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Language:
Español
Series:
Part 15 of Julienzo by KAMISAKI
Stats:
Published:
2024-11-30
Words:
3,529
Chapters:
1/1
Comments:
12
Kudos:
104
Bookmarks:
6
Hits:
676

Motivos

Summary:

¿Y si te cuento los motivos que tengo hoy para vivir?
¿Cómo te explico lo esencial de tu existencia para mí?

Notes:

Buenasssss, aparezco. Ando en medio de mil exámenes pero mi cabeza me EXIGÍA que escriba y publique algo, lo que sea. Y bueno, aquí estoy jiji. Oneshot cortito con temática casorio, espero que les guste<3

Work Text:

 

Julián sentía que el corazón le iba a mil por hora, y eso que aún no había llegado la parte más jodida de todo.

 

Hace ya dos años que estaban en una relación formal con Enzo y hace apenas unos meses que habían decidido blanquearlo al mundo, ahora que estaban juntos en el Atleti y sentían que podían contenerse de la mejor manera posible.

 

Todo iba de maravilla, hasta que Rodri se le acercó un día en los vestuarios y le preguntó, como quien pregunta del clima:

 

“Che, ¿y el casorio para cuando? Avisame que me quiero poner lindo”

 

Julián se quedó recalculando. Como los dos eran hombres, cualquiera podía hacerlo, y al final a ninguno siquiera se le cruzó por la cabeza.

 

Dos semanas después, estaba con Rodri de incógnito en una joyería de prestigio, intentando elegir el anillo más acorde para su novio y, esperaba, futuro marido.

 

¿Y si no quiere? —murmuró, más para sí mismo pero también para Rodri— Porque él tampoco me lo propuso…

 

Rodri soltó una risita —Ay, ay Juli. Mira, si fuera por Enzo se hubieran casado la primera semana que se pusieron de novios. Pero me acuerdo patente que cuando estabas todavía con la yarará, dijiste que todo lo que era matrimonio y eso no te gustaba para nada. Por eso no activó el otro.

 

—Bueeee, pero con la otra no quería. Con él obvio que sí.

 

—Bueno, pero Enzo no es adivino che. Hacelo vos y listo, más fácil.

 

Si, re. Un trámite. Tranqui.

 

Rodri volvió a reírse —Dale, che. ¿Tenés algo en mente o nada?

 

—Quiero algo sencillo. Pensé en dos anillos de plata básicos, capaz con algún grabado y listo. O sea, sin piedra así no nos lo tenemos que sacar para jugar.

 

—Claro, claro… Bueno, podrías elegir uno de estos que tienen detalles en oro muy bonitos. A mi me gusta este, pero bueno, no sé. Vos lo conoces mejor que yo.

 

—Mmm…

 

—Che, ¿y cómo se lo vas a dar? Me imagino que no va a ser así nomás en su casa porque los mato. Mínimo una cena.

 

Julián sonrió —Buenoooo. No, pensaba hacerlo en las vacaciones de verano, allá en Maldivas.

 

—Puede ser, puede ser, lindo.

 

—¿Vos tenes algo mejor en mente?

 

Rodri sonrió —Yyyyy. Los dos son futbolistas, y encima juegan en el mismo club…

 

—Estás en pedo, no, no, no. 

 

—¡Daaaaale! No hay nada más romántico que eso. No se le olvida jamás en la vida, ni él ni nadie.

 

Julián se puso rojo —Rodri, dale. ¿A vos te parece que soy tan caradura para hacer eso?

 

—Uhhh, que poco huevo. Por tu futuro marido encima.

 

—Poco huevo sería si no estuviera acá… —murmuró, avergonzado. 

 

—Mira, hagamos algo. Quedan cuatro meses, como veinte partidos. Si en algún partido metes gol con asistencia de Enzo o al revés, entonces lo haces como te digo yo. Sino queda todo como está y listo. ¿Trato?

 

—¿Qué pretendes vos?

 

—No sé Juli, algo más romántico. Qué ni bien metas gol, uno de los utileros te alcance la cajita y le pidas matrimonio ahí en la cancha, o algo así bien romanticón, bien novelero.

 

—Muchos fanfics andas leyendo vos me parece. ¿Cómo vamos a parar un partido por eso? Nos matan los hinchas, los del otro equipo, el Cholo, todos.

 

—Bueno, entonces agarras un micrófono y lo haces ni bien termine el partido, con una pancarta enorme y globos y-

 

—Amigo, ¿vos andas consumiendo cosas raras de nuevo? ¿Estás en pedo, drogado, algo?

 

—Bue, le sacas todo el romanticismo amigo.

 

Julián suspiró —No es que no quiera hacer algo romántico, porque Enzo se merece el mundo y siempre es muy detallista conmigo y todo, pero yo no soy como él, a mi me re cuesta tener demostraciones de cariño. 

 

—¡Bueno amigo, con más razón! Es la ocasión perfecta para que le demuestres lo mucho que lo amas y que por él podes hacer cosas que no haces siempre. Mira, hagamos un trato. Si en algún partido de los que quedan metes un gol con asistencia de Enzo o al revés, lo haces ahí en el partido, le pedimos a uno de los utileros que nos haga la segunda. Y sino bueno, lo haces ahí en la playa en privado como te gusta a vos. ¿Dale?

 

Rodri le extendió la mano y Julián dudó muchísimo, pero en el fondo pensaba “¿Qué probabilidad hay?” y la apretó, aceptando la tregua.

 

—¡Vamos nomás! Ay, que hermoso. Le voy a pasar la pelota a Enzo cada dos minutos.

 

Julián soltó una risa —¡Eh! No lo hagas a propósito, no seas forro.

 

—Y vos también, si Enzo te pasa la pelota no se la des a otro, patea vos.

 

Julián suspiró, nervioso —Fa, ¿para qué mierda acepté?

 

Rodri soltó una risa y lo zarandeó de los hombros, alegre —Ya está amigo, ya está. Dale, vamos a elegir un anillo para tu maridito.

 

La elección no les llevó tanto tiempo como pensaban y apenas una hora después ya estaban de regreso en la casa de la parejita.

 

—Me lo quedo yo, ¿querés? Yo hablo con Luis, él nos va a ayudar sin drama, si le encantan estas cosas. Además si lo tenés por acá, el otro lo puede encontrar en cualquier momento.

 

—Si, si, si —respondió Julián—. Genial, gracias amigo.

 

—No me agradezcas che, yo estoy re contento por ustedes.

 

Julián sonrió y le dio un corto abrazo antes de bajarse de la camioneta junto a Rodri e ingresar en la casa Álvarez-Fernández. Enzo llegó casi media hora después, volviendo de una sesión de fotos que había tenido ese día, muerto de frío. Se pusieron a merendar algo frente al hogar a leña, fingiendo que no pasaba absolutamente nada, cuando Julián tenía una revolución dentro de su estómago.

 

Los días pasaron y llegó marzo, aumentando un poco la temperatura. Cuando quisieron notarlo, llegó la fecha FIFA.

 

Julián estaba sentado en el colectivo junto a Enzo cuando éste se levantó para ir al baño y Rodri aprovechó para acercarse.

 

Lo traje —murmuró únicamente, y Julián sintió que se moría de la ansiedad.

 

¿Eh? Estás loco.

 

—Boludo, ¿te imaginas? Ahí, en el Monumental, contra Brasil. Clavas un golazo al ángulo con asistencia de tu marido y-

 

La concha de la lora —murmuró, poniéndose nervioso de golpe.

 

—¡Dale, dale! Ya tuvimos esta conversación eh. Voy a hablar con Walter, ¡dale pichón!

 

Julián iba a replicar cuando Rodri se puso de pie y fue hacia la parte de adelante del colectivo, despertando a Walter, y a Scaloni y Aimar de paso. Vio cómo hablaban y de la nada se giraban a verlo, celebrando a la distancia. Julián sentía que se moría de la vergüenza. ¿En qué se había metido?

 

Él amaba a Enzo, no tenía ninguna duda y si fuera por él ya estarían casados, pero se había armado una expectativa que lo tenía al borde del pánico. Y aún así, sentía que Enzo se merecía algo espectacular, que debía consentirlo de esa manera, haciendo algo que usualmente no haría.

 

Enzo se merecía el mundo, según Julián. Y si para estar con él toda la vida tenía que dejar de lado esa timidez y frialdad tan suya, lo haría. Por Enzo.

 

—¿Qué le pasa a ese loco? —dijo, viendo en dirección a Rodri que hablaba sin parar con los tres miembros del equipo técnico, moviendo sus manos como si quisiera explicar algo.

 

—Ah, ni idea. Anda a saber —respondió, acomodándose de nuevo una vez Enzo se sentó y dejó caer su cabeza sobre su pecho.

 

Julián lo abrazó, dejando que se pusiera cómodo, sintiendo que toda tensión y preocupación desaparecía si tenía a Enzo a su lado.

 


 

—Escucha Juli, Rodri me dijo de… lo de ustedes. Me parece hermoso, así que vamos a-

 

—¿Qué cosa? —preguntó Lautaro que estaba a un lado de él.

 

Scaloni lo miró, esperando que hable.

 

—Ah… Bueno, hice una especie de trato con Rodri. Si meto gol con asistencia de Enzo, le tengo que pedir matrimonio ahí en la cancha. Es una locura, ¿no? Yo pensaba algo más tranqui-

 

—¡Jodeme! —soltó, sonriendo ampliamente— ¡No, no! Re lindo, me encanta. ¿Quién lo sabe?

 

—Rodri arrancó con esto, yo no le dije a nadie más… 

 

—Bueno, por esta vez vamos a hacer una excepción y los vamos a tener a los dos los noventa minutos, y voy a hablar con el resto para que estén al tanto de la situación y puedan facilitar-.

 

—Miren como se hace el serio este —dijo Aimar por lo bajo, riéndose—. Más novelero no existe.

 

—Da, Pablo, dale.

 

A pesar de ser un poco tímido, Julián no pudo evitar agradecerle al cuerpo técnico y al resto de los delanteros que se comprometieron en hacer lo posible para que todo vaya según el plan.

 

Pero había un pequeño detalle, y es que a medida que pasaban los días, pareciera que TODO el plantel se enteró que Julián pensaba pedirle matrimonio a su novio, y las miradas que les daban mientras caminaban juntos le ponían los pelos de punta.

 

¡Todavía no sabía si iba a pasar o no! Tranquilamente podría lesionarse el día anterior y pum, a la mierda todo. Sus compañeros lo miraban y le sonreían divertidos con lo nervioso que se ponía.

 

Y Enzo… Bueno, algo estaba notando, pero no sabía bien qué. Tal vez era que hace mucho no se veían con los chicos de la selección y aún no se acostumbraban a que sean pareja, pero no lo creía, hace ya un año que les habían dado la noticia.

 

—Che… —dijo, una vez estaban en la habitación, la noche anterior al partido contra Brasil— ¿Soy yo o están medio raros?

 

Julián se tensó y se le cayó el celular en la cara mientras chusmeaba Instagram, golpeándole la cara.

 

—Ehh si, puede ser… Ni idea.

 

Enzo levantó una ceja —Fa, si no te conoceré eh.

 

—¿Eh?

 

Enzo se levantó y se sentó a un lado de Julián, mirándolo a los ojos —Juli, amor.

 

—¿Qué pasa?

 

—Te conozco hace como ocho años, sé perfectamente cuando estás mintiendo. ¿Qué pasa?

 

—¿Qué pasa de qué?

 

—Dios, que malo que sos mintiendo —dijo, sonriendo—. Daaaale, decime.

 

Julián respiró pesadamente, nervioso. Sabía que no podía mentirle a Enzo.

 

—Che, ¿re tarde, no? ¿Vamos a cenar? —dijo, poniéndose de pie.

 

—Juliáaaaan —insistió con una sonrisa.

 

—No rompas Jeremías —respondió, nervioso, dirigiéndose a la puerta.

 

—Mmm ya vas a ver, ya vas a ver. Me voy a enterar, wachín.

 

—Dios, que intenso que sos —dijo con una sonrisa y se acercó, dándole un beso rápido—. Dale, vamos.

 

Enzo se mordió el labio y lo agarró por la cintura, poniéndolo contra la pared — Como me haces calentar, la puta madre.

 

—Mmm, ¿de qué manera? —sonrió, abrazándolo por el cuello.

 

Enzo empezó a darle un par de besos en el cuello — No sé, adivina.

 

Julián se mordió el labio y se pegó un poco más a Enzo. Bueno, la cena podía esperar.

 


 

Tal vez, jamás había sentido tanta presión en un partido en toda su vida, y eso que había jugado una final de un mundial.

 

El Monumental los recibía como siempre, con grandeza y celebración. Incluso cuando estaban en River junto a Enzo, recordaba cómo los hinchas los recibían con esa ilusión de volver a ganar e incluso de levantar una copa en esa cancha que tantos recuerdos le traía.

 

Miró a Enzo a un lado suyo, mientras cantaban el himno, y sabía que debía hacerlo ese día, en el Monumental, en el lugar donde comenzó todo.

 

Que pase lo que pase, no podía pasar de hoy.

 

El himno terminó y poco después se acomodaron para empezar el partido tan picado contra Brasil.

 

Rodri se le acercó una vez Enzo estaba en su lugar.

 

—Juli, ¿tranqui, si? Si se da joya, sino será en otro momento.

 

Julián respiró, nervioso —Dios, te juro que ni en la final de 2022 estuve tan nervioso. 

 

Rodri soltó una risita —¿Sabes qué Juli? No sé cuando será, pero estoy re contento por ustedes. Posta que son tal para cual y su historia es tan hermosa que todo esto es perfecto. Ustedes dos, conociéndose en River, yendo a Europa casi al mismo tiempo, que se enamoren de a poquito en las eliminatorias, lo del mundial… No sé, es todo tan hermoso. Posta que estoy muy feliz por ustedes. Tranqui, que cuando tenga que ser va a ser.

 

Julián sonrió, un poco más tranquilo —Gracias Rodri. Sos un amigo de oro, gracias.

 

—No me agradezcas, pichón. Relajate che, y suerte.

 

—Igualmente.

 

El árbitro se empezó a acercar a Rodri para que vaya a su lugar, cuando se fue por voluntad propia y poco después dio inicio al partido.

 

En esa ocasión, Scaloni había decidido jugar con un 4-3-3 como casi siempre, solo que esta vez decidió ponerlo a él de nueve, con Nico Gonzalez y Giuliano a cada lado suyo. Ya había probado esa formación un par de veces, más aún luego del retiro de Di María y las constantes lesiones de Messi. Aunque fuera pleno 2026, la formación no había cambiado demasiado a comparación de cuando salieron campeones de América por última vez.

 

Con la mente en el partido, Julián se sentía cómodo jugando en su posición natural, pero los nervios no lo ayudaban para nada.

 

(...)

 

Enzo se acercó a felicitarlo, abrazándolo con fuerza. Julián había metido el gol que había definido la victoria sobre el equipo brasilero; uno a cero en el minuto ochenta y siete.

 

Gol de Julián, asistencia de Giuliano .

 

Su compañero del Atleti lo miraba apretando los dientes, un poco apenado, porque era consciente del trato que había pactado con Rodri. Aún así, Julián le sonrió mientras se sumaba a ese festejo de gol.

 

Una vez estaban regresando a sus lugares, pudo ver cómo Rodri le pegaba una patada en el culo a Giuliano, sabiendo que habían perdido una oportunidad de oro.

 

Julián por su lado no estaba enojado, porque sabía que Giuliano no sería capaz de hacerlo a propósito y le importaba un poco más la victoria ante Brasil que algo que podía pasar en cualquier momento.

 

Apenas unos minutos después, el partido finalizó y Julián se alejó de todos sus compañeros que lo buscaban para volver a celebrar por la victoria gracias a su gol. Llegó corriendo hasta Walter y no tuvo que decir nada que le alcanzó la cajita que había comprado hace ya dos meses, un poco de incógnito, haciendo carpa con las manos.

 

—¡Dale, campeón! —exclamó, dándole ánimos, apretando sus hombros. El resto de los compañeros que estaban por ahí también se sumaron al griterío y cuando se giró, casi se infarta, viendo a sus compañeros haciéndole un pasillo hasta llegar a Enzo.

 

Con el corazón a mil por hora, se acercó a Enzo que estaba saludando hacia el balcón donde estaban sus hijos. Al aparecer en su campo de visión, volvió a abrazarlo, levantándolo en el aire.

 

Llegados ya a este punto, todo el mundo salvo Enzo eran conscientes de lo que estaba por pasar.

 

—¡Mi goleador! —dijo eufórico, dándole varios besos en la cabeza. Habían decidido entre los dos dejar las muestras de amor más grandes en privado, pero por primera vez Julián iba a romper esa regla.

 

Por primera y última vez.

 

Sonrió, abrazándolo, apretando esa cajita con fuerza. Al separarse, puso esa mano detrás de su espalda, muy disimuladamente.

 

—Enzo —empezó, intentando repetir ese discurso que había practicado mil y un veces frente al espejo, pero no podía recordar ni una sola palabra.

 

Enzo estaba enfrente suyo, sonriendo con esos dientes color blanco pasta dental, y con el Monumental de fondo, y sentía que no había una única manera de decir las cosas.

 

—¿Qué pasa amor? —dijo, acercándose un poco más.

 

—El Monumental me hace recordar muchas cosas hermosas, ¿sabes? Como la primera vez que jugamos los dos juntos.

 

Enzo sonrió. Era normal en Julián ponerse nostálgico a veces, lo hacía todo el tiempo.

 

—Si… Que lindos recuerdos.

 

—Y me hace dar cuenta de hace cuanto tiempo que estoy enamorado de vos… Son muchos años, pero a veces se me olvida.

 

Enzo sonrió aún más ampliamente —Que lindo, amor. ¿Desde cuándo, eh?

 

—Y… Me empezaste a llamar la atención cuando estábamos jugando acá los dos juntos, pero enamorado, capaz recién cuando empezamos a encontrarnos en la selección. Por eso, estar jugando con la de Argentina en el Monumental… Es un montón de recuerdos.

 

Enzo sonrió, mordiéndose un labio, pasado de alegría. 

 

—Y… Bueno, sabes que a mi me cuesta un poquito hablar de estas cosas —dijo, un poco tímido—. Pero así, pensando y con tantos recuerdos hermosos, me di cuenta que te quiero en mi vida para siempre, que desde que te conozco y estoy de esta manera con vos es que soy mucho más feliz y-

 

De repente, la música de cumbia que siempre sonaba cuando finalizaban los partidos se interrumpió y empezó a sonar una canción mucho más romántica. 

 

Y si te cuento los motivos

Que tengo hoy para vivir

Cómo te explico lo esencial

De tu existencia para mí

 

La cabeza de Enzo empezó a ir a mil por hora. Estaba sonando música romántica, todos sus compañeros los estaban viendo y las pantallas del Monumental los enfocaban a ellos.

 

¿Juli? — soltó, sintiendo que se le escapaba el aire.

 

—Enzo, te amo un montonazo, como nunca amé a nadie. Jamás pensé que haría tantas locuras por nadie, y vos sos el que me impulsa a ser mí mejor versión. Me ayudaste cuando me sentía tan solo en el City y viajabas desde Londres a Manchester para hacerme compañía por un ratito, cuando me diste el empujón para mandar a la mierda a Pep y me fui al Atleti, cuando lo enfrentaste al Cholo porque no me ponía nunca de nueve… Gracias a vos soy lo que soy ahora y-

 

Llevas la luz de mi bandera

Y el don de la sinceridad

Confío más en vos que en todo

Lo que pueda imaginar, ah, ah

 

Cuando alzó la mirada, Enzo estaba reteniendo las lágrimas como podía.

 

—Y sos tan importante y tan especial para mi, que no me imagino en un mundo sin vos. Y estamos acá en el Monumental, donde empezó todo, y con la camiseta de Argentina, que fue la que me enamoró de vos.

 

Julián… — lloriqueaba Enzo, totalmente sensibilizado.

 

Con las manos temblando, Julián se arrodilló en frente suyo y alzó la cajita con los anillos ya abierta.

 

No me importa para dónde vas

Yo voy, sin mirar atrás

Si te tengo por delante

Cuando quieras caminar

No me importa dónde vas

Quiero ser tu acompañante

 

Enzo, ¿querés ser mi marido? Yo sé que no necesitamos de un anillo y de todas estas cosas, pero te quiero para toda la vida conmigo, amor mío.

 

Julián no llegó ni siquiera a terminar de hablar que Enzo estaba asintiendo con euforia, llorando con las lágrimas cayendo una tras la otra sin parar.

 

Extendió su mano, también temblorosa, y Julián deslizó uno de los anillos por el dedo anular de él. Era sencillo, de plata con detalles en oro, perfecto.

 

Y como Julián había roto la regla número uno de “no hagamos demostraciones de amor en público”, Enzo decidió romper su segunda regla.

 

Se agachó enfrente de su ahora prometido y lo agarró del rostro con las dos manos, acercándose y dándole un beso con emoción, con amor, con todo el rejunte de emociones que tenía en el pecho.

 

A lo lejos se escuchaba la música, los gritos de sus compañeros celebrando y los hinchas con sus opiniones divididas, pero realmente no podían escuchar nada. Se separaron, viéndose a los ojos con todo el amor del mundo, y sentían que ya no había nada más que decir, que estaban en la cúspide de la felicidad.

 

De repente empezaron a escuchar unos pasos rápidos y cuando miraron al costado, Oli y Benja venían corriendo hacia ellos con los brazos abiertos. Valentina se había quedado un poco más atrás, aplaudiendo con el resto de los hinchas.

 

Los hijos de Enzo los abrazaron a los dos, encantados de que su papá y su papi se vayan a casar. Los cuatro se fundieron en un único abrazo, lleno de sentimentalismo, sin poder parar de llorar.

 

Poco a poco comenzaron a regresar a la realidad y sus compañeros se acercaban a felicitarlos, cada quien con un niño en sus hombros.

 

La noticia recorrió el mundo entero y tuvieron muchas entrevistas en Argentina y en España cuando regresaron, pero realmente no había nada que irrumpiera ese estado de felicidad en el que estaban.

 

Mientras se tengan el uno al otro, sentían que no importaba más nada. Porque miraban ese bendito anillo de plata, que con solo verlo les llevaba a ese partido en River donde jugaron juntos por primera vez y cómo habían llegado hasta donde estaban.

 

Cómo, después de tantos años de descubrimientos, idas, vueltas, separaciones y adversidades, de alguna forma siempre se reencontraban y se buscaban.

 

Y ahora, comprometidos y próximamente casados, entendían que todo tuvo sentido, y si tuvieron que pasar por tantas cosas valía completamente la pena, porque todo eso significaba su felicidad.

 

Los motivos para llegar hasta donde estaban ahora.



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