Work Text:
Padmé siempre había creído que conocía a Anakin mejor que cualquier otro, creía que lo conocía como conocía a su sombra. Pero ahora mirando al hombre que tenía frente a ella, era incapaz de reconocer al hombre que había jurado amar.
Ella juró amarlo hasta su último aliento y Padmé temía que ese día hubiera llegado tan pronto y en manos del hombre que había jurado protegerla.
—Anakin—murmuró conteniendo el pánico, no como una acusación, no todavía.
Era una súplica.
Un ruego desesperado para apelar al corazón de Anakin, si es que alguna vez había tenido uno.
Pero Anakin no se movió, ni siquiera parpadeó hacía su llamado.
La casa estaba destrozada, rastros de sangre se esparcían por la alfombra y las cortinas como un testigo silencioso de lo que Anakin era capaz de hacer.
—Dame a los niños—repitió Anakin con voz serena, pero una frialdad que martillaba el corazón de Padmé—. Todo estará bien si me los das... Las cosas no tienen que acabar así.
—Déjame irme con ellos—suplicó desesperada regresando una mirada rápida a la habitación en la que dormían sus hijos, pero Anakin negó sin emoción alguna.
—Son mis hijos.
—¡Son míos también, Anakin!—suplicó con fuerza—¡Yo los dí a luz!
—Son hijos de la fuerza—Anakin responde con una voz monótona casi como un monólogo bien ensayado que había memorizado antes de venir, pero Padmé niega con la cabeza.
Eran sus bebés, ella los había cargado, los había dado a luz. No era justo.
Pero podía hablar de justicia al hombre que había matado a todo un pueblo, culpables o no de la muerte de su madre.
Anakin había matado niños Tusken sólo porque no podía controlar su rabia, porque se habían cruzado en su camino.
Y Padmé ahora no era el testigo de aquel relato de horror.
Ahora ella es el obstáculo en su camino.
Ya no era la que consolaba y trataba de justificar la atrocidad de Anakin.
Ahora era ella quien estaba del lado de la víctima, observando de primera mano lo que Anakin podía hacer.
Había asesinado a toda su gente. A sus ayudantes, y ahora haría lo mismo con Padmé, si ella no hacía lo que Anakin quería.
Los niños. Era lo único por lo que Anakin había venido a exigir.
Luke y Leia.
Los quería de regreso, como una mercancía que podía tener cuando él quería y que podía rechazar con la misma rapidez.
—Deja que me vaya con ellos, nunca te daré problemas... Nunca sabrás nada de ellos o de mí.
Anakin niega soltando un suspiro cansado, casi harto de repetir toda esta discusión.
—Ya me estás dando problemas—repite con impaciencia—. Dame a los niños y olvidaré esto, olvidaré todo lo que has hecho y te dejaré vivir.
—Anakin...
—¡Hazlo!—el grito es feroz y volátil, ya no hay rastro del Anakin paciente y amable con él que Padmé compartía las noches—¡Dame a mis hijos!
—¿Por qué lo haces Anakin?—cuestiona suplicando, las lágrimas corren por sus mejillas con fuerza—. ¡Éramos felices!
—Tú sabes que eso no era verdad—replica—. Sólo fue una fantasía...Nosotros realmente no éramos nada de eso, fuiste una buena compañía, en verdad... Por un momento creí que podía amarte, pero entonces tenías que arruinarlo todo.
¿Por qué tenías que contarle la verdad? ¡Se supone que eras mi esposa!
—Anakin yo no quería....
—¡Pero lo hiciste!—se queja golpeando su mano contra uno de los cristales que se agrieta amenazando con romperse—¡Hablaste! ¡Le dijiste que yo era un peligro! ¡Le dijiste que tenía que vigilarme! ¡Lo pusiste en mi contra!
—¡Estaba preocupada!—grita llena de desesperación y eso era verdad.
Padmé estaba preocupada de los sueños de Anakin. Estaba asustada por sus arrebatos y de la forma en la que temblaba cada vez que llegaba de una sesión con el consejo.
El límite llegó cuando Anakin volcó toda la mesa después de que Obi-Wan fue enviado a una misión lejos de él.
Anakin lo vió como una traición hacía él.
—Y por eso hablaste con el consejo—murmura con una nota que deja entre ver la traición y la rabia que siente, Padme da un paso atrás por instinto, mira de reojo a la puerta entreabierta dónde descansan los gemelos—. Por eso le contaste lo que había estado haciendo, le dijiste que alteré los registros de la guerra.
—Sabes que está mal Anakin...
—No conforme con eso—continúa Anakin avanzando por primera vez, sus pisadas resonando contra los cristales rotos—... Le dijiste a Obi-Wan que yo te amaba... ¡Le metiste para separarlo de mí!
Padmé se sacude por la confesión.
Ella... Ella creía que Anakin la amaba.
Padme creía que Anakin la había elegido durante todo este tiempo, como ella lo había elegido a él.
Ella creía que lo suyo era real, demasiado real.
Pero Anakin hablaba con tanta frialdad sobre ellos, sobre lo que habían compartido y el único nombre que siempre regresaba a la conversación era el de Obi-Wan.
Cómo cada vez que se veían.
Anakin nunca había parado de hablar de Obi-Wan.
Padmé debió de haberlo visto.
—¿No me amas?—la pregunta suavemente flota entre ellos como una especie de salvavidas al que Padme se aferra desesperada, temblando.
Padmé aún se aferra a una pequeña esperanza.
Espera que Anakin suspire y sus ojos azules le digan que la amó, que quizá en su frío corazón que sólo es de Obi-Wan, aún hay un pedazo para ella.
—No eres él, Padmé—la respuesta es dura, golpea a Pame como una cachetada—. ¿Recuerdas cuándo te quejabas de que sólo hablábamos de Obi-Wan? ¿Qué todas nuestras conversaciones siempre eran Obi-Wan? Tenías razón, siempre ha sido Obi-Wan y siempre lo será... ¿Cuándo lo entenderás?
Padmé retrocede con cada paso que Anakin da.
El rostro de Anakin está iluminado, como cuando reparaba droides. Pero esta vez tiene un brillo diferente, un brillo que hace que el pecho de Padme se oprime dolorosamente porque por primera vez entiende que no es admiración lo que Anakin sentía por Obi-Wan.
Era una obsesión, una obsesión enfermiza que se extiende por la habitación.
—Cada cosa que he hecho, cada decisión que he tomado, no fue por nosotros, fue por él—murmuró acercándose acorralando a Padme cada vez más. Limita sus opciones para correr—. Cuando te elegí, lo hice porque sabía que eres sensible a la fuerza... Que si teníamos hijos serían sensibles a la fuerza, como él... Cómo Obi-Wan, y entonces él podría tomarlos como suyos, podría entrenarlos y amarlos... Y...
—Obi-Wan no lo haría—interrumpe Padmé mientras niega con la cabeza fervientemente—. Obi-Wan no los criaría.
Padmé sabe que acaba de cometer un error cuándo los ojos amarillos de su esposa la miran fijamente, llenos de rabia; condenando las palabras de Padmé y a ella misma.
—Lo hará—sentencia Anakin con fuerza mientras avanza hacía ella—. Él lo hará, porque no hay nada que se lo impida... La orden Jedi ya no existe... Yo soy todo lo que tiene, ellos serán todo lo que él necesita.
Padmé se niega aterrada.
Mira el rostro de Anakin, iluminado. Envuelto en el placer que su fantasía perversa y retorcida parece provocarle.
Anakin habla sobre como Obi-Wan amara a los niños, como los va a cargar y los criaría con Anakin y entonces su familia ideal estaría completa.
Obi-wan no podría abandonar a Anakin porque los gemelos lo impedirían.
Los gemelos serían ese lazo invisible que uniría a Obi-Wan y a Anakin por la eternidad.
Padmé contiene el aliento aterrada mientras mira a Anakin gesticular emocionado, las gotas de sudor recorren su mentón mientras caen.
Anakin avanza, pero no parecen mirarla a ella, ni siquiera miran la sangre que hay en el suelo y que Anakin expande con cada paso que da.
Padmé sabe que no tiene opciones.
Podría rendirse, suplicarle por su vida y darle a sus hijos sin mirar atrás.
Entonces podría reunir fuerzas e idear un plan para rescatarlos, pero también sabe que Anakin no es lo suficiente estúpido para correr ese riesgo.
Anakin miente al decirle que no le hará daño, porque Anakin mataría a cualquiera que se oponga de alguna forma a su fantasía, y en ese instante Padme era su mayor obstáculo.
Da un paso atrás sin que Anakin pueda verla, aprovecha que su esposo parece absorto en su relato para correr.
No tiene tiempo de pensar, simplemente sigue sus instintos.
Pero Anakin lo nota, claro que lo nota y corre tras ella.
Cuándo Padmé logra poner un pie dentro de la habitación de Luke y Leia, la mano de Anakin se cierra sobre su cabello y tira de él hacía atrás, derribandola al suelo.
Padme lo golpea como puede, patalea, lucha y llora, pero Anakin la mira con un odio que ella no puede distinguir de dónde viene.
Sus ojos azules ahora están empañados por un feo color amarillo.
Ya no tiene esa mirada risueña y casi infantil que tenía cuando se casaron hace años, sino que ahora tiene la mirada fría del general en el que se ha vuelto.
La guerra le había quitado a Anakin parte de su humanidad o quizá simplemente mostró esa parte oscura que siempre estuvo dentro de Anakin, pero que Padmé y Obi-Wan se rehusaban a ver.
—Tenías que hacerlo todo tan difícil—susurró Anakin levantando su mano cerrándola lentamente mientras el aire se escapa del pecho de Padmé con un jadeo ahogado—. Pudiste tener una muerte lenta, pudiste haber tenido una muerte rápida, pero siempre quieres jugar a salvar a los demás Padmé... ¿No te has dado cuenta que no puedes salvar a todos?
La garganta de Padme arde mientras trata desesperadamente jadear aire, sus piernas se mueven sin dejar de luchar y sus ojos se llenan de lágrimas.
—Mis... Mis...
—shh, no hagas esfuerzos querida—la mano de Anakin le acaricia la mejilla por última vez mientras Padme pierde poco a poco el conocimiento—. Obi-Wan los va a cuidar bien, te lo prometo.
Padme quiere hablar, llorar y negarse.
No quiere que nadie más críe a sus hijos, quiere ella vivir la vida que había soñado con un esposo atento y amoroso que cuidaría a sus hijos, quizá Obi-Wan sería como un abuelo o un tío amoroso, pero nada más.
El último pensamiento que Padme tiene antes de caer inconsciente es una súplica a la fuerza, una súplica a Obi-wan que vea el monstruo en el que se ha convertido Anakin y se lleve a los niños lejos de él.
***
Anakin suspira cuándo ve que Padme por fin ha dejado de moverse.
Le da una última mirada antes de soltar su cuello por fin que queda decorado por un bonito collar morado.
Era una hermosura.
Una mujer con un cuerpo esbelto, una sonrisa hermosa, fuerte e inteligente.
Hubiera sido la esposa perfecta para cualquier hombre.
Anakin se siente un poco mal de que ella lo haya escogido a él, pero nada se puede hacer ya.
Padme tomó la decisión de amarlo y Anakin tomó la decisión de seguir su propio corazón.
Nadie podía culparlo.
Anakin sólo seguía los consejos que Padme le daba: seguir su corazón, formar una familia y buscar su felicidad.
Su corazón, su familia, su felicidad y su vida nunca estuvieron con la orden, ni con Padme ni siquiera con los gemelos... Su todo siempre había sido Obi-wan y aunque él mundo trata de quitárselo, él siempre encontraría una forma de tenerlo a su lado.
Anakin se pone de pie, da una mirada rápida al apartamento de Padme y no puede evitar hacer una nueva de asco.
Padme siempre era tan desordenada, tenía tantos adornos innecesarios y asistentes que sólo se metían dónde no necesitaban estar, por suerte Anakin ya no tendría que lidiar con nada de eso nunca más.
Avanza hasta la puerta donde Padme había intentado desesperadamente entrar.
Suspiró al ver a los gemelos dormidos, incapaces de entender que había sucedido a su alrededor y Anakin creé que lo mejor era eso.
Ellos no necesitan recordar nada.
No necesitan mirar al pasado sino al futuro que construirían con Obi-Wan.
Anakin sonríe al mirarlos dormir profundamente, pensando en la expresión que su maestro pondría al verlos.
Como sus ojos azules se sorprenderían, Obi-Wan haría mil preguntas, pero apenas Anakin comenzara a llorar, Obi-Wan se calmaría y tomaría a los bebés en brazos.
Obi-Wan tendría a cada uno de ellos en cada brazo, acunándolos contra su pecho preocupado por los niños y entonces haría un plan para cuidarlos juntos.
Anakin aceptaría todo, cada condición.
Obi-Wan al principio rechazaría todos sus avances, pero conforme los niños crecieran, Anakin lo convencería de lo importante que es para los niños verlos como una familia sólida y amorosa, y entonces Obi-Wan cedería, un poco tenso y reticente al principio, pero después Anakin lo tendrían gimiendo por las noches y jugando con Luke y Leia durante el día.
Anakin besa la cabeza de uno de sus hijos mientras sale de ahí.
Ellos son su pase dorado para que Obi-Wan pueda amarlo.
Ellos son el milagro que había invocado todas las noches para que su antiguo maestro jamás pudiera abandonarlo.
Obi-Wan sería de Anakin y todo eso sería gracias a Luke y Leia.
Por primera vez todo estaría en orden en la vida de Anakin.
