Chapter Text
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Steve despierta.
Sus párpados se abren y la luz se filtra entre las hojas de los árboles cegando sus ojos, la brisa helada se arremolina a su alrededor haciéndolo estremecer por el frío que lo recorre.
Se siente mal, muy mal, siente un fuerte dolor de cabeza floreciendo a medida que recupera la conciencia, sus oídos zumban difuminando los sonidos, su piel arde como el infierno pero la siente fría contra el aire exterior, sus pies están descalzos, siente la mugre acumulada en sus plantas.
Parpadea efusivamente intentando acostumbrarse a la luz del sol, apoya sus brazos débiles sobre las hojas secas y la tierra y los trozos se le pegan en las palmas, los ignora mientras se sienta con dificultad.
Observa a su alrededor con la mente aturdida intentando recordar donde estaba y como rayos llegó hasta ahí, a su alrededor se yerguen árboles marrones con hojas naranjas y cafés que caían suavemente sobre el suelo con la brisa que sopla, algunos troncos grises están caídos y derribados por la gravedad despojados de la vida y casi enterrados bajo la pila de hojas, flores amarillas y musgos se extienden por el suelo tocando su piel.
Era un bosque, en otoño.
El zumbido de sus oídos se detiene y los sonidos se aclaran volviendo a la normalidad, Steve oye la cacofonía despertina del bosque, los pájaros cantan, sus voces y trinos estridentes le taladran la cabeza a Steve, el crujido de las hojas a su alrededor y bajo sus manos, el murmullo de la brisa que se arremolina en la copa de los árboles derribando las hojas sueltas.
Tose roncamente, siente como si su garganta estuviera al rojo vivo, le arde y le pica, siente como si hubiera tragado un desierto entero, se siente tan mal en todos lados, desea descansar, desea ser libre de este dolor, de esta carga, de este sufrimiento.
Steve no recuerda todo lo que pasó después de derrotar a Vecna, ni siquiera antes . Su memoria es una mezcla de dolor y confusión. Cada vez que intenta recordar es como intentar comer sopa con un tenedor. Todo esto quiere decir que recibe lo mínimo, una pisca para generar desesperación.
Tiene hambre, tiene sed, desea que la tierra se abriera y lo tragase para terminar con todo.
Oye pasos resonar a lo lejos acompañado del crujido de las hojas, se congela en su sitio como un ciervo deslumbrado y su piel se eriza, apoya sus manos en el piso y trata de arrastrarse hasta un árbol.
Sus piernas están débiles y todo su cuerpo duele, su mente está borrosa y su cabeza distorsionada, esta sufriendo pero aún así sabe que tiene que esconderse, tiene que sobrevivir, tiene que vivir, el dolor puede sanar, la sangre se puede limpiar, para todo hay arreglo en esta vida menos para la muerte.
Barb les enseño eso.
Billy les enseño eso.
Eddie les enseño eso.
Kali les enseño eso.
Se arrastra, se escabullé al costado de un tronco caído, se oculta bajo las hojas acumuladas y permanece callado, quieto, su cuerpo vibra y las ganas de toser se acumulan sobre su pecho pero resiste.
Los pasos se detienen y Steve se apreta contra el tronco conteniendo la respiración, oye un silbido y su nariz empieza a escocer al percibir el humo del tabaco en el aire.
Puede oler algo mas en el aire pero no logra distinguir que es, huele tan bien pero sabe que debe quedarse quieto, pasar desapercibido en el panorama.
lo oye, lo huele, Steve sabe que esta cerca, tan cerca que su garganta pica y siente como su estómago se revuelve, tiene tanta hambre, tanta sed.
Su estómago gruñe y Steve maldice internamente, se apreta contra la pared del húmedo tronco mientras reza para no lo aiga oído quien sea que estuviese cerca.
Él espera...
Él espera...
y espera...
Manos ásperas, grandes y regordetas se enroscan en sus tobillos y tiran con fuerza, Steve grita e intenta alejarse pero las manos no lo sueltan, intenta patear, intenta defenderse.
Él pelea.
Steve alza la vista con temor y se encuentra con ojos marrones, un hombre gordo de cabello negro corto y piel arrugada y ropa desaliñada con manchas repugnante le devuelve la mirada con una sonrisa repugnante.
Su cuerpo adolorido y débil se niega a aceptar lo que sea que fuera a pasar, sabe que debe pelear, está situación no está para nada a su favor.
Su pie golpea algo blando, las manos rápidamente se alejan y un fuerte grito resuena contra los árboles ahuyentando a los pájaros.
Gira su cuerpo y su pecho golpea el duro suelo, su caja torácica duele ante el golpe, el oxígeno le falta.
Steve se aleja a rastras, sus codos se raspan mientras intenta levantarse pero sus rodillas se doblan contra su voluntad, gatea sin voltear la mirada hacia el hombre, temeroso de que las cosas escalaran a peores.
Los pasos regresan pero esta vez son lentos, indecisos y Steve maldice gateando más rápido, sus manos arden igual que sus rodillas por la fricción contra la tierra y el suelo lleno de hojas.
Steve se arrastra hasta el tronco, intenta subirlo pero sus piernas no colaboran, se arrima sobre el costado y toma una pequeña piedra entre sus manos débiles, listo para cualquier cosa.
Sus miradas se encuentran y el hombre se detiene a pocos centímetros, sus manos se mueven entre un gesto apaciguador y la furia distorsionada de atacar mientras apreta las piernas y se inclina.
Sus labios agrietados se mueven pero Steve no escucha nada, solo oye un latido cardiaco que va relativamente rápido pero se oye mal para él.
No es su corazón.
Se da cuenta tarde.
No lo oye, la adrenalina recorre sus venas pero no puede escucharlo, no puede sentir el familiar palpiteo contra sus costillas exigiendo oxígeno, exigiendo sangre, manteniendo su vida.
Las palabras de Nancy resuenan dentro de su mente.
La respuesta a esa pregunta estúpida que un Steve muy enamorado le hizo hace una eternidad.
'Steve, no puedes vivir sin un corazón, es imposible'
'pero es tuyo Nancy Wheeler, si terminamos mi corazón se iría contigo, y yo seguiría por la vida llorando la pérdida de lo que más amo'
'eso no va a pasar Harrington... No te irás a ningún lado, yo tampoco...'
Palabras tan tiernas y llenas de amor que se convirtieron en cenizas más rápido que una llama bajo la lluvia y la despedida de un arcoiris.
Las palabras se distorsionan y el recuerdo se aleja seguido por la tristeza de un amor caído.
Se concentra en lo importante.
El miedo crece por qué ya no lo oye.
Y el no sabe que le pasa.
No sabe dónde está.
No sabe quién es el hombre frente a él.
No sabe como arreglar esta situación.
Sabe cómo liberarse.
Las manos regresan y Steve no duda en balancear la piedra hacia adelante golpeando al hombre a un costado de la cara lo suficiente para hacer una raya roja y sangrante.
El líquido rojo brilla bajo la luz solar y Steve siente su estómago gruñir y el ardor en la garganta avivarse como llamas del infierno por otra alma la cual torturar.
Tiene tanta sed pero no debe desviarse.
Todavía no oye sus latidos pero si los del hombre frente a él.
Huele a temor pero a control, satisfacción, añoranza.
El líquido rojo huele de maravilla, huele tan sabroso que a Steve se le hace agua la boca.
El hombre se vuelve a inclinar, lo toma por las muñecas apretándolas y haciendo que la piedra se caiga al suelo, dejándolo indefenso y a su merced.
Se inclina más y su aliento repugnante golpea a Steve en la cara, su ceño se frunce con asco y las ganas de vomitar lo invaden pero está lo suficientemente cerca como para oler la sangre.
El líquido rojo se derrama como una cascada de el costado de la cara hasta llegar a su ropa andrajosa y siente ganas de lamerla.
Su mirada se ve atraída hacia el hombre cuando esté se inclina y le da un lametón a su mejilla, Steve patalea y se remueve con asco pero no puede irse a ningún lado.
Sus ojos se vuelven cristalinos al entender la situación, se remueve más, pelea más, y mira la sangre.
Debe hacer lo que sea para que está situación termine lo antes posible.
El hombre murmura algo sobre ojos rojos pero Steve no le presta atención y se centra en pelear, su garganta calienta y tiene tanta sed.
Inclina la cabeza hacia adelante entre el hueco del cuello del hombre, huele a cerveza rancia y tabaco acumulado, sus venas se marcan y ve la sangre recorrer los pequeños tubos.
Su boca se abre y siente sus encias sangrar y dar paso a algo nuevo, mejor, algo que lo ayudará.
Su boca se cierra sobre la piel rompiéndola, haciéndola sangrar, el animal bajo el aúlla de dolor y se remueve pero Steve lo aprieta entre sus brazos.
Su sangre sabe tan bien.
Sana su garganta herida, alimenta su estómago y calma la picazón de su piel como un bálsamo.
No lo suelta por mucho que grite, bebe y bebe, el cuerpo del hombre se debilita y cae hacia atrás, Steve no se despega de él y se deja caer sobre él, se siente sobre su regazo y sigue bebiendo.
Bebe hasta saciarse.
Bebe hasta llenarse.
Bebe hasta que el cuerpo bajo él deja de moverse, deja de pelear contra la naturaleza del más fuerte, deja de resistirse contra lo inevitable.
Bebe hasta dejarlo seco.
Steve gime y se inclina, soltando a su presa de sus colmillos, el cuerpo cae flácido hacia atrás, sin vida.
Levanta la cabeza con los ojos cerrados y jadea con la boca abierta manchada de sangre en toda la cara como si hubiese consumido la mejor droga del mundo, el mejor éxtasis de la historia.
La realidad lo golpea como un tren de carga cuando las cosas se calman, mira el cuerpo bajo el y el terror lo alcanza.
Él lo mató.
Él no sabe por qué lo hizo.
Su sangre sabía tan bien.
Fue en defensa propia.
Se levanta, sus piernas ya no se sienten débiles, la brisa le remueve el cabello y se percata recién que no lleva ropa.
