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Con los tonos cálidos saliendo del Este y entrando a la ventana de una chica castalla que se encontraba dormida bajo sus sábanas blancas; la luz cae directo en su rostro como un cosquilleo obligándola a removerse entre el cobijado; parpadeando con molestia y abriendo sus ojos color ámbar, visualizo su mesita de noche donde se encontraba su despertador que marcaba las 7:20 a.m.
—Un rato más... Aún no suena la alarma—. Murmuro adormilada, tapando su rostro con las cobijas a su merced.
Bip-bip-bip-bip... (7:30 a.m. la alarma sonó).
No le quedó más de otra que levantarse perezosa de su cama, apagó la alarma y se dirigió a llevar a cabo su rutina mañanera.
Al acabar de vestirse, siendo su elección una blusa blanca cuello v, mangas tres cuartos y ombliguera; un short verde oliva bordado con flores; y sus mocasines café con sus calcetines blancos visibles. Posteriormente coloco todo lo que ocuparía en su mochila para el día de hoy. Estaba lista para ir a trabajar.
Bajo las escaleras y se dirigió directo hacia la cocina, donde su abuelo ya le estaba esperando para el desayuno, anunciando su entrada:
—Buenos días abuelo—.
—Buenos días Nasiens, ven sientate ya tengo listo el té y el pan—. Señalo el anciano una de las sillas del comedor donde se encontraba el alimento mencionado.
Nasiens procedió a comer con gusto, mientras su abuelo sonreía satisfecho.
—A que hora te dijo el Sr. Hendrickson que llegaras a la botica Nasiens?—.
La chica devoro su último pedazo de pan y respondió: —20 min antes de las 8:40 a.m., abuelo—.
Nasiens iba a su primer día de trabajo, su abuelo se lo había conseguido como una forma de ganar dinero y disfrutar de su hobbit al mismo tiempo, ahora que se encontraba con tiempo libre por las vacaciones de verano.
Sin más preámbulos, se dispuso a salir de su casa, tomo su bicicleta y enfrente de la canasta de este coloco su mochila. Comenzó a pedalear rumbo a su primera experiencia laboral con mucho entusiasmo, mientras disfrutaba de la brisa fresca de la mañana.
Al llegar al establecimiento, un negocio decente y atractivo por su diseño rústico de color blanco, plantas por fuera del lugar verdes y bien cuidadas por el dueño. La puerta color rosa con campanita que sonaba con la llegada de cada nuevo cliente le daba un toque mágico al lugar.
Nasiens al terminar de evaluar por décima ocasión el lugar, dejo su bicicleta asegurada de un poste y se dispuso a entrar.
Dentro se podía observar las filas y filas de frascos de diferentes sustancias detrás del mostrador que se encontraba enfrente de la puerta. El piso era de madera sólida y bien pulida, un pequeño tapete solo en la entrada.
A una esquina un libro con los remedios y medicamentos que se elaboraban en la botica, junto con lapiceros y papel para los pedidos. En la otra esquina una puerta pequeña para poder entrar y estar detrás del mostrador; y detrás de esa puerta con suficiente espacio, otra puerta en color café oscuro oscuro donde se da acceso a otro espacio. Nasiens se dirijo allí en busca de su nuevo jefe.
Nasiens tocó la puerta café tres veces, al no ver respuesta, tomó el picaporte dorado y giro de él para entrar. —Hola..., señor Hendrickson—. Estaba oscuro. En eso una mano tocó su hombro y Nasiens no pudo evitar sentir un gran escalofrío y gritar asustada por la situación.
—Tranquila Nasiens, soy yo Hendrickson, se acaba de fundir el foco, ayúdame encendiendo la lámpara de tu celular por favor—.
Nasiens asintió y encendió la luz de su celular alumbrando el lugar. Un cuarto rodeado con varios escritorios, y arriba de ellos botellas de vidrio de todos los tamaños (vasos de precipitados, tubos de ensayo, etc.), embudos, mecheros y demás. Todo lo esencial para producir productos.
Hendrickson coloco una silla en medio del cuarto, se subió arriba de el y cambio la bombilla del foco.
—Ya esta— comentó, —Bueno Nasiens estoy seguro que te fascinará trabajar aquí— volteo a ver a Nasiens y le sonrió.
—Si, por favor cuide de mí— respondió Nasiens mientras inclinaba la cabeza.
—Bueno, bueno, deja las formalidades, comencemos—.
El negocio habré a las 9:00 de la mañana, se cerraba las 4:00 de la tarde para descansar y comer respectivamente; y volvían abrir a las 6:00 nuevamente para cerrar el local a las 9:00 de la noche. Nasiens iba a trabajar de lunes a viernes.
De acuerdo con las indicaciones de su nuevo jefe, debía asegurar que todos los pomos y frascos de medicamentos no estuvieran vacíos, si este fuera el caso se anota en la bitácora para su realización.
Los pedidos se hacían cons tres días de anticipación y debían ser anotados en otra bitácora que se encontraba en el mostrador.
Nasiens observo cada frasco con sustancias de diferentes colores que ella reconocía al instante al leer el nombre de sus etiquetas. Todas estaban llenas por esta ocasión.
Así pasó el tiempo esperando algún cliente, dieron las 10:00 de la mañana y todavía nada, después de todo porqué la gente iría por algo naturista si estaba la farmacia con algo más químico y accesible.
No fue que después de unos minutos llegó el primer cliente. La campanilla sonó al abrirse la puerta y con ello la vista de un chico camino al mostrador se hacía presente.
—Hola, quisiera algo para el dolor—. Su voz era un deleite.
Fue como un flechazo, inmóvil se quedó al ver aquellos ojos amatista, alto de un rostro amable pero atractivo al sonreír. Sus cabellos eran de una naturaleza salvaje, vibrantes cómo los árboles. Llevaba un pantalón recto cafe claro y una sudadera naranja, lo que lo hacía más llamativo, era imposible apartar la vista.
Solo pudo sonreír Nasiens mientras se acercaba al mostrador, espero a que saludara primero (ya que no había escuchado bien que dijo), pero parecía que eso no pasaría pues tenía un rato nomás intercambiando miradas. Alguien tenía que romper el hielo, y Nasiens con un sonrojo asomándose por sus mejillas pronuncio:
—Buenas tardes, que necesita...— termino murmurando al final, al darse cuanta solo pudo ponerse más nerviosa.
El chico parecía que volvía a la realidad, se movió alarmado, —Me llamo Percival— anuncio entusiasmado.
La castaña no esperaba esa respuesta, pero estaba bastante complicada «Percival...» recorría el nombre bajo su lengua silenciosa mientras lo gravaba en su mente.
—Nasiens— respondió con una sonrisa, aclarando su mente lo más rápido posible, alejo todo ruido sordo de la calle y volvió a preguntar que necesitaba a Percival.
En esta ocasión el peliverde capto el mensaje, se puso nervioso al recordar la razón por la que entró a la Botica Green Honey.
—Necesito una pomada para las heridas menores, un amigo mío se raspó las rodillas mientras practica-vamos básquetbol, es una que antes había comprado pero se me terminó— termino de decir con una risa nerviosa.
—Creo que se de cuál hablas, contiene aceite de uva, aceite de aguacate, lavanda, canela, sábila, menta, hierbabuena, ortiga, caléndula, bugambilia, cera de abeja y...—. Otra vez se emociono con un producto, provocando que se ponga como una fresa.
—Exactamente, creo que es esa, recuerdo que Hendrickson mencionó algo de miel. Ah pero es la primera vez que te veo Nasiens—.
—Es mi primer día de trabajo aquí—, pronuncio mientras se disponía a recorrer una pequeña escalera para alcanzar el frasco donde se encontraba el producto deseado.
Una vez estando en sus manos, busco un pomo nuevo para vaciar la sustancia y etiquetarla correspondiente al nombre de este. Nasiens estaba muy concentrada en ello, mientras unos ojos no estaban de verla con entusiasmo.
—Listo, aquí tienes Percival—.
En el mostrador ya se encontraba la pomada para el dolor y la cicatrización que había pedido.
—Cuánto va ser?—.
La castaña abrió el catálago de los productos donde venía el precio de cada uno, buscando el precio de su primera venta. Al encontrarlo señalo que serían ¥50.
Percival saco su monedero y ya teniendo la cantidad se dispuso a entregarsela a la chica, esperando que ella extendiera su mano para recibirlo, y así fué. Un toque ligero se sintió eléctrico durante unos segundos, apartaron las manos nerviosos y Nasiens coloco el dinero al mostrador. Con una sonrisa le agradeció por su compra al chico de cabellos verdes.
Percival tomo la pomada del mostrador y con cuidado la metió a su sudadera.
—Gracias a ti Nasiens— respondió.
Y ambos se despidieron con una sonrisa tonta en el rostro, dando fin al primer encuentro, aunque claro no iba ser el último.
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Al día siguiente en la Botica Green Honey, Nasiens esperaba la llegada de clientes, hasta el momento una señora grande de edad pidió algo para las articulaciones, Nasiens le vendió una pomada con bálsamo fioraventi (extracto de laurel, clavos, incienso, canela, galanga, mirra, hinojo, limón). Después llegó una mujer pidiendo un té para los nervios, se le vendió un té de pasiflora con manzanilla.
Era la 1:00 de la tarde y ya había vendido 2 productos, fue una buena venta hasta el momento.
Y fue mejor con la llegada de cierto chico alegre.
—Buenas tardes Nasiens—.
—Buenas tardes Percival, qué le puedo ofrecer—. Respondió Nasiens con mejor autocontrol que la última vez, pero sin evitar admirar aquel par de ojos amatista que le atraía.
—No eh podido reconciliar el sueño, pensé que tendrían algo que me ayude—. Se rio torpemente al final de su oración.
—Creo que un té te podría ayudar. ¿Cuánto tiempo llevas con tu problema de sueño?—. Hablo la castaña mientras buscaba en su catálogo el te adecuado para su cliente.
—Desde ayer—.
Un silencio invadió el espacio. Nasiens por un momento creyó que podría ser una broma, pero al ver la expresión extraña de Percival pareciera que no es el caso.
—Te puedo vender un té que relaja el cuerpo antes de dormir, te lo bebes antes de acostarte, solo se toma por 7 días—.
Bajo la repisa donde se encontraban las hierbas secas, busco flor de azahares. La coloco en siete bolsitas pequeñas distribuidas perfectamente y las envolvió en una caja para el cliente.
—Esto debería ayudarte, pero tal vez solo sea estrés, después de todo dices que apenas fue ayer el insomnio— declaró Nasiens.
—Bueno... Si... Puede ser. Eh estado entrenando mucho últimamente, pero tengo que entrenar si queremos pasar a las estatales, Doni me dice que me relaje, pero todos modos tengo mucha energía y es mejor gastarla entrenando no crees. Aunque el entrenador Meliodas dice también que no es para tanto, y así...—. Percival dio toda esa explicación con un sin fin de ademanes y movimientos faciales. Nasiens estaba cautivada de que el chico fuera así de expresivo, y parecía que esperaba su respuesta.
—Si estoy segura que esté té va ayudarte a relajarte. Pero estoy de acuerdo con tus amigos, no te fuerces en tus entrenamientos—. Le ofreció la caja con el producto solicitado y anuncio que serían ¥25.
—Gracias Nasiens, tendré en cuenta tu consejo—.
Se sonrieron por última vez ese día. Pero se sintió más cálido para ambos.
«Si hay una próxima vez, le preguntare donde entrena» y con ese pensamiento Nasiens fantasio como se vería Percival jugando aquel deporte.
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Otro día en la Botica Green Honey. Nasiens repasaba el libro donde indicaba como preparar un tónico para el dolor muscular, de acuerdo con el señor Hendrickson, el viernes le enseñará como prepararlo.
Ese día estuvo tranquilo un solo cliente hasta el momento que necesitaba un jarabe para la tos.
El reloj pasaba rápido los minutos y solo faltaban dos de hecho para cerrar el local para irse a comer. Reviso que todo estuviera en orden y cuando sonaron las 4:00 de la tarde salió del edificio y cerró la puerta con llave.
—Espera...— se escuchaba una voz a la distancia, y al girar a su izquierda se percato que se trataba de Percival quien venía corriendo a toda velocidad a su dirección. Nasiens esperó.
—Uff... Apenas te alcance Nasiens, no recordaba que cerrarán a esta hora— hablo agitado el chico.
La chica se ruborizó al ver el chico peliverde en ese estado, le recordó sus fantasias de apenas unos días.
—Cerramos a las 4 y abrimos de nuevo a las 6, aunque yo ya no regreso para el segundo turno—.
—Entonces tengo suerte, te invitaré a comer—sonrió Percival.
Nasiens no pudo evitar estallar de nervios y felicidad, —Ehh... No venias a comprar algún producto—.
El chico agito la cabeza en negación alegremente, y le explicó que venía a agradecerle por el té. Lo ayudo bastante a relajarse y más siguiendo su consejo. Ya no se sentía estresado ni tenía una mala noche de sueño.
—Entonces que me dices, nos vamos—.
Percival extendió su mano mientras esperaba alguna respuesta de la chica.
Nasiens no dudo, —Si, acepto tú invitación—, y tomo su mano por primera vez, parecía que encajaban muy bien la una con la otra. Y el sonrojo fue inevitable para los dos.
Ese día Nasiens olvidó su bicicleta.
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En la Botica Green Honey el amor tocó la puerta.
Fin.
