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>Antes de todo, antes de que los Mecas fueran la última esperanza y del nacimiento de las conciencias, había una guerra que apenas comenzaba a tener relevancia, una amenaza que comenzaba a ser una pesadilla, antes de todo eso había gente que no sabía que pronto todo se volvería una pesadilla… nosotros éramos de ese grupo.
[...]
Fecha estelar: 2378.47 tres años después de la creación de los primeros Mecas.
— vamos Jim, deja de ser tan aburrido — una mujer orion caminaba al lado de su compañero, el cual solamente lo veía con una ligera sonrisa — deja de ser tan serio, tenemos tiempo de sobra para ir por unas copas, hay que divertirnos un poco.
— créeme, me encantaría, pero estoy en servicio, Gaila — el rubio dijo fingiendo estar dolido.
— ¡Vamos!
La pelirroja seguía hablando dando razones por la cual sería una buena ir a divertirse, Jim solamente se divertía al escuchar las razones cada vez más absurdas de su amiga.
— ¿Qué es lo que están haciendo? — la voz tras ellos los sobresaltó, ambos miraron a la dueña de esta, una mujer con ropa elegante vulcana y ojos tan negros que cualquiera se lo pensaría dos veces antes de hablar con ella.
— T’pring! Ayudarme, dide a Jim que debe relajarse un poco antes de la misión!
La mujer solo los observó atentamente antes de suspirar — ¿el almirante Pike te volvió a llamar la atención?
— algo así — toda sabían que Pike está más atento a Kirk que a cualquier otro soldado o capitán bajo su liderazgo, todos sabían que el almirante era amigo de los padres del rubio y que en cuanto se unió al ejército el mayor no le quitó los ojos de encima, ambas sabían que estar bajo tanta tensión realmente molestaba a Jim, más ahora que era capitán.
La vulcana pareció satisfecha con la respuesta, ya que hizo un leve sonido antes de comenzar a caminar, los otros dos la siguieron de inmediato.
A los ojos de cualquiera eran un grupo extrañó, una estratega vulcana, una lingüística de Orión y un capitán humano, cada uno con una personalidad totalmente diferentes, pero que de cierta forma habían desarrollado una hermandad casi desde que se habían conocido hace más de seis años.
— Tal vez podamos ir al bar — T’pring dijo sin detenerse, ni siquiera se molestó en ver a sus compañeros que la observaban con sorpresa.
— Espera — Gaila miró a Jim, casi esperando que este dijera que ella había enloquecido — ¿Ella realmente dijo lo que escuche?
— si, si dijo eso — el rubio casi parecía temeroso al decir aquello, pero su mirada de confusión rápidamente fue cambiada por una de fastidio — maldita sea, Pike me citó así oficina para hablar de la misión.
— ¿No te ha citado para eso como cinco veces? — la mayor pregunta realmente confundida, ni siquiera los vulcanos eran tan exigentes con eso.
— si, pero insiste en que no debo olvidar ni un solo detalle.
— a este punto, pienso que te quiere convertir en una versión joven de él — la Orión lo dijo con la intención de ser divertida, pero incluso ella sabía la verdadera razón por la que Pike estaba sobre Jim tanto, en realidad todos en la Flota lo sabían.
— ¿Saben que? Ustedes vayan y diviértanse.
— ¿Estás seguro?
— si, intentaré convencerlo de terminar antes con la reunión y con suerte me reuniré con ustedes.
Con ello Jim comenzó a caminar hacia la dirección de la oficina de Pike, no sin antes que T'pring dijera a qué bar irían.
[...]
Estaba aburrido, muy aburrido, había escuchado esa práctica cinco veces antes y nunca cambiaba nada, eran los mismos nombres de sus soldados, las mismas posiciones, quienes estarían con Gaila y T'pring, cuántos estarían frente al edificio donde la reunión se llevaría a cabo, incluso cuánta munición se llevarían, el ya sabía todo eso, pero aún así guardo silencio y escucho a Pike, porque eso debía hacer.
Desde que se había unido a la Flota militar, había sido de esa manera, sabía que todos verían a George y Winona Kirk en él, era su hijo menor, el que se parecía a su madre y tenía los mismos ideales que su padre, era la combinación perfecta de ambos, pero Pike vio en él lo último que tenía de lo que habían sido sus mejores amigos y no lo dejaba en paz.
Cuando se graduó Jim esperaba estar bajo la tutela y órdenes de Archer, pero por alguna razón había quedado con Pike, el cual no le había dejado tener un momento de paz desde entonces, siempre debía tener el uniforme perfecto, el pelo bien cepillado y no tener ninguna distracción, eso solo cuando era un soldado más, ahora que había logrado ser capitán todo se había vuelto más difícil, Pike nunca estaba satisfecho con nada de lo que hacía.
con él nunca era suficiente, Nunca, siempre había una forma más perfecta, más correcta, más “Kirk” de hacer las cosas y Jim ya estaba cansado de intentar ser la sombra de alguien que ni siquiera llegó a conocer.
Si, le debía mucho a Pike, el hombre básicamente era su mentor, gracias a él había logrado ser capitán tan pronto, pero,dios, solo quería que el hombre lo viera como Jim y no como George.
— muy bien, creo que debemos enfocarnos en los planes de contingencia en caso de un ataque sorpresa.
Quería irse, quería estar en ese bar con sus amigas, pero en su durar estaba atrapado.
Pike estaba observando la pantalla de su computadora cuando dos golpes sonaron en la puerta antes de que fuera abierta y de esta entraba Boyce.
— por dios, Chris. ¿Enserio tienes al chico otra vez aquí? — en realidad no era pregunta, sabía el porqué su amigo tenía al joven en la oficina.
— necesitamos analizar todo antes de que se vaya a Oryndra — Pike dijo observando a su amigo y colega.
El médico solamente negó con la cabeza, apreciaba a su amigo, pero a veces no podía entender su obsesión con la perfección y con George, solamente no la entendía. Sabía que Una se alejaba tanto como podía cuando el hombre comenzaba a hablar del chico, a este punto la mujer había comenzado a ayudar al rubio para escapar de Pike cuando estaba en su estado papá sobreprotector, tal parecía que ahora era su turno.
— Creo que Kirk ya conoce todos los detalles incluso dormido — le hizo una seña a este para que se levantará de la silla, algo que el rubio hizo de inmediato — por lo que se puede ir.
Pike como era de esperar reaccionó de manera negativa, diciendo razones por las que Jim debía quedarse y muchas cosas más, pero Phil solamente se sentó en la ahora silla vacía.
Jim en cambio estaba completamente agradecido de que el médico hubiera llegado, pero aún permanecía de pie esperando el permiso para salir de la habitación, el cual llegó después de cinco minutos cuando Pike notó que Boyce no se movía y no tenía la intención de irse. Jim ni siquiera se detuvo para saber el porque el médico había ido, solamente se fue lo más rápido posible.
Pike vio como el Kirk menor salía de su oficina antes de ver a su amigo — ¿Y bien, qué era tan importante?
Phil solamente se acomodo mejor en su asiento antes de hablar — llegó información de Delta Vega… El último experimento fue un éxito — con esas palabras Chris lo observó sorprendido, pero no había terminado — y Marcus dió luz verde para su creación de manera oficial.
Pike soltó una maldición antes de dejarse caer contra el respaldo de su asiento, él sabía exactamente lo que significaba. La guerra cambiaría de rumbo otra vez y que dios los perdonara por lo que acababan de poner en marcha.
[...]
El bar no estaba lleno, pero sí había bastante gente en él, algunos eran miembros de la Flota y Gaila conocía a algunos por la academia, otros eran desconocidos pero aún así era un buen ambiente.
La Orión no podía imaginar él como una decisión imprudente la había llevado a ser repudiada por su familia, sin embargo eso no le importó, ya que ahora lo consideraba como lo mejor que pudo haber hecho. En la academia había conocido a Jim, ese humano brillante que irradiaba luz incluso cuando estaba metido en problemas, rápidamente habían formado una amistad sólida; ambos físicos, ambos incapaces de entender el concepto de “espacio personal”. Siempre estaban abrazándose, tocándose un brazo, un hombro, un codo, era algo natural en ellos; cuando salieron conocieron a T'pring, la vulcana se mantenía alejada de todos los que no fueran de su misma especie; hasta el día de hoy no entendía cómo Jim había conseguido hacer que está se uniera a ellos en el comedor, pero ese día habían conseguido una hermana mayor y ella estaba encantada, tenía una familia y los amaba demasiado.
Con una sonrisa observó la puerta de la entrada que se abría esperando que fuera Jim, pero no era él, con un suspiro de fastidio dirigió su mirada a su bebida.
—Ten paciencia —comentó T’Pring sin levantar demasiado la voz—. Estoy segura de que viene en camino.
—O el anciano lo tiene sentado escuchando sus quinientos planes de contingencia —bufó Gaila. Respetaba a sus superiores, claro… pero Pike siempre había estado en su lista personal de idiotas eficaces.
La vulcana solo se limitó a tomar de su té helado, sabía desde el día en el que Jim la convenció de comer con él y la Orión que nada sería lo mismo, su prometido le había comentado mil veces de lo ilógico que era el estar con personas como ellos y del cómo la podían distraer de verdaderas responsabilidades, pero aún así su curiosidad pudo más y ahora tiene a dos amigos que nunca pensó que iba a tener y era un alivio no tener que buscar la lógica en todo (Jim Kirk era lo más ilógico que había conocido en su vida).
Sus ojos se dirigieron a la entrada, era inútil lo sabía, el solo verla no haría que Jim entrará, sabía que no servía de nada molestarse y quejarse con su pareja sobre el comportamiento de Pike (no supo cuando había iniciado a hacerlo, pero no podía evitarlo), sabía que no tenía sentido encariñarse con un humano y con una Orión, no era algo digno de Vulcano, pero ahí estaba, sentada con una Orión que hablaba con las manos y esperando a un humano que dependía de la suerte, sus padres muy probablemente estarían muy decepcionados si lo supieran.
Pasaron otros diez minutos, Gaila sería quejándose de los superiores y de alguna pareja que no funcionó, la Orión apenas había tocado su bebida, mientras que ella ya iba por su segundo vaso de té.
— y… ¿Cómo va todo con el señor Spock? — la vulcana apenas hizo un pausa al tomar su bebida, ya estaba acostumbrada a los rápidos cambios de tema.
Con suavidad dejó el vaso en la mesa y reflexionó sobre la respuesta que daría — Spock y yo estamos bien.
— Vamos, T! Necesito detalles — Gaila la observó con sus famosos ojos de cachorro, que por desgracia para ella no servían en un Vulcano, sin embargo ocupaba distraer su mente de la ausencia del rubio.
— Spock y yo hemos tenido… problemas — era extraño confesar eso, pero sabía que Gaila no le diría a nadie sobre eso, tal vez solo a Jim, pero a nadie más.
— ¿problemas en la cama?
T’Pring parpadeó. Muy lentamente, lo que era el equivalente vulcano a escupir la bebida del shock.
—Me refiero a problemas de comunicación —aclaró con toda la dignidad que pudo reunir—. No a problemas… físicos.
Galia abrió la boca en una O dramática. —Ooooh. Bueno, eso también es importante, pero dime, ¿qué pasó? ¿Él hizo algo? ¿Tú hiciste algo? ¿Ambos hicieron algo y ninguno quiere admitirlo?
T’Pring analizó todas las pregunta en silencio. Durante un segundo, consideró levantarse e irse, luego recordó que Gaila era… Gaila y que Jim probablemente haría una pregunta peor.
—Spock considera que estoy dedicando demasiado tiempo a… esto —dijo finalmente, haciendo un gesto leve que abarcaba el bar, la mesa, la bebida, la Orión, todo.
—¿A esto? —Gaila se señaló a sí misma, exagerando—. ¿A mí?
—A ti —confirmó T’Pring, con la serenidad de alguien que prefería no admitir nada más profundo— y a Jim.
—¡Pues claro que te dedicamos tiempo! Somos amigos, T, somos tu equipo emocional, tu soporte moral, tus terapeutas no pagados.
T’Pring inhaló, lentamente, muy lentamente. —Ese no es un término oficial.
—¡Debería serlo!
La vulcana decidió ignorar la declaración, por el momento al menos. —Spock considera que mis prioridades deberían estar centradas exclusivamente en la disciplina, la carrera y las responsabilidades que corresponden a mi posición.
Gaila puso los ojos en blanco tan fuerte que T’pring casi se preocupo de que se lastimara,
—Dioses. Es igual que Pike pero con orejas puntiagudas.
T’Pring abrió la boca para corregirla… y luego la cerró.
—No es… una comparación completamente incorrecta.
Gaila levantó su vaso en señal de victoria. —¡Sabía que era un poco Pike!
—Spock no es “un poco Pike”.
—T’Pring frunció apenas el ceño—. Pike reacciona por apego emocional. Spock reacciona por… expectativas culturales.
—Ajá. Traducción humana: se pone celoso.
T’Pring la miró de la manera más seria posible, —Los vulcanos no sentimos celos —dijo con firmeza.
Gaila sonrió como un depredador ante una presa que aún no sabe que está atrapada.
—Claro que no, cielo. —Se inclinó hacia ella—. Y yo no coqueteo con medio bar cada vez que respiro.
T’Pring estaba a punto de responder cuando la puerta del local se abrió con brusquedad, dejando entrar una ráfaga de aire frío. Ambas miraron automáticamente, no era Jim.
— volviendo al tema — Gaila volvió su atención a la vulcana con una pregunta ya en los labios — ¿no se supone que Spock es mitad humano? ¿Porque actúa más como un robot? Ni siquiera tú actúas como uno.
T’Pring ladeó apenas la cabeza, como si considerara seriamente si Gaila acababa de insultarla o si simplemente estaba describiendo una realidad incómoda sobre Spock.
—Spock no actúa como un robot —corrigió con un tono que probablemente pretendía sonar neutro—. Solo… controla mejor sus reacciones.
—Ajá, claro —Gaila apoyó el codo en la mesa, acercándose como una conspiradora profesional— vamos, el tipo no nos soporta a Jim y a mí; además estoy bastante segura de que él está haciendo una investigación sobre Jim.
La vulcana estaba a punto de defender a su pareja, pero fueron interrumpidas por la voz del integrante faltante de su grupo.
—¿Están hablando de Spock sin mí? —Jim los observaba con expresión de ofensa teatral con las manos en la cintura.
Gaila levantó los brazos al cielo con una enorme sonrisa. —¡Ahí está mi rubio favorito! —le dio una palmada al asiento a su lado—. Ven aquí, estamos discutiendo tu fan número uno.
Jim tomó asiento entre ambas, —¿Spock otra vez? —preguntó, fingiendo resignación—. ¿Qué hizo ahora? ¿Robar emociones? ¿Confiscar sonrisas? ¿Arrestar ideas espontáneas?
T’Pring exhaló con un cansancio tan elegante que solo un vulcano podía producir. —Spock no “confisca emociones”. Simplemente valora el orden.
—Claro —Jim asintió—. Un hombre muy ordenado. Especialmente cuando me mira como si quisiera meterme en una caja y estudiarme.
—¡Lo sabía! —Gaila golpeó la mesa triunfal—. ¿ves? No soy yo la que exagera.
—Esa es una percepción subjetiva —dijo T’Pring con impecable calma, aunque sus labios se tensaron impidiendo una sonrisa, no quería darle a esos dos la satisfacción de verla sonreír.
Jim inclinó la cabeza, estudiando a la vulcana con una sonrisa suave y ojos curiosos. —¿Están bien tú y él? —preguntó sin burla.
T’Pring lo miró por un segundo más de lo necesario. Sabía que ambos se preocupaban sobre su relación, lo entendía, Spock a pesar de ser un mestizo con sangre humana era demasiado diferente y en muchas ocasiones sus inseguridades les causaban problemas en su unión.
—Tenemos… discrepancias —admitió finalmente—. Pero trabajaremos en ello.
Gaila le dio una mirada al rubio, tal vez esperando que este dijera algún comentario de broma, Jim en cambio solo asintió levemente con la cabeza antes de hablar.
—Van a estar bien —sentenció él con la convicción de alguien que siempre ve una solución, incluso en medio de un campo minado—. Spock te adora. Solo tiene la sutileza emocional de una caja fuerte.
Gaila se rió, T’Pring fingió no entender y ocultó su sonrisa al tomar de su vaso,
Jim satisfecho con lo que dijo siguió hablando.
—Además, si no te quiere compartir, pues… lo entiendo —bromeó mientras se servía un trago imaginario—. Soy adorable, carismático, brillante y un tesoro nacional.
—Eres un dolor de cabeza con piernas —le corrigió Galia.
T’Pring inclinó la cabeza en señal de acuerdo inmediato. —Una descripción sorprendentemente precisa.
Jim puso una mano en su pecho, herido — traicionado por mis propias amigas.
Pero su sonrisa no desapareció, no cuando estaba con ellas, nunca con ellas, porque juntos no debían ser la vulcana perfecta, la Orión que no encaja entre humanos y un humano que debe superar a un fantasma, cuando estaban juntos podían olvidar todo eso y ser solo ellos sin ningún problema o con temor a ser despreciado. Eran una familia extraña, pero una al final de cuentas.
[...]
>Si me hubieran dicho que ese día sería la última vez que los vería, me hubiera asegurado de memorizar sus rostros, de disfrutar aquella conversación y les hubiera dicho cuánto los apreciaba, pero ahora solo son fantasmas.
[...]
Fecha estelar: 2378.48 La caída de Oryndra.
La tensión en la nave apenas era perceptible, todos los soldados y aquellos que debían cuidar no estaban realmente preocupados, era un misión diplomática, hablar con una especie de seres para que se unieran a la flota para poder utilizar su tecnología en la guerra. los negociadores estaban nerviosos, si, pero sería más raro si no lo estuvieran.
— ¡cinco minutos para aterrizar! — uno de los pilotos comunicó a todos, quienes de inmediato se prepararon.
— Muy bien, ya saben lo que se debe hacer — Kirk habló, este ya tenía todo lo necesario listo, pero aún así revisó su arma una segunda vez — Equipo Beta, protección del grupo diplomático — Gaila, entre los designados, alzó la mano en señal de aprobación y le sonrió con esa tranquilidad suya —Equipo Omega, con el grupo estratégico —continuó—. Reunión en el edificio secundario, mismo perímetro, rutas distintas — T’Pring inclinó la cabeza, serena y precisa. Jim sabía que ella ya estaba procesando todas las variables posibles. —Y nosotros —concluyó—, equipo Alfa, estaremos en la plaza central. Punto medio entre ambos equipos, estaremos en espera por cualquier cosa, mantengan sus dedos en el seguro — observó a cada hombre y mujer en la nave, muchos de ellos ya habían hecho misiones como esa, esto no sería diferente. el rubio sonrió — cuando volvamos a casa yo invito la primera ronda.
— te haré cumplir con eso — Gaila dijo con diversión, todos en la nave se rieron ante sus palabras, T'pring solamente negó con la cabeza, pero Jim apostaría a qué era un gesto de cariño.
Cuando la nave aterrizó todos bajaron, Oryndra era el orgullo de los planetas unidos, seres de diferentes razas conviviendo juntos, edificios enormes y culturas mezcladas, pero era un planeta militar, fundado originalmente para reuniones diplomáticas y estrategas. el trío ya había estado en ese planeta en muchas ocasiones, sabían cada calle y pasillo de los edificios de memoria por ello no estaban preocupados.
— Cuídense — Kirk habló, ambas mujeres lo observaron — si ven la mínima señal de peligro salgan ¿Si?
— estaremos bien — T'pring dijo con la voz tranquila, antes de acercarse y colocar levemente su mano en el hombro del menor — es una misión rápida, terminará rápido.
— si, estaremos juntos antes de lo que te imaginas — Gaila abrazo a Jim y este de devolvió el gesto.
No permanecieron mucho tiempo juntos ya que tenían un horario que seguir, por lo que se separaron no sin antes despedirse y prometerse que se verían más tarde.
[...]
Habían pasado varias horas desde que llegaron. Gaila traducía lo que el negociador decía a la lengua de la raza frente a ellos; los Corl escuchaban con sus enormes ojos violetas, inexpresivos, casi demasiado fijos para su gusto. No parecían convencidos de la oferta de la Flota y quizá tenían razón, porque incluso para Gaila era evidente que los beneficios caerían más del lado humano.
Amaba su trabajo, pero no podía evitar estar algo inquieta, conforme los minutos avanzaban algo en ella le decía que debían irse, que la reunión debía posponerse, Jim le había enseñado que debía seguir ese sentimiento, sin embargo no tenía una excusa para terminar con la reunión, está podía ser la única oportunidad que tenían para que la raza se uniera a ellos, no podía arruinarlo.
T’pring asentía cuando debía, los Corl frente a ella hablaban sobre las nueva armas que tenían y las posibles ubicaciones para colocarlas, ella no encontraba ninguna falla en sus ideas por lo que solamente decía las ventajas de dichas posiciones, algo que pareciera complacer a los otros. Sus compañeros humanos y los líderes de las razas que vivían en el planeta daban algunas ideas o comentarios, algo que pareciera animar a los seres de ojos violetas. Su mirada se enfoco en las grandes ventanas observando el cielo azul, todo era pacífico haya afuera las fauna voladora del planeta podía ser visible desde ese sitio, pero algo llamó su atención, una parvada de estos seres volaba en la distancia hacia el sur, ella nunca había visto tal cantidad juntos.
— Creo que eso es todo lo que tenemos — uno de los Corl dijo con una ligera sonrisa — nuestra conversación fue agradable, pero ahora todo depende de qué nuestra gente se una a la suya.
— fue un placer escucharle hablar sobre tal maravillosa tecnología — la vulcana hablo, mientras hacía una ligera reverencia — espero que nuestra gente se una, todos nos beneficiamos de tal unión.
— no lo dudo.
Con eso, la reunión terminó, pero mientras los demás recogían sus cosas y comentaban los últimos puntos, T’Pring no podía ignorar aquella sensación sutil, incómoda e imposible de ubicar. Era ilógico, lo sabía, pero no podía evitar mirar la ventana para ver qué pasaba, esperando ver a las aves, pero lo único que noto fue que el cielo estaba vacío y la anterior paz ahora era inquietante.
— Señor, el equipo Omega acaba de comunicar que su reunión terminó y vienen en camino.
Jim levantó la mira del Padd que estaba revisando, para observar a la soldado que le había dado la información — y el equipo Beta?
— la última comunicación fue que las conversaciones están tomando más de lo esperado.
— entendido, informa a los altos mandos que el equipo Omega finalizó su tarea.
— si, señor.
El rubio dirigió la mirada a ambos edificios que se alzaban frente a él, eran una maravilla para la vista, pero él había visto múltiples veces esto dos, por lo que la maravilla inicial se había esfumado, ahora solamente observaba los pisos en los que sabía que se habían llevado a cabo las reuniones, pero algo se sentía mal, había estado en múltiples peleas, había visto cómo todo se iba al infierno en cuestión de segundos, segura vivo porque había aprendido desde niño a hacerle caso a su instinto.
Mientras observaba a los habitantes del planeta caminar y hablar sin ningún problema a su alrededor no pudo evitar notar el como su pecho se comprimía, como el aire cambiaba de rumbo, algo estaba mal, pero no sabía que.
— equipo Alfa, atentos — su voz salía tanquila, pero con la suficiente fuerza para captar la atención de todos — algo no esta bien.
Observó cómo su gente tomaba sus armas y quitaban el seguro de estás, él como la soldado de antes se comunicaba por la radio con los otros equipos, ninguno lo cuestionó, habían vivido mucho como hacerlo ahora.
Todo estaba tranquilo, pero esa tranquilidad fue destruida en segundos, los gritos comenzaron de golpe, la gente comenzó a correr, no fue hasta que un edificio a la distancia cayó que vieron la amenaza, Criaturas largas, afiladas, con extremidades que parecían cuchillas líquidas; ojos múltiples, rojos, fragmentados; cuerpos con placas metálicas incrustadas en carne viva, tan grandes como una casa de dos pisos. Eran algo que nunca habían visto.
—¡Contacto! —gritó alguien del Alfa y con ello el infierno se desató.
Jim reaccionó al instante. Su voz cortó el caos como un disparo —¡Alfa, formación de defensa! ¡Protejan a los civiles y contengan el perímetro! —ordenó mientras el estruendo de las criaturas retumbaba entre los edificios.
Su gente se dividió en segundos: algunos abrían fuego, otros arrastraban civiles hacia zonas más seguras, pero todo era inútil. Las criaturas se movían como sombras vivas, rápidas, precisas, sin patrones claros. Era un ataque sorpresa, sin inteligencia previa, sin puntos débiles reconocibles, cada vez que derribaban a una, otra surgía, no tenían ninguna ventaja.
El rubio se cubrió detrás de un vehículo volcado, el metal vibraba con cada impacto de esas cosas. Disparó directo a los ojos múltiples de una criatura que se lanzaba hacia ellos; el monstruo cayó, chillando con un sonido metálico que hacía arder los oídos.
—¡Pilotos, listos para evacuación de emergencia! —gritó el comunicador— ¿¡Dónde están Beta y Omega!? —exigió, girándose hacia uno de sus soldados mientras cambiaba la batería del rifle.
—¡Omega ya salió del edificio, señor! —respondió ella, disparando sin alzar la cabeza—. ¡Pero perdimos contacto con Beta!
El corazón de Jim se detuvo por un segundo. Su mirada voló al edificio donde Gaila debía estar, una de las criaturas había levantado un vehículo como si fuera de papel y lo había arrojado contra una de las fachadas. El impacto había destrozado tres pisos, justo por debajo de la sala de reuniones.
Jim sintió el estómago hundirse, no sabía si el edificio aguantaría otro golpe. No sabía si Gaila seguía viva, pero no había tiempo para angustias.
No mientras más de esas cosas se acercaban.
— informa a Omega que vaya al trasbordador, Contacta a la Voyager. Reporta un ataque planetario, categoría roja. Solicitamos evacuación de emergencia y apoyo inmediato —dijo dejando de lado el miedo personal a la fuerza. La soldado asistió antes de tomar su comunicador y hacer lo pedido.
Debía asegurar la vida de los civiles, la de T'pring y sus propios soldados, Gaila era una prioridad, si, pero no una en ese momento exacto, con un gruñido volvió al ataque, sangre negra de las criaturas y de los civiles que no habían logrado proteger cubrían el piso, todo era una masacre.
— ¡señor, están ganando territorio! — uno de sus hombres a varios metros de distancia gritó y Jim sabía que no podían quedarse más tiempo ahí, la munición comenzaba a terminarse, pero no se iría sin Galia.
Dio órdenes a vários de ellos para que fueran con él, los otros recibieron órdenes de dirigirse al transbordador y de irse en cuanto pudieran.
Con el fuego de cobertura el y su grupo corrieron hacia el edificio, pero un disparó impactó la cabeza de uno de los hombres tras de Jim, este rápidamente apuntó su arma a el origen de este solo para ver una criatura completamente diferente.
Caminaba sobre los escombros con pasos pesados, firmes, como si el caos fuera su terreno natural, media dos metros, con piel grisácea, casi pétrea, músculos marcados como si hubieran sido tallados a golpes, la mandíbula sobresalía, bordeada de dientes como piedras afiladas, ojos pequeños, pero, llenos de una inteligencia sorprendente. En sus manos llevaba un arma enorme, diferente a cualquier que habían visto y aún humeante.
—Oh, mierda… —susurró uno de los soldados.
La criatura levantó el arma otra vez, sin prisa, casi con diversión, Jim apretó los dientes ante eso. Esto no era un ataque improvisado, era una invasión coordinada.
—¡Corran, ya! —ordenó.
Su grupo se lanzó al interior del edificio mientras los soldados restantes corrían hacia el transbordador. Jim no miró atrás, no tenía que hacerlo, podía escuchar las pisadas de la criatura, pesadas, aplastando el concreto… y algo peor: una risa áspera, gutural, que vibraba como un motor maldito.
El ascensor era un suicidio, así que corrieron directo hacia las escaleras. El eco de sus botas retumbaba contra las paredes, mezclándose con los rugidos de las criaturas afuera, los disparos, los gritos. Todo era una carnicería.
Los disparos tras ellos no los detuvo, no había cobertura, lo único que podían hacer era correr y esperar que no los alcanzará. Divisaron la entrada para las escaleras y corrieron más rápido, Jim estaba apunto de pasar por esta cuando un dolor agudo en su pierna casi lo hizo detenerse, pero aún así continuó, escuchó a sus hombres cerrar la puerta y bloquearla, el solo podía respirar agitadamente, apenas era consciente de que uno de ellos estaba revisando su pierna.
— el capitán fue herido — ella comentó a sus compañeros, antes de hacer un torniquete.
El rubio soportó el dolor, era grave la bala (o lo que fueran esas cosas) sería incrustada y dolía como una perra. La puerta fue golpeada y toda la pared bribo, no tenían tiempo.
Se separó de la pared y comenzó a subir las escaleras, sus hombres no lo cuestionaron, tenían una misión y la iban a cumplir, cada segundo era tiempo valioso perdido.
Al llegar al piso que debían fueron recibidos por luces parpadeantes, no había nada que les indicará que el enemigo ya había llegado ahí, pero aún tenían la duda de donde estaba el equipo Beta. Kirk reprimió un gesto de dolor al apoyar la pierna para caminar, sabía que retrasaría al equipo.
— muy bien, esto es lo que vamos hacer. ustedes— miro a sus hombres — buscarán a Beta y los civiles que aún estén aquí y los sacarán, me quedaré a darles tiempo— era un suicidio, lo sabían, pero era algo que debían hacer.
Con un asentimiento y un último saludo los soldados salieron corriendo con dirección a la sala de reuniones, Jim los vio correr antes de escuchar un estruendo a la distancia, cerró los ojos un momento antes de apuntar su arma al pasillo.
En cuanto lo vio disparó, no se detuvo, su dedo estaba sobre el gatillo, recargaba con rapidez y volvía a disparar, esa cosa nisiquiera había tenido la oportunidad de apuntar, había soltado el arma para cubrirse la cara, Jim sonrió cuando vio el líquido negro caer al piso y marchar las paredes, si sangraba podía morir, pero su munición termino antes de realmente hacer un daño significante, con un gruñido de fastidio dejó caer su arma y tomo su cuchillo, iba a pelear hasta el final.
La criatura pareció notarlo, porque no se molestó en tomar su arma en su lugar y avanzó hacia él. Jim solo apretó más el cuchillo.
—Ven, pedazo de mierda —murmuró, sin temblar.
La cosa embistió, el impacto fue como ser golpeado por un tanque y Jim salió disparado contra la pared, el aire escapó de sus pulmones en un jadeo áspero, pero mantuvo el cuchillo firme y lo hundió en el costado de la criatura cuando esta cayó encima de él.
El monstruo rugió, un sonido tan grave que hizo vibrar el piso. Jim aprovechó la distracción, rodó hacia un lado y volvió a atacar, directo a la articulación del brazo, el cuchillo entró, pero no lo suficiente. El ser lo agarró del pecho y lo levantó con una facilidad humillante, sus dedos enormes cerrándose como un torno.
La criatura lo lanzó contra el suelo con tal fuerza que sintió algo romperse y el mundo se le volvió blanco por un instante. Intentó levantarse, pero el dolor lo dejó sin aire, su boca sabía a hierro, el dolor en su pierna era insoportable y su visión se nublaba. La bestia avanzó hacia él, Jim intentó alcanzar el cuchillo, pero la criatura pisó su muñeca, sintió y escuchó los hueso tronar, el dolor ya era demasiado
Jim gritó, el monstruo piso con más fuerza, como si disfrutara del sufrimiento del humano, el rubio Intentó golpearlo con su brazo libre, pero no parecía importarle a esa cosa, la criatura levantó el pie y lo colocó sobre su cabeza, él apenas podía respirar, ya ni siquiera sentía otra cosa que no fuera dolor.
—¡Capitán! —Una voz humana, cargada de desesperación.
Se escuchó un estruendo y la cabeza de esa cosa voló en pedazos, antes de caer hacia atrás. Kirk intentó levantar la cabeza e intentar ver quién lo había salvado, pero pesaba demasiado, aunque no hizo falta ya que dos de sus hombres se acercaron a él, uno de ellos tenía el arma que la criatura había abandonado.
— ayúdame — uno de ellos dijo al otro intentando levantarlo.
Jim no escucho nada más antes de que todo se volvería negro.
[...]
Gaila no sabía que estaba pasando, en un momento estaban hablando y a punto de firmar el acuerdo cuando todo tembló, pedazos del techo callejón, vio cómo algunos soldados de Jim eran aplastados, alguien la empujó evitando que ella siguiera el destino de estos, su cabeza se había golpeado contra una mesa y había perdido el conocimiento por unos instantes, cuando volvió en sí el polvo se había asentado y a la distancia se escuchaban disparos y gritos ¿Que estaba pasando?
Su comunicador sonaba sin parar, lo sacó de su bolsillo y contestó sin siquiera ver quien era.
— ¿Dónde estás? — la voz de T'pring llegó a sus oídos.
La pelirroja tardó unos segundos en comprender la pregunta, su mente aún patinando entre el golpe, el polvo y el pitido en sus oídos. Cuando por fin ubicó dónde estaba, miró a su alrededor.
—En… en la sala de conferencias —respondió mientras se incorporaba con esfuerzo. Su voz sonaba ronca, extraña hasta para ella.
El panorama era devastador: algunas personas lloraban sobre cuerpos aplastados, otras intentaban mover escombros para liberar a quienes aún respiraban y un grupo permanecía sentado contra la pared, con la mirada pérdida, incapaces de procesar lo que acababa de ocurrir.
—Gaila, escucha —la voz de T’Pring era firme, pero había un matiz urgente, casi emocional—. El edificio ha sufrido múltiples colapsos, no es seguro. Necesito que evacúes de inmediato.
Gaila tragó saliva, aún mareada.
—Beta… no veo a mi equipo.
—Estamos intentando localizar signos vitales —respondió T’Pring—. Pero no podemos confirmarlos aún.
La pelirroja cerró los ojos un instante. Ese “aún” pesaba demasiado.
Un temblor recorrió la sala y polvo fino cayó como arena sobre su cabello.
—T’pring… ¿Qué está pasando afuera? —preguntó Gaila mientras se apoyaba en una mesa partida para no caer.
Hubo un silencio, uno largo.
—Estamos siendo atacados —dijo al fin la vulcana—. No por fuerzas conocidas, no hay registros, no hay avisos previos y las defensas del planeta han caído en múltiples sectores.
Gaila sintió un nudo formarse en su estómago. Si, sabían que algunos planetas aliados estaban en guerra contra una nueva civilización, pero se les había informado que el enemigo estaba lejos de su ubicación actual y que no eran una amenaza real.
—Jim está movilizando a Alfa. Intentan mantener un perímetro, pero… —T’Pring dudó y si T’Pring dudaba, era porque la situación era peor de lo que admitía.
—Estoy bien —mintió Gaila al instante, para cortar esa incertidumbre—. Puedo moverme y no tengo ninguna herida.
Un grito la interrumpió, vio como uno de los diplomáticos atendía a un herido, su pierna estaba destruida.
— que… no, no podemos irnos — la voz de T'pring llamo su atención, parecía estar hablando con alguien que no lograba escuchar — el capitán Kirk y la traductora Gaila no han llegado.
— el capitán Kirk nos ordenó desperar… la Voyager está enviando ayuda.
Gaila apenas captaba nada de lo que decían. Las voces se mezclaban con el zumbido en sus oídos y el temblor constante del edificio. Con cada segundo que pasaba, el polvo caía como una nevada lenta, gris, sofocante.
—Gaila —la voz de T’Pring volvió, más tensa, más baja—. Reporta tu estado, necesito saber si puedes evacuar.
La pelirroja respiró hondo, intentando enfocar la vista, el hombre en el piso gemía, su pierna era un amasijo de huesos y sangre. Otros dos se habían unido para intentaban detener la hemorragia sin éxito.
—Hay heridos… muchos —murmuró, obligando a sus piernas a sostenerla.
No tenía sentido mentir más. No cuando ya sabía lo que iba a hacer.
— tranquila — T’Pring dijo y su tono controlado la ayudó un poco—. Jim va hacia ti ¿Si? Él te va a sacar de ahí. La Voyager ha desplegado transbordadores que van en camino
Otro estruendo cortó la comunicación, el suelo se inclinó, la luz parpadeó levemente antes de asentarse, un pedazo del techo se desplomó a menos de un metro de ella, haciéndola retroceder de golpe. Un grito colectivo recorrió la sala.
La conexión crujió, se llenó de estática —Gaila, responde. —T’Pring sonaba distinta. En un momento mejor hubiera hecho una broma al respecto —. ¿Galia?
—Estoy aquí —respondió, tosiendo.
Su mirada recorrió la sala… y se detuvo en una figura, uno de los Corl, uno de los negociadores principales, estaba atrapado bajo una columna caída. Su piel violeta había perdido color, y sus ojos enormes parpadeaban con dificultad.
Los otros diplomáticos no sabían dónde empezar, tenían miedo del polvo, de la frágil estructura y de los disparos que se escuchaban.
— ¿Dónde está Jim? — pregunto con miedo, sabía que el no la abandonaría, pero el miedo la estaba carcomiendo.
— está en camino, tranquila, todo estará bien, solo…
— T… Hola? — revisó su comunicador, pero solo se escuchaba estática, con manos temblorosas guardo de nuevo el comunicardor.
Con pasos temblorosos fue a ayudar, a quien pudiera, necesitaba mantener su mente ocupada.
Todos se quedaron quietos cuando el ruido de disparos llegó a sus oídos, pero no pudieron pensar quien podía ser antes de que cuatro soldados entaran en la habitación, Gaila los reconoció como miembros del equipo Alfa.
— escuchen, no hay tiempo para explicaciones, los que puedan comiencen a correr, ayuden con los heridos y no se lleven nada que no sea necesario — la soldado dijo directa y clara, todos los presentes de inmediato hicieron lo pedido y salieron de la sala. Sin embargo iban por otro camino, no el que habían tomado para llegar.
— ¿Dónde está, Jim? — Gaila pregunto dirigiéndose a la mujer.
— asiendo tiempo — fue lo único que dijo, pero los cuatro soldados se detuvieron cuando los disparos dejaron de escucharse y eso sólo preocupó a Gaila — acompáñame — dijo al soldado que estaba junto a ella antes comenzar a alejarse — ustedes, salgan de aquí.
Con ello ambos se fueron por donde habían llegado, Gaila quería ir tras ellos, ver qué Jim estuviera a salvó, pero uno de los integrantes del equipo de Jim la detuvo, mientras daba órdenes que todos cumplieron. El hombre casi la estaba alzando, no importaba lo que dijera no la soltaba.
Con fastidio y dolor aceptó que no iba a poder contra el, por lo que terminó avanzando con todos los demás, bajaron las escaleras de emergencia tan rápido como podían, pero cuando salieron del edificio, Gaila solo vió caos.
Criaturas que nunca había visto destruían la ciudad, soldados caían muertos, cadáveres de civiles estaban en el suelo, todo era un pesadilla, todos comenzaron a correr por sus vidas. Sentía como sus piernas ardían por el esfuerzo, su cabeza dolida como el infierno, pero no se detuvo, tenía que encontrarse con T'pring y confirmar que Jim estuviera bien, tenía que vivir.
A la distancia podía ver los transbordadores despegar y algunos otros preparándose para ello, vagamente escuchó a uno de los mismos del Alfa comunicar que estaban a la vista. tras ella una explosión casi la hizo detenerse pero una mano en su brazo la obligó a continuar, ya casi llegaban.
Su respiración se volvió pesada, pero se obligó a continuar, sin embargo uno de los Corl tropezó, ella sin pensarlo de detuvo para ayudarlo a ponerse de pie, cuando iba a iniciar de nuevo la carrera sintió un ardor en su costado.
— carajo! — la voz de uno de los soldados de Jim llegó a sus oídos, pero ella bajo la vista para ver cómo su sangre caía de un agujero en su costado.
Cayó al suelo, los gritos a su alrededor se intensificaron y sintió que alguien la alzaba, todo a su alrededor se escuchaba como estar bajo el agua, podía escuchar a alguien gritar sobre la perdida de sangre.
Gaila respiró hondo o al menos lo intentó, pero el aire no llegó a sus pulmones. El aire no entraba, la visión se llenaba de manchas negras, y el ardor del costado se transformaba en algo frío… demasiado frío.
Vagamente pensó en que diría T'pring, sin duda estaría alterada, Jim talvez se culparía porque no fue el quien estaba ahí para protegerla, maldita sea no quería que Jim se sintiera culpable no por ésto, no había sido su culpa, Pike talvez les daría un sermón de horas sobre el como pudieron haber echo todo mejor,odiaria cada segundo de ello; esperaba que no tuviera una cicatriz fea.
Sintió como la dejaban sobre una superficie fría, sus ojos se enfocaron para observar el interior del tasbordador ¿Cuando había llegado? Sintió manos sobre ella, palabras que no lograba entender, alguien en algún punto de había puesto una mascarilla… sus ojos estaban cansados, solo iba a descansar un segundo. Esperaba que la herida no doliera tanto cuando se despertara.
[...]
>Con la caída de Oryndra varias mentiras fueron reveladas, una: que la guerra era peor de lo que se decía, el enemigo era más fuerte y poderoso que nosostros; la segunda: que no era el primer planeta en caer.
Esas verdades causaron que la gente comenzará a cuestionar a la Flota estelar, pero no lo suficiente como para ser realmente relevante, sin embargo en sus filas las dudas comenzaban a carcomer a todos, ya que eran amigos o familia quienes habían muerto en esos planetas… yo fui una de esas personas.
[...]
Fecha estelar 2378.56 un mes después de la creación de las primeras conciencias.
— Hola, T'pring ¿Cómo va todo por ahí? — la voz divertida de una mujer lleno la habitación a oscuras — nosotros estamos bien ¡Pero Jim es un aguafiestas! No me dejó comprar ese licor que se veía increíble…
— porque es ilegal! — una voz de un hombre se escuchó sobre la pelirroja, y en el encuadre del olovideo apareció un hombre con ropa informal, una sonrisa coqueta y ojos de un azul imposible.
— desde cuándo te importa eso!? — la mujer de piel verde fue ignorada por su compañero.
— molesta a Spock por mi,T — el rubio dijo con una sonrisa y una mirada que decían que sabía que ella no lo iba a hacer — y divierte, estás de vacaciones.
— si y queremos escuchar todo cuando vuelvas!
A lo lejos se escuchó la voz de alguien que les decía que se pusieran a trabajar, a lo que ambos se desanimaron ante ello, pero miraron a la camara con una sonrisa.
— cuídate y divertirte, T, no te preocupes por nosotros — Jim dijo con una sonrisa y con cariño en los ojos reservado para quienes consideraba familia.
— nos vemos pronto, te queremos! — con esas palabras finales de la Orión el vídeo terminó, la imagen de ambos sonriendo a la camara permaneció.
Frente al escritorio donde el proyector estaba colocado, estaba T'pring, sus ojos sin vida observaron el momento congelado, la vulcaniaba solamente memorizarba los rostros de sus amigos, sus únicos amigos.
Los había perdido a ambos en el mismo día, Jim había tenido múltiples heridas, huesos rotos y un pulmón perforado, los médicos habían hecho todo lo que habían podido hacer pero había sido inútil, al final se habían rendido en salvar su cuerpo; Gaila en cambio había sido más tranquilo, su herida era demasiado grande y se había desangrado, los médicos le habían informado que no había sufrido, que había sido como quedarse dormida, eso era un alivio para ella.
Había estado en el funeral y había recibido los pésame y las banderas de ambos, ya que parecía que era la única familia que estos tenían y eso era doloroso. Desde ese día evitaba al almirante Pike, el hombre parecía destruido, si, pero para ella el solamente le había causado demasiado dolor a su amigo, lo obligó a vivir bajó la sombra de un muerto y había abierto los ojos demasiado tarde para poder ver que Jim no era su padre.
Con un suspiro levanto su mano y reprodujo el vídeo de nuevo, lo sabía de memoria, pero necesitaba escucharlos, imaginar que no estaban muertos que solamente estaban separados.
— creo que ya has visto demasiado eso — una voz suave en la entrada de su habitación apenas la distrajo, sabía quién era, pero no quería verlo no ese momento — creo que ellos no…
— tu no sabes que es lo que ellos querían — la mujer dijo sin levantar la mirada — asi que no intentes usar eso como un arma, Spock.
— Mis disculpas — el mestizo realmente parecía disculparse, pero no le importaba.
Su mirada bajó hasta enfocarse en una fotografía de los tres juntos, todos tenían ropa civil, era uno de los raros permisos de descanso que Pike le daba a Jim, tanto ella como Gaila habían pensado que el permiso había sido del almirante Marcus, pero no habían comentado nada, simplemente habían disfrutado de esos días, nunca pensó que extrañaria esos días pasados, una parte de ella quería estar enojada con Jim por haber hablado con ella hace tantos años y con Gaila por seguirle la corriente al rubio, no podía hacerlo, no con ellos.
— ¿Querías algo o porque has decidido venir a mis habitaciones? — no se dignó a verlo mientras hacía la pregunta.
Ese día en el bar había dicho que los problemas con Spock no eran nada, que lo solucionarían, no fue así, la distancia entre ellos se había hecho más grande cuando el mitad humano se había enfocado más en su trabajo que en ella, tal vez ella estaba siendo ilógica al permanecer en duelo por dos humanos, pero esos humanos eran importantes para ella.
Spock dio un paso al interior, pero no lo suficiente como para parecer invasivo.Se aferraba a sus manos detrás de la espalda, rígido, era un gesto que ella reconocía: estaba intentando no ceder a sus emociones humanas.
—Vine porque pensé que… necesitabas compañía.
T’Pring cerró los ojos apenas, un segundo —No necesito compañía —respondió—. Necesito tiempo.
Spock asintió, pero no se movió —He sido informado —dijo al fin, con voz tan baja que casi no parecía suya— de que los protocolos de transferencia… continúan.
El corazón de T’Pring se detuvo y finalmente lo miró.
Spock sostuvo su mirada apenas dos segundos antes de bajarla, como si ver el dolor en sus ojos quemara. La transferencia había sido algo que ella no sabía hasta hace poco de una semana, el proyecto géminis que los altos mandos había creado, sus amigos habían sido los primeros en ser convertidos en algo llamado “conciencias” no estaban muertos, pero tampoco estaban vivos, ella no sabía si ellos serían siendo… ellos.
Cuando lo médicos no habían logrado salvar sus cuerpos solamente hicieron lo posible para mantenerlos con vida lo suficiente como para que en el laboratorio de la Voyager jugarán a ser dios y pasaran todo lo que hacía especiales a sus amigos en dos chips,; odiaba pensar si sus amigos estaban ahí dentro, atrapados sin descanso, sin cuerpo, sin estímulos o si simplemente eran copias huecas, imitaciones perfectas que jamás volverían a ser las personas que ella amaba.
Esa incertidumbre era peor que el duelo.
— ¿ A si?—respondió por fin, sin molestarse en ocultar el filo de su voz. No sabía por qué Spock insistía en contarle eso. Si buscaba consuelo, estaba fracasando de forma espectacular.
—Sí. —Spock mantuvo la mirada baja—. También se han evaluado candidatos para el trasplante. Ya se consideraron algunos perfiles para… Kirk.
T’Pring sintió náuseas. Un sentimiento completamente humano, pero que no intentó suprimir.
¿Eso era tortura? Les negaban el descanso a héroes mutilados para encerrar lo que quedaba de ellos en un fragmento de plástico… Para luego implantar esas conciencias en cerebros de desconocidos, condenándolos a vivir en un cuerpo que no era suyo, sin control, sin identidad, sin voz.
Eso no era progreso, tampoco era lógico, no era humano Y Spock se lo decía como si fuera un informe. Como si no estuviera describiendo la profanación más cruel jamás concebida a su familia.
T’Pring levantó por fin la mirada, y Spock retrocedió apenas, como si un golpe invisible lo hubiera alcanzado.
—¿Por qué me lo dices así? —preguntó con una calma que era más peligrosa que un grito—. ¿Por qué crees que necesito… datos?
Spock abrió la boca, pero no encontró palabras.
—Jim y Gaila no son proyectos, Spock. No fueron variables, no eran piezas que reemplazar. —Su voz se quebró apenas, casi imperceptible—. Eran mi gente. Mi familia — El silencio entre ellos se volvió tan denso que parecía absorber el aire de la habitación — y murieron como héroes, pero ustedes, tu, tu hiciste lo peor que podías hacer… — Spock permaneció inmóvil, ella en cambio se levantó de su asiento y se acercó a el —Les negaron el honor de morir. —T’Pring avanzó un paso, apenas, pero suficiente para que él evitara verla —. Les negaron el descanso, la dignidad. Les arrebataron todo lo que les quedaba… para convertirlos en herramientas. ¿Puedes comprender eso?
Spock respiró hondo, como si necesitara prepararse para responder.
—Intenté informarte— murmuró, débil.
—No, Spock. —La vulcana levantó una mano, cortante, impecable—. Intentaste justificarlo.
El mestizo cerró la boca, T’Pring continuó, su voz más baja y más peligrosa — He estudiado tu especie, la mía… y sé reconocer cuando alguien habla sin corazón. —Lo miró fijamente—. Y hoy… no hablabas como mi compañero, ni siquiera como un vulcano. Hablabas como ellos —susurró—. Como los mismos monstruos que convirtieron los restos de mis amigos en un experimento.
Spock palideció ante sus palabras y T’Pring dio un paso atrás, marcando distancia, casi sintiéndose satisfecha al ver al otro sufrir.
—Fuera —ordenó con una precisión que le partió el alma incluso a ella—. No deseo tu lógica, ni tu presencia.
Spock abrió la boca, apenas —T’Pring…
—Fuera.
El mestizo se detuvo, asintió sin levantar la vista… y se retiró, la puerta se cerró tras él y T’Pring, por primera vez desde el ataque, permitió que su respiración fallará.
Pero las lágrimas no llegaron, Los vulcanos no lloraban, sólo almacenaban el dolor… hasta que pesaba tanto como un planeta muerto.
Camino despacio y se volvió a sentar en el escritorio, está vez tomó otro pequeño proyector, este era sobre una misión que ambos habían tenido juntos, había sido una de las misiones diplomáticas más importantes para Gaila y Jim había sido elegido para escoltarla, la voz de emoción de la Orión lleno la oficina y la risa de Jim calmó algo en ella. No supo cuánto tiempo estuvo reproduciendo el vidrio una y otra vez.
Ya era tarde cuando su comunicador pito en el escritorio y ella se apresuró a tomarlo, era un mensaje del almirante Archer, su presencia era necesaria en un planeta aliado para discutir planes de batalla, no había tiempo para meditar, el deber llamaba.
Los humanos tienen un dicho extraño: “en la guerra y en el amor todo se vale”.
T’Pring no sabía si era una broma, una advertencia o una confesión cultural de lo profundamente caótico que era el corazón humano, pero mientras apagaba el proyector y dejaba el comunicador sobre el escritorio, comprendió algo con absoluta claridad: En la guerra, cada decisión costaba vidas y en el amor cada silencio también. Ella ya había pagado el precio de ambos.
Se puso de pie, ajustó su ropa con una precisión casi ritual y respiró hondo, tenía órdenes, tenía un deber Y aunque su mundo interior estuviera hecho pedazos no permitiría que nadie más decidiera sobre los muertos que amaba, no otra vez.
Cuando salió de la habitación, la imagen congelada de Jim y Galia quedó atrás… pero no su ausencia… Esa pesaba como un sol colapsando.
[...]
>>“En la guerra y en el amor todo es válido”
había escuchado esa frase miles de veces y jamás la había comprendido…Hasta ahora.
En la guerra, se sacrifican vidas para salvar mundos, en el amor, se sacrifican mundos para salvar una vida y ese equilibrio imposible, esa ecuación sin solución, lo estaba desarmando por dentro.
[...]
Spock observaba a T’Pring, Estaba acostada en la camilla de la enfermería, inmóvil, demasiado quieta para ser ella. T’Pring nunca hacía movimientos innecesarios, pero su quietud habitual era elegida, controlada, esto, en cambio, era ausencia de todo.
Su rostro, antes pulcro, sereno y orgulloso, estaba marcado por rasguños y moretones oscuros. Seguía siendo hermosa ante sus ojos, aunque una parte de él sabía que a ella no le habría gustado verse de ese modo.
Había sido un ataque sorpresa, otro más.
Una explosión cercana la lanzó contra una pared y después los escombros la sepultaron.
El doctor Boyce la atendió en cuanto la llevaron a la base militar, pero el diagnóstico fue implacable: T’Pring estaba en coma, nadie sabía si despertaría.
Su respiración dependía de máquinas y Spock no soportaba verla así o tal vez no aceptaba que la última vez que se habían visto las cosas no habían salido bien.
— señor Spock — la voz tras él lo sorprendió aunque él jamás lo aceptaría.
— Doctor Boyce — el saludo al hombre mayor, se veía cansado, en sus ojos ojeras de un color oscuro eran visibles, un recordatorio de que su trabajo nunca terminaba, pero aún así tenía esa mirada gentil en sus ojos
— ¿Cómo estás?
Esa pregunta era confusa, físicamente estaba bien, en el lado emocional estaba bastante confundido, pero sabía que a los humanos realmente solo le interesaba una respuesta para esta.
— estoy bien.
Boyce lo observó por unos minutos intentando comprender que pensaba, pero al no conseguirlo solo negó con la cabeza antes de hablar.
— no tienes porque aceptar — el hombre dijo dirigiendo un mirada a la mujer en la cama — podemos mantenerla con vida y esperar a que despierte o simplemente desconectarla y dejar que descanse… no tienes por qué pensar en la otra alternativa.
La palabra “otra” quedó suspendida en el aire como un cuchillo sin lugar donde caer. Spock no reaccionó, pero Boyce lo conocía lo suficiente como para notar cómo su espalda se tensó.
El Vulcano sabía que Boyce había tomado la decisión sobre Kirk y la Orión, no le pregunto a nadie más ¿porque lo haría? Ya tenía el permiso de los altos mandos, Pike había estado furioso porque no se le preguntó al respecto, T'pring había estado aterrorizada al enterrarse…
Estaba dividido, sabía que las conciencias eran un mal necesario para tener una ventaja en la guerra, pero sabía que a ella no le gustaría la idea de ser convertida en una, lo odiaría, odiaría ser convertida en algo sin opciones, sin cuerpo y dependiendo de un desconocido.
— solo piénsalo bien Spock, no hay prisa — con eso Boyce se dispuso a irse, pero sus palabras resonaron en su cabeza, en realidad no tenían tiempo.
Con suavidad tomó la mano de T'pring y la apretó levemente, un gesto humano, pero a ella nunca le había molestado que se comportara como uno, tal vez era el momento de encontrar el equilibrio entre la sangre vulcana y humana.
— en realidad ya tomé una decisión — su voz sonó segura y firme, mientras que sus ojos veían al médico sin ninguna duda — solo tengo una petición.
— ¿Y eso sería? — boyce lo observaba atentamente, tal vez esperando que se retactara.
— quiero que el implante sea realizado en mi, no en algún piloto de Meca, en mi, solo con esa condición ella será llevada para ser convertida en una conciencia.
Boyce se detuvo un instante en la puerta, como si la gravedad misma le pesara sobre los hombros. No era el médico el que había escuchado la petición… era el hombre que había visto a demasiados ser convertidos en algo que no querian.
—Lo hablaré con los altos mandos —dijo al fin, con voz baja.
Spock asintió una sola vez.
El doctor salió, escribiendo algo en su PADD con manos tensas. La puerta se cerró con un suspiro metálico y la enfermería quedó silenciosa, excepto por el respirador que mantenía con vida a T’Pring. Un sonido rítmico, artificial… un recordatorio de que cada segundo era prestado.
Spock volvió la mirada hacia ella, su mano aún reposaba en la de T’Pring, no la soltó. Por primera vez en su vida, no luchó contra lo que sentía, Por primera vez, no huyó a la lógica.
—No volveré a fallarte —murmuró, apenas audible, como un pacto sellado en la quietud estéril de la sala.
Y mientras la máquina seguía respirando por ella, Spock comprendió la verdad brutal del dicho humano que había rechazado toda su vida: En la guerra y en el amor todo, absolutamente todo, se vale.
