Chapter Text
¿Qué es lo que quieres? ¿Qué es aquello que tanto deseas, Hikigaya Hachiman? Ahora que ha llegado el momento de la verdad, ¿cuál es la decisión que vas a tomar?
… Te lo pregunto de otra manera, yo: ¿qué vas a hacer? ¿Qué es lo que quieres con ella? Entre ser un buen amigo que terminará siendo miserable o ser un amigo normal que hará que ustedes sean felices, ¿qué decidiste?
… No lo sé…
Desde que soy lo suficientemente consciente como para poder contestar, así sea mentalmente, a los demás, hubo pocas ocasiones en las que me quedé callado. Si, hubo ocasiones en las que me hicieron callar y otras ocasiones en las que lo que dije no fue lo correcto, pero si de algo podría tener el derecho a enorgullecerse, es que nunca fui renuente a enfrentar la situación.
Estar disconforme contaba, porque si eres capaz de rechazar lo que te están diciendo, entonces tienes la capacidad de formarte tus propias opiniones. Por eso, quizás, es que creí que era tan infalible, que mis estándares eran los correctos… y no, en realidad, los insuficientes.
—…
En estos momentos, no dejo de sentirme como el hombre más insuficiente en toda la historia humana. El más bajo de los bajos, aquel que merece un golpe en la entrepierna para intentar tener un mínimo de coraje que me haga actuar… Pero, pese a mis deseos, la realidad es que estoy quieto, esperando a que la situación se solucione por arte de magia, porque si.
—… Hikki…
De verdad… De verdad soy insuficiente. No he aprendido nada en todo estos años. No, al menos, lo suficiente para cambiar verdaderamente mi mundo. No el mundo, como soñó esa chica hace años, sino el mío. Aunque sea, lo que me importa y está a mi alcance.
—…
No pude decir nada. Esto era malo. Esto demostraba que, ya desde el comienzo, ella poseía una voluntad más clara de hacer avanzar la discusión. Como alguien con demasiadas ideas, con demasiados temores, en la cabeza, no pude evitar maldecir haber huido tanto de estos sentimientos que ya no sé cómo encararlos. Yuigahama ha sido mucho más activa en lo que quiere.
… No, desde el comienzo, ella no ha tenido dudas. La respuesta que obtuvo ahora es la misma respuesta que me habría dado hace un año, cuando nos graduamos de Sobu y esa tarde cuando me confesó sus sentimientos. Ella nunca, jamás, cambió o quiso ver otras cosas. Para ella, la única respuesta correcta es la que dicta su corazón.
Yuigahama Yui me ama. Hachiman, ten eso en cuenta con cada palabra que digas.
—… Jeje, sé que esta situación es un poco incómoda, pero no me gusta que tengas una cara tan preocupada, Hikki. Yo… yo no soy algo malo, ¿sabes? Soy tu Yuigahama Yui, tu querida amiga que te apoyó todo este tiempo y a quien le has dado un montón de felicidad a cambio. Nuestra relación no es de este estilo, es muy bonita. N-
—No…— Antes de que pudiera continuar y dejarme a merced de sus palabras, me esforcé en detenerla aunque mi cuerpo no quisiera. Mi voz, poderosa a la par que lamentable, logró que dejara de hablar. Tras unos segundos de un tenso silencio en el que ella esperó a que hablara, a que empezara a discutir, finalmente pude armar las palabras que siempre debí decir. —No, no es bonita… Desde hace años, desde más tiempo del que tengo derecho a verte siquiera, yo… te he usado. Nuestra relación nunca fue igualitaria.
—…
Yuigahama no dijo nada. Tampoco se ofendió especialmente ni puso unos ojos que demostrara cualquier atisbo de sentimiento. Para Yuigahama, lo que dije careció de impacto, como si no valiera la pena molestarse en ello… O como si, desde el comienzo, ella ya supiera que las cosas iban a terminar así hasta el punto en que, para ella, mis palabras son solo parte del guión que eventualmente la llevará a obtener lo que quiere. Un mero trámite.
Lo pude sentir, en el ambiente y en mi cuerpo… Yuigahama Yui no es una buena chica, y ahora, por primera vez en muchísimo tiempo, demuestra esa verdad hacia mí de una forma desagradable. No me mira como a su amigo o como el tipo del que está enamorada, sino como una persona que tiene algo que ella quiere y está dispuesta a negociar para tenerlo… A convencerme de darlo todo.
Me ve como… no sé cómo, pero siento que esta es la clase de cosas que pasan cuando ya no está el amor involucrado en esto, por más ridículo que suene. Cuando quieres algo de otra persona y no lo estás obteniendo, terminas por tratar el romance como algo que se puede negociar, controlar y obtener. Es una mercancía, un objeto de bienestar.
Es… no diría que es bonito, pero tampoco diría que sea algo malo. Más allá de las diferencias en la situación, me recuerda a cuando mis tíos paternos estuvieron hablando largo y tendido sobre si valía la pena continuar la relación, los beneficios o desventajas de mantener su relación. Una charla sincera, si, pero que carecía totalmente de emoción y en su lugar era una lógica robótica, inhumana.
Que llegaramos a ese punto, con ella queriendo debatir seriamente sobre nuestra relación, debería alegrarme… pero…
—Al final mi tía logró convencer a mi tío de que su relación todavía podía salvarse, y él nunca volvió a engañarla. Y de hecho, están más unidos que nunca… Y desde el inicio de los tiempos, los hombre Hikigaya nunca han podido ganar una discusión con las mujeres de sus vidas. Es nuestra maldición.
Por mucho que quiera decir que las cosas no son lo mismo, que yo no he engañado a Yuigahama y que no estamos en una relación… cuando pienso en la razón por la que la mecha se encendió hasta quemar todo este edificio, una parte de mí, la estúpida pero emocional, no puede evitar preguntarse si interactuar con Hoshino Ai a espaldas de Yuigahama no podría ser considerado, bajo una mirada retorcida, como engañarla.
Pensar en esas cosas no me tranquilizan, pero son necesarias. Después de todo, el tema de Ai será tocado… Y también el de…
…
—… Todo este tiempo yo… yo he abusado de tu amabilidad. Y si, sé que no te gusta que te considere una chica amable, que sientes que estoy intentando etiquetarte con algo que no es bueno, pero por más que quieras negarlo, no hay otra manera de decirlo.
—…
Yuigahama me miró. Solamente me miró.
—Fuiste amable, tuviste un montón de empatía y te… te quisiste hacer cargo de un perdedor que estaba hecho un desastre. Uno que… te rechazó… Que… que, a pesar de que no quiso estar contigo, me volví tan lamentable que… que tú te sentiste obligada a estar conmigo…
Quería decir algo más, dejar más claros mis sentimientos, tratar de que solo esto fuera suficiente para que ella viera que tengo razón… pero en todo este tiempo en que yo intenté abrirme y contar mis pensamientos más oscuros, de los que nunca me atreví a decir en voz alta… ella siguió mirándome con calma. Estaba… fría, por así decirlo, como si, de nuevo, esto ya estuviera previsto en sus planes.
Una sensación extraña, de vergüenza, comenzó a invadirme. No pude evitar preguntarme hasta qué punto mis pensamientos internos eran, de hecho, internos. Me preguntaba hasta qué punto Yuigahama me conocía de verdad… y cómo, de alguna manera, eso no hizo que dejara de amarme.
¿Es orgullo? ¿Es añoranza por una posibilidad que no pudo ser? ¿Es envidia porque otra chica tuvo lo que ella quería? ¿Es odio hacia sí misma, creyendo que no es merecedora de algo mejor? Hay tantas posibilidades y ninguna me convence del todo, pero tengo que seguir buscando.
Porque cuando ella abrió la boca y yo callé, supe que, sea la realidad o no lo que creo, necesito estar seguro de ello si quiero convencerla.
—De verdad aprecio que pienses tan bien de mí, Hikki.—Una sonrisa ligera fue todo lo que necesitó ella para dejarme en total silencio, con todo mi ser pensando solo en ella, en esa sonrisa que ocultaba sentimientos no por querer mentir… —Que pienses que soy tan buena que me tragaría mi enojo, mi frustración y mi dolor para ayudar a una persona herida, a pesar de que esa persona me hirió, me enternece el corazón, Hikki. Me alegra que creas que soy capaz de algo así.
—…
No dije nada. No pude decir nada. Jamás me podría atrever a decir nada. Lo único que pude hacer fue mirarla, admirarla y pensar en que, finalmente, estaba enfrentándome a algo de lo que se siempre he huido, de lo que siempre he escondido bajo una capa de normalidad, de simple amistad.
Pero no era algo tan sencillo como la amistad. Nunca lo fue.
—Pero… no soy tan buena, ¿sabes?— Su sonrisa se esfumó y ahora sus ojos me miraban no con neutralidad, sino con un sentimiento tan poderoso pero inentendible que no me quedo otra que tragar saliva. —Nunca he sido tan buena. Siempre, siempre, siempre me han tachado de ser una muy buena persona, de siempre ayudar a los demás en lugar de a mí misma… ¿Y sabes? Por mucho tiempo, eso fue verdad. Me forcé a que eso sea verdad.
Lentamente, muy lentamente, ella empezó a acercarse a mí. Yo no pude retroceder, estaba congelado. Sus ojos, siempre brillosos, lo seguían siendo, solo que ahora mostraban cosas que siempre se ha ocultado. Yuigahama Yui siempre sonríe, siempre es feliz y está satisfecha con todo… esa es la imagen que siempre han dado sus ojos, hasta ahora.
Insatisfacción: solo… solo así puedo describir el tipo de mirada que me está dando.
—Yu-
—Pero aprendí a dejar de mentirme a mí misma, a ser infeliz para que los demás sean felices. Ustedes dos, a pesar de que siempre me vieron como la tercera rueda en su relación, me ayudaron a ser más honesta conmigo misma. Gracias a ustedes, a lo increíbles que fueron, pude entender que si quieres ser feliz, tienes que tomar acción. Tienes que ser egoísta.
Viéndola desde arriba, ella no dejó de mirarme mientras se acercaba lentamente hacia mí, como una depredadora que está analizando a su presa antes de, inevitablemente, atacarla hasta que solo queden los huesos. Pese al sudor frío que me recorría la frente y el cuello, no fui capaz de hacer otra cosa que mirarla aún a pesar de que sabía que esto solo le daba más valentía.
Yuigahama Yui, si hasta ahora fue capaz de ocultar todo esto, de mentir sobre que todo estaba bien entre nosotros y que la relación que teníamos, que cómo estábamos yendo en nuestras vida… fue porque ella tuvo miedo… Ella tenía miedo de que yo… yo huyera, me fuera de su vida, que todas mis ideas sobre nuestra relación acabaran en acciones. Que yo fuera algo más que palabras.
… Pero no lo soy. No soy más que palabras. Nunca he tenido el valor de cortar la posibilidad de que pudiéramos ser algo y de hecho tampoco oculté que esa idea comenzaba a ser cada vez más fuerte con cada día que pasábamos conviviendo, mintiendonos sobre la normalidad de nuestro vínculo.
Pero ella se contentó con jugar el juego largo aún cuando pudo haber actuado hace mucho, seguramente porque me quiere lo suficiente para querer que esté cómodo, y porque ella deseaba que Yukinoshita dejara de ser una herida en mi corazón para empezar una relación sin estas complicaciones.
… Pero al final eso no…
—…
—Por eso, Hikki, aunque aprecio que me veas de tan buena forma y esté feliz de que creas que soy capaz de eso… te equivocas— Una vez que llegó a estar frente a mí, se agachó como si fuera algo mundano hasta que nuestras caras estuvieron de nuevo a la mism altura. —Todo lo que hice por ti, ayudarte a salir del pozo, apoyarte en todo momento, seguirte a este lugar y mantener esta relación: nada de eso fue porque soy amable… Nada de eso fue por ti.
—…
Sus ojos siempre han sido expresivos, siempre: Yuigahama es el tipo de chica que no teme en mostrar sus emociones al mundo, porque confía en que el mundo nunca la rechazará. Es segura de sí misma, al menos en lo que respecta a quién es ella… pero es por eso que me golpea más fuerte lo que estoy viendo ahora.
—Sino por mí.
Porque al fin entiendo cuál es la diferencia entre demostrar todos tus sentimientos y que esos sentimientos sean honestos.
Yuigahama Yui está siendo genuina. Alcanzó la determinación que siempre soñé tener pero que siempre me faltó. Así, sin embargo, esto demostraba nuevamente que Yuigahama Yui siempre estuvo por delante de mí sobre saber qué es lo que realmente quieres… y que todo este tiempo, yo solo he perdido tiempo en mi mediocridad.
—…
El ambiente se volvió denso a más no poder, pero, extrañamente, ahora mismo, con esos ojos genuinos mirándome tan de cerca, me doy cuenta de que este ambiente, si bien es pesado… no es malicioso. No es odioso. Si tuviera que definir qué clase de presión era esta, darle una forma… lo único que me podría ocurrir es la de un… un abrazo.
Un equivocado y pesado abrazo… pero un abrazo, al fin y al cabo.
—Todo lo que hice… todo… todo fue por mí, Hikki. Lo hice por mi propio bien.
En esos ojos, más allá de sentimientos negativos, hay amor. Un férreo amor que sobrevivió a toda esta amalgama de desgracias que debería haber terminado con ella odiándome a más no poder… pero no fue así. De hecho, ese amor no solo no cambió nada tras tantos años, sino que se hizo más maduro.
Sabe de los males que hay sobre este amor, y aún así elige desearlo.
—… Yuigahama…
—Sé muy bien qué tipo de pensamientos te vienen a la mente, Hikki.— Dejando de lado ese amor, ocultándolo, ella mostró unos ojos mucho más críticos, dirigidos no solo hacia mí, sino… más allá. —Lo que piensan los tres…
—Eh…
No pude decir nada mínimamente inteligente, asombrado de que Yuigahama fuera tan directa como para nombrar a sus amigas de repente y de una forma casi despectiva, algo impropio de ella. Alejando su cara de mí, ella enmascaró sus verdaderos sentimientos en una aparente cordialidad empática, aunque fue evidente que solo lo hizo para tranquilizarme lo suficiente para seguir la conversación.
—Entiendo por qué piensan de esa forma. No los puedo culpar. Los conozco demasiado como para saber que solo tienen las mejores intenciones conmigo, que quieren salvarme de este error, ayudarme a ser más feliz, a dejar ir el pasado.— Con cada palabra dicha, sus cejas se arrugaban y su labio temblaba. Pese a mantener el control, Yuigahama se sentía furiosa por todo lo que decía.
No la refuté. No porque no tuviera el valor esta vez, sino porque nada de lo que dice es erroneo, al menos a mis ojos. No tiene sentido refutar lo que creo ni tampoco esconder la mano con la que tiré esta piedra. Las consecuencias de mis actos, pasados y presentes, la debo asumir.
—Pero, con todo el amor que siento hacia todos ustedes… ¿no se han parado a pensar en cómo me hace sentir esto? ¿No se han puesto a pensar de que lo peor que pueden hacerme es que renuncie a este amor?
—Lo… ¿Lo peor?
Lo peor… Imaginar que hacerla entender que nuestra relación parte de un punto podrido del que nunca nos podremos recuperar y que lo mejor para ella es seguir avanzando hacia algo mejor es… es irrisorio de imaginar. Francamente, pensar en eso como una posibilidad no se me cruzó por la cabeza en ningún momento.
¿Rechazar este amor sería doloroso? Claro que sí. ¿Podría separar nuestros caminos de una forma definitiva, y con ello muy seguramente fragmentar las relaciones que hemos construido con los demás? Tristemente, eso pasará con total seguridad. ¿Que, incluso si rechazamos este amor y cada quien está satisfecho con lo que logró en su vida, podríamos mirar atrás y sentir que las cosas pudieron hacerse de una mejor manera? … Puede pasar.
Pero nada de eso la vuelve la peor opción. Yo… de verdad no entiendo.
—Hikki, no te culpo por no pensar en eso, pero tienes que entender una cosa— El momento de debilidad visto en los ojos de Yuigahama se desvaneció tan rápido como vino. —Tú eres muy importante para mí, de formas que no alcanzas a entender ni tú, ni nadie. Y no es solo romance… Hikki, tú eres la prueba que necesito para dejar de sentirme como la tercera rueda.
—¡!
Abrí los ojos con fuerza y mi corazón se saltó un latido. Yuigahama, riéndose de forma sarcástica ante mi reacción, a continuación me mostró una sonrisa que evocaba muchos sentimientos negativos… no hacia mí, sino hacia sí misma. Tras un par de segundos de estancamiento en esta escena incómoda, como si a Yuigahama también sufriera por todo esto, ella habló.
—Toda mi vida, siempre fui la acompañante. No importa cómo y de qué forma, siempre me quedé a la sombra de los demás. Nunca pude sentirme como la protagonista de mi propia vida.— Pese a decir todo aquello con aparente normalidad, pude captar el ligero temblor en la voz de Yuigahama y de cómo sus ojos brillaban ligeramente más de lo normal. —Pero tampoco podía enojarme con los demás, ¿sabes? Porque yo fui la que siempre permitió que esto ocurriera. A pesar de que me dolía, nunca dijo nada y dejé que los demás fueran felices. Yo… acepté ser la sombra, la tercera rueda.
—… Eso es…
Aunque no viviera lo mismo que ella por obvios motivos, yo… puedo empatizar con ese sentimiento. Si bien nunca me rodeé de gente por la que tuviera que agachar la cabeza para que me dejaran estar a su lado mientras eran felices, sí que entiendo lo que es que no tomen tus sentimientos en cuenta. Sentirse como algoo sobrante, que no tiene el mismo valor que el resto es… es un sentimiento muy doloroso, la verdad.
—Es horrible, ¿verdad? Sí que lo fue.— Reaccionando ante la expresión que le estaba dando, Yuigahama se recompuso rápidamente y continuó con una mejor máscara de fortaleza. —Pasé mi infancia, mi pre-adolescencia y casi toda mi adolescencia siendo Yuigahama Yui, la que te acompaña con una sonrisa. Nunca demostré cómo me sentía, y por eso todos pudieron ser felices. Yo fui feliz, en parte… pero quería más. Quería… tener algo mío, ¿sabes?
—¿Algo tuyo?
Asintió.
—Quería tener algo que yo quisiera, incluso si los demás no estaban de acuerdo o alguien más lo quería. Quería tener algo que fuera mío, que fuera genuino, cualquier cosa.— Por un segundo, los ojos que me miraban con aparente fuerza se ablandaron y el amague de una sonrisa hizo acto de presencia.
No duró nada, por supuesto. Puede que incluso me lo haya imaginado.
—No quería ser totalmente egoísta. Aunque fuera doloroso tener que agachar la cabeza todo el tiempo, si era para hacer felices a las personas que quiero, ¿qué había de malo? Y sé que ellos harían lo mismo por mí… porque lo hacen.— Lo último que dijo, esas tres palabras finales, tuvieron un peso emocional distinto. —Yo… yo sabía, incluso desde muy chica, que la gente miente para que los demás se sientan cómodos.
Había un poco de dolor, pero era principalmente resignación. Era aceptar cosas de la realidad que son como son y que no puedes cambiar.
—…
Si… La gente lo hace. Siempre lo ha hecho y siempre lo hará. Lo genuino es así de imposible, porque la verdad siempre es mucho más dolorosa que las mentiras. En el amor, las… las mentiras terminan siendo algo a lo que tienes que recurrir, te guste o no.
… Y puede que yo no sea la excepción.
—Por eso nunca dije nada. Acepté mis sentimientos negativos y los escondí. Creí que era mejor así, que la felicidad de todos era más importante que la mía, y que algún día esto me iba a dejar de afectar. Y puede que las cosas hubieran ido de esa manera… pero…— Sus siguientes palabras enfriaron totalmente el ambiente. —… fue gracias a ustedes dos que me di cuenta de que esa no era la manera.
—Nosotros… dos…
Dije esas dos palabras sin que mi cuerpo sintiera nada, totalmente congelado por la sinceridad con la que Yuigahama se está expresando. Por supuesto, cosas de este estilo ya me las ha dicho y no todo lo que está diciendo ahora es nuevo… pero la forma en que lo dice, el contexto y lo que quiere conseguir, cambia totalmente el significado.
Esto no es una simple confesión de un psicólogo ni una charla profunda que tendrías con un ser querido… Lo que estoy viendo ahora mismo es…
—Ustedes dos fueron increíbles. Me hicieron ver tanto y aprendí tanto. Sin ustedes, sin… sin que me hubieran dejado formar parte de lo que se formó entre ustedes, yo… probablemente no habría tenido la fuerza para estar en Tokio, sin mi mamá, sin Sable, sin el lugar en el que pasé toda mi vida. Si no fuera por todo lo que viví con ustedes y me enseñaron, nunca habría tenido el valor de seguirte, Hikki.
Finalmente ya no pudo mantener su actitud seria e intimidante, volviendo a ser la Yuigahama Yui que siempre ha estado conmigo: emocional, pasional, ocurrente y siempre queriendo estar a la altura de todos aunque no entienda algunas cosas. La emoción en su voz, sus ojos brillosos y que sus manos temblaran leve pero notoriamente eran un espectáculo que me rompía el corazón.
Yo… Yo provoqué esto. Es… es mi culpa.
—… Eso… Eso es cierto, pero… No tod-
—Y lo más importante que me enseñaron, lo que siempre llevaré conmigo, incluso si soy una anciana que no puede ir a la tienda sin un bastón, es a tener coraje.— Sus labios tenían una emoción difícil de describir: era una mezcla distorsionada entre nostalgia, felicidad y dolor, una cosa que no tenía idea de cómo responder. —Si quiero algo lo suficiente, si soy genuina en lo que quiero, ¡está bien que lo tome! Si todos tienen derecho a buscar la felicidad, eso me incluye a mí. ¡Yukinon y Hikki son iguales que yo! ¡Ambos tenemos el mismo derecho, así que yo también puedo intentarlo!
Tras decir eso, ella rápidamente se acercó a mí y, sin esperar que me pudiera negar, ella agarró mis manos sudadas y las juntó con sus manos aún más sudadas. Levantándolas en miedo de nosotros, como un puente que separaba ambos mundos, Yuigahama estaba tan emocionada que no le importó estar con las rodillas en el piso. No le importaba ser el hombre de la relación.
Y viendo mi desempeño, no la culpo. No la culpo en lo absoluto, mierda.
Ignorando mis sentimientos dispersos, Yuigahama esbozó una sonrisa alegre que no llegaba a sus ojos.
—¡Por eso que estemos juntos no es algo malo, Hikki! ¡Tú eres lo que necesité para crecer como persona! ¡Si no hubiera tenido el valor de declararme y de seguir intentándolo, sería una chica muy, muy infeliz! ¡Todos nuestros amigos no lo serían! ¡Yumiko, Hina y yo no tendríamos lo que tenemos ahora! ¡No estaría tan feliz aquí, en la capital, emocionada por mi futuro!
Había algo oscuro detrás de esta aparente confesión de amor sonriente. En esos ojos, definitivamente veo un sentimiento con el que estoy muy acostumbrado.
—…
No respondí, como vengo haciendo hace ya bastante, pero ahora no es porque estoy abrumado. Mi mente, finalmente, se calmó lo suficiente para empezar a actuar. Aunque ella siguió hablando, yo ya no podía escucharla, demasiado concentrado en esos sentimientos oscuros en sus ojos demasiado expresivos.
Lentamente, una declaración comenzaba a formarse en mi mente. Yuigahama Yui, casi como presintiendo aquello, habló con aún más emoción mientras sus manos se presionaban fuertes contra las mías, como si ella temiera que eso fuera algo que vaya a romperse.
—Por eso… Por eso mis sentimientos no son un error, Hikki. ¡Todo esto es parte de ser una mejor persona! ¡Esta ES la manera en la que puedes ayudarme!— No sé qué mirada le están dando mis ojos, pero ellos hicieron que, por más que el agarre de Yuigahama se mantuvo igual de fuerte, su voz perdió fuerza. —Yo… Puede que yo tenga cosas que mejorar. Es verdad que estoy siendo muy celosa. ¡Esto está mal! ¡Lo sé!... Pero… pero yo ya no…
Lo que quiso decir a continuación se le quedó atascado en la garganta. Probablemente… probablemente iba a hablar de Ai-san, si. Iba a meter finalmente el desencadenante de toda esta tragedia. Quizás por eso, una parte de mí, empezó a sentirse menos envalentonada, menos capaz de continuar con esto.
Una parte de mí empezó a pensar que, en realidad, lo mejor era simplemente dejar que las cosas volvieran a la normalidad, que es mejor mantener este vínculo que tanto parece querer Yuigahama y con el que yo no me siento tan capaz de enfrentar esta vida sin él. Pensé también Miura y Ebina, de chicas que me han ayudado más de lo que me siento cómodo a sentirme parte de esta ciudad.
Pensé en lo que podía perder si seguía con eso…
—… Yuiga-No… Yui…
Sin querer separarme de ella, destruí una de las reglas tácitas que siempre hemos tenido desde que volvimos a ser amigos y agarré sus manos. No las solté ni tampoco las desprecié: las junté con las mías, no con molestia, miedo o algo malo… sino con amor. Con un cariño que me hacía temer que en cualquier momento se fuera a romper.
Yui parece que se va a romper. Por esto, y por todo lo que ha tenido que aguantar.
—H-Hikki… Yo…
Intentó hablar, decirme cualquier cosa que le devolviera el ímpetu, pero por más que lo intentaba, no lograba conjugar ninguna oración o el intento de una. No iba a llorar: entendía bien que ella no iba a llorar, pero aun así, verla en ese estado me afectó como si estuviera llorando. Intentando ser amable, cariñoso y todo lo que ella se merece… empezó mi turno para hablar.
—Agradezco tus sentimientos… De verdad, de verdad los agradezco.— Sentí que, mientras nos mirabamos, el peso de todo lo que vivimos juntos era lo que permitía que no nos deshicieramos en una amalgama sin sentido. Ninguno de los dos tenía fuerzas suficientes, pero juntos lográbamos mantenernos de pie. —Yui… Todo lo que quiero, todo lo que te diré, viene desde el agradecimiento y el amor. De ninguna manera quiero herirte o que sufras. Por favor, no pienses tan mal de mí.
—A-Aah… Eso no…
No supo qué decir, pero era obvio que ella estaba muy dudosa sobre todo esto, temerosa de mis palabras y de darme la razón. Yui tiene miedo de dejarme hablar… de que, tal vez, puedo convencerla, así que por eso está empezando a lagrimear.
… Pero aún así, aún a pesar de que se está volviendo en un desastre inimaginable, ella nunca dejó de mirarme. Sus ojos, llorosos y cada vez más rojos, buscaban encontrar algo en los míos, ver si había algo mínimamente que nos conectara como ella quiere que estemos conectados.
No supe saber qué es lo que estaba viendo, pero cuando cerró lentamente los ojos e intentó calmarse con respiraciones profundas, supe que, por lo menos, me cedió la palabra. Asintiendo al mismo tiempo en que sus ojos se abrían, más aterrados y tristes pero con un ligero halo de esperanza, comencé a intentar explicar… todo.
—Yui… Tú eres muy importante para mí, de formas que nadie más lo ha sido.— Un golpe fugaz a mi memoria con toda la gente que he conocido me lo confirmó. —Mis padres se esforzaron mucho a su manera, pero no fue de la manera que me habría gustado. Komachi siempre estuvo ahí para mí, pero siempre supe que fue solo porque éramos familia: nos unía la sangre y el apellido, por lo que, ya que estábamos obligados a estar juntos por muchos años, había que llevarnos bien, ¿no crees?
Decir esas cosas sobre mi relación con Komachi es un poco doloroso. Claro que tengo razón y es algo que llevo asimilando desde hace bastante, especialmente ahora que ya no vivimos juntos… pero pensarlo en lo más profundo de mí y decirlo en voz alta, sobre todo a la persona más cercana de mi vida fuera de mi familia (y puede que incluso entre ella) es… es duro.
—Hikki…
Yuigahama se vio conmovida, y eso fue todo lo que necesité para dejar de lado esos sentimentalismos que no quiero comentar ni con la psicóloga y seguí.
—Y fuera de mi familia, no hay nada que te pueda hacer competencia.— Me reí un poco al imaginar la reacción de las personas a las que hice referencia, demasiado metido en mis emociones para mantener la compostura. —Hayama y yo nunca tuvimos el mismo tipo de cercanía que con el resto. Isshiki, aunque a ella no le guste que se lo diga, es como otra hermana menor más. Kawasaki es como una compañera de armas: no podemos tener ese tipo de cercanía porque no somos así. Y Tobe es demasiado Tobe para que podamos tener esta clase de charla.
Por supuesto que no era tan sencillo. Se puede discutir si la cercanía que tenía con Hayama, las que nos hacía chocar ideológicamente, era una cercanía igual de valiosa que aquello que te hace feliz. También se puede tener un debate en si Kawasaki e Isshiki, chicas alejadas de todo este calvario emocional pero, al mismo tiempo, demasiado apegadas a mí, lo que daba como resultado relaciones en las que ninguno de nosotros idealizaba al otro, era algo igual o mejor a la idealización que tiene Yui sobre este vínculo.
Que tengo yo con este vínculo…
—Y… y si hablo de ella… Si hablo de Yukinoshita… a diferencia de ese vínculo, nosotros tenemos la oportunidad de cerrar nuestra historia de buena manera, de haber compartido muchísimas más experiencias en varios años que en solo uno. En este punto, tú no eres la tercera rueda. No eres una rueda… Eres Yui, la chica que tanto me ayudo y que tanto quiero. No hay manera de que seas prescindible o una opción de descarte. Ya superaste hace muchísimo ese nivel, Yui.
Pero aun así… No, precisamente porque es así, el que considere a nuestra relación como la más valiosa es toda la prueba que necesito para saber que es verdad. Apretando con más fuerzas sus manos, quise que mi resolución le llegara al corazón, que entendiera que no hablaba para tranquilizar o porque la estuviera manipulando, sino porque son mis sentimientos más genuinos.
—Eso… ¡Eso es…!
Yui era un caos entre la tristeza y la vergüenza. El sonrojo que hasta hace poco era solo de sentimientos negativos ahora cargaba tras de sí algo muchísimo más vergonzoso pero definitivamente más feliz. Yo mismo empecé a sentir mi cara caliente, siendo dolorosamente consciente de que ahora mismo esto era más romántico que una simple declaración de amor. Si cualquiera de nuestros amigos nos viera, sería sin duda…
…
Con esfuerzo, logré controlar mis sentimientos. No los negué ni tampoco busqué ocultarlos, sino que me enfoqué en concentrarlos en lo que sí importaba, que era el bienestar de Yui. Una vez hecho eso, y con un dolor pesado en mi corazón, en todo lo que ella significa para mí… destruí lo que podía ser perfectamente el inicio de algo hermoso.
De algo manchado, pero hermoso.
—Yui… Yo entiendo lo importante que es perseguir lo que quieres, de querer ser feliz. Yo… no viví lo mismo que tú, y definitivamente no lo viví tanto tiempo, pero aun así, como alguien que también quiso amar pero no pudo, te… te entiendo. De verdad que sí.— Mis ojos se achicaron un poco, por el peso de lo que iba a decir. —Y nada me haría más feliz que cumplirte ese sueño. Y… vivir ese sueño contigo.
—¡!
Decir eso frente a ella… No, decir eso bajo cualquier concepto, incluso el de mi voz interna, es demasiado arrogante y asqueroso. Admitir que, tras todo lo que hemos vivido, Yui logró al fin penetrar mis defensas lo suficiente como para aceptar que estoy, así sea un poco, enamorado de ella, es el colmo de la desfachatez. Me sentía como basura, como la peor escoria en la tierra y no podía quitarme la sensación de que había caído aún más bajo que cuando me encerré en mi mundo en el tercer año por un simple rechazo amoroso.
Admito que no es al mismo grado que con Yukinoshita por motivos meramente del paso del tiempo, de que el amor que puedo sentir siendo adolescente y ahora un joven universitario que ya vivió un montón de rechazos, sobre todo uno que se sintió genuino, no algo de lo que te olvidarías en dos… semanas. He crecido, por lo menos, sobre lo que dejo que mis emociones afecten mi juicio.
Me afectan aún hoy: creo que es obvio, dado todo esto, pero finalmente puedo avanzar, seguir adelante. Puedo avanzar hacia algo nuevo, una nueva etapa en mi vida… Y es por eso que tengo que detener esto.
—… Pero, Yui… Sabes muy bien que no te elegí.
—… E-Eh… A-Ah…
No se sorprendió tanto como cuando confesé mis sentimientos, quizás porque, desde el comienzo, ella ya sabía ese hecho. Si ella tuvo el amor suficiente para insistir en tener una relación conmigo incluso a pesar de tener siempre presente que yo no la elegí, entonces… con más razón tengo que detener esto. Tengo que salvarla, impedir que ella siga cometiendo esta locura.
Y para eso, tengo que ser lógico. Tengo que dejar de lado mis emociones, lo mucho que amo a Yui, para actuar de la mejor manera posible como un monstruo lógico. Yo… yo tengo que desechar estos sentimientos.
—Yo te quería, siempre te quise… pero no de esa forma.— Me reí un poco al decir esto, demasiado nervioso, tanto que algo en mí se rompió por toda la incomodidad que sentía al decir esto. Verla a los ojos mientras decía esto era tan, tan difícil. —De hecho, yo… yo me sentía incómodo contigo. A diferencia de… ella, nuestra relación era tensa, porque yo no sabía cómo manejar tus sentimientos. Yo… puede que nunca quisiera manejar tus sentimientos.
Ya no pude mantener la mirada en sus ojos y bajé la cabeza, avergonzado de mí mismo, tanto por mi bajeza como la falta de fuerza para mantener el acto hasta el final. Quizás por eso, en lugar de enojarse o ponerse a llorar, Yuigahama intentó, inútilmente, comunicarse conmigo, tranquilizarme, y tranquilizarse a ella en el proceso.
—Ah… Hikki, y-yo…
… Repitió eso tres veces, siempre deteniéndose en el mismo punto, hasta que simplemente… se calló. Yo también me quedé callado, mirando hacia abajo, hacia sus piernas. Reconocí tenuemente que esto era algo que es demasiado íntimo y casi pervertido, pero era imposible que pudiera sentirme así. Esto no era un momento de intimidad convencional.
Yo me estoy asegurando, de hecho, de que este momento de intimidad se convierta en el peor recuerdo posible, de esos que, incluso tras décadas, siga generando una sensación de incomodidad. Yo… yo me estoy asegurando de que todo esto se pervierta en un recuerdo que querré olvidar… y que, por muy triste que suene, llegará el día en que lo consiga.
Yo… yo estoy destruyendo esta relación. Yo… yo estoy…
…
—Para mí, tú siempre fuiste una chica con la que me costó tratar. Yo… yo te quise, te aprecié como alguien importante en mi vida, pero… pero, pero no al mismo nivel que tú.— Mi voz comenzaba a ser difícil de mantenerse en un tono correcto, que inspire seguridad, pero aun así hice mi mejor esfuerzo… A diferencia de muchísimas otras veces, aquí sí quiero dar mi mejor esfuerzo.
Tengo qué… Tengo qué hacerlo.
—H-Hikki… D-Decir eso e-
La interrumpí. Tenía qué.
—No pude corresponderte jamás. Yo amaba más a Yukinoshita.— Mis manos comenzaban a sentirse más débiles, volviendo la simple tarea de mantener mis manos unidas a Yui más complicada… Y de hecho, la fuerza con la que antes me sostenía Yui ya no está. Es… es cada vez menor. —No… No, eso no es cierto. Yo te amaba, te amo… pero no de la misma forma que Yukinoshita. Yo… yo solo amé a una chica. Solo a una.
—¡Hikki!
La desesperación era palpable en su voz, pero empecé… empecé a notar algo más en ella. Algo oscuro, si… pero otro tipo de oscuridad. No venía de un exceso de dependencia o amor, sino… sino de una negatividad mucho más normal, esperable, sobre todo cuando se trata de Hikigaya Hachiman.
Sobre todo cuando se trata del chico que te rechazó y que siempre te vio como la tercera rueda.
—Yo nunca te pude amar de la misma manera que tú lo haces. Yo nunca… nunca pude corresponderte, Yui…— En un punto, sin que me diera cuenta, mis manos empezaron a caer hacia abajo, sin que yo supiera si fue por mi falta de fuerza o por el aumento de fuerza en Yui… —No… Yuigahama. Yo… yo nunca me atreví a llamarte por tu nombre. Te usé y te usé, pero sin comprometerme realmente. Soy lo peor.
Eso finalmente pareció romper algo. Sentí que algo cambió, que algo finalmente se desbordó.
—¡Hikki! ¡¿Cómo puedes decir algo tan cruel?!
Yui… Yuigahama me gritó, pero… pero… yo no pude mirarla de vuelta. Yo seguí mirando hacia abajo, sin atreverme a encarar el enojo de Yuigahama. Un enojo que, a diferencia de todos los anteriores, en donde surgía de la preocupación hacia mí, este… este provenía de un enojo genuino, negativo.
Nunca… nunca pasó, en todos los años que llevamos juntos.
Eso… Eso es…
—… Porque soy una basura. Porque… porque nunca te merecí.
—…
—Yo… Desde el comienzo, desde que te conocí, supe que tú y yo no éramos compatibles. Por un tiempo, creí que era solo cuestión de personalidad, pero… realmente, somos demasiado distintos. Yo…
—… Hikki.
El enojo de Yuigahama se esfumó: porque es demasiado amable, porque es demasiado empática y porque… porque por mi culpa, la terminé haciendo preocupar en exceso por una lacra como yo.
—Yo… yo te retuve, incluso cuando no te merecía, incluso cuando yo te rechacé por otra chica. Ella no aceptó mis sentimientos por una excusa endeble y yo… yo me derrumbé.— En un punto, una sensación pesada de vértigo comenzó a nublar mi visión. Me sentía demasiado mareado de tanto… de todo. —Yo desistí de mantener todas las enseñanzas que aprendí, y por eso tuve que ser arrastrado como un inválido por todos ustedes… Pero especialmente contigo.
Pensar en todo lo malo que hice, en todos los errores que cometí por culpa de mis errores, por derrumbarme porque una persona rechazó todo lo que aprendí, ignorando a todas las demás que me validaron. Todas las enseñanzas que intentó impartirme Hiratsuka-sensei quedaron en nada, y lo peor es que ella se fue de Sobu de la peor manera posible: sin que yo me dignara en verle la cara.
Ella dijo que creía en mí, que eventualmente iba a tener sentido común y volver a encaminar… y es verdad que lo hice, pero la forma en que lo hice fue la peor. No pude haber encontrado una peor manera de recuperarme de la mierda en la que yo mismo me metí ni intentándolo.
Yo… Por mi culpa… Por mi culpa, todos tuvieron que retenerse, de pasar su tercer año, el momento en que tienen que planear su futuro, asegurándose de que un pobre bastardo no se convirtiera en un hikkikomori. Tuvieron que quitarle a mi pobre hermana la carga de no poder crecer como una adolescente normal y de vivir una juventud que no fuera malvada.
Yo… De verdad yo…
—Todo… todo lo que he conseguido ha sido gracias a ti, Yui…— Pese a que mi voz se volvió más suave, al mismo tiempo, también se volvió más débil y seguí siendo incapaz de mirar de frente a la que digo que es una chica que me importa mucho. —Si no fuera porque te obligué a arrastrarte al fango, el yo actual sería uno mucho más lamentable. Te debo tanto, nunca pienses diferente… Por eso yo… quiero que te alejes de mí. Quiero que seas libre de la carga que te impuse.
Tras terminar de decir eso, finalmente ya no encontré en mí más valor para seguir hablando. No me quedaba más fuerzas, estaba rendido. Mirando hacia abajo, con mis manos sintiéndose inertes, mi boca estando más seca que nunca y mi garganta pareciendo el hogar de un panal de abejas con todo lo que me picaba.
Me sentía como una basura, como lo peor de lo peor… pero no lloré. De hecho, dentro de lo mal que me encontraba, mantuve la frente… no en alto, pero no en el piso. Me esforcé en verme mejor. En demostrar que estaba seguro de lo que decía, que no carecía de valor. Entendí que verme seguro, de creer en lo que digo, es la única manera en que Yui me tome en serio. Por eso, aunque no quería y aunque deseaba por todos los medios encontrar una salida esto, cualquier otra respuesta… me mantuve firme.
Esta es la mejor opción… porque es la única. No hay otro camino.
—…
—Yo… Incluso me negué a llamarte por tu nombre, Yui. ¿Entiendes lo grave que eso? ¿Lo que significa?— Intenté darme el valor de mirarla a la cara… pero no pude. —Aunque pasamos tantas cosas juntos y aunque me ayudaste tanto, pero tanto, yo… nunca pude llamarte por tu nombre. Me negué a devolver un mínimo de cariño. Mantuve nuestra relación al mismo nivel que nuestro segundo año en Sobu.
Me reí de lo descaradamente cruel que sonaba, pero no por eso era menos cierto. No pude negar que fui un bastardo todos estos años. —Aunque te alimenté con fantasías sobre que quizás podía cambiar de parecer, yo… yo nunca me atreví a hacer algo tan simple. Como… ¿Cómo puedes amar a alguien así, Yui? ¿A alguien tan cobarde, que te usó tan horriblemente? Yo… Yo nunca podría amar a alguien así.
El valor que estaba intentando juntar desapareció del todo. Ahora sí que estaba mirando hacia abajo.
—Yo… Yo nunca podría amarme. Por eso te arrastré conmigo a todo esto. Por eso todos me tienen tanta simpatía. Soy un inválido.— Al final de todo mi monólogo sin sentido pero con sentido a la vez, mis últimas palabras fueron dichas con un susurro débil, como si aceptara la derrota de una larga batalla por cansancio. —Soy… Soy Hikigerma. Nunca dejé de serlo.
Nunca superé mis traumas de la niñez. Yo… Yo nunca cambié. Nunca fui digno de nadie, y por eso lo que tengo que tener al final de todo este viaje por carretera en el que secuestré a un montón de gente es quedarme solo. Sin amigos, novia o familia. Alguien que se encerró por algo tan patético, que en realidad siempre fue patético pero se quería autoconvencer de que no, se merece terminar así.
Por eso no lloré, por más de que mis palabras fueran de llanto. Mis ojos estuvieron nublados, borrosos y desenfocados, pero nunca llorosos. No cayó ni una lágrima. Incluso si mi corazón es demasiado patético para reconocerlo, mi cuerpo sabe que no tengo derecho a llorar por esto.
Todo es mi culpa. Lo que vaya a suceder a partir de ahora, me lo gané con creces.
—…
Yui… No, Yuigahama, se quedó en silencio. No dijo nada ni tampoco pareció querer que dijera algo. No sé qué expresión está poniendo ni qué está pensando, pero fuera lo que fuera, por lo menos mis palabras le llegaron. Eso… eso es una buena señal, ¿no? Significa que cumplí lo que vine a hacer. Que conseguí lo que Miura y Ebina quieren para su mejor amiga. Si todo va como quería que fuera… todo terminará bien.
Todo… todo terminará.
…
…
—… Lo siento por decir todo esto de… de esta forma.— Por más que mi voz no quisiera salir, me forcé a ello, consciente de que no me merecía semejante piedad. Yo vine aquí a sufrir, no a ser consolado. —Sé que dicen que es mejor tarde que nunca, pero… pero estas no fueron las maneras, ¿verdad? Debí hacerlo mejor.
—… Si… Si debiste… Hachiman.
¡!
…
…
…
Vaya… Esa voz, esa forma de hablarme y la forma en que me llamó… Si, por más que duela un montón, por más que mi corazón quiera llorar, esto es lo correcto. Mi cuerpo lo sabe, y por eso, por fuera, estoy tranquilo. Aceptando lo que vine a conseguir y lo que rompí con mis propias manos, lentamente recuperé la fuerza en mí.
Las ganas de escapar de aquí me dieron un segundo aire.
—Pero por más que ese dicho sea horrible de escuchar ahora, tiene valor. Tiene qué.
Lentamente, muy lentamente, comencé a levantarme mientras seguía mirando al piso de la habitación de Yui. No tuve el valor o la fuerza mental de mirarla a la cara, pero llegados a este punto, ni siquiera creo que eso sea bueno. Mientras menos drama haya en esto, mejor. Las cosas tienen que terminar lo mejor posible.
—…
Yuigahama no dijo nada. No aportó a mi cutre intento de aligerar el ambiente ni tampoco me detuvo mientras era obvio que quería irme. Ella estaba… en silencio. Totalmente en silencio. Incluso cuando me levanté al completo y me estaba yendo de la habitación, ella no dijo nada. No se movió. Ni… ni siquiera creo que me mirara.
Ella estaba en silencio, asimilando lo… lo que sea que sacara de mis palabras.
Esperaba, al menos, que las cosas no fueran tan malas con Miura y Ebina. No quería que Yui perdiera a dos amigas que sí valen la pena por mi culpa.
Con eso en mente, abrí la puerta… y me quedé parado. No dije nada, ni tampoco Yuigahama dijo nada.
Sentí que… que debía quedarme aquí un poco más. Que era lo correcto.
—…
Esperé a que ocurriera algo…
…
…
… Y ocurrió.
—De verdad eres el peor.
Sus palabras, desprovistas de todo sentimiento de amor y de odio, fueron una observación lógica de todo lo que había dicho y hecho en todo este tiempo. No me dolió, porque era verdad. Tampoco me hicieron querer irme, porque supe que, si ella quería desahogarse, estaba en todo su derecho de hacerlo y yo tenía que escucharla. Era lo único que podía hacer para intentar compensarla.
—… Si.
Así, cerré los ojos, aceptando mi destino.
—Todo… todo lo que me dijiste es asqueroso, abominable y lo peor que podrías haberme dicho. Y que sea cierto es… es aún peor.
Lentamente, muy lentamente, la emoción comenzó a hacer acto de presencia en la voz de Yuigahama, aunque era tan débil y tan desdibujada que no era capaz de distinguir qué era lo que se estaba gestando.
—Lo sé.
Pero da igual. Ya… ya todo da igual.
—¿Y sabes qué es lo peor de tener que darte la razón, Hachiman?
—¿Qu-
Antes de que pudiera terminar mi palabra, Yuigahama se movió con una rapidez sorprendente. Sin que pudiera reaccionar a tiempo, ella me agarró del cuello de la camisa y con extrema violencia, acercó mi cuerpo al de ella. Una vez que estuve a su merced, ella agarró con sus dos manos mi cara por las mejillas y finalmente, tras tanta cobardía, la vi a los ojos.
Cuando al fin la miré, pude ver un montón de cosas incluso cegado por toda la sorpresa que me daba ver esos ojos lagrimeando. Esos ojos rosados que sentían un mundo entero, un mundo que está compartiendo conmigo.
Vi odio, vi dolor…
Vi…
—¡TENER QUE AGUANTAR TU COBARDÍA! ¡NO VAS A ESCAPAR!
… Vi amor. Vi, más allá de todos esos sentimientos negativos, un amor intenso que amenazaba con tragarse con todos los demás sentimientos, especialmente los míos. Buscaba… me buscaba a mí.
—Ah… Eh…
—¡Ya hablaste lo que querías! ¡Ahora es mi turno! ¡Mi turno en serio!
Esto… Esto no va a terminar bien.
