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No me olvides

Summary:

Harry Potter sufre pérdida de memoria. Su esposa Ginny y su hija Narcisa quieren ayudarle como sea, pero solo parece recordar el tiempo que pasó junto a Draco Malfoy.

Chapter 1: Primeros síntomas

Chapter Text

Bajo el sol radiante de julio, Harry avanza erráticamente entre las praderas del valle de Godric, en Escocia. Zigzaguea sin rumbo definido, deteniéndose de vez en cuando para coger una flor o una piedra grabada por la lluvia y el viento. Mira hacia el horizonte, intentando recordar por qué ha venido aquí. En balde, las palabras de su esposa huyen de su memoria, y en su mente sólo quedan recuerdos de otros tiempos y otra gente.

El calor del sol y la brisa contra sus mejillas despiertan sus ansias de volar. En tierra le esperan obligaciones que no desea afrontar: está cansado, sólo desea paz. En el aire es el único lugar donde halla tranquilidad.

Quiere conjurar su escoba, pero le resulta imposible recordar la casa donde vive junto a su esposa. En su mente aparece una habitación con cinco camas con dosel escarlata, cada una con una mesilla de noche y un cofre a los pies: la habitación que compartió con sus compañeros de Gryffindor durante siete años. Siete años descubriendo la magia, aprendiendo hechizos y pociones, preparándose para afrontar un destino inevitable. Puede ver amigos, compañeros, profesores de aquellos días ya lejanos, pero pronto toda la gente conocida se funde en un único rostro pálido, de facciones angulosas y ojos de plata: Draco.

-.-.-

- ¿Dónde está Harry? - una voz entusiasmada llena la sala - ¡Tengo algo para enseñarle! ¡Una pluma de fénix blanco!

Ginny se seca las manos en el delantal mientras abandona la cocina, y contempla a su hija Narcisa, todavía ataviada con la túnica de viaje. Parece un retrato de ella misma en su juventud: melena de fuego, piel llena de lunares, labios de pétalo de rosa... Aunque lo más destacado son los ojos verdes, el único rasgo heredado del padre.

- ¿Todavía no ha llegado? - suspira.

Un temor cruza por su cabeza: no ha podido olvidar la época de terror, cuando en el mundo mágico todo era caos y muerte, y ella no sabía si nunca volvería a ver el padre de la criatura que crecía en su vientre. Recuerda noches interminables tumbada en la cama, sola, imaginando al chico escondiéndose en alguna cueva o granero abandonado, viviendo como una fiera salvaje, lejos de la gente querida. Recuerda los difíciles momentos del parto, deseando que al menos él pudiera asistirla en el nacimiento de su hija, pero él no estaba a su lado. Recuerda cuando escuchó el falso rumor de que el Niño-que-vivió había caído en manos de Lord Voldemort; aquel día fue como si hubieran sentenciado su propia muerte. Recuerda los días que sobrevivió como alma en pena, apenas consciente de que otra vida dependía de ella... su hija. Su hija fue quien la salvó de no intentar poner un drástico fin a su desdicha.

- Entonces... ¿todo sigue igual? - pregunta la joven veinteañera, la preocupación borrando cualquier indicio de su previa euforia. La madre asiente lentamente. - Entonces... se ha vuelto a olvidar de dónde está.

En la vacilación del tono de su voz se adivina el deseo de estar equivocada.

Desde hace algún tiempo, el olvido es una sombra que los persigue inexorablemente, sin respiro, que irrumpe en su vida y les roba la paz del día a día. Desde hace algún tiempo, Harry se pierde en sus propios pensamientos.

- Madre, creo que deberíamos llevarlo a que lo examine un especialista.

Ginny vuelve a asentir apesadumbradamente.

- Mañana, hija. Mañana.

-.-.-

Extiende los brazos y empieza a moverlos hacia arriba y hacia abajo, imitando el vuelo de un pájaro. Corre campos a través, los pies apenas rozan el suelo. Libre. Plumas de fuego crecen por todo su cuerpo, sus brazos se convierten en unas magníficas alas. Tampoco le faltan ni pico ni garras. Al fin puede volar. Y olvidar todo sufrimiento.

No volverá a casa hasta altas horas de la noche.

-.-.-

Sentadas en una sala blanca e inmaculada en la cuarta planta del Hospital de San Mungo, madre e hija esperan, nerviosas, al lado de Harry, que parece inconsciente de todo cuanto ocurre a su alrededor. Sólo ellas adivinan las medias sonrisas de compasión o devoción de las otras personas que también esperan en la sala. No acaban de entender que ante la mera presencia de Harry la gente pueda olvidar sus propias miserias, aunque sólo sea por un instante, y solamente esperen una salutación o un guiño de su ídolo, el salvador del mundo mágico.

Finalmente una joven enfermera de cabello caoba asoma la cabeza por la puerta:

- ¿Familia Potter? Si quieren hacer el favor de seguirme, ¿por favor?

Ginny coge suavemente la mano de su marido y le susurra dulces palabras al oído. Harry parpadea dos, tres veces, intentando tomar conciencia del lugar donde se halla. Cuando descubre a su esposa, en sus labios se dibuja una sonrisa genuina. Alarga el brazo para acariciarle la melena roja, pero se detiene a medio camino: queda un poco desconcertado por la preocupación que cree adivinar en el rostro de la mujer, y murmura palabras tranquilizadoras:

- No sufras. Todo irá bien.

La enfermera los conduce por pasillos interminables, hasta llegar antes una puerta con un cartel: Doctora Patil, neuróloga. Harry se echa a reír, como si acabaran de contarle un chiste. Madre e hija se miran, estremeciéndose ante esa salida inesperada. Haciendo acopio de todo su valor entran en la consulta, con el mismo miedo de los condenados antes de escuchar sentencia de muerte.

-.-.-

Otra madrugada más que Draco se despierta desnudo en brazos de una desconocida, vagos recuerdos de otra noche de borrachera, dos cuerpos bailando y buscando confort uno contra el otro. Pero no siente nada, ni siquiera remordimiento.

Mientras se viste, rememora noches de una época ya lejana, cuando no tenía que huir al amanecer como un vulgar ladrón. Draco Malfoy, heredero de una de las familias prestigiosas y con una inmensa fortuna a su disposición; soltero de oro codiciado por magos y brujas de todo el mundo; poseedor de una gracia y un encanto sobrenaturales, igualados tal vez únicamente por veelas y sirenas. Draco Malfoy, que con sólo sonreír o bajar la mirada puede conquistar tu corazón, y que con una sola palabra puede romperlo a pedazos. Cuenta por centenas las personas que alguna vez se han propuesto ganarse su estima, atraídos por la riqueza, belleza o ambición de conseguir lo imposible. Draco Malfoy juega con todos y les abandona cuando ya no le interesa lo poco que le pueden ofrecer. Malas lenguas afirman que Draco tiene un corazón de piedra, que es incapaz de amar. Pero lo que muy pocos saben es que alguien ya se ganó su corazón hace mucho, mucho tiempo, y que desde entonces no ha habido lugar para nadie más: Harry Potter.

Todas esas noches de pasión fingida y de acompañantes anónimos se han convertido en una rutina. Al principio creía sinceramente que así podría aplacar el dolor de su alma y que algún día podría volver a enamorarse. Pero con los años se ha convertido en la única arma para combatir la soledad.

Lanza una última mirada al cuerpo que abandona: hoy se trata deuna joven de cabello azabache, que inevitablemente le recuerda el hombre que se apoderó de su corazón.

De repente escucha un repicar contra el cristal de la ventana. Cuál no es su sorpresa al hallarse cara a cara con una lechuza blanca. Sólo conoce un mago apasionado con las aves nivales, hasta el punto de qué solo envía mensajes con pájaros blancos: Harry Potter. ¿Es posible que su antiguo amor le envíe un mensaje, después de tanto tiempo? Contiene la respiración, mientras sus manos, temblorosas, abren para dejar paso a la magnífica ave. Igual que en los viejos tiempos, en su pata lleva un pergamino atado con una cinta verde esmeralda.

No reconoce la escritura. Está a punto de romper la carta, no está de humor para leer las palabras de amor o despecho de nadie, y menos aún para aguantar una broma de mal gusto. Pero la firma atrae su atención: Ginny Potter.

Por un momento teme lo peor. ¿Significa esa carta que Harry, su Harry, está muerto? Imposible. Con el Vínculo Vital que comparten, simplemente lo sabría. Y sin embargo, al mismo instante recuerda esa angustia que lo invade desde hace un tiempo. Algo no anda bien.

Secándose el sudor de la frente, procede a la lectura para disipar cualquier duda.

 

Valle de Godric, 7 de julio de 2020.

Draco Malfoy,

No sé cómo dirigirme a ti. No es fácil para mí admitir que, a pesar de los años que han transcurrido, y todos mis intentos infructuosos para que te olvidara, el afecto que Harry te tiene no ha menguado ni una pizca. No es fácil ser la esposa de un héroe, pero lo es menos amar a un hombre que pertenece a otro y que sólo acepta mi compañía para cumplir con su deber como padre. No puedes imaginar el dolor que se siente cuando a mitad de la noche tiene pesadillas o cuando pide ayuda, siempre pronuncia otro nombre. Tu nombre.

No entiendo por qué te cuento todo eso, por qué de entre toda la gente que conozco tengo que admitir mi derrota precisamente a ti. Sólo quería comunicarte que Harry está enfermo, muy enfermo: le han diagnosticado Alzheimer. No sé si alguna vez has oído hablar de esa enfermedad neurológica degenerativa de origen muggle. Los primeros síntomas son pérdida de atención y memoria, pero en fases posteriores el enfermo deja de reconocer sitios y personas, pierde el control de los movimientos y la facultad de hablar... El proceso de degeneración de células del cerebro puede durar algunos años, y es irreversible. Con el tiempo acaba provocando la muerte.

La doctora Patil le ha recetado unos fármacos muggles para intentar detener la enfermedad, pero parece que Harry es alérgico a ellos. Cuando los toma le dan espasmos violentos o subidas de temperatura. En el mejor de los casos no le producen efecto alguno. Y por ahora tampoco se conoce ninguna curación mágica.

Mi único deseo es hacerle más agradable el tiempo que le queda. Pero no creo que todo mi tiempo y mi dedicación exclusiva sean suficientes. Para cuidarle se requiere de mucha energía, y yo estoy exhausta. Sola no puedo. Por eso me gustaría que aceptaras vivir aquí con nosotros. Tal vez es mucho lo que te pido, pero por el bien de Harry espero que dejes atrás el rencor, y juntos podamos ayudarle a conservar el pasado y a vivir el presente.

Espero una respuesta a la vuelta de Strogoff. Si puedes, dale agua para beber, seguramente habrá recorrido una larga distancia para encontrarte.

Ginny Potter.

 

Draco se enfurece. ¿Cuántas mentiras es capaz de inventarse esta maldita bruja con tal de causarle más daño todavía? ¿No se quedó ella con Harry? ¿Pues qué pretende ahora, enviando este mensaje?

Saca la varita para incinerar la carta, pero entonces oye la lechuza ulular, reclamando su atención. El pájaro esconde la cabeza bajo el ala una, dos, tres veces, y acto seguido alarga la pata derecha, como esperando que le aten un pergamino. El corazón de Draco da un vuelco. En el lenguaje que dos adolescentes inventaron durante la época del terror, cuando aún era peligroso para ellos comunicarse abiertamente, eso sólo tenía un significado: Draco, te quiero.

¿Es posible que durante todos estos años Harry haya continuado enseñando a sus lechuzas mensajeras aquel lenguaje secreto que sólo ellos dos eran capaces de interpretar? ¿Es posible que la carta de Ginny sea sincera y Harry nunca le haya dejado de querer? Si es así, ¿entonces por qué no le ha dicho nada en todo ese tiempo?

-.-.-

Cuando la chica se despierta, lo primero que percibe es la ausencia del compañero de esta noche, y se da cuenta, demasiado tarde, que ella tampoco ha significado nada, que las secretas esperanzas de fundir el corazón de mármol se han desvanecido en la nada. Pero es demasiado orgullosa para dejar escapar una sola lágrima, sabe aceptar las victorias y las derrotas tal como se presentan en la vida.

Se levanta, y con la mirada busca la ropa que con la fogosidad del momento esparcieron por toda la habitación. Y entonces es testigo de una escena muy emotiva entre los dos protagonistas más inverosímiles: el imperturbable Draco Malfoy, con lágrimas en los ojos, arrodillado ante una lechuza blanca, susurrándole al oído. Y posiblemente la sorpresa habría sido aún mayor si hubiera podido escuchar las palabras: Harry, espérame.