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Language:
Español
Stats:
Published:
2024-11-03
Words:
1,116
Chapters:
1/1
Comments:
3
Kudos:
28
Hits:
184

Nunca se dice adiós

Summary:

Lamentaba no poder realizar un bello altar para su madre, pero ella lo entendería. La intención siempre era primero

Notes:

Se me ocurrió de último momento, espero lo disfruten

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Desde que tenía memoria, sabía una cosa con claridad, su madre era la mujer más bella y encantadora que conoció, aquella mujer de rizos castaños, mirada juguetona y sonrisa amable. Siempre bailando y cantando, era alguien que mantenía su corazón en la mano, ofreciendo su ayuda a quien lo necesitaba y compartiendo su amor a los desamparados, no era tonta, en lo absoluto, sabía identificar la maldad de la bondad.

Ella no era de este país, siempre contaba que provenía de tierras cálidas, donde el sol nace y muere.

 

— Nací y crecí en mi lindo México, tierra de dioses y guerreros — su voz baja le daba un toque místico a su narración — Donde la vida y muerte conviven, el canto y llanto bailan el vals, te puedo asegurar mi pequeño alebrije, que es la tierra más extraña que te podrás encontrar —

 

Él deseó ir a ese lugar mágico, le contaba a su mejor amiga con el mismo entusiasmo que sentía cuando su madre le contaba, ella solo escuchaba con aquella emoción. 

 

— Cuando seas más grande, iremos, te llevaré a conocer los ríos que me enseñaron a nadar y las calles que me criaron, te enamorarán sus tradiciones, como la que estamos realizando —

Frente al pequeño se alzaba un altar, una mesa con dos niveles, en el punto más alto, la foto de sus abuelos y su padre, velas acompañaban los niveles de la mesa, flores naranjas brindaban un aroma extraño, comida se encontraba servida y acompañada por una bebida, en el último escalón había algunos objetos, el que más llamó su atención era un pájaro de barro y una calavera decorada con varios colores.

— ¿Para qué es el altar, mamá? — 

— para que tus abuelos y tu padre regresen a este mundo, alebrije — su madre pellizcó sus mejillas mientras le sonreía con cariño.

— pero nunca los veo ¿Estás mintiendo? — 

La mujer se arrodilló frente al niño, sus pulgares acariciaron la pequeña cara —por supuesto que no, yo no haría eso. Sus almas son las que vienen, por eso no los podemos ver, pero si sentir ¿Vez la llama de la vela? — mirando mientras miraba las velas del altar — todas se mueven sin que haya viento, significa que ellos están aquí con nosotros, viendo lo grande que estás — revolvió los cabellos azabaches.

 

Despertó de aquel recuerdo cuando una brisa acarició su rostro, el frío caló las lágrimas que derramó. Era un hermoso y doloroso recuerdo, el último que tuvo de ella, el 3 de noviembre, un devastador ataque kaiju arrasó con el vecindario donde vivían, su madre entre los escombros lo protegió del caos, una sonrisa fue la última acción que le regaló antes. de este mundo, acompañado de su padre y abuelos.

 

— ellos se van el 3 de noviembre, tienen un extenso camino que recorrer para llegar a su destino, puede ser el cielo, puede ser el mictlán, depende mucho de sus creencias — 

 

Logró que Reno le comprara unas velas y una bolsa de dulces, aunque se ganó un interrogatorio que logró esquivar con éxito, desde el 27 de octubre subía a la azotea del lugar y prendía dos velas, ofreciendo un vaso con agua, un pequeño plato de comida, sal y unas flores naranjas. Ofrecía una pequeña oración, agradeciendo y brindando por los dioses del más allá y las almas que han venido.

— … cempasúchil alumbre su trayecto y todo lo que ofrenda sea de su provecho para que entren al fin el descanso eterno — hizo una reverencia, mirando como la vela se consumía lentamente, el viento soplaba con tranquilidad, bailando con la flama y el humo de la vela.

Nuevamente se perdió en su mente, mirando con dolor y nostalgia el brillo ardiente del guía. La puerta de las escaleras se abrió, pero lo ignoro, centrado en los buenos recuerdos que le brindó su madre en su infancia, jugueteando con mucho cuidado aquella calavera, el silbato de la muerte que su padre y madre amaban.

Hoshina Soshiro, vice capitán de la tercera división del cuerpo anti kaiju, se encontró con aquella escena, Hibino Kafka, se encontraba arrodillado frente a un altar, mirando perdidamente las llamas de las velas. Lo había buscado por toda la base, sin ningún éxito.

 

— en la azotea — miro confundido a la capitana Ashiro — buscas al oficial Hibino, está en la azotea — fue lo último que dijo antes de seguir su camino, tardó unos minutos en procesar las palabras, pero las siguió.

 

Se sentó a un lado del mayor, mirando con curiosidad el rostro de su pareja y el altar frente a ellos.

— es un altar para los muertos — murmuró él azabache, no admitiría que eso lo sobresaltó — mi madre decía que era una puerta, un camino para aquellos que ya no están, regresen — 

Miro la tristeza de Kafka, su voz baja cargada de llanto lastimó su corazón, pero tenía curiosidad.

— ¿Tu madre? — 

— ella era mexicana, amaba su país y adoraba su cultura, siempre procuraba realizar cada tradición, una de ellas era el altar — tomó la mano del menor, entrelazando sus dedos con los de él.

— cuando mi padre murió, ella no lloró, le pregunté por qué… —

 

— oh, mi alebrije, él pronto volverá, pero tardará un poco — 

 

— no entendía a qué se refería con eso, ya sabía lo que era la muerte, las personas jamás regresan, pero ella decía que sí, pensé que estaba loca — una de las llamas danzó con intensidad — ella decía la verdad —

Después de unos momentos mientras analizaba las palabras, el mayor separó sus manos, las juntó y agradeció con una reverencia. Apagó las velas y empezó a recoger el altar improvisado, en una pequeña maleta guardó las pertenencias, al tomar la comida le hizo una seña para que se sentará en el banco junto a él. Ambos comieron el platillo.

— no tiene sabor — escucho un resoplido ante su comentario

— eso es porque la comida ya ha sido degustada, cuando las almas comen, la comida deja de tener sabor — tomó otro bocado — es decir que el alma de la comida ya ha sido consumida — 

Ambos caminaron en silencio, se dirigieron al cuarto del menor, preparándose para dormir. Soshiro no durmió esa noche, tenía una inmensa curiosidad por aquella tradición, si pareja la contó con tanto cariño y dolor, que quería saber más, logró escabullirse de los brazos del contrario, algo que no le gustó mucho, tomo su celular para buscar información sobre esa tradición. Varios foros, videos y libros narran la historia de aquella tradición, los altares, el significado de cada cosa y los días en que las almas llegaban.

Tuvo una idea, apenas era 30 de octubre, mañana sería Halloween, por lo que podría aprovechar el pequeño convivio de la tercera división para poner en marcha su plan.

Notes:

Mañana subiré la segunda parte, espero que le haya gustado está primera parte, bye bye