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Ella estaba sola.
Ella siempre había estado sola.
Izumi siempre se había sentido sola.
No se podía perder la ironía de eso, ella era la Princesa Heredera de la Nación del Fuego después de todo, desde el momento en que nació jamás estuvo sola, siempre cuidándola, vigilándola, y aun así ella siempre estaba sola.
Lo odiaba.
Ella pudo verlo desde muy pequeña.
Había leído una vez que la única privacidad que queda es la que está en nuestras mentes, no podía describirlo mejor, ella estaba expuesta, cada paso que daba cada cosa que hacía de alguna manera alguien se enteraba “por su propia protección decían” por su propio interés también. Ella era el centro de atención de toda la corte y aun así estaba sola y ese anhelo no podía desaparecerse.
Se calmó un poco con Bumi, el niño revoltoso que no parecía entender que ella era una princesa a quien encerraban en una jaula de oro y cristal, a él no le importaba cuando iban a jugar y la empujaba o se intentaban golpear con espadas hechas de ramas.
Se sintió bien pero el momento casi nunca duraba porque las visitas se hacían cada vez más cortas y ella tenía que estar casi siempre en el Palacio excepto cuando estaban en la Isla Ember pero entonces la casa también estaba alejada y cuando estaban en la playa con más gente pocas veces interactuaban.
— Ninguno fue muy bueno socializando. — Le dijo una vez el abuelo Iroh cuando le preguntó porque ni sus papás o la tía Azula hacían amigos como él o la tía Ty Lee, a veces cuando iba con ellos, ellos si saludaban a extraños e incluso platicaban con ellos, pero eran pocas veces y los otros adultos no tenían interés en hablar con una niña y los niños de su edad…
La esperanza de Izumi de poder ser como ellos se esfumó cuando vio que era más probable que fuera como sus padres y la tía Azula.
El abuelo Iroh vivía en Ba Sing Se como para aprender de él y la tía Ty Lee parecía más interesada en enseñarle piruetas y bloquear el chi a enseñarle a hablar con extraños, probablemente la tía Azula no la dejaría que le enseñara eso.
“Por seguridad”
Entonces Kya creció y fue bueno poder hablar con ella también.
A veces Bumi se metía mucho en su papel de ser un guerrero y copia del tío Sokka, pero con Kya también podía reírse y aunque a veces las seguían Tenzin y Lin que apenas eran más que bebés a ella no le molestaba en realidad, incluso una vez fueron todos a deslizarse con los pingüinos nutria cuando visitaron el polo sur.
También se rompió el brazo y su tía Azula casi quema todo, pero al menos la tía Katara estaba ahí y al fin se sintió algo más normal cuando estaba sentada junto a Bumi quien también se había abierto la cabeza al caer.
Izumi creyó que empezar la academia de chicas podría ser bueno hasta que llegó y se dio cuenta de que, de nuevo, estaba sola. Pronto se resignó a que ella no encontraría a su trío como lo había hecho su madre y la tía Azula, ni siquiera una mejor amiga como lo hizo su tía Kiyi.
Había niñas que la evitaban, otras la temían y unas pocas la seguían como patitos-tortuga viéndola con sus ojos abiertos y esperando que ella les ordenara algo, que pidiera lo que fuera para complacerla.
Lo odiaba y se refugió cada vez más en sus libros esperando poder tener amigos ahí.
De pronto solo en esos mundos entre las páginas podía encontrar compañía y entendió cuando le dijo su tutor que lo que llamamos nuestra intimidad no es sino nuestro mundo imaginario, el mundo de nuestras ideas.
Pero no bastaba, no cuando no podía dormir en las noches.
No cuando solo sentía ese vacío… esa carencia.
Pero ella era una princesa, ella nació con todo lo que podía pedir, lo sabía muy bien, se lo recordaban también cuando visitaban a su abuelo en Ba Sing Se y pasaban por el anillo bajo, cuando les contaban de sus días en la guerra donde no tenían qué comer y pasaban hambrientos.
Y aún así ella sentía hambre, Izumi estaban hambrienta de algo más… de alguien más.
Así que un día decidió buscar más, anhelando cualquier tipo de conexión se levantó a medianoche y se escabulló en uno de los pasadizos secretos hacia la biblioteca desierta.
— ¿Qué haces aquí? — Alguien habló atrás de ella y ella dobló su llama en un puño de fuego.
Entonces vio a un erudito o al menos uno en entrenamiento porque parecía más joven y nervioso.
— Es mi Palacio, puedo ir a donde quiera. — Respondió Izumi midiendo el peligro.
Era curioso, como su posición la hacía sentir tan grande algunas veces y tan pequeñas en otra.
— Es del Señor del Fuego, no parece que debas estar aquí. — Replicó el muchacho acomodándose las gafas.
— ¿Porque está prohibida? — Preguntó Izumi.
— Bueno, sí, porque esta es la sección prohibida.
— No, ¿Por qué está prohibida? — Inquirió ella arqueando la ceja.
— Bueno, es la sección de los Señores del Fuego pasado y muchos han hecho cosas cuestionables así que no se espera que los demás los tomen de ejemplo. — Dijo el chico.
— Quien no conoce su historia está destinada a repetirla. — Recitó ella retándolo. — Me gustaría consultar sus diarios.
— Bueno, debe solicitarlos al Jefe de…
— Te los estoy pidiendo a ti. — Ella no lo dejó terminar. — De verdad te conviene.
— Hasta que me corren por ayudarla a escondidas. — Dijo el muchacho. — O acabo en el calabozo.
Izumi sabía que nadie acababa en el calabozo en esos días, pero aun así el tipo pareció pensárselo mejor.
— ¿De quién quieres?
Contuvo el aliento e ignoró el hundimiento de su estómago.
— De Azulon
Era lógico que empezara con Azulón, él también era un hijo único, aunque su padre usara a otro miembro de la familia para amenazarlo como heredero, todo el mundo sabía que el primogénito y además prodigio del fuego control sería su sucesor.
Y así fue y él, se dio cuenta Izumi, se sentía tan solo como ella.
Sozin tenía una hermana con la que competía constantemente y por la que se sentía amenazado si no fuera por el hecho de que era no maestra, además de eso tenía a Roku durante su juventud y casi se vuelve loco de soledad cuando lo dejó para convertirse en avatar.
Solo tuvo un hijo a los 90 años.
Luego, Azulon tuvo al abuelo Iroh y después de un tiempo a Ozai para que no estuviera solo en la conquista de la Nación del Fuego por el mundo.
Iroh solo tuvo a Lu Ten, pero el príncipe había encontrado a un joven cadete Zhao pegado a su cadera y luego llegaron sus primos a los que perseguir.
Ozai también tuvo dos hijos, aunque fue más porque quisiera que la segunda reemplazara al primero pero de todas formas se hicieron compañía el uno al otro.
Azulon estaba solo.
Él también se sentía solo.
Era el único príncipe, aunque se esforzaba por estar en las expectativas de Sozin solo era él, nadie más a su alrededor hasta que se casó con Ilah.
E Izumi por primera vez en mucho tiempo no se sintió tan sola mientras leía sus memorias.
— ¡¿En qué demonios estabas pensando?! — Gritó el Señor del Fuego Zuko.
Las velas titubearon, él nunca gritaba y sus gritos jamás habían sido dirigidos a Izumi.
El ambiente en la habitación fue pesado desde el momento en que entró en ella, su tía Azula tenía en la mano el diario de Azulon su casi tocayo con una mueca que no revelaba nada, su tía Ty Lee tenía la boca cubierta con las manos preocupada, su tía Kiyi lucía curiosa, con los brazos cruzados sentada en el sofá y sus padres frente a Izumi la miraban furiosos, aunque su mamá lo disimulaba más.
— Él trató de matar a tu padre. — Le recordó Mai, ella tampoco sonaba como su madre, no, ella estaba siendo la Señora del Fuego reprimiendo a su heredero.
— No estoy planeando matar a mi padre solo por leerlo. — Replicó Izumi con una tranquilidad que no sentía.
Se abstuvo de agregar que por lo que había leído estaba segura de que solo era para castigar a Ozai y poco le importaba su padre o cualquier otra persona en realidad.
No, a Azulon solo le importaba su esposa Ilah y un poco Iroh porque se parecía un poco más a ella.
Ella lo entendía. Ella sabía que después de tantos años anhelando compañía cuando al fin encontró consuelo en su esposa se había aferrado a ella de tal manera que la convirtió en su mundo.
Y su mundo se destrozó cuando se la arrebató Agni por enfermedad, era obvio que no sería el mismo después ni aguantaría mucho sin Ilah.
— Puede llevárselo a donde pertenece. — Azula le dio el diario al Sabio del Fuego que estaba parado en la orilla junto con el chico que le había dado el libro a Izumi.
Ella lo miró sin disimular su desdén.
— Traidor. — Susurró cuando pasó a su lado, si la escuchó o no simplemente siguió cabizbajo a su superior mientras salían de la sala.
— ¿Por qué? — Preguntó Azula mirándola directamente a los ojos.
Izumi desvió la mirada, no se arrepentía de lo que había hecho pero la vergüenza que sentía por las noches cada que se sentía reflejaba en las palabras de Azulon regresó a oleadas mientras le exigían una explicación.
¿Cómo podrían entenderla?
— Azulon escribía lo que no le podía decir a nadie. — Izumi dijo cuidadosamente.
Lo que anhelaba compartir al igual que ella pero que en su posición no había nadie con la confianza para abrirse.
El deseo de la intimidad que compartían.
— ¿Sobre cómo planeaba masacrar a todos en la batalla de Garsai? ¿Cómo no dejó ningún preso en el campo de batalla? — Zuko la miró con incredulidad. — Porque todo lo que podíamos escuchar mientras crecíamos era lo despiadado que había sido el abuelo en la guerra, pero al parecer eso no lo escuchaste tú.
— Estoy consciente de eso. — Dijo ella sosteniendo sus manos con fuerza de la manera en que su madre siempre hacía.
Ella lo sabía, ella sabía cuan terrible había sido él y quiso decirle que ella no era como él.
Pero eso fue el punto de todo esto, que Izumi era como él.
— ¿Lo eres? — Azula arqueó una de sus cejas. — ¿Así como estás consciente que las reformas se están haciendo por una maldita razón?
— Si, las he estado estudiando desde que sé leer, estoy consciente de todos los cambios que ha habido en el nuevo sistema. — Dijo Izumi apretando los dientes. — Me lo han dicho desde que tengo memoria.
— ¿Y aun así estás tan interesada en el tirano por el que tu abuela se tuvo que ir? — Preguntó su tía Kiyi e Izumi supo en el instante lo que el recuerdo de la abuela Ursa había provocado.
Tanto su tía Ty Lee como su madre Mai fueron por el par de hermanos que se miraron con muecas de dolor.
Ellos siempre habían sido tan parecidos, aunque lo negaran.
Pero ella no tenía a nadie igual… hasta ahora.
“No soy como él” quiso gritarles Izumi.
Pero ella era como Azulon ¿No es así?
— ¿No es esa la razón por la que estás viva? — Susurró Izumi porque no esperaba que su tía Kiyi estuviera en esto también, pero al parecer fue lo peor que pudo haber hecho. — Incluso permitió que el abuelo Ikem viviera.
O los hizo Ozai, todavía no lo entendía, cómo es que el Señor del Fuego Azulon con su fama en la guerra y el príncipe permitieron vivir a un aldeano que intentó detenerlos solo porque se lo pidió una descendiente del avatar.
Entonces apretó los labios cuando se dio cuenta que intentó defenderlo.
— Es suficiente. — Declaró su padre callándola antes de que pudiera decir algo más y apretó los puños como siempre así cuando intentaba tranquilizarse, después suspiró. — Sabemos las presiones que tiene ser un príncipe de la Nación. — Dijo Zuko. — Pero eso no…
— No. — Lo cortó Izumi, finalmente volvió la mirada a ellos. — No sabes lo que es ser el heredero, ustedes nunca lo fueron ni siquiera estaban en la línea principal. — Izumi miró entre él y Azula. — Ni tú ni mi tía, no se suponía que ninguno fuera el Señor del Fuego.
Ambos se quedaron en un silencio profundo.
Pero esa era la verdad.
Ni siquiera Ozai quien anhelaba el trono fue criado para esa posición.
Ninguno fue la primera opción para la corona, las circunstancias simplemente cambiaron a su favor.
Por Agni, ni siquiera ella debería de ser considerada, pero ella era la única ahora.
— Se supone que tú serás el Señor del Fuego. — Dijo su tía Ty Lee pausadamente, como siempre era ella la que intentaba aligerar todo. — Se supone que tú serás un Señor del Fuego diferente a los pasados, Izumi.
— ¡Porque soy la única opción! — Gritó entonces ella, como si una vez abierta la escotilla no pudiera cerrarla, pero eso es lo que ellos querían ¿No? — No hay nadie más. Y estoy sola, yo no tengo a nadie.
— Nos tienes a nosotros…
— Tú nunca entenderías, nadie puede hacerlo porque soy hija única. — Replicó Izumi señalándose con desesperación.
¿Podrían verlo acaso?
— ¿Todo esto porque Azulon era hijo único también? — Preguntó su tía Azula tomándose del puente de la nariz.
Si.
No.
No podía ser tan fácil, pero eso no hacía que dejara de ser tan patético.
Pero ¿qué tal si tenían razón al temer? ¿Qué tal si ella si se pareciese aún más a Azulon? Izumi ya tenía su sangre después de todo.
“No soy como él” Quiso gritarles de nuevo. Pero ella lo era ¿No es así?
— Sozin tenía a Seizan cuando eran jóvenes. — Murmuró Izumi luchando con el nudo en su garganta. — El abuelo Iroh dijo que Ozai era su compañero mientras crecían, la abuela Ursa siempre contaba como cuando eran solo “Zuko y Azula” jugaban juntos todo el tiempo y después llegó Kiyi y nunca estuvieron solos.
Ella abrió y cerró los puños tratando de tranquilizarse, eso no era propio de una princesa.
— La tía Ty Lee tenía un montón de hermanas e incluso mi madre tiene el tío Tom-Tom y antes de eso las tenía a ustedes desde que eran niñas. — Su sonrisa fue infeliz. — Los únicos que no me tratan diferente viven del otro lado del mar y todo el mundo aquí me teme porque soy su princesa. Yo no tengo a ningún igual.
— Históricamente la mayoría de ellos estuvieron a punto de causar guerras civiles por la sucesión. — Le recordó su tía Kiyi. — Que seas solo tú no es tan malo.
— Para ustedes. — Replicó Izumi apretando los labios. — Sé lo cómodo que es para todos ustedes que solo sea yo con la que tienen que lidiar, sé que es lo mejor para ustedes y toda la maldita Nación y sé que es mi deber velar por el bien mayor. — Entonces ella los apuntó con el dedo. — Pero ninguno de ustedes sabe cómo es que eso me hace sentir y nadie más en realidad porque solo lo soy yo ¡porque fueron unos cobardes como para darme un hermano o siquiera un primo!
Se miraron entre ellos sorprendidos.
Ella no sabía si era por sus palabras o por su arrebato.
— Izumi…
— Ni siquiera se molestaron en buscar un repuesto. — Ella retrocedió y se abrazó a sí misma. — Así que en su lugar me encerraron en su maldita jaula de oro, contratan guardias y espías que me vigilen todo el día como un animal de zoológico en peligro de extinción porque si algo me pasa sus planes se arruinan así que aquí estoy, sola. — La garganta se le cerró y no contuvo las lágrimas que bajaron por sus mejillas sin su consentimiento.
“Las lágrimas solo son un símbolo de debilidad, uno que no puede tener un digno heredero, aquel que debe ser fuerte” había escrito Azulon una vez. “Pero entonces cuando estoy en mi habitación rodeado de oscuridad y la soledad me consume las lágrimas resultan ser mi única compañía”
Izumi se mordió el labio con fuerza mientras se tomaba de la cabeza.
— Sabemos que es una pesada carga la que ponemos en tus hombros Izumi. — Dijo su madre con suavidad. — Pero puedes buscarnos a nosotros y no a ese maldito loco.
— Ustedes me han enseñado todo y realmente me esfuerzo para tenerlo siempre en mente, pero ¿no se dan cuenta cuan asilada estoy del mundo? — Ella señaló la puerta, las ventanas por las que veía a los sirvientes convivir entre ellos, pero siempre evitándola a ella. — Hace años que no hay noticias de los seguidores de Ozai pero me siguen encerrando, tal como Sozin asilaba a Azulon aunque él era porque se creía mejor que el resto.
— Tú eres mejor que el resto. — Replicó su tía Azula frunciendo el ceño. — No eres como esos… campesinos, pero si quieres compañía de tu edad podemos encontrar más adecuados…
— ¿Nobles que esperan favores políticos? ¿Hijos de ministros que esperan que sean padres de mis hijos? ¿Hijas que no me dicen nada para disgustarme y que se conviertan en mis favoritas? — Ella arqueó la ceja. — Mi madre y mi tía Ty Lee hablaban libremente con una princesa. — Miró a Kiyi. — Lihua y Tom-Tom hablan libremente con una princesa, nadie habla libremente con el futuro Señor del Fuego.
— ¿Qué hay de Bumi y Kya y Lin o Tenzin? — Dijo su tía Ty Lee. — e incluso la pequeña Suyin, seguramente son mejores que leer a un viejo aburrido.
— Viven todos en Ciudad República y no es como si él fuera un modelo que seguir. — Replicó ella, Izumi no quería su lástima. Solo quería tener a alguien. — No quiero ser como Azulon pero… pero ya lo soy.
Bajó los hombros derrotada, de eso se trataba todo al final.
Esa era la verdad ¿No es así? Izumi ya se parecía a él.
— No puedes… — Su padre se ahogó. — Hija tú no…
Ella no podía, a ella le habían contado toda su vida las cosas malas que hicieron sus antepasados con el único propósito de asegurarse que ella no las hiciera, que no fuera igual a ellos que buscara el camino señalado por el abuelo Iroh y su padre y por el que tanto habían luchado.
Y aun así…
Todo había sido en vano porque ella lo era.
Y la estaban tratando como tal.
Estaba harta.
— Lo sé — Les gritó Izumi. — Sé que Azulon era un maldito genocida responsable de casi aniquilar a la tribu agua, sé que preservaba la tiranía de la guerra y arrasaba con los pueblos del Reino Tierra sin importarle las vidas que arrancaba ¡y sé lo jodido que es que sienta una maldita conexión con él!
La culpa no la dejaba dormir en las noches.
Cada día se levantaba repitiéndose que ella no era igual pero cada noche cuando terminaba su rutina anhelando algo más que su soledad se sumergía en las palabras del único hombre que compartía su mismo deseo.
Izumi se dio la vuelta y salió de ahí ignorando como la llamaban.
Pasó por los pasillos prácticamente corriendo mientras intentaba limpiarse las lágrimas.
Ella era una princesa.
La única princesa.
Entró en su habitación y en cuanto cerró la puerta correctamente buscó en la pared el cuadro ligeramente sobresalido, lo calentó y en cuanto se abrió Izumi entró al pasadizo secreto y oscuro.
Solo cuando corrió unos metros y envío una bola de fuego para asegurarse que estaba todo desierto se sentó en el piso, abrazó sus piernas y lloró como una niña pequeña.
— Yo admiraba a Azulon también ¿Sabes? — Su tía Azula la miró desde la puerta con los brazos cruzados. — En especial todas las partes malas que eres lo suficientemente inteligente para cuestionarlas, a mí me fascinaban y anhelaba ser como él.
“Pero yo odio ser como él” Quiso responder, pero en este punto lo sentía en vano. Ella no se presentó al entrenamiento esa mañana, ni siquiera salió de la habitación para comer simplemente se vistió y esperó, como un preso esperando su condena.
— Fuiste educada para apreciarlo. — Izumi no apartó la vista de la ventana en la que se había sentado todo el día. — Yo no.
Ella fue educada para que sirvieran como moraleja.
Y aun así…
— Al parecer tú lo conoces mejor ahora. — Dijo su tía caminando hacia su lado. — Y nos asustaste a todos con eso.
— No tengo interés de regresar a la Nación del Fuego a una guerra. — Dijo Izumi frunciendo los labios. — Por más que deteste a la Princesa Hou-Ting del Reino Tierra.
— Lo sabemos. — Dijo su tía Azula con sinceridad. — Pero siempre has sido la chica tranquila que no da problemas y debimos verlo venir… verte más. — Ella suspiró. — El trono es un sitio solitario, después de todo me volví loca estando ahí sola.
Había sarcasmo en su voz, pero Izumi conocía el dolor de su tía.
— Tampoco quería detonarles malos recuerdos. — Replicó Izumi porque siempre se trataba de eso ¿No? Ellos habían vivido una guerra que los marcó para siempre, siempre tenía que ser cuidadosa al respecto era lo mínimo que tenía que hacer y sin embargo no lo hizo. Horriblemente. — Por eso no le dije a nadie.
Tampoco es como si tuviera a nadie a quien contarle.
Su tía lo vio también porque carraspeó con incomodidad.
— Supongo que eso lo resume. — Azula se cruzó de brazos y la miró arqueando una ceja. — ¿Realmente querías primos?
— Hubiera sido agradable tener a alguien como el primo Lu Ten, papá lo adoraba y me contó que tú también y por eso querías quemar Ba Sing Se cuando murió. — Izumi se encogió de hombros. — Aunque reconozco que no debería de haber dicho eso.
— Es más difícil para Ty Lee y para mí concebir, créeme lo hemos intentado.
— Oogie. — Respondió con una mueca.
— Y Mai tuvo problemas para tenerte así que sé que tus padres se sintieron aliviados cuando el doctor les sugirió que no tuvieran más hijos por la salud de tu mamá. — Su tía se sentó a su lado, todavía evitaba los reflejos. — Tienes razón al final, todos nosotros estábamos tan aterrados de arruinarte que tener a alguien más era impensable.
— Lo sé. — Izumi miró fijamente el suelo, solo la hacía sentir peor. — Y sé que hay peores cosas que ser una princesa solitaria.
Y ya estaba harta de su simpatía así que Izumi apretó los nudillos y preguntó: — ¿Han decidido mi castigo?
Su tía no parecía sorprendida cuando habló.
— Se redoblarán los esfuerzos en la reconstrucción de la historia oficial de la Nación del Fuego, quitando la propagando sozinista de ahí pero también habrá una nueva reforma sobre los archivos prohibidos, le dije a tu padre desde el principio que no había porqué vetarlos, pero siempre me hace caso demasiado tarde. — Se quejó Azula mirando sus uñas.
— Está bien, puedo reunirme con los ministros desde mañana.
— Oh no, tú no harás eso. — Ronroneó Azula y entonces le extendió un libro.
Izumi se giró para mirarla sin ocultar su sorpresa hacia el diario de Azulon que le extendía.
— Vas a pasar una temporada con Aang.
El estómago de Izumi se hundió profundamente. La mirada de su tía era imperturbable como siempre, pero ella no evitó fruncir el ceño.
Desde luego que sí lo harían.
— Voy a vivir con la única sobreviviente del exterminio de maestros agua de Azulon. — Izumi tomó el libro con una mano temblorosa. — Y así el avatar mantendrá a raya al próximo Señor del Fuego también.
— Estarás con tus amigos. — Pronunció suavemente su tía y se levantó para irse.
Izumi apretó el diaria contra su pecho cuando se quedó sola.
