Actions

Work Header

Kitchen

Summary:

“Te hará daño. Y deja de hablar tan fuerte, ya es de noche”.

“¿Y qué importa? ¡La gente no debería escuchar tan de cerca de otras casas!”

Yo, demasiado concentrado en verter el agua caliente, no me di cuenta de mis palabras hasta que el silencio se extendió. “El bosque también va a escucharte” dije.

Notes:

Inspirado en un fragmento de la novela ‘Kitchen’ de Banana Yoshimoto.

Work Text:

Y yo estaba soñando.

Sabía que estaba soñando porque últimamente lo hacía mucho. A veces, cuando estaba demasiado cansado para recordar si me había dormido o no, tenía que mirar fijamente mis manos para darme cuenta de si los movimientos eran más lentos o no.

“¿Tenemos que tallar todo el piso?” preguntó Hikaru sin mucho ánimo.

“Solo las partes que se ven más manchadas”.

Él asintió, pasando otra vez el trapo por un lugar donde una mancha parecía no querer salir.

Afuera, al igual que los días anteriores, lo único que nos acompañaba era el ruido de los grillos. A veces, cuando Hikaru se quedaba callado por demasiado tiempo, podía jurar tenía un enjambre de grillos dentro de la cabeza, y que en cualquier momento comenzarían a salir de ahí; al principio uno por uno, pero después el espacio no sería el suficiente, así que tendrían que utilizar mis orificios nasales, mi boca e incluso mis ojos hasta que…

“¿Todavía queda ramen?” preguntó después de un momento.

“... Sí. ¿Quieres un poco?”

“¡Estaría bien!”

Asentí, me levanté del suelo y me dirigí a la pequeña cocina. Antes había estado llena; con esos cuchillos que cortan tan fácil y que mi mamá compró en oferta, con las ollas y sartenes que algunas ancianas le regalaron cuando recién habían llegado, fingiendo que era bienvenida en un pueblo como este. Ahora, después de un mes de deshabitar la casa, apenas quedaron atrás unos vasos desiguales y palillos de madera.

“Pero no hay tazones, solo vasos”.

“No importa. Oye, ¿quieres abrir la sandía?” preguntó Hikaru. Todavía estaba tallando aquella mancha, aunque ya era casi seguro que no iba a salir. No me miró al hacer la pregunta, pero el tono que utilizó dejó ver qué lo consideraba una travesura.

“Dijimos que la guardaríamos para el último día de trabajo”.

Él suspiró. “Pero podemos comprar otra mañana, ¿no crees? Vamos, Yoshiki, hace mucho calor…”

Sabiendo que sería en vano, pero aun intentando… algo –no estaba muy seguro de qué–, me negué. “Te hará daño. Y deja de hablar tan fuerte, ya es de noche”.

“¿Y qué importa? ¡La gente no debería escuchar tan de cerca de otras casas!”

Yo, demasiado concentrado en verter el agua caliente, no me di cuenta de mis palabras hasta que el silencio se extendió. “El bosque también va a escucharte” dije.

Es algo que las madres le dicen a los niños cuando no quieren ir a dormir, cuando insisten en seguir jugando aunque el sol ya no está; una tontería con la que los adolescentes se molestan, algo que –en otra circunstancia– podríamos ignorar con una mueca. Pero en ese momento no.

‘Hikaru’ no se molestó. Miró hacia fuera, a través de la puerta a medio correr y después regresó a mirarme. “Está bien si escuchan. Estoy aquí contigo”.

Asentí. Porque no parecía un consuelo o una promesa, era una simple verdad.

“Sigamos limpiando” dijo.

Y después me desperté.
En el futón junto a la cama de ‘Hikaru’.

Como era de madrugada, intenté ser silencioso al dirigirme a la cocina. No podía recordar qué había cenado…

“¿Qué haces?” dijo ‘Hikaru’.

“¡Me asustaste!”

Él se veía mitad divertido y mitad sorprendido. “¿Por qué? ¿Estabas pensando hacer algo indebido?”

“Claro que no” respondí recobrando el aliento. “Pensé que estabas durmiendo”.

“Estaba, pero me entró hambre y me desperté”.

Miré de reojo a la cocina, una muy diferente a la de mi sueño, pero sabía que había algo igual. “¿Quieres que haga algo?”

‘Hikaru’ se sorprendió, y aceptó rápidamente. “¡Haz ramen!”

“Sí está bien, siéntate a esperar” dije y luego me acerqué al refrigerador.

Solo iba a cortar unas pocas verduras para agregar, pero el pensamiento de que era demasiada coincidencia no me dejaba tranquilo. “Tuve un sueño y también comíamos ramen”.

Pensé que se había quedado dormido, hasta que voltee a verlo y sus ojos estaban llenos de sorpresa.

“Qué coincidencia, ¿no?” continué.

“La mancha de tu piso… ¿era café o verde?”

Primero me pareció imposible, pero entre más recordaba la sensación de tenerlo cerca, me convencí. “Ah. Gracias por ayudarme a limpiar. No creo que esa mancha salga con nada”.

“Ahora que estamos despiertos” dijo sonriendo, como si lo que acababa de pasar no fuera para tanto. “Quiero que me sirvas el ramen en un tazón, no en un vaso”.

Por algún motivo, esa frase tan tonta me aceleró el corazón. “Sírvetelo tú mismo” dije apartando el rostro.

‘Hikaru’ aceptó y después comenzó a buscar los tazones en la alacena.

¿Podría considerarse algo extraordinario o solo algo sin importancia? ¿Es algún tipo de milagro o solo algo natural entre nosotros dos? ¿Dónde termino yo y dónde empieza él? ¿Dónde nos unimos o dónde nos separamos?

O acaso, todo lo que estoy viviendo a su lado es un sueño. De ser así… Creo que no me gustaría despertar.

¿Qué pensaría mi yo, el que no ha conocido a ‘Hikaru’, al despertar?