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Language:
Español
Stats:
Published:
2013-07-22
Updated:
2013-07-27
Words:
8,904
Chapters:
5/?
Kudos:
13
Bookmarks:
2
Hits:
456

Nunca te fies de una fujoshi

Summary:

Una científica un poco alocada, una poción con interesantes resultados y unos guardianes -y no tan guardianes- con las hormonas revolucionadas.

Notes:

Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn! no me pretenece, pertenece a Akira Amano.

N/A: Es la primera historia que me he animado a publicar y la podéis encontrar también en FanFiction.net o en SlasHeaven. Es la primera vez que publico una historia en está página así que estoy algo (bastante) perdida.

Supuestamente está ambientada cuando Tsuna ya ha aceptado el puesto como Décimo Vongola y tiene 18 años (de ahí calcular los de los demás xD).

Chapter 1: El comienzo

Chapter Text

Tsunayoshi Sawada, más conocido como Décimo Vongola, entró en la habitación algo incómodo por la música a todo volumen. Las paredes estaban llenas de cachivaches robóticos que reconoció como piezas de Gola Mosca.

Una joven peliblanca de pelo corto y despeinado con un mechón en la nuca que le llegaba hasta más debajo de la cintura trasteaba con botes de cristal llenos de quién sabe qué sustancias químicas mientras tarareaba y movía la cabeza al compás de la música.

En la otra esquina de la habitación y ajeno a todo había un pelirrubio vestido con un mono que no dejaba de teclear algo en un ordenador mientras se paseaba una piruleta de un lado a otro de la boca. Tsuna aún se preguntaba cómo podía concentrarse en nada con esa música.

Se acercó más a la chica que estaba de espaldas y levantando la voz por encima de la música como pudo, la llamó.

—Naru —la chica se dio la vuelta rápidamente sorprendiendo al Décimo Vongola que hace algunos años habría soltado su característico "Hiiie".

—Hola jefe —dijo la chica mientras se limpiaba descuidadamente las manos en la bata que llevaba—, llegas en el momento justo —dijo con una gran sonrisa en los labios. La intuición de Tsuna gritó en su cabeza al ver el peligroso brillo que la albina tenía en sus ojos azul-cielo. De encima de la mesa cogió un frasco con el que empezó a juguetear.

—Hace poco que terminé mi último trabajo y necesitaba un conejillo de indias —soltó sin ningún tapujo mientras el castaño no apartaba la mirada del frasco.

—¿Naru? —alejándose un poco.

—Tranquilo, no es peligroso —la sonrisa se ensanchó—. Además, Reborn-san me deja hacerlo…

—¿Reborn? —Por qué será que todo lo relacionado con su tutor no presagia nada bueno.

—Ajá —acercando el borde del frasco a los labios del Décimo. Este se lo pensó un poco más hasta que llegó a la conclusión que la albina nunca le daría algo que pusiera en peligro su vida. Cuánto se equivocaba.

Sin hacer caso de su híper-intuición cogió el frasco que se le ofrecía y cerrando fuertemente los ojos se lo bebió de un solo trago.