Actions

Work Header

The Sullen Prince

Summary:

Viserys siempre creyó que estaba destinado a la grandeza, pero los dioses tienen formas muy retorcidas de demostrarle lo contrario.

Notes:

Hola lectores de AO3!
Este será mi primer humilde aporte a la plataforma y al fandom.
Porque si algo nos ha enseñado la serie, aunque esa no haya sido su intención, es que el único Targaryen realmente apto para gobernar Poniente siempre ha sido Daemon, así que quiero explorar la idea de cómo sería si tuviera la oportunidad y Viserys obtuviera lo que realmente merecía.
Disfruten la lectura!
Y Feliz Navidad! 🎄🎄

Chapter 1: El heredero del heredero

Chapter Text

 


—¡Fue a propósito! ¡Lo hizo a propósito! ¡Él intentó matarme!

Los gritos del príncipe Viserys resonaron por toda la Fortaleza Roja mientras esté era trasladado lo más rápido posible por dos maestres y dos guardias reales mientras era seguido de cerca por su padre, el príncipe Baelon, que poco podía hacer para consolarlo mientras la sangre roja y espesa se acumulaba bajo su cuerpo.

—¡Fue a propósito! ¡Lo hizo a propósito! —siguió gritando el príncipe mayor, hasta que sus gritos llenos de rabia, desesperación y angustia al fin fueron acallados cuando las pesadas puertas de la cámara de curación se cerraron detrás de él y los guardias que lo transportaron hasta allí, luego de dejar un rastro de sangre espesa y brillante a través de la Fortaleza Roja, y a un preocupado e impotente Baelon tras ellos. Pero no solo a él, sino también a su aterrado hijo menor, el joven príncipe Daemon, quién a pesar de estar ileso parecía más asustado y preocupado que su hermano, con lágrimas en sus ojos abiertos como platos, y temblando de pies a cabeza, incapaz de poder enfocar la mirada en cualquier punto que no fueran los intrincado patrones que decoraban las puertas frente a él. Baelon entonces suspiró y se inclinó hacia su hijo menor, intentando calmar los latidos de su atribulado corazón para inclinarse hacia Daemon e intentar consolarse a sí mismo para poder consolarlo a él.

—No escuches a tu hermano, hijo. Fue un accidente, no fue tu culpa —fue lo único que pudo decir el príncipe de la primavera, poniendo ambas palmas sobre los hombros de Daemon antes de quitarlas de inmediato, intentando inútilmente limpiarse las manos en su jubón al verlas manchadas de la sangre de su otro hijo. El príncipe Daemon, de apenas uno y diez años, sin embargo, ni siquiera reaccionó, manteniéndose con la vista fija en las puertas por donde su hermano acababa de desaparecer, con sangre por todo el rostro y su afilada espada obstinadamente sujeta a su puño derecho, como si fuera incapaz de soltarla —Daemon, hijo mío...

Con cuidado y delicadeza, Baelon desenredó los dedos de su hijo menor de la empuñadura y arrojó el arma lejos de ambos, logrando que Daemon finalmente reaccionara ante el estridente sonido del metal golpeando la piedra, abrazándose a su padre mientras temblaba de pies a cabeza. Y el príncipe heredero solo pudo regresarle el gesto y abrazarlo con fuerza, rezando a todos los dioses, ándalos, valyrios o norteños, para que su hijo mayor, el primer fruto de su amor y el de su amada Alyssa, no fuera reclamado también por el Extraño como pobre madre, y su benévolo hermano Aemon hacía apenas una luna, o el corazón de Baelon, así como el de sus padres, no podría resistirlo.

 

🍁🍁🍁

—He hablado con Daemon en mis aposentos durante la mañana —informó el rey Jaehaerys a su familia y su Mano mientras jugaba con los pesados anillos de oro entre sus dedos. Aunque cansado, Baelon notó que se veía de mejor humor desde el asesinato de su hijo mayor, o al menos había recuperado cierto brío que tenía antes de la muerte de su heredero —Todavía está algo afligido, pero es solo niño. Sin embargo, y a pesar de las circunstancias, hemos tenido una charla muy interesante, y creo que he llegado a un buen entendimiento con mi nieto.

—¿Qué clase de charla pudiste tener con un niño de apenas un año y una década que te llevó toda una mañana, esposo? —preguntó la reina, frunciendo el ceño con confusión ante el inesperado comentario. Su esposo, sin embargo, ignoró la pregunta.

—Eso no es importante. Lo que importa ahora es que lo pasó lo cambia todo —suspiró el rey con pesadez mientras extendía su copa para que el sirviente de la cámara volviera a llenarla de dulce vino dorniense, provocando que un denso silencio se apropiara del ambiente por varios tensos segundos —Ahora mí nuevo heredero también necesita un heredero.

Jaehaerys no parecía molesto por lo que había sucedido, tampoco sorprendido, sino más bien algo indiferente y resignado, como si sus ojos ya hubieran presenciado demasiadas tragedias familiares como para conmoverse. Y no era para menos, pues la repentina muerte de Aemon todavía pesaba sobre los hombros de toda la familia real, y que ahora su nuevo heredero casi perdiera a su heredero propio no hacía nada para cerrar la herida. Sin embargo, el rey se mostraba tan estoico como era de esperarse de un rey, aunque su flamante heredero, por otra parte, apenas si podía disimular el dolor en sus facciones pálidas y compungidas.

—Viserys está vivo, padre —murmuró Baelon, con algo de reproche, sentado a su derecha —Eso es lo importante.

—No, lo realmente importante es que él nunca podrá tener hijos —intervino la reina Alyssane, con voz apática y resentida, como había comenzado a dirigirse hacia Baelon desde el cambio de sucesión —El heredero del heredero no podrá proporcionar niños al reino, Baelon, ¿de qué sirve que siga con vida?

—¡Madre! —se escandalizó el príncipe de la primavera. Jaehaerys, sin embargo, los ignoró a ambos, pareciendo mucho más preocupado por otra cuestión.

—Dime, Barth, ¿estamos completamente seguros de que eso es así?

El septón Barth, sentado a su derecha, se aclaró la garganta con incomodidad, y se ajustó la túnica antes de contestar.

—Bastante, su Alteza, dado que, aunque la virilidad del joven príncipe permanece intacta, la zona donde se… produce la semilla de un hombre fue directamente extirpada por la hoja de la espada. Por lo demás, tendrá dolor por un tiempo, pero los maestres creen que podrá recuperar la salud pronto.

—¿O sea que todavía conserva su polla? —preguntó la reina sin ningún tipo de mortificación, contrario al la Mano del Rey al responderle:

—Así es, Su Gracia.

—¿Y aun así no podrá engendrar un heredero?

—Bueno, el miembro masculino es un apéndice diferente. No soy experto en anatomía, Excelencia, pero como septón y hombre puedo asegurarle que un miembro masculino por sí solo no produce semilla.

—¿Entonces de qué le sirve? —se burló la única mujer en la habitación con crueldad, ganándose una mirada decepcionada de su hijo.

—Madre... —Baelon gruñó, pero la mujer, obstinada como era, no le hizo caso, sino que su atención se fue rápidamente hacia otro punto, casi haciéndola saltar de su asiento hacia su marido.

—Rhaenys tiene un heredero fuerte y sano, Jaehaerys —comenzó la mujer, tomando el brazo del rey con gesto suplicante —Esta es una señal de los dioses... ¡La sucesión debe ser asegurada!

—¿Sucesión? —se burló su esposo, de poco humor para la insistente perorata de la reina —Hasta donde sé, Baelon tiene dos hijos, ¿no es así? Y el otro está completo, y muy fuerte y sano, según he oído.

—¿Daemon? —bufó la reina, alejándose de su esposo como si su cercanía, de repente, le quemara —¡Ese niño es impetuoso e incontrolable, jamás será un buen rey! ¡Sin contar que acaba de extirparle las bolas a su propio hermano mayor!

—¡Fue un accidente! —harto ante las flagrantes faltas de respeto hacia sus hijos, Baelon golpeó la mesa con sus pesadas manos para callar a la reina y captar la atención de todos los presentes sobre sí mismo —¡Daemon nunca dañaría a su hermano a propósito! ¡Ellos comparten la misma sangre, y se aman por sobre todas las cosas!

—¿Cómo le cortas las pelotas a alguien por accidente? —Alyssane insistió, molesta también por la repentina valentía de su hijo al contradecirla, pero sobre todo furiosa ante la falta de reprimenda de parte de su marido por ello, que seguía perdido en alguna parte de su mente intranquila y analítica.

Baelon, por su parte, enrojecido por la rabia, la miró directamente a los ojos, algo que casi nunca hacía.

—Yo estaba ahí, Madre. Mis hijos estaban entrenando con espadas de acero en lugar de las usuales para entrenamiento. Daemon ganó el encuentro, pero Viserys desobedeció las órdenes de ser Harrold y lo atacó estando de espaldas. Daemon volteó con su espada todavía en la mano y Viserys se apuñaló a sí mismo debido a su tonto acto impulsivo. Su hermano no lo hizo a propósito. ¡Él nunca dañaría a su hermano a propósito!

—¿Eso fue lo que pasó? —preguntó el rey a ser Harrold, quien estaba de pie cerca de la entrada junto a ser Podrick Selmy, llevando toda la atención hacia este. 

—Así fue, mi Rey —asintió, haciendo rechinar su pesada armadura ante el movimiento —No fue más que un lamentable accidente, pues el príncipe Daemon nunca lastimaría a su hermano, puedo jurarlo.

—¿Y Viserys?

—¿Alteza?

—¿Intentó él realmente atacar a su hermano menor con una espada real? —Ser Harrold asintió una vez más —¿Por qué no estaban usando espadas de entrenamiento? ¿De quién fue el descuido?

—El príncipe Daemon ha estado entrenando con espadas reales desde hace unas lunas, Su Gracia —anunció ser Selmy —Eso es lo apropiado a esta edad, para que su brazo se acostumbre al peso y el balance de una.

—¿Y Viserys por qué tenía una? Hasta donde sé, el chico nunca se ha mostrado interesado en convertirse en un guerrero.

Ante la pregunta, ambos guardias intercambiaron una mirada.

—Bueno... El príncipe Viserys fue quien se acercó al campo de entrenamiento, y quiso usar una espada real también al ver que su hermano ya no usaba las de madera.

—Y después desafió a su hermano —añadió Lord Selmy —Y el resto fue como el príncipe lo dijo, su Alteza. El príncipe Daemon ganó los primeros dos encuentros, y a su hermano mayor no pareció gustarle...

—Vaya chico listo —suspiró el rey, saliendo de su cavilaciones mientras se terminaba su vino de un sorbo, ya harto del tema —Bien, dado que ya todos estamos al tanto del asunto, la resolución es fácil: Viserys ya no puede ser tu heredero, Baelon —anunció el rey, golpeando la mesa con su copa de oro —Enviaremos cuervos a todo Poniente anunciando a Daemon como tu nuevo heredero, y quién ascenderá al Trono de Hierro a tu muerte.

—Mi rey, temo que debo protestar —expresó Baelon con urgencia, volviendo a su lugar y postura sumisa habitual de inmediato —Viserys no podrá producir hijos, pero no veo cómo eso pueda ser un problema. Él puede ascender al trono a mi muerte, y convertir a Daemon en su heredero. Si lo quitas de la línea de sucesión eso solo creará más resentimiento entre ellos.

—¿Y generar todavía más inestabilidad en la sucesión? —Jaehaerys negó con la cabeza con terquedad —Tu hijo perdió sus pelotas por intentar atacar a su hermano menor en un acto de impulsividad e idiotez que demuestran que no será un buen candidato para gobernar. De hecho, quizá lo que pasó haya sido bueno. Ha salvado al reino de un rey de carácter débil, o lo que es peor, uno cobarde.

—¡Pero padre...!

—No hay nada más que discutir al respecto —puntualizó el rey, poniéndose de pie y obligando a todos en la habitación a hacer lo mismo —No dejaré que alguien como Viserys se siente en el Trono de Hierro. Ya tuvimos suficiente con Maegor y Aenys —sentenció —. Así que, desde hoy, Daemon es tu heredero, y por consiguiente él se sentará en el Trono de Hierro a tu muerte, así como sus hijos después de él. Y mí palabra es ley, por lo que no quiero escuchar nada más al respecto —sentenció. Sin embargo, su reina aún no había terminado:

—¿Y qué pasará con el matrimonio de Viserys? —Alyssane murmuró entre dientes, como si necesitara recordarles ese detalle a todos los presentes —Sabes que he planeado la unión con el Valle a través de su matrimonio con la hija de Daella por años. Y tenía pensado que Daemon desposara a Lady Rhea Royce, de esa forma afianzaríamos...

—Oh, por favor, Alyssane, no voy a forzar a una mujer Targaryen a desposar a un hombre que no pueda darle hijos —el rey se burló de su esposa —. Y lo de casar a Daemon con la chica Royce, esa idea es todavía más estúpida.

—¡Pero ya he hablado con su padre, Jaehaerys! ¡Y despreciar a los Royce...!

—No pondré una corona sobre una mujer una década más vieja que nuestro nieto —Jaehaerys, por primera vez, fue inflexible con su esposa—. Daemon necesita una esposa apropiada. Cásala con Aemma si tanto deseas unirnos con el Valle, o con Gael, pero no casaré al heredero de mi heredero con la hija de una casa menor. El heredero de mi heredero necesita una esposa Targaryen.

—¡Pero Jaehaerys! ¡Le hice una promesa a Lord Royce! —estalló la reina, haciendo su esposo bufara con cansancio y enojo.

—¿A nombre de quién? No recuerdo haber aprobado ese matrimonio.

La reina abrió los ojos como si le hubieran dado una bofetada, y Baelon adivinó que uno de sus históricos berrinches estaba cerca, pero el rey debió adivinar lo mismo, porque no le dio tiempo de hacerlo.

—¿Sabes qué? Si tanto quieres compensar a los Royce, entonces casa a Viserys con su hija. Ahora que nunca se sentará en el Trono de Hierro de hecho no me importa. Pero no quiero volver a oír de esa tontería de casar al futuro rey de Poniente con una Royce, o tú y yo tendremos algunos problemas —sentenció, antes de ordenar a los guardias con un gesto que abrieran las puertas para él, y desaparecer por los interminables pasillos de la Fortaleza.