Work Text:
Ya habría tiempo más adelante
Son los carteles lo que lo vuelven más real. La fotografía que es la del anuario de secundaria y en donde el rostro de Izuku es todavía redondo, algo aniñado, la sonrisa sin pretensiones, el gesto inocente, y las pecas su cualidad más notoria. Abajo, el nombre, junto con un ‘Se busca’ y ‘Cualquier información se recompensará’, pero sin especificar cuánto porque la tía Inko está sola y pagar cualquier rescate está fuera de sus prospectos.
Incluso así, los carteles cubren postes y comercios a varios kilómetros a la redonda del último sitio donde se vio a Izuku, pero al cabo de 24 horas la policía se muestra nerviosa, al cabo de una semana escéptica, y a finales de mes, sientan a Midoriya Inko para hacerle saber que quizá su hijo jamás vuelva a casa.
Desde las gradas, Katsuki lo observa todo sin dar crédito. Izuku es el crío con el que creció, su mejor amigo hasta que ego se interpuso de por medio al no tener éste un quirk, y aquel al que terminó de darle la espalda cuando su estatus de omega se confirmó.
Sus padres hablaron con él varias veces, siempre preguntando por alguna pista o información que pudiera aportar al caso, y con vergüenza admitió Katsuki que ya no eran amigos, que apenas se dirigían la palabra, y que cuando era así, se trataba de él tratándolo con desprecio, llamándolo Deku, y torturándolo a cada oportunidad.
El que Izuku hubiera elegido una ruta distinta a la usual para volver a casa (una que por desgracia tenía largos tramos sin vigilancia y hacía su rastro difuso) fue por causa de Katsuki cuando ese día en particular el alfa lanzó su mochila a la fuente de la escuela y lo llamó toda clase de motes despectivos, y cuando esa misma noche la tía Inko llamó para preguntar si no sabían de él, con crueldad replicó entre dientes que le daba igual, que Deku podía estar en cualquier zanja porque no le importaba.
Ah, si tan sólo pudiera volver en el tiempo… Cambiar sus palabras, sus acciones, detener a Izuku de tomar ese camino y desvanecerse en nada.
Y la culpa de aquello lo acosaría por años venideros.
Katsuki entró a UA como siempre había sido su sueño, pero también el de Izuku. Una pena que el omega había nacido sin quirk alguno, pero eso nunca le había impedido soñar que lo conseguiría. Y de alguna manera, Katsuki siempre creyó que seguirían siendo compañeros de clase.
Por el recuerdo de aquel amigo de la infancia cuyo paradero la policía catalogó como una incógnita, Katsuki se mantuvo siempre en los primeros tres puestos de la clase, enmendando su pasado al aprender paciencia y también emular a Izuku en su amabilidad y deseo de ayudar al prójimo. Cualquiera que lo conociera antes de entrar a UA, jamás habría creído en la transformación por la cual pasó, y era mejor así. Katsuki quería distanciarse de la persona que era años atrás y adoptar la vida que como héroe Izuku habría llevado.
Le parecía a él, la mejor penitencia posible, y así habría llegado a la vida adulta de no ser porque en su primer año después de graduarse entró como novato a la agencia de Sir Knighteye bajo el mando directo de Lemillion, y en sus patrullajes por un barrio considerado problemático por la presencia de la yakuza, cruzaron caminos con una pequeña niña que aterrada pidió su ayuda.
—¿Dónde están tus padres, pequeña? —Preguntó Lemillion con presteza, y la niña miró aterrada por encima de su hombro.
—Ma-Mamá me pidió que bu-buscara ayud-da —trastabilló la niña, abrazándose a continuación a las piernas de Katsuki y escondiéndose detrás de él cuando del callejón de donde había salido apareció un hombre con máscara que la reconoció.
—Oh, Eri. Ahí estabas —dijo con una voz fría, carente de afecto.
—¿Qué es suya la niña? —Preguntó Lemillion, y el individuo mostró sus manos con tranquilidad.
—Es mi hija, puede preguntarle. ¿No es así, Eri?
Temblando todavía sujeta a Katsuki, ésta asintió.
—Si hija parece tenerle miedo —dijo Katsuki, que alfa como era, podía oler en la niña feromonas de miedo y estrés en su cuerpo.
—Es nerviosa por naturaleza. Suele ponerse así por nada —dijo el hombre, presentándose después como Chisaki Kai—. Y lo siento por ustedes, héroes, pero a menos que tengan una razón para detenerme o retener a mi hija, devuélvanmela ya.
Sin saber cómo actuar porque seguían siendo novatos y aquel caso no tenía que ver con quirks y si acaso era asunto de la policía, Katsuki y Lemillion se quedaron en posición de ataque hasta que Eri decidió por cuenta propia volver al lado de su padre.
Y todo habría quedado en eso de no ser porque al pasar a un lado de Katsuki, éste pudo oler a la perfección la mezcla de moras, miel y té verde que caracterizaba a Izuku.
—¿Deku? —Musitó para sí, y la niña se congeló, mirándolo con pánico y reconociendo de pronto un aliado.
—¿Conoces a mamá?
Tres simples palabras, pero que desencadenaron la lucha más explosiva en aquella zona durante la última década.
Katsuki peleó con Eri a sus espaldas, activando un quirk poderoso que sólo después podrían catalogar como de rebobinado, donde la niña lo devolvía a su estado antes de herirse y limitaba el daño recibido, porque al enfrentarse a Chisaki se toparon con un poderoso enemigo capaz de armar y desarmar todo aquello que sus manos tocaban.
Dos quirks poderosos y similares, que enfrentados en el campo de batalla podrían haber inclinado la balanza en cualquier dirección, pero a sabiendas de que la niña era la llave que desentrañaría el misterio de la desaparición de Izuku casi 5 años atrás, Katsuki luchó a su lado y consiguió una victoria aplastante para ambos.
Lemillion apenas dio crédito de la destrucción que abarcó un diámetro de cinco calles a la redonda, y después tampoco tuvo palabras cuando Katsuki le pidió a la niña que le dijera dónde estaba su madre.
La labor de rescate y neutralización de más villanos requirió horas y llevó a varios héroes al hospital porque Chisaki se rodeaba de hombres fuertes y leales a su causa, pero lo consiguieron, porque en las penumbras de una habitación cerrada y escondida a menos que se conociera su localización exacta, se encontraba el omega y su estado era deplorable.
—¿Dónde está Eri? —Preguntó Izuku apenas pudo recuperarse de la sorpresa al ver a varios héroes rodeándolo—. ¡Tienen que protegerla! Kai es capaz de-…
—Tu alfa ha sido neutralizado —dijo Kirishima, como parte del equipo que se había sumado a su rescate.
—¡Él no es mi alfa! —Replicó el omega con enojo—. ¿Dónde está mi hija?
—Está en el hospital Jaku, bien de salud pero agotada —dijo Katsuki, avanzando un paso al frente e intercambiando una mirada de reconocimiento con Izuku—. Ven con nosotros.
Caminando a duras penas porque era obvio que había vivido toda clase de condiciones inhumanas en aquel sótano, Izuku salió de ahí sin voltear atrás o intentar llevarse nada de lo que había ahí consigo, y sólo entonces se percató Katsuki del pequeño bulto que el omega tenía al frente y que delataba un embarazo.
El segundo si su maternidad con Eri era verificable, y el pobre había sido capturado por aquel alfa psicópata. Tsk, no había que ser un genio para deducir lo que había ocurrido.
Para mal que los medios informativos se cebaron con aquella historia porque había mucho más de lo que podía verse a simple vista.
No sólo había elegido Chisaki a Izuku por ser omega, sino porque deseaba realizar un experimento, y requería de un sujeto de prueba sin quirk alguno. Deseando transmitir una versión mejorada del suyo a una siguiente generación, había forzado a Izuku a dar a luz a Eri, y no satisfecho con las similitudes de su quirk, lo había embarazado de vuelta y tenía experimentando con su cuerpo más de 1 año completo. Aunque Izuku sólo tenía 4 meses de embarazo, estaba en ese estado desde 15 meses atrás, agotado de fuerzas, débil, algo desnutrido, y también traumatizado.
Eri había sido su única opción cuando la niña escapó buscando ayuda, y había sido un alivio cuando ésta volvió con héroes y el alfa que les hizo aquello acabó en el Tártarus con una condena que garantizaría que jamás volviera a ver la luz del sol.
Con ello, Izuku volvió a casa, pero el precio a pagar continuó siendo demasiado alto…
Katsuki visitó a Izuku en el hospital apenas tuvo autorización del médico para hacerlo, y aunque había sido su mano la que el omega sostuvo cuando escapaba de aquel sótano y Eri insistió en ser cargada por él cuando al fin madre e hija se reunieron, era extraño verse sin más personas que ellos dos.
Más que eso, era saldar una cuenta de muchos años, y Katsuki no hesitó en colocarse de rodillas y con la frente en el piso disculparse por lo que sus acciones le habían acarreado en la vida.
—Era un crío repelente. Si no te hubiera hecho tanto daño… Quizá ese día no habrías tomado esa ruta y Chisaki-…
—No —le interrumpió Izuku, abandonando su posición supina en la cama y sentándose con él en el piso, pidiéndole levantar el rostro y verlo a los ojos—. Kai ya me había elegido, ¿entiendes? Era complicado encontrar una persona que cumpliera con los tres requisitos que él buscaba: Un hombre, omega, y sin quirk. No tiene nada que ver contigo, simplemente ese día era el momento y el lugar equivocados para mí, y Kai actuó. Es todo.
—¡Pero-…!
—Habría ocurrido tarde o temprano. Kai tenía sus propios planes, y los llevó a cabo —dijo encogiéndose de hombros, y la bata del hospital cayó un poco sobre su hombro.
Visto de cerca, Izuku se veía incluso más joven de lo que era, y los médicos deducían que era por efecto de los quirks a los que había estado sometido por su alfa y su hija sin parar. En cualquier caso, esos días habían terminado y el omega podría continuar con su embarazo de la manera normal, y al fin, en 5 meses conocer al bebé que estaba gestando.
Tomando en consideración la manera que ese bebé (y Eri) habían sido concebidos, era casi un milagro que la actitud de Izuku frente a la adversidad fuera de eterno optimismo y una felicidad que casi rayaba en la historia, pero Katsuki ya lo había visto en otros supervivientes, y la crisis y el dolor lo alcanzarían como una ola tarde o temprano.
Katsuki daría lo que fuera para evitárselo, pero realmente no estaba en sus manos. No ahora que era él quien lloraba desconsolado, y el omega quien lo acunó en su regazo y lo tranquilizó con sus feromonas.
—Hiciste un buen trabajo como héroe y como alfa, ¿sabes? Eres el mejor, me salvaste —le repitió Izuku, pasando los dedos por su cabello y transmitiéndole una paz de la que ahora tenía de sobra, pero más adelante…
Ah, mejor no pensar en eso por ahora, y abrazándose a su cintura, Katsuki se disculpó una vez más y lloró todo lo que quiso.
Las visitas en días alternados se volvieron una rutina, igual que pasar a la sala de pediatría y cerciorarse cómo estaba Eri.
Midoriya Inko apenas daba crédito al hecho de haber recuperado a su hijo y tener una nieta, además de otro nieto en camino, y aunque las circunstancias de su concepción y nacimiento eran perturbadoras, eso no le impidió recibirlos de lleno en sus brazos y asegurarles que estarían bien bajo su cuidado.
La prensa y el círculo mediático que se armó en torno al caso fue lo peor, pero Izuku lo sobrellevó con la resiliencia que lo caracterizaba, aceptando las sesiones de terapia que el hospital sugirió pero sólo por Eri, quien tenía pesadillas y sólo parecía sentirse cómoda al lado de ‘su héroe’, que no era otro menos que Katsuki.
Habiéndose ganado la devoción incondicional de la niña, Katsuki se fue haciendo de un espacio al lado de Izuku, que deseoso de retomar su vida, había tenido la suerte de a pesar de todo estar bien protegido por Chisaki al destinar éste una cuenta con dinero y pensión mensual para sus cachorros en caso de ocurrirle lo peor. Ni de broma que debió haber pensado que estaría en prisión y sería así como Izuku accedería a esa cuenta, pero no importó cuando el omega dispuso la compra de un departamento cerca del edificio de Inko, matriculó a Eri en el kindergarten, y él se anotó a clases de yoga prenatal mientras estudiaba en sus horas libres para cursar la preparatoria abierta.
Muchos lo habrían catalogado de ingenuo por creer que podría recuperar su vida con tal facilidad, pero no Katsuki, quien cobró la costumbre de también visitarlo en casa, trayendo consigo pequeños regalos en la forma de víveres, juguetes, y hasta una cuna cuando Izuku llegó a su octavo mes de embarazo y se mostró dubitativo de cómo proceder.
—Este embarazo es muy distinto al anterior… —Le confió a Katsuki una noche en que el héroe se quedó a ayudar a limpiar la cocina con él después de cenar, donde sólo eran ellos dos porque Eri ya se había dormido—. Imaginé que volvería a tener a mi cachorro en el piso de aquel calabozo, y ahora en cambio me abruma pensar todo lo que puedo comprarle… Antes sobreviví con un puñado de mamelucos, y ahora en cambio puedo hacer tanto por ambos… Será un niño —admitió por último, pues había dudado en comprobarlo, pero al parecer había vencido ese temor y creado uno nuevo—. ¿Crees que se parezca a… él?
A Katsuki se le secó la garganta. —Es una posibilidad, sí.
—Uh…
—Pero también puede que guarde parecido a ti. Eri no se parece a ninguno.
—Oh, en realidad es idéntica a su abuelo paterno.
—Quién sabe, quizá entonces este bebé guarde parecido a la tía Inko.
—Ojalá…
—Sí, ojalá.
Eligiendo registrar a Eri como Midoriya porque hasta el momento de su liberación no había ningún documento legal a su nombre que la acreditada como ciudadana japonesa, Izuku hizo lo mismo con Chizu, el pequeño niño que dio a luz 3 semanas antes de lo previsto y con una impresionante mata de cabello oscuro que guardaba reflejos verdes idénticos a los de Inko, así que eso fue de lo que más parloteó cuando Katsuki salió antes de su turno como héroe para visitarlo, trayendo obsequios tanto para el cachorro como para la madre.
—Es hermoso, Izuku —dijo el alfa cuando el omega le permitió cargarlo, y no mentía.
Midoriya Chizu iba a ejemplificar todas las cualidades positivas de Izuku sin rastros del alfa que había sido su donado de esperma y se pudriría hasta el final de sus días en la cárcel. Del padre con el que crecería y que no sería otro más que Katsuki, ah, todavía era demasiado pronto de hablar.
Antes, Izuku tendría que sanar y estar listo para una relación, y Katsuki tendría también que hacer un recuento de los daños que le había causado y pagar penitencia, pero iban bien encaminados a conseguirlo. En el momento actual, una relación no era su prioridad, pero la atracción estaba presente, y los sentimientos en formación. Katsuki incluso podía afirmarse enamorado de Izuku, y que no le era indiferente al omega, pero no quería atosigarlo con una decisión cuando lo que había entre ellos era todavía demasiado frágil para perdurar. Ya habría tiempo más adelante.
Era como todo en la vida, simple cuestión de esperar, y sosteniendo a Chizu en brazos mientras ensayaba lo que le diría a Eri apenas verla, Katsuki se convenció que no había prisa.
Izuku bien valía la espera.
/*/*/*/*
