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LA CANCIÓN DE LA CULPA [EN HIATUS]

Summary:

Tras la repentina desaparición de Angelina Warner, y la súbita muerte de William Warner unos años después, el mayor de sus tres hijos, Yakko Warner, comienza a trabajar como pianista en un bar para sacar a sus dos hermanos adelante.

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PRÓLOGO

— Oh, por todos los santos. ¿Otra vez?

William vuelve a rebuscar entre sus cajones y armarios, en busca de alguna camisa en estado decente, pero lo único que encuentra son prendas arrugadas o manchadas. A veces, ambas al mismo tiempo.

— ¡Papi! — Uno de sus hijos, precisamente, la más pequeña de estos, lo llama desde el sofá de la sala, donde se encuentra recostada con varias mantas y una toallita húmeda en la frente — ¿Me traes un vaso de agua?

— ¡Ya voy, princesa! — Responde a gritos el padre, sonriendo con victoria al por fín encontrar algo en buenas condiciones.

— ¡Ya olvídalo! Ya me dió uno Yakko — Anunció Dot, mientras bebía desde un vaso de plástico color rosa.

— Ah, gracias — Le comenta William a su hijo mayor, asomándose desde el marco de la puerta de la cocina, donde un joven toon, de pelaje oscuro y brillante nariz roja, termina de servir la cena para sus dos hermanos menores.

— No hay de qué — Se encoge de hombros el adolescente. Yakko llama a gritos al tercer hermano, el cual se había mantenido oculto en la recámara que compartían los tres. William no estaba vestido tan formal solo por coincidencia, tenía una reunión con los profesores de su hijo debido a un reciente pleito. Al llegar de la escuela, Wakko le entregó el citatorio a su padre, con mucha vergüenza, y después se había ido a encerrar, sin ánimos de verle la cara a alguien.

Wakko salió cabizbajo, arrastrando los pies y evitando la mirada compasiva de William. El adulto lo comprendió y se arrodillo, para estar frente a frente con el niño.

No fueron necesarias muchas palabras, solo algo tan simple como un abrazo y un "todo va a estar bien" a susurros.

— Lo siento... — Se animó a decirle Wakko, todavía con el rostro escondido en el cuello de su padre. William lo tranquilizó.

No era la primera vez que lo citaban por el comportamiento de Wakko, generalmente era por las mismas razones: Algunos bravucones se metían con él o con Dot, y Wakko se lanzaba a la violencia, sin cuestionarse. Para ese punto, William ya sabía todo lo que le iban a decir las maestras, y solo asistía para firmar de enterado y prometer un cambio.

— ¡Tengo una idea! — Anunció William, soltando un poco a Wakko para no gritarle directamente al oído — ¿Qué tal sí regresando, compro un poco de helado?

Los tres niños victorearon la idea y despidieron a William, el cual cerró la puerta de la casa a sus espaldas.