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El Cuidador de Remnant

Summary:

Nathan Onyx o también Nate es el Nuevo Conserje y Encargado de las Instalaciones de Beacon siendo un Tipo Simple pero Impecable en su Trabajo Mantiene el Orden y el Aseo el las Areas de los Futuros Cazadores y Cazadoras sin Embargo ni Ozpin ni los Estudiantes en especial las Chicas Saben que le han abierto la Puerta aun Depredador aun mas Astuto que ellos y mas Peligroso que los Grimm no Por su Peligro Físico si no por su efecto Pasivo, muy Pasivo.

Chapter 1: - Bio -

Chapter Text

El mundo de Remnant no es un lugar que perdone la debilidad. Es un globo de contrastes violentos, donde la belleza de sus paisajes naturales —bosques de un rojo eterno, montañas de cristal y cielos de un azul profundo— se ve empañada por la fractura de su propia luna, que cuelga en el firmamento como un recordatorio constante de que nada es eterno y todo puede romperse.

En este mundo, la supervivencia no es un derecho, sino una lucha diaria que se libra en las fronteras de los cuatro grandes reinos.

La humanidad y los Faunos se han agrupado en cuatro bastiones de civilización, cada uno nacido de la necesidad de protección y adaptado a la dureza de su entorno:

  • Vale: Ubicado en el centro, es un reino de valles fértiles y acantilados naturales. Se enorgullece de su estabilidad y de su prestigiosa Academia Beacon. Es el corazón del mundo, un lugar donde el comercio y la cultura florecen bajo la ilusión de una paz duradera.

  • Atlas (antiguamente Mantle): Situado en el gélido norte, es la cúspide de la tecnología y el poder militar. Aquí, el frío es tan letal como los monstruos. Es un reino de acero y disciplina, donde la Schnee Dust Company dicta el ritmo de la economía global, pero su rigidez ha creado una sociedad dividida entre la élite que flota en los cielos y los trabajadores que sufren en la nieve.

  • Mistral: Al este, es un reino de contrastes extremos. Hogar de grandes arquitectos y artistas, pero también del mercado negro más vasto de Remnant. Sus ciudades se elevan en montañas o se ocultan en pantanos, ofreciendo una libertad que a menudo bordea la ilegalidad.

  • Vacuo: En el oeste desértico, solo los fuertes sobreviven. Es un lugar donde las leyes importan poco y la lealtad lo es todo. La vida allí es cruda, directa y carente de las pretensiones de los otros reinos.

Remnant está habitado por dos especies inteligentes que, a pesar de compartir el mismo mundo y los mismos enemigos, han vivido una historia marcada por la desconfianza:

  • Los Humanos: Poseedores de una ambición inagotable, han sido los principales arquitectos de la tecnología y la estructura política actual. Sin embargo, su historia está manchada por el miedo a lo diferente, lo que los llevó a siglos de opresión.

  • Los Faunos: Seres que comparten la apariencia humana pero poseen un rasgo animal distintivo: orejas de gato, colas de reptil, alas de murciélago o cuernos. Poseen sentidos agudizados y visión nocturna, dones que los hacen guerreros excepcionales. A pesar de su valentía, han sido marginados y relegados a la isla de Menagerie, un territorio pequeño para una raza que busca su lugar bajo el sol. Esta tensión histórica dio origen al White Fang, un movimiento que comenzó buscando justicia y terminó abrazando el terrorismo.

Sin embargo, ni los muros de Atlas ni las fronteras de los reinos pueden borrar la amenaza más antigua de todas: los Grimm.

Criaturas de pura oscuridad, carentes de alma y de rastro en la existencia. Los Grimm no comen, no duermen y no tienen una jerarquía social comprensible; su único propósito es la aniquilación de la vida. Vienen en formas que imitan a los depredadores de la naturaleza —lobos (Beowolves), osos (Ursa), cuervos (Nevermore)—, pero su aspecto es una pesadilla de pelaje negro, armaduras óseas blancas con marcas rojas y ojos que brillan con una malevolencia fría y hambrienta.

Lo que hace a los Grimm verdaderamente aterradores no es solo su fuerza, sino su naturaleza empática inversa: se sienten atraídos por las emociones negativas. El miedo, el odio, el estrés y la desesperación son como faros en la noche para ellos. Una ciudad en pánico es una cena servida para una horda de monstruos.

Es en este mundo, donde la tensión emocional es una sentencia de muerte y donde la humanidad vive al límite de sus nervios, donde el concepto de "paz" se vuelve el recurso más valioso. Porque mientras los líderes políticos debaten y las naciones se arman, la oscuridad sigue escuchando cada grito y cada pensamiento de angustia, esperando el momento en que la voluntad de Remnant finalmente se quiebre.

Para enfrentar la marea de oscuridad que representan los Grimm, la humanidad no cuenta con ejércitos convencionales de soldados rasos, sino con su activo más valioso y legendario: los Cazadores y Cazadoras.

Estos individuos son la élite absoluta de Remnant. Entrenados desde la adolescencia en academias de prestigio, son guerreros que han aprendido a canalizar su Aura —el brillo del alma misma— para proyectar escudos de energía, regenerar heridas y potenciar sus capacidades físicas a niveles sobrehumanos. Cada uno porta una Semblanza, una manifestación única de su poder personal que los vuelve capaces de hazañas imposibles: desde controlar el magnetismo hasta desplazarse a velocidades que desafían la vista.

La vida de un Cazador es una de vigilancia perpetua. Son los muros móviles que separan a las familias de los colmillos y las garras que acechan en los bosques. Sus armas, ingeniosas y complejas, son extensiones de su propia voluntad; híbridos mecánicos que pueden transformarse de una elegancia cortante en un fuego de artillería en un parpadeo. Su misión es mantener los reinos a salvo, patrullando las fronteras de las academias —como la imponente Beacon— para asegurar que las luces de la civilización no se apaguen.

Sin embargo, a pesar de su fuerza legendaria y su resistencia incomparable, el combate constante contra los Grimm es una carga de una naturaleza agotadora. Los Cazadores, y en especial las jóvenes y valientes Cazadoras, viven bajo una presión que no conoce el descanso. No es solo el daño físico que el Aura puede reparar; es el desgaste psicológico de saber que un solo momento de debilidad o una emoción negativa fuera de control puede atraer a una horda de monstruos.

Tras cada batalla y cada noche de guardia protegiendo a un mundo que las ve como figuras invulnerables, el agotamiento emocional se acumula de forma silenciosa. Es una fatiga que nace de la responsabilidad absoluta y de la necesidad de ser siempre el pilar de fuerza para los demás. En lo más profundo de sus corazones, incluso las guerreras más fieras experimentan momentos de una pesadez interna, un anhelo casi imperceptible de soltar las riendas y encontrar un refugio donde la armadura no sea necesaria.

Bajo la disciplina del combate y la rigidez de su entrenamiento, late una vulnerabilidad humana que el mundo suele ignorar, una pequeña grieta que espera, en silencio, un momento de verdadera calma para finalmente ceder.

Se nos ha enseñado que esta es una historia de héroes. Se nos ha prometido que, cuando las sombras crezcan y las tragedias que acechan a Remnant comiencen a manifestarse, habrá un grupo de jóvenes valientes capaces de cambiar el flujo de la trama. Creemos que el destino del mundo depende de un golpe de espada final o de un sacrificio glorioso que evite el colapso de los reinos.

Pero esta no es esa clase de historia.

Aunque los nombres sean los mismos y el escenario sea la majestuosa Academia Beacon, el camino hacia la salvación no será directo, ni estará marcado por la épica del combate. Las tragedias que se avecinan sobre Remnant son reales, sí, y el peso que descansa sobre los hombros de sus defensoras es suficiente para quebrar cualquier voluntad. Pero aquí, el cambio no vendrá de una victoria externa sobre la oscuridad.

El flujo de la trama ha sido sutilmente alterado, desviándose de los campos de batalla hacia los rincones más silenciosos y protegidos. A veces, la mejor manera de evitar que un corazón se rompa bajo la presión del mundo no es dándole más fuerza para luchar, sino ofreciéndole un lugar donde ya no tenga que hacerlo.

Sin que nadie lo note, se está tejiendo una red de seguridad que no está hecha de acero ni de Dust, sino de una atención meticulosa y una paz casi absoluta. Los grandes desastres que deberían marcar el fin de una era podrían, tal vez, disolverse no con fuego, sino con un suspiro de alivio; no con una orden de ataque, sino con una mano que guía hacia el descanso.

Porque en este relato, la verdadera victoria no consiste en ganar la guerra, sino en asegurar que aquellas que están destinadas a sufrirla encuentren un refugio tan profundo y cálido que el eco del conflicto no pueda alcanzarlas. La salvación de Remnant está ocurriendo ahora mismo, de manera muy, muy sutil... justo detrás de la puerta del próximo cuarto de juegos.

- Presente -

El Reino de Vale se erige como el faro de estabilidad más brillante de todo Remnant. Protegido por barreras naturales infranqueables —acantilados escarpados al este y un océano indomable al oeste—, Vale ha disfrutado de una paz que sus reinos hermanos envidian. Sus calles son una mezcla vibrante de arquitectura clásica y modernidad tecnológica, donde el aroma del café matutino se mezcla con el aire fresco que desciende de las montañas. Es un lugar que se siente seguro, una ciudad que duerme tranquila bajo la creencia de que sus muros son eternos y sus defensores, invencibles.

Dominando el horizonte de Vale, situada sobre los acantilados que miran hacia la Ciudad de Vale y la Costa Esmeralda, se encuentra la Academia Beacon.

Su arquitectura es una maravilla de la ingeniería y la estética: una fortaleza de torres altísimas y arcos góticos que parecen alcanzar las nubes, adornada con gigantescos engranajes dorados que giran perpetuamente en un baile mecánico sincronizado. Beacon no es solo una escuela; es un símbolo de esperanza. Su objetivo es claro: moldear a la próxima generación de guerreros, tomando a jóvenes talentosos y transformándolos en los escudos que protegerán a la humanidad.

Dentro de sus muros, la historia se respira en cada pasillo de piedra pulida. Desde sus amplios anfiteatros de entrenamiento hasta los lujosos dormitorios de los estudiantes, todo en Beacon está diseñado para inspirar grandeza, disciplina y una voluntad de hierro. Es el lugar donde se forjan los mitos, y donde la elite de Remnant se prepara para la guerra eterna contra la oscuridad.

En el nivel máximo de la torre principal, por encima de los dormitorios, las aulas y los comedores, se encuentran las dependencias del Director. Es un espacio vasto y circular, donde las paredes son sustituidas por ventanales inmensos que ofrecen una vista panorámica de todo el reino. El sonido predominante no es el de la ciudad, sino el rítmico y pesado tic-tac de los engranajes colosales que forman el techo y el suelo de la oficina, un recordatorio constante de que el tiempo de Remnant siempre está corriendo.

Allí, bajo la luz dorada de un atardecer que comienza a ceder ante las sombras, la atmósfera de paz de la academia se rompe sutilmente.

En el centro de la estancia, rodeados por el aroma del café recién hecho y el brillo de las pantallas holográficas, se está llevando a cabo una discusión. El Director Ozpin, con su eterna mirada melancólica y su taza en mano, permanece tras su escritorio, mientras la Subdirectora Glynda Goodwitch, con su postura rígida y su fusta de combate sujeta con firmeza, expresa sus preocupaciones con una intensidad que resuena contra el cristal.

El tema de su debate no es una horda de Grimm ni un movimiento del White Fang, sino algo mucho más mundano, pero que cambiará irrevocablemente la estructura interna de la institución.

El tic-tac de los engranajes parecía sincronizarse con el pulso de la oficina mientras el sol comenzaba a teñir de naranja el horizonte de Vale. En el centro de la estancia, la tensión era palpable, aunque se manifestaba de formas muy distintas en los dos ocupantes de la torre.

Ozpin, el Director de Beacon, permanecía sentado tras su escritorio con una calma imperturbable. Su cabello plateado brillaba bajo la luz mortecina y sus ojos, ocultos tras unas pequeñas gafas circulares, denotaban una sabiduría que parecía trascender su apariencia madura pero atlética. Vestía su clásico traje verde oscuro con el cuello alto, sosteniendo entre sus manos una taza de café humeante como si fuera su único ancla con el presente.

Frente a él, Glynda Goodwitch caminaba de un lado a otro con la precisión de un metrónomo. La Subdirectora era la imagen misma de la disciplina: su cabello rubio cenizo estaba recogido en un moño perfecto, a excepción de un mechón rebelde que caía sobre su rostro serio. Su traje negro y blanco, impecablemente planchado, y la capa púrpura que ondeaba ligeramente con sus pasos, acentuaban su figura severa. En su mano derecha, sostenía una tableta digital con un expediente abierto.

Glynda: Faltan exactamente tres meses para que las puertas de la academia se abran a la nueva promoción, Ozpin —dijo, deteniéndose en seco—. El mantenimiento de los dormitorios, la calibración de los sistemas de limpieza y la organización de los suministros higiénicos están retrasados. No podemos permitirnos el desorden que tuvimos el año pasado.

Ozpin tomó un sorbo de café antes de responder con voz pausada.

Ozpin: Precisamente por eso estamos aquí, Glynda. He revisado la solicitud que me enviaste esta mañana. Parece que hemos encontrado al candidato ideal para la jefatura de conserjería y mantenimiento general.

Glynda suspiró, deslizando la información en la tableta.

Glynda: Te refieres a este hombre, Nate. He leído su historial y debo admitir que es… inusual. Ha trabajado en instalaciones de alta seguridad y centros comunitarios en Menagerie, siempre con resultados perfectos. Pero lo que más me inquieta es su carta de recomendación.

Ozpin: ¿Te refieres a la firma al pie del documento? —preguntó con una pizca de curiosidad en su mirada.

Glynd: Exactamente. Viene recomendado personalmente por la junta directiva de Lullaby Industries.

En el mundo de Remnant, el nombre de Lullaby Industries evocaba una sensación de calidez y seguridad que ninguna otra corporación podía replicar. Era, indiscutiblemente, la empresa número uno en productos infantiles y de cuidado personal. Lo que había comenzado como una modesta fábrica de textiles, se había transformado en un imperio titánico que hoy disputaba codo a codo la posición de la empresa más rica del mundo con la todopoderosa Schnee Dust Company.

A diferencia de la SDC, que basaba su poder en el control militar y el Dust, Lullaby había construido su fortuna sobre la accesibilidad y una creatividad sin límites. Era la única marca humana que gozaba de una popularidad absoluta tanto en comunidades humanas como en asentamientos Faunos. Sus productos —desde pañales de lujo con ajustes anatómicos hasta fragancias relajantes— eran famosos por su eficiencia casi milagrosa. Gracias a un marketing magistral y un diseño que priorizaba el confort por encima de la industria fría, Lullaby se había vuelto indispensable en cada hogar de los cuatro reinos.

Glynda: Es curioso, ¿no crees? —continuó, retomando la conversación—. Una empresa que factura millones y que compite con la hegemonía de los Schnee, enviando a uno de sus "mejores hombres" para limpiar suelos y revisar tuberías en una academia de combate.

Ozpin:Tal vez simplemente aprecien la importancia de nuestro trabajo, Glynda —respondió Ozpin, dejando la taza sobre el escritorio—. O tal vez este hombre, Nate, simplemente prefiere la paz de un pasillo limpio al bullicio de una junta corporativa. De cualquier forma, su historial de trabajo lo describe como alguien de primera categoría. Eficiente, discreto y con una capacidad asombrosa para el orden.

Glynda ajustó sus gafas, mirando la puerta de la oficina.

Glynda: Según el Horario, debería estar por llegar. Espero que sea tan bueno como dicen los informes, porque si queremos que Beacon sea un entorno seguro para las estudiantes, necesitamos que la infraestructura sea impecable.

Ozpin: Lo será, Glynda. Tengo el presentimiento de que Nate es exactamente lo que esta academia necesita —concluyó Ozpin justo cuando un golpe suave y firme resonó en la gran puerta de madera.

El suave golpeteo en la puerta fue seguido por una entrada que, en cualquier otro contexto, habría pasado desapercibida. Nate cruzó el umbral con una zancada tranquila y una postura que irradiaba una humildad profesional.

Su apariencia era la de un hombre común, de esos que podrías cruzar en cualquier calle de Vale sin notar nada extraordinario. Vestía un uniforme de trabajo sencillo pero impecable, de un color gris azulado que combinaba con la pulcritud de sus guantes de cuero flexible. No portaba armas, ni joyas, ni ningún signo de la inmensa fortuna que manejaba en las sombras. Su rostro, sin embargo, poseía una expresión de sinceridad magnética; sus ojos reflejaban una calma que parecía decir que no había problema en el mundo que no pudiera ser resuelto con paciencia y una buena escoba.

Nate: Director Ozpin, Profesora Goodwitch —saludó con una inclinación de cabeza perfecta, ni muy baja para parecer servil, ni muy alta para parecer arrogante—. Es un verdadero honor estar aquí. Agradezco profundamente que se hayan tomado el tiempo de recibirme en la prestigiosa Academia Beacon. Espero sinceramente poder cumplir con las expectativas que una institución de este calibre demanda.

Ozpin, observándolo por encima del borde de su taza, asintió con una leve sonrisa de cortesía.

Ozpin: El honor es nuestro, Nate. Sus referencias nos han causado una gran impresión. Por favor, tome asiento —indicó el Director, señalando la silla frente a su escritorio.

Nate se sentó, manteniendo la espalda recta y una atención calmada. Glynda Goodwitch dio un paso al frente, con su tableta encendida y una mirada que buscaba cualquier fisura en la fachada del candidato.

Glynda: Empecemos, señor Nate —dijo Glynda, con voz cortante—. Beacon no es una oficina de ciudad. Es un entorno dinámico y, a menudo, caótico. ¿Cómo planea usted mantener el orden y el mantenimiento preventivo en los pasillos de una academia llena de jóvenes con exceso de energía y armas de alto calibre?

Nate respondió con la seguridad de quien ha estado en las trincheras del oficio.

Nate: Entiendo el desafío, profesora. Mi enfoque se basa en la estructura que implementé durante mi tiempo trabajando en instituciones de alta rotación en Mantle. Fue un periodo breve como reemplazo cuando era joven, pero me enseñó que en climas extremos y entornos tensos, la logística de limpieza debe ser invisible pero constante. Propongo una zonificación por niveles de tráfico; los pasillos principales requieren una supervisión cíclica cada tres horas, mientras que las áreas comunes se gestionan bajo un protocolo de "mantenimiento en vivo", asegurando que el desorden nunca llegue a acumularse.

Glynda anotó la mención de Mantle. Ese detalle le daba puntos; cualquiera que sobreviviera al mantenimiento en el norte sabía lo que era el trabajo duro.

Glynda: Hablando de entornos tensos —continuó —, ¿cómo trataría los escenarios que incluyen el desorden derivado de los entrenamientos? Los estudiantes usan Dust de forma constante, y los residuos elementales pueden ser un riesgo biológico y estructural.

Nate asintió, su tono volviéndose más técnico y serio.

Nate: He lidiado con desastres de ese calibre anteriormente. Como bien saben, Lullaby Industries no solo domina el mercado infantil; sus departamentos de salubridad han desarrollado patentes específicas para la neutralización de residuos químicos. Conozco los protocolos para lidiar con la cristalización del Dust de fuego y las filtraciones de Dust de rayo en los sistemas de ventilación. Mi plan incluye el uso de agentes de limpieza de PH balanceado que no solo eliminan la mancha, sino que estabilizan la energía residual, protegiendo la integridad de las instalaciones de Beacon.

Ozpin pareció complacido, pero Glynda lanzó la pregunta final, la que concernía al factor humano.

Glynda: Por último, Señor Nate: los turnos serán extensos. Tendrá que supervisar a un equipo de conserjería y, lo más difícil, lidiar con los alumnos. Algunos de ellos pueden ser... difíciles. ¿Cómo manejará la relación con sus compañeros y el comportamiento juvenil?

Nate mantuvo una calma imperturbable, su mirada transmitía una paciencia casi infinita.

Nate: En cuanto a mi equipo, mi estilo es la transparencia. Entrego informes diarios y planes de trabajo detallados para que cada miembro sepa qué se espera de él. Soy un compañero leal y un supervisor que predica con el ejemplo. Respecto a los estudiantes... —Nate esbozó una sonrisa pequeña y honesta—. Mi experiencia en Lullaby me permitió trabajar de cerca en áreas de cuidado infantil y juvenil. Entiendo los retos que supone la impulsividad de la juventud. Mi política es de cabeza fría: si un inconveniente con un alumno no puede resolverse con un aviso cordial o un consejo preventivo, no entraré en conflicto. Limitaré mi tarea a informar de inmediato al personal superior, ya sea a los profesores o a ustedes mismos. Mi prioridad es que Beacon funcione, no alimentar disputas.

Hubo un silencio en la oficina. Glynda revisó sus notas una última vez y miró a Ozpin. La solidez de las respuestas de Nate, su historial en Mantle y su dominio de la tecnología de salubridad de Lullaby lo hacían, sencillamente, el candidato perfecto.

La entrevista fluyó con una naturalidad asombrosa. Nate respondió a las preguntas técnicas con una precisión que dejó a Ozpin impresionado; conocía los protocolos de saneamiento, la logística de suministros y el mantenimiento de estructuras complejas como si hubiera nacido para ello. Sin embargo, Glynda, con su ojo clínico para los detalles, no podía dejar pasar la duda que le carcomía desde que leyó el expediente.

Glynda: Señor Nate —intervino, dejando la tableta sobre el escritorio y cruzando los brazos—, sus respuestas son impecables. Pero hay algo que no termina de encajar. Usted ha trabajado en lugares de alta importancia, tiene el respaldo de Lullaby Industries, una empresa que es el pilar del bienestar en Remnant. Podría estar dirigiendo departamentos enteros en cualquier capital. Así que dígame... ¿Por qué Beacon? ¿Por qué elegir ser un simple conserje en una academia de guerreros?

Nate guardó silencio por un segundo, bajando la mirada hacia sus manos con una sonrisa pequeña y cargada de una honestidad que caló hondo en la habitación. Suspiró suavemente, como quien recuerda un viejo anhelo.

Nate: Es una pregunta justa, Profesora —respondió, con una voz que destilaba la sencillez de alguien que conoce el valor del trabajo duro—. Supongo que, al igual que cualquier joven que crece viendo las maravillas de este mundo, yo también tuve mis sueños. Soñaba con portar un arma, con despertar mi Aura y asistir a una de estas academias para salvar a las personas de los Grimm.

Hizo una breve pausa, y por un momento, Ozpin creyó ver un destello de melancolía genuina en sus ojos.

Nate: Pero la realidad suele ser un juez muy estricto. El acceso económico a la formación de combate, el coste del equipo especializado... esas son barreras que golpean los sueños más ambiciosos y te devuelven a la tierra firme —Se encogió de hombros con una naturalidad desarmante—. Mi camino fue distinto. Aprendí que, aunque no puedo ser el héroe que empuña la espada, puedo ser el hombre que se asegura de que el héroe tenga un suelo limpio donde entrenar y una cama digna donde descansar. Si ustedes me consideran apto, mi única ambición ahora es hacer mi parte: mantener el hogar de los cazadores en perfecto estado.

La oficina quedó en silencio. Glynda relajó inconscientemente la tensión de sus hombros, conmovida por la aparente falta de pretensiones del hombre. Ozpin, por su parte, miró su taza de café y luego a Nate, asintiendo lentamente.

El silencio que siguió a las palabras de Nate no fue incómodo, sino cargado de un peso reflexivo. Ozpin, que había pasado décadas —y mucho más— tratando con individuos movidos por la gloria, el poder o el destino, se quedó mirando fijamente el vapor que subía de su taza. En la simplicidad del discurso de Nate había una pureza que rara vez se encontraba en los pasillos de una academia de élite.

El Director dejó su taza sobre el escritorio con un suave tintineo y, para sorpresa de Glynda, se puso de pie. Caminó rodeando el escritorio hasta quedar frente a Nate, observándolo con una mirada que mezclaba la sabiduría de los siglos con una calidez genuina.

Ozpin: Muchos de los que cruzan esa puerta, Nate, lo hacen buscando que su nombre sea recordado en los libros de historia. Olvidan que los cimientos de este mundo no los sostienen solo las espadas, sino la voluntad de aquellos que, a pesar de los golpes de la realidad, deciden no rendirse y contribuir desde donde pueden.

Ozpin colocó una mano en el hombro de Nate, un gesto de reconocimiento que el Director no solía conceder con ligereza.

Ozpin: No hay pequeña contribución cuando el corazón es el correcto. Admiro su sinceridad. Remnant necesita guerreros, sí, pero también necesita hombres que entiendan que cuidar el hogar de esos guerreros es una tarea igual de noble.

El Director giró la cabeza hacia Glynda. La Subdirectora, que usualmente mantenía una fachada de acero, asintió lentamente. La honestidad pragmática de Nate había perforado su escepticismo; no veía en él a un infiltrado corporativo, sino a un hombre digno que había encontrado su propósito en la excelencia del servicio.

Glynda: El Director tiene razón. La disciplina comienza con el orden del entorno. Bienvenido a Beacon, Nate. Esperamos que, al igual que los futuros estudiantes que llegarán en unos meses, usted también haga su parte para mantener la integridad de esta institución.

Nate se puso de pie con una calma imperturbable, pero en sus ojos brilló un agradecimiento que parecía brotar de lo más profundo de su ser. Se inclinó ante ambos, una reverencia que sellaba el pacto.

Nate: Les prometo que no defraudaré la confianza que han depositado en mí, Director, Profesora. Beacon estará en las mejores manos. Me aseguraré de que cada rincón de esta academia refleje la grandeza de lo que representan.

Cuando Nate se retiró y la puerta de la oficina se cerró tras él, Ozpin regresó a su ventanal, mirando hacia los acantilados.

Ozpin: Un hombre interesante, ¿no crees, Glynda?.

Glynda: Es... eficiente, Ozpin. Y extrañamente reconfortante. Quizás sea exactamente el tipo de estabilidad que necesitamos antes de que comience el semestre.

¡Entendido perfectamente! Vamos a pulir esa sección final con el formato de nombres seguido de dos puntos para los diálogos, manteniendo toda la atmósfera y el detalle que hemos construido.

— Más tarde en Beacon —

El atardecer teñía los pasillos de piedra de un tono ámbar profundo, proyectando largas sombras que bailaban entre las columnas góticas. Glynda Goodwitch caminaba con paso firme, el eco de sus tacones resonando con autoridad, mientras guiaba a Nate hacia lo que sería su nuevo centro de operaciones.

Glynda: —Como le mencioné, Nate, aún faltan unos meses para que el semestre comience formalmente. Aproveche este tiempo. Los horarios de su equipo serán rotativos, pero como supervisor, espero que usted establezca el estándar. Familiarícese con cada pasillo, cada almacén y cada salida de emergencia. No querrá perderse cuando la academia esté bullendo con cientos de estudiantes armados.

Nate asentía con atención, manteniendo un paso respetuoso detrás de ella.

Nate: —Es un consejo muy valioso, Subdirectora. Me aseguraré de presentarme con los profesores y conocer las particularidades de cada área. Un buen servicio depende de saber exactamente qué necesita cada persona antes de que lo pida.

Llegaron a una puerta de madera maciza en los niveles inferiores, estratégicamente ubicada cerca de los suministros centrales. Al entrar en las dependencias de conserjería, Glynda se detuvo en seco, arqueando una ceja al notar el volumen del equipaje que ya esperaba allí.

Glynda: —Veo que la recepción ya trajo sus pertenencias... aunque admito que son bastantes maletas para un solo hombre, Nate. —Comentó ella, observando los baúles reforzados con el sello de Lullaby Industries. Aunque todo había pasado por los escáneres de seguridad, la cantidad era inusual—. ¿Planea mudarse permanentemente o es que no sabe viajar ligero?

Nate soltó una risita suave, rascándose la nuca con ese aire de sencillez que tan bien manejaba.

Nate: —Oh, entiendo que parezca mucho, profesora. Pero la mayoría son recuerdos y algunos presentes de mi tiempo en Lullaby. Me dieron una generosa despedida y espero poder dar una impresión tan buena aquí en Beacon como la que dejé allá. Digamos que me gusta estar preparado para cualquier necesidad que surja.

Glynda aceptó la respuesta con un escueto asentimiento. Sacó un Scroll de su bolsillo y se lo entregó.

Glynda: —Aquí tiene la base de datos detallada de la academia: mapas, inventarios y frecuencias de comunicación. Descanse hoy; mañana su labor comienza oficialmente.

Nate: —Gracias, Subdirectora. Que tenga una buena noche.

Una vez que la puerta se cerró y el eco de los pasos de Glynda se desvaneció, el ambiente en la habitación cambió de inmediato. La expresión de Nate se volvió neutra, despojada de la calidez pública. Con movimientos precisos y eficientes, comenzó a organizar su armario, moviendo los baúles con una fuerza que desmentía su apariencia de simple trabajador.

Empujó uno de los baúles más pesados de Lullaby hacia el fondo del armario empotrado. Tras presionar un punto imperceptible en la madera, un compartimento secreto se deslizó con un clic metálico.

Dentro, perfectamente ordenados en paquetes sellados al vacío, no había herramientas de limpieza ni uniformes de repuesto. El resplandor de la lámpara de mesa iluminó pilas de pañales de un tamaño imposible para un niño, toallitas húmedas con fragancias terapéuticas, talcos de grado medicinal y biberones de diseño ergonómico. Nate pasó la mano por el suave material de uno de los pañales, verificando la calidad que solo su propia empresa podía manufacturar.

Nate (Pensamiento): "Sí... Haré mi parte. Me aseguraré de que todos aquí vuelvan a ser tan cuidados y dependientes como el primer día que llegaron al mundo".