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Eyes to eyes

Summary:

en donde Nana llega a la escuela de hechicería y no es exactamente bien recibido por Maki.

o

donde Maki descubre que quizás Nana no es la loca de remate que ella pensó.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Maki no se considera a sí misma una persona grosera.
¿Ruda? Quizás, pero es parte de su personalidad.
¿Franca? Un poco, demasiado.

La gente (Toge y Panda) solían decirle que debía ser más amable con las personas cuando apenas las estaba conociendo, para causar una buena impresión y más cosas que lo terminaban de convencer ciertamente.

Ella hasta cierto punto comprendía las palabras de sus amigos, pero insistía en que tampoco podía cambiar solo para agradar, eso era de gente complaciente y Maki nunca fue como esas personas. Le daba ganas de vomitar de solo pensarlo; si hubiera sido complaciente desde muy niña, en primer lugar no sería una hechicera.

Incluso después de que Yuuta se inscribiera a la escuela, Maki nunca tuvo necesidad de ser amable con él a pesar de que sus dos compañeros se lo volvieron a recomendar. A Yuuta parecía no importarle realmente y la aceptó, también a su trato —el cual era un tanto brusco, pero Yuuta nunca se quejo a pesar de que sus palabras lo afectaron en más de una ocasión, pero también lo alentaron así que Maki no le da tanta importancia—.

Pero luego de todo el incidente con Getō y su séquito de locos, el desfile de los cien demonios y como Yuuta liberó la maldición de Rika, se vio obligada a ser amable. Por una persona que ella ciertamente no quería ni siquiera tener cerca.

Nana Yoshida.

Una muchacha —bastante linda de vista en su opinión, pero ustedes fingan no saberlo— dentro de la extraña familia de Getō Suguru, que irrumpió en jujutsu tech —o lo que quedaba de ella luego de esa explosión causada por Rika y Yuuta— justo instantes después de que Gojō-sensei lo asesinara a sangre fría mientras agonizaba.

La chica lucía destrozada, fue arrojada al suelo por Gojō mientras ellos festejaban estar totalmente bien luego de esa batalla.
Las lágrimas caían por su rostro violentamente, su expresión estaba totalmente contorsionada en ira y rabia, gritando con todas sus fuerzas a su maestro «lo mataste, tú lo mataste, monstruo!».
Maki, Toge, Yuuta y Panda se quedaron en silencio, viendo el sufrir de Yoshida. Maki esperaba que se metiera una especie de sentencia para la muchacha, parecido a lo que sucedió con Yuuta o que al menos la castigaran por tantas muertes que había causado gracias a su familia.

Grande fue su sorpresa al ver a la muchacha entrar en el salón de clases unos días después, con Gojō detrás de ella presentándola como su nueva alumna, y su nueva compañera.

No hace falta decir que Maki se rehusó, es que, ¿En qué jodida cabeza cabía? Esa chica era una criminal. Había sido cómplice de Suguru Getō, ¡Demonios, el tipo casi la había matado!
Sin embargo, aquí estaba ella. Con el uniforme de jujutsu tech.

Maki discutió por unos minutos con su maestro, junto a sus compañeros y amigos. Ella admitiría que en entonces estaba muy alterada, tal vez incluso más que cuando Yuuta se presentó en la preparatoria por primera vez.

“Profe, es que ¿cómo demonios cree que esto es una buena idea?” Maki pregunta, están afuera del aula, los cinco, mientras Yoshida espera dentro del salón de clases, fingiendo que no los escucha. Aunque Maki duda que este fingiendo, la muchacha tenía una mirada ida, como si solo su cuerpo estuviera en la habitación pero su mente estuviera en otro lugar. Sea así o no, le daba igual. Maki quería convencerse de eso.

“Vamos Maki, no seas pesimista, es una compañera nueva que les hará compañía los siguientes tres años ¡Sé amable!” Normalmente, Panda, Toge y Yuuta estarían de acuerdo porque Maki es demasiado brusca; pero por esta ocasión, se voltearon hacia su profesor con una expresión de incredulidad. Ellos tampoco podían creer que Gojō estuviera aceptando esto. ¿Qué clase de trato le habían propuesto los altos mandos? “Ay chicos, no me miren así que se me rompe el corazón. ¡Anímense! Nana no es una mala chica, solo necesita-”

“¡Esa loca necesita un psiquiátrico! No que venga a jugar aquí a la escuelita con nosotros, no entiendo cómo los altos mandos no le pusieron precio a su cabeza, por qué está aquí siquiera?! Cómo usted lo aceptó-” Maki estaba más que alterada, agitando las manos, con una vena remarcada en su cien, estaba que echaba humo por las orejas y el trío de estudiantes temian por su vida.

“Porque yo lo propuse Maki. Esos vejetes querían ejecutarla.” No fue la respuesta que Maki esperaba, en cambio, solo logró enfadarla más. “¿Cómo dice?”

Gojō se rió, pero no era como solía hacerlo usualmente. Recargó su espalda en la pared, pasando una mano por su cabello mientras resoplaba. Los cuatro se quedaron callados esperando una respuesta más coherente y lógica de su maestro. La necesitaban.

Maki la quería.

“Escuchen chicos, sé que está situación puede ser problemática. A mí tampoco me gusta del todo la idea. Pero no podía dejar que matarán a esa niña, sigue siendo muy joven y su potencial no puede ser desperdiciado.” Maki considera que esa respuesta le gustó mucho menos que la anterior. Porque hablaba de Yoshida como si fuera inocente.

Y Yoshida no lo era. Yoshida había trabajado con un jodido loco; el más peligroso usuario de maldiciones por lo que parecía ser voluntad propia, ¿Qué insinuaba Gojō? ¿Qué esa mocosa se merecía una segunda oportunidad? Maki tenía ganas de vomitar.

La lastima fue algo ajeno a ella desde siempre, tanto ajena como propia. Maki no quería sentirla.

Y odiaba a Yoshida porque su mirada perdida, su expresión muerta y su ausencia en la habitación a pesar de estar ahí presente estaban haciendo cosas con ella que Maki nunca pensó posibles.

“Miren, solo traten de llevarse bien con ella. Estará vigilada y aunque intente hacer algo no logrará nada. Si no les gusta la primera idea siempre pueden ignorarla.” El albino pareció darse por vencido con su trato pacífico, derrotado y actuando como un niño de nuevo. Maki no podía creer que este tipo fuera el mismo que dió fin a la vida de Getō hace dos semanas.

Ahora ha pasado casi un mes desde el desfile de los cien demonios, y Maki se dió cuenta de que no mucho cambio desde que Yoshida se integró al grupo de primer año.
Claro, asiste a los entrenamientos y a las clases, y según a lo que se enteró, fue clasificada como hechicera de segundo grado, al igual que Toge, por lo que también comenzó a realizar misiones hace poco.
Pero fuera de ello, Yoshida parece un fantasma; nunca sale de su habitación, nunca habla con ninguno de los cuatro y nunca intercambia más de tres palabras en entrenamientos. No es que se quejen, a Maki le pareció la mejor opción desde que la vió cruzar el umbral de la puerta en su primera clase. Sin embargo, si bien ella está perfectamente así como está, no puede decir lo mismo de Yuuta y Panda, quizás Toge también.

Yuuta constantemente intenta hablar con ella a como de lugar. Intentando ayudarla por si necesita apoyo con ejercicios físicos, tal vez incluso lecciones con las clases si necesitaba ayuda-
Pero Yoshida actuaba reacia a Okkotsu; no era necesario conocerla demasiado como para notar la actitud evasiva hacia Yuuta. Cómo si le disgustara, como si le tuviera miedo.

Maki no encontraba sentido en ninguna de las dos hasta que Panda les recordó «no se ofendan, pero si fuera Yoshida, claro que me daría miedo alguien con el poder que Yuuta tiene, mas si no lo conozco y es claramente enemigo de mí líder»
Y, aunque Maki odiaba admitirlo, tenía un buen punto.

Ella seguía sin entender la necesidad de sus compañeros de acercarse a alguien de la calaña de Yoshida. La chica parecía querer asesinarlos cada que entraban en su campo de visión, y bueno, el sentimiento era correspondido al menos por parte de Maki.

Y entonces un día después de un entrenamiento acalorado al que Yoshida había negado al principio participar, Gojō-sensei “logró” convencerla de integrarse a la actividad (claro que con lograr, se refiere al profesor mirándola tan fijamente que hasta sus demás alumnos sintieron escalofríos).
Yoshida dió un paso al frente, al parecer entregaría con Okkotsu sus ataques más simples.

Maki hasta la fecha no tenía conocimiento concreto de la técnica de Yoshida, así que estaba un poco emocionada por conocerla; no era mucha, era solo una sensación vacía de curiosidad natural en cualquier otro ser humano. (Maki quería convencerse de que era así).

Para desgracia de Maki, el enfrentamiento duró mucho menos del tiempo esperado porque en el instante en que Yuuta puso por accidente su palma de su mano en su brazo para lograr su ataque, Yoshida reaccionó mal; pero bastante mal. Sus pupilas se contrajeron, su cuerpo se tensó y todos los espectadores pudieron ver el cuerpo de Yuuta volar al otro lado del campo en cuestión de segundos cuando la chica de cabello castaño lo golpeó con tanta fuerza. Y aunque a Maki le habría encantado replicarle algo por ser así con su amigo, ni ella pudo describir la expresión de Yoshida en su rostro, en sus ojos:

Miedo. Había miedo. Genuino y puro.

Parecía como si la muchacha hubiera visto un fantasma, pues el color había abandonado su rostro, tenía la mirada perdida, viendo solo a la nada mientras parecía perderse entre sus pensamientos; sus manos estaban temblando y sus labios no se movían, nada de ella lo hacía. Maki pudo jurar que la chica incluso parecía haber dejado de respirar por unos segundos.

Para cuándo Toge y Panda reaccionaron para verificar el estado de Yuuta, y ella y Gojō estaban preparados para encarar a la castaña, ella solo cayó de rodillas, abrazándose a sí misma y escondiendo su rostro del mundo. No. No solo su cara, era como si ella misma quisiera esconderse toda del mundo.

El entrenamiento finalizó ahí, y cuando se dieron cuenta de que no podrían mover a Yoshida de ahí ni a la fuerza, el profesor Gojō tuvo que llamar a Shoko para intentar hacerla reaccionar.

Lo hizo por fortuna. Pero después de aquel suceso, algo despertó en Maki.

Curiosidad, duda, y tal vez preocupación.

¿Por qué estaba preocupada? Se preguntó miles de veces después de aquel entrenamiento. Tal vez solo era empatía humana básica, tal vez era la curiosidad activa en cualquier ser humano pensante.

Intentó sacarse el tema de la cabeza, pero no contribuía a ello que Yoshida comenzará a ausentarse a las clases y a casi todas sus prácticas. No solo por irresponsabilidad, si no también por frustración.
Le frustraba no comprender la situación de aquella forastera; e independientemente de si quería entenderla, o solo satisfacer su curiosidad y su mente. Estaba frustrada.

Así que cuando Panda anunció que se había hecho amigo (más o menos) de Yoshida, Maki lo consideró un logro, un medio más sencillo para conocer el porqué de su reacción tan exagerada aquel día.

Después de Panda, siguió Toge. Parecía que Yoshida tenía conocimiento en el JSL, por lo que comunicarse entre sí fue mucho más sencillo de lo que hubiera imaginado. A veces entre clases podía verlos “hablar”, Yoshida seguía siendo la misma amargada e indiferente de siempre, pero con Toge junto a ella pudo comenzar a notar muchas más cosas que cuando estaba completamente sola entre horas libres y activas.

Cómo que sonreía muy, muy ligeramente con los chistes malos de Toge, que era buena escuchando y que solía jugar con los mechones de su cabello para mantener sus manos ocupadas (o eso suponía Maki); que sus pies realizaban un patrón en el suelo al caminar, o que tenía una forma peculiar de comer (tan delicada, elegante y lenta, como si estuviera de verdad saboreando cada bocado como si fuera a ser el último). También el tamborileo que sus zapatos provocaba contra el suelo de madera, como una melodía lenta y dolorosa, como si calara en cada fibra del cuerpo al oírla.

Yoshida estaba cambiando, y Maki se daba cuenta de que (probablemente, tal vez, no estaba del todo segura y era una corazonada muy vaga) no era tan mala como creyó.

Yuuta no había tenido suerte intentando acercarse a la joven, era lo único que permanecía como estaba. Con ella huyendo o evadiendo cualquier tipo de contacto con él pelinegro; como si el muchacho fuera un incendio violento y peligroso y decidiera huir ni bien el humo está cerca.

A veces Maki disfrutaba de reírse de Yuuta lamentando su suerte con sus acercamientos a la muchacha. Toge le seguía la corriente y Panda trataba de animarlo. Nunca funcionaba pero la intención es lo más importante.

Así que, aquí la tienes ahora. Por influencia de sus amigos está frente a la puerta de Yoshida a las diez con veintidós de la noche; tendría que realizar una misión en solitario con Yoshida y sería su primera vez juntas por tanto tiempo.

¿Tenía miedo? No, miedo no, más bien nervios. Puede que se haya metido tanto en el papel de “no me hables ni cuando te estés muriendo” y ahora tema parecer una matona.

Respiró, hondo y fuerte. Quería retirarse y hacer la misión en solitario, porque no es como si no pudiera defenderse por si sola-

Pero no podía huir de sus problemas, nunca lo hizo en el pasado y ahora sería estúpido hacerlo. Además, eso probaría que Toge es más capaz y valiente que ella y ¿Va a dejar que se quede con el crédito? Por supuesto que no.

Respira profundo, una vez, dos veces, y luego levanta su puño y toca tres veces la puerta de madera, esperando una respuesta.

Nada. No hay ni un sonido o señal de la muchacha.

Lo intenta de nuevo, toca tres veces y comienza a golpear repetidas veces su zapato con el suelo.

Otra vez nada. Se desespera un poco más y toca más fuerte y más veces, con la esperanza de que Yoshida salga y puedan hablar.

Pero de nuevo no recibe respuesta.

Maki considera que debería irse, puede informar que Yoshida estaba indispuesta y ya; o pueden asignarle otro compañero.

Pero eso sería como perder y, Maki en serio quiere probar que ella también puede llevarse bien con la muchacha.

No por otra cosa más que a sí misma. Ni Maki puede comprender ese sentimiento repentino que nació de su pecho para entender a Yoshida; tal vez algo en sus ojos doloridos y vacíos le decís que necesitaba ayuda. Tal vez fueron esos pequeños detalles que los demás pasarían por alto, o la forma tan extraña en que se llevó bien casi al instante con Toge, como aún con su deficiencia de lenguaje no fue un problema y hasta logra comunicarse mejor.

Maki quiere saber por qué.

Entonces resopla, y decide que cualquier consecuencia posterior será una preocupación de la Maki del futuro.
Abre la puerta dispuesta a sacar a Yoshida de su guardia, hasta que se topa con un caos al otro lado de la puerta.

Hay lienzos, hojas, crayones y pinceles, colores y carboncillos. Hay incluso pintura derramada en la madera, o lo poco que se ve de ella. La habitación es un desastre.

Maki apenas se adentra en la habitación siente que el ambiente cambia; es más pesado, es incómodo, pero a la vez siente una validez extraña que no logra describir o comprender.

Entonces levanta la mirada del suelo y ve las paredes, hay cuadros colgados. Paisajes, retratos, todos son hermosos y se ve que hay una mano talentosa detrás de ellos, en casa trazo y mancha.

Admira su alrededor en silencio, hasta que un quejido interrumpe el ambiente es cuando nota la presencia de Yoshida:

Está pintando, al pie de su cama, el lienzo está recargado contra su mesa de noche y sus materiales están esparcidos por el piso. Sobre su cama habían unos cuantos libros o cuadernos, se ven viejos o gastados, Maki no indaga mucho en ellos.

No, su atención la capta la imagen que proyecta la muchacha pintando.

Sus dedos están cubiertos de pintura, toda su mano de hecho. No lleva el uniforme de la escuela, si no el uniforme que llevaba puesto la primera vez que la vió, ese de colegiala azul oscuro que le daba la sensación de inquietud al verla.

Lo peor es notar que Yoshida no está bien; parece demacrada, incluso de espaldas nota el cansancio detrás de su postura. Su cabello está todo enredado y no bien peinado como está acostumbrada con esa banda de color azul que siempre acomoda su pelo castaño claro.

Está a punto de preguntar por sus estado, si necesita ayuda, cualquier cosa. Comida, agua, descanso o algo más.

Es ahí cuando sus neuronas logran conectarse con un poco más de fuerza y nota lo que hay en las pinturas, lo que es plasmado en ellas.

Es un hombre de cabello largo y negro, lleva una túnica azul oscuro con un gojo-kesa amarillo y verde. Es inconfundible, es él. Yoshida pintaba a Getō Suguru en cada una de sus pinturas.

Maki vuelve a preguntarle a sí misma, ¿Por qué?

Quiere saber, quiere preguntar, necesita saciar su curiosidad, saciar esa necesidad repentina de relacionarse con Yoshida.

Pero luego Yoshida solo rompe en llanto, de la nada tiembla y solloza; su mano derecha desliza el pincel hacia abajo en la pintura, manchandola. Las lágrimas caen al suelo en cuestión de segundos después de ello y el desastre que era su habitación solo se hace mayor cuando en su histeria sus manos derraman pintura y manchan obras y arruinan manuscritos.

Entonces puede distinguir sus palabras, palabras dolidas y arrastradas. Llenas de dolor, culpa, tristeza y melancolía. Maki no puede evitar sentir que el corazón se le desgarra al mismo tiempo que a Yoshida cuando entre su llanto distingue ese llamado tan desesperado.

“Vuelva, por favor, Getō-sama. Cánteme un vez más para dormir, arrulleme cuando sufra de pesadillas. Salvame de él una vez más. Vuelva. Vuelva”. En posición fetal, sus sollozos se hacen sonoros, que retumban por la habitación sacudiendo los pensamientos de Maki dentro de su cabeza.

Ella no lo comprende. Maki probablemente no pueda hacerlo nunca. Nunca podrá empatizar o entender a Yoshida por completo porque vive del otro lado de su creencia, ella está en la otra versión de la historia, aquella dónde Getō Suguru es un asesino, un desquiciado y una amenaza para el mundo del jujutsu.

Pero Maki ahora al menos sabe que Yoshida no estaba en esa página. En esa versión.

A sus ojos, Getō Suguru es otra persona. A sus ojos él es su salvador, su luz, aquello por lo que quizás sigue con vida y por lo tanto se la debe.

Maki odia cuando la gente quiere justificar sus actos con su sufrimiento pasado. Cuando quieren creerse superiores por eso.

Maki odia a Getō. Cree que tal vez lo haga siempre porque no comprende su pensar ni lo comparte.

Pero Maki no odia a Yoshida. Al menos ya no.

Maki quiere entender a Yoshida, porque le agrada. O cree que lo hace.

Esa noche Maki no asistió a ninguna misión, ni Yoshida tampoco. Maki se quedó a consolar a una Yoshida herida y frustrada; intentó abrazarla y escuchar su llanto hasta que estuvo seca, hasta que sus ojos se cansaron de llorar y que su garganta escosio cuando sus sollozos discretos se convirtieron en un llanto desconsolado.

Maki acunó con paciencia el cuerpo herido de Yoshida, esperando mejorar su relación en ese instante, un avance, una señal, cualquier cosa le servirá.

Y aunque Maki no lo sabe, esa noche se convirtió en la primera de muchas ocasiones en las que su calor corporal brindó seguridad y confort al corazón herido de Nana. Esa noche Nana abrió sus ojos, empapados y aguados por el llanto, para encontrar a una persona que estaba dispuesta a secarle las lágrimas y abrazar sus penas junto a ella.

Ambas, antes de terminar la noche, se miraron por segundos que parecieron una eternidad. Segundos en los que Maki juró ver cómo la pena en los ojos de Yoshida se transformaba en algo más que no pudo identificar, algo más… cálido, lindo, algo bueno.

Por la mañana, cuando no encontraron a Maki en su habitación e Ijichi confirmaba que ni una ni otra se presentó ante él para la misión, fueron al dormitorio de Yoshida.

Grande su sorpresa al encontrarlas a las dos en el suelo de la habitación, manchadas de pintura de todos los colores, encima de lienzos y hojas y tela rasgada, con Maki sosteniendo a Nana contra ella, como si al soltarla fuera a desaparecer de ella por completo.

Y más importante e impactante.

Nana estaba sonriendo.

Notes:

próximamente subiré más cortos con este oc, ya que es de mis favoritos.

igualmente, este es solo un au donde suguru acoge a nana, luego publicaré el "canon" de esta historia.

thank u for reading ♡