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Seven days

Summary:

Meliodas tiene una misión, y en siete días tiene que lograr aunque sea un avance. Pero, ¿Qué hará cuando una amenaza adorable aparece entre él y su objetivo?

Notes:

Hola. Realmente no iba a publicarlo, pero aquí estamos. Sin mas, nos vemos en notas finales.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Prólogo

Chapter Text

— ¿Asgard?— mencionó el rubio, mirando con atención y una pizca de curiosidad por el pedido de su padre.

— El Reino del hielo y los fiordos tiene una reliquia que es muy valiosa para ellos, si conseguimos la pieza, ganaremos la guerra contra el Clan de las Diosas.— aclaró el Rey Demonio, sorprendiendo a todos con su potente y exuberante voz, ignorando como el rubio bajaba la cabeza ante esas palabras.

Palabras que siempre escuchó en su vida desde que fue concebido, una decepción más en todos estos años.

Su padre siempre buscaba la forma de liquidar a las Diosas, importándole poco las vidas que se perdieron en el camino mientras la victoria se lograra. Con precaución, pero sin ninguna preocupación, habló.

— Podemos ganar la guerra sin necesidad de alguna reliquia, padre.

El gran retumbar del castillo asustó a muchos, incluyendo a Meliodas, quién no se inmutó pero por dentro estaba temblando. — ¡Traerás esa estúpida reliquia y la usaremos contra las Diosas!— exclamó su padre, colérico. — ¡Las Diosas jamás pensarían que los demonios usarían un arma de su mismo clan!

Con esas palabras, Meliodas hizo una reverencia y salió del salón, con su gran espada en el hombro y con la mirada encima de cualquiera que pasara.



Antes de partir, fue a una habitación al fondo del pasillo, escuchando como una risa infantil llenaba el cuarto y el corazón del demonio.

Entró sin aviso, viendo a su hermano menor jugar con una espada de madera y con Cusack a un lado, sonriendo al ver al pequeño príncipe tratar de hacer un movimiento con el arma, tropezando y cayendo estrepitosamente.

— Buen intento, cachorro.

— Meliodas-sama. — El pelirrosa se levantó del suelo, haciendo una reverencia al jovencito, quién también respondió con tranquilidad. — El príncipe Zeldris está a punto de ir a dormir, ¿Quiere un momento a solas con él?

— Si no es molestia, sí. — y con eso dicho, Cusack salió, dejando a Meliodas con el pequeño demonio, quién observaba a su hermano y estiraba los brazos como un bebé. — Ya no eres tan pequeño, Zel, eso debes entenderlo.

Aún con esas palabras, levantó al niño y lo arrulló, viendo como Zeldris pasaba sus pequeñas manos en el rostro del adolescente, sonriendo con felicidad.

Meliodas sonrió, haciéndole cosquillas al pelinegro y reía con él, feliz de ver a su hermano y lo único que le mantenía vivo y cuerdo; con cuidado, recostó al menor en la cama gigante que había en la habitación, cubriendo su cuerpo hasta la mitad del torso, acariciando sus cabellos oscuros.

— Me iré por unos días, Zel. Quizás te traiga algo de ese lugar….

— ¿Meliodas debe irse?— los ojos verdosos se mostraban tristes, rompiendo el corazón del rubio.

— Es por un tiempo, descuida. — acarició por última vez la cabeza de su hermanito, suspirando al verlo quedar casi dormido por la suave melodía que empezó a tararear sin razón. — Te prometo que saldremos de esta guerra, Zeldris….

Y con eso, Meliodas salió de la habitación del pequeño durmiente, mostrando su mirada de ónix llena de determinación, caminando hacia la salida del castillo para desplegar sus alas oscuras e irse.

Sin saber a lo que iba a enfrentarse o a quién encontraría en su viaje hacia la victoria.

O hacia la libertad.