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I watched it begin again

Summary:

Con 28 años y un hijo de cuatro, Jake está decidido a abandonar la idea del amor -por mucho que sus amigos insistan en lo contrario-, porque hay heridas que simplemente no cierran. Cada vez que intenta avanzar, el pasado lo arrastra de vuelta. Cada vez que se atreve a confiar, le rompen el corazón.

Está listo para rendirse, para conformarse con una vida sin más sobresaltos.

Hasta que, un miércoles cualquiera, un alfa de sonrisa dulce y mirada sincera se cruza en su camino y le demuestra que a veces... el amor puede comenzar de nuevo.

Notes:

🫐 Por una cuestión de comodidad escribo a Ni-Ki como Riki, solo en ocasiones especiales usó el apodo artístico.
🫐 Hay una diferencia de edad de 6 años entre Jake (28) y Riki (22).

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Everything has changed 🌼🍁

Chapter Text



Miércoles 4 de septiembre

 

— ¿Con quién hablas? — preguntó Sunoo, tomando asiento ahora que había terminado de acomodar a su hija en la sillita para bebés. Mientras movía uno de los juguetes que sacó para la pequeña Eunnie, sus ojos se enfocaron en la figura del otro omega en la mesa. 

 

—- Con nadie — se apresura a decir Jake, bajando el celular con torpeza hasta dejarlo boca abajo en la mesa y evitando su mirada. Sunoo sonríe con picardía al ver como las orejas del mayor empiezan a teñirse de rojo. 

 

Blossom olía a café recién molido y a pastelería dulce, un aroma cálido y acogedor que parecía abrazarte apenas entrabas. Ideal para el día frío que estaba haciendo. Desde el ventanal donde Sunoo y Jake habían elegido sentarse, la luz tenue de la tarde se filtraba entre hojas amarillas y rojizas que bailaban en el aire, empujadas por un viento juguetón que revolvía el cabello y congelaba a cualquiera que saliera sin abrigo. Dentro, el ambiente estaba lleno de murmullos, risas suaves y el tintinear de cucharas golpeando las tazas.

 

— ¿Te estas hablando con algún alfa? — insite Sunoo — ¿Beta, tal vez? ¿Omega? 

 

Jake está a punto de señalar lo molesto que es que su amigo esté tan obsesionado con su vida romántica, pero conoce a Sunoo. Y sabe lo que vendría: el mismo discurso de siempre sobre superar el pasado, lo lindo que era Jake y lo mucho que merecía a alguien que lo amara. Las segundas oportunidades son importantes, hyung.

 

— No estoy hablando con nadie, Sun. Son solo notificaciones del banco. 

 

Como si el universo estuviera en su contra y quisiera delatarlo, el celular de Jake vibra sobre la madera clara de la mesa. Contiene el impulso de tomarlo, sintiendo la mirada de su amigo todavía siguiendo sus movimientos. Mira por el ventanal para distraerse y seguir con su acto de indiferencia. Afuera, en el pequeño jardín del local, Beomie corre entre los arbustos y decoraciones destinadas para fotos, con Jungwon pisándole los talones. Las risas del niño flotan hasta el interior, arrancando sonrisas al resto de clientes. 

 

El celular vibra otra vez. Jake agradece por sus reflejos, cuando logra tomarlo antes que Sunoo. El omega rubio resopla frustrado. Su hija lo imita, arrancando una sonrisa a ambos adultos. 

 

— Hyuuung, ¿quién es? — insiste, dulcificando la voz y haciendo puchero. 

 

Jake le lanza una servilleta a la cara. Eunha se ríe e intenta lanzar unos de sus juguetes; Jake la detiene a tiempo. 

 

— Ese tono no va a funcionar conmigo. No soy tan débil como Jongseong. 

 

Sunoo pone los ojos en blanco mientras se ríe. No niega la obvia debilidad de su marido por él. 

 

— Solo es Hyunjae — miente Jake, clavando la mirada en la barra de la cafetería donde hay varios pedidos siendo preparados. Uno de los meseros le guiña un ojo, Jake aparta la mirada. 

 

—- Pensé que lo tenías bloqueado — comenta Sunoo con una mueca de asco, está mirando el celular como si pudiera hacerle llegar su disgusto a Hyunjae a través de él. 

 

— Tú y la amenaza que corre afuera con mi hijo lo bloquearon — corrige el omega mayor mirando como su amigo se encoge de hombros. 

 

— Detalles — Sunoo toma su celular y mira hacia el ventanal, sonríe cuando Beomie se acerca lo suficiente para que le saque una foto. Jake aprovecha el momento de distracción para echar una mirada rápida a las notificaciones, su corazón se acelera cuando ve el nombre de cierto alfa. 

 

— Deberías bloquearlo, solo te trae problemas 

 

Jake bloquea la pantalla y se arma de paciencia. 

 

— No puedo hacerlo 

 

Sunoo no responde pero su silencio dice mucho. Jake sabe la opinión de sus amigos sobre Hyunjae, y las conversaciones que involucran al alfa nunca terminan bien, así que agradece que Sunoo no tenga ánimos para tener la misma discusión de siempre. El silencio los envuelve, roto ocasionalmente por el balbuceo de la pequeña Eunnie, hasta que los meseros se acercan con su pedido. 

 

Tazas humeantes, tortas decoradas con crema, frutas y chocolate. Ambos omegas ayudan a los meseros a repartir los pedidos con una sonrisa, Jake evita la mirada y sonrisa coqueta que uno de ellos le da. Sunoo lo patea por debajo de la mesa como reprimenda por su actitud. 

 

Cuando los meseros se van, y mientras Sunoo se encarga de las fotos para las redes, Jake golpea el ventanal con los nudillos, llamando a Jungwon. El omega de cabello oscuro finalmente atrapa a Beomie y lo trae de vuelta, ambos con las mejillas color cereza por el frío y la carrera. Jungwon deja al niño en el asiento junto a Jake y él se sienta al lado de Sunoo.

 

— ¿De que hablaban? - pregunta Jungwon, mientras se saca el abrigo. 

 

— Quiero al lado de Eunnie — dice Beomi, señalando la silla de la bebe. Jake se levanta de su silla para dejarlo pasar, y luego batalla un poco para quitarle la campera antes que el niño pueda empezar a devorar su torta de chocolate. 

 

— Nada nuevo, me quejaba de mi jefa — responde Sunoo, revolviendo su bebida con un suspiro dramático. 

 

Los minutos siguientes se llenan de quejas compartidas, risas y pequeños gestos de complicidad. Incluso Beomie, con sus cachetes manchados de chocolate, interrumpe para presentar su propio reclamo sobre su compañerito que se roba los lápices azules. El niño imita los mismos gestos indignados de su tío Sunoo haciendo que los adultos tengan dificultades para aguantar la risa.  

Eunha reclama  la atención de su appa con un lloriqueo. Sunoo controla la hora en su celular antes de sacarla de la sillita con un “Mi princesa tiene hambre”. Como afirmando las palabras de su appa la bebé tironea del cuello del suéter de Sunoo. Jake deja su taza sobre el plato y se levanta para buscar la mamadera que su amigo había guardado en el cochecito. 

El celular de Jake vuelve a vibrar sobre la mesa, pero esta vez no lo nota, concentrado en escuchar a Jungwon y ayudar a Sunoo con Eunha. Pero Beomie sí. El niño suelta el tenedor y toma el celular de su appa, mirando las notificaciones sin entender del todo... hasta que reconoce la foto de una de sus personas favoritas.

— ¡Appa! ¡Es Riki! — exclama, tirando del brazo de Jake y agitando el celular — ¡Te habla! 

 

Jake lo toma antes de que se le caiga y desbloquea la pantalla. Su corazón se acelera al ver el mensaje del alfa preguntando si el sabado podian tener la noche de películas en su departamento. Beomie esta medio encima suyo mirando la pantalla también, poco le importa el mensaje que tiene a su appa sintiendo mariposas en el estómago, el va directo a lo importante: el icono de videollamada. Jake intenta detenerlo, pero los deditos del niño son más rápidos. 

 

— No creo que pueda contestar ahora, bebe. Está ocupado — murmura Jake. Beomie lo ignora. 

 

— ¡Riki dijo que podía llamarlo cuando yo quiera! ¡Quiero mostrarle mi pastel! — replica el niño como si eso fuera suficiente. Sus ojos brillan con ilusión. 

 

Jake, más por costumbre que por otra cosa, se empieza a preparar para consolar al niño. Se queda congelado cuando Riki acepta la videollamada. El rostro del alfa aparece en pantalla, con una sonrisa suave. Cierra una puerta tras él y sale a un pasillo vacío, Jake sabe que el alfa acaba de salir de su clase para contestar la llamada. Tendra que hablar con él después al respecto. 

 

— ¡Rikiiii! — grita Beomie con alegría, agarrando el celular con ambas manos y volviendo a su lugar. 

 

— Hola, cachorro — responde Riki, su voz grave pero cálida llama la atención de Jungwon y Sunoo. — ¿Dónde estás, esa no parece tu casa? 

 

— Yo y Appa venimos a comer pastel con los tíos — responde Beomie, mueve el celular para mostrar el lugar.  

 

Los tres amigos miran como el niño muestra su porción de pastel de chocolate a medio comer y su bebida con chispas de colores. Riki le sigue la conversación con naturalidad, sin inmutarse cuando Beomie cambia de tema en el medio, 

 

— ¡Riki! — llama el niño frunciendo el ceño e interrumpiendo lo que estaba diciendo sobre su juego con Jungwon. 

 

— ¿Qué pasa, cachorro? — se ríe Riki. Jake tiene que ocultar la sonrisa que se le forma al escucharlo, dándole un sorbo a su té. Sunoo lo mira con curiosidad y cuando su amigo sonríe como el gato de Alicia, Jake sabe que está condenado. 

 

— No conoces a los tios. Appa hace eso de girar la cámara — dice Beomie mirando a su appa, que enseguida lo ayuda. — Este es el tío Wonie — Jungwon levanta la mano — y el tío Sun con Eunnie — Sunoo saluda con una sonrisa — y Appa 

 

Cuando la cámara lo apunta Jake maldice internamente. La reunión con sus amigos había surgido tan de improviso — siempre se reúnen los viernes o sábados —  que no había pensado tanto que ponerse, solo busco algo cómodo y calentito pero presentable. El omega de Jake se lamenta. Si la llamada hubiera sido en otra reunión, como la del sábado del mes anterior, Riki lo vería más producido y tal vez con algo más sexy, y no con un cárdigan grueso color crema que, aunque cómodo, lo envolvía como una nube y no dejaba ver nada de piel. Nada de clavícula. Nada de cintura. 

 

— Hola hyung — saludo Riki interrumpiendo la crisis en la mente del omega — Te ves lindo 

 

La sinceridad y el afecto en el tono lo toman completamente desprevenido. Jake siente el rubor encenderle las mejillas, la piel de las orejas, incluso el cuello escondido bajo el cárdigan. Una sonrisa boba se abre paso en su rostro antes de que pueda evitarlo, así que se oculta entre sus manos. Riki y Beomie se ríen, como si fuera lo más tierno que hubieran visto en el día.

 

Sunoo y Jungwon comparten una mirada. 

 

Beomie cuelga poco después de prometerle a Riki que un día volverán a la cafetería solo ellos tres: Beomie, Riki y Appa. Jake lo ayuda a limpiarse los restos de chocolate de la boca y luego se encuentra con las miradas felinas de sus dos amigos. 

 

— ¿Quién es Riki? — pregunta Sunoo

 

— Nadie — dice Jake, deseando que lo trague la tierra. Ya sabe lo que se viene. 

 

— Nuestro vecino — respondie Beomie feliz, lamiendo la cuchara, y ajeno a la incomodidad de su appa. 

 

— ¿Es atractivo? — comenta Jungwon, haciéndose el inocente 

 

— No — balbucea Jake

 

— ¡No mientas, Appa! Le dijiste a la abuela qué te parece lindo — corrige Beomie con el ceño fruncido — Te escuche 

 

— ¿Desde cuando son tan cercanos? 

 

— No lo somos — dice Jake 

 

Sunoo le pone los ojos en blanco. 

 

— Beomie, ¿tu appa y Riki son amigos?

 

— Si. Y se ríen mucho cuando están juntos. 

 

—¿Te gusta Riki? 

 

— ¡Noooo! — Jake se apresura a responder haciendo que las mesas cercanas los miren. Muerto de vergüenza, el omega oculta su rostro entre sus manos. 

 

— Appa siempre se pone rojo cuando Riki le habla — añade Beomie con una sonrisa angelical mirando a hacia la puerta del local — Tio Wonie, ¿puedo ir a jugar con Gaeul y Maeumi otro día? 

 

Cuando Jungwon asiente, Beomie aplaude feliz. Sunoo se ríe. 

 

— Te quiero Beomie — dice el omega rubio. El niño le sonríe. 

 

— Yo tambien, tio Sun 

 

.・゜゜・  ・゜゜・.

 

El viento azotaba el cabello castaño de Jake, desordenándolo con suavidad. El sol comenzaba a esconderse tras los edificios, tiñendo el cielo de tonos naranja y violeta, dejando paso a una noche fría. 

 

Jake se acurruca aún más dentro de su campera blanca, buscando el calor que ya no se encontraba en el aire. Junto a él, la mano tibia de Jungwon se deslizó hasta encontrar la suya. Sin decir una palabra, la guió hasta el bolsillo de su propia campera — o mejor dicho de Sunghoon, a juzgar lo grande que le quedaba — que estaba cálido gracias a la bolsita térmica. Jake sonrió y respondió con tres apretoncitos. Su pequeño lenguaje secreto. Gracias. Te quiero, 

 

Jungwon apoyó la cabeza en su hombro y Jake se inclinó apenas para recostar la suya sobre la de él. Dejó escapar algunas feromonas, el olor suave a leche de bebé, jazmines y vainilla inundó el aire a su alrededor. Jungwon suspiro aliviado. Su celo estaba cerca, y en ausencia de su alfa, el aroma de su manada elegida era su refugio. 

 

A unos metros, Sunoo se reia mientras le sacaba fotos a Beomie y Eunnie bajo el arco de luces que tenía la cafeteria en el jardin. El niño estaba inclinado sobre el cochecito dandole un beso en la cabeza a la bebe, sus abrigos de osito a juego — regalo del tío Sunghoon — volvian la escena todavia mas tierna. 

 

— ¿Por qué no nos contaste de Riki, hyung? — susurro Jungwon, su voz flotando entre ellos como una hoja cayendo. No sonaba enojado, ni dolido. Solo curioso, tratando de entender que pasaba por la cabeza de su hyung. 

 

— No hay nada que contar, Wonie — respondió Jake, sin moverse. 

 

— Pareciera que te gusta — murmuró de nuevo Jungwon, más bajito esta vez — No hay nada malo en que te guste alguien otra vez

 

Jake suspiró. Su aliento se condensó en el aire frío.

 

— Riki es más chico, Wonie. Incluso más chico que vos — dijo, con un nudo apretándole la garganta. — Tiene toda una vida por delante. Dudo que un alfa joven como él quiera atarse a un omega mayor … y menos con un hijo que no es suyo. 

 

Jungwon no dijo nada. Solo apretó aún más sus manos unidas, como si con ese gesto pudiera borrar las heridas de su hyung, los “no merezco, no soy digno” que Jake arrastraba. 

 

♥ ♡ ♥ ♡ ♥ ♡ ♥ ♡ ♥ ♡ ♥ ♡ ♥  ♡ ♥ ♡ ♥ ♡ ♥

 

Dos meses antes 

.

.

 

Miércoles 10 de julio. 

 

Jake odia los miércoles. 

 

Nada bueno pasa los miércoles. La semana pasada fue el almuerzo con ese cliente alfa que ignoró todo lo que Jake dijo sobre el proyecto. Hoy es un calor insufrible, su estupido ex y los ascensores del edificio. 

 

El aire pegajoso del verano se cuela por las puertas abiertas del edificio como una lengua caliente que lame y derrite todo a su paso, no promete nada bueno a quien esté por aventurarse afuera. El sol todavía cuelga alto en el cielo, lanzando chorros de luz sobre la vereda. Jake siente como el sudor se va enfriando en su piel gracias al aire acondicionado del hall dejándole una sensación pegajosa que lo pone molesto.

 

— Lo lamento, señor Sim, no tenemos fecha de arreglo aún — dice el viejo conserje con la vista clavada en las piernas torneadas del omega. Jake quiere gritarle, pero tiene cosas más urgentes que atender. 

 

— Gracias — dice con una sonrisa de dientes apretados. Se da vuelta siendo plenamente consciente en cómo el viejo se lo está comiendo con la mirada. Jake toma aire para calmarse.

 

Vuelve a los sillones del hall donde su hijo con mejillas rojas y ojos febriles lo espera. El niño estiró sus brazos para que lo cargara, y Jake cumplió. Dejó que el pequeño ocultara el rostro en su cuello, cerca de donde su aroma era más fuerte. El balanceo de lado para hacerlo dormir ya es una respuesta automática para Jake, mientras piensa qué hacer a continuación. 

 

En un día normal, que los ascensores estuvieran averiados no sería para tanto, sería una molestia seguro, pero Jake no se sentiría tan estresado. Pero hoy … hoy fue la gota que colmó el vaso. 

 

Durante la mañana su ex le avisó por mensaje que acortaba las vacaciones y le “devolvía” a su hijo antes de tiempo, como si el niño fuera un paquete mal embalado. Pese a que Jake le pidió que le de una hora aproximada de llegada — necesitaba hacer unas compras antes — el alfa dejó al niño, con fiebre, en manos del conserje porque tenía cosas importantes que hacer. Jake imagino perfectamente que tipo de “cosas importantes”: un brunch con algún omega apenas legal, probablemente. 

 

Así que ahí estaba él, de regreso del supermercado, con tres bolsas llenas de víveres, una mochila de dinosaurios cargada de juguetes, una valija infantil de ruedas flojas y su hijo de cuatro años con fiebre que lloraba cada vez que intentaba bajarlo de sus brazos. Y tenía que subir siete pisos. 

 

Jake odia los miércoles y el universo odia a Jake. 

 

Está a punto de maldecir en voz alta cuando siente una presencia acercarse por su derecha. Un alfa. El aroma fuerte lo delanto. Madera cálida con un toque cítrico, como si alguien hubiera partido una naranja en medio de una cabaña, mezclado con sándalo. Jake frunció el ceño al sentir como su omega se removía interesado. Estaba sudado, enojado, con un niño febril, no era momento de que su omega se interesara por un alfa de aroma atractivo. 

 

Giró la cabeza dispuesto a darle su mirada más amenazadora, cuando lo vio. Y se quedó helado. 

El alfa era más joven que él, quizás por unos años. Era alto, altísimo. Vestía una musculosa negra que revelaba unos hombros anchos, definidos, pero sin exagerar, y una cintura estrecha. Los brazos tenían el músculo justo para imaginarse envueltos en ellos sin temor a ser asfixiado. El pantalon de jean, negro tambien, daban la sensacion de que sus piernas eran infinitas. Y aunque todo eso era un combo visual impresionante, lo que dejó a Jake sin aire fueron los detalles: los ojos almendrados, grandes, oscuros, con una dulzura nerviosa; labios gruesos y rosados; y las manos, grandes, venosas, elegantes, con los dedos largos luciendo varios anillos. 

 

— ¿Necesitas ayuda? — preguntó el desconocido, su voz grave pero suave como terciopelo viejo. La gentileza que contenía el tono hizo que al corazón de Jake le diera un salto. El niño en sus brazos levantó la cabeza, curioso. Olfateando el aire sin disimulo. 

 

Jake solo dudó un segundo. No está en condiciones de rechazar la ayuda y el alfa parecía decente. Se había acercado con cuidado, sin invadir su espacio personal, con una voz suave, sin imponerse como hacen los demás. Había algo en su mirada — un tinte de interés, de deseo contenido — pero expresado con calma, con respeto.   

 

— Si. Por favor — dijo con las palabras deslizándose de su boca más suave de lo que pretendía 

 

El alfa dio un par de pasos hacia él y tomó la valijita primero. Luego estiró la otra mano para recibir las bolsas. Jake se las pasó mientras intentaba no mirar fijamente los músculos tensos y las venas de los antebrazos. Fallo miserablemente. 

 

— ¿Sos nuevo, no? — preguntó Jake, mientras acomodaba a Beomie en su cadera y se colgaba la mochila de dinosaurio en un hombro.

 

— Soy Riki — respondió el alfa con una sonrisa — Me mude oficialmente ayer, al 704. 

 

Jake abrió los ojos sorprendido. 

 

— Qué coincidencia, nosotros somos del 703 — la sonrisa de Riki pareció agrandarse. — Soy Jaeyun o solo Jake. Él es mi hijo, Jaebeom. 

 

Normalmente este era el momento en donde los alfas que Jake encontraba atractivos – y ellos a él – se asustaban y huían. Ninguno quería tener algo que ver con un omega con un hijo de otro. Pero Riki no se mostró asustado, ni borró su sonrisa, ni cambió su mirada. 

 

Riki no huyo. 

 

— Lo imagine. Son iguales — comentó divertido. Sus ojos oscuros se clavaron en Beomie, que todavía lo observaba con curiosidad. — Hola, Jaebeom. Soy Riki, tu nuevo vecino. 

 

El niño saludó con una mano y una sonrisa somnolienta, todavía medio dormido por la fiebre, pero con una expresión relajada que solía reservar sólo para su familia. No se escondió, no arruga la nariz por el olor del alfa. 

 

— Hola …iki — susurra Beomie apoyándose en su appa. 

 

Jake lo noto cómodo. Eso era … raro. 

 

Caminaron hacia las escaleras. Jake mantuvo la puerta abierta para que Riki pasara primero sin problemas, el chico le agradeció en un susurro. Las escaleras eran angostas, calurosas porque el aire acondicionado no llegaba hasta ahí, de paredes crema que reflejaban la luz que entraba por las ventanas que había en cada descanso que indicaba un piso. Subían lento, pero el ritmo era constante. 

 

Jake se sentía algo nervioso por ir delante, aunque no en el mal sentido. Solo … un poco expuesto. Se lamentó por estar usando su viejo par de short deportivos grises. Su ex solía decir que era una vista maravillosa, pero eso fue hace años, cuando tenían veinte y no compartían la tenencia de un niño. Su cuerpo había cambiado durante y después del embarazo. ¿Qué pensaría Riki? ¡Momento! ¿Por qué le interesaba la opinión de un alfa que recién conocía? 

 

Sacudió la cabeza para deshacerse de esa línea de pensamiento. Miró por encima de su hombro encontrándose con los ojos del alfa clavados en su trasero y su labio inferior siendo mordido. El omega de Jake se pavoneó en su interior. 

 

— ¿Cómo te fue con la mudanza? — pregunta Jake, con la voz más baja de lo habitual. Casi como un ronroneo, hace mucho no usaba esa voz.

 

— Tranquila … Conseguí a alguien que la amueblará antes, así que solo fue acomodar mis cosas — la voz de Riki sale algo entrecortada. 

 

— ¿Conociste el barrio? Es tranquilo para ser una zona tan céntrica — dice el omega, frenando en el cuarto piso para reacomodar a Beomie entre sus brazos y tomar un respiro. 

 

Riki se detuvo también, más cerca de lo que tal vez debía. Jake contuvo la respiración por un segundo, sintiendo como su omega se alteraba ante la obvia diferencia de estatura que había entre ambos. El jazmín en su aroma se volvió más notorio haciendo que el alfa arqueara una ceja. Jake desvió la mirada y siguió subiendo. 

 

— Me estoy acostumbrando — Riki retoma la conversación con una sonrisa ladeada. Su aroma también cambió, el sándalo se volvió más fuerte. Evidentemente se había dado cuenta del pequeño sobresalto de Jake. — Está cerca de todo lo que necesito. Es cómodo. 

 

Beomie se removió, buscando acomodarse para mirar a Riki. Apoyó el mentón en el hombro de su appa y clavó sus ojitos en él. 

 

— … Iki  

 

— ¿Qué pasa, cachorro? Ya casi llegamos — responde el alfa con un tono suave y tranquilizador. El niño asintió y se volvió a esconder en el cuello de Jake. 

 

Siguieron en silencio hasta llegar al último descanso, a su derecha una puerta de emergencia con el número siete pintado en neón indicaba que habían llegado a su destino. El séptimo piso los recibió con el aire fresco del pasillo. Los dos adultos soltaron suspiros agradecidos. 

 

Jake caminó hasta su departamento, introdujo el código y abrió la puerta. Riki dejó las cosas a un costado de la puerta, pero sin entrar. Sin invadir. 

 

— ¿Iki …. viene a casa? — susurra Beomie estirando una manito hacia Riki. El pequeño estaba a nada de quedarse dormido, pero seguía moviendo los deditos como si quisiera aferrarse a esa presencia cálida. 

 

— No, bebe. El vive en el departamento del al lado. Solo nos está ayudando — aclara Jake con un puchero por escucharlo tan cansado y débil. 

 

El niño hizo un puchero, idéntico al de su padre. Riki, sin dudar, estiró su mano y dejó que la manito de Beomie tomará la suya. 

 

— Cuando te sientas mejor podemos jugar juntos, cachorro. ¿Qué te parece? — promete Riki en voz baja, con una ternura que hizo eco en el corazón de Jake. Beomie asintió, medio dormido pero dándole una sonrisa al alfa.  

 

Y Jake, por un momento, se olvidó del calor pegajoso, del ascensor roto, de su ex, y de todo el caos en general. Solo existía la sonrisa dulce que Riki le dedicaba a Beomie, la calidez de su mirada cuando levantó la vista y se encontró con la de Jake. 

 

— Gracias — susurro Jake 

 

— Cuando quieras 

 

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Sábado 13 de julio 

 

El aire veraniego estaba cargado del aroma dulce de los jacarandás, pero se sentía denso y la humedad de la ciudad era insoportable. A pesar de eso, Beomie vibraba. El pequeño estaba casi levitando de emoción mientras caminaban las cuadras que separaban su edificio de Orange Flower, la cafetería ubicada en una esquina con toldos a rayas crema y naranjas que tenía las cookies favoritas de Beomie. Las mejores del mundo mundial appa

 

Dentro, el aire olía a café recién molido, manteca caliente y vainilla. El aire acondicionado estaba tan fuerte que Jake tuvo un escalofrío apenas cruzaron las puertas. Era sábado en vacaciones así que la cafetería explotaba de gente: parejas jovenes en citas, grupo de amigos, familias, y algún que otro turista que batallaba con la traducción. Beomie bufó al ver que tenían que hacer fila. 

 

Era el primer día sin fiebre después de una gripe corta pero intensa. Durante esos tres días, Beomie había desarrollado una obsesión con Riki, el nuevo vecino del 704. Esa mañana había levantado a su appa a las ocho de la mañana con los ojos redondos y el corazón puesto en una misión: comprar cookies para regalarle a Riki. Uso todas las estrategias que su tío Sunoo le había enseñado: puchero, ojitos de cachorro, aegyo. Jake no tuvo ninguna oportunidad de resistirse. 

 

Lo desconcertaba cómo Beomie, que solía evitar a los alfas y solo toleraba a unos pocos (todos ellos familia), se había encariñado tan rápido con uno desconocido. Un miércoles cualquiera, el niño conoce a Riki y desde ahí se aferró a él como si lo conociera de toda la vida. 

 

—¡Appa! ¿Qué es esa galleta roja? — preguntó de repente, sacando a Jake de sus pensamientos. 

 

Jake siguió la dirección de su dedito. 

 

— Es de red velvet — respondió. Beomie frunció las cejas. 

 

— ¿Te acordas de la torta roja con blanco que comiste una vez en casa del tío Hoonie? Es del mismo sabor

 

Beomie se quedó pensando, procesando. Después asintió, convencido. 

 

— Hay que llevar de esas tambien — declaro. Y sin previo aviso, le dio un abrazo cálido y rápido. 

 

— Te quiero, appa. 

 

Jake sonrió, sintiendo como su corazón explotaba de ternura. 

 

— Yo también, bebe — Beomie le regaló una sonrisa cuando le revolvió el cabello. 

 

La fila avanzó. Ya solo estaban a dos personas de la caja. Jake escaneó el menú de bebidas escrito con marcador blanco sobre una pizarra negra. Beomie tiró de su camiseta cuatro veces, su código secreto de “quiero que me alces”. Jake lo acomodo en su cadera y siguió con la mirada en el menú. 

 

— Appa, no hay que llevar de esas — susurro, señalando las galletas verdes con chocolate blanco. 

 

— ¿Por que no?

 

Las cookies de matcha, o cualquier cosa de ese polvo verde, tampoco eran las favoritas de Jake, pero estaba en una misión de no imponer sus gustos, así que dejaba que su hijo probara todo lo que quisiera y decidiera el mismo. 

 

— El tío Jay dice que la comida verde es fea. No hay que comerla

Jake va a pegarle a su amigo cuando lo vea. 

—El tío Jay no sabe nada, bebé.

—A Riki no le gustan —insistió Beomie, con seriedad absoluta.

Jake rió  

—¿Cómo sabés eso?

Beomie estaba por contestar, pero una voz lo interrumpió.

— Hola, bienvenidos a Orange Flower. Soy Iroha, ¿que van a llevar? — la cajera, de cabello rosa pastel, los saludo con una sonrisa. Tenía un ligero acento extranjero y Jake no la reconocía, por lo que asumió que era nueva o una empleada de temporada. 

— Hola — respondió Jake amable — Me darias dos ice americanos, una leche frutilla y una promo de cookies 

Iroha anotó rápido, Jake pasó su celular para pagar. Beomie aplaudió emocionado cuando Iroha tomo unas pinzas y abrió el escaparate donde estaban las cookies. 

— ¿Qué cookies? 

— Dame un par de cada sabor, por favor — respondió Jake, bajando a su hijo que se acercó al escaparate.

— Verdes no — dijo Beomie con autoridad. Iroha se rió y asintió mientras alejaba las tenazas de esa bandeja.

.・゜゜・  ・゜゜・

Las puertas del ascensor se abrieron cuando llegó al séptimo piso y Beomie salió disparado hacia el departamento 704 con la caja de cookies en las manos, sostenida como si fuera el mayor tesoro del mundo. 

Frente a la puerta idéntica a la suya, salvo por el número de latón, Jake dudó apenas unos segundos antes de tocar el timbre. Riki abrió unos minutos después con una musculosa blanca y joggers grises. Se veía bien, y el omega de Jake estaba agitado. Parecía sorprendido y emocionado de que Jake estuviera en su puerta. 

— ¡Riki! — grita Beomie levantando la caja — ¡Te trajimos galletas! 

— ¿En serio? — Riki se agacho para estar a la altura del niño y recibió el paquete con una sonrisa. — ¡Gracias, cachorro!

Jake observó la escena con el corazón latiendo un poco más rápido de lo normal. Riki le dio una mirada rápida todavía agachado. 

— Es un regalo de bienvenida atrasado — explica Jake 

— Gracias— responde Riki levantándose y haciéndose a un lado — ¿Quieren desayunar conmigo? 

Antes de que Jake lo pueda pensar, Beomie asintió y entró con paso firme al departamento haciendo que Riki se ría. Jake no tuvo más remedio que seguir a su hijo, al pasar por al lado del alfa pudo sentir como el sándalo aumentaba en intensidad. 

El departamento era identico al de Jake, pero decorado con muebles bajos, sillones de cuero negro, un espejo grande en la sala, era moderno y estetico. Había una playlist de jazz japonés flotando en el aire como un susurro. Beomie ya se había sacado las sandalias y se encontraba inspeccionando la decoración de la sala. 

Riki tomó las bebidas mientras Jake se sacaba su calzado, el suelo fresco lo hizo suspirar. 

— Acomodate donde quieras —

Riki lo mira por debajo del flequillo con tanta intensidad que siente a sus piernas temblar. Hay algo atrapante en la mirada del alfa que no entiende. O en realidad si, pero hace tiempo que nadie lo mira de esa forma. 

Se sentó en el sofá, sin saber si tenía calor por el verano o por la mirada intensa del alfa. Observa como Riki se sentado en el suelo y se inclinaba hacia Beomie para escuchar la explicación sobre las cookies. El que el alfa fuera tan paciente y atento con el niño hacía que un cosquilleo se instalara dentro suyo.