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Le dolía mentirle a su hermano.
Era una traición directa; pero ¿qué podía hacer? Jamás podría aceptar a un Uchiha compartiendo su mesa. Pero su cama… eso era otro asunto.
Tobirama sentía su cuerpo arder como sólo un usuario del Katon podía sentir su garganta después de un poderoso ninjutsu. Estaba tan jodidamente caliente, y su entrada goteaba, listo para recibir el gran pene de Madara Uchiha, que minutos antes había estado luchando a muerte por ocupar una de las cuevas de formación natural para protegerse de una poderosa tormenta de nieve.
Pero el calor, el maldito calor tenía que llegar a importunarlo.
El segundo heredero Senju no era ajeno al sexo; había compartido la cama con innumerables shinobi, pero ninguno lograba satisfacerlo al cien por ciento, era una tarea difícil siendo alguien tan exigente.
Madara Uchiha lo estaba haciendo bien; tal vez pensaría en dejarlo en su top diez de mejores cogidas que había tenido, pero era demasiado honor para una basura Uchiha como él.
Madara con una sonrisa macabra hundió su rostro en la vulva de Tobirama, no lo hacía nada mal , sentía que la excitación aumentaba con cada beso en su sexo; y su lengua lo recorría por dentro y fuera. Lo había masturbado con tanta maestría que sentía celos de los otros a los cuales se los había hecho también.
Ah~
Ya estaban completamente desnudos, Madara tomó por el cuello a Tobirama, casi dejándolo sin respirar, y se hundió en el con suavidad, se sintió tan cálido de repente; ambos gemidos inundaron la cueva junto con sus respiraciones entrecortadas.
Joder, era tan grande. Lo llenaba perfectamente, como si él fuera el candado y Madara la llave directa de su placer; lo embestía con fuerza, el húmedo sonido era como una sinfonía de degeneración.
Los ojos de Madara eran tan rojos como los de Tobirama, quería grabar este momento para la eternidad; en cómo se cogía a esta putita senju; pero rápidamente se dio cuenta que no sería tan fácil como pensaba; como cualquier senju, era muy duro de roer, lo sujetaba, mordía, lo llenaba con su semilla… y nada parecía terminar de complacerlo.
Mas, más, más. Fuerte. Cógeme más fuerte. Eran las únicas cosas que escuchaba Madara salir de los dulces labios de su amante en toda la reunión. Estaba cansándose de no recibir críticas más constructivas de su parte.
Esta vez cambiaron de posición, Tobirama lo montaba como si fuera una bestia, subiendo y bajando, hundiéndose cada vez más profundo en la longitud del Uchiha; volviendo imposible mantenerse cuerdo ante las sensaciones más placenteras que había tenido en su vida… Ups. Eso jamás saldría de su boca; pero tal vez un orgasmo más no estaría mal.
Su cadera aumentó el ritmo por inercia, y Madara lo sujetó con fuerza sobre su cadera, sus manos tan grandes, y robustas se habían sentido bien en su cuello, pero ahora en su trasero, masajeándolo con fuerza… era muchísimo mejor, lo guiaba impaciente por correrse. Lo sentía, sabía que pronto Madara lo llenaría de nuevo con su semilla; era tan impaciente, quería jugar un poco más.
Se levantó, acercándose a los labios del mayor, besándolos sin preguntar o pedir permiso.
En este momento me perteneces. Pensó
Madara respondió mordiendo sus labios, y un hilo de sangre salió por la boca de Tobirama, que lanzó un puñetazo a la cara de Madara, y para su sorpresa este sólo lamió la sangre que salió de su nariz. Y una punzada sintió de nuevo en su coño vacío; Madara lo acercó robándole un beso de nuevo y utilizando sus dedos bajó de nuevo hasta su entrada. Eso estaba muchísimo mejor.
Y mientras Madara realizaba un pequeño trabajo de Mantenimiento, Tobirama hizo lo mismo. Era un maestro adiestrando penes; era tan bueno que Madara terminó sobre su mano (de nuevo). Qué desperdicio.
Tuvo que sentarse y hundirse de nuevo en él para evitar otro infortunio. Sus padres le habían enseñado a no desperdiciar lo que la naturaleza le daba.
Uno, dos, tres nudos… si, se sentirían bien. Sería suficiente si Madara podía seguir aún su ritmo.
Madara lo tenía gimiendo en cuatro, sujetando su corto cabello plateado; su respiración era fuerte y sus gemidos aún más. Era lo que más excitaba a Tobirama de los sementales alfas, esos sonidos guturales; parecido al sonido que hacía las personas antes de morir; era tan crudo y visceral; joder.
Más fuerte. Más, más, maldito de mierda…
No podía recordar cuantos orgasmos había tenido esa noche; pero si la cantidad exacta de ninja Uchiha había asesinado la última semana.
Tal vez hoy no sumaría uno más a su contador.
