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Severus Snape se encontró con la mejor noticia de su vida, una que cambiaría el rumbo de está. Su suerte jamás había sido tan gratificante. La profecía que había oído por parte del enemigo de su señor en una entrevista de trabajo. Por supuesto, al verlos los habia seguido sin pensar en las consecuencias, no tuvo nada que perder. Y aunque el anciano director lo había sorprendido escuchando, salió corriendo enseguida del lugar, apareciéndose de inmediato en otra parte. El señor oscuro podría esperar, el debía festejar aquel logro. Ordeno una botella de whisky de fuego y pago por ella, claro que al tener la marca de mortifago en su brazo izquierdo no le dio muchas oportunidades para salir y andar como si nada, agradeció aquello, ya que no le gustaba socializar. Al salir de la tienda ubicada en el callejón Diagon, se volvió a colocar la capucha de su capa para cubrirse de las miradas curiosas, caminando en dirección al callejón Knockturn tranquilamente por las sombras.
Escucho los pasos detrás de él y apresuro sus piernas a que se movieran más rápido, se desvió a un callejón pero al ver que este no tenía salida se insultó mentalmente y sacó su varita al darse vuelta, apuntando al extraño que paró de repente frente suyo.
- ¿Quién demonios eres y por qué me sigues? -preguntó mordaz, arrastrando las palabras como cuchillas cortantes. El hombre más bajo frente a el, vestía una capa de igual forma cubriendo su rostro, solo dejando al descubierto sus ojos bicolores brillando por la luz de la luna; gris mercurio y avellana observándolo. Levanto sus manos en señal de que estaba desarmado.
- Necesito hablar contigo, es de suma importancia – su voz tranquila y suave salió amortiguada por la tela, pero claramente llegando a oídos de él. Rápidamente poniéndose a la defensiva.
- Vete al infierno, idiota. No iré a ningún lado contigo. Así que puedes marcharte ahora o de lo contrario te mataré -escupió con veneno, sus ojos fijos y esperando cualquier movimiento por parte del desconocido.
- Ugh, eres un maldito necio testarudo, Severus -suspiro exasperado. Severus gruño por escuchar su nombre. Escupió hechizos ofensivos en dirección al hombre, siendo detenidos por este como si fueran moscas molestándolo. Su vista se tornó furiosa, atacándolo iracundo, soltando hechizos mortales que el mismo había inventado. Sin embargo, el extraño no se movió de su lugar. Supo que hacía magia sin varita al no verla a la vista y eso lo enfadó más. No pudo ocultar la sorpresa al ver su varita en las manos contrarias de un momento a otro, sin esperarse aquel movimiento. Cuando quiso escapar abalanzándose hacia delante para arremeter contra la figura más baja, su mundo se oscureció, cayendo hacia abajo. Pero no llego a tocar el suelo.
- Eres un idiota, Snape -su risa divertida fue lo último que escucho viniendo de él.
Despertó en su casa con la luz del sol entrando cálidamente por la ventana con el marco despintado, las cortinas negras y largas corridas a un lado. Confundido y extrañado al ver su cuarto al sentarse en su cama, con solo su camisa y pantalón negros puestos; recordó al extraño en el callejón y se levantó de un saltó, su varita en su manga derecha, oculta y lista para sacarla y defenderse. Se extraño ante la situación desconcertante, ¿acaso había soñado todo eso?
El sonido de la ducha lo saco de sus pensamientos, tan absorto en ellos que no había notado la lluvia cayendo en su baño hasta ese momento. Sus pies descalzos dieron pasos apresurados hacia esa dirección con energía renovada y colérico. Abrió la puerta de un golpe casi sacándola de sus goznes y estrellándose con la pared del pequeño cuarto. La cortina se hizo a un lado apenas asomando su rostro, mientras él apuntaba al extraño dándose una ducha como si fuera un invitado. Sus ojos bicolores sorprendidos, sus mejillas sonrojadas y salpicadas de pecas. El cabello castaño rojizo hasta la altura de sus hombros, húmedo por el agua.
- Oye, dame un minuto, ¿quieres? Ten piedad de mí y no me mates estando desnudo -suplico sonriendo nerviosamente. Severus levantó su ceja escéptico ante el pedido, ¿se estaba burlando de él?-. Vamos, prometo responder a todo lo que quieras saber y por qué estoy aquí – hizo hincapié con insistencia. Severus no estuvo muy seguro, se sintió incómodo con la presencia ajena tranquila en su casa. Pero asintió a regañadientes con el ceño fruncido, saliendo por la puerta sin cerrarla.
- Limpia todo cuando termines y baja -ordenó, detestando el desorden. No espero una respuesta y salió de su cuarto, dirigiéndose a la cocina y colocando una jarra para calentar agua en la estufa. Preparo dos tazas con el saco de té, y pensando en la situación que se encontraba. Con un extraño bañándose en su ducha y el haciéndoles algo caliente para beber. Sin embargo, rebusco en su armario de pociones oculto en la cocina, sacando un vial con el líquido transparente moviéndose dentro. Sacó el corcho y vertió varias gotas en una de las tazas, sonriendo malicioso. Coloco unos cuantos bocadillos en un plato. Los pasos bajando las escaleras lo alertaron y su varita estuvo en su mano en un parpadeo.
- Si quisiera dañarte, hubiera aprovechado cuando estuviste inconsciente. Pero no soy tan cobarde para hacer eso -menciono, entrando con naturalidad donde estaba. Su tranquilidad lo desconcertó, y es como si ya hubiera estado cientos de veces en su casa, sabiendo a donde ir-. ¿Puedes bajar la varita, por favor? -pidió amablemente, Snape lo ignoro y siguió apuntándole.
- ¿Cuál es tu nombre? -interrogo hostil.
- Jareth – respondió rodando los ojos al verlo tan a la defensiva.
- Jareth ¿qué? -volvió a interrogar acercándose solo unos pasos.
- No puedo darte mi apellido -contesto decepcionado.
- ¿Por qué? -escupió irritado.
- Porque no. Confórmate con saber mi nombre, no te hará daño no saber mi estúpido apellido -mascullo irritado ante la insistencia del hombre. Sabia que mentir no era la mejor manera, pero si Snape sabía su nombre completo pensaría que lo estaba engañando.
- Entonces largo de mi casa -espeto con acidez, acercándose con dos largas zancadas y tomándolo bruscamente del brazo haciendo que su cara se deformara en una mueca. Lo arrastró por el living hacia la puerta de salida.
- Pero cuando le cuentes sobre tu profecía a tu amo señor te arrepentirás de no haberme oído -se detuvo mirándolo perplejo. Lo empujó contra la pared, acorralándolo y hundiendo la varita en su garganta, sin perforar la piel tostada.
- ¿Cómo diablos sabes sobre eso? -susurró amenazante, su voz en un siseo bajo como la serpiente a punto de atacar.
- Porque vengo del futuro -confeso mirándolo a los ojos. El oji negro sonrió burlándose de sus palabras y presionando más la varita-. Se que no me crees, pero si no lo haces, ira a buscar a Lily -siguió. Su cuerpo congelándose al oír aquel nombre-. Matara a todo el que se interponga en su caminó -tragó fuertemente, sus ojos apagados se mantuvieron fijos pero lejos de la realidad-. El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca..., Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes... Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce... Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida... El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso nacerá al concluir el séptimo mes -cito aprendiéndola de memoria. Severus no la había oído toda, solo la mitad y parpadeo alejándose unos centímetros, su mano ahora caída a un lado de su cuerpo y su varita tirada en el suelo-. Marcara a los Longbottom y los Potter. Y luego terminará en una guerra que se desata dentro de unos cuantos años. Muerte y destrucción por todas partes, incluido el mundo Muggle -informo, sabiendo que al hombre no le importaba aquello último, pero contándole de todas formas-. Ayúdame a que eso no pase. Por favor, Severus -suplico, sosteniendo el borde de su camisa como si fuera un salvavidas en el mar.
- ¿Cómo se que no me estas mintiendo, y eres un espía del bando contrario tratando de manipularme? -señalo desconfiado, sin amago de levantar de nuevo su varita. No supo que fue, pero sabía que no le estaba mintiendo, no quiso creer en aquello tan a la ligera. Pero la pequeña esperanza comenzó a florecer en su pecho.
- No lo sé -dijo sinceramente-. Veritaserum -soltó cuando una idea golpeó su mente.
- ¿Disculpa? -preguntó haciéndose el tonto.
- Se que lo has pensado, y apostaría mi vida a que lo has puesto en el té. Te conozco demasiado bien para no saber lo desconfiado e incómodo que estás ahora mismo -explico sonriendo, fanfarrón. El hombre soltó un resoplido malhumorado al verlo presumir. Rodo los ojos y levantando su varita del suelo de madera camino de regreso a la cocina los pasos del otro siguiéndolo detrás suyo. Aún con desconfianza, no le quito el ojo de encima.
- Tómame una foto, durara más -dijo con el rostro apoyado en la palma de su mano mientras observaba sus movimientos, girando de vez en cuando el rostro en su dirección para confirmar que seguía ahí. Sirvió el agua caliente en las dos tazas y las dejo sobre la mesa con cuidado.
- ¿Y desperdiciarla en ti? No, gracias -respondió sarcástico, dejando el azúcar a un lado. La risa alegre y animada lo sorprendió, pero no le disgustó para nada incluso si vino de un completo desconocido.
- Sabes, siempre me ha encantado tu humor ácido y sarcástico -alego, tomando tres cubitos de azúcar cómodamente mientras sonreía perdido en sus recuerdos.
- Veo que somos muy cercanos en tu tiempo -expreso, viendo como hablaba de él como un viejo amigo.
- Por supuesto, tanto que apenas entraba a la habitación donde estabas y me fulminabas con la mirada -respondió animado, dándole un sorbo a su bebida mientras lo miraba divertido. Arrugó su ceño en confusión.
- ¿Entonces por qué pareces conocerme tan bien? -Indagó con curiosidad.
- Eres profesor de Hogwarts en mi época -contó. Una mueca de horror cubrió el rostro de Snape, haciéndolo reír-. Sí, eres tan aterrador y disfrutas atormentando a tus alumnos -el efecto de la poción fue rápido, pensó, mirando el té-. Me gustaba observarte de lejos -su rostro se sonrojo al confesar aquello, no se atrevió a levantar su mirada-. Supongo que fue un enamoramiento estúpido, siendo uno de tus alumnos -aquello salió con amargura.
- Así que eras mi acosador -afirmo, tratando de cambiar el tema.
- Supongo que sí. Pero no me importa, siempre me has interesado de una forma que no entendí… hasta que fue tarde -confeso, esta vez mirándolo directamente. No iba a perder la oportunidad de confesarle sus sentimientos, incluso si fueron patéticos a oídos del hombre.
- ¿Voy a morir? -dudo en sí quería saber la respuesta. Soltó el aire contenido al ver como su cabeza asintió.
- Cuando le cuentas a Vol-.. el señor oscuro sobre la profecía -se interrumpe, corrigiéndose. Por un momento olvidando que el nombre era temido en esta época, y además de que la marca en su brazo izquierdo se ondulaba incómoda ante el nombre mencionado-. Este envía a los Lestrange a buscar a los Longbottom, ya que fueron una de las familias con un bebé nacido al séptimo mes. Frank y Alice son torturados por la maldición cruciatus hasta la locura. Bellatrix es la que más se ensaña con ellos -Severus hace una mueca ante eso, sabiendo lo loca que estaba esa mujer, una desquiciada leal a su señor-. Mientras tanto, el propio señor oscuro se dirige a casa de los Potter para tomar el asunto en sus manos. Por supuesto, al saber que él vendría por ellos, fueron más inteligentes y usaron el encantamiento fidelio.
- Espera, ¿Black los traicionó? Seguramente Potter le confío sin dudar aquello -escupió ambos apellidos con repugnancia y resentimiento.
- Bueno, como todos, asumieron lo mismo que tú en un futuro. Black sería perfecto para la tarea por la unión de hermandad con Potter. Sin embargo, este al ser tan obvio como objetivo, le dijo que eligiera a otro como guardián secreto. Lupin definitivamente no estaba disponible en ese momento debido a la luna llena -respondió, siguiendo e ignorando la interrupción de Snape-. Eligieron a Pettigrew. Un error que cometieron, y fue tarde cuando se dieron cuenta -apretó sus manos con furia al recordar aquello, sus nudillos volviéndose blancos sobre la mesa. Severus quedó sorprendido por la rata traidora, de quien menos espero algo, fue de él-. La rata asquerosa le contó la ubicación a su amo, es por eso que los encontró esa noche y mató a los Potter -escupió enojado. Sí Sirius hubiera aceptado aquella tarea. Pero negó, no queriendo entrar en terreno peligroso-. Esa noche solo uno de los Potter vivió -continuo, respirando profundamente-. La maldición asesina rebotó en el bebé y mató al señor oscuro.
- ¿Qué? ¿Cómo sobrevivió un bebé? -preguntó desconcertado, dejando el bocadillo a medio comer a un lado.
- Bueno, en palabras ajenas. El amor de una madre y la protección hacia sus hijos es más fuerte que un sádico homicida -comento simplemente.
- ¿Estás bromeando, verdad? -su cara fue de incredulidad. Aquello no tuvo sentido.
- La magia tiene muchas formas de sorprendernos -levanto sus hombros sin darle mucha importancia realmente-. En fin -corto la discusión sobre como un bebé había vencido al señor oscuro, temido por magos y brujas -. Luego de eso. Cuando Harry Potter comenzó el año escolar a sus once años, el hijo de perra volvió, aunque fue más como una posesión.
- ¿Cómo? -interrumpió, otra vez, queriendo los detalles.
- Mediante un seguidor que lo encontró en Albania, poseyó su cuerpo y su rostro estuvo detrás de su nuca todo el tiempo. Se alimentaba de la sangre de unicornios -explico brevemente, queriendo seguir con la historia.
- Mierda, eso es atroz incluso para el mismo señor oscuro -murmuró en voz baja, pensando en ello. Carraspeo llamando su atención al ver que estaba sumido en sus pensamientos.
- Como decía. La piedra filosofal estaba en peligro de ser robada -alzo la mano al ver que iba a interrumpir de nuevo y lo fulminó con la mirada-. Déjame siquiera terminar el primer año del niño por amor a Merlín -suspiro divertido al ver el sonrojo cubrir las mejillas de Severus, sorprendido y maravillado al avergonzar al hombre-. Dumbledore la trajo al colegio, supongo que el anciano tuvo planes desde un principio -su repugnancia hacia el hombre fue visible incluso para Snape, el cual levantó una ceja interrogativa-. Unas pruebas aquí y allá, y finalmente Harry la tuvo en sus manos. Derroto a Vol -se mordió la lengua-. El señor oscuro y su espíritu salió del cuerpo de Quirrell, el hombre al que había poseído. ¿Preguntas? -consulto, antes de seguir.
- ¿Por qué odias a Dumbledore?, ¿Qué sucedió con Quirrel y la piedra?, ¿Cómo pudo el mocoso de Potter hacer tal hazaña? -soltó.
- Es un viejo manipulador, créeme, solo deja ver lo que quiere que vean. Quirrell murió y la piedra fue destruida. Como sabrás, la piedra pertenecía a Nicolás Flamel. Pero si quieres mi opinión, si pudo crear esa, estoy seguro de que creo otra, aunque esta se mantuvo en secreto. En cuanto a la última pregunta, la dejo a tu imaginación -se burló, irritando al futuro profesor de pociones con su arrogancia-. Ahora, ¿Has oído hablar de Horrocrux? -la pregunta tomo desprevenido al hombre, dejándolo sorprendido por aquella palabra. Apenas asintió-. Gracias, me ahorras en explicación. Resulta que el señor oscuro a estado experimentando con ellos, no solo creo uno o dos, sino siete -los ojos de Snape se abrieron con horror-. Harry destruyó cada uno de ellos, al final tuvo que morir él también -ignoro el nudo en su garganta por la pérdida aquella-. Es cuando finalmente pudimos matarlo -Severus no creyó que jamás volvería a sentir la pequeña esperanza floreciendo en su pecho de nuevo, no desde que Lily se alejó de él. Podrían matar al hombre que había asesinado a cientos de personas; muggles, magos y brujas por igual, incluso criaturas mágicas-. ¿Me ayudarás a que nadie muera? -indagó con la misma esperanza brillando en sus ojos.
- ¿Qué recibo a cambio? -preguntó Severus, sonriendo con presunción. Viro los ojos ante el gesto del hombre.
- Lo que quieras, pero antes ayúdame con esto y luego lo cumpliré -devolvio con firmeza. Estiro su mano -. Pero si me traicionas, será lo último que harás en tu vida -murmuró sonriendo amablemente, la amenaza implícita en su rostro. Sabia que Snape no era de esos, más aún cuando la vida de Lily estaba en juego. El hombre estrechó su mano, y ambas fueron atadas con un lazo blanco y brillo con magia. Un juramento inquebrantable.
