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Beso de tres

Summary:

«¿Dejarías que tu novio le dé un beso a mi amigo por 1,000¥?»

—¿1,000 yenes? —preguntó Megumi con cautela. No cualquiera hacía una oferta así, menos por algo tan simple como un beso.

Sin embargo, la pregunta pareció animar a ambos hombres, quizá esperaban un rechazo. Bueno, no es como si Megumi no fuera a hacerlo de todos modos, solo tenía curiosidad por saber que tramaban exactamente.

—Sí, no hay estafa. Como dije, es un experimento social. —Suguru sonrió levemente.

Fushiguro realmente estaba dudando.

—Entonces, ¿un beso?

⚠Esto no lo escribió Chocomeylk. Si alguno de los antiguos lectores de Chocomeylk lee esto, esto no lo escribió ella, fueron sus manos, pero no Chocomeylk.

Notes:

La mención de Uta no es muy relevante, ya que ella ni siquiera aparece aquí como tal, sencillamente la incluí porque no encontré ningún otro personaje apto para el papel de idol k-pop favorita de Fushiguro y Kugisaki.

¡Finalmente, termine esta hijueputa cosa, Diosss! Por un momento pensé que esto iba a ser eterno y aun así entre toda la mmda que termine escribiendo me sigue surgiendo una duda; ¿dónde está el porno en todo esto?

24.5k en palabras y ni un pixel de porno. A lo mucho este one-shot ofrece un par de besos franceses calientes, tómalo o déjalo. Y sí, yo sé que me atrase muchísimo, ya que originalmente quería publicarlo el 22 de noviembre del año pasado; sin embargo, yo no sabía que esto iba a alargarse tanto, para esa fecha apenas llevaba 6k escrituras. ¡Pero en mi mundo paralelo sigue siendo 22/12/2022!

Y otra cosa que me gustaría saber es cómo carajos tergiverse tanto esta cosa como para que la idea de tres miserias oraciones llegara a las 24k, alv.

Como sea, con esto me doy cuenta de que no sirvo para resumir 👍, el “poco” contexto que quería darle para que no se sintiera vacío, terminó por salirse de mis manos.

Esta es por mucho la mierda más larga que he escrito en mi prra vida, ni de pdo lo termina de leer mi abuela, pero no me arrepiento de nada.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Definitivamente fue mala idea compincharse con algunos de los matones de la universidad para copiar en el examen de Licenciatura de Derecho de la profesora Mei Mei. Aparentemente ella ya lo sabía, solo estaba buscando el momento correcto para atraparlos con las manos en la masa, y el examen de último semestre fue el anzuelo que mordieron sin darse cuenta.

Culpa de Sukuna, Hajime y Hakari por ser tan ruidosos. En lugar de guardar silencio y esperar pacientemente el bolígrafo azul con las respuestas grabadas en la etiqueta, decidieron que era buena idea hablar entre susurros nada discretos para ahorrarse algunos minutos. El por qué querían salir temprano del examen es un misterio sin resolver, pero conociendo a sus antiguos compañeros, Megumi estaba seguro de que era para una pelea clandestina en uno de los clubes nocturnos que solían frecuentar.

Y realmente no había duda de que la razón también estaba involucrada con una pelea grupal en la que los tres pretendían participar después de terminar el examen, posiblemente el dinero y un par de apuestas también estaban incluidos en la lista de planes.

Desafortunadamente, aquellos planes quedarían escritos y reservados exclusivamente para una nueva lista de sueños frustrados sin cumplir, ya que evidentemente no iban a poder salir de Jujutsu Tech en buen par de horas. Lapso de tiempo suficiente para que esos tres usarán el cerebro correctamente y pensarán con detenimiento la estupidez que los llevó a estar fuera de sala de profesores, cerca de la oficina del director a la espera de un castigo mucho más grande de lo que imaginaron.

Sin embargo, la situación no sería tan mala si Megumi y Kugisaki no estuvieron pagando los platos rotos también, como si los dos estuvieran involucrados de alguna manera con el desatre que provocaron Ryomen, Kashimo y Kinji, —obviamente si estaban involucrados, pero necesitaban escapar de las garras de Mei Mei antes de fuera demasiado tarde, y la forma más rápida de hacerlo era victimizándose y fingiendo demencia ante la evidencia—.

La profesora era lista, más de lo que Megumi anticipo. Mei Mei ya tenía conocimientos previos, o más bien la sospecha de los nombres de los alumnos que vendieron y repartieron los bolígrafos trucados a más de la mitad de la clase esta misma mañana, minutos antes del examen.

Quizá fue el método que usaron, o la aglomeración de sus compañeros de clase lo que los delató frente a la profesora que entró al salón a paso firme, con los labios fruncidos en una mueca y la decepción gravada en sus grisaseos ojos. En ese momento las alertas se activaron.

Mei Mei prosiguió con el examen, sin hacer preguntas del por qué de esto o el por qué del otro. Ella entregó las hojas impresas con las preguntas a cada alumno, no sin antes mirar de reojo al dúo de amigos. Fushiguro tenía un mal augurio sobre esa mirada en particular que recibió, mientras Nobara le sonreía nerviosamente a la mujer de cabello celeste.

Extrañamente lo que pensaron que era una leve sospecha dejó de serlo cuando ambos lo confirmaron. Mei Mei sabía, y espero específicamente ese momento en el que los alumnos más problemáticos empezaron a susurrar y pelear entre ellos. Ahí se fue todo a la mierda, provocando una sonrisa en la mujer.

El examen se suspendió abruptamente cuando ella explicó la situación y pidió a todos sus compañeros que entregaran los bolígrafos trucados, también los amenazó a todos con dejar la nota del examen en cero si no empezaban a señalar a los culpables, aunque ella ya sabía quienes eran.

Por ello, tanto Megumi como Nobara fueron arrastrados a la oficina del director junto a Sukuna, Hajime y Hakari.

Bueno, en defensa de Fushiguro y Kugisaki necesitaban el dinero para una buena causa.

Y la “buena causa” es que Uta; la nueva idol que ascendió bastante rápido en su carrera como cantante por su hermosa voz, iba a dar un concierto mañana en la noche en la cuidad de Tokio, en la azotea de uno de los edificios más altos. No fue hace mucho que ambos descubrieron su música, pero la letra de las canciones y la forma en la que Uta las interpretaba con su voz era mágica. Transmitiendo sueños, esperanza y dolor en una sola pieza.

Su talento era increíble, y muchos decían que valía la pena cada centavo que se gastaba en sus conciertos, si su voz era hermosa a través de una bocina, entonces escucharla en vivo hacia que la experiencia llena de magia aumentará. También decían que la idol regalaba un álbum exclusivo con su firma en cada gira, y está no era la excepción.

La fecha del cumpleaños de Megumi estaba próxima, a un mes y un par de días cuando Kugisaki consiguió la información completa de la fecha y el lugar en que se llevaría a cabo el evento. Convenientemente, el concierto se llevaría a cabo el 22 de diciembre, el mismo día en el que Fushiguro cumplía 19 años. Nobara pensó que una entrada para el concierto de la idol favorita de su mejor amigo era un buen regalo de cumpleños.

El problema es que la entrada era un poco exageradamente cara, ya que la chica que tenía los boletos le dijo que eran los últimos dos que quedaban, y habían más personas dispuestas a pagar una cantidad mucho más grande, pero como Nobara fue la primera en contactarla, le diaria unos días para conseguir el dinero, si no podía conseguirlo, entonces se las vendería a alguien más.

Desafortunadamente y sin querer, Nobara terminó arruinando la sorpresa de Megumi cuando se lo comentó, sin embargo no tenía opción. Kugisaki quería comprar las entradas ella misma, con su propio dinero, pero aún con sus ahorros no llegaba a la cantidad indicada para pagar siquiera uno de los boletos.

Fushiguro fue comprensivo al respecto, se veía más feliz aunque no lo desmotro abiertamente. Y desde ese día en particular empezaron a juntar dinero entre los dos con el propósito de llegar a la cuota para cada una de las entradas. Durante dos semana consecutivas ambos se dedicaron a hacer pequeños trabajos para sus vecinos. En su mayoría los trabajos consistían en cuidar niños, perros y gatos, podar el césped o limpiar los áticos y sótanos de los vecinos más ancianos.

Sin embargo, aún con todo el trabajo que hicieron arduamente durante esas dos semanas, apenas consiguieron el dinero para la primera entrada. No obstante, ya sea para su desgracia o fortuna, aparecieron los tres simpáticos matones de la universidad, —claro que esta simpatía solo era dirigida a Fushiguro por alguna extraña razón—. Bien podría ser como un par de ángeles dispuestos a salvar el día o como un par de demonios salidos del mismísimo infierno con una propuesta casi tentadora muy difícil de rechazar.

—La cosa es sencilla, solo necesitamos que nos ayuden a pasar ese estúpido examen —dijo Sukuna, embozando una extraña sonrisa que aparentaba ser suave.

Pero el efecto que tuvo fue todo lo contrario. En lugar de transmitir seguridad y confianza, lo que hizo fue aumentar la inquietud de Fushiguro y Kugisaki. Se veía más como una mueca en el rostro de Ryomen que una sonrisa, ¿hace cuanto tiempo dejó de sonreír exactamente?

Nobara iba a preguntar, pero la idea no era muy buena si tomaba en cuenta que prácticamente estaban solos con los delincuentes juveniles.

La biblioteca era un lugar poco visitado por los estudiantes. Y los pocos que la llegaban a visitar en su mayoría eran parejas que se aprovechaban del poco personal para ocultarse en las estanterías y tener sexo. Aparentemente, tener sexo semipúblico estaba de moda últimamente. 

Luego, estaban los alumnos raros que usaban la biblioteca para estudiar, y después estaban Megumi y Nobara; que la usaban para comer sus almuerzos con tranquilidad, sin correr el riesgo de que una estúpida pelota viniera de improvisto a sus caras.

Pero, puede que en esta ocasión se hayan equivocado en elegir el lugar para almorzar. La biblioteca estaba solitaria, más de lo que solía estar habitualmente. Bien podría ser el lugar perfecto para cometer un homicidio sin levantar sospechas.

—¿Qué se supone que ganamos si hacemos eso? —inquirió Megumi, viendo que los tres hombres tomaron asiento sin ser invitados. —¿Si saben lo que puede pasar si Mei Mei se da cuenta?

—Todo se va a la mierda—. Kashimo se encogió de hombros, restándole importancia mientras una pequeña sonrisa se dibujaba en sus labios. —Pero dicen que el que no arriesga no gana, y no tenemos mucho tiempo para pensar en eso. El examen de fin de curso está cerca.

Su sonrisa se borró y una mueca la reemplazo.

—El director Yaga dijo que el resultado de ese examen va a decidir nuestro futuro en Jujutsu Tech. Si el resultado termina siendo bueno nos quedamos, si no, nos vamos.

—Ah, recuerdo que también dijo algo sobre que causamos muchos problemas o algo así…, —mencionó Hakari sin interés. Rasco su nuca y sus cejas se juntaron, seguía pensando, cavando en el fondo de su cerebro para recordar. —No recuerdo lo demás, me dormí después de que menciono tecnología y adicción en la misma oración.

¡Espera! Nobara conocía esa historia. Hace mucho tiempo que no la escuchaba, por un momento pensó que fue solo cosa suya encontrarse al directo en la cafetería de al lado cuando llevaba horas esperando por un nuevo postre del menú. Recordó que el director casualmente pasaba por ahí ese día, y después de que la reconoció, el hombre empezó una charla animada con ella, diciendo que la acompañaría en la cola hasta que recibiera el pedido porque era peligroso pasear por las calles a esa hora de la tarde.

Entre toda la perorata, Masamichi mencionó parte de una teoría conspiranoica muy loca. Al principio Kugisaki estaba incrédula, pero viendo la seriedad y seguridad del hombre mientras relataba sus pensamientos más profundos, confirmo que no era una broma.

—¡Déjame adivinar; también dijo que los teléfonos celulares y las computadoras son un invento del gobierno para contralor nuestros pensamientos desde dentro, ¿no?! —tan rápido como lo pensó, su boca lo dijo. Kugisaki sonrió cuando los delincuentes asintieron con extrañeza.

Ahora podía estar segura de que no fue un sueño esa extraña charla con el director.

—¿Desde cuándo has estado en la oficina de Masamichi? —preguntó Hakari.

Nobara puso los ojos en blanco, y estaba por responder a la pregunta inofensiva —que para sus oídos fue una ofensa— cuando Hajime abrió la boca. Seguramente para dar una opinión que nadie le pidió.

—Vaya, pensé que eres una buena niña, Kugisaki. No sabía que te gustaba meterte en problemas.

El idiota de cabello azul volvió a sonreír cuando vio el ceño fruncido de Kugisaki, y como si eso no fuese suficiente, también tuvo la audacia de recostarse sobre la silla y subir sus pies a la mesa.

—¿Y quién te preguntó tu opinión? —inquirió ella con un resoplido y las cejas juntas.

—¿Y quién te preguntó tu opinión acerca de mi opinión?—. De nuevo, la cara de Kashimo estaba adornada con una sonrisa triunfal llena de dientes blancos.

Es una lástima que Nobara no trajera su martillo para golpearlo. Un golpecito pequeñito no haría daño, quizá incluso le haga un favor a las neuronas casi muertas en el cerebro hueco de Hajime.

Solo necesitaba de un buen golpe y como nuevo. Aunque, conociendo a Kashimo quizá un golpe no sea suficiente, tal vez dos o tres, el cuarto sería para asegurar y el quinto meramente por placer. Definitivamente, era algo que tenía que ser reconsiderado más tarde, pero por el momento Nobara estaba satisfecha con la imagen mental.

—Bueno, a diferencia de ustedes, par de vagos, ni siquiera tuve que ir a la oficina del director para escuchar esa teoría conspiratoria. —como si todavía estuviera en el jardín de niños, Kugisaki saco la lengua de su boca de forma burlesca.

También se burló con una carcajada larga y prolongada después de ver el ceño fruncido en la cara de ambos hombres.

Por otro lado, lejos de las burlas y la conversación poco atractiva que tenían sus compañeros ruidosos, Sukuna y Megumi tenían una charla silenciosa en la que definían los términos y condiciones del trato. Desde que Ryomen mencionó 'dinero', 'cambio' y 'ayuda' en la misma oración, obtuvo toda la atención de Megumi en menos de un minuto.

—No estoy en desacuerdo con los términos y condiciones, pero ¿cómo sabes que necesitamos dinero exactamente? —Fushiguro estaba confundido. No recordó haberlo comentado con alguien más que no fuese Nobara.

—Es raro verte haciendo tantos favores por el vecindario, ¿sabes? Que yo recuerde solo tienes dos perros, y ayer te vi en el parque paseando con al menos diez —contestó Sukuna.

Cierto, por un momento Megumi había olvidado que Sukuna y Yuuji eran sus vecinos. Ahora tenía sentido.

—Por cierto, Sukuna, ¿por qué escogiste esta carrera? Quiero decir, no eres muy bueno para recordar y no creo que sea de tu agrado aprender cada ley de Japón.

—Bueno, eso es sencillo. Ningún delincuente drogadicto amigo mío va a pisar la cárcel mientras yo sea su abogado—. Sukuna sonrió, orgulloso con la respuesta que dio.

Mientras Megumi fruncía los labios y alzaba una ceja. Claramente, las huellas de incredulidad estaban ahí antes de que se diera cuenta, sin duda esa no era la respuesta que esperaba, pero a Ryomen ni siquiera pareció importarle, tampoco se molestó en corregir de alguna manera lo que dijo, no, en su lugar, continuó con la siguiente pregunta.

—Y en cuanto a lo demás, supongo que en algún momento debo aprenderlo —se encogió de hombros restándole importancia. —Pero definitivamente no será hoy.

No pasó mucho tiempo antes de que la conversación llegara a su fin con los tres hombres yéndose a las prácticas de baloncesto cuando la hora del almuerzo terminó en un parpadeo, Megumi y Nobara ni siquiera tuvieran la oportunidad de disfrutar de la comida correctamente.

Pero el trato estaba hecho. Ellos conseguían el dinero que les faltaba —sabrá Dios y esos tres de dónde lo sacarían para pagar, y Megumi realmente tenía miedo de preguntar— y Fushiguro y Kugisaki cumplirían finalmente sus sueños de ir al concierto de Uta.

Básicamente todos ganaban.

Esa misma semana, mientras los cinco jóvenes planeaban de manera ingeniosa como esconder el mayor número de respuestas posibles en la etiqueta de los bolígrafos, se unieron más alumnos de Mei Mei preguntado por el precio del objeto truncado. El cómo se enteraron de lo que iban a hacer seguía siendo un misterio, de nuevo, pero consiguieron más encargos y por ende más dinero.

Todo iba bien hasta ese día en el que Mei Mei se presentó con la decepción grabada en su rostro. Era evidente que la profesora no se enteró de todo sola, alguien estaba con ella. Sin embargo, ellos no fueron especialmente discretos al respecto, en especial Nobara, Kashimo y Sukuna, que peleaban ruidosamente cada vez que tenían oportunidad.

Puede que sucediera en la biblioteca o en la cafetería del establecimiento. Extrañamente, durante esos días la biblioteca empezó a ser más visitada por los estudiantes, y entre tanta gente que entraba y salía ninguno noto algo sospechoso en alguna de esas personas.

Y a consecuencia de su descuido, ahora estaban aquí; fuera de la oficina del director, esperando el veredicto final de Mei Mei y Masamichi.

—Mierda, ahora estamos jodidos... —murmuró Sukuna.

Kashimo frunció el ceño. No quería admitirlo, pero no había una palabra mejor para definir la mierda en la que estaban metidos ahora mismo. Por primera vez experimentaba esa sensación punzante de miedo al saber lo que ocurriría a consecuencia de sus actos poco premeditados, por primera vez los nervios picaban en la punta de sus dedos y la desesperación por saber qué sucedería después tomaba gran parte de sus pensamientos.

—¿Qué se supone que le voy a decir a mi papá cuando se entere de esto? —Hajime soltó un suspiro pesado. Apenas registró cuando Hakari palmeo su espalda para darle algún tipo de consuelo.

—Vamos hombre, no creo que sea tan malo—. Kinji sabía que aquello lo dijo más para el mismo que para consolar a su amigo. Él también tenía miedo de saber que les esperaba cuando Mei Mei regresara con Yaga.

Luego se quedó todo en silencio, la atmósfera tensa tampoco era de ayuda en ese momento de crisis. Hakari estaba cabizbajo, viendo su vida pasar a través de recuerdos, sabiendo que la presencia de la profesora podría igualar a la presencia de la parca misma.

—A Mei Mei le gusta el dinero, ¿verdad? —Megumi ni siquiera se dio cuenta de que dijo sus pensamientos en voz alta hasta que tenía todas las miradas llenas de curiosidad puestas en él.

Los hombres se removieron incómodos sobre la medera en la que se encontraban sentados, hasta que uno de ellos habló.


—¿Sí...? No lo sé, es lo único de lo que habla cuando no está impartiendo clases —murmuró Kashimo en respuesta, aunque pasó casi desapercibido para los oídos de Megumi debido al ruido del cuchicheo que se filtraba por los pasillos.

—¿Por qué lo mencionas?

Sukuna no quería meterse en la conversación, aunque estaba al tanto de ella desde que comenzó, pero parecía que Fushiguro tenía algo en mente, y si Megumi tenía una idea lo suficientemente buena como para mencionarla abiertamente, entonces significaba que no todo estaba perdido.

Por su parte, Nobara estaba extrañamente callada y no era porque estuviera preocupada, sabía que lo peor que podía pasar, en el peor de los casos, era una pequeña mancha en su historial académico y una suspensión de al menos unos días. Lo mismo aplicaba para Fushiguro, sin embargo, los delincuentes no corrían con la misma suerte.

—Podríamos darle dinero y fingir que nada paso antes de que regrese con Masamichi—. Megumi estaba seguro de que lo vio salir esta mañana con Ijichi.

Y siempre que Yaga salía con Ijichi solía tardar un buen par de horas antes de regresar. Por lo que sabía, Yaga dirigía otra universidad en la prefectura de Kioto y de vez en cuando iba él mismo a revisar como estaban las cosas, ya que el viejo Gakuganji no era el mejor para supervisar una universidad tan grande como la de Kioto.

—¡Cierto! Megumi, esa no es mala idea—. Nobara pareció animarse con eso, —oigan, ¿cuánto dinero trajeron hoy?

Ciertamente, era confuso, principalmente para los tres hombres que se mostraban escépticos en un principio. Pero el miedo era más fuerte que el escepticismo, por lo que empezaron a revisar en los bolsillos de sus pantalones.

Hakari solo tenía un par de monedas y algunas envolturas de goma de mascar. Por otro lado, Sukuna sacó un billete —muy arrugado y muy antiguo— de 5 dólares, ¿de dónde salieron esos cinco dólares? Una caja casi vacía de cigarrillos y algunas envolturas de bombones.

Mientras tanto, Hajime seguía buscando en lo más recóndito de los bolsillos de su chaqueta.

—Mhm, pues, traigo tres cincuenta—. Después de un par de minutos, Kashimo finalmente dio con el dinero que recordó haber guardado esta mañana.

—¿Tres cincuenta? Bien, creo que eso es suficiente para comprar una botella de licor barato para Mei Mei.

Si bien a Mei Mei le gustaba el dinero, también le gustaba el alcohol, y quizá el alcohol sea mejor opción que solo darle dinero y ya.

—¿Cómo sabes que toma alcohol? —Inquirió Sukuna, de nuevo, con extrañeza.

Pero Hakari contestó por Fushiguro.

—Ah, ¿no lo sabes? —su compañero negó con cabeza y su mirada aguda pedía respuestas—. Algunas veces Fushiguro y yo la atrapamos echando licor en su café, incluso lo hace en el té verde del profesor Kento.

—Oh, mierda, eso explica por qué Nanami ha estado tan relajado últimamente.

Sin duda era raro que el profesor amargado de un día para otro dejara de ser amargado y más tolerante.

—Por cierto, Hajime, ¿de dónde sacaste tres mil quinientos yenes? Eres más pobre que todos nosotros juntos a pesar de que vienes de una familia rica —dijo Hakari.

—¿Tres mil quinientos...?—. Kashimo alzó una ceja, confundido, estaba seguro de que no tenía tal cantidad en su bolsillo, y tardó un poco en notar el malentendido. —¡Espera, ¿qué?! Obviamente no tengo tanto dinero, ¿por qué creen que de un día para otro tengo esa cantidad conmigo?

—Entonces, ¿cuánto dinero tienes ahí? —cuestionó Nobara con los labios fruncidos en una mueca. 

No tenían tiempo para las estupideces de Kashimo.

—Literalmente tengo trescientos cincuenta yenes.

Megumi soltó otro suspiro mientras masajeaba el puente de su nariz, tal vez Kugisaki no se equivocaba cuando mencionó que a Hajime le hacía falta un buen golpe para qué usará el cerebro correctamente.

—Dios, eso ni siquiera alcanza para un chicle —señaló Fushiguro.

Él también revisó en sus bolsillos. Solo quedaba el dinero para las entradas del concierto, ya que el dinero extra que consiguieron “honradamente” lo gastaron en porquerías al azar. Megumi realmente se arrepentía de haber gastado ese dinero.

—Bueno, no hay remedio—, Nobara se cruzó de brazos. Guardó silencio unos minutos para meditar. —Chicos, van a tener que pagar con cuerpo; bájense los pantalones y hagan una fila antes de que Mei Mei salga de ahí.

Señaló la puerta de la oficina.

—No creo que eso sea buena idea... —comentó Megumi.

Puede funcionar con dinero o alcohol, pero no con sexo. Mei Mei no parece una persona que ponga las relaciones carnales por encima del dinero, incluso el alcohol estaba más arriba.

—Exacto, Fushiguro tiene razón. Tampoco planeo perder mi empleo cuando me costó tanto trabajo conseguirlo—. Mei Mei se unió a la conversación, como si pudiera leer los pensamientos de Megumi mientras sonreía dulcemente para sus alumnos.

La estancia quedó en silencio desde que la profesora apareció, el cúmulo de emociones como el miedo, los nervios y la tensión del silencio eran el nuevo alimento favorito de Mei Mei.

Megumi casi salta cuando la mujer tomó asiento a su lado y rodeo sus hombros con un brazo. Ella sonrió por la reacción, y Kugisaki estaba incómoda de repente.

—¿Y bien? ¿Qué creen que debería hacer con ustedes tres? —señaló a los tres delincuentes de la banca contraria—. Podría simplemente darles un castigo y ya, pero no parece que aprendan algo con eso. Siempre vuelven a hacer lo mismo de todos modos, siempre siguen un único patrón; se meten en peleas, roban comida de la cafetería y siguen haciendo trampa en los exámenes.

Mei Mei se detuvo un momento, llevó su mano libre a su barbilla mientras fingía pensar, al mismo tiempo, el agarre que aprisionaba a Fushiguro se apretó un poco.

El silencio y el hecho de que Mei Mei se burlaba de ellos prolongando el 'mhm...' Que tarareaban sus labios no era de ayuda. La mujer estaba haciendo eso a propósito.

Sukuna arrugó la frente y apretó los puños con fuerza. Hakari también frunció los labios, expectante a la respuesta.

Hajime no se veía mejor. Estaba más asustado que los otros dos, con gotas de sudor frío corriendo por su frente.

—No creo que ese comportamiento sea apropiado para esta universidad de élite, ¿saben cuantos matarían por estar en su lugar? ¿Hajime? —Mei Mei no se detuvo ahí, Kashimo apretó los dientes, impotente. Ni siquiera podía dar una respuesta con esos intensos ojos grises cortando su respiración.

»Tampoco creo que Yaga pasé por alto esto que hicieron. Incluso les advirtió sobre lo que pasaría si la situación volvía a repetirse, ¿cierto?—. Ahora el terror se apoderó de sus caras, los tres jóvenes no querían escuchar lo que seguía a continuación: —Supongo que ya sabrán lo que sigue, serán expulsados de aquí.

Definitivamente, esa mujer es una bruja.

Ahora Megumi entendía por qué Ryomen se empeñaba en llamarla bruja siempre que podía. Era la primera vez que Fushiguro y Kugisaki la veían actuando así, tan fría y cruel.

Ni siquiera les dio una oportunidad para hablar y defenderse, en su lugar, ella continuó hablando con él mismo semblante lleno de antipatía e indiferencia. La mujer tampoco se veía especialmente interesada en escuchar una razón del porqué los delincuentes hicieron lo que hicieron.

—Tal vez aprendan algo con eso —murmuró ella, casi silencioso para que nadie excepto ellos pudieran escucharla.

La mujer se sentía mucho mejor manteniendo los problemas en secreto, prefería manter la información alejada de los oídos ajenos.

Megumi suspiro aliviado cuando sus hombros fueron liberados. Mei Mei se levantó, miró una última vez a los tres delincuentes antes de entrar a la oficina de Masamichi, seguramente para recoger los documentos personales de Sukuna, Hajime y Hakari.

Ahora que la mujer no estaba cerca, Kashimo se desplomó en la banca con la mirada vacía enfocada en el suelo, hasta que cubrió sus ojos con una de sus mano. Sukuna y Hakari volvieron darle un par de palmadas suaves en la espalda, aunque muy en el fondo sabían que ya no podían hacer nada para salir del agujero negro en el que se metieron solos.

Nobara desvío la mirada, por primera vez sentía pena por esos cretinos, jamás pensó que ese día llegaría. Megumi sentía lo mismo, pese a que era poco expresivo, Nobara pudo ver ese pequeño índice de pena en su rostro; labios fruncidos y dedos inquietos.

—Nobara... —susurró el chico por encima del hombro.

—¿Qué? —. Sin querer, su voz salió un poco más fuerte de lo que pretendía.

—¡Shh! —reprendió Megumi.

—Lo siento, ¡pero no entiendo por qué estás susurrando! —de nuevo, su voz salió fuerte. Ella reaccionó lento al taparse la boca.

Fushiguro soltó un suspiro, se llevó el dedo a los labios y susurró de nuevo.

—¡Shhh!

Nobara frunció el ceño.

—¡Oye, deja de shushearme! —. Esta vez, su voz salió tres tonos más bajos, gracias a Dios.

—Lo siento, pero no quiero que Mei Mei escuche—. Megumi volvió a fijar su atención en la puerta de madera vieja, quería estar atento a cualquier pequeño movimiento que el pomo hiciera cuando la mujer saliera de la oficina.

—¿Por qué? ¿Tienes algún plan?

—Sí. —asintió. —Compraremos una botella grande de vino tinto que sea de la marca más cara. Creo que Mei puede olvidar esto si lo arreglamos con un regalo y un poco de persuasión.

—Pero no tenemos dinero... —mencionó Kugisaki.

La atención de Megumi regresó a ella de nuevo y ahí entendió a qué dinero se refería Fushiguro. Nobara no estaba en contra del plan, y ciertamente el dinero era parte del regalo de cumpleaños de Megumi, así que él podía hacer lo que quisiera, al fin y al cabo, comprar las entradas para el concierto era solo una de las primeras opciones de entre todas las que Fushiguro podía elegir, pero se supone que ese era su regalo de cumpleaños.

—¿Estás seguro de esto? Es tu regalo de cumpleaños, Megumi.

—No creo que sea tan malo ver el concierto en vivo desde la televisión. Y con lo que sobra del dinero podríamos comprar sushi o algo.

Nobara guardó silencio unos segundos, siguió mirando a Megumi como si de repente tuviera tres cabezas en lugar de una, entrecerro los ojos y continuó buscando algún indicio de duda en la expresión estoica del chico de ojos verdes, pero no encontró nada, ni siquiera una pizca de duda.

—Bien, pero entonces haremos una pijama en mi casa, ¿de acuerdo?

Ahí estaba la pregunta trampa que Megumi estaba esperando, Kugisaki ya se había tardado en hacerla.

Nobara parecía conocer a Megumi como la palma de su mano, cosa que resultaba un poco contraproducente para el mismo Fushiguro, ya que Kugisaki sabía muchas cosas, algunas eran vergonzosas y, ciertamente, era de agradecer que Nobara no lo chantajeara con eso.

Pero de nuevo con la pregunta trampa de Nobara, ella sabía que si había algo que a Megumi no le agradaba del todo, definitivamente eran las pijamadas. La explicación era sencilla, y es que a Fushiguro no le gusta que Kugisaki lo use como conejillo de indias para probar sus cosméticos de dudosa procedencia.

Y la única información que recibía al respecto, era la dirección del lugar extraño donde Kugisaki adquirió el producto. En algunas ocasiones, cuando los productos fallaban e irritaban la piel de ambos —ya que Megumi también obligaba a Nobara a ponerse el producto—, las pocas veces en las que hicieron el intento por reclamar, la tienda desaparecía inexplicablemente, y después parecían idiotas yendo a la universidad con la cara roja y mal maquillada en un intento de disimulo muy malo.

Incluso uno que otro profesor llegó a hacerse ideas equivocadas pensando lo peor de sus familias.

Pero tal vez con algo de suerte, Nobara olvide momentáneamente los productos que adquirió recientemente por la transmisión en vivo del concierto.

—De acuerdo. Pero nada de productos raros hasta que acabe el concierto.

Megumi regresó su atención a la puerta, era extraño, Mei Mei estaba tardando demasiado, ¿estaba hablando por teléfono con alguien? Creyó haber escuchado la tenue voz de la mujer, aunque puede que sea una equivocación.

Por otro lado, Nobara se paralizó, sus ojos estaban bien abiertos por la sorpresa; sin embargo, la mueca en su rostro cambió rápidamente y la remplazo por una pequeña sonrisa. Si eso era lo que Megumi quería, entonces no había problema, pero eso no iba a evitar que les cobrará el doble del dinero a los delincuentes, hasta con intereses incluidos.

—¡Por supuesto, confía en mí! Nada de productos raros. —ella negó con la cabeza, —será un privilegio de cumpleañero.

Fushiguro también sonrió suavemente, no obstante, esa pequeña sonrisa no duró demasiado, se fue cuando vio el pomo de la puerta moviéndose.

Mei Mei salió de la oficina, y como supuso Megumi, tenía tres carpetas amarillentas bajo el brazo. Caminó lentamente por el pasillo, el sonido de la punta de sus tacones repiqueteando en las baldosas no solo lo inquietó a él. Hajime salió del trance en el que se metió cuando lo escucho.

La mujer le dio una última mirada a Fushiguro y Kugisaki, sus alumnos menos problemáticos, sin duda seguía siendo extraño que ambos terminaran involucrados en un problema como este, sin embargo, no fue una sorpresa tan grande.

Y luego, al otro lado, el pequeño grupo de delincuentes, aunque faltaban dos.

—Hakari, Hajime y Ryomen, vengan aquí ahora mismo. Y ustedes dos no se muevan de ahí. —ordenó al dúo de amigos, mientras abría la puerta y esperaba pacientemente a los tres delincuentes.

Megumi reaccionó rápido, incluso fue más rápido que sus compañeros al levantarse de la banca. En defensa de los tres, lo estaban haciendo con pereza y lentitud para comenzar con una oración rápida, quizá Dios o algún otro ser divino se apiade de ellos.

Es seguro que incluso cualquier otra criatura es más piadosa que Mei Mei.

—Disculpe, señorita Mei Mei, ¿podría hablar con usted antes de que se los lleve?—. Si había algo bueno que Megumi podía rescatar entre toda la porquería que Toji le enseñó, es que podía ser persuasivo cuando se lo proponía. —por favor.

—¿Es importante? —preguntó ella, con una ceja levantada y una mueca en sus labios que la hacía ver indiferente.

Megumi trago saliva, repentinamente nervioso y asintió.

—Sí.

La mujer soltó un suspiro, pero no se veía enojada, de hecho, puede que sea imaginación de Megumi, pero él podía jurar que parecía que Mei Mei sabía lo que iba a pasar. El sentimiento se instaló en su pecho como un déjà vu que recordó vagamente ya haber vivido antes.

El sentimiento era inexplicable y la idea absurda, eso era seguro. Megumi tampoco tenía mucho tiempo para pensar en ello.

—Bien. Ven aquí.

Antes de entrar a la oficina, Nobara levantó el dedo pulgar y le deseo suerte, Kinji, Sukuna y Kashimo asintieron eufóricos y agradecidos, también le desearon suerte en silencio antes de que la puerta se cerrará tras él.

Mei Mei movió algunos papeles de la mesa para hacer espacio, tomó asiento y señaló el lugar vacío junto a ella.

Megumi estaba nervioso mucho antes de que la puerta se cerrara, ahora estaban solo eran ellos dos en la oficina. También le inquietaba que no hubiera ruido, exceptuándose por los susurros nada discretos que había afuera, casi pone los ojos en blanco por eso. Sin embargo, ahora estaba aquí, y no había tiempo que perder, el director podía llegar en cualquier momento, solo esperaba que Mei Mei no reaccionara mal con lo que estaba por decir.

...

—¡Oigan, idiotas, ¿podrían ser un poco más discretos?! —Nobara susurró por encima del hombro. Bajo un poco la mirada para encontrarse con los delincuentes, murmurando incoherencias que apenas podía escuchar.

Lo peor es que tampoco podía oír lo que sucedía tras la puerta, apenas registraba el suave murmuró de la voz de Megumi diciendo algo.

—¡Definitivamente, tú no eres la más indicada para hablar de discreción! —susurró Hakari en respuesta.

—¡Sí! —apoyó Hajime.

Nobara frunció el ceño y bufó.

—¡Ya cállense, no puedo escuchar nada por culpa de ustedes tres! —Sukuna también se unió a la pelea, aunque susurró un poco más fuerte de lo que debería.

—¡Tú también estás siendo ruidoso! —se quejó Nobara. Sukuna iba a decir algo más, alguna protesta, pero las palabras murieron en su boca antes de que las dijera.

Al menos, no tuvo tiempo de mencionar nada con Hakari y Hajime susurrando: 'shhh' Cada maldito minuto.

Estaban amontonados con las orejas pegadas a la puerta, el objetivo de esto era escuchar que sucedía allá adentro; sin embargo, no captaron más que unos pocos murmullos apenas audibles, si ambos; Megumi y Mei Mei, realmente estaban hablando, sus voces eran demasiado bajas, casi imperceptibles.

Probablemente, era cosa de Mei Mei. A la mujer no le gustaba que la espiaran mientras tenía una conversación con alguien más, tampoco le gustaban las interrupciones.

Y puede que quizá la ruidosa conversación a susurros que estaban teniendo hace apenas unos segundos no haya pasado desapercibida para los oídos de la profesora, porque ahora que finalmente Kinji y Kashimo cerraron la boca ya no hay ruido.

Nobara tenía un mal presentimiento ahora que no podía escuchar nada, ni siquiera un indicio de que hubiese vida humana al otro lado, solo un sepulcral y agonizante silencio.

Si las cosas continuaba así, Nobara empezaría a temer lo peor, y tal vez llame a la policía por culpa de la paranoia que estaba creciendo muy dentro de su pecho.

Estaban tan confundidos por el repentino silencio que, antes de que se dieran cuenta, la puerta se abrió en un parpadeo y, sin tiempo a reaccionar, los cuatro perdieron el equilibrio y cayeron de bruces al suelo uno detrás de otro, como alguna especia de efecto domino.

Nobara tuvo suerte, no sufrió ninguna lesión, ya que su caída fue amortiguada por los cuerpos que cayeron primero al suelo. Hakari no corrió con la misma suerte, él cayó primero como escudo humano y encima Sukuna y Hajime no dejaba de moverse, casi lo aplastan con sus pesados cuerpos.

—¡Quítense de encima! —exigió Hakari cuando recuperó el aire.

Megumi no estaba sorprendido en absoluto, y Mei Mei tampoco, aunque ella seguía sentada en la mesa sin hacer algún otro movimiento. Fushiguro hizo una reverencia.

Le agradeció silenciosamente a la mujer antes de sacar a sus compañeros del umbral de la puerta. Recibió un par de miradas extrañas cuando se dio la vuelta para despedirse una última vez de Mei Mei, también volvió a recibirlas cuando cerró la puerta lo más silenciosamente posible y comenzó a caminar fuera del pasillo de la oficina.

Hubo una curva a la derecha en la que Megumi se perdió. Nobara, Hakari, Sukuna y Hajime lejos de estar confundidos, parecía que estaban teniendo un corto circuito tras ver la casualidad con la que Megumi salió ileso de la oficina, y más importante aún, sin Mei Mei. Más extraño fue cuando el chico se fue sin decir nada.

Fushiguro regresó a los pocos minutos, con los labios y la cejas fruncidas. Se preguntaba porque ninguno lo estaba siguiendo. Probablemente parecía un tonto mientras caminaba y hablaba solo. Tardo un poco en darse cuenta, aunque fue un error suyo pensar que sus compañeros estarían tan callados sin hacer preguntas tontas, o incluso sin hacer pasos ruidosos como acostumbraban a hacer.

—¿Qué demonios están haciendo parados como tontos ahí? —preguntó finalmente. —¡Hay que comprar un regalo para Mei Mei antes de que Yaga vuelva!

Tras decir aquello, Megumi volvió a emprender camino a la salida, por suerte, está vez si lo siguieron.

——————

Extrañamente, Megumi no fue bombardeado con más preguntas después de que mencionó que llegó a un acuerdo con Mei Mei para que hiciera la vista gorda ante lo ocurrido a cambio de una botella de su vino favorito. La mujer incluso le dio la ubicación de la licorería donde vendían aquel vino, estaba cerca de la universidad, unas cuadras arriba del parque a la izquierda.

Sin embargo, tenían que regresar con la botella de vino antes de que Yaga regresara a Jujutsu Tech, y también tenían que evitar ser atrapados por el guardia de seguridad mientras salían y regresaban.

Había otra condición que Mei Mei mencionó, otra cosa que quería además del vino, pero Megumi pensó que era demasiado irrelevante, por lo que no dijo nada. La cosa era poco importante, Mei solo le pidió que le ayudara con dos alumnos problemáticos de otra de las secciones en las que daba clases, —resulta que uno de esos chicos es su sobrino, y el otro es el hijo de un amigo—. Ella dijo que ambos eran inteligentes, pero les gustaba hacerse los tontos y fingir que no sabían nada.

Le pidió que los ayudara un poco a estudiar antes del examen que se vio obligada a posponer por culpa de ambos chicos problemáticos, no mencionó nada después de eso. Ah, y también quería el vino, eso también era importante.

Fue fácil salir de la universidad sin que el guardia los atrapara en medio de la fuga, el hombre no estaba cerca, probablemente estaba tomando algunos minutos de descanso extra para comer primero antes de que la enorme cantidad de alumnos se juntara en la cafetería para el almuerzo.

Aprovecharon ese pequeño lapso de tiempo para trepar la reja que cubría la institución y salieron antes de que alguien los viera. No les tomo mucho tiempo llegar al parque con la dirección que Mei Mei le dio a Fushiguro. Caminaron un poco más hasta que dieron con la licorería que se ubicaba cruzando la calle.

Sukuna, Kinji y Kashimo se ofrecieron a ir por el vino mientras Nobara y Fushiguro esperaban en el parque, ya que Megumi inconscientemente los salvó de una horrible muerte, eso era lo mínimo que podían hacer. Por otro lado, Nobara simplemente tenía pereza, no quería moverse después de lo agotador que fue para su cuerpo trepar esa estúpida reja como un mono, jamás había hecho tanto ejercicio en su vida.

Así que lo primero por lo que se preocupó fue por encontrar un lugar donde sentarse y descansar mientras Megumi discutía con sus amigos. Cuando lo encontró, los arrastró a todos con ella hasta que pudo descansar su trasero en la banca de madera, era bueno que desde ahí tuviera una vista perfecta de la tienda de licores.

—¿Están seguros de que pueden con esto? No quiero que hagan un desastre, ni tampoco que llamen demasiado la atención —dijo Megumi. Este no era el momento ni el lugar para discutir, pero Fushiguro aún desconfiaba un poco de sus antiguos compañeros. —¿Tienen una tarjeta de identificación con ustedes?

—Megumi, relájate—. Sukuna posó sus manos sobre los hombros tensos del chico de cabello negro, asintió suavemente y empujó hacia abajo para forzar a Megumi a sentarse en la banca junto a Nobara. —Confía en nosotros.

Oh no. La última vez que Fushiguro hizo eso terminaron en la cárcel por culpa del mismo hombre de cabello rosado que estaba parado frente a él pidiendo que confiara.

Podía caer una vez, pero no dos.

Megumi frunció el ceño y apartó las manos de Sukuna de sus hombros, pero no hizo un segundo intento por levantarse.

—Tienen tarjeta de identificación, ¿sí o no?

—¿No parecemos adultos? —preguntó Hakari.

—No. —negó. —Parecen niños jugando a ser adultos.

—¡Oye, técnicamente somos mayores que tú! —dijo Kashimo. Además, agregó; —Y seamos honestos Megumi, tu cara de muñeca tampoco ayuda. Te ves como un niño de secundaria, te falta testosterona.

Megumi hizo una mueca. Chasqueo la lengua ante la mención de la hormona, y su ceño fruncido solo se hizo más grande.

—¡Pero eres lindo así!—. Hakari trató de arreglarlo, le dio un golpe en la cabeza a Hajime antes de volverse hacia Megumi y decir con un tono severo; —Megumi, di no a las drogas.

Ahora la expresión de Fushiguro cambió a una de incredulidad, ¿de dónde sacó Kinji el tema de las drogas en primer lugar? Bueno, eso era lo que menos importaba ahora.

—Literalmente solo les pregunté una cosa... —Megumi soltó un suspiro mientras masajeaba el puente de su nariz otra vez.

—Sí, sí. Sí, tenemos esa cosa. —habló Sukuna. Sacó la billetera de su bolsillo trasero, confiado de que la tarjeta de identificación estaba ahí; sin embargo, para sorpresa de nadie —solo de Ryomen— no había nada en la billetera vacía.

—Carajo, creo que la deje en mi habitación...

Hajime se burló de Sukuna mientras presumía la billetera de cuero de costosa marca que sacó de su bolsillo, al mismo tiempo sacó la tarjeta de identificación. Le tendió el objeto a Fushiguro para que lo revisara y volvió a burlarse de Sukuna en el proceso.

Aunque Ryomen, lejos de caer en las provocaciones tontas de Kashimo, solo se dejó llevar por sus pensamientos sobre la billetera de su amigo. Esa billetera aparentaba más de lo que Hajime era, de hecho, esa cosa era el único objeto de valor que tenía el imbécil, y para colmo solo era un adorno lindo en las manos de Kashimo, ya que estaba vacía, sin ningún centavo.

Tal vez tenía un par de dulces y quizá algunos preservativos, pero fuera de eso la billetera estaba vacía, sin embargo, era la primera vez que Sukuna la veía.

—Kahimo, ¿de dónde sacaste eso? —Sukuna señaló la billetera.

—Oh, ¿esto? Se lo robé a mi primo —respondió con descaro.

Tenía sentido. Nadie quiere lo suficiente a Hajime como para regalarle una billetera tan cara.

Parecía que Hajime había desarrollado un superpoder porque antes de que Ryomen agregara algo más a su pregunta, Kashimo lo golpeo.

—Mi papá si me quiere, imbécil —comentó entre dientes, soltando un resoplido antes de volver a guardar la belletera.

Las risas ahogadas que vinieron después de que el chico de cabello azul hablara no pasaron desapercibidas, más bien llamaron la atención de Kashimo y Sukuna, ya que no era precisamente de su charla anterior de la que se estaban riendo.

Fushiguro sostenía la tarjeta en sus manos, mientras Hakari y Kugisaki, que yacían sentados uno a cada lado del chico, se reían de algo que ninguno de los dos comprendía todavía, ¡incluso Fushiguro estaba tratando de ocultar su risa!

—¿Qué es tan gracioso? —preguntaron ambos al unísono.

Megumi se aclaró la garganta para disipar las últimas telarañas de risa, le dio vuelta a la tarjeta y se las enseñó de vuelta.

—¿Ese eres tú, Hajime? —inquirió el chico.

Sukuna entrecerró los ojos para enfocar mejor la fotografía, pero al no tener un resultado favorecedor por culpa de la miopía, le arrebató la tarjeta de las manos a Megumi para tener una vista más cercana. Y ahora que Hajime también veía la tarjeta de identificación, se dio cuenta del porqué se estaban riendo como desquiciados.

Frunció los labios y se adelantó a la pregunta que aún no le habían hecho, pero seguramente estaba por venir después de que Ryomen vio la foto.

—Me aburrí del cabello corto, ¿de acuerdo?

—¿Cómo puedes llamarle corto a eso? —Nobara levantó una ceja y señaló el cabello de Kashimo. —Estás casi calvo en esa foto.

Sukuna soltó otra carcajada por el comentario, tampoco desperdicio la oportunidad para agregar:

—Sí, y también tienes cara de pederasta en potencia.

Nobara se rio como bruja y Hakari como hiena, mientras Fushiguro hacia todo lo posible para evitar acompañarlos con las carcajadas. Sukuna seguía jodiendo y comparando la antigua apariencia de Hajime con la actual.

Kashimo sintió que una de sus venas estaba a punto de reventar, le arrebató la tarjeta de las manos a Ryomen.

—¡Ya cierren la boca! En lugar de burlarse de esa estúpida foto, deberían estar preocupados por regresar a la universidad con el vino de Mei antes de que Yaga vuelva.

—Cierto, —Hakari se levantó de la banca y sacó su propia tarjeta de identificación—. En cualquier caso, creo que es mejor si usamos la mía para evitar problemas.

Ese bastardo de Hakari tenía algo con las fotografías, nunca salía mal en una, sin importar si estaba distraído o no, siempre conseguía la forma de salir bien en la estúpida foto.

—Bien.

Kashimo aceptó de mala gana, Sukuna seguía riéndose y Kinji se encogió de hombros cuando Megumi le encargo cuidar de los otros dos. Hakari dijo que haría lo que estuviera en sus manos, pero no aseguró nada.

Obviamente, no podía hacerlo cuando era igual de tonto que los otros dos. Pero Fushiguro sabía que de los tres, Hakari era quien tenía más sentido común, y tal vez pensaba un poquito más al momento de hacer una tontería. No como Sukuna y Kashimo, que se lanzaban y se excusaban diciendo 'que sea lo que Dios quiera' aun sabiendo que la cosa que estaban haciendo era cien por ciento estúpida.

Megumi soltó un suspiró al ver cómo la figura de los tres se desvanecía dentro de la tienda. Lo único que quedaba ahora era esperar a que no ocurriera nada fuera de lo común mientras ellos volvían.

—¿Crees que es una buena idea dejarlos ir sin supervisión?—. Nobara limpio una lágrima que se resbalaba lentamente por su mejilla derecha, seguramente por reírse tanto.

—Tal vez. Sigo sin confiar en ellos, pero estoy seguro de que no van a meterse en problemas esta vez. Además, ya están lo suficientemente grandecitos como para saber cuidarse solos...

Antes de que Megumi agregará algo más, su teléfono empezó a vibrar en su bolsillo. Las notificaciones venían de la aplicación de mensajes, era Mei Mei. La mujer preguntaba si ya había encontrado el vino, agregó que esa marca en específico solía estar apartada de las demás debido a que solo era solicitada y comprada por clientes VIP.

Mencionó algo sobre unos cupones y que le dijeran a alguno de los empleados que venían de parte de la familia Gojo como mandaderos para recibir un pequeño descuento por la compra.

Nobara finalmente dejó de reírse, veía a Fushiguro muy concentrado con lo que sea que estaba mirando tras la pantalla del teléfono, pero no le tomo mucha importancia. Volvió a acomodarse en la banca y descansó su cabeza en el hombro de Megumi.

—¿Qué es? —preguntó. Seguía mirando cómo los delgados dedos de Megumi se movían ágilmente por la pantalla del celular, tecleando una respuesta rápida.

—Mei Mei.

Solo bastó el nombre para que Kugisaki resoplara con los labios fruncidos, definitivamente esa mujer era rara. Nobara no tenía mucho que decir con respecto a su profesora, era una mujer inteligente y la manera en la que daba sus clases era buena. No revelaba mucha información, solo daba la necesaria para evitar que sus cerebros tuvieran un corto circuito, sin embargo, al momento de evaluar el aprendizaje de los alumnos con un examen era otra cosa totalmente diferente.

Pasaba de ser la mujer tranquila a la que le gustaba hablar de dinero a ser un verdadero monstruo. Siempre vigilando cualquier movimiento sospechoso por más mínimo que fuese, parecía un halcón con esos ojos escaneando desde la lejanía.

A veces, Mei Mei realmente daba miedo, pero parecía que Dios tenía a sus favoritos...

Kugisaki sacudió levemente la cabeza, apartó un par de mechones castaños de su rostro y cerró los ojos. No parecía que Megumi fuese a terminar rápido con la conversación. Nobara estaba realmente aburrida. Quizá podría tomar una pequeña siesta mientras los amigos delincuentes y fastidiosos de Megumi regresaban.

Algunos pasos de personas transitamos cerca empezaban a hacer eco en sus oídos, luego llegaron algunas voces, aunque parecían ser susurros. Puede que haya sido imaginación de Nobara, pero pensó que murmuraron el nombre de Mei Mei.

Tal vez era cosa de la paranoia, realmente le tenía miedo a esa mujer y su actitud tranquila, poco confiable.

—¡Hey! —. Nobara arrugó los ojos, sin abrir sus párpados todavía, parecía como si les estuvieran hablando a ellos, pero no percibió ningún movimiento por parte de Fushiguro, así que ella tampoco hizo el más mínimo intento por moverse.

Seguramente se trataba de alguien más.

Sus cejas volvieron a fruncirse cuando volvió a escuchar ese molesto: '¡Hey, tú!'. Ciertamente, empezaba a ser irritante. Nobara hundió su rostro en el hueco que dejaba el hombro y el cuello de Megumi, intentando ignorar las ruidosas voces que habían dejado de susurrar hace mucho tiempo.

Ella solo quería levantarse y darles un puñetazo para que cerraran la boca. De nuevo era una pena que no trajera su martillo. Pero de pronto escucho algo más que atrajo su atención de inmediato.

—¿Dejarías que tu novio le dé un beso a mi amigo por 1,000 yenes?

Ah, parece que algo interesante está a punto de suceder.

Solo bastaron un par de palabras para que Kugisaki dejara su escondite en el cuello de su mejor amigo para ver con sus propios ojos lo que sucedía. Tiene pinta de parecer un espectáculo barato hecho por algún tipo al que no conocen ni en su casa; sin embargo, entretenimiento barato es entretenimiento barato y Nobara sabía que no podía pedir mucho, menos si era gratis.

Ahora, lo que la desconcertó fue darse cuenta tardíamente de que el hombre al que pertenecía la voz estaba frente a ella y Fushiguro. El chico era alto, tal vez incluso más alto que Megumi, su cabello negro azabache estaba recogido por un moño, excepto por un delgado mechón que caía del lado izquierdo de su rostro. A su lado estaba otro chico, unos centímetros más alto, su tez era pálida y su cabello albino estaba desordenado, casi igualaba al de Megumi, la diferencia es que el cabello rebelde de Megumi era más puntiagudo y salvaje.

Algo que inquietó a Nobara más de la cuenta fue que el tipo de cabello blanco estaba usado gafas de sol para ocultar sus ojos, cosa que resultaba estúpida, ya que debido a los árboles que se cernía orgullosamente sobre sus cabezas había suficiente sombra para cubrirse del sol.

Si existiera alguna característica determinante de la cual Kugisaki pudiera desconfiar, definitivamente serían los rostros. Solo hacía falta una curva, una mueca o un pequeño brillo centéllate en los ojos para saber si las intenciones del otro eran malas o buenas.

Y según las creencias de Nobara, los ojos son la ventana del alma, entonces le parecía extraño que el tipo cubriera sus ojos más allá del hecho de que literalmente le estaban pidiendo que vendiera a Megumi por un par de yenes. Eso es prostitución, de una forma muy leve sin llegar al sexo, pero tiene básicamente las mismas vibras.

Definitivamente, Nobara no confiaba en ninguno de los dos.

Pero, tal vez y con algo de suerte, era una equivocación. Ella optó por recorrer con la mirada los alrededores, sin embargo, para su sorpresa no había más transeúntes recorriendo el parque. Megumi seguía tecleando algo en la pantalla de su celular. Kugisaki tenía la esperanza de que Fushiguro estuviera mandando su dirección a tiempo real a cualquiera de los idiotas que fue por el vino, o incluso al propio Toji.

No es que fuera paranoica ni mucho menos, pero existía ese pequeño sentimiento instintivo que muchas veces la alertaba sobre un peligro, y entre tanta porquería que hay en el mundo como ladrones, violadores y asesinos recorriendo las calles libremente, más vale prevenir que lamentar.

Pero Nobara no permitió que su preocupación saliera a la luz, en su lugar alzó una ceja y solo para estar segura señaló a Fushiguro y después a sí misma, luego sus cejas se fruncieron cuando recibió un asentimiento vigoroso por parte de ambos hombres, mismos que ahora estaban sonriendo.

Bueno, no se ven exactamente como asesinos, en ese caso Sukuna les ganaría por el tipo de vestimenta holgada que utiliza, esos tipos tenían que ser hijos de una familia rica. Era fácil deducirlo cuando ambos llevaban ropa y accesorios de marca. Lo bueno de coleccionar revistas de moda es que ahora Kugisaki podía reconocer si la ropa era de marca original con solo verla.

Sin embargo, no le agradaba la idea de que estos dos tipos ricos estuvieran detrás del culo de Megumi, o bueno, en este caso sus labios, pero seguramente el culo también porque no había otra explicación para que de repente se acercaran de la nada ofreciendo una cantidad de dinero por un único beso, y ni siquiera traían cámaras para grabar, lo que significaba que no estaban haciendo un video tonto para subirlo luego a alguna plataforma de video/streaming conocida.

Así que ella se armó de valor para negarse, aunque en el fondo le gustaría saber si ambos estaban dispuestos a pagar más por un beso del chico lindo al que ninguno de los dos conocía. En algún otro momento, seguramente Nobara se habría puesto a negociar, pero hoy no estaba de humor para eso, y sabía que tampoco era correcto hacerlo a espaldas de Megumi.

—No gracias. —eso fue único que ella dijo con la esperanza de que los dos hombres se fueran.

—¿Es en serio? ¿Te tomó tanto tiempo pensar en dos palabras? —preguntó el tipo de cabello blanco sin gracia en su voz.

Se veía un poco irritado por eso. Ah, Nobara conocía a los de su tipo, esos locos desesperados por meter el pene en un agujero, aunque era curioso que no estuvieran tras de una mujer. Además, Kugisaki estaba segura de que con ese aspecto físico ninguno de los dos tenía que rebajarse a hacer este tipo de cosas, definitivamente no sería nada difícil para ambos hombres encontrar un buen polvo.

—Sí, ¿algún problema con eso? —Nobara frunció los labios y cruzó las piernas, acomodando algunos mechones de cabello detrás de su oreja. Sin duda no le gustó la respuesta mordaz que recibió del tipo. —Incluso la estúpida pregunta ofende, ¿realmente creen que voy a vender a mi novio por 1,000 yenes? 

Eso tampoco pareció gustarle al albino, quien frunció las cejas, aunque Nobara apenas lo percibió por los lentes. Pero antes de que el chico dijera algo más, el otro lo interrumpió.

—Perdona por eso, Satoru no está de buen humor hoy. Llevamos haciendo este experimento social desde la mañana y nadie quiere participar.

«Experimento social mi trasero...» pensó Nobara para sí misma. Obviamente, seguía sin creer en ninguna de las palabras que escucho.

Y de cualquier forma, ¿qué clase de experimento social de mierda es este?

—No importa —negó Kugisaki, cruzando también sus brazos. —No estamos interesados en participar.

—¿Segura? —insistió el chico de cabello negro recogido.

—Sí. De hecho ya casi nos vamos, solo esperamos a unos amigos.

—Son 1,000 yenes, y la cantidad puede ir aumentando, —dijo Satoru—. ¿Por qué mejor no le preguntas a tu novio?

Nobara volvió a fruncir el ceño, su cara iba a terminar llena de arrugas y patas de gallo alrededor de los ojos si no dejaba de hacer eso, pero la preocupación por las imperfecciones naturales de su rostro ahora estaba en segundo plano, podría arreglarse con un par de cremas y algunos tratamientos, pero definitivamente algo que no iba a poder arreglarse ni con el poder de Dios sería la nariz del tal Satoru si continúa jugando con su paciencia, ¿acaso no entendía el significado de la palabra no?

Observó a ambos tipos de pies a cabeza, seguían sin trasmitir ni una pizca de confianza, en especial ese albino. Si Nobara tuviera que elegir entre los dos, definitivamente escogería al tipo de cabello negro, no lo conoce, pero es más educado y luce más relajado, parece uno de esos vendedores de las boutiques que insisten para que compres el producto, pero no son intensos.

No obstante, sigue siendo un desconocido. 

—No. Ni siquiera los conocemos.

—Soy Suguru, y él es Satoru —indicó Suguru. —Bien, ahora que nos conocemos, ¿podemos continuar?

Podemos continuar...

La pregunta no estaba dirigida a ella.

No fue difícil para Kugisaki darse cuenta de que la atención de ambos se enfocó en otra cosa. Satoru y Suguru tampoco hicieron mucho por disimular aquello. Nobara pudo percibir el cambio en la mirada de Suguru, la suave curva en los labios de Satoru que se pronunció aún más cuando los lentes de sol resbalaron levemente y reveló una pequeña parte de sus ojos.

Mierda, eso fue aún más inquietante.

Nobara no sabía si eso era bueno o malo, porque algo definitivamente captó la atención de ambos en un instante. El problema es que Kugisaki tenía miedo de voltear atrás y ver que ese algo era Fushiguro, si la cosa era así en definitiva estaban perdidos. Aunque, tal vez si es Megumi quien los rechaza cortésmente, finalmente entiendan y se vayan.

Ella soltó un suspiro pesado, empezó a volverse hacía Megumi lentamente con la esperanza de que el chico siguiera charlando con Mei Mei, pero para su horror lo que encontró al girar fueron unos profundos ojos verdes mirando a través de su alma.

—¡Ay, mierda! ¡Megumi! —Nobara gritó con voz aguda, casi salta de la banca como un autorreflejo de su cuerpo. Parecía un gato. —¡No me asustes así!

Kugisaki respiro agitada llevando sus manos a su pecho.

—Lo siento —murmuró Megumi.

—No te atrevas a hacer eso de nuevo...

Fushiguro asintió lentamente sin agregar algo más a su disculpa.

Nobara quería preguntar por la conversación que Fushiguro tuvo con Mei Mei, le parecía raro que estuviera más de media hora hablando con la mujer, siendo que solo pidió vino, pero Satoru se aclaró la garganta y tosió con fuerza para llamar la atención, bueno, más bien para exigir atención.

Suguru los saludo cortésmente con una mano arriba. Megumi levantó una ceja y Nobara hizo una mueca.

—¿Entonces qué dicen? —Suguru volvió a preguntar.

Ahora que ambos tenían la atención de Fushiguro se veían extraños, incluso la actitud de los dos hombres cambió radicalmente. Tal vez podría atribuirse al nerviosismo, Nobara casi suelta un par de risas para burlarse; sin embargo, lo dejaría para más tarde.

Ahora solo quedaba rechazarlos de nuevo. Kugisaki no iba a vender a Megumi, y estaba segura de que a Megumi tampoco le agradaría la idea. Entonces, cuando estaba lista para girarse y articular otro cortés y educado rechazo con un 'váyanse a la mierda', Megumi la sorprendió con un suave toque en el hombro.

Automáticamente, abrió ambos ojos con confusión y guardo sus palabras para observar que hacía Megumi.

—¿1,000 yenes? —preguntó Megumi con cautela. No cualquiera hacía una oferta así, menos por algo tan simple como un beso.

Sin embargo, la pregunta pareció animar a ambos hombres, quizá esperaban un rechazo. Bueno, no es como si Megumi no fuera a hacerlo de todos modos, solo tenía curiosidad por saber que tramaban exactamente.

—Sí, no hay estafa. Como dije, es un experimento social. —Suguru sonrió levemente.

Fushiguro realmente estaba dudando.

—Entonces, ¿un beso?

—Sí. —respondieron Satoru y Suguru al unísono.

—¿Solo uno?

—Sí. —contestaron de nuevo con entusiasmo.

—¿Pequeño?—. Megumi seguía sospechando, pero el hambre de la incertidumbre y curiosidad pedían ser saciadas.

—Por supuesto, —respondió Satoru. —también puedes duplicar el dinero dependiendo del beso o el número de besos.

¿A qué se refería exactamente con eso de 'dependiendo del beso'?

Megumi no era el tipo de persona que hacía estupideces, al menos no sin antes premeditarlas y medir que tan estúpido era. Usualmente, tenía una escala en la que media que tan tonto era eso que quería hacer, y si rebasaba la escala de la estupidez que él mismo hizo, entonces definitivamente no era buena idea hacerlo, y exactamente esta era una de esas cosas que traspasaba esa escala. Sin embargo, puede que por primera vez ignore las reglas que se impuso a sí mismo, solo por esta ocasión...

Pero necesitaba consultarlo con Nobara primero, en momentos como este Nobara tomaba un papel importante como la voz de la razón dentro de su cabeza.

—¿Pueden darnos un momento? Voy a consultarlo con mi novia.

—Adelante—. Suguru dijo eso, pero ni él ni Satoru se movieron de lugar. Se veía como estatuas de concreto en medio del parque.

Kugisaki frunció el ceño, se levantó con recelo de la banca y arrastró a Megumi hasta que estaban solo ellos dos a uno distancia considerable de los tipos raros, antes de irse les dio una última mirada sin ocultar su molestia, también les sacó la lengua como burla.

No obstante, contrario a lo que ella pensó que pasaría, Satoru le siguió el juego sacando también su lengua. Suguru le dio un golpe a Satoru para qué cerrará la boca y mordiera su propia lengua en el proceso, después volvió a saludarla antes de empezar una discusión con Gojo.

Si las intenciones de Suguru eran causar una buena impresión, entonces lo estaba consiguiendo. Nobara se sentía como la madre a la que le estaban pidiendo la bendición para llevarse a su retoño, en este caso su amigo/novio.

Quizá esto era lo que sentía Fushiguro Toji cuando espantaba a los pretendientes de Megumi. Tal vez Kugisaki tome esta oportunidad para presumir después frente al hombre mayor. Así que en esta ocasión se va a hacer cargo de proteger a capa y espada el trasero virgen de Megumi, solo porque aún le debe un favor a Toji después de que perdió una apuesta en la baraja de cartas.

Aunque Nobara estaba segura de que Toji hizo trampa de todos modos...

—¿Debería hacerlo? —preguntó Megumi.

Por un momento la cabeza de Nobara se quedó en blanco, olvido por completo donde estaban y que estaba haciendo.

—¿Hacer qué? —preguntó Kugisaki de vuelta.

Megumi puso los ojos en blanco. Soltó un suspiro antes de volver a hablar.

—Hablo de besar a ese tipo —señaló a Satoru que seguía discutiendo con Suguru, aunque dejaron la pelea de lado al notar que los estaban mirando.

—¡No, ni siquiera lo pienses, Megumi! —Kugisaki movió la cabeza de un lado a otro frenéticamente. —Si tu papá se entera de que te vendí a un par de tipos raros que salieron de la nada por un par de yenes, va a matarme, y seguramente después va a encontrar la manera de resucitarme para cobrar una gran suma de dinero por tu trasero, ¡así que no! Muchas gracias, por más que quiera ir al concierto de Uta, quiero conservar mi vida y el poco dinero que me queda.

—Vamos Nobara, no exageres. Mi papá ni siquiera se lo pensaría dos veces, son mil yenes después de todo. Además, tampoco se ven como estafadores.

De nuevo, ella volvió a ver a los tipos con recelo, Megumi tenía razón, sin embargo...

—Puede que no lo parezcan, pero incluso desde aquí veo las red flags. Aunque, si soy honesta, no me parece que esos tipos sean muy listos, ¿no crees que es raro este “experimento social” que están haciendo? ¿Y quién en su sano juicio ofrece tanto dinero por un par de besos? —inquirió Nobara con un susurro, no quería que ambos hombres escucharan la conversación.

—Esos tipos raros de ahí atrás —señaló Megumi. —No veo que sea tan malo, como dijeron, es solo un beso.

—Mejor no les creas. Lo que quiere ese Satoru es meterte la lengua en la garganta, y Suguru también, probablemente.

Como pensó Nobara anteriormente, solo hacía falta un pequeño brillo en los ojos o una pequeña curva de labios para hacerse una idea de las intenciones ajenas. De Satoru no sabía nada todavía, era imposible descifrar que quería el albino de Megumi con esos estúpidos lentes cubriendo sus ojos, pero Suguru tenía un brillo extraño en sus pupilas, incluso las sonrisas suaves que le mostraba especialmente a Fushiguro eran diferentes a las que le mostraba a ella.

Kugisaki no podría describirlo con certeza, ciertamente resultaba difícil, más aún cuando no los conocía en absoluto, pero aun si era imaginación suya —aunque estaba segura de que no—, ella podría decir con al menos un grado de seguridad que no era casualidad este encuentro extraño, ellos ya perecían conocer a Megumi de alguna parte, y por la forma en la que Suguru seguía mirando a Megumi con adoración en sus ojos, definitivamente esta no era la primera vez que tenían un encuentro.

Pero Fushiguro no parecía conocerlos en absoluto.

—Bueno, eso es obvio. Ambos son malos mintiendo, pero dinero es dinero, y si no recuerdo mal, Satoru dijo que la cantidad podía aumentar con el tipo de beso —mencionó Megumi, sacándola de sus pensamientos. —Y pude que sean tontos por ofrecer dinero así al azar, pero una oportunidad como esta no va a volver, así que supongo que es mejor aprovechar.

—Megumi, ¿no has pensado que esos tipos tal vez quieren contagiarte con algo? —cuestionó Nobara. Recibió una mirada llena de extrañeza por parte del pelinegro y continuó; —ya sabes, tal vez esos bastardos tienen una enfermedad de transmisión sexual, y como son infelices en su miseria necesitan arrastrar a alguien más con ellos para sentirse mejor.

Megumi dudó un momento, se detuvo a pensar mientras volví a ver a ambos hombres, que volvieron a sonreírle calidamente. Ciertamente, no había pensado en esa posibilidad, y siendo que la mayoría de las ETS son básicamente invisibles ante el ojo humano, Nobara podría tener razón y podría ser potencialmente peligroso.

Sin embargo, Megumi tenía la necesidad de descartar la idea, tenía una corazonada que le decía que esos hombres no eran malos, aunque, usualmente sus corazonada no eran muy acertivas... Aún así, estaba dispuesto a llevar el riesgo. De cualquier manera, apenas tenía contacto humano con las personas de su entorno, y no es como si de un día para otro su inactiva vida sexual fuese a cambiar.

—Es un sacrificio —murmuró Megumi, sabía que no podía tomar el tema tan a la ligera, era serio y sabía que gente sufría día a día por ello. Incluso pensar en sacrificar la vida que tenía por delenate por un par de yenes, simplemente por la tonta idea de querer conocer a su idol favorita...

Megumi volvió a posar sus ojos verdes en los hombres, realmente estaba empezando a entrar en conflicto consigo mismo. El dinero relmente no era necesario, sencillamnete lo quería para cumplir un estúpido capricho.

—Nobara, ¿realmente crees que alguno de esos dos este contagiado con una ETS?

Kugisaki también volteo a ver a ambos hombres, luego volvió a mirar a su amigo y se encogió de hombros, sin saber que reponder exactamente.

—Lo que dije fue solo una suposicion. Tampoco podemos asumir algo que no sabemos. Sin embargo, también hay que tener que cuenta que siguen siendo desconocidos. Además, no sé si es cosa mía, pero ellos parecen conocerte de algún lado, Megumi.

Eso solo provocaba que las sospechas y la inseguridad crecieran con más fuerza en el pecho de Nobara.

—Estoy bastante seguro de que esta es la primera vez que los veo, pero si ese es el caso, entonces definitivamente no son ese tipo de personas.

—¿Fuentes? —cuestionó Kugisaki, cruzando ambos brazos sobre su pecho.

—¿Una corazonada cuenta como fuente fidedigna?

Nobara alzó una ceja, inmediatamente se formuló una inquisitiva silenciosa que ni siquiera tuvo que mencionar en voz alta, Megumi ya parecía saber que iba a decir, tan solo con intercambiar un par de miradas que recorrían una y otra vez entre los hombres desconocidos y la licorería que estaba cruzando la calle.

Si bien era cierto que ambos hombres son completos desconocidos, también es verdad que conocen a Megumi de alguna parte, y obviamente Fushiguro no está involucrado con ninguna de esas cosa raras, apenas sale de su casa, al menos hasta que se ve obligado a ir a la universidad y el trabajo.

Nobara soltó un suspiro y negó con la cabeza.

—Bien, Fushiguro, de acuerdo a esa lógica extraña y tu corazonada, ¿qué planeas hacer ahora? —preguntó de nuevo. —¿Vas a dejar que te besen y ya?

—Tal vez, no lo sé. Si ambos quieren hacerlo supongo que el dinero aumenta. Podríamos pedirles que paguen las entradas del concierto—. Megumi se detuvo un momento para pensar, llevó su mano a su mentón y continuó—. El problema es que no sé cuántos besos tengo que darles exactamente.

Suguru dijo que era un beso por 1,000 yenes y, suponiendo que es solo un pequeño roce de labios y Fushiguro decida besarlos más de una vez, entonces para completar el dinero de las entradas deberían ser alrededor de quince o dieciséis besos, pero Satoru también dijo que la cantidad aumentaba dependiendo del tipo de beso y eso le hizo pensar a Nobara que esos dos querían un beso francés, probablemente con agarrón incluido, pero eso significaba que la cantidad se duplicaba, o al menos es lo que ambos creían haber entendido.

—¡Oigan, imbéciles! —llamó Nobara.

Tanto Satoru como Suguru se veían ofendidos por el insulto, Nobara puso los ojos en blanco y Megumi evitó soltar una risa, carraspeo levemente para disimular un poco mientras los dos hombres se acercaba lentamente.

—¿Qué pasó con el respeto? —preguntó Satoru. —¿Lo ves, Suguru? Los jóvenes de ahora ya no tienen respetó por sus mayores.

Suguru rio levemente por la payasa, más allá de causar gracias le pareció ridículo, pero gracioso al mismo tiempo, lo único que esperaba es que no espantara a Megumi y a Nobara con esa mala broma.

—¿Son tan viejos? —preguntó Fushiguro con curiosidad.

—En realidad no, tal vez somos uno o dos años mayores que ustedes dos, pero no somos tan viejos —contestó Suguru.

—¿Ustdes también están en la universidad?

Claro que la pregunta era tonta, ambos hombres tampoco se veían mayores de veintitrés y Geto no parecía estar mintiendo, aunque lo que resultó raro para Megumi es que ambos estuvieran afuera siendo que era un día entre semana.

Extrañamante algo en Fushiguro se sintió aliviado, como si le hubieran quitado un peso de encima, tal vez su corazonada era real y las suposiciones de Kugisaki eran erróneas.

Suguru terminó respondiendo con un sí, agregando que Satoru estaba en el quinto semestre de Medicina General, también mencionó que Gojo quería especializarse en el área de Neurocirugía, mientras que él; Suguru, estaba en el quinto semestre de Ingeniería Industrial.

Satoru interrumpió y mencionó algo sobre la universidad a la iban, pero Nobara dejó de escuchar.

Ella quería felicitar a Fushiguro por explorar los terrenos peligrosos primero, pero francamente no tenían tiempo para eso, Hakari, Hajime y Ryomen podrían volver en cualquier momento, aunque ciertamente ya habían tardado demasiado, pero eso no impediría que Megumi muriera de vergüenza si esos tres lo atrapaban besando a dos extraños en el parque por dinero, y Nobara no tenía dudas de que alguno de esos delatores fuese después con el chisme a Toji.

Lo mejor es que Megumi empezará actuar rápido antes de que eso ocurriera. Ella se apresuró a interrumpir la charla en la que los tres chicos empezaban a integrarse, se dirigió directamente a Satoru, ya que ese tipo tenía más cara de rico que Suguru, tal vez deberían cobrarle más.

—¿Cuánto por un beso francés? —Nobara preguntó sin rodeos, ahora el tiempo valía oro.

Satoru pareció comprender su desesperación, así que sin perder tiempo levantó sus gafas de sol y contestó.

—¿Cuál es tu precio?—. Aunque respondió con otra pregunta, Nobara agradeció silenciosamente que lo hiciera rápido.

Kugisaki se volvió hacia Fushiguro, esperando alguna sugerencia; sin embargo, Megumi sacó su celular y tecleo algo rápido en la pantalla. En menos de un minuto, Megumi le mostró la pantalla del celular a ambos chicos; ahí había buscado una imagen de la idol.

—¿Conocen a Uta? —Megumi espero algunos segundos para cambiar la imagen por otra en la que la chica se enfocaba mejor.

Geto pidió permiso antes de tomar el celular para ver de cerca la imagen.

—Ah, es la cantante pop que ascendió rápido por su voz —dijo Suguru.

Megumi asintió levemente mientras el chico le devolvía el celular.

Por otra parte, Satoru no tardo mucho en unir las piezas para saber por donde iba el asunto; Megumi pedía menos de lo que él y Suguru pensaron inicialmente.

Por lo que les había dicho Mei Mei, ambos pensaron que se trataba de algún problema económico serio, por ello Suguru y Satoru querían ayudar a Megumi de alguna manera, y la mejor forma de hacerlo —según ellos— era fingir que hacían un experimento social en el que ofrecían dinero.

Ahora, el tema de los besos se le ocurrió a Satoru hace apenas unas pocas horas, Geto no se opuso a la idea, incluso la apoyo como cosa rara y obviamente como nada es gratis en esta vida, pensaron en tomar eso como pago (los besos) por sus caritativas y bondadosas acciones.

Sin mencionar que técnicamente ambos son una mierda por aprovecharse de la situación difícil de Megumi para pedir besos “gratis”, pero esta era la mejor forma de acercarse a Fushiguro sin parecer raros o algo así.

Aunque a juzgar por la forma en la que los veía la novia de Megumi, probablemente si lo parecían.

—Si no estoy mal, Shoko menciono algo sobre esta idol... —Satoru continuó después de una pausa para pensar—. Creo que va a dar un concierto mañana en la noche, ¿es eso lo que quieren? ¿Entradas para el concierto de esta chica?

—¡Bingo! —habló Nobara con voz cantarina. Bueno, al parecer Satoru no era tan estúpido como ella pensó.

Sin embargo, eso no cambiaba el hecho de que era un idiota y a Kugisaki no le agradaba en lo absoluto.

—Entonces en ese caso, si se trata de más de un beso francés, podríamos duplicar los 1,000 yenes para que sean 1,500 —dijo Satoru, imitando la misma voz cantaría de Kugisaki—. Pero entonces el número de besos es de... ¡Veinte! ¡Veinte besos franceses!

Ese bastardo se veía demasiado feliz para el gusto de Nobara, incluso tenía la osadía de sonreír descaradamente mientras sus ojos mostraban el mismo brillo que los de Suguru cada vez que veía a Fushiguro. Ahora que no tenía los lentes, era más fácil ver ese interés reflejado en sus pupilas, aunque en realidad, para estas alturas Nobara no sabía si nombrarlo solo como un simple interés y nada más, había algo más grande detrás de eso, pero no se atrevería a llamarlo amor exactamente.

Además, seguía siendo confuso, lo viera por donde lo viera, Kugisaki estaba segura de que estuvo la mayor parte del tiempo con o cerca de Megumi, lo suficiente como para recordar los rostros de Satoru y Suguru, porque estaba cien por ciento segura de que rostros como esos no son difíciles de olvidar, en especial porque tanto ella como Fushiguro tienen buena memoria.

Megumi también estaba en la misma situación; tratando de recordar algo. Algún indicio de algún hombre con similitudes o un parecido con Suguru o Satoru, no obstante, por más buscaba entre sus memorias confusas, no había nada relacionado con alguno de los dos.

Por esta misma razón, su cerebro tardo un poco en analizar las palabras del albino.

—Espera... ¿¡Que!? ¿¡Veinte besos franceses!? —. Megumi casi se ahoga con su propia saliva, ¿por qué carajo son tantos? De ninguna manera iba a besar a Satoru veinte veces, menos si son besos franceses, ¡Megumi ni siquiera ha dado su primer beso! ¡Y este tipo extraño de cabello blanco pretende que le dé veinte!

Megumi estaba por negarse, tampoco estaba tan desesperado por dinero, aún tenía la vieja y confiable opción de ver el concierto en la televisión en casa de Nobara, así tampoco tendría que rebajarse a besar a dos extraños por dinero, pero antes de que Megumi abriera la boca para articular alguna palabra, Suguru llegó para salvar el día, bueno, para arreglar la estupidez que dijo Satoru.

—Ignora lo que acaba de decir este idiota —le dijo a Megumi, —Satoru es malo con las matemáticas, y en realidad son... ¡Diez besos!

Oh.

La duda se instaló nuevamente en Megumi con esa nueva respuesta, la propuesta de este dichoso experimento social regresaba y ocupaba un lugar en su cabeza, muy dentro de sus pensamientos, como una de las principales opciones que podía escoger. Fushiguro se odió a sí mismo por siquiera considerar algo tan absurdo como esto, resultaba humillante para su persona.

Pero, si recordaba las palabras de su padre diciendo que el dinero trae felicidad y la dignidad no, entonces podría hacerlo y fingir que nada pasó después de besar a los dos chicos, de todos modos está era la última vez que vería a Satoru y a Suguru, no es como si de alguna u otra forma fuese a verlos en todas partes después de esto.

Así que la respuesta ya era clara. Quizá este encuentro extraño era una especia de señal divina.

Lo que Megumi desconocía es que eso a lo que le llamaba “señal divina” en realidad no era más que un plan muy bien elaborado en el que Suguru y Satoru estaban envueltos. La ayuda de la tía de Satoru; Mei Mei, fue la clave fundamental para llevar a cabo lo que estaba ocurriendo ahora mismo. Los bolígrafos trucados, la biblioteca más llena de lo habitual, la detención y finalmente la fuga en la que irían al parque para comprar el vino que Mei solicitó.

Todo eso fue cuidadosamente planeado, sin embargo, algo que no sabían es que los delincuentes de la escuela también estaban involucrados, y en cuanto a la amenaza que Mei Mei les hizo en la que serían expulsados de Jujutsu Tech, eso si era real.

Originalmente, el plan era que Fushiguro y Kugisaki terminarán en detención, ahí Mei Mei les ofrecería la propuesta de fingir que nada pasó por el precio de una botella grande de vino, pero no cualquier vino, una botella de la marca de vino más cara. Y luego Satoru y Suguru saldrían de la nada a ofrecerles dinero por este experimento social.

No todo salió como lo planearon, eso era evidente, pero el objetivo original del plan seguía en pie.

Suguru sonrió al ver que el chico lindo de cabello negro frunció los labios y se tragó las palabras que estaba por decir. Sin embargo, su novia parecía tener una crisis para hacer las cuentas correctamente, incluso uso la calculadora del celular para asegurarse de que no era mentira.

Obviamente, no lo era, pero la chica de cabello castaño seguía sin bajar la guardia e insistía en que Megumi desistiera de la idea de participar en el 'experimento social'.

Suguru vio a Satoru fruncir las cejas y hacer una mueca cuando Nobara volvió a llevarse a Megumi, no demasiado lejos, pero si lo suficiente como para que ninguno de los dos escuchara.

—Dios, están tardando demasiado—. Satoru chasqueo la lengua, observó su reloj de muñeca que marcaba las 10:30 de la mañana y replicó de nuevo, —Esa chica no me agrada.

—Supongo que el sentimiento es mutuo, ella también te odia —respondió Suguru.

—No lo entiendo, ni siquiera parecen pareja, ¿estarán fingiendo?

Satoru tenía un punto, ninguno de los dos conocía con exactitud el tipo de relación o lazo afectivo que compartían ambos jóvenes, por el momento eso de que eran pareja era solo una suposición, ya que siempre estaban juntos —la mayoría del tiempo—, pero con eso Satoru se dio cuenta de que no sabían casi nada de Megumi, apenas conocía una que otra cosa superficial del chico.

—¿Crees que lo estén haciendo? —inquirió Geto.

—No lo sé, ¿tal vez? Ambos actúan raro —dijo Gojo.

—Bueno, tienes razón, quizá exista la posibilidad de que estén fingiendo y suponiendo que lo están haciendo ahora, no veo que ganen algo con eso. ¿Por qué motivo querrían fingir una relación frente a dos hombres que no conocen?

Suguru también tenía un punto, uno más grande y con más fundamentos que el de Satoru. Y tenía razón, no ganaban nada mintiendo, ya que para Nobara y Megumi, Gojo y Geto solo son un par de desconocidos.

En cualquier otro día Satoru estaría muy ofendido y haría todo lo que estuviera al alcance de sus manos para hacerse notar, especialmente si estaba frente a Megumi, pero se vio obligado a desistir de la idea cuando Shoko le dijo que podría asustar al chico, —y posiblemente también iba a causar problemas si la chica que lo acompañaba resultaba ser su novia—, así que se vio en la obligación de esperar hasta este día para hacer algún movimiento.

La cosa iba bien, o bueno, eso es lo que Suguru y Satoru creían, el problema es que Nobara se interponía en el camino como un muro enorme de concreto que los dividía de Megumi al otro lado. Megumi tampoco era de mucha ayuda, actuando condescendiente y siendo tan denso como una piedra, apenas podían acercarse, y en definitiva no era un logro que cuando finalmente lo hicieron fue a base del dinero.

Y hablando de la reina de Roma y el chico por el que armaron todo un teatro, ahí venían ambos de nuevo. La chica de cabello castaño se veía más seria que antes, pero al mismo tiempo también estaba más relajada, y Megumi seguía sin mostrar alguna emoción en su rostro.

—De acuerdo, Megumi y yo ya lo discutimos —dijo Nobara.

—¿Eso es un sí? —preguntó Suguru.

—Sí. —asintió Fushiguro, —pero…,

Nobara detuvo a Megumi, lo interrumpió antes de que agregará lo que estuvieron discutiendo al otro lado.

—¡Pero van a ser solo cinco besos! ¡Ni más ni menos!

—¿¡Solo cinco!?—. Satoru casi pierde el equilibrio al escuchar la propuesta tan absurda, esa ni siquiera era la cantidad que mencionó Suguru. —¡¿Por qué bajó tanto la cantidad?!

Eso era muy poco e insuficiente, Satoru y Suguru acordaron repartir los besos entre los dos, y con cinco besos entonces la cantidad sería la mitad, por lo que solo serían dos besos y medio para cada uno, ¿como carajos se supone que es un puto beso y medio? ¿Es solo un pequeño roce de labios?

—¡No! —dijo Gojo, —Veinte besos, tómalo o déjalo.

—¿¡Acabas de aumentar la cantidad!?—. Nobara, incrédula, hizo la pregunta aun sabiendo la respuesta.

Satoru asintió y se cruzó de brazos.

—Veinte es mi última oferta —declaró obstinadamente.

Suguru soltó un suspiro, también se cruzó de brazos y espero antes de golpear a Satoru, tal vez el idiota consigue arreglar la estupidez que acaba de decir, ahora, si no puede hacerlo, Geto tendrá que intervenir antes que Gojo consiga echar más leña al fuego, aunque Suguru estaba seguro de que para alguien con la personalidad especialmente irritante de Satoru no sería difícil arruinar algo más de lo que ya está.

—Entonces que sean seis—. Agregando una nueva propuesta, Megumi se unió de nuevo a la conversación.

Nobara, por otro lado, negó de nuevo con la cabeza, mirando entre Satoru y Megumi.

—Diociocho. —dijo Satoru —¡Última oferta!

Eso era mentira, Suguru lo sabía y Satoru también.

—¡Al diablo con tu última oferta! —grito Kugisaki.

—¡Ocho entonces! —volvió a decir Megumi.

Nobara sonrió levemente. Si Gojo era obstinado entonces Megumi lo era más, una vez que Fushiguro tenía algo metido en la cabeza era extraña la ocasión en la que lo hacían desistir o renunciar a lo que quería conseguir.

Ella optó por hacerse a un lado y dejar que Megumi se encargara de la negociación, de igual manera era Megumi quien iba a hacer el sacrificio por los dos, así que es mejor que sea él quien discuta esas cosas.

—¡Dieciséis! —insistió Satoru.

—¡Nueve! —Megumi también volvió a insistir, dejando una nueva oferta sobre la mesa.

—¡No! —Satoru negó con la cabeza. —¡quince!

—¡Nueve!

—¡Catorce!

—¡Diez!

—Bien, entonces ni uno, ni otro, ¡que sean doce! ¡Esta si es la última oferta!

Satoru giró la cabeza a un lado, negándose a ver a Megumi a los ojos porque sabía que si lo hacía y Megumi daba otra oferta, la aceptaría al instante sin pelear, sobre todo si esos ojos verdes se posaban en él y solo en él.

Y este pequeño juego que estaba jugando con Fushiguro estaban empezando a ser divertido, aunque Megumi tenía la victoria incluso antes de empezar.

—De acuerdo, que sean doce.

Satoru iba a replicar, muy seguro de que Megumi daría otra respuesta negativa a su “generosa” oferta —ya que si dependiera solo de Satoru, pediría algo más que un beso, aunque sabía que era demasiado apresurado porque Megumi seguía sin conocerlo—, Gojo incluso estaba preparado para cambiar la oferta y ofrecer una cantidad más grande de dinero si Megumi decía que quería reducir aún más la cantidad acordada de besos.

Pero para su sorpresa, Fushiguro aceptó casi de inmediato, eso lo tomó desprevenido, tuvo que preguntar de nuevo solo para estar seguro de que no era una mala broma de su propio cerebro.

—Espera, Megumi, ¿qué fue lo que dijiste?

Fushiguro ni siquiera se molestó en corregir a Satoru por usar su nombre y no su apellido, eso parecía una buena señal.

Oh, cierto, Megumi aún no se ha presentado con su nombre completo y sería raro que Gojo lo llame por su apellido, pero eso no evitó que Satoru casi sonría como un tonto cuando Megumi reafirmó su respuesta.

—Está bien. Pero esto tiene que ser rápido, Nobara y yo quedamos con algunos amigos para salir.

Bien, ahora ya sabia el nombre de la gata rompehogares que le robo a su hombre antes de que tuviera la oportunidad de hablar con él correctamente. Por desgracia, Satoru recordó tardíamente que el término 'mío' tenía que dividirlo en dos, casi olvida que Suguru también es parte de la ecuación.

Gojo no va a mentir, es un egoísta de mierda al que no le agrada la idea de compartir, pero esta vez Suguru es una pequeña excepción a la regla, solo por el simple hecho de ser su mejor amigo y casi hermano. Sin embargo, ya sea que quiera o no, Satoru va a tener que hacer otra pequeña excepción con esa tal Nobara también, porque realmente parece que está en una relación con Megumi.

Y ahora que lo pensaba, ¿qué clase de relación tiene esos dos? Nobara no se ve muy celosa, tampoco se ve molesta con eso de que Megumi va a besar a Satoru, aunque al inicio se estaba negando, ella parecía estar más a la defensiva desde que Geto y Gojo se acercaron.

De cualquier manera ya tendría tiempo para preguntar otro día, porque definitivamente este no iba a ser el último en el que iban a volver a encontrarse con Megumi. Ahora, había algo más importante que Satoru llevaba queriendo hacer desde hace mucho tiempo, y tampoco quería desperdiciar este hermoso momento invocando al diablo (Nobara) por pensar demasiado en los pequeños detalles que incluían a Megumi.

Suguru noto que Satoru estaba distraído, seguía mirando al suelo y apenas se movía, este era un mal momento para indagar dentro de sus propios pensamientos, por lo que Geto decidió sacarlo de ahí cuanto antes. Le dio un codazo al hombre albino, recibió una mirada azulada confundida y ahí Suguru señaló a Fushiguro con el mentón, el chico estaba distraído.

Eso era una señal. Satoru lo tomó como tal, sin esperar más se deshizo de las gafas guardándolas en alguno de sus bolsillos, dejó de tomarle importancia a lo que lo rodeaba desde que se desconectó del mundo al encontrarse con unos profundos ojos verdes. Tal vez el verde esmeralda sea su color favorito desde ahora.

Sin apartar la mirada, Satoru jalo a Fushiguro del brazo hasta acercarlo lo suficiente como para sentir el calor del cuerpo contrario. Megumi quedó estupefacto por el movimiento brusco, ni siquiera reaccionó a tiempo cuando chocó contra el pecho del hombre que ahora usaba como apoyo, en su defensa fue culpa de Gojo por empujarlo en primer lugar, aun así seguía siendo vergonzoso que perdiera el equilibrio de esa manera.

Megumi frunció los labios, un poco disgustado con eso, quería decir algo sarcástico para burlarse de la evidente desesperación que mostraba Satoru, pero su boca se secó inexplicablemente y quedó sin aliento cuando esos ojos azules parecidos a un cielo infinito siguieron mirando intensamente a través de su ser.

Megumi pensó que él parecía un descubrimiento nuevo para Satoru, algo hermoso que el albino estaba tratando de descifrar, como un libro en un idioma desconocido. Tal vez era su imaginación, pero por una vez comprendió a lo que Kugisaki se refería con ese brillo centelleante que veía en las pupilas de la gente, ese brillo extraño que acentuaba el color en los ojos de Satoru y los hacía ver más hermosos, casi hipnóticos.

Tanto que Fushiguro olvidó como respirar, su aliento fue robado por un par de ojos de un hombre desconocido al que no volvería a ver, y aunque era consciente de ese hecho, iba a pretender por una vez que esos ojos azules estarían mirándolo siempre, aun si permanecía como un recuerdo en el futuro. Y ahora que Megumi estaba distraído, apenas se percató de la mano grande de Satoru que rodeó su cintura con movimientos lentos y serpenteantes, fue rápido, casi imperceptible para sus sentidos aún abrumados.

Solo fue capaz de sentir el aliento cálido de Gojo rozando sus labios, tardo unos segundos en darse cuenta de la proximidad tan íntima que compartían sus labios con los de Satoru.

Satoru, por otra parte, quería cerrar esa distancia entre ambos, quería acabar con esa cosa invisible que los dividía, y guiado por sus deseos, siguiendo sus instintos como el humano avaricioso que es y será, finalmente cerró esa brecha que lo dividía de Megumi.

Al principio, Gojo se encontró confundido, en lugar de sentir la suavidad aterciopelada de los labios regordetes y rosados de Megumi, se encontró con una textura lisa, casi suave. Confundido, Satoru abrió sus ojos, ni siquiera noto cuando los cerró en primer lugar y al hacerlo se encontró cara a cara con Megumi sonrojado hasta las orejas, y al bajar la mirada un poco más, Satoru se percató de que la mano del chico cubría su boca.

—¿Qué- qué estás haciendo?—. Claramente, la intención de Megumi no era tartamudear como un tonto, pero apenas pudo reaccionar por el movimiento repentino de Satoru.

Su mano se movió por si sola, como si estuviera programada para prevenir cualquier movimiento que iba dirigido a su rostro. Lo que Megumi pensó que funcionaba como un sistema para golpes cada vez que se metía en peleas, para frenar puñetazos o patadas, aparentemente también tenía la función desconocida para prevenir besos inesperados.

Pero de nuevo, el albino volvió a tomarlo con la guardia baja al sostener su mano entre la suya y besar suavemente su palma. Megumi se congeló por segunda vez, su mente estaba en blanco mientras veía a Gojo acercarse nuevamente, esta vez sin nada que lo detuviera, ya que ahora su mano era prisionera de otra mucho más grande que entrelazaba sus dedos con los suyos.

—Voy a besarte, —declaró Satoru. —Ya esperé mucho para hacerlo, Megumi—. Gojo terminó con un susurro antes de pegar sus labios a los de Megumi.

Tampoco se perdió de la forma en la que un escalofrío subió por la espalda esbelta del chico de cabello negro.

El contacto con los labios de Fushiguro fue mejor de lo que Gojo imagino, ni siquiera se comparaba con lo que pensó, era aún mejor, sin embargo, aún faltaba algo por comprobar, quería saber que tan alejado de la realidad estuvo todo este tiempo y un pequeño roce de labios no iba a darle una respuesta concreta.

Satoru no perdió el tiempo preguntando si Megumi podía abrir la boca para él, en su lugar lamió y mordió sus labios. El albino tarareo por el sabor dulce que se filtró por su lengua, ¿Fushiguro estaba usando bálsamo labial de cereza? El sabor inigualable de la cereza y los labios de Megumi era una combinación extraña, pero adictiva.

Gojo quería perderse e investigar más ese sabor, guardarlo en su paladar para siempre, pero el movimiento lento de los labios de Megumi abriéndose y cediendo a su demanda fueron suficiente para hacerlo olvidar su reciente objetivo, ahora podía meter su lengua y saborear más a fondo, buscar más de ese sabor exquisito.

Megumi cerró los ojos, incapaz de seguir mirando a Satoru mientras le metía la lengua en la boca. No fue una exageración de Nobara decir que Gojo pretendía meterle la lengua hasta la garganta. Ahora podía ir con su mejor amiga y admitir a sus pies que en efecto, pasó lo que ella predijo y le advirtió que pasaría, si esto fuese cuestión de una apuesta, Megumi ya habría perdido todo, incluida la poca dignidad que aún le quedaba por perder por este desastre de beso que estaba teniendo con Satoru.

Fushiguro seguía siendo inexperto, después de todo este era su primer beso y aunque sabía que era tonto pensar que debería ser especial, nunca imagino que sería así: en medio del parque; a las diez de la mañana con alguno que otro transeúnte metiche mirando con horror la indecorosa escena de dos individuos comiéndose la boca uno al otro —aunque en realidad quien llevaba las rindas era Satoru—, y solo para empeorar la situación y caer en el foso profundo de la vergüenza, Megumi estaba haciendo todo esto por dinero, solo para conocer a su ídola cantante del k-pop en persona.

Sin embargo, la degradación que se hacía a sí mismo se detuvo cuando Megumi sintió que se quedaba sin aire muy lentamente por los movimientos hambrientos de la lengua de Satoru. Fushiguro se encontraba acorralado, cohibido, debatiendo consigo mismo sin saber que qué hacer, ¿debería mover su lengua también?

Tal vez no sea una buena idea, Megumi estaba empezando a sentirse mareado, ¿estaba respirando siquiera? Puede que lo haya olvidado en el proceso, Satoru seguía tirando de su cintura para acercarlo más y su cabeza seguía dando vueltas, mientras él permanecía quieto como una piedra.

Hasta que finalmente pudo respirar, Megumi jadeo y respiro hondo para recuperar el aire. Abrió sus ojos lentamente mientras podía sentir que unos nuevos brazos le ayudaban a equilibrarse de nuevo.

—Satoru, es suficiente, ¿quieres asfixiar a Megumi? —preguntó Suguru, jalando la chaqueta de Gojo para alejarlo de chico.

Satoru se relamió los labios mientras se alejaba lentamente de Fushiguro.

—Lo siento, lo olvidé.

Gojo se disculpó, pero esas disculpas vacías no eran sinceras, Suguru lo sabía mejor que nadie, en especial por la forma en al que el idiota seguía relamiendo sus labios y ni siquiera se veía arrepentido, el desgraciado lo gozo como nunca.

Geto soltó un suspiro, se volvió hacía Megumi que seguía haciendo el intento por recuperar el aire, con eso Suguru supo que ese beso francés que le dio Satoru probablemente fue el primero de Megumi, y no pudo evitar sentir envidia del idiota de cabello blanco que ni siquiera parecía notarlo, no obstante, puede que Gojo haya sido el primero en disfrutar de los labios de Fushiguro, pero Suguru va a ser el primero en disfrutar de un verdadero beso francés dado por Megumi.

Ahora, si el chico lindo de ojos verdes no sabe cómo hacerlo, entonces Suguru puede enseñarle.

Está será la primera vez que Geto tomé el papel de profesor sin rechistar, lo tomaría con gusto siempre y cuando pudiera enseñarle a Megumi algo nuevo, quizá luego se tome el tiempo de enseñarle otras cosas, el chico parecía ser inexperto en muchas de ellas.

—Megumi, —llamó Suguru, aún podía verlo confundido con el rostro hermosamente sonrojado.

«Lindo» pensó para sí mismo.

Suguru sonrió por la vista, imitó los movimientos de Gojo y atrajo al chico a su cuerpo, cuando estaban lo suficientemente pegados el uno al otro, Suguru acercó sus labios al oído de Megumi para asegurarse de que solo él pudiera escuchar.

—¿Ese fue tu primer beso francés? —Geto susurró suavemente, provocando un pequeño escalofrío que subió por la espalda del pelinegro.

Mierda, Megumi casi se atraganta con su propia saliva, ¿qué con esa voz? Jamás pensó que una voz masculina sonaría tan sexy y ese susurro casi hace que pierda la cabeza, aunque puede que sea debido a que sus pulmones aún necesitan aire, no puede ser solo un efecto de la voz extrañamente atractiva de Suguru.

No, no puede ser eso.

Bueno, ya sea un efecto secundario de la asfixia o no, resultó vergonzoso —de nuevo— para Fushiguro que Suguru se diera cuenta tan rápido de que eso que acaba de recibir fue su primer beso, aunque el hombre pensaba que eso solo fue su primer beso francés y no literalmente el primero. Eso es mejor que nada, al menos podría ahorrarse un poco la vergüenza.

Sin embargo, Megumi no quería admitirlo en voz alta, su orgullo estaba siendo horriblemente pisoteado por estos hombres. Así que simplemente asintió sin decir ninguna palabra, aun si se negaba era evidente que no sabía cómo dar un beso francés. Ciertamente, tampoco servía de nada mentir si Suguru ya era consciente de ello.

Bueno, todo sea por ir al concierto de Uta, lo único que esperaba es que realmente valiera la pena por toda la mierda que está haciendo.

Ahora Suguru tenía una mirada divertida en su rostro, cosa que no le gustó a Megumi. Ya se estaba preparando para recibir una burla o alguna otra cosa que lo dejara en ridículo —más de lo que ya estaba—, pero en lugar de eso, recibió otra cosa que, tampoco esperaba.

Parecía que tanto Suguru como Satoru estaban llenos de sorpresas, o tal vez es porque esta es la primera vez que Megumi tenía contacto físico con otras personas que no estaban en su diminuto círculo social, típico de un introvertido asocial de mierda que no habla si no le hablan a él primero.

Pero, algo que destacar del contacto especialmente estricto que tenía con sus amigos/conocidos variaba solo de un pequeño abrazo o apretón de manos, nada más aparte de eso, nada de besos en la mejilla, nada de contacto prolongado con las manos y pobre de aquel imbécil que se atreva a tocarle el cabello porque seguramente va a aprender que es el verdadero dolor.

Hay algunas pocas excepciones, como Nobara que se coló y toca a Megumi siempre que quiere y puede, pero, sin duda alguna, nunca había tenido este tipo de contacto. Lo peor es que estos dos tipos lo estaban toqueteando —no en todas partes, pero no cambiaba el hecho de que lo estaban tocando— y Megumi era incapaz de articular alguna palabra para decirles que dejaran de hacerlo, aunque no se quejaba del todo.

Esta también era la primera vez que tenía una proximidad tan íntima con dos hombres que casualmente encajaban a la perfección con su tipo. Tanto así que incluso tenían la más mínima cosa que le gustaba a Fushiguro, como las manos grandes y una altura que superaba la suya.

Incluso resultó extraño para Megumi ver esas características que buscaba en una posible pareja, repartidas entre los dos, desde la personalidad tranquila pero divertida, hasta el cabello largo y los ojos de hermoso color. Era una pena por la forma en la se conocieron.

De cualquier forma, Megumi se estaba desviando demasiado, tenía a Suguru frente a él y si Megumi no fuera consciente de que es imposible, le hubiera dado la impresión de que el hombre sabía exactamente lo que estaba pensando.

Gracias a Dios que Geto finalmente rompió el incómodo silencio. Fushiguro no podía soportarlo más.

—Bien, entonces déjame enseñarte a dar un beso de verdad —susurró Suguru contra sus labios.

Sus ojos se abrieron con sorpresa, volvió a quedarse sin aire y permaneció en silencio, no quería que su voz tartamudeara de nuevo. Megumi quería darse una bofetada ahora mismo, estaba más que seguro de que sus mejillas estaban horriblemente sonrojadas por culpa de Suguru, trató de ocultarlo del hombre al agachar la cabeza con la vergüenza pintando no solo sus mejillas, sino también las puntas de sus orejas, le gustaría que se abriera un agujero en la tierra y se lo tragara para acabar con su sufrimiento.

Fushiguro tampoco era muy bueno ocultando sus emociones, pensó que lo era hasta que Satoru y Suguru aparecieron de la nada para confundirlo y dejarlo perdido en un mar aún más confuso de emociones y pensamientos. Los nervios seguían picando en la punta de sus dedos con insistencia, quizá podría atribuir que el incesante sonido de su corazón resonando en el fondo de sus oídos podría ser por los nervios o incluso por la vergüenza y no por alguno de estos hombres —tal vez eran ambos—.

Pero si de algo estaba seguro es que de nuevo se encontraba con la mente en blanco sin saber qué hacer exactamente.

Por suerte, Suguru estaba ahí para ayudarle. Megumi volvió a sentir que el calor subía por sus mejillas tan pronto como Geto levantó su mentón para forzarlo a verlo de nuevo. El hombre acarició los labios de Fushiguro con el pulgar mientras una pequeña sonrisa ladina se formaba de nuevo en su rostro.

Suguru continuó jugando con los labios de Megumi unos segundos hasta que finalmente se detuvo para tirar suavemente de su labio inferior hacia abajo. Puede que para Suguru fuese cuestión de segundos, pero para Fushiguro se sintió como una eternidad. Una eternidad en la que Suguru seguía mirándolo con la misma intensidad que Gojo, se sintió abrumador de alguna manera.

—Abre la boca y respira por la nariz —indicó Suguru como un instructor.

Megumi seguía confundido, pero esa confusión no fue un impedimento para que siguiera las instrucciones, aunque realmente ni siquiera él sabía por qué carajos estaba haciendo lo que Suguru le dijo que hiciera.

Si se tratará de otra persona, Fushiguro definitivamente le hubiera partido la nariz de un puñetazo por atreverse a darle una orden, bueno, eso según su historial de secundaria, y aunque hace mucho tiempo que limpio su nombre y se alejó de los problemas, aún lo haría si la persona que le dio la orden resultaba ser altanera y estúpida.

Y en defensa de Suguru, él no era así, era mucho más amable y estaba tratando de ayudar a Megumi con su problema, tal vez Megumi debería agradecer en lugar de dudar, además como dijo Kugisaki, el tiempo era oro ahora mismo.

También va a tener otro problema con el que lidiar si su padre llega a enterarse, otra cosa en la que Nobara no se equivocó. Así que Megumi mantuvo la boca abierta para Suguru y cerró los ojos esperando que acabará rápido, pero no pasó nada.

Desconcertado, Megumi volvió a abrir los ojos solo para asegurarse de que Suguru seguía ahí, aunque era tonto considerar esa idea, siendo que aún podía sentir esa mano grande rodeando su cintura.

—Mírame —dijo Suguru mientras sostenía las mejillas de Megumi.

Ah, ahí estaba.

—No cierres los ojos.

Entonces ese era el problema. Que mal resultó para Fushiguro esa declaración, y qué vergonzoso, prefería hacerlo mil veces con los ojos cerrados que tener que mirar todo el tiempo a Suguru a los ojos.

Pero, parecía que las opciones también eran escasas. Megumi asintió y volvió a abrir la boca nuevamente, con los ojos enfocados en los de Suguru.

—¡Oye! —Nobara, su hermosa salvadora, interrumpió el momento y Megumi juró que iba a compensarla una vez que saliera de esto. —¡Dijiste tu amigote, no tú! ¿En qué momento cambiaron los términos? Que yo recuerde, nunca hablamos de esto.

—Oh, ¿no lo hicimos? —preguntó Suguru a Satoru quién se encogió de hombros.

Kugisaki frunció las cejas y resoplo.

—No soy celosa, —aclaró antes de continuar. —Pero al menos me gustaría saber quien le pone las manos encima a mi novio.

Claro que Nobara sabía lo que iba a pasar, Megumi lo dijo como una predicción, y ahora ella podía confirmarlo. Aunque Suguru tampoco se esforzó en disimular sus intenciones desde que pareció, obviamente no pretendía dejar que el idiota de su amigo se llevara todo el crédito.

Y viendo que ambos estaban desesperados por el afecto masculino de Megumi, Kugisaki tal vez podía sacar un poco de provecho también. El sacrificio de Fushiguro no va a ser en vano, si ambos estaban dispuestos a pagar tanto dinero por un par de besos, quizá Nobara pueda sacarles unos cuantos billetes más.

—¿Entonces qué te parece si aumentamos un poco más la cuota? —mencionó Satoru, preparando la billetera.

—Ahora sí nos estamos entendiendo... —Nobara le sonrió con complicidad al hombre, mientras veía como se formaba lentamente la expresión de la traición en todo su esplendor en el rostro de Megumi.

—Doscientos yenes, pero quiero dos besos extra de Megumi.

—Mhm... —Nobara meditó por algunos segundos antes de negar con la cabeza. —No veo que eso sea justo para mí, ni para Megumi, es decir, míralo; casi muere con el primer beso, y ustedes dos pretenden succionarle hasta el alma a mi pobre bebé. 

—Eso es una exageración, —dijo Suguru, —yo lo veo bien. ¿Qué me dices Satoru?

—Sí, sí, Megumi-chan está bien. Está en buenas manos después de todo.

Megumi frunció el ceño ante el apodo poco atractivo con el que Satoru lo bautizo, sin mencionar que la conversación estúpida que estaban teniendo esos tres estaba haciendo que su mal humor creciera. Literalmente estaban negociando sin su consentimiento. Sin embargo, tenía que admitir que Nobara también era buena para los negocios.

—No, —Kugisaki se cruzó de brazos y volvió a negarse. —Nada de besos extra, ya tenemos que irnos y ustedes solo están perdiendo el tiempo. Pero, tengo una propuesta mejor; que sean trescientos yenes y el tiempo para cada beso aumenta a más de dos minutos.

Ciertamente, la propuesta no era tan mala, incluso resultaba tentadora tomando en cuenta el tiempo que aumentaba a tres minutos a partir de ahora. Satoru estaba un poco disgustado, ya que el primer beso que tuvo con Fushiguro apenas duró un minuto antes de que Geto interviniera.

No obstante, o es eso o nada, Nobara tampoco parece que quiera cambiar la propuesta.

—Bien, —mencionó Satoru a regañadientes. Sacó un par de billetes de su billetera —muy parecida a la que tenía Hajime— y se los entregó a Nobara.

Megumi observó como los ojos de Kugisaki se iluminaron al ver el dinero que arrebató tan rápido como lo vio de las manos de Satoru. También escucho a Gojo preguntándole a Nobara si quería el resto del dinero en efectivo o depositado en su cuenta bancaria, Kugisaki murmuró otra solución alternativa, ya que evidentemente ni ella ni él tenían una cuenta bancaria, y llevar el dinero en efectivo podría resultar peligroso.

Satoru asintió sacando una chequera de su abrigo después de guardar la billetera en el bolsillo de sus pantalones, también consiguió un bolígrafo elegante de color negro y escribió algo rápido en el cheque.

Los vio murmurando e intercambiando algunas palabras antes de que su atención regresara de nuevo a Suguru, y no por voluntad propia.

Geto ahuecó las mejillas de Megumi y giro su rostro para que la atención del chico se enfocara de nuevo en él. Por segunda vez, Fushiguro se quedó estático y quieto como una roca.

—Megumi, ojos en mí.

Con la mención de su nombre y el constante martilleo de su corazón bombeando en su pecho, Megumi repitió sus acciones anteriores; abrió lentamente la boca y evitó cerrar los ojos, aunque sus mejillas volvieran a teñirse de rojo.

Suguru volvió a sonreír, ni siquiera tuvo que repetirse, tal vez sea eso lo que le gusta de Megumi, fuera de su apariencia física visiblemente atractiva, la inteligencia era solo otra pequeña cosa que amaba del chico. Realmente le gustaría conocerlo más a fondo, quiere ver sus virtudes y defectos, su risa y su tristeza, y sobre todo quiere estar ahí para acompañarlo, ser un pilar de apoyo para Fushiguro, alguien en quien confiar.

Geto no quiere ser solo un desconocido más en la vida de Megumi, tampoco quiere tomar el papel de un simple conocido poco cercano, él quiere estar más presente, acercarse y ser como un amigo más, y quizá, algún día con suerte, convertirse en algo más que un amigo. Geto estaba dispuesto a esperar el tiempo necesario, esperaría hasta que Fushiguro estuviera listo.

Suguru no era mucho de hacerse ilusiones, prefería ver las cosas por lo que eran; objetivos realistas fuera de un mundo de ensueño que su propia cabeza creaba para darle algún tipo de consuelo. Para Geto era mejor evitar el dolor que generaba algo que nuca paso y que jamás pasaría, pero había alguien que tuvo el descaro de colarse no solo en sus sueños, sino que también tuvo la osadía de tomar gran parte de sus pensamientos para convertirlos en fantasías que jamás pensó que tendrían lugar en su cabeza.

Estaba lo suficientemente cuerdo como para saber que no era real, pero eso no evitaba que Suguru soñara con una vida entera al lado de Fushiguro Megumi, la primera persona en tomar su corazón sin siquiera tener un acercamiento real con él.

Por ello, Suguru pensó que se sumergió en alguna fantasía cuando finalmente sintió los cálidos labios de Megumi contra los suyos, pero hacer contacto visual con esos ojos verdes le dio una respuesta negativa a lo que creyó, y el hombre se sintió eufórico entre tanta alegría surrealista.

Comenzó con suaves caricias superficiales sobre los labios de Megumi, Suguru se aseguró de estimularlos y chuparlos hasta estar seguro de que estarían lo suficientemente hinchados para lucir más regordetes y adoptar un color más rojizo cuando se separarán.

El sabor a cereza solo lo incitaba a continuar. Fushiguro seguía sin hacer mucho, pero estaba intentando seguir los movimientos ávidos de la lengua del hombre desde que sintió el calor del contacto desconocido invadiendo su boca.

Megumi no debió haberse sorprendido demasiado, ya sabía lo que iba a pasar y aun así no pudo evitar soltar un jadeo. Estaba volviendo a quedarse sin aire, pero recordó lo que Suguru le dijo.

Respiró hondo por la nariz mientras buscaba un ritmo uniforme para seguir los movimientos de Suguru. Extrañamente, Megumi empezaba a encontrar el beso placentero, pese a que se sentía extraño, no pudo evitar rodear el cuello del hombre mayor para cercarlo más.

Suguru pareció animarse con eso, dejó de sostener las mejillas de Megumi para bajar sus manos y rodear su pequeña cintura. El pelinegro de cabello largo tampoco desperdicio la oportunidad para seguir y acariciar suavemente el camino que subía desde las cosillas hasta las caderas de Fushiguro.

Ninguno era consciente del tiempo que pasó. El tiempo dejó de ser relevante desde que comenzaron a besarse, pero el incesante pitido de una alarma —posiblemente programada por Satoru o Nobara—, comenzó a sonar luego de unos minutos, y el chirriante ruido de la alarma fue demasiado irritante pese a que solo sonó unos segundos.

Los chicos terminaron con el beso unos segundos después, Megumi suspiró contra los labios de Suguru mientras se separaba lentamente del hombre, limpió su boca con la tela de la maga de su sudadera en un falso intento por arreglar el desastre en sus labios.

Aunque Suguru decidió ignorar olímpicamente los gritos y jadeos exagerados de Satoru y Nobara para robarle otro beso al Megumi distraído que miraba confundido a su novia y al albino que, ahora, parecían amigos de toda la vida; soltando insultos gratis y diciendo una y otra vez que hoy en día ya no existía la decencia. 

Megumi puso los ojos en blanco antes de recibir un casto beso en los labios, patrocinado por el buen amigo Suguru. El beso fue pequeño, apenas un pequeño roce de labios, Fushiguro no tampoco hizo ningún movimiento para detenerlo.

—¡Suficiente! —gritó Nobara, señalándolos acusadoramente—. ¡Esos fueron dos besos!

Al girarse a ver a los otros dos, Suguru alzó una ceja cuando los vio con el ceño fruncido y las manos en las caderas, parecían dos señoras de la mediana edad enfurecidas.

—No, aún faltaban diez segundos para qué terminará mi beso con Fushiguro —se defendió el hombre, mirando la hora en su celular.

Era una vil mentira, pero Satoru y Nobara no tenían por qué saberlo de todos modos.

Ah, mierda. Geto tardó un tiempo en darse cuenta de su error, volteó lentamente a ver a Megumi, pero el chico no dijo nada, quizá ni siquiera se dio cuenta de que Suguru terminó por decir su apellido y no su nombre.

Eso fue un alivio, no quería problemas con Megumi. Pero, olvidó que tenía al hombre más problemático y exagerado del mundo como mejor amigo; y efectivamente, al regresar su atención a Satoru, el hombre empezó a protestar.

—¡Eso es mentira! —dijeron Gojo y Kugisaki al unísono.

Vaya, eso si era nuevo. ¿Desde cuándo esos dos empezaron a llevarse bien? Por lo que Geto vio anteriormente, Nobara odiaba a Gojo y Gojo odiaba a Nobara.

—¡Se acabó el tiempo Suguru, ahora ve a la banca!—. Satoru no estaba celoso, solo estaba siendo racional y justo.

Por qué definitivamente eso que acaba de pasar fue una injusticia muy grande, ¿por qué Suguru obtuvo dos besos y él solo uno? Y eso solo era la punta del iceberg, ya que el beso que tuvo con Megumi tardo apenas un minuto, ¡y el bastardo de Suguru tardo tres minutos! ¡Tres minutos!

Gojo tenía que hacer algo para detenerlos y separarlos antes de que cometiera un crimen de odio por culpa de Suguru. Aunque la primera cosa que quería ya la había hecho, ahora solo quedaba mandar a Geto a la mierda porque ahora era su turno. 

El hombre de cabello negro recogido rasco su nuca y soltó un suspiro, seguramente Satoru estaba hirviendo en celos ahora mismo, y con esa cara —cejas fruncidas y un puchero— definitivamente le estaba deseando la peor de las muertes que podría tener un ser humano; sin embargo, Suguru no se arrepentía de nada.

Una venganza, eso es lo que es porque el idiota de su mejor amigo tuvo el primer beso de Megumi, y lo más indignante es que ni siquiera es capaz de darse cuenta por sí mismo de ello.

—¡Megumi! —chilló Kugisaki, —¡bastardo descarado lo disfrutaste! ¿¡Dónde está esa cara de 'ayúdame' que hiciste antes!?

Nobara estaba preparada para hacer un show y tomarse un poco más en serio su papel de novia, aun si seguía siendo una mentira que Megumi invento a último minuto y que ella misma decidió seguir, podía sentir como su orgullo estaba por los suelos.

¿Compartir? ¿Qué es eso? ¿Se come? Por qué según las tendencias egoístas de Nobara, ese término no está en su vocabulario ni en su diccionario, y si Megumi realmente fuese su novio, obviamente lo primero que ella habría hecho sería pelear con estos finos caballeros. Aunque tuviera que rebajarse a pelear en un parque de niños, mancharse la ropa y arruinar su cabello.

Pero, como siempre, el mono desgraciado de cabello blanco la sacó fuera del camino antes de que pudiera empezar con su show. Nobara frunció los labios cuando lo vio interponerse entre Suguru y Megumi.

—Muy bien, ¡me toca! —Satoru declaró con entusiasmo.

Megumi se encogió de hombros mirando a Nobara. Se acercó para entregarle su teléfono.

—Tengo que terminar rápido, pero puedes usar mi teléfono mientras termino con esto, —fue lo último que dijo antes dar algunos pasos para alcanzar y rodear el cuello de Satoru con sus brazos, atrayéndolo y besándolo en el proceso.

Suguru se congeló en lugar, a Nobara casi se le salen los ojos y Satoru solo permitió que su sorpresa se reflejara unos segundos en su rostro antes de rodear la cintura de Megumi con sus manos y continuar con el beso.

Al parecer Suguru era un buen maestro, y Megumi un buen aprendiz.

—Ah, mierda. Megumi aprende rápido —comentó Suguru.

—Por algo es el alumno estrella y el favorito de los profesores... —mencionó Nobara.

El favorito de Dios, por excelencia.

 

...

 

Megumi definitivamente lo estaba disfrutando, Nobara podía decirlo solo con verlo. El bastardo estaba en el cielo rodeado de dos tipos guapos que lo estaban llenando de atención. Fushiguro rodeaba el cuello de ambos hombres con cada uno de sus brazos, Satoru y Suguru se turnaban para recibir los besos, y mientras uno de los dos recibía la atención de Megumi, el otro solía besar o acaricia el cuello de Fushiguro, o incluso, desde la distancia en la que estaba Nobara sentada en la banca más cercana, vio una que otra mano desviarse más de la cuenta al trasero de Megumi.

Ella no iba a decir nada, no quería interrumpir el mejor momento de la vida de Megumi, al fin y al cabo podría culpar a las hormonas y al hecho de que esta era la primera experiencia "sexual" más grande que Megumi y su trasero virgen estaban teniendo. Por un momento Nobara pensó que Fushiguro iba a morir virgen, incluso pensó en presentarle a alguien para empujar un poco al chico.

Pero esto era demasiado, esos tres ya casi se desnudaban y tenía un trío en medio del parque, por suerte Kugisaki no era tonta y llevaba la cuenta de cada beso que Suguru y Satoru recibían de su novio-amigo, esta ya era la quinta ronda, solo faltaba una más.

Y como recompensa por esta bochornosa situación, le iba a pedir a uno de esos dos idiotas un aumento, tal vez cien yenes más.

De cualquier manera, Kugisaki también reviso la hora una o dos veces más, ya eran las once de la mañana y no había ningún rastro de los delincuentes por ninguna parte.

Seguía siendo extraño que Hakari, Sukuna y Hajime todavía no regresarán con el vino, literalmente una cosa tenían que hacer y aparentemente por cómo iban el paso del tiempo sin ninguna señal de alguno de los tres, posiblemente se les había presentado un problema en el camino. Nobara realmente empezaba a preocuparse.

Ella intentó enviarles un mensaje de texto desde el teléfono de Fushiguro, pero ninguno respondió, las llamadas la dirigía al buzón de voz y eso le hizo pensar y cuestionarse a sí misma si alguno de esos inútiles siquiera tenía un teléfono.

Kugisaki se apresuró a levantarse antes de llamar a Megumi.

—Fushiguro, es hora de irnos.

Escucho un gemido ahogado proveniente de Megumi cuando le hablo, como si el chico estuviera tratando de enviarle una respuesta verbal que no podía darle. Eso la confundió, Nobara se giró solo para encontrar a Satoru sosteniendo las mejillas de Fushiguro para evitar que se separara del beso.

Ese idiota estaba buscando pelea desde que se presentó con la excusa barata de un experimento social. Nobara guardo el celular de Fushiguro en su bolsillo, subió las mangas de su sudadera hasta arriba de sus codos, preparándose para golpear a Gojo.

Tal vez uno o dos dientes no le harían falta a ese niño rico. Ahí decía que sobraban, y en caso de que esos dientes ya no volvieran crecer, Satoru bien podría comprar de esos dientes de oro que estaban a la moda últimamente. 

Al final acabaría haciéndole un favor. 

Sin embargo, antes de que tuviera la oportunidad de acercarse, escucho a Satoru gritar como una niña mientras tocaba su labio inferior con una de sus manos.

—¿Me mordiste? —le preguntó a Megumi, mientras se pasaba los dedos por el labio inferior.

Ver un poco de su sangre esparcida en sus dedos confirmo lo que preguntó.

Megumi frunció las cejas y ni siquiera se molestó en dar una respuesta, se volvió hacia Nobara y asintió.

—Me falta un beso, dame un segundo.

Satoru volvió a intervenir, sostenido la mano del joven, sorprendiéndolo en el proceso. Fushiguro fue interrumpido por el hombre mayor antes de que dijera nada.

—Hazlo otra vez.

Ah, qué simpático sujeto. Y qué gracioso además, sin mencionar que quizá no estaba del todo bien.

—¿Estás loco? —preguntó Megumi.

Gojo beso el dorso de su mano y asintió.

—Por Megumi-chan, sí —contestó Satoru.

—Tal vez estás drogado —Megumi ignoró lo que escucho y en su lugar escogió buscar una explicación para el comportamiento extraño del hombre. —Tus pupilas están dilatadas. Creo que te fumaste algo antes de venir aquí.

—No, —negó el albino, —mis pupilas están así por qué están mirando a Megumi-chan~

Suguru soltó una risa ante las palabras llenas de “poesía” de Gojo, se preguntó de qué libro de mierda lo sacó.

—Huh, vaya, no sabía que eras poeta, Satoru—. Suguru volvió a reír cuando vio a Gojo fruncir el ceño, pero se encogió de hombros antes de empujarlo lejos.

—¡Oye! —se quejó Gojo.

—Es mi turno —contestó Geto.

Nobara agradeció al cielo y a Fushiguro por detener la pelea de los hombres antes de que llegara más lejos, no estaba de humor para escuchar más estupideces, ella solo quería irse ya.

Pero antes, Megumi se detuvo a besar a Suguru una última vez como lo acordaron.

Fushiguro seguía sin ser un experto, pero al menos ya sabía un poco más sobre los besos franceses, quizá está experiencia sea eficiente en el futuro, ¿por qué razón o motivo? Ni Suguru lo sabía, podría ser para su próximo encuentro tal vez.

El beso fue desordenado por la prisa que mostraba el chico por terminar ya, sin embargo, Geto estaba más que feliz al ver la cara larga de Satoru, y aunque fue rápido, realmente disfruto ese beso.

Al terminar tomó las manos de Megumi entre las suyas, exactamente como lo hizo Satoru.

Esos dos compartían la misma neurona, o al menos esa fue la impresión que se llevó Kigisaki.

—Megumi, cásate conmigo—. Suguru incluso estaba preparado para arrodillarse si la situación lo requería, aunque ya sabía la respuesta que obtendría a su pregunta de todos modos.

Sin embargo, la pequeña llama de la esperanza aún seguía encendida, a la espera de algo que la alimentará y la hiciera crecer o un fuerte viento que soplara con fuerza y la apagará.

Claramente, como Geto pensó, recibió la segunda opción.

El chico arqueo una ceja, ladeo la cabeza y dirigió su mirada a Kugisaki, ella le hizo un ademán para qué continuará antes de señalar la licorería al otro lado. Fushiguro negó nuevamente.

—Lo siento, ya estoy en una relación, y mi novia está justo ahí —señaló a la chica que veía distraídamente al otro lado.

Cuando Nobara noto que la estaban mirando, saludo a Megumi y le mostró una sonrisa triunfal llena de dientes blancos a ambos hombres. Si a ella le pagarán por destruir y aplastar los sueños y esperanzas de gente desconocida, seguramente estaría pudriéndose en dinero ahora mismo.

Suguru sonrió por la broma, mientras Gojo resoplaba sin encontrar la gracia en dicha broma, lo único que veía era a una mujer irritante presumiendo descaradamente en su cara mientras actuaba infantilmente, y eso que él no quien para hablar, siendo que actuaba casi igual. Volvió a ponerse los lentes antes de unirse a la conversación.

Estaba esforzándose en pensar en un buen argumento para hacer que Megumi cambiará de opinión, quizá podría entrar en esa pequeña cabecita y meter una idea diferente ahí.

—Creo que eres demasiado lindo como para tener una sola novia, Megumi-chan, —Satoru volvió a sonreír descaradamente cuando Nobara le mostró el dedo corazón. —De hecho, pienso que te mereces dos novios más, ¿qué dices?

Megumi rio algo incómodo, rasco su nuca y se negó cortésmente a la propuesta francamente tonta.

—Realmente estoy enamorado de Nobara y no quiero que nuestra relación termine por esto.

Satoru se desinfló como un globo después de escuchar eso, Suguru palmeo su espalda mientras se aclaraba la garganta para disipar la incomodidad.

—Podrías pensarlo un poco, —dijo Suguru. —No tengo ningún problema con tener una relación de cuatro, y Satoru tampoco.

¡Eso era mentira! Gojo iba a replicar hasta que Geto le dio un fuerte codazo en el estómago que lo dejó sin aire.

—¿Verdad, Gojo?

—Sí... —respondió con los dientes apretados sosteniendo su estómago.

—También somos buenos amantes, ¿sabes? —sonrió Geto.

—No puedo, lo siento.

—Pero, ¿no puedes o no quieres? —Satoru cuestionó con un susurro, asegurándose de que Kugisaki no escuchara absolutamente nada de la conversación privada.

Megumi puso los ojos en blanco, volteó de nuevo en la dirección de su mejor amiga para pedir ayuda, si no hacían algo rápido, Fushiguro ya no podría quitarse a ambos hombres de encima.

—No puedo, —repitió.

Gojo entrecerró los ojos, miro a Megumi y luego a Nobara quién seguía haciéndole señas extrañas al chico de ojos verdes. Honestamente, Fushiguro tampoco entendía ni una mierda de lo que su compañera estaba tratando de decirle sin usar palabras, él levantó las cejas y se encogió de hombros.

Lo que no sabía es que estos comportamientos extraños crearon una historia aún más extraña en la cabeza de Gojo, y antes de que se diera cuenta, el albino ya estaba haciendo preguntas raras.

—¿Está todo bien entre ustedes dos?—. Pudo ver como el pelinegro miraba a Suguru en busca de respuestas.

Suguru negó con la cabeza, ya que él tampoco sabía que estaba tramando Gojo, y lo único que ambos jóvenes podían hacer era esperar. No obstante, no esperaban lo que el hombre estaba por decir.

—Megumi, ¿sufres algún tipo de abuso de parte de tu novia?

Suguru escupió y se atragantó con su propia saliva, empezó a reírse después de algunos minutos, mientras Megumi miraba a Satoru como si de repente le hubieran salido tres cabezas.

Bueno, con esas reacciones que recibió al menos podría estar seguro de que Fushiguro estaba a salvo, sin embargo, eso no iba a impedir que continuara con la farsa. Las horas y minutos que pasó con el pelinegro no fueron suficientes, y probablemente pasaría mucho tiempo antes de que volvieran a hablar o siquiera a tener un contacto tan cercano como el que tenían ahora, al menos necesitaba estar otro par de minutos a su lado.

—Parpadea dos veces si es correcto.

Lo que dijo sonó absurdo, tonto y el mismo Gojo era consciente de eso, pero la dignidad no era una opción, así que al no recibir respuesta, dijo algo aún más estúpido sin pensar demasiado. Incluso, vio a Fushiguro evitando parpadear a toda costa.

—De acuerdo, Megumi-chan, entiendo que puede ser duro para ti, pero quiero ayudarte y tú no dejas que lo haga—. Satoru poso sus manos sobre los hombros de Megumi y lo sacudió levemente—. Entonces, mejor hagamos esto... ¡Respira si estoy en lo correcto!

Ay, ¿hasta dónde llegaría la insistencia de este hombre? Lo peor de todo es que Megumi no era muy bueno conteniendo la respiración. Apenas pasaron algunos segundos antes de que empezará a cambiar el color natural de su piel a uno azul.

—¡Ajá! ¡Ahí está! —exclamó el hombre. Los victoreos se vieron como si acabará de ganar la lotería. —¿Lo ves, Geto? Megumi-chan acaba de respirar, tenemos que salvarlo de esa perra loca y llevarlo a casa con nosotros.

—¿Gojo, estás seguro de que no fumaste nada antes de venir aquí? —inquirió Suguru, después de terminar de reírse.

Por otro lado, Fushiguro seguía sin decir nada, y por suerte no tuvo que hacerlo.

—¡Oigan, ustedes dos! —grito Nobara molesta, podía sentir que esos idiotas estaban hablando de ella a sus espaldas, —¡dejen de endulzarle el oído con labia a mi novio! Además, la fila para casarse con Megumi empieza detrás de mí.

A Megumi le pareció ya haber escuchado ese apellido que dijo Suguru, el problema es que no recordaba de donde se le hacía tan familiar.

De pronto recordó lo que Mei Mei le dijo del descuento y el vino. Busco rápidamente con la mirada algún hombre parecido a Ryomen, Kinji y Kashimo. Después de buscar a los alrededores de parque, escucho el indicio de un disturbio, varias voces y algunos gritos.

Fushiguro temió voltear hacia el último lugar que le faltan por buscar y, confirmar que los protagonistas del disturbio eran los hombres en los que estaba pensando ahora mismo. Ciertamente, no se equivocó, al voltear vio a Hajime sosteniendo a Kinji sobre su espalda y a Sukuna peleando con un oficial de policía.

—Ah, mierda... —murmuró Megumi, antes de correr para cruzar la calle.

Mientras tanto, Nobara se cruzaba de brazos y fruncía el entrecejo.

—¿Por qué mierda están haciendo fila detrás de mí? —preguntó.

Obviamente, ella sabía por qué, pero necesitaba burlarse antes de cualquier otra cosa, sin embargo, ver a Megumi atravesando la calle de enfrente como si fuera inmortal hizo que dejara de lado esa idea.

—¡Megumi!

Ella terminó por correr tras de Megumi y, por ende, Satoru y Suguru la siguieron.

 

————

 

—¿Por qué Hakari terminó así?

Esa fue la primera de tantas preguntas que Megumi quería hacer, principalmente sintió la necesidad de saber por qué Sukuna estaba peleando con un oficial de policía por el vino que les mando a comprar, pero el hombre de cabello rosado se veía muy ocupado maldiciendo con insultos que Megumi ni siquiera sabía que existían a dos de los oficiales de policía.

—Se comió un brownie —respondió Hajime, sacándolo de sus pensamientos.

Por un momento Megumi contuvo las ganas de golpear al hombre de cabello azul, contó hasta diez y respiro hondo antes de volver a preguntar.

—¿Por qué carajos un brawnie va a hacer que termine así? —señalo molesto al hombre que sostenía Kashimo.

Hakari parecía que estaba dormido, pero repentinamente levantó la cabeza y abrió un ojo para inspeccionar lo que estaba pasando a su alrededor, frunció el ceño al ver a los oficiales y murmuró que no iba a volver a la cárcel antes de señalar con un dedo tembloroso a Fushiguro y reír como tonto. Seguido a eso, volvió a agachar la cabeza murmurando algo sobre el vino y el brownie que comió.

—Fushiguro, creo que no me entendiste —dijo Hajime después de acomodar a Kinji. —No fue un brownie, fue el brownie.

Hizo énfasis en la mención de 'un' y 'el', como si Megumi pudiera entender algo con esa declaración vaga y poco explicativa.

—¿Qué? —. Honestamente, Megumi seguía haciendo el intento por entender, pero Kashimo solo lo hacía más difícil.

El chico soltó un suspiro antes de ser más directo. El punto de no decirlo abiertamente era no llamar demasiado la atención, pero con Sukuna y los policías gritando como un par de señoras histéricas, la idea de la discreción se fue por la alcantarilla.

—No fue un simple brownie —contó, —Fue un brownie espacial.

Megumi abrió los ojos con sorpresa cuando la comprensión finalmente lo golpeó. Entonces el imbécil ingirió un brownie con marihuana, ahora tenía sentido el comportamiento extraño de Kinji hace unos segundos.

Pero de todas formas, Fushiguro seguía teniendo más preguntas que respuestas. Si había algo que realmente le molestaba, era estar desinformado.

—A ver, en primer lugar quiero saber de dónde sacaron esa cosa.

—Bueno, una señora extraña que estaba en la tienda se acercó a Kinji y le regalo los brownies. Si no recuerdo mal, el tonto venía quejándose en el camino porque tenía hambre, y creo que esa vieja lo escucho.

Definitivamente, era algo que Hakari Kinji haría; recibir comida de extraños sin detenerse un minuto a preguntarse si lo que le estaban regalando tenía algo raro dentro, ¿qué no vio Blancanieves y los siete enanos? Incluso la película dejaba en claro que no se debía recibir nada de extraños, y menos de una anciana rara.

Pero Hajime habló en plural acerca de los brownies, no mencionó que fuera solo uno.

—¡¿Cuántos brownies se comió?!

—Cinco, creo... —respondió Hajime.

—Ay, Dios... —Megumi sintió una repentina punzada de migraña en su cabeza, soltó otro suspiro y sobo el puente de su nariz. —¿Y por qué Sukuna está peleando con la policía?

—Bueno, es una historia larga, —divago el hombre, sin explicar nada en realidad, solo pensando que decir sin preocupar o acrecentar la ira de Megumi.

Lo que no sabía, es que Megumi ya estaba enojado desde que observó el disturbio en el que ellos eran los principales protagonistas desde el parque.

Por suerte si había alguien que estaba dispuesto a dar explicaciones.

—La vieja que le dio los brownies a ese idiota está siendo buscada por la policía por narcotráfico ilegal de drogas; entre ella la mierda que Hakari se acaba de tragar —espetó Sukuna sin ninguna delicadeza.

Tal vez la pelea con los policías puede esperar.

—¡¿QUÉ?! —el pelinegro casi se ahoga con su propia saliva, ¿por qué está clase de mierda siempre le pasa cada vez que está cerca de alguno de estos tres idiotas?

En fin, un día normal en la vida de Hajime Kashimo, Ryomen Sukuna, Hakari Kinji y Fushiguro Megumi, no había ninguna sorpresa en eso, pero Megumi pensó que ya había cambiado de página y etapa, pero no, seguía estancado sin notarlo hasta ahora.

—Multa... —murmuró Hakari, señalando indiscretamente al oficial de policía más cercano.

—Cierto, Hakari, es verdad, —dijo Sukuna, —También quieren cobrarnos una estúpida multa, ¡y ni siquiera hicimos nada!

Megumi volvió a fruncir el ceño, eso era injusto, esos tres podían ser problemáticos, pero tenían un límite. Estaba a punto de voltearse y pelear con los policías junto a Sukuna, que ya se había ido de nuevo a pelear verbalmente sin llegar a los golpes, pero puede que eso cambie si las cosas siguen igual... Hasta que alguien tocó su hombro.

Y al girarse, encontró a Satoru, Suguru y Nobara, ¿qué hacían esos dos ahí metidos? Pensó que se irían después de lo del los besos, ya habían cumplido con ese experimento social que querían hacer, no obstante para su sorpresa seguían ahí.

Él miró a la castaña. Estaba seguro de que tenía mala cara por la forma en la que Kugisaki se apresuró a responder.

—Me siguieron —se defendió ella.

—¿Qué demonios está pasando aquí? —preguntó Satoru.

Obviamente, este tipo de escenarios eran raros y poco comunes para personas como él y Suguru. Megumi iba a pedirles que se fueran antes de que se metieran en problemas, pero Gojo se adelantó.

Satoru levantó sus lentes y parpadeo dos y tres veces para asegurarse de que el sujeto de cabello azul que sostenía a otro hombre realmente era su primo.

—¿Kashimo?

Al inicio, el susodicho lo miró con extrañeza, confundido, hasta que frunció las cejas al reconocer a Satoru y a Suguru.

—¿Satoru? ¿Suguru? ¿Qué mierda están haciendo aquí? ¿No deberían estar en la universidad? —preguntó Hajime.

—Lo mismo digo —respondió Suguru.

Megumi se permitió sorprenderse por un segundo, antes de que viera a uno de los oficiales amenazar a Sukuna con aumentar el precio de la multa y llevarlos a la cárcel por obstrucción a la ley y agresión a los oficiales de policía.

¿Cuál obstrucción a la ley?

¿Cuál agresión?

Eso realmente le molesto, ¿por qué iban a cobrarles dinero por algo que ni siquiera hicieron?

Bueno, si al final iban a terminar pagando por algo que no hicieron, entonces Megumi iba a golpear a un policía para que al menos valiera la pena, no beso a dos tipos extrañamente guapos por dinero para después perder los yenes que gano hace un par de minutos de la manera más humilde posible, mientras perdía su dignidad en el proceso. 

Fushiguro se deshizo de la sudadera, se la tendió a una Nobara confundida que la tomó sin hacer preguntas. Aunque no tuvo tiempo ni para pensar, y además estaba segura de que Megumi ni siquiera la habría escuchado, ya que ahora estaba más ocupado tirándose encima de uno de los oficiales de policía para darle un puñetazo en la quijada, mientras Sukuna tomaba eso como una señal para patear a otro de los hombres con ridículo traje azul que corrió para detener a Fushiguro.

En ese momento las discusiones se detuvieron, Satoru dejó de burlarse de Kashimo y Suguru dejó de hablar, Kashimo dejó de discutir y los policías restantes empezaron a moverse para detener la pelea en la que sus colegas eran los principales partícipes.

Megumi alcanzó a golpear y patear a tres de ellos antes de que Suguru interviniera por detrás, tomándolo con la guardia baja antes de que tuviera la oportunidad de volver a golpear a otro.

Sukuna fue detenido por Satoru, quien alcanzó a estamparlo contra el suelo y hacerle una llave en la que se aseguró de contener lo suficiente al hombre y a su fuerza horriblemente bruta.

—Megumi, cálmate —habló Suguru, cuando sintió al chico removiéndose con incomodidad.

—¡Suguru, suéltame! —exigió Fushiguro.

—Existen mejores maneras para solucionar esto, y si no quieres terminar en la cárcel será mejor que te detengas ahora.

Megumi dejó de moverse, pero eso no impidió que siguiera haciendo fuerza para soltarse.

—¿Y cómo se supone que vamos a solucionar esto? No veo que ellos quieran desistir de la idea de multarnos por algo que no hicimos, y si voy a terminar en la cárcel, al menos voy a hacer que valga la pena.

—No, —intervino Satoru. —Si hay algo que puede solucionar esto; es el dinero, así que cálmense los dos. Esto no va a ir a ningún lado si siguen peleando. Lo único que van a conseguir es meterse en problemas, y no solo eso, probablemente ellos también lo hagan.

—Me parece que no has notado que ese es exactamente el punto, imbécil —gruñó Sukuna.

Suguru soltó un suspiro, le hizo una seña a Gojo y recibió un asentimiento. Necesitaban controlar a estos dos antes de que hicieran el problema más grande lo que ya era. Si bien ya era un desastre, quizá con suerte, un poco de dinero y un buen abogado logren salir ilesos del problema, aunque los oficiales de policía no se veían nada felices con lo que acaba de ocurrir, apenas pudieron reaccionar antes de que Ryomen y Fushiguro se les lanzarán encima como animales.

Sukuna apenas recibió uno que otro golpe que pudo cubrir a tiempo, pero Megumi recibió un puñetazo de lleno a la nariz, y la preocupación de Suguru solo creció cuando la hemorragia no se detenía.

Al joven herido tampoco parecía importarle demasiado, sin mencionar que sus movimientos bruscos para intentar soltarse solo hacían que la sangre siguiera brotando. Geto quería ayudarlo, ¿pero cómo ayudas a alguien que no quiere ser ayudado?

—De acuerdo Megumi, voy a soltarte solo si me prometes que ya no vas a golpear a nadie. Nada de puñetazos, ni patadas voladoras—. Fue un alivio saber que lo que dijo llamó la atención del chico.

Megumi se detuvo, giro levemente la cabeza y murmuró.

—¿Y si la patada no es voladora?—. ¿Eso que estaba haciendo Megumi eran ojos de cachorro? Suguru dejó de respirar por un momento, se quedó congelado en su lugar con el corazón latiendo a mil por hora.

Ah, mierda, que pena que tuviera las manos ocupadas, le gustaría tomar una foto ahora mismo. Suguru sacudió la cabeza, tosió levemente y negó con la cabeza.

Su voluntad estaba a punto de flaquear, cosa que casi nunca ocurre, quizá encontró una nueva debilidad.

—No. Nada de violencia física ni verbal.

Gracias a dios que Megumi dejó de hacer esos ojos para fruncir las cejas.

—¡¿Ni siquiera un insulto?! —preguntó con frustración.

—No —negó nuevamente. —El punto es que los oficiales se calmen para llegar a un acuerdo, no enojarlos más.

—Bueno, si ese es el caso no veo muy felices a los tipos que golpee hace cinco minutos.

—Por eso no vamos a continuar con más peleas.

—Suguru, deja de hablar en plural. Ni siquiera sé por qué ustedes dos siguen aquí —contestó Fushiguro.

—¿No es obvio? Estamos ayudando a un amigo —dijo Suguru.

Megumi resoplo, puso los ojos en blanco y soltó una risa antes de hablar de nuevo.

—No somos amigos...

—Auch, eso duele —Suguru no pudo evitar mencionar eso con sarcasmo. No sé desánimo en absoluto, más bien tuvo el efecto contrario, sonrió levemente imaginado que eso iba a cambiar algún día.

Y su sonrisa solo creció con lo que escucho después.

—Los amigos no se meten la lengua hasta la garganta, ni tampoco se tocan el trasero y se proponen matrimonio o una relación de cuatro.

—Cierto, tal vez podamos cambiar eso algún día. Sin embargo, juro voy a tener un ataque de ansiedad si tu nariz no deja de sangrar ahora mismo.

Qué buena forma de exigir una respuesta a su propuesta anterior. Megumi se tragó su orgullo, asintió y dejó que Suguru tratara de nariz.

—Bien, solo haz algo rápido y dile a Satoru que suelte a Sukuna.

Solo hizo falta una seña al albino para que este soltara al de cabello rosa. Se levantó del suelo y limpio el polvo inexistente de su ropa. Al mismo tiempo, se alejó del delincuente gruñón y se acercó a Suguru y Megumi con un pañuelo.

—Déjame ver, —Gojo obligó a Fushiguro a alzar el mentón con sus dedos, observó el desastre lleno de sangre en la cara del chico. Recibió un siseo cuando le rozo suavemente la nariz. —¿Duele mucho?

—Solo un poco, no es nada grave —respondió Megumi.

Satoru no estaba feliz con esa respuesta, claramente Megumi estaba mintiendo, incluso pudo ver algunas lágrimas inundar los ojos verdes cuando Suguru empezó a limpiar con el pañuelo la sangre que resbalaba de la nariz, pero las gotas de agua no cayeron, Megumi parpadeo varias veces antes de que lo hicieran.

Gojo seguía sin estar seguro, pero lo dejó en manos de Geto. Era el momento de intentar persuadir a los policías.

Megumi seguía inquieto, el dolor y el hecho de que estaba tratando de fingir que no le afectaba no era una buena idea, pero Suguru le ayudó a calmarse, trató su herida con sumo cuidado y pausaba su labor al sentir los estremecimientos involuntarios de su cuerpo, mientras Satoru hacia el intento de negociar con los oficiales de policía.

Pero, las cosas resultaron peor de lo que pensaron, ya que fue el propio Satoru quién terminó golpeado al mismo oficial que Fushiguro golpeó. Aparentemente, dijo algo que le molesto, puesto que el hombre no se detuvo con un solo un golpe.

Y después todo termino por salirse de control cuando Suguru trató de intervenir otra vez, y también acabo uniéndose a Satoru. Megumi estaba confundió para ese punto, qué gran forma de arreglar los problemas pensó para sí mismo, al mismo tiempo en el que guardaba el pañuelo que le dieron para detener su hemorragia, y aunque era poco practicó e hizo una promesa, también terminó uniéndose a ambos hombres.

Obviamente, la reacción en cadena tampoco se hizo esperar, Sukuna y Hajime se unieron mientras Nobara cuidaba de Hakari.

Al final por obvias razones terminaron en la cárcel todos juntos, incluso los oficiales a los que golpearon. Pero, Satoru terminó llamando a un abogado y en el proceso los liberaron a todos, desgraciadamente no pudieron ir a la universidad, ya que estuvieron al menos unas dos horas en la comisaría peleando para que los liberaran.

Sin embargo, Mei Mei resultó siendo extrañamente comprensiva al respecto y acabo fingiendo que nada pasó cuando le llevaron el vino al día siguiente. Tampoco fue tan malo porque Megumi y Nobara pudieron ir al concierto esa misma noche, después de todo lo que pasó finalmente cumplieron el sueño de conocer a Uta en persona. Y al terminar el día, Megumi recibió un extraño paquete de regalo enviado por personas anónimas.

Si Fushiguro y Kugisaki no hubieran estado casi muertos esa noche, las alarmas definitivamente se hubieran encendido, en especial porque el paquete contenía dos cartas en las que le deseaban un feliz cumpleaños a Megumi, y como regalo le enviaron mercancía limitada de la cantante de k-pop. Pero en ese momento eran las tres de la mañana.

No le tomaron importancia y terminaron yendo a la cama, no fue hasta el día siguiente en el que Megumi reviso todo el contenido del paquete, y un leve índice de preocupación se instaló en su pecho.

—Tal vez es un acosador —dijo Nobara, tomando entre sus manos un peluche bolita de Uta. Mientras veía a Fushiguro abrir el sobre de una de las cartas.

Ella estrujó levemente el peluche y sonrió. No podía negar que era adorable, pero realmente había algo raro. Al revisar más, descubrió que también había dulces exóticos en la caja, algunos bombones y un pequeño pastel demasiado empalagoso para el gusto de ambos.

—¿Por qué alguien se tomaría el tiempo de hacer eso? —murmuró Fushiguro.

Estaba seguro de que su vida no era interesante, literalmente solo dormía, comía, estudiaba y trabajaba por las tardes.

Megumi terminó por vaciar el contenido de la caja sobre su cama, reanudó la revisión de la carta, frunció el ceño cuando siguió leyendo el contenido.

—No lo sé, Megumi, pero hay personas con mucho tiempo libre, ¿sabes?—. Nobara se encogió de hombros mientras abría uno de los paquetes con paletas de colores. —Aun así, esto es realmente raro, ni siquiera sales de tu casa.

Ella le dio vuelta al dulce, las letras que venían detrás de la envoltura estaban en otro idioma, quizá el producto provenía de Tailandia por la extraña caligrafía.

—Exacto, entonces, ¿por qué me enviaron esto?

Nobara negó con la cabeza después de terminar con su inspección poco profunda al caramelo. Tiro la envoltura al suelo sin importarle donde caería, más tarde lo limpiará, cuando empiece a ayudar a Fushiguro con la remodelación de su habitación.

Por el color del dulce, Nobara podía decir que la paleta se veía poco apetitosa. El verde se asemejaba al color del vómito. Bueno, al menos tenía un par de puntos extra a favor por el rico olor. Pero apenas pudo saborearlo.

—¡Nobara, no te metas eso a la boca!—. Muy tarde, la chica ya tenía el caramelo en la boca. —¡Ni siquiera sabemos si tiene algo raro dentro!

Megumi se acercó rápidamente para quitarle el dulce a Kugisaki, ni bien se lo metió la boca, jalo la paleta por el palo y la tiro a la basura. Nobara apenas pudo reaccionar antes de perder el dulce.

Sin embargo, ella saboreó el sabor que se quedó en su lengua durante unos segundos, y antes de que empezara a quejarse se dio cuenta de otra cosa que la inquieto.

—Oh, vaya. —dijo, soltó un silbido y frunció los labios. —Ese loco de mierda incluso sabe que te gusta el jengibre, Megumi.

—Tal vez sea una equivocación del repartidor —respondió, haciendo el intento para darle una explicación.

Megumi no estaba seguro, pero estaba empezando a preocuparse de verdad, esto tampoco parecía una broma.

—¿Es en serio, Megumi? —preguntó Noabra, incrédula. Se dio la vuelta un segundo para tomar una de las cartas y extenderla, aclaró su garganta y leyó, haciendo una mala imitación de una voz masculina—. “Espero que este presente sea de tu agrado, escuche por ahí que te gusta esta idol, así que me tome la molestia de escoger y enviarte lo mejor que encontré como regalo de cumpleaños. Tampoco pretendo incomodarte con esto, solo quiero que este día sea especial para ti. Si hay algo que no es de tu agrado, en la caja hay una tarjeta de regalo con la que puedes cambiar y adquirir más productos de la tienda.

»Feliz cumpleaños, estoy seguro de que pronto volveremos a encontrarnos.”

« G. S

Para: Fushiguro Megumi. »

Nobara hizo un gesto hacia la carta, le dio la vuelta para mostrársela a Megumi; señaló especialmente el nombre remarcado en tinta negra con hermosa caligrafía.

Estaba de más decir que ninguno de los dos conocía a una persona con esas iniciales en su nombre; G. S.

—Literalmente tiene tu nombre —mencionó Nobara, al mismo tiempo agarró la carta que su amigo estaba leyendo hace un minuto para leerla también en voz alta.

Por otra parte, Megumi soltó un suspiro antes de arrebatarle de nuevo la carta a Nobara. Recibió una mirada confundida y contestó:

—Realmente no recomiendo que leas eso, Nobara —Megumi dobló el papel en cuatro antes de romperlo en varios pedazos y tirarlo a la basura.

Pensaba llevarse el secreto del contenido bizarro de la carta a la tumba, pero la cara llena molestia de Kugisaki lo hizo cambiar de opinión.

—Está lleno de información innecesaria y faltas horribles de ortografía, con un intento muy malo de porno redactado como si fuera poesía —explicó. Tenía sentido que no leyera la segunda carta creyendo que el contenido sería el mismo.

Vaya sorpresa al saber que no, quizá se trataba de dos personas diferentes y no de una sola. Lo extraño es que esa también tenía la misma firma.

Nobara hizo una mueca después de escuchar eso, no dijo nada, guardo sus palabras y continuó con la inspección de los regalos de Fushiguro. Por suerte comprobaron y se aseguraron de que las cosas que enviaron no tenían nada potencialmente peligroso.

Días después, el asunto de las cajas se quedó en el olvido. No recibieron nada luego de eso, y termino quedando como una anécdota extraña más que comentar cuando quieran revivir recuerdos de situaciones estúpidas, como la que ocurrió en el parque.

 

...

 

Ya habían pasado dos semanas en las que todo siguió transcurriendo con relativa tranquilidad, aunque la agitación de la universidad con los proyectos y los últimos exámenes seguían estando presente como de costumbre. Megumi casi había olvidado el segundo favor que Mei Mei le pidió, hasta que la mujer lo llevó a su oficina y le explicó el plan de estudios de los dos chicos a los que tenía que ayudar.

Le explicó que ambos tuvieron un pequeño retraso porque se ausentaron una semana por una enfermedad que casualmente los dos contrajeron al mismo tiempo, Mei dijo que podría ser por la cercanía de ambos, ya que eran como uña y mugre, también mencionó que cuando ambos estudiantes regresaron a Jujutsu Tech hicieron un escándalo —una pelea—, y terminaron siendo suspendidos, por ello se vio en la obligación de posponer los exámenes, ya que no podía dejarlos atrás —y también por qué le dieron dinero, aunque eso último no lo mencionó—.

Mientras la mujer seguía hablando sobre los detalles y los temas en los que los hombres necesitaban ayuda, acabaron llegaron a la biblioteca. Al llegar a la puerta, Mei Mei dijo que tenía que irse, pero que regresaría después de una hora para ver que tan bien le iba con los chicos.

Fushiguro estaba confundido, pero entró de todos modos a la biblioteca sin cuestionar más a la mujer. Por un momento pensó que no había nadie, el lugar estaba silencioso y ni siquiera había ruido, no obstante, cuando estaba por darse la vuelta e irse de ahí alcanzó a escuchar un par de risas y algunos murmullos. Provenía desde muy cerca.

Megumi camino a la derecha doblando una de las esquinas, ahí estaban ambos hombres; sin embargo, no fue hasta que se acercó más que los dos chicos dejaron de hablar para prestarle atención, y en ese momento Fushiguro reconoció los dos rostros familiares.

Abrió los ojos tanto como pudo, casi se le salen en el proceso. Los miró perplejo por unos segundos antes de que Suguru lo saludara y Satoru sonreirá. Megumi quería irse de ahí, correr lejos y decirle a Nobara que tenían que cambiar de universidad.

Su rostro se calentó de inmediato, miró al piso como si las baldosas fueran lo más interesante del mundo y evitó a toda costa el contacto visual.

No podía quedarse todo el día ahí parado como tonto, si quería irse tenía que ayudar a estos tipos hasta que Mei Mei regresará.

Megumi podría fingir sentirse mal y tomar como excusa irse al baño, pero era muy temprano para hacerlo, así que camino lentamente hasta quedar frente a la mesa.

Agarró un libro de la estantería más cercana y tomó asiento. Rápidamente, intentó cambiar de página hasta dar con uno de los temas que Mei mencionó, pero las páginas lisas resbalan de sus dedos con torpeza, culpa de nervios que hicieron que sus manos y dedos se llenarán de sudor.

Megumi no era bueno trabajando bajo presión, necesitaba tomarse su tiempo, y tampoco ayudaba que pudiera sentir la mirada intensa de ambos hombres en él. Para empeorar las cosas, Satoru le arrebato el libro y volvió a sonreír cuando Megumi lo miró molesto.

—¿Qué te pareció mi poética carta, Megumi-chan~? La escribí con mucho amor el día después de que nos conocimos.

¿Qué...?

G. S

Gojo Satoru.

¿Estas listo para una segunda ronda de besos, Megumi? —Suguru también se inició, haciendo una pregunta mientras con una sonrisa se pintaba sobre sus labios. 

G. S

Geto Suguru.

La comprensión finalmente golpeo a Megumi, fue cuestión de un par de minutos para armar las piezas de rompecabezas.

Demasiada gente entrando a la biblioteca sin ninguna explicación, Mei enterandose en el proceso y aceptando la propuesta sobre fingir que no pasó nada a cambio de una pequeña sesión de estudios extra para su sobrino y el hijo de un amigo, y para colmo, la casualidad con la que Satoru y Suguru salieron de la nada a ofrecer dinero, entonces las sospechas de Kugisaki eran correctas. Sin darse cuenta, sus cejas se fruncieron.

Hijos de su puta madr

 

_________

 

E xtra:

 

Nobara estaba empezando a preocuparse. Había pasado exactamente una hora y media desde que Megumi se había ido, ella no quería irse sola a casa, por lo que eligió esperar al chico en el salón de clases. Tanto los alumnos como los profesores se habían ido ya, ella seguía revisando la hora una y otra vez, el molesto tic tac del reloj que colgaba arriba del pizarrón estaba colmado su paciencia.

Nobara frunció el ceño y se levantó molesta del escritorio. Fushiguro dijo que estaría en la biblioteca, así que tendría que ir a buscarlo. Guardo el cuaderno en el que estaba dibujando garabatos para matar el tiempo, y empezó a encaminarse de mala gana a la puerta.

Sin embargo, no esperaba encontrar a Megumi parado en la puerta, respirando agitado como si acabara de correr un mataron. El chico sostenía su mochila con una sola mano mientras limpiaba su boca.

Nobara iba a preguntar qué sucedió, pero ver a Megumi suspirar con cansancio después de limpiar su boca la dejó sin habla. Y no precisamente por consideración, ya que su amigo se veía realmente cansado, pero eso era lo de menos, en realidad lo que la detuvo fue ver los hinchados y rojos que estaban los labios de Megumi, incluso tenía brillo labial esparcido desordenadamente por toda la boca.

¿Eso era brillo labial de cereza?

—Nobara, —dijo Megumi, —hoy comeremos algo que no sea una maldita sopa instantánea.

Notes:

>Ay, me dio algo escribiendo esto, en especial las escenas de los besos, pienso que quedo bien cursi y cliché, principalmente para Megumi, pero todo sea por escribir más GoFushi y SuguFushi. El mudo necesita más de ambos ships 🙏🛐.

Pero igual, que pena me dio escribir. Nunca había escrito nada suave, a lo mucho escribía un abracito o un besito antes de matar a alguien, y esto lo escribí sin asesinar a nadie en el proceso xd.

>Esto fue básicamente un Top de momentos que mantienen humilde a Fushiguro Megumi.

>KALSLDKDK no me di cuenta que de describí exactamente a los policías de latam xdd.

>Vi una foto de Hajime pelón y no puedo sacarmelo de la cabeza, necesitaba hacerle un cameo aquí jakshksjs.

>No estoy muy segura de si eso de hacer una abreviación de las cantidades de dinero se haga en otros lados, pero puede que no se haya entendió del todo. Al menos, a mi me enseñaron a hacerlo para prevenir robos, en caso de tener cantidades grandes de dinero como en este caso; doscientos cincuenta y dos mil quinientos, se puede prestar para la malentendidos la abreviación de los dos cincuenta, ya que Kashimo tampoco especifico.

En cualquiera de los casos, me hubiera gustado mostrar y contar más de los personajes y este universo alternativo, así que voy a dejar un comentario justo aquí en el que de datos que nadie pidió, solo para responder un par de incógnitas que deje sueltas sin resolver ¬¬°

Sé que llegó más tarde que la policía tercermundista de latinoamerica, pero, ¡Feliz cumpleaños Megumiii! Prro pixel te amo✨💕🤧. Ni si quiera para mi cumpleaños hago tanta mmda, pero todo sea por Gumi' 🛐🙏.

Y muchas gracias a quien quiera que haya leído esto después de saber que tiene 24k ❤️💞✨.