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All the things she said

Summary:

A Nanai le parece curioso que Chan Agi le invitara a salir.

Notes:

Disculpen si tengo errores, estoy en semana de exámenes y mi cerebro se fue a pasear (?). Bien, espero que esto no se me haya quemado :)

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Nanai movía el pie inquietamente mientras esperaba a Chan en aquella mesa al aire libre, tomó otro sorbo de café amargo y miró su reloj; Chan debió llegar hacía siete minutos. Una parte de su mente le decía que tal vez tuvo un contratiempo y debía ser paciente, pero a Nanai no le gustaba que la hicieran esperar. Por otro lado, no sabía por qué la mujer le invitó a una reunión a solas; Chan y ella no eran amigas y esta cita no era de índole laboral.

 

Sin embargo, le pareció curiosa la invitación de Chan cuando esta le propuso tener una cita en un lugar relajante; Nanai quiso saber los motivos detrás de esa petición peculiar, por lo cual asistió a la reunión. Aunque, recordó que cuando Agi le dijo aquello, se veía como una adolescente nerviosa. Analizando un poco la reacción de la otra fémina, Nanai encontró tierna a Chan.

 

 

—¡Hey! Lamento llegar tarde, había mucho tráfico debido a un choque —La voz de Chan esfumó cualquier pensamiento en la cabeza de Nanai, posando su mirada sobre la mujer que llegó. 

 

 

Ver a Chan con el cabello atado a un listón, una blusa adornada con bordados de tulipanes y una falda con tres dedos arriba de la rodilla, hizo que Nanai Miguel se atragantara con su café y tosiera un poco cubriéndose la boca con una servilleta.

 

—Lo siento —Carraspeó, sonrojándose por culpa de su pequeña escena.

 

 Chan se acercó preocupada, poniendo una mano sobre el hombro de Nanai.

 

—¿Estás bien? Déjame pedirte un vaso de agua —La de cabello azul hizo un gesto con la mano al mesero, quien escribió lo solicitado por la joven mujer. 

—Agradezco el detalle, aunque no era necesario. Estoy bien, en serio.

 

Nanai miró directamente a la muchacha, encontrándose con los bonitos color azul de Agi. Le recordaron a los de Char, pero los ojos de Chan no poseían ese tinte depresivo que los ojos del rubio padecían.

 

—Prefiero que tengas el vaso de agua por si acaso, de todos modos, beber agua siempre ayuda a mantenerte hidratada; sé que tu trabajo es demandante, por lo que debes cuidar tu salud —Chan le guiñó un ojo a la rubia, creando una revolución en el sistema de Nanai.

 

 —Eres muy amable, ¿te lo han dicho? —Nanai esbozó una sonrisa genuina, pues su cumplido fue sincero.

 

 —Sí, Amuro menciona que a veces soy muy amable para mi propio bien, yo solo pienso que soy un ser humano decente actuando como se debe. —Se encogió de hombros.

 

 El mesero trajo la comida y las bebidas; además del vaso de agua, Chan pidió un pastel de arándano y un licuado de mango. Ambas agradecieron al mesero quien se retiró de inmediato.

 

—¿Segura que no quieres nada para comer? —Chan tomó una cucharada de su pastel, saboreando el postre.

 

La rubia negó con la cabeza. 

 

—No soy tan fan de las cosas muy dulces, si he de ser honesta— Bebió otra vez de su café. 

—Eso es porque no has probado mi especialidad: gomitas de sandía, a muchos les gustan y creo que puede ser una introducción agradable al mundo de los dulces —Ofreció Chan, al tiempo que el entusiasmo le subía por la garganta. 

 

Nanai encontró tierna la propuesta. 

 

—Acepto, pero advierto; mi paladar es demasiado exigente y puedo ser cruel al dar una crítica culinaria— Ella no se dio cuenta que comenzó a sonreír. 

Chan sonrió también, mientras se echaba un pedazo de postre a la boca. 

 

Entonces, la curiosidad asaltó a la rubia de nuevo. Quiso saber si había motivos ocultos para aquella cita, aparte de cambiar opiniones sobre postres.

 

—No te lo tomes a mal, Chan; me la estoy pasando muy bien contigo pero ¿Cuál es el objetivo de esta cita? ¿Vienes con una agenda acaso? — No quiso sonar ruda, pero fue inevitable. 

 

Agi dejó su pastel a un lado, limpiándose la boca con una servilleta. 

 

—Me temía que no preguntaras —Empezó a contestar —Quizá suene raro viniendo de mi parte, pero cuando nos conocimos aquella noche durante la celebración de la tregua entre La Federación y Neo Zeon, me pareciste interesante; en especial cuando contaste el relato de Alejandro Magno y Hefestión—Hizo una breve pausa para después reanudar la conversación —A mí también me gusta la historia, que hoy día poco se conoce y se entiende de ella a estas alturas. Fue... hipnotizante escucharte hablar al respecto. 

 

 

Nanai sintió una calidez en su pecho. 

 

—Y agrego que, quise conversar con posiblemente la única mujer que comprende lo que es estar involucrada en asuntos geopolíticos y bélicos; pese a la paz que gozamos ahora, siempre hay disturbios y me aterra la idea de revivir algo similar. Ser una mujer en este nuestros puestos no es cosa fácil, así que-...

 

—Así que quisiste compartir la carga con alguien más, ¿no es verdad? —Dedujo Miguel, cruzándose de brazos—. No te culpo, ciertamente es agotador este ambiente hostil, en especial con hombres necios como Char e intuyo que Amuro. Se creen que lo saben todo, pero siempre están buscando consejos; nadie mejor para dárselos que una mujer bien estudiada, y eso les puede dar más miedo que un MS y su piloto—Declaró Nanai, no se había dado cuenta que sus palabras pesaban en su lengua, y se sintió ligera cuando las expulsó. 

 

 

Chan abrió los ojos sorprendida, al tiempo que procesaba la confesión de la rubia; no esperaba que Nanai se expresara de manera tan honesta, lo que otorgó un sentimiento de entendimiento recíproco.

 

—Vaya que sí compartes mi sentir, ¿eh? —Chan colocó su barbilla sobre su palma, siendo una descarada en apreciar la belleza de Nanai. 

 

Nanai usaba un outfit de un color beige, algo sencillo y sofisticado al mismo tiempo; el saco acentuaba los pechos de la rubia y el pantalón se ajustaba de forma cómoda. Y aun si era una vestimenta modesta, era una diosa bajada del Olimpo. Char Aznable tenía buen gusto con las mujeres.

 

Chan se sonrojó cuando se dio cuenta de lo que estaba pensando, por lo que volvió a ingerir su bebida, canalizando su emoción de manera mundana.

 

—Si te place puedes acompañarme algún día a un museo; sé que existen pocos tesoros auténticos que los arqueólogos lograron rescatar sobre las civilizaciones antiguas y otras piezas infravaloradas —Nanai Miguel se sentía cómoda hablando con Chan para ese momento, la rubia se inclinó hacia ella por instinto sin percatarse del gesto.

 

—¿Podría… probar un pedazo de tu pastel? —Nanai puso un mechón de cabello tras su oreja, manteniendo contacto visual con Chan.

 

—Desde luego— Chan no pudo ocultar su sonrisa expectante; cogió la cucharita y lo extendió hacia la rubia, quien al tomar el objeto tomó también la mano de Agi, mientras esta alimentaba a Nanai Miguel como si fueran dos colegialas en una cita romántica.

 

La manera en que Nanai saboreaba ese trozo de postre fue elegante para una acción tan normal como lo era comer; la rubia poseía una finura natural que Chan creyó tener a la personificación de la exquisitez frente suyo.

Las mejillas se le calentaron, haciéndole apartar la mirada y aclarar la garganta.

 

—Intuyo que el pastel es de tu agrado —Chan apartó la mano y dejó la cucharita en el plato, mientras el corazón se le aceleraba otra vez.

 

Usualmente a Nanai le gustaba conseguir su propia cuchara y no contaminarse de saliva ajena, pero aquel postre le hizo olvidar sus principios básicos; o tal vez, Chan fue el motivo de tal cosa.

 

—Mis felicitaciones al chef— Nanai replicó, sin darse cuenta de su propio sonrojo. —Me convenciste, Chan, voy a probar tus gomitas de sandía. Es seguro que me cautive más que este pastel; tengo fe en tus habilidades con las manos —Fue Nanai quien le guiñó el ojo esta vez.

 

La cita fue bien, después de todo.

 

╰───────────✧──────────────╮

 

 

—¿Tienes familia además de Aznable? —Inquirió Chan, mientras caminaba por un parque con la rubia. El cielo ya estaba tapizado de estrellas.

—Hmp, no sé si llamar al Capitán mi familia, pero sí, tengo un hermano llamado George; nos cuidamos mutuamente desde que tengo memoria. ¿Qué hay de ti, Chan?

¿Alguien más te espera en casa que no sea Amuro?

 

Chan suspiró y negó con la cabeza.

 

—Mis padres murieron hace tiempo, y solo veo a mi familia materna cuando puedo ir a visitarlos en vacaciones. Amuro es lo que puedes llamar un hogar, aunque un hogar distraído y adicto al trabajo —Rio sincera — Creo que me comprendes en ese aspecto también.

 

—Sí, Char está siempre ocupado y a veces hay días que no nos vemos—Confesó, pensando en cuán confianzuda se estaba volviendo de pronto —Ya que nuestros hombres nos abandonan con regularidad, deberíamos salir más seguido—Y volvió a sonreír. — Solo si quieres, por supuesto—Añadió rápido, mordiéndose el labio inferior.

 

Las manos de Chan comenzaron a sudar un poco. Dios mío, estaba con Nanai Miguel, con el mismo Amuro o incluso Char. ¿Por qué entonces…?

 

—Será un placer, podemos comer algún helado y visitar los museos después. Si te agrada la idea —Se detuvieron, viéndose frente a frente.

 

El aliento se le atascó en los pulmones a Chan al ver lo preciosa que se vea Nanai con las flores lila detrás de ella; su atractivo era un deleite para la vista humana y Chan no pudo sentirse más embelesada por ello y afortunada por conocer a una mujer del calibre de Nanai Miguel.

 

—Debo marcharme, pues mañana debo presentar algunos informes en oficina y sabes cómo es este lío —Rodó los ojos, riéndose.

—Ha sido un gusto, Chan Agi. Cuídate y espero que podamos encontrarnos pronto. Gracias por la invitación, me divertí demasiado —Nanai le ofreció la mano a Chan, de modo que esta la tomó y tras efectuar el saludo se despidieron.

 

════ ⋆★⋆ ════

 

Nanai se despojó de la ropa que llevaba, se metió a la ducha y se sumergió en la bañera que tenía aromatizantes de canela y manzana. De repente, a su mente acudió la cita que tuvo ese día con Chan y la interacción entre ambas. Jamás pensó que la compañera de Amuro era una mujer con quien hablar de distintas cosas, y tampoco pensó en lo bien que se sintió pasar tiempo con ella. Estaba emocionada por su siguiente cita y el hecho le hizo esbozar una sonrisa más libre, anhelante.

 

—Quiero saber más sobre ti, Chan Agi.

 

Su pulso se aceleró, y sin embargo, no quiso saber por qué fue así, solo lo aceptó y esa noche durmió en el reino de Morfeo con una esperanza arrolladora de origen todavía desconocido.

Notes:

Vivan las sáficas que están en negación al principio y luego se aman, I guess.