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24 Atardeceres Contigo

Summary:

Puede que sea la suerte o tal vez el destino, pero alguien movió los hilos para unir sus caminos.

Aunque Sergio cree internamente que la suerte y el destino decidieron confabular en todo esto.

Pero, si alguien decidió que se conocieran de la forma más inesperada, Sergio está seguro de que fueron los atardeceres de cada país los que terminaron por unirlos.
Después de todo, Sergio no es fanático de la F1, y, a pesar de eso, terminó pasando toda una temporada con el famoso corredor Max Verstappen.




[Actualizaciones un poco lentas]
| Capítulo 5 actualizado |

Chapter 1: El Inicio

Notes:

Algunas cosas que deberán saber:

• No sé demasiado sobre la Formula 1, soy una novata por completo. Escuche de esto hace dos o tres años, pero fue solo hace poco que empecé a indagar más.

• La línea del tiempo no sigue ningún año en particular, la temporada de la F1 en esta historia es imaginaría.
Así que no traten de buscarle. Aunque puede que existan algunos detalles que señale carreras de algunas temporadas.

• No tengo fecha de publicación ni sé cuantos capítulos tendrá, pero puedo decirles que no es algo corto. Si buscan historias de pocos capítulos están en el lugar equivocado.

• Tengan paciencia conmigo, si en algo me equivoco pueden señalar en dónde, estaré corrigiendo cualquier error de ortografía e incluso sobre alguna información errónea cuanto tenga tiempo.

Chapter Text

Sergio no era fan de las carreras de autos, su interés en el deporte era nulo, y no porque le disgustara, simplemente nunca le había llamado la atención. En cuanto a intereses dentro de algún deporte podía mencionar el fútbol, ​​era bueno en eso y ciertamente tenía sus equipos favoritos para ver, pero Sergio no llegaba a ser un fanático total como muchos otros, era un gusto, pero no lo tomaba como un tema. de sumo interés como para enojarse o pelearse con algunas personas por el equipo.

Así que no, Sergio era muy tranquilo en el área, por lo que nunca entendía porque las personas solían reaccionar de manera tan fervientemente ante cualquier comentario o suceso que pasara en su deporte favorito, las peleas que solían soltarse entre ellos por medio de redes o la locura de gastar la mayor parte de sus ingresos en todo lo que contiene la marca de su deporte, equipo o sujeto favorito al que seguían.

Pero Sergio si tenía temas de los cuales podía entrar en un diálogo por horas, si bien su interés por las carreras de autos es nulo, la función de la mecánica, ingeniería y tecnología de los autos si es de su gran agrado. Entendía todo lo que podía sobre ellos y reconocía un buen motor con solo verlo. 

Algo de lo que él y su padre podían hacer juntos algunas veces, con la diferencia de que su padre desviaba el tema principal cada que tenía la oportunidad de parlotear sobre alguna competencia de autos, y es ahí donde el interés de ambos se fracturaba.

Su padre alguna vez quiso que Sergio fuera corredor, tenía fotos viejas de cuando era más pequeño con un traje completo y un casco bajo el brazo mientras sonreía a la cámara como si hubiera ganado todas las carreras del mundo. Sergio recuerda exactamente aquellos tiempos, la adrenalina fue estimulante y le encantaba sentirla, bajo aquella sensación comenzó a explorar la función del auto y su capacidad de alcanzar aquellas velocidades. Fue ahí donde su interés sufrió un desvío y dejó de participar en las carreras como piloto en su infancia. 

Ni siquiera precintó una temporada para los niños de su edad. Su padre había estado un poco decaído por aquellos días, pero nunca obligó a Sergio a nada y al final lo recibió sin rencores. Después de todo, a su padre también le encantaba escuchar a Sergio sobre cada cosa que aprendió del motor o la aerodinámica de los autos. 

Si su padre pensaba que podía incluir en Sergio el gusto por ver las carreras de autos y pasarle el fanatismo que él tenía, bueno, resultó ser otra meta fallida en los planos de su padre. Sergio recuerda a su madre reír por la sala cada que papá se quejaba porque Sergio no quería ver la competencia con él.

Conforme pasó el tiempo, su familia creía que Sergio escogería alguna carrera que estuviera dentro de los intereses sobre los coches, la mecánica o la ingeniería de estos. 

Grande fue la sorpresa, no solo para su padre, si no para todos, cuando se enteraron de qué Sergio había escogido una Licenciatura en Finanzas. Esta vez su madre y su hermano tuvieron cosas más que decir que su padre por aquella curiosa elección de carrera.

Lo que Sergio nunca les dijo es que fue por una apuesta. Si algo pudiera igualar a Sergio ya sus padres era la competitividad, claro, no en todo, jamás iban por la vida tratando de competir como si se ganará algo de eso, pero sí un reto era impuesto en la familia Pérez-Mendoza, ninguno era capaz de echarse para atrás.

Originalmente sería solo seis meses estando en esa carrera, pero una palabra en falso de su idiota amigo en aquel momento, lo habían extendido a un año. 

Al final Sergio descubrió un nuevo interés en su vida, desbloqueando así el cariño y el corazón que encontró por salvar y cuidar a los animales en todos los aspectos. 

Si al principio había sido un estúpido error el haber aceptado aquella apuesta, ahora simplemente agradece aquella noche en la casa de su amigo con unas cuantas copas de alcohol encima mientras decidían a que profesión ingresarían la solicitud, pues Sergio descubrió un nuevo interés del que había desconocido. 

Pero a pesar de eso, Sergio siguió aprendiendo sobre los coches en sus tiempos libres y tomó uno que otro trabajo que estaba orientado en eso. Fue un método que le funcionó los primeros semestres antes de que las cosas se volvieran más difíciles. 

Así que, al finalizar su profesión a sus veintidós años, Sergio no se quedó con las ganas de seguir aprendiendo sobre los coches y tomó una carrera técnica para poder tener más estructurado sus conocimientos, lo cual fue fácil, pues ya había aprendido él mismo varios por su cuenta. Sumando a eso que, durante su tiempo de estudio, Sergio tuvo la oportunidad de formarse en la empresa del mejor amigo de su padre, el Sr. Arriaga, quien le tendió una mano para qué, junto con su hijo qué irónicamente también era el mejor. amigo de Sergio, pudiera generar mejores experiencias en el área mientras seguía cursando su profesión. Al finalizar sus estudios ya había una vacante de trabajo para Sergio dentro de la empresa y un espacio en la confianza de aquel buen hombre el Sr. Arriaga. Se había llevado bastante bien, entendiendo ambos los intereses en el área y lo que era bueno para la empresa, por lo que Sergio aceptó la oportunidad de trabajar junto al hombre al finalizar sus estudios. Era una suerte de la que Sergio no quería dejar pasar la oportunidad.

La carrera técnica que había tomado no fue difícil mucho, de hecho, Sergio se salió poco antes de cumplir el año, habiendo centrado mejor su tiempo en un proyecto que tanto su mejor amigo, hijo del Sr. Arriaga, habían estado planeando durante un tiempo.

No hace falta decir que las cosas no salieron bien.

Sergio ahora tiene 24 años cumplidos, había cambiado de empleo más veces de lo que la gente normal hace y al final estaba decidido en tener un tiempo para él mismo, dejando su último trabajo. Había estado alejado de sus padres por una cosa u otra, por lo que Sergio decidió ir a pasar tiempo con ellos. Ahora ya tenía dos meses estando bajo su techo mientras disfrutaba de su ciudad natal.

Eso sí, para no morir de aburrimiento, hacía uno que otro trabajo como pasatiempo para perder algo de tiempo, a veces tomaba algo que tenía relación con su apasionado interés por los coches, otras veces ligado a su profesión.

Algo de lo que sí agradecer podía aquella experiencia que Sergio aprendió durante el tiempo que pasó en la empresa con el Sr. Arriaga, fue el tiempo que el señor se tomó para ofrecerle consejos y el espacio que tuvo Sergio para haberse preparado bien, de lo Por el contrario, las cosas serán más difíciles. Aún si todo lo que tuvo que pasar al final lo dejó con un sabor agrio en su vida.

A veces, al final de sus días, terminaba mezclando las dos cosas, como con el más antiguo amigo de su padre. El señor Valencia tenía un rancho grande con varios animales, entre los favoritos de Sergio estaban los caballos, hermosos sementales con los que a Sergio le gustaba pasar tiempo. Una vez tuvo que ayudar a una de las yeguas del señor a parir su potrillo, la experiencia fue tan sorprendente como algo asquerosa, pero fue algo impresionante de hacer, y si se lo preguntan, Sergio no tendría problemas con volver a ayudar.

A veces el señor necesitaba algún consejo relacionado con la profesión financiera de Sergio, dejaba que Sergio, junto con sus hombres de confianza, se sentaran en una gran mesa caoba y empezarían a dialogar sobre la administración del rancho, escuchando los consejos que Sergio podía ofrecer. .

Pero al finalizar cada reunión, ya sea que esta haya sido formal o informal, el hermano del señor Valencia, que estaba interesado en las carreras de coches, se acercaba con Sergio y terminaba teniendo otra larga charla sobre este tema. Él y su padre fueron los que iniciaron en enlistar a sus hijos como posibles potenciales pilotos de carreras (palabras de ellos), pero mientras Sergio dejó eso a un lado, el hijo del señor le tomó mayor interés.

Sergio tenía buena relación con aquel hombre al igual que con su hermano ranchero, así que últimamente le ha estado aconsejando o ayudando ligeramente en el área de coches para las que corre su hijo. Pero la última vez que los vio a ambos, padre e hijo, Sergio notó que el chico estaba algo desanimado, por lo que Sergio estaba apostando a que existía una posibilidad de que el chico se retirara del deporte dentro de poco.

De cualquier manera, Sergio no tenía problemas en ayudar, y al final le terminaron pagando muy bien por sus conocimientos.

Como ahora, que volvía de tener una charla animada con el hombre del rancho, que le había dado buenas noticias sobre las últimas inversiones dentro del rancho y lo invitó a una celebración pronta.

Mientras aparcaba el coche en la acera de enfrente de la casa, vio como su hermano mayor salía de la casa de sus padres. Sergio apaga el auto y sale tranquilamente, pero cuando su hermano lo ve le lanza una sonrisa de curiosa emoción burlesca. La tranquilidad se esfuma rápidamente y Sergio frunce el ceño, algo en esa expresión que su hermano le estaba mandando no le daba buena sensación.

—¡Antonio! 

— ¡Lo siento hermano, pero tengo prisa! —Antonio camina con prisa a su carro y Sergio cruza la solitaria avenida para alcanzar a su escurridizo hermano—. Realmente no quieres perder tiempo conmigo, créeme.

Antes de que Sergio lo alcanzará, Antonio cerró la puerta de su auto con rapidez. El vidrio estaba polarizado, así que Sergio camina al frente para verlo por el parabrisas, poniendo su mano en el capó del auto.

— ¿Qué está pasando?

Sergio sabía que aquella mirada que le había dado Antonio era por una burla a su costa, algo de lo que era muy probable que a Sergio no le gustará y que su hermano parecía estar seguro de que terminaría aceptando. Crecieron juntos, por lo que se conocían tan bien entre ellos que Sergio podía entender que pensaba por cada expresión que su hermano hacía.

Y Sergio odiaba cuando algo así terminaba pasando

— Nada pasa, hermanito. —le grita. 

Sergio frunce el ceño con mayor profundidad, pero no se mueve.

—No mientas.

— ¿Qué dices? Será mejor que entres, mamá te está esperando, hermanito.

Antonio muestra todavía esa maldita sonrisa mientras trata de parecer inocente. Antes de que Sergio diga algo más, su hermano, con el auto ya encendido, arranca hacia el frente.

—¡Antonio, maldita mar! 

Sergio se quita por el repentino movimiento del auto, y una vez fuera, su hermano arranca el auto por la avenida vacía. Sergio podía jurar que escuchaba su risa molesta resonar a su lado.

Lo que sea que esté por enterarse, Sergio sabe que no le gustará. Con un suspiro, da media vuelta e ingresa a su casa, no va directamente a la cocina donde Sergio podía escuchar a su madre, si no que se dirige a su recámara y decide tomar un baño antes de la cena. El atardecer entraba por la ventana de su cuarto, así que Sergio le mandó un mensaje a su querida hermana, sabiendo que a esta hora ya habría salido del trabajo, para saber cómo está.

Cuando se quita el olor al campo del cuerpo y se coloca ropa cómoda, Sergio entra a la cocina, su madre estaba recargada en la encimera con una taza de té en la mano y su teléfono en el otro. Al verlo entrar su madre sonríe.

— ¿Cómo te fue? 

— Bien, las cosas con el Sr. Richard están llendo de maravilla, así que solo me hablo para dar las buenas noticias.

— ¿Y la pequeña Sofía?

— Niña encantadora, estaba de visita junto con su madre. No paraba de agradecerme y de estar conmigo a todos lados por haber salvado a su gato de una caída horrible desde el árbol, aunque no lo pude salvar de ciertas heridas de su cuerpo.

— Me lo puedo imaginar, es una niña linda, tiene el carácter de su abuelo. Supongo que no dejará de estar a tu lado por un tiempo.

Sergio, al ver que su madre no parece ser la de la posible noticia que su hermano había estado impidiendo en decirle, decide preguntar por su padre.

— ¿Papá? 

Su madre hace una mueca graciosa y señala hacia el patio.

— ¿No te lo dijo Antonio? 

— Nunca, él disfruta manteniéndome en expectación.

Su madre no dice nada mientras toma un sorbo de su té, Sergio pasa a su lado, le da un rápido beso en la mejilla y sale al patio.

Su padre estaba bajo la sombra de un viejo árbol de la casa con apariencia nerviosa, mirando la pelota de fútbol en su mano por un segundo para luego lanzarla al aire. El cielo aún no terminaba de oscurecer, pero Sergio pudo notar que no faltaba mucho para que los últimos rayos del sol dejarán de pintar las nubes.

— Papá, ¿algo que quieres decirme? —decide saludar con eso, sin rodeos, mientras se acercaba.

Su padre se le veía más nervioso al escucharlo, sabía que las cosas serían más difíciles si alargaban la situación, por lo que era mucho mejor cuando Sergio abría el tema que su propio padre.

—Sergio, te estuve esperando. 

Eso se puede ver. Sergio se detiene frente a su padre, tomando lugar cerca del tronco del árbol para recargarse.

—Antonio se veía emocionado. 

Emocionado por verlo sufrir, claramente.

Su padre sabía a qué se refería, por lo que se cruza de brazos con el balón en el medio.

— ¿Puedes decirme qué está pasando? 

— Sí.

Antes de que su padre empezara a hablar, Sergio alza una mano para determinarlo y señalar.

— Sin rodeos, directo al asunto.

— Oh, realmente tenía planeado ir directo al asunto. Bueno, cómo sabrás, una nueva temporada de la Fórmula Uno está por comenzar.

— Papá —le interrumpe, cansado de escuchar lo mismo—, sabes que no me voy a unir a ti junto con mi hermano para ver durante los próximos meses toda la temporada de la Fórmula Uno de este año.

— No, no, no es nada de eso. —su papá se detiene, como si no estuviera seguro si decir lo que tenía en la mente.

Sergio lo mira confundido pero asiente lentamente.

—Está bien, continúa.

— Como decía, una nueva temporada está por comenzar —Sergio asiente ante la mirada de su padre y éste prosigue—, y como sabes tu hermano y yo tenemos varios años queriendo estar presente en la primera carrera de la temporada.

Srrgio asiente nuevamente, mirando curioso a su padre pero no lo interrumpe. Aún no sabía que tenía que ver él con todo esto.

— Aquí hay una buena noticia, tu hermano y yo conseguimos un boleto de entrada para la primera carrera de la Fórmula Uno qué se celebrará el mes que viene. 

— ¿Marzo? 

—Sí.

— ¿Felicidades? —murmura Sergio, no sabiendo exactamente porque su padre le estaba dando la noticia y no junto con su hermano y con la familia reunida. Esto era raro—. Eso es excelente, Papá, digo, es lo que siempre los he escuchado querer hacer los dos juntos y por fin lo han logrado.

—Claro, sí. Bueno, en realidad antes de saber que realmente no te podríamos convencer de ver una carrera con nosotros el sueño era para los tres.

Checo frunce el ceño ligeramente ante la tentativa de mencionar a su padre eso último. 

— Sí, creo haber escuchado eso una vez y recuerdo también que les había dicho que eso jamás pasará. 

—Por supuesto, lo recuerdo muy bien.

Sergio se cruza de brazos y espera a que su padre termine de dar la noticia, porque algo le decía que había más.

— Compramos volemos para Antonio, Paola y yo.

— ¿Paola? —la incredulidad en su voz y posiblemente en su rostro hizo sacarle una risa a su padre.

— Sí, a tu hermana no le interesa mucho la carrera, pero quiere ver la ciudad en donde se llevará a cabo.

— Entonces solo quiere pasear.

Su padre asiente, pero luego hace una mueca.

— lamentablemente los planes de tu hermana serán cancelados, no se si recuerdes que para esas fechas su cuñada se va a casar y estará una semana y media fuera. 

Sergio asiente, recordando que el viaje lo hará en alguna playa. 

— Por lo que hay un asiento libre.

La sugerencia en la voz de su padre le hace negar rápidamente.

—Papá sabes que no me gusta.

— Checo-

— ¿Por qué no le preguntas a un amigo o a alguien de nuestra familia?

— Sergio —ante el llamado de su nombre y no por su apodo de parte de su padre le hizo alzar una ceja—. El sueño de tu hermano y mío no solo es asistir a la primera carrera de la temporada en la F1, si no que también es hacerlo entre nosotros, la familia —su padre sonríe de lado mientras echa un vistazo a la entrada de la casa—. Si bien descartamos eso poco tiempo después, al final nos pusimos como acuerdo de que solo seríamos nosotros y nadie más.

—¿Y Paola? 

— Ella se unió al plan hace poco por sus ganas de ir a la ciudad, aún éramos nosotros dentro de esta familia y cabía en los planos iniciales, por lo que la incluimos. 

— ¿Mamá? 

— Oh por Dios, tu sabes que ella no la mueves de aquí para nada. 

La queja de su padre le hizo sacar una ligera sonrisa, sabiendo que su madre poco tenía el gusto de viajar, mucho menos a largas distancia.

—Sergio.

— Papá.

— Está bien si no quieres ir a la carrera pero insisto en que vengas con nosotros, existe un boleto de sobre y realmente no queremos venderlo tu hermano y yo.

Su padre lo mira suplicante, el sueño de un hombre desde que Sergio recuerda reflejado en sus ojos, y a Sergio ya le dolía la idea de negarse. Esto tenía un toque diferente a la de las otras veces que su padre tocaba el tema, parecía más súplica que solo una solicitud.

Ya se había negado en seguir como piloto y hacerlo parte de su profesión, que como bien a su padre no le importo ni lo obligó, sacó la idea de tener consuelo con la posibilidad de que Sergio lo acompañaría en su fanatismo por el deporte y verlo en la televisión. Otro intento fallido, del cual tampoco lo obligó a formar parte.

Sí bien papá tiene a Antonio, Sergio recuerda que su madre le había dicho una vez que el deseo de su padre era estar con sus dos hijos en el largo sillón de la sala para estar gritándole a la televisión.  

Su padre respeta las decisiones que ha tomado, lo ha apoyado y motivado a seguir, pero todos saben que a su padre le gusta compartir sus gustos con alguien, vivir la experiencia de su fanatismo compartido con otra persona. La idea de que fuera con sus hijos era mayor, por los que el deseo nunca desapareció.

Antonio le dijo todo eso una vez, ambos eran fans de la Fórmula Uno, pero Sergio no, y al parecer, aún cuando su padre aceptó todos esos cambios, la chispa de que por lo menos Sergio lo acompañara a ver una sola carrera algún día, seguía encendida

— ¿Sergio? —cuando Checo vuelve su vista a los ojos de su padre este estaba expectante de su respuesta—. Entonces, ¿te animas a venir con nosotros? 

Bien, realmente Checo no tenía corazón para negarse a esto. Al menos no está vez. Ceder no siempre es algo malo.

Soltando un suspiro muy exagerado, Sergio asiente y le da una media sonrisa a su padre.

— ¿Cuál es la fecha, si puedo saber?

Sergio jura que pudo ver salir brillos y corazones de los ojos de su padre al escucharlo, quien lo toma emocionado en un gran abrazo y lo jala para llevarlo al interior de la casa. 

Las palabras salen apresuradas de la boca de su padre mientras se interrumpe el mismo para gritarle a mamá sobre las buenas noticias.

Por cómo veía las cosas, Sergio estaba seguro que su padre encontrara una manera de convencerlo de asistir a la carrera aun si al principio le había dicho que bien podía hacer exploración en la ciudad para ese día.

Y Checo sabía que le iba a ser muy difícil negarse otra vez.