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You Know How I Feel, Right?

Summary:

Choi Yeonjun está seguro de una cosa: no quiere casarse. Menos si se trata de un matrimonio concertado desde que aquel alfa nació, pero está seguro, no va a casarse ni siquiera por aquel alfa con hoyuelos que se ríe estruendosamente después de pedirle que impida la boda.

“Yeonjun, divorciémonos lo antes posible”

Pero no todo en la vida es como él quiere ¿cierto?

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Capítulo 1. La primera impresión

Chapter Text

La suela de los zapatos de piel que calzaba aquel hombre resonaron contra el piso de aquel edificio. Todos reconocían el sonido elegante y suave de aquellos zapatos caros.. Nadie podría creer que el dueño de aquellas pisadas siempre cuenta hasta diez antes de bajar de su auto para poder enfrentar su entrada hasta poder encerrarse en su oficina por el resto del día. 

No le gusta la gente. Pensar en entablar una conversación por más de diez minutos le provoca un sentimiento de miedo de ser juzgado; de no poder decir lo que debería o de no dejar una buena impresión en alguien más. 

Suspira. 

Pero Choi Soobin, el hijo mayor, y por ende, heredero de uno de los linajes más importantes en la región de Ansan no podía dejar que todos supieran que no le gustaban los ojos que se posaban en él cada mañana, cada día de su vida (exceptuando los domingos, claro); y menos los susurros que podía escuchar de algunos trabajadores. 

Su portafolio está siendo sostenido por una de sus grandes manos. Sus pasos hacían eco por el reluciente piso que había sido limpiado recientemente. Quienes ya se encontraban esperando el elevador observaron hipnotizados al de traje. Soñaban con algún día tener la presencia que representaba el alto. Soobin, en cambio, solamente quería que la atención se desviara hacia alguien más. 

El sonido del elevador abriendo sus puertas fue su salvador. Quienes se encontraban a su alrededor se apresuraron en entrar, él distraído en sus pensamientos no notó con tanta facilidad que los empleados a su alrededor le habían dejado un espacio. Abrió sus ojos ante la sorpresa y se apresuró a entrar antes de que la puerta cerrara sus puertas. Agradeció con un susurro que fue respondido.

Cuando llega a su piso nota que Taehyun, su asistente y uno de sus mejores amigos, ya se encontraba en el lugar. Soobin rueda los ojos. Ya le había dicho al alfa que no tenía la necesidad de estar antes que él pues por la mañana no había mucho trabajo que realizar pero el de lentes insistía cada vez. 

— Buenos días. Aquí tienes tu cafecito — el hombre estira la mano y Soobin recibe la taza. Puede oler el ligero olor a canela que Taehyun suele ponerle a su café. Su asistente, en principio, había hecho esa preparación para sobrevivir a las largas horas organizando la agenda del más alto, sin embargo, con el paso del tiempo, comenzó a hacer un poco más de café para compartirlo con su jefe. 

— Uh, justo como me gusta — menciona Soobin después de darle un pequeño sorbo. Taehyun sonríe brevemente. Cualquier señal de que había hecho algo bien en su trabajo lo hacía sonreír. 

— ¿Qué tal esta mañana? Hacía un frío horrible — se queja el alfa menor mientras mete las narices en la orilla de la taza. Inspira y luego da un largo trago. 

— Hoy me resultó más difícil despegarme de las sábanas — suspira y luego mira al otro con una ceja alzada. Suelen hablar brevemente de algo antes de adentrarse a la agenda agotante de casi todos los días — Y bien, ¿qué me depara hoy el destino?

— Tienes la primera reunión del día antes del almuerzo, ya organicé todo para que no te saltes esa comida. El señor Kim accedió a comer contigo mientras hablan del nuevo contrato — Soobin asiente y suspira. Todavía no asume la presidencia pero su padre lo había hecho hablar con un montón de personas de la industria, tanto las que trabajan a su lado como las que no.

Taehyun sigue hablando. Le indica que tiene dos reuniones más en la tarde y que parece ser el día menos ocupado de toda la semana, a Soobin le sorprende puesto que es lunes y lo considera el día más ocupado. 

— Tu padre me pidió que organizara tu agenda así hoy, a las seis y media tienes aquella… comida — Soobin lo había olvidado. Había pasado las primeras dos semanas desde aquella reunión con su padre tratando de no pensar en aquel asunto que terminó por olvidarlo realmente. 

Un largo suspiro sale de su boca. Toma otro trago del caliente café que reposaba en el escritorio de su asistente. 

— ¿No podemos postergarla? — Taehyun niega con una sonrisa burlona. Soobin se queja. — ¿Por qué me tengo que reunir con él si nuestro matrimonio ya está concertado? No es como que si lo veo y no hay química pueda decir no gracias, me caso cuando conozca al amor de mi vida. 

Taehyun sonríe. Soobin sabe lo que esa sonrisa significa. Él sí tenía la decisión de decidir con quién casarse y pasar el resto de su vida. Soobin nunca tuvo el derecho. Cuando él nació, ese omega ya existía. Sus destinos ya estaban decididos desde que su madre se había enterado que él iba a ser un alfa. 

— Tú puedes hacerlo, Soobin — alienta el alfa — Sabes que puedes divorciarte ¿no? La hija de Park se divorció al poco tiempo de su casamiento arreglado y parece que vive más feliz ahora.

— Bueno, ella no es hija de mi padre — el tono afilado toma por sorpresa a Taehyun — Sabes que ese casamiento es para hacer a la empresa aún más poderosa y un hijo que unifique las dos empresas. 

Taehyun tiene una mueca en el rostro. Ahora él suspira. 

— ¿Al menos ya sabes el nombre de tu prometido? — Soobin asiente. 

— Choi Yeonjun. 

Taehyun sonríe y alza las cejas de forma pícara. Soobin lo mira confundido. 

— ¿Qué pasa? — Taehyun mira su computador y niega con la cabeza. La naturaleza curiosa de Soobin lo hace alzar una ceja y querer insistir — Kang Taehyun, dime por qué hiciste esa cara, ahora. 

— ¿Sabes quién es?

— Es el heredero de la empresa de modas más importante del país, o eso me dijo mi padre, creo. — Taehyun lo mira con una ceja alzada. 

— ¿No buscaste ni una foto de él, en serio? — Soobin rueda los ojos. Si es honesto, no tenía el mínimo interés en saber quién era Yeonjun. Sabía que su enojo hacia su padre le había nublado el juicio. — Soobin ¿qué tal si alguien llega a esa reunión diciendo que es tu prometido y en realidad es otra persona? Necesitas ver al menos su cara en internet.

— La reunión no será a solas, estarán ahí nuestros padres lo que me frustra mucho. Estoy seguro que lo hacen porque temen que ahuyente a ese omega. La verdad, aunque es injusto, no me queda mucho por hacer. — Suspira. Toma la taza de café y da otro trago. Mira el reloj pegado en la pared, ya debería estar trabajando en su escritorio.

 — ¿Y no te da una pizca de curiosidad ver su foto, en serio? Porque yo sí que lo busqué y-

— No me digas nada. No quiero saber. — Se tapa los oídos y camina a su oficina. Cierra la puerta cuando escucha la risita de Taehyun. Da otro suspiro. Sólo espera que el tiempo pase tan lento como sea posible. Ni su cuerpo ni su mente desean estar en aquella reunión. 

Pero sus deseos no son concedidos. El tiempo parece avanzar tan rápido como un caballo galopando. Cuando menos puede pensar en ello, su cuerpo está dentro del auto, conduciendo hacia aquel restaurante donde se tiene que encontrar con sus padres, los padres de su “prometido” y el susodicho. Aquel omega. Las palabras de Taehyun resonaron en su cabeza parte de la mañana y toda la tarde. 

“Choi Yeonjun” 

No quiso buscar ninguna información acerca de él porque sabía que saltaría su foto en la primera búsqueda, así que solamente sabía algunas cosas. Choi Yeonjun es mayor que él por un año. No tiene hermanos. Es un diseñador de modas bastante prestigioso por lo que pudo escuchar, aunado a eso también es modelo. Y lo que parecía más importante para sus padres: es un omega puro, lo cual hace que tenga un poco de prejuicio contra él. Soobin sabe que los omegas puros son cuidados de manera distinta. Así que solamente piensa en que ese omega debe ser alguien mimado y fastidioso. 

La sola idea lo irrita. Pero sabe que su prejuicio es muy grande. Suspira y se da cuenta de que ha llegado al restaurante. Bien, solamente tiene que soportar unas horas de exposición a personas que no pidió, pero estará bien. Siempre se lo dice antes de entrar a algún lugar. 

La suela de sus zapatos suena demasiado fuerte para su gusto. Nunca le ha gustado llamar la atención y ahora mismo, hay bastantes pares de ojos posados en su figura. Siempre piensa “tal vez tengo algo en la cara, por eso”. Continúa caminando hasta que una mujer lo recibe en la entrada, al decir su nombre, ésta le indica que lo siga hasta su mesa que se encuentra en una sala privada. Al parecer, sus padres ya están dentro y espera no ser el último en llegar. 

Cuando las puertas se abren suavemente, suspira. Parece que Choi Yeonjun es el único invitado que no ha llegado. Revisa su reloj. Son exactamente las seis y media. No debería tardar mucho en llegar. No le gustan las personas impuntuales, siempre le ha parecido grosero llegar más de diez minutos tarde a una reunión. Una falta de respeto, exactamente. Aleja los pensamientos cuando sus padres y sus “próximos suegros” se levantan para saludarlo. 

— Buenas noches, joven Choi — saluda uno de los padres de Yeonjun. Lamenta no recordar su nombre, pero al menos está seguro de que es omega. 

Se inclina para saludar mientras finge una tímida sonrisa. 

— Buena noche, señores Choi — sus padres lo observan. Como si cualquier error que pudiera cometer el hijo mayor pudiera costarles el matrimonio. Hace una mueca en su mente, o eso espera. Le parece absurdo, Choi Yeonjun lleva cinco minutos pasada la hora de la reunión y a sus padres parece no preocuparles demasiado. 

Mira de reojo a otro de los padres, el más bajo. Está tecleando en el celular tratando de pasar desapercibido. Intenta no dejar escapar esa sonrisa ladina pero no puede evitarlo. “Uh, pensé mal entonces de ese omega. Creo. Podría ser otra cosa”

— ¿Todo bien? — le pregunta al hombre, con una gentileza que le parece extraña en sí mismo. 

— Claro que sí, hijo. Cosas de negocios, nada de qué preocuparse — mira a los lados y vuelve a hablar — creo que deberíamos sentarnos todos ¿no?

Todos asienten y van a sus respectivos asientos. Sólo queda un asiento vacío frente a él. Pasa lo que él considera una eternidad en silencio, mira su reloj de manera disimulada y nota que se han cumplido esos diez minutos. “Ugh” piensa. Parece que nadie se atreve a hacer aquella pregunta, así que, saliendo de su zona de confort, decide tomar la iniciativa. 

— ¿Y su hijo, Choi Yeonjun, estará aquí pronto? 

Entonces la puerta se abre. Soobin piensa en ese dicho “hablando del rey de Roma”, pero no tuvo mucho tiempo para pensar cuando su vista se posa en el omega. 

Qué. mierda. 

Soobin se queda paralizado. Dios le está poniendo pruebas. Y él ni siquiera cree en Dios. Porque está viendo a un chico lo suficientemente alto, pero no tanto como él, entrar por la puerta y la ropa que tiene puesta lo ha dejado anonadado. No sabe si los padres del omega se escandalizan porque aunque Yeonjun traen una chaqueta, puede ver sus clavículas y la verdad es que los padres de ambos parecen ser muy conservadores en cuanto a “las maneras adecuadas en que debe vestir un omega”; sin embargo cuando mira sus padres, ambos se ven bastante tranquilos.

Cuando el omega toma asiento, las cosas se ponen peor. El chico se quita la chaqueta. Y Soobin por primera vez en su vida, se siente extraño frente a un omega. Yeonjun tiene puesta una blusa sin tirantes (sí, Soobin sabía que esas prendas no las hacían para alfas). Puede ver más que sus clavículas, también su cuello y… ¿parte de sus pectorales? Soobin aparta la mirada, se siente como un pervertido teniendo la mirada fija en Yeonjun. 

Su mirada cae en los ojos del omega. Tiene maquillaje. Y Soobin solamente puede pensar en una cosa.

 

Choi Yeonjun es bonito. No solamente lindo, sino bonito.