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Había sido un infortunio, que Apple hubiera despertado con el RCP de Darling. Más una casualidad del destino, que realmente un acto del verdadero amor.
Porque, si algo tenían en claro, es que Darling no amaba a Apple y Apple no amaba a Darling.
Para empezar, porque ambas tenían pareja. Y, para ser honestas, Lizzie era bastante celosa. Había estado en el momento donde Apple se había despertado, y no le había hecho nada de gracia.
—No pensé que despertaría con el RCP— Admitió, una vez que todo el asunto de la Reina Malvada había terminado, y por fin pudo acercarse a Lizzie— Solo reaccioné, ¡Se estaba ahogando!
—¿¡Y lo primero que se te ocurrió fue besarla?!— Le preguntó, exasperada. Los cuartos de los estudiantes estaban destruidos, por lo que estaban teniendo esa conversación en el patio.
Y a Lizzie no le podía importar menos si todo el mundo las escuchaba y se enteraban de su relación. Era problema de Darling si sus padres le armaban un escándalo.
—¡No fue un beso!— Intentó defenderse— Incluso le tapé la nariz. Solo hice el procedimiento correcto para la respiración de boca a boca, ¡Quería sacarle el pedazo de manzana de su garganta!
—Pero el contexto de tus labios la despertó— Le refutó, señalándole— Y si mal no recuerdo, el cuento de ella dice que solo despertará con un beso de amor verdadero.
—¡Pero yo no la amo!— Explicó Darling, mirándola a los ojos— Hemos hablado tres veces desde que estoy en la escuela. No la conozco, es una desconocida para mí. Además, ¡Es la novia de mi hermano! Y Raven no fue quien le dio la manzana, así que puede que el cuento esté mal y se haya distorsionado.
Darling tenía muy buenos argumentos, tenía que admitirlo. Demasiado para ella.
—Pero puedes enamorarte de ella— Murmuró, un tanto más tranquila— Ese es tu destino, ¿No? Ser su princesa.
Darling solo sonrió, negando con la cabeza, y acercándose para abrazar a Lizzie.
—Los destinos ya no existen, Raven destruyó el libro de cuentos legendarios— Le recordó— Además, yo solo te quiero a ti. A ti, y a nadie más.
Mientras Darling acariciaba la cabeza de Lizzie, esta le correspondió el abrazo. Sabía que su novia estaba siendo sincera.
—Aun así, no me gusta que estés ligada a otra chica que no sea yo, ¡Qué le corten la cabeza!
Darling solo soltó una carcajada. Esa se parecía más a la Lizzie que tanto adoraba.
—Estaré en la primera línea de guerra cuando desates el conflicto por cortarle la cabeza a la futura soberana.
—Habrá valido la pena, entonces.
Raven no había estado en el momento donde Apple despertó, y había sido tan sorprendente lo que sucedió, que nadie quería hablar de eso.
Por fuera, Raven fingía que no le importaba quién había sido. Después de todo, lo importante era que Apple no se quedaría dormida para siempre, y que su destino ya se había cumplido, sin necesidad de que ella cumpliera su rol.
Pero, por dentro, Raven se estaba muriendo de los celos y la rabia de que nadie dijera quién había despertado a Apple.
Ella lo tenía todo planeado. Sabía perfectamente que el beso de Daring no funcionaría, pues Apple no sentía nada por el mayor de los Charming, y por lo que había oído, Daring tampoco. Su relación siempre había sido un formalismo y un compromiso, sin sentimientos reales.
Había hecho toda esa farsa para que su madre distrajera su atención de Apple, y una vez que estuvieran solas, Raven la enfrentaría. Evidentemente, iba a ganar, y luego, de forma muy discreta, iría a despertar con su beso de verdadero amor a Apple.
¿Y con qué se había encontrado? Alguien más había despertado a Apple y que ellos habían salvado el día, encerrando a su madre en la prisión del espejo de nuevo.
Evidentemente, no podía estar molesta con su novia. Ella tampoco sabía quién la había despertado. De hecho, ella seguía creyendo que Daring lo había hecho.
Lo que sí sentía, y tenía derecho, era a sentirse traicionada. Si el beso de alguien más había despertado a Apple, era porque esta albergaba sentimientos por esa persona.
No era extraño que Apple despertara sentimientos en muchas personas, era algo a lo que estaba acostumbrada. Pero, Apple le juraba una y otra vez que solo la quería a ella.
Entonces, ¿Quién era por quién Apple también sentía algo, lo suficientemente fuerte como para despertarla del beso?
—¡Raven!
Al girar la cabeza, se encontró con que Darling Charming intentaba llamar su atención.
Ahora que lo recordaba, Darling también había estado en esa huida, ¡Ella debía saber quién despertó a Apple!
—Darling, qué sorpresa verte— Respondió.
—Estoy buscando a Apple, pero no la he visto en estos días, ¿Sabes dónde está?
En realidad, Raven sí sabía. Apple se sentía tan culpable por lo que había hecho, que su madre, Blancanieves, se la había llevado un par de días a su palacio para que pudiera despejarse.
Lo cual, no le ayudaba a sentirse mejor.
—Se fue con su madre unos días, ¿Por qué la buscas?
Darling desvió la mirada, ligeramente incómoda.
¿Debería decirle a Raven lo que sabía? ¿Eso no molestaría más a Lizzie? Su novia ya estaba histérica de que media escuela estuviera enterada.
Pero, Raven era la mejor amiga de Apple…
—Quería hablar con ella. Tenemos una cosa que aclarar— Respondió, esperando que Raven no hiciera más preguntas.
—¿Ah, sí? ¿Y qué es?
Aquello no le cuadraba nada a Raven. Conocía la vida de Apple a la perfección, y la princesa Charming y su novia no se habían hablado nunca. No eran ni amigas.
Qué remedio.
—Yo fui quien la beso en el bosque Encantado, la que la despertó— Admitió, y los ojos de Raven se abrieron tanto como pudieron.
—¿¡Qué dices!?
Entonces, tenía a su rival enfrente. ¿Sería muy malvado de su parte si la teletransporta hasta lo más profundo del mar?
¿Por qué Apple guardaba sentimientos por Darling Charming? ¡Era la hermana de Daring! Estaba segura de que no se habían hablado más de diez veces en toda su vida, ¿Cómo podía quererla?
¿Qué era todo eso? Podía hacerse la historia en su cabeza. Darling había visto crecer a Apple, pero siempre al lado de su hermano, había guardado sus sentimientos, pensando que no eran más que un imposible, y luego…
—Es por eso que necesito hablar con ella. Necesito explicarle que no me gusta, y que no siento nada por ella.
Espera, ¿Qué?
—Tú… ¿No sientes nada por Apple?— Le preguntó, todavía más extrañada.
—No se supone que debería decirlo, pero confío en que me guardes el secreto— Ya que Raven no se había detenido en preguntar, ella tendría que decirle todo— Yo estoy saliendo con Lizzie, Apple no es de mi interés.
¡Darling estaba saliendo con Lizzie! ¡Era la mejor noticia que le habían dado en su vida!
Así que la menor de los Charming no sentía nada por Apple, eso era un alivio para sus intereses. No tenía que competir con nadie por el amor de Apple.
Pero, si Darling no la amaba, el beso no debería haber funcionado.
—Entonces, si tú no quieres a Apple, ¿Por qué la despertaste?
Darling se encogió de hombros.
—Si tuviera esa respuesta, Lizzie no estaría tan molesta conmigo. Yo solo intentaba hacerle RCP, se estaba ahogando. No pensé que despertaría.
Raven no podía estar molesta con Darling. La pobre ya tenía suficiente con aguantar el malhumor de Lizzie, que no debería ser poco.
—Entonces, ¿Estás saliendo con Lizzie?— Preguntó— ¿Desde cuándo?
—Poco después de regresar de Wonderland— Admitió— Lizzie y yo nos conocimos, ella quería saber quién era en realidad el caballero Blanco de su cuento y, bueno…
—Apple y yo estamos saliendo— Confesó, interrumpiendo a Darling, al ver que esta se empezaba a poner nerviosa— No creo que quisieras traicionar a Lizzie, ¿Verdad?
Ahora era el turno de Darling de estar sorprendida. ¿Raven y Apple tenían una relación? Eso sí que no lo había visto venir.
Todas esas peleas, guerras, desencantos… Todo era solo una fachada. Eran todavía mejores que ella, y eso era mucho decir.
—Yo, jamás, te juro que no siento nada por…
—Tranquila, te creo— Le sonrió, viendo el nerviosismo de la princesa— Además, Apple y tú ni siquiera se conocen. Sería demasiado extraño que alguna albergara sentimientos por la otra.
Al menos, Raven era más comprensiva de lo que era Lizzie.
—Lizzie quiere hablar con Apple, quiere que le deje las cosas muy en claro. Iré a decirle que Apple está fuera, pero cuando regrese, ¿Puedo confiar en que me ayudarás a que todas aclaremos esto?
Raven asintió, también se sentiría mejor, si dejaban cada una en claro sus intenciones.
—Claro que sí, Darling.
El asunto del beso no se pudo quedar mucho tiempo en silencio. De hecho, no duró absolutamente nada el secretismo.
Lo bueno, es que las lindas parejas habían arreglado los puntos importantes. Evidentemente, Apple tampoco sentía nada por Darling, de quien apenas tenía un par de recuerdos en toda su vida.
Las cuatro estaban de acuerdo en que eso era un accidente, y que el destino solo había buscado una forma de que Apple encontrara un Charming, y Darling era lo más cercano a una.
Después de todo, Daring ya estaba destinado a ser la bestia de Rosabella, y Dexter… no estaba a la altura como para ser un príncipe encantador de un cuento importante.
Sin embargo, Darling y Apple eran demasiado diferentes como para siquiera pensar en salir. Darling adoraba las aventuras, y Apple las detestaba.
Apple gustaba de las elegantes fiestas, y Darling las rehuía. Eran como el sol y la luna, demasiado contrarias como para estar juntas.
Lo único malo es que, a raíz de todo eso, había surgido una amistad muy fuerte entre ellas. Las dos parejas parecían hacer todo juntas, y eso despertaba la curiosidad de los estudiantes.
Después de todo, ya todos sabían que Darling y Apple estaban destinadas a estar juntas. Eran la pareja del año, la noticia del milenio, y todo lo que fuera obtener un vistazo a su relación, era bien recibido.
Tanto era así, que incluso los padres estaban felices cuando lo descubrieron todo, después de que Blondie hiciera un reportaje muy explícito de todas las ‘supuestas’ citas que habían tenido.
Claro, Blondie había ignorado el detalle de que Lizzie y Raven siempre estuvieron en esos lugares. Y también omitió donde Lizzie se recostaba sobre las piernas de Darling, que jugaba con su cabello. O esas donde Raven conjuraba flores para Apple.
Mientras uno de sus hijos fuera el príncipe de Blancanieves, al Rey Charming le parecía todo un éxito. Y Blancanieves opinaba lo mismo, que, casualmente, empezó a decir que siempre dudo de Daring como el verdadero príncipe de su hija.
Eran cosas que hacían carcajear a Apple.
Y Milton Grimm también estaba contento con los resultados, siempre y cuando se cumpliera el destino. Que era lo que realmente les causaba dolores de cabeza.
Era tan divertido ver a la gente caer en una mentira, que ninguna de las cuatro se había molestado en desmentirlo. Era tan divertido ver a la gente inventarse una nueva historia, que simplemente los habían dejado ser.
Y mira que para que Lizzie tolerara esas cosas, es que de verdad debía estarse divirtiendo.
Sin embargo, conforme la graduación se acercaba, Milton Grimm no parecía satisfecho con la relación tan pausada que Darling y Apple llevaban.
Milton Grimm quería una propuesta de matrimonio, quería una fecha para el compromiso, quería una pedida de mano a todo el mundo.
Quería una enorme boda, que, si fuera posible que sucediera un día después de salir de la escuela, sería mucho mejor. Y quería una apasionada noche de bodas, para que Darling pudiera darle un heredero a Apple lo antes posible.
—¿Qué te dijo ahora?— Le preguntó Raven cuando Apple llegó a su cuarto, dándole un beso en sus labios.
En la cama de Apple, Darling y Lizzie estaban sentadas, jugando Baraja explosiva. Muy ocupadas como para saludar.
—Lo mismo de siempre— Respondió, exhausta— Preguntó si Darling y yo ya habíamos hablado de matrimonio.
—Full de ases.
—No mejor que mi escalera de color.
Darling aventó las cartas por ningún lado, ese día no había forma de ganarle a Lizzie.
—Ey, presten atención— Reclamó Raven.
Lizzie solo se encogió de hombros.
—Hemos oído la misma historia por los últimos meses, ya nos la sabemos de memoria.
—Bueno, ¿Tienen alguna idea de qué hacer? Grimm no dejará de molestar, y podría empezar a sospechar que todo es una farsa.
Todas se quedaron en silencio. Todas, excepto Darling.
—Yo tengo idea, pero puede no gustarles— Mencionó, mientras tomaba las cartas y empezaba a barajear.
—¿Y esa es?— Insistió Raven.
—Démosle lo que quieren, casémonos.
Las mandíbulas de todas se desencajaron.
—¿Qué?
—Lo que oyen, ¿Grimm quiere una boda? Démosle una boda.
—Cariño, temo decir que has enloquecido más de lo que yo estoy— Mencionó Lizzie.
—No, no es así. Sería una boda, pero bajo nuestros términos. Y en nuestros términos, sería hacer una boda falsa.
Entonces, todo sonó mejor.
—¿Una boda falsa?— Preguntó Apple, presentando más atención.
—Podemos preguntarle a Cupido para hacerlo. Algo que los convenza a ellos, pero nosotras conozcamos la verdad.
Darling parecía tan desinteresada de lo que decía, que no parecía ser realmente la solución a sus problemas.
—¿Crees que nos ayudará con eso?— Preguntó Lizzie, pensando en lo que su novia sugería.
—Cupido es de confianza, sé que si lo explicamos todo, lo entenderá— Respondió Raven, adelantándose —Yo puedo explicarle todo, sé que nos ayudará.
—De todas maneras, en los planes de ninguna estaba casarse…— Suspiró Apple, pensando que desearía casarse con Raven, y no fingir un matrimonio con Darling.
—Cupido también nos puede ayudar con eso— Interrumpió Darling, iniciando su partida de nuevo— Podemos casarnos mañana mismo, a menos claro, que quieran una boda mucho más grande que secreta.
Con razón es que Lizzie adoraba a Darling. Era mucho más inteligente de lo que aparentaba.
No era la boda que le habían prometido a las princesas. No había sido fastuosa, ni llena de lujo, porque había sido demasiado improvisada.
De hecho, nadie había estado invitado. Lizzie y Darling habían sido las testigos de Apple y Raven, así como Raven y Apple de ellas.
Lo suficientemente real como para que ellas fueran felices, y nadie sintiera preocupaciones cuando, días después, Darling hiciera un gran evento, solo para proponerle matrimonio a Apple.
Lizzie se carcajeaba al lado de Maddie y Kitty mientras veía tal evento. Si la gente supiera que Darling iba a gobernar, pero en otro país…
Y, realmente, Apple era muy buena para convencer a los adultos. Un par de pláticas, y había sido suficiente para convencer a su madre y Grimm para que Cupido fuera la encargada de su boda.
Por qué, claro, ¿Quién mejor que la hija del dios del amor para consumar tal matrimonio?
Milton Grimm, el Rey Charming y Blancanieves, no tenían que saber que, cuando, supuestamente, Darling y Apple estaban preparando todo para su boda, en realidad, solo iban a reírse de todas esas cosas, al lado de Raven y Lizzie.
Si Darling iba a hacer una fiesta, entonces sería en el palacio de corazones, y Lizzie le cortaría la cabeza, como eligiera esos centros de mesa.
Y si Apple iba a festejar algo, tendría que ser con colores menos blancos, que atosigaban a Raven. Hacía falta el tono púrpura que contrastara el ambiente.
Finalmente, el frabuloso día había llegado. El día más esperado de todo el cuento, el día del matrimonio entre Darling y Apple.
Qué tontos eran si creían que Cupido de verdad estaba bendiciendo esa unión, en un idioma que solo los dioses entendían.
No era más que griego antiguo, gritándoles a todos que todo era una farsa, y que Darling y Apple jamás se habían amado.
Aquel matrimonio no tenía validez alguna, pero la gente vitoreaba y aplaudía como si realmente estuvieran casadas.
Y por el amor al cuento, gracias a Grimm, no estuvieron obligadas a darse el beso al final de la ceremonia. Órdenes de Cupido que debían acatar.
—Lo único que yo no podré hacer, es hacer que tengan un heredero, ¿Han pensado en ello? Les empezarán a cuestionar tarde o temprano.
Darling, Lizzie, Apple y Raven se voltearon a ver, antes de que las “recién casadas” se encogieron de hombros.
—Ni siquiera vamos a vivir juntas— Respondió Apple— Darling siempre va a ir a una misteriosa campaña que le llevará mucho tiempo, por lo que diremos que no hemos tenido oportunidad.
—Esa excusa no valdrá para siempre —Refutó Cupido.
—Con algo de suerte, cuando las preguntas empiecen, ni nuestros padres, ni Grimm estarán con nosotros— Contestó Darling.
—Y si no, estaré gustosa de arreglar ese problema con mi magia — Insistió Raven— Aunque pasen unos años sin revelar que es mi futura hija.
