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Estaban juntos por mucho tiempo, demasiado que ya ni podían recordar el número exacto ¿Diez años? ¿Veinte? ¿Treinta? La noción del tiempo la pierdes cuando la pasas realmente bien, aunque no es solo eso lo que se esfuma con el pasar de la vida: distintas sensaciones, recuerdos que se esfuman en un parpadeo de sus mentes y muchas cosas más. A veces, es difícil retener todo ello en ti.
Aun así, Vegetta seguía perdidamente enamorado de Foolish como si fuese la primera vez. “Ya, es tu esposo, ¿no es eso obvio?” Y sí, no va a negarlo, sería lo normal seguir amando a tu compañero de vida, pero Vegetta ha estado tanto tiempo en este mundo que sabe que, desgraciadamente, no siempre es así: ha visto de todo, gente que solo sigue unida por rutina, responsabilidades, conveniencia y una gran variedad de más motivos que temió que él terminara cayendo en alguna de esas categorías.
— ¿Qué es lo que quieres hacer hoy, Vegetta? — escucha desde la otra habitación, donde probablemente Foolish está acomodando los objetos de los estantes y quitándoles el polvo como cada domingo por la tarde.
— Ah, Leo vendrá mañana, así que podríamos salir a buscar algo para regalarle.
— ¿Qué mejor regalo que volver de su viaje por el mundo y reencontrarse con el padre más guapo e inteligente que pudo haber pedido?
— ¡Anda! — ríe — Que alguien está con el ego muy elevado hoy, ¿eh?
Foolish se deja mostrar por breves instantes, con medio cuerpo escondido detrás de la puerta. Sonríe, y Vegetta podría jurar que todo desaparece cuando esa expresión tan maravillosa de su esposo se manifiesta frente a él.
— Me refería a ti, mi amor.
El rubio regresa a su habitación, pero la vista de Vegetta sigue fija en el punto donde anteriormente se encontraba. “Eres un bobo” susurra, escondiendo su rostro entre sus manos para calmarse antes de que toda su cara se torne roja. No obstante, se siente tan bendecido de poder ser capaz de seguir experimentando aquel nerviosismo que las palabras de Foolish provocan en él, así como también el que sus piernas tambaleen, sus manos se muevan sin saber qué hacer y sus ojos brillen de emoción ante la sola presencia de su esposo.
Las mariposas en el estómago y las risitas nerviosas lo acompañan cada vez que se encuentra a su lado. Incluso en estos momentos, horas después de su última conversación y buscando el presente perfecto para Leo, tiene un poco de vergüenza al sentir sus manos sudando debido al agarre suave pero firme de Foolish. Observan cada tienda, cada oferta, cada regalo desde el más barato hasta el más caro, pero Vegetta no puede evitar mirar a Foolish disimuladamente cada cierto tiempo, incapaz de no perderse por varios minutos debido a la belleza que tiene por esposo. De vez en cuando, el rubio acaricia la mano de Vegetta delicadamente antes de preguntar si lo que están viendo sería adecuado para su hija o qué opinaba de algunas cosas para su hogar. Vegetta, por su parte, estaba agradecido de que este le avisara así de que estaba preguntando algo, sino se quedaría por horas sin habla y solo admirándolo.
— ¿Qué te parecen estos? — comenta Foolish, mientras señala un par de aretes morados tras el mostrador.
Era muy hermosos, quizá los más bellos que había visto, fascinándole a Vegetta. Sin embargo, no estaba seguro de que serían un regalo ideal.
— Hmmn, creo que Leo tiene unos similares.
— ¡Oh! No lo decía por ella. — Vegetta lo observa confuso, se supone que el viaje al centro comercial era por su hija — Me gustaría comprártelos, ¡combinan con tus ojos!
Si su corazón pudiese hablar, Vegetta estaba seguro de que estaría gritando en estos instantes. Foolish era consciente de ello, por lo que siguió comparando los ojos amatista de su amor con las cosas más bellas que se le pudiesen ocurrir.
— No tienes que hacerlo, my love, lo de comprar los aretes... —Vegetta estaba realmente halagado aunque aún le costaba, a pesar de los años, sobrevivir a los comentarios de su amado hacia él sin evitar una explosión de emociones.
— ¡Pero quiero hacerlo! — refuta, tomando ahora sus dos manos — Lo mejor para el mejor, veo cómo observas esos aretes y nos arrepentiremos si nos vamos sin ellos.
Le conmovía tanto la emoción de su pareja que le costaba decir que no. Así que, ¿por qué no dejarse consentir?
— Vale, pero si me dejas pagarte.
— ¿Huh? No quiero que me pagues, es un regalo.
— ¿De verdad no quieres? — alzó una ceja, sonriendo ante la confusión del otro — Y yo que pensaba pagarte con besos, ¡bueno! Qué se va a hacer…
— ¡Espera! — Vegetta no pudo evitar convertir la sonrisa en una carcajada — Está bien, acepto que me pagues, aunque el precio será muy, muy caro.
— ¿Qué tan caro? — respondió, mientras el más alto lo acercaba a él al punto de poder sentir su respiración.
— Tan caro que debemos iniciar con el pago desde ya.
Las risas fueron apagadas por los besos de dos seres que no podían evitar estar más tiempo separados del otro. Vegetta quería que sus días siguiesen así, no importaba si aburridos o emocionantes: mientras Foolish se encontrara en su vida era más que suficiente.
Ya no será el joven que se enamoró por primera vez, pero ruega a los cielos seguir flotando en el amor que Foolish provoca en su corazón.
Con la noche en el cielo, los dos ya se encontraban en casa. El regalo para Leo, un paquete, así como también otro más aunque mediano para Roier, quien les escribió diciendo que también iría a visitarlos al día siguiente con su familia, reposaban en la sala de estar. Vegetta comía su cena sin dejar de observar a Foolish, quien estaba en su propio mundo tarareando una canción ¿Cómo haciendo algo tan simple como comer era suficiente para dejarlo embelesado? No lo sabe y no le importa saberlo, podría quedarse admirándolo y pensar en todas las cualidades de Foolish por horas.
— ¿Pasa algo? — pregunta Foolish al notar las amatistas de Vegetta, relucientes igual que los aretes que ahora portaba, fijos en él — ¿Tengo algo en el rostro?
Vegetta se siente atrapado y siente sus mejillas arder al recordar todo lo que estuvo pensando desde la mañana. Mira hacia el piso y juguetea con sus dedos, una sonrisa nerviosa vuelve a escapar de su boca.
— ¿No te gustó la cena? — insiste el otro, nervioso ante la idea de que algo malo haya pasado.
Sin embargo, Vegetta niega con la cabeza. Vuelve a observarlo, apreciando a su esposo en su totalidad, terminando por fijarse en su esmeralda mirada. Sonríe.
— No tengo idea de cómo es que te amo tanto, Foolish. — dice con sinceridad — Pero estoy feliz de que mi corazón te haya y siga eligiéndote a ti cada día.
Hay algo más que hace que el amor de Vegetta hacia Foolish no deje de crecer desde el primer momento, y es que es consciente de que él provoca lo mismo en el de piel dorada, pues es ahora Foolish el que mira al piso, riendo sin parar y con la cara avergonzada. Es Foolish quien se para de su asiento, se acerca a él y lo abraza enterrando su cabeza en el hombro del mayor. Es Foolish quien comienza a darle besos en el cuello, fugaces y sinceros, mientras le susurra al oído que también lo ama.
Dioses, por favor, déjennos vivir más tiempo así.
— I love you so much, mi amor. How could I have lived for so long without you in my life? — Foolish se encuentra tan feliz que incluso olvidó hablar en español. Vegetta vuelve a reir, no hay día donde no falten las risas en dicho hogar — My beloved significant other.
Vegetta no puede ser más dichoso de sentir su corazón cálido y su cuerpo estremecerse de la felicidad al escuchar aquellas palabras y recibir más besos del amor de su vida. Así será, durante este y muchos años más. Incluso en otras vidas, sabían que sus sentimientos los guiarían hacia el otro tarde o temprano.
