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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-05-30
Updated:
2025-07-20
Words:
38,228
Chapters:
14/?
Comments:
11
Kudos:
51
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2
Hits:
1,222

You would not believe your eyes (If ten million fireflies lit up the world)

Summary:

Solo una continuación de lo que podría pasar después del final de la serie desde el punto de vista de Kiara.

Chapter 1: CAPÍTULO 1

Chapter Text

El frío de Ironwood no se sentía en los huesos como lo hacía en el pecho de Kiara. Lo que había visto seguía dándole vueltas, una y otra vez, como si su cerebro no pudiera soltar la imagen aunque quisiera. El beso. Caitlyn. Curtis.

Caminaban sin rumbo fijo. Alicia no la apuraba. Solo estaba ahí. Igual que siempre.

—¿Quieres decir algo o solo caminar? —preguntó finalmente Alicia, su voz baja, sin juicio.

Kiara negó con la cabeza, sin mirarla. Tenía los labios apretados y los brazos cruzados contra el pecho, como si quisiera protegerse. Caminó unos pasos más antes de detenerse. Alicia también se detuvo y espero en silencio a que Kiara hablara.

—Lo sabía —murmuró—. O… al menos, lo presentía. Pero… —su voz se rompió antes de encontrar el final de esa oración.

Alicia se acercó, apoyando una mano en su hombro, firme, como ancla en una tormenta.

—No tenías cómo saberlo —dijo suavemente—. No te lo esperabas, Ki.

Kiara se encogió de hombros, pero no como alguien que se desentendía. Era un gesto de agotamiento. De contención. De quien sabe que no puede explotar, porque todo lo que saldría sería confuso.

—No éramos nada. Ni ella ni yo… —se interrumpió, como si decirlo en voz alta le hiciera daño—. Nunca me dijo que sentía algo. Tal vez ni siente nada. Tal vez solo soy una amiga…. Tal vez fui una tonta —murmuró.

—Eres más que eso —dijo Alicia con firmeza—. Yo lo veo.

Kiara asintió, tragando saliva.

—¿Estoy siendo ridícula?

—No. Estás siendo humana.

El silencio volvió por un momento, pero esta vez fue menos pesado. Más íntimo.

—A veces pensé que ella lo sentía también. No sé, las miradas, cómo me hablaba… —Su voz se quebró un poco—. Tal vez me lo imaginé todo. Tal vez ella quiere estar con él. Ella lo eligió a él.

Alicia bajó la mirada al suelo. Luego volvió a verla, con esa sinceridad que a Kiara siempre le había hecho sentir segura.

—Entonces te duele, lloras, lo gritas si hace falta. Pero no dejas que eso apague lo que tú eres. Porque tú, Kiara Gibbons, no necesitas que alguien te elija para ser increíble.

El viento sopló entre las dos, arrastrando las hojas secas y el silencio con él. Kiara cerró los ojos un segundo. No lloró. No aún. Pero supo que esa noche iba a doler más de lo que estaba dispuesta a admitir.

*

Durante los primeros minutos de camino, no hablaron. El silencio no era incómodo, solo… necesario. Kiara miraba por la ventana, viendo pasar su propio reflejo entre escaparates, gente que salía de las tiendas con bolsas y luces parpadeando.

Alicia encendió la radio.

Una canción pop antigua llenó el auto. Algo cursi, algo ridículamente animado para ese momento.

Kiara giró la cabeza, alzando una ceja, apenas.

Alicia no dijo nada. Subió el volumen. Y empezó a cantar. No bien, no con intención de lucirse, sino con esa voz chillona y exagerada que usaba cuando quería hacer reír a Kiara. Cambió el tono a uno grave, masculino, luego agudo como si fuera una ardilla con autotune. Hizo un falsete tan absurdo que Kiara tuvo que cubrirse la boca para no reír.

—¿Qué? ¿No te conmueve mi interpretación emocional? —dijo Alicia entre frase y frase, llevándose una mano al pecho como si estuviera actuando en un musical dramático.

Kiara negó con la cabeza, conteniendo la sonrisa. No quería reír. Pero no podía evitarlo.

—Eres insoportable —murmuró, sin poder ocultar que lo decía con cariño.

—Sí, pero irresistible —respondió Alicia, guiñándole un ojo antes de cambiar de personaje y cantar como si fuera una diva de los años cincuenta.

La risa se escapó de los labios de Kiara, pequeña, rota, pero real. Y en ese instante se sintió un poco más ligera, como si alguien le hubiera quitado peso de los hombros solo por un momento.

La canción terminó. El silencio volvió, más amable esta vez.

Cuando llegaron a su casa, el auto se detuvo frente a la entrada.

—¿Vas a estar bien? —preguntó Alicia con suavidad, girándose hacia ella.

Kiara respiró hondo antes de responder.

—Lo intentaré —dijo, con honestidad.

Alicia asintió.

—Llámame si necesitas que vuelva a cantar como sapo —bromeó.

Kiara soltó una risa breve y abrió la puerta.

—Gracias, Ali.

—Siempre —respondió Alicia.

*

La puerta principal se cerró tras ella con un clic suave. Kiara se quedó unos segundos presionada contra la puerta, respirando hondo, como si eso pudiera prepararla para lo que venía después.

Desde la sala llegaba el murmullo de la televisión. Su padre estaba en su sillón favorito, el mismo donde veía los noticieros de Pittsburgh y partidos que no le interesaban realmente, mientras su madre hojeaba alguna revista con la espalda recta y los labios tensos. La escena no había cambiado. Casi como si congelaran el tiempo cada vez que ella salía.

—Ya llegué —dijo Kiara, apenas alzando la voz.

—Hola, cariño —respondió su madre sin apartar la vista de la página, como si ese simple saludo pudiera borrar todo lo que no se decía.

Su padre levantó la vista brevemente y asintió con una sonrisa neutral, de esas que parecen más un gesto político que algo sentido.

Kiara se detuvo en medio del pasillo, dudando si decir algo más. Pero no lo hizo. La barrera invisible entre ellos seguía en pie, construida por silencios, por frases que su madre evitaba y por el modo en que su padre se refería a “fases” con una voz tranquilizadora que no tranquilizaba a nadie.

—¿Cómo estuvo tu día? —preguntó él, como si la pregunta llegara desde una rutina automatizada.

—Bien —mintió.

Se hizo un silencio incómodo. Uno más.

Kiara apretó los labios y comenzó a subir las escaleras. Nadie la detuvo. Nadie preguntó con quién había estado ni por qué se veía tan decaída. Era más fácil para ellos fingir que nada había cambiado, que la versión de ella que conocían aún existía si no la miraban demasiado de cerca.

En su habitación, cerró la puerta y apoyó la espalda contra ella.

Bien.

Qué palabra tan falsa. Tan útil.

Se dejó caer en la cama, con la mirada clavada en el techo. El beso entre Caitlyn y Curtis volvía como un eco molesto, pero ahora se mezclaba con esa otra clase de dolor más antiguo, el que tenía raíces en casa.

Quiso enviarle un mensaje a Alicia. Quiso escribirle a Caitlyn algo, cualquier cosa. Pero solo dejó el teléfono sobre la mesa de noche sin desbloquearlo.

Afuera, Ironwood seguía con su vida. Adentro, Kiara solo quería dejar de sentir que tenía que fingir también.