionarse, como con todos sus cumpleaños anteriores.

Suspiró, las mariposas seguían en su estómago, pero la mayoría había desaparecido, solo quedaba esperar y ver, incluso si su cumpleaños no pasara de unas cuantas felicitaciones, se sentía feliz de poder pasar tiempo junto a Shirou y Rin. El sonido de pasos detrás de ella captó su atención, supuso que Shirou había vuelto, así que se atrevió a decir lo que tenía en mente.

 

—Senpai… ¿De casualidad no sabrás qué día es hoy?— preguntó, con voz tímida. 

 

—Hmm ¿Qué otro día puede ser si no es tu cumpleaños?— dijo una voz completamente distinta a la de Shirou.

 

Sakura se dio la vuelta como reacción de sorpresa, no se trataba del pelirrojo, sino de una chica de cabello negro y ojos azules claros, que sonreía con una mirada gentil y amorosa.

 

—¡Nee-san, estás aquí!— exclamó Sakura, sonriendo.

 

—Por supuesto, no puedo perderme de una ocasión tan importante después de todo. Feliz cumpleaños Sakura, te deseo un excelente día— dijo Rin, tomando sus manos y dándole un fuerte abrazo.

 

Sakura sostuvo entre sus brazos a su hermana mayor, su sonrisa se había ensanchado aún más y las mariposas habían regresado. Se mantuvieron así por un buen rato, hasta que las dos rompieron el abrazo y se miraron a los ojos.

 

—Ya deberían de estar listos, hazme un favor y vuelve a cerrar los ojos, ya verás lo que te espera pronto— dijo Rin, tomando la mano de Sakura y guiandola hacia la residencia.

 

Sakura obedeció y cerró los ojos, la emoción y la felicidad le hacían difícil mantenerlos cerrados, pero se contuvo, después de todo, una sorpresa perdía su efecto si se veía desde lejos. Cruzaron el portón de entrada, un olor dulce y delicioso llegó a la nariz de Sakura, también podía distinguir el particular olor de algo quemado y la fragancia del aire fresco. Le dieron la vuelta al edificio principal y se dirigieron al patio, pudo escuchar los pasos de alguien corriendo lejos de ella y un repentino shhh , el corazón le palpitaba con rapidez y la emoción hacía temblar sus piernas.

Rin se detuvo, seguida de Sakura, todo se encontraba en silencio, con excepción del viento soplando entre los árboles y algunos pájaros cantando, tenía que hacer un esfuerzo colosal para no abrir los ojos, quería dejar que su hermana le diera la señal para poder recibir su sorpresa de forma correcta. Rin se alejó, caminando rápidamente hacia delante, luego, regresó a ella, acompañada de alguien más. 

 

—Sakura, abre los ojos— dijeron Rin y Shirou al mismo tiempo.

 

Abrió los ojos de golpe, la escena frente a ella hizo que su corazón se detuviera por una fracción de segundo para luego volver a latir con más fuerza, sentía los ojos húmedos y las mejillas calientes.

 

—¡SORPRESA!— gritaron los habitantes de la residencia.

 

En medio del patio, bajo un cálido y agradable sol de primavera, se habían reunido Saber, Rider, Illya, Fujimura, Archer y por supuesto, Rin y Shirou, todos con una enorme sonrisa en el rostro. Habían instalado una mesa larga, cubierta de comida, decoraciones como flores de papel y pequeñas figuras de madera representando a animales y, en medio de todo, un gran pastel, cubierto de velas y hecho con la precisión y cuidado qué solo un maestro cocinero pudiera hacer.

Shirou y Rin tomaron su mano y la llevaron a la mesa con los demás invitados, Sakura, que todavía estaba procesando todo lo que veía, mantenía una expresión de asombro, con ojos brillantes y abiertos y la boca entreabierta. Al llegar a la mesa fue recibida por todos con aplausos, felicitaciones y cumplidos.

 

—Felicidades Sakura, te deseo un futuro brillante y lleno de oportunidades, eres una joven con mucho talento, utilizalo para llegar hasta el cielo— dijo Saber, con una sonrisa cordial y su usual tono de voz solemne.

 

—Muchas felicidades Sakura, espero y esta sorpresa sea de tu agrado, nos equivocamos un poco con el tiempo y terminamos haciendo todo a las prisas, pero en mi opinión quedó bastante bien. Disfruta de tu día— dijo Illya, con voz enérgica.

 

Dicho eso, metió su mano en uno de sus bolsillo y sacó un pequeño pájaro hecho de hilos blancos que se abrió sus alas y voló hacia el cielo, haciendo caer una lluvia de copos de nieve.

 

Sakura miró asombrada el espectáculo, le dio las más sinceras gracias a Saber e Illya y se dirigió con los otros invitados. 

 

—Sakura, como tu Sirviente, esta ocasión es una oportunidad para mostrarte mi agradecimiento por todo lo que has hecho por mi, eres una Maestra excelente y una muchacha de lo más dulce y bondadosa qué conozco, espero y sigas creciendo rodeada de amor y aliados que nunca te abandonaran— dijo Rider, mirando a Sakura con una expresión de cariño casi maternal.

 

—Rider…— Sakura abrazó con fuerza a la mujer de cabello rosa, que regresó el gesto con afecto.

 

Unas cuantas lágrimas se escaparon y corrieron por sus mejillas, se sentía tan feliz, todo parecía un sueño, pero era real, sus seres queridos eran de carne y hueso y no desaparecían al tocarlos, ella estaba ahí presente, bajo el sol y la brisa, no durmiendo en su habitación. Se permitió respirar con tranquilidad, bajar sus defensas y simplemente disfrutar del momento, de absorber todo lo que estaba pasando, hacía tanto tiempo que no se sentía tan feliz como ahora.

 

—Feliz cumpleaños Sakura, anda, diviértete, te mereces esto y mucho más— susurró Rider a su oído. 

 

En cuanto se tranquilizó, Sakura se separó de Rider con una sonrisa, solo faltaba hablar con Archer y…

 

—¡Sakuraaaa! Muchas felicidades, ya eres toda una señorita, jeje, nunca olvidaré la primera vez que llegaste a nuestro hogar, ahh doy las gracias todos los días por poder probar tu comida y contar con tu compañía, realmente le haces la vida más sencilla a esta pobre mujer— exclamó Fujimura, acercándose a ella dando pequeños saltos y abrazándola con un brazo.

 

—Gracias, Fujimura-sensei, estar con ustedes también ha sido una gran experiencia, les doy las gracias por aceptarme en su hogar— respondió Sakura.

 

—Jajaja, claro Sakura, siempre serás bienvenida a esta casa, además— la profesora se acercó al oído de Sakura— ahora que Shirou y tu están juntos, puedo acomodar una habitación para los dos— dijo, con una sonrisa traviesa. 

 

Sakura se sonrojó, haciendo que Fujimura estallara en risas, luego tomó un trozo de pan particularmente negro de una bandeja en la mesa.

 

—Es broma, es broma jajaja— dicho eso, le dio un mordisco al pan, poniendo una mueca de asco y decepción— pero por favor no dejes de visitarnos, mis intentos de cocinar todavía no rinden frutos dulces— 

 

(Así que eso era el olor a quemado) pensó Sakura, riéndose. 

 

Fujimura se retiró, buscando desesperadamente un vaso de agua, solo quedaba una persona, un hombre de piel bronceada y cabello blanco que tenía una similitud perturbadora con un chico pelirrojo. Usualmente, Archer mantenía una expresión seria y fría, no lo había visto ser muy abierto con sus emociones, fuera del sarcasmo, pero hoy era diferente, el Sirviente sonreía con ojos nostálgicos, como si estuviera viendo algún recuerdo que atesoraba profundamente.

 

—Archer, gracias por estar aquí, espero y no haya sido mucho problema haber hecho el pastel, te quedó excelente— dijo Sakura, sonriendo con gratitud.

 

—¿Eh? ¿Cómo supiste que fui yo?— dijo Archer, sorprendido por la perspicacia de la joven.

 

—Jeje, tienes un estilo muy particular, además, nee-san, senpai y yo no tenemos mucha habilidad para los postres, muchas gracias de nuevo Archer—

 

—No hay de que… Felicidades, Sakura, el tiempo es algo muy precioso y tu lo estás aprovechando al máximo, sigue así, llegará un día en el que todo esto se volverá un recuerdo, no cualquier recuerdo, un fragmento de luz del pasado que te guiará en las noches más oscuras… atesora lo que tienes, nunca sabes cuándo se irá de tu alcance— dijo Archer, con la mirada perdida en el pasado.

 

Sakura asintió con firmeza y le dio un abrazo, sorprendiendo al hombre del abrigo rojo momentáneamente, sus brazos envolvieron a Sakura después de recuperar la compostura, tras soltarlo, Sakura se dirigió con Rin y Shirou, dándole a Archer una oportunidad para enjugarse los ojos discretamente.

Su hermana y senpai la llevaron al centro de la mesa, donde se encontraba el pastel listo, todos se reunieron alrededor de ella, cada uno con una sonrisa y ojos brillantes. Fue en ese momento que el tiempo se detuvo para Sakura, vio los rostros de aquellos que la amaban, el trabajo que habían hecho para darle un día especial, todo el mundo a su alrededor parecía haberse dado cuenta de su deseo y lo hizo realidad.

Las lágrimas no pudieron ser contenidas por más tiempo, lágrimas de felicidad pura que embellecían una sonrisa sincera y cálida, todos a su alrededor la miraron con simpatía, su corazón se derritió ante tanta bondad y amor. 

Entonces…

 

—Sakura— dijeron dos voces al mismo tiempo.

 

Miró a su izquierda y a su derecha, Rin y Shirou seguían a su lado, los dos tomando una de sus manos, su corazón podría haber reventado en ese momento, pero al ver a las dos personas más importantes de su vida, presentes en uno de sus días más felices, supo que todo estaba bien, no se trataba de una ilusión, era un sueño hecho realidad, un momento de la vida ordinaria que quedaría grabado para siempre en su memoria.

 

—Te amo Sakura, siempre lo he hecho y lo haré, no lo olvides— dijo Rin, con un tono de voz que solo una hermana mayor podría usar.

 

—Te amo Sakura, gracias por darle un nuevo sentido a mi vida, por ponerme en el camino correcto— dijo Shirou, mirándola como si fuera un milagro.

 

Sakura dejó correr las lágrimas libremente, mirando al cielo con la misma sonrisa y ojos llenos de esperanza y felicidad. Fue recibida con una brisa fría que le confirmó que, en efecto, todo esto era real, todas esas palabras y gestos tenían un significado, un propósito que había llegado hasta el fondo de su corazón. 

Puso sus brazos alrededor del cuello de Rin y Shirou y los trajo hacia ella, después de varios intentos de hablar frustrados por las lágrimas y el hipo, por fin pudo decir lo que quería:

 

—Los amo… los amo a todos… muchas gracias… gracias, de verdad— 

 

Shirou y Rin la envolvieron, acariciando su cabello y espalda con gentileza, susurrando palabras de aprecio en su oído. Al final, se separaron y Sakura miró al frente, con paz en su corazón, en cuanto las cosas se tranquilizaron, todos los invitados cantaron para ella, deseando un feliz cumpleaños.

Rin encendió todas las velas con un movimiento elegante y rápido de la mano, la canción terminó y todos miraron expectantes a Sakura.

 

—Pide un deseo Sakura— dijo Shirou a su lado.

 

Cerró sus ojos, pensando en un buen deseo para pedir, muchas cosas pasaron por su mente, algunas materiales, otras sentimentales, objetos y experiencias, lugares y fechas, pero al final, uno triunfó sobre los demás. Un sentimiento cálido se esparció por todo su pecho, una sonrisa amplia e inocente en su rostro, tomó aire y antes de soplar, pensó en su deseo… entonces, apagó las velas y abrió los ojos.

Todos aplaudieron con entusiasmo y la vitorearon, inmediatamente recibió un abrazo de su hermana, que la sostuvo entre sus brazos por un largo tiempo, antes de soltarla, entonces Shirou tomó sus manos y la miró completamente enamorado.

 

—Felicidades Sakura ¿puedo saber cuál fue tu deseo?— preguntó.

 

Sakura simplemente le dedicó una sonrisa.

 

—Algo muy especial, Shirou—