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Language:
Español
Stats:
Published:
2024-11-14
Words:
1,006
Chapters:
1/1
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4
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120
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1,087

Otra vez

Summary:

Cada vez que Leónidas estaba descansando en su hamaca, por alguna razón, el dios del sol de mierda aparecía solo para acurrucarse encima de su cuerpo. 

Work Text:

Cada vez que Leónidas estaba descansando en su hamaca, por alguna razón, el dios del sol de mierda aparecía solo para acurrucarse encima de su cuerpo. 

La primera vez que sucedió eso, Leónidas sin dudar ni por un segundo, había mandado a volar a ese idiota. 

Para su desgracia, el maldito dios no era nada más que persistente en su regreso. 

Así que un día, Leónidas le gritó que se fuera al infierno. 

Pero este cabrón del sol simplemente le dio una sonrisa desagradable y le comenzó a hablar sobre como no le terminaba de gustar el entorno sombrío. 

No hay brillo absoluto. 

Puedes escuchar el alarido de las almas. Así que no es buen lugar para descansar. 

Aunque la decoración tiene su toque

Para terminar, Apolo agregó que recientemente el castillo donde residía el rey del inframundo estaba bajo reparaciones, debido a que un ser misterioso había atravesado algunas paredes. 

Esta más que claro que todo ese balbuceo que había soltado el dios en ese momento le había importado una mierda.

 


 

Entonces, Leónidas decidió tratar de enojar al dios diciendo cosas como: 

"Tu gran cabeza está bloqueando la vista de mi libro." 

"Veo que no tienes nada mejor que hacer hoy que ser un dios perezoso." 

"Sabes, eres muy pesado.

Esto último era más que cierto.

Y Leónidas no solo se estaba refiriendo a su carácter.

La hamaca se balanceaba precariamente bajo el peso combinado y no estaba muy seguro de si aguantaría más movimientos bruscos al tratar de sacarse de encima al maldito dios. 

Ahora que lo piensa, fue una muy buena decisión mover su hamaca a la nueva habitación que le habían concedido. 

Porque lo último que Leónidas necesitaría en este momento era un público, y especialmente no con Apolo encima de él. 

Da igual si se rompe la hamaca, ya que simplemente planea decirle al bastardo que le pague con otra. De hecho, esta vez podría elegir una más resistente y grande. Que se jodan lo dioses. 

"Ah, Leónidas. Tus encantadoras palabras siempre me calientan el corazón," Apolo le dice con una sonrisa de lado, sus ojos dorados brillando con diversión. 

"Ahora, dame un beso." 

Leónidas hará como que no ha escuchado eso. 

"¿Por qué no mejor te bajas para que pueda acomodarte el cerebro?" 

"...Qué mal humor sigues teniendo," La voz del dios es un ronroneo sedoso que le pone los pelos de punta. 

"Pero, puedes intentarlo después de haberme besado." 

Es suficiente. Leónidas inclina un poco la cabeza y le da apenas un roce en los labios al dios. 

La sensación se acaba en un instante, pero la pequeña sonrisa de Apolo sugiere que lo sintió muy bien. 

"¿Y bien, ya puedo deshacerme de ti?” Leónidas pregunta con brusquedad, esperando que este sea el final para que pueda mandar a volar al maldito dios y poder tomar una copa de vino... No, mejor la botella entera. 

"Creo que necesitas trabajar en tu entusiasmo," Apolo responde, su pulgar rozando su labio inferior como si limpiara una mancha que ha quedado. 

Leónidas aparta la mano de Apolo con un gruñido. 

Apolo solo se ríe ante la expresión de Leónidas mientras se aleja de arriba suyo con un salto. Aterriza elegantemente sobre sus pies, sus sandalias apenas hacen ruido contra el piso de mármol de su habitación cuando se da la vuelta para dirigirse hacia la puerta, pero no se va sin antes decir: 

"Volveré otra vez por un beso adecuado." 

 


 

Apolo si vuelve por ese beso. 

Leónidas, con los ojos entrecerrados, acerca sus labios a los de Apolo. 

Esta vez es un 'beso adecuado', así que a regañadientes tendrá que mantener el suficiente contacto. 

Lo primero que nota de los labios del maldito dios es que son suaves. 

Antinaturalmente suaves. 

Y también son cálidos. Bastante cálidos. 

Se abren sin esfuerzo bajo la presión de sus labios, invitando a Leónidas. Apolo se inclina más cerca, sus pestañas rozando contra las mejillas de Leónidas. Su mano, que había estado descansando sobre su pecho, se desliza para enredarse en su cabello corto. 

Su lengua se mueve rápidamente hacia afuera, lamiendo la comisura de la boca de Apolo antes de adentrarse en la cálida caverna. 

Sabe como el vino que le quitó a Leónidas de las manos hace unos minutos. 

El calor de Apolo se filtra en su cuerpo como una gran manta y la sensación le hace cerrar los ojos. 

Puede escuchar la forma en que su respiración se acelera con cada enredo de sus lenguas. 

Es un buen sonido. 

El sonido que el dios emite la siguiente vez es aún mejor cuando una mano de Leónidas se cuela entre los pliegues abiertos de su túnica, sus dedos trazando los firmes contornos de sus piernas desnudas. 

El beso finalmente se rompe cuando Leónidas se aparta con el pecho agitado, los oídos palpitando, los labios húmedos y la nuca caliente. 

Los ojos de Apolo se abren perezosamente, en sus profundidades doradas hay un brillo que enciende sus sentidos. 

"Sabes a humo y tu barba pica como un arbusto espinoso." 

"Bueno, no me vuelvas a besar si es una experiencia tan desagradable para ti, dios de mierda." 

"No me gusta tu tono, Leónidas. Vuelve a poner tu boca sobre mis labios." 

"No recibo ninguna orden." 

"Si no lo haces, te ataré." 

Leónidas suelta una maldición entre dientes mientras se acerca, otra vez, al espacio del dios mandón. 

Esta vez muerde los labios que se quejan de los suyos, un mordisco que hace que Apolo se sobresalte pero no lo hace apartarse. Sus manos ahora están enmarcadas sobre el rostro de Leónidas, sujetándolo con firmeza mientras el beso se profundiza. 

Sus labios siguen siendo suaves y cálidos. 

Sigue sabiendo a vino. 

Y todo su calor sigue filtrándose en su cuerpo. 

Más tarde, Leónidas lo morderá una y otra vez. Pero no solo en los labios sino también en su barbilla, su cuello, su clavícula, sus pectorales... y más abajo, hasta que pueda saborear en la punta de su lengua el temblor que se dispara del cuerpo de Apolo.