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Category:
Fandoms:
Relationship:
Characters:
Language:
Español
Stats:
Published:
2016-03-01
Completed:
2016-05-02
Words:
21,430
Chapters:
16/16
Comments:
26
Kudos:
67
Bookmarks:
1
Hits:
3,241

I kissed the Prince and I liked it

Summary:

Una terrible maldición ha caído sobre RockandRoll, ¿será el amor suficiente para romperla?

Chapter 1: Like a Virgin

Chapter Text

Capítulo 1

Like a Virgin

 

Dos horas.


Había doblado y reorganizado toda la ropa de su armario. Primero por tipo, luego por colores. Había barrido y fregado el suelo de madera de su diminuta habitación. También había hecho y deshecho la cama en la que ahora se hallaba al menos 5 veces. Sus rasgados ojos reseguían cada motita que destacaba en el blanco techo preguntándose si debería limpiarlo también.


El príncipe jamás llegaba tarde a sus encuentros. Cada minuto que pasaba sin que él apareciera se le clavaba como un alfiler en la garganta. Y no era sólo eso. Algo lo inquietaba desde hacía rato. La suave brisa de una despuntante primavera se filtraba por la ventana y le acariciaba la mejilla. Y había algo de intranquilo en ella. Algo que le apretaba el corazón y le repetía entre susurros una y otra vez que algo no iba bien.


De repente lo supo. Y fue como el relámpago que desata la tormenta.


La música. El rock and roll se había detenido. Que en RockandRoll dejara de sonar rock and roll no era algo precisamente bueno. De hecho, era algo terrible. Aquél silencio se colaba en la brisa y en los rayos de sol. Se fundía con el canto de los pájaros y en las nubes, tiñéndolo todo de malos presagios.


Han se levantó de un saltó de la cama y se precipitó escaleras abajo. En el silencio, podía escuchar las escaleras crujir bajo el peso de sus pies desnudos.

Al llegar al restaurante de la posada vislumbró al propietario del local silbando y limpiando, tranquilamente, las copas tras la barra. Era atlético y él mismo se encargaba de que todos se dieran cuenta de ello vistiendo esos chalecos militares que dejaban sus brazos al descubierto.


Han se precipitó hacía él, apoyando los codos y parte del torso encima de la barra.


-¿Qué está ocurriendo? ¿Porqué dejó de sonar la música? - Increpó


Él se giró tranquilamente. Entre sus manos llevaba una gran copa de cristal que limpiaba cariñosamente.


-Tranquilo fiera, me vas a asustar a la clientela.


Han miró a su alrededor. La posada estaba completamente vacía. Algunas jarras de madera aún reposaban sobre las mesas. Otras, yacían tiradas por el suelo. El paisaje era desolador.


-¡Cuéntame ahora mismo que ha pasado! - Han apretó los puños encarándose otra vez con el propietario.


-Eeh chiquitín, esos modales. Has tardado bastante en darte cuenta de ello, ya se te ha adelantado la ciudad al completo.


-¡Desembucha, maldito seas! -espetó Han.


-Uff, hace una semana que tengo la cafetera estropeada... un verdadero coñazo. - el propietario miró a Han de reojo mientras colocaba cuidadosamente la copa en su sitio. Parecía disfrutar con aquello.


-Te la arreglo, ¡suéltalo ya, antes de que me de un ataque!


Una gran sonrisa se dibujó en la cara del tabernero ante la expectativa de tener su máquina arreglada en breves.


-La maldición. El príncipe no ha encontrado su amor verdadero antes de los 21 y por tanto la maldición se ha cumplido.


-¿Una maldición? ¿De qué estás hablando? -Maldición podían ser mil cosas, des de convertirte en un ogro verde, hasta morir o quedar desterrado en una torre olvidada de una isla perdida.


-Lo que oyes. La cosa más patética que ha sucedido en la historia de RockandRoll. Algo mucho más propio de Arcoiris. -Han dio un respingo al escuchar el nombre de ese reino- Aquí, que algo así pase, y ni más ni menos que al príncipe, es una vergüenza. -la cara de asco del tabernero se acentuó y sus musculosos brazos expuestos se contrajeron en una escalofrío de repulsión.- El príncipe debía besar a su media naranja antes de cumplir 21 años o caería víctima de un sueño eterno. Al menos, hasta que este lo encuentre y lo despierte con un beso de amor verdadero. Resumiendo, o encuentra el amor o sigue roque para siempre. Precioso. - y al decir esta última palabra con una mueca de asco en los labios un escalofrío recorrió su espalda.


A Han le había dejado de latir el corazón, al menos, ya no era capaz de sentirlo. Tampoco era capaz de sentir la sangre circulando por sus venas. Sabía que Aritz no creía en el amor, se lo había repetido hasta la saciedad. Y ahora, dulce ironía, si estaba en lo cierto y efectivamente no existía, el único destino que le esperaba era el sueño eterno.
Al ver la expresión de Han, el tabernero suavizó el rostro compadeciéndose de él.


- Lo siento. Eso quiere decir que tu no eres su amor verdadero. Pero seguro que encuentras a otro. Como dicen, hay muchos peces en el mar y muchos tipos duros en RockandRoll.


-¿Y que tiene eso que ver?- Ahora no estaba entendiendo nada. ¿Porque decía Suso aquello? La estupefacción había dado paso a la incomprensión.


-¿Eres tonto? Pues que si fueras el amor de su vida no hubiera caído víctima de la maldición -el tabernero paró, reflexionando sobre sus propias palabras. - A menos que... - ahora miraba a Han y este hubiera jurado que si levantaba más la ceja se le iba a salir de la cara- a menos que nunca os hayáis besado.


Han sintió como las mejillas le empezaban a arder y desvió la mirada. El tabernero prosiguió:


– ¡Oh. Dios. Mío! ¡Nunca os habéis besado! ¡Pero si dormís juntos todas las noches! yo mismo me levanto a abrirle la maldita puerta cada jodida mañana antes de que amanezca. No me lo puedo creer.


Han no sabía donde meterse. Siempre le había parecido bastante estúpido que Aritz se negara a besarle. Pero ahora, con Suso riéndose de él de esa manera, le parecía simplemente patético.


-¡Cállate gilipollas! - gritó.


A Suso le había dado un ataque de risa y estaba en el suelo aguantándose el estomago con las dos manos. No paraba de repetir cosas como "tenéis 10 años" y luego "no, no, hasta los niños de 10 años se dan besos".


Han se hartó del espectáculo y aún descalzo y con la cara encendida se dirigió a grandes zancadas hacía la puerta.


Ya a lo lejos, oyó a Suso gritar entre risas:


-¡Felicidades! Aún puede que seas su amor verdadero.