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Harry mira fijamente el pensadero, jadeando.
Snape tenía razón. Dumbledore me crio como a un cerdo para el matadero.
La ira crece en su interior, lenta y gradualmente. Hubiera preferido que el sentimiento le hubiera golpeado desprevenido. Así habría sido más fácil convencerse de que la ira no está justificada, de que Dumbledore sólo hizo lo que creía correcto. Que Dumbledore lo amaba y se preocupaba por él más allá de lo que Harry representa.
Pero ahora, de pie en el despacho de Dumbledore, se siente como si nunca hubiera conocido a Dumbledore. Nada de lo que descubrió sobre Dumbledore desde el día en que murió lo había hecho sentir tan traicionado.
Cada vez que Harry destruía un Horrocrux, se acercaba un paso más a su propia muerte. Y Dumbledore lo sabía. Sabía lo que Harry tendría que hacer y, sin embargo, no mostraba ni una pizca de desgana o pena cada vez que hablaba de destruir los trozos fracturados del alma de Voldemort.
Harry había creído que Dumbledore se preocupaba por él.
Al parecer, se había equivocado.
A lo lejos, Harry es consciente de que el retrato de Dumbledore le habla, pero no escucha sus palabras. Está bastante seguro de que empezará a gritar si mira a la cara de Dumbledore ahora mismo, y eso no le llevará a ninguna parte.
Harry respira hondo y aparta su rabia lo mejor que puede. Tiene derecho a estar enfadado, pero hay cosas más importantes que considerar ahora mismo. Se le acaba el tiempo. Tiene que decidir qué hacer con esta nueva información.
Lo más fácil y lógico sería hacer lo que sugirió Dumbledore. Hay que destruir el trozo de alma de Voldemort que lleva dentro y, si Harry se rinde antes de medianoche, existe la posibilidad de que Voldemort perdone a los supervivientes.
Sin embargo, hay un problema difícil de ignorar. ¿Quién matará a Voldemort una vez que Harry haya muerto? La profecía implica que Harry tiene que ser quien lo haga, pero incluso si la profecía está equivocada: ¿De verdad puede Harry permitir que Voldemort lo mate, sabiendo que otro tendrá que ocupar el lugar de Harry?
No. Tiene que haber otra forma, una mejor.
Harry empieza a caminar de lado a lado, repasando frenéticamente todas las formas en que podría reaccionar, todas las cosas que podría hacer, descartando enseguida la mayoría de ellas. Mira el reloj más de una vez y su ritmo cardíaco aumenta cada vez.
Diez minutos después, Harry tiene un plan. Es muy flojo y está lleno de agujeros, pero aun así es mejor que el que se le ocurrió a Dumbledore.
Harry respira hondo y mira el reloj por última vez. Veintisiete minutos. A Harry le quedan veintisiete minutos antes de que Voldemort se dé cuenta de que Harry no se rendirá. Debería ser tiempo suficiente para lo que Harry tiene en mente, aunque sólo sea por los pelos.
Harry corre hacia la puerta e ignora los gritos de los retratos. Dumbledore es el que más grita, pero Harry lo ignora igualmente.
Dumbledore está muerto. Si necesitaba decirle algo a Harry, debería haberlo hecho cuando estaba vivo.
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El basilisco sigue tumbado en el mismo lugar donde Harry lo dejó al final de su segundo año. Harry se permite respirar hondo dos veces antes de apuntar con la varita a la boca de la serpiente y arrancarle uno de los colmillos. Luego se sienta junto al cadáver. Inmediatamente, sus pantalones se empapan de agua helada y empieza a temblar. Harry lo ignora, igual que ignora su cansancio y el agudo dolor de su corazón, causado por la traición de Dumbledore.
Harry resiste la tentación de mirar el reloj y cierra los ojos. Ya es demasiado tarde para entrar en el Bosque Prohibido y enfrentarse a Voldemort como Dumbledore quería. Esto tiene que funcionar.
Mentalmente, Harry repasa todos sus recuerdos más oscuros, buscando el perfecto para lo que tiene en mente.
¿El día que Sirius murió y torturé a Bellatrix por venganza? No, ese es demasiado suave. No disfruté lastimándola como lo hubiera hecho Voldemort. ¿El día que Snape mató a Dumbledore e intenté golpearlo con un Sectumsempra? No, esa tampoco funcionará. Sí, quería hacerle daño, incluso matarlo, pero mi motivación era la pena, no el odio puro.
Harry siente que el pánico crece en su interior cuando por fin encuentra el recuerdo perfecto. Sí. Si ese recuerdo no funciona, nada lo hará.
Harry se concentra todo lo que puede en lo que había sentido al torturar a Amycus Carrow esta mañana, en lo satisfactorio que había sido verlo retorcerse en el suelo. Harry no sólo le había dado el justo castigo por escupir a McGonagall en la cara. No, Harry lo había empujado de nuevo a la mugre a la que pertenece...
Harry sonríe. Ahí está. La oscuridad que había estado buscando. Harry redirige su atención hacia la oscuridad y empieza a alimentarla con todos los sentimientos negativos que se han ido acumulando en su interior desde el día en que Dumbledore lo dejó con los Dursley. Toda la rabia y los celos que había sentido hacia Dudley, la ira y el odio que había sentido cada vez que El Profeta difundía mentiras sobre él o cuando Umbridge le obligó a cortarse la mano, la injusticia de que le negaran información, una y otra vez, aunque era obvio que Voldemort no descansaría hasta que Harry estuviera muerto.
Harry alimenta con todos esos sentimientos a la oscuridad y observa cómo crece y crece hasta que siente que ya no forma parte de él, como si fuera algo que ha estado dentro de él desde que tiene memoria, pero que nunca ha sido una parte real de él.
Harry mira la oscuridad durante un largo instante, examinándola. Luego estira la mano y tira de ella con todas sus fuerzas.
Al principio, no ocurre nada. La oscuridad sólo palpita en su interior y se desplaza, aparentemente intentando acomodarse. Harry no intenta detenerla. Ha estado dentro de él durante más de una década. Harry sólo la ha sacado a la luz. Entonces la oscuridad parece sacudirse y, de repente, Harry ya no está solo en su cabeza.
La sensación es lo bastante extraña como para marear a Harry, aunque no tanto como durante sus clases de Oclumancia con Snape, lo cual es extraño porque Snape sólo estaba en su cabeza. Voldemort está en todas partes. En una parte distante de su cerebro, Harry se pregunta qué siente Voldemort. ¿Vino por su propia voluntad? ¿O la atracción de su mente era tan fuerte que era imposible ignorarla?
Entonces ocurre lo que Harry había estado esperando: el shock le golpea con tanta fuerza como si alguien le hubiera empujado al agua helada. Si todo funcionaba como él esperaba, y al parecer así era, Voldemort debería ser capaz de sentir todo lo que Harry siente y tal vez incluso de oír sus pensamientos, hasta cierto punto. Al menos, siempre era así cuando Harry entraba accidentalmente en la mente de Voldemort, así que sólo tendría sentido que fuera parecido a la inversa.
Tengo un séptimo Horrocrux. Y quiere suicidarse.
—No quiero suicidarme —dice Harry, aliviado de que la conexión vaya en ambos sentidos. Eso lo hará todo más fácil.
Lo sé. Sé cuál es tu plan, Harry.
Harry levanta la barbilla. —Entonces debes saber que no tienes más remedio que ceder a mis exigencias. Estás demasiado lejos para detenerme. Nunca me alcanzarías a tiempo. El veneno de basilisco mata en poco más de un minuto, y entonces todo lo que se interponga entre tú y la muerte será Nagini. Nunca serías capaz de vivir con eso, ¿verdad?
Tus exigencias son ridículas. Pide otra cosa.
—No. —Harry espera la respuesta de Voldemort, pero lo único que siente es terquedad. Harry suspira—. Como quieras.
Harry coge el colmillo de basilisco. No está mintiendo, y se asegura de mostrar sus intenciones tan abiertamente como puede. Si Voldemort se niega a ceder, Harry tiene que morir de inmediato. No puede arriesgarse a caer en manos de Voldemort. Si eso ocurre, lo encerrarán, en algún lugar donde nadie podrá llegar hasta él, y Voldemort se asegurará de que Harry no pueda acabar con su vida. Eso es inaceptable.
La mano de Harry envuelve el colmillo y lo lleva hacia su brazo, el que ya fue atravesado por un colmillo similar años atrás.
Antes de que el colmillo le alcance el brazo, el pánico le invade tan repentinamente como si acabara de chocar con un muro invisible. Harry jadea y aprieta los dientes.
¡Espera! Sé que no quieres morir. Podrías haber hecho lo que Dumbledore esperaba de ti y dejar que te matara. Pero no lo hiciste. Porque sabes que se puede razonar conmigo.
Harry respira hondo, todavía un poco mareado. No, no fue por eso por lo que decidió no caminar hacia su muerte. No siguió el plan de Dumbledore porque no es el momento adecuado. No quiere morir mientras Nagini siga viva.
Y porque pensaste que podrías razonar conmigo, añade Voldemort. Harry se revuelve incómodo. No le gusta que Voldemort pueda captar sus pensamientos tan fácilmente. Y tenías razón. Estoy seguro de que encontraremos una solución con la que ambos podamos vivir.
Harry sacude la cabeza. —Has dicho que conoces mi plan, que sabes lo que quiero de ti. Si no estás dispuesto a ceder a mis exigencias...
No voy a hacer el Juramento Inquebrantable de no volver a levantar la varita contra otra persona, salvo en defensa propia.
Harry se relame los labios. —¿Por qué no? Si rompes el juramento, ni siquiera morirás de verdad. Sólo perderás tu cuerpo físico, como cuando intentaste matarme de bebé.
Voldemort se burla. No volveré a pasar por eso.
—No lo harás si no rompes el Juramento Inquebrantable.
No seas ridículo. Si sólo puedo contraatacar en defensa propia, no podré lograr nada importante.
Harry juguetea con el colmillo de basilisco que tiene en la mano. —Si no estás dispuesto a llegar a un acuerdo...
Yo estoy dispuesto a negociar. Pero no me haré vulnerable. Pide algo más.
Harry tuerce los labios. —Parece que no te das cuenta de que no estás en posición de exigir nada. No estoy mintiendo. Sé que puedes sentirlo. Voy a matarme si no cedes.
¿En serio?, susurra Voldemort. ¿Estás seguro de eso? Te das cuenta de que torturaré a tus amigos hasta la locura si te suicidas, ¿verdad?
Harry se estremece. Lo haría, ¿verdad? Y ni siquiera puedo decir que no le creo porque sabe lo que estoy pensando. —Lo harás, de todos modos. Tendrás que castigar a la gente que estuvo a mi lado. De lo contrario, parecerás débil.
Y ahí es donde te equivocas. Si te rindes y vienes a mí para que pueda mantenerte a salvo, feliz y vivo, no tocaré a tus amigos. Eres mío, Harry Potter, y mientras tus deseos no se interpongan en los míos, los cumpliré. Puedo darte el mundo si eso es lo que quieres.
Harry niega con la cabeza. Mira el colmillo que tiene en la mano y, de repente, toda la situación le parece tan absurda que se echa a reír. Está sentado en la cámara de los secretos junto al cadáver de un basilisco, en el mismo lugar en el que uno de los Horrocruxes de Voldemort intentó matarlo hace cinco años, y Voldemort no tiene nada mejor que hacer que decirle que le daría el mundo. Lo que sea que eso signifique.
Significa que te daré cosas con las que ni siquiera has soñado. Harry parpadea, un poco sorprendido de no detectar ira en la voz de Voldemort. ¿Por qué iba a enfadarme? Tienes derecho a ser escéptico. Me pasé años intentando destruirte. Puedes agradecérselo a Dumbledore. Si hubiera sabido lo que eras, nunca te habría tocado.
Harry frunce el ceño. Si hubiera sabido lo que eras. No le sorprende que Voldemort lo vea como un objeto, como un recipiente para una parte de su alma. En cierto modo, es un pensamiento tranquilizador.
No eres sólo un objeto para mí, protesta Voldemort. Eres mucho más que eso. Eres fuerte, poderoso y mío. Nadie volverá a ponerte las manos encima. Ni siquiera tú mismo.
Harry se estremece. Puede sentir la posesividad y el deseo de Voldemort en cada célula de su cuerpo y, por mucho que quiera odiar esa sensación, no puede evitar ansiarla.
Claro que lo deseas. Nadie te ha dado nunca la atención y el afecto que mereces. Incluso los que tú llamas tus amigos te han dado la espalda, una y otra vez. Yo nunca te haré eso. Te mimaré sin medida...
—¡No quiero nada de eso! —Harry se pone en pie de un salto y empieza a caminar de lado a lado, mirando al basilisco de vez en cuando—. Sólo quiero que me dejes en paz. Quiero vivir una vida normal y sin incidentes, sin un Señor Tenebroso que intente destruir el mundo. ¿Es mucho pedir?
Harry se muerde los labios con tanta fuerza que le sabe a sangre. Está tan cansado y agotado que le duele todo. Le duele el corazón por la traición de Dumbledore y cada respiración le recuerda a todas las personas que murieron por culpa de Voldemort, directa o indirectamente.
Debería haber ido al Bosque Prohibido y dejar que Voldemort lo matara. ¿Por qué pensó que era una buena idea? Harry se dejó vencer por su debilidad y ahora quizá nunca tenga la oportunidad de vengar a Sirius, a Lupin, a sus padres y a tantos otros. Les debe más que esto.
Harry, escúchame, dice Voldemort en voz baja. Mientras hablábamos, repasé tus recuerdos. Tu padrino, el hombre lobo, Dumbledore, incluso tus padres... todos te fallaron o te traicionaron de alguna manera. No les debes nada. Y aunque se lo debieras, morir no te los devolvería. De hecho, no lograrías nada suicidándote. Viviré para siempre de cualquier manera. Nunca volveré a perder de vista a Nagini. Sé que lo sabes. Puedo sentirlo. Has sufrido toda tu vida, Harry, y ya es suficiente. Le pondré fin. Lo único que tienes que hacer es soltar el colmillo que tienes en la mano.
Harry sacude la cabeza y mira el arma mortal que tiene en la mano. Sería tan fácil clavársela en el brazo. Entonces todo habría acabado y ya no tendría que tomar ninguna decisión.
Harry se muerde el labio, esperando que le invada el pánico de antes. Pero no ocurre nada. Harry suspira y tira el colmillo del basilisco. Voldemort sabe que no lo usará, no ahora que Voldemort le encendió un fuego en el estómago, un deseo feroz de vivir y la firme convicción de que sólo empeoraría las cosas muriendo.
Harry sabe que está siendo manipulado, pero no le importa. Sólo quiere que todo termine. Está harto de luchar.
Ya está, dice Voldemort, y una oleada de protección lo invade, de modo que Harry casi pierde el equilibrio. Ven a verme al Bosque Prohibido.
Harry mira por última vez el cadáver del basilisco, traga saliva y se da la vuelta. Sus pies lo sacan de la Cámara casi por sí solos. Puede sentir el triunfo de Voldemort en todo su cuerpo.
Se acabó. Voldemort ha ganado.
Y Harry sabe que sólo puede culparse a sí mismo por eso. Si no hubiera metido a Voldemort en su mente, si no le hubiera permitido oír sus pensamientos y sentir sus motivaciones, Voldemort nunca habría encontrado sus debilidades.
Nada de eso, le reprende Voldemort, y una cálida calma se extiende desde el pecho de Harry por el resto de su cuerpo. Esto es el principio, no el final. A partir de ahora, todo irá a mejor. Te lo prometo.
