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La picazón del séptimo año
1.- Somos tres.
Izuku había escuchado del término conocido como ‘la picazón del séptimo año’, cuando llegados a ese punto, las relaciones románticas sufrían de algún revés porque uno o ambos dentro de la pareja de pronto se fastidiaban por la rutina y deseaban un cambio. En su caso, la alteración del orden llegó al desear que hablaran en serio de su posición sobre si algún día adoptarían o encontrarían la manera de ampliar su familia de dos, y en el de Shouto, la petición de abrir su relación y permitirles explorar qué había más allá para ellos en ese ámbito.
—¿Quieres... acostarte con otras personas y que yo esté bien con eso? —Se expresó Izuku en shock cuando su novio de toda la vida terminó de explicarse, y un poco avergonzado pero no por ello dando marcha atrás a su petición, Shouto asintió.
—No es así como lo plantearía yo, pero a grandes rasgos sí, se trata de eso.
—No puedo creerlo...
—Izuku... —Intentó tocarlo Shouto, extendiendo una mano en su dirección, ambos sentados lado a lado en el sofá, pero éste se hizo para atrás en el último momento y la mano cayó entre ellos.
—Si querías romper conmigo...
—Verás… Esa es la cuestión, que no lo quiero. En lo absoluto. Te amo ahora igual que siempre. Eso es algo que nunca ha cambiado.
—Vaya manera de demostrarlo... —Masculló Izuku, quien con todo para la gran bomba que su novio había dejado caer entre ellos, le había prometido mantener la calma y escucharlo por completo primero antes de emitir un juicio porque como preámbulo era lo único que le había pedido.
Asumiendo que la petición de Shouto tenía más algo que ver con otro tema, que quizá hablar con él de un asunto familiar o su interés estaba centrado en un tópico que le causaba dolor, Izuku se había prometido dejarlo hablar sin interrumpirlo porque era lo que como su pareja mejor podía hacer por él en un momento de evidente estrés, pero al final el único herido resultó él al escuchar de la boca de su novio que se sentía insatisfecho en la situación en la que se encontraban, que tenía tiempo pensando en aquello, y que por su parte quería intentar abrir su relación y con ello conseguir... ¿Qué, exactamente? Eso último se le había escapado a Izuku cuando la voz de Shouto perdió fuerza y a él le zumbaron los oídos y se disoció del momento.
—Dime algo, Izuku. Lo que sea —pidió Shouto, acongojado por hacer sentir mal a su novio con sus verdaderos deseos, y éste cuadró la espalda y luchó contra la sensación de inseguridad que lo bañó completo como un baldazo de agua fría.
—¿E-Es reciente? ¿O hace tiempo que te sientes así?
—Yo... No sabría decirlo. Pero hace por lo menos 1 año que es en lo único que pienso. No en el sexo como tal, pero sí en conocer a otras personas, salir de la rutina y experimentar por mi cuenta... Y romper no entra dentro de esa imagen porque te amo. Si algo tienes que creerme, es que eso es algo que se sostiene inamovible entre nosotros, y por eso es más confuso de lo que podría explicar.
—Así que quieres acostarte con alguien más, pero tú y yo seguir siendo uno.
—Uhm, sí —concedió Shouto—. Sé que antes-...
—No lo menciones.
A lo que ambos hacían mención era a su único y terrible intento de trío, aunque ese segundo adjetivo quedaba a consideración de a quién de ellos dos se le preguntaban, porque ahí donde Izuku había detestado cada minuto de la experiencia, en cambio a Shouto le había parecido increíble, y la única razón por la cual no lo habían repetido es que el primero no se había sentido con fuerza para pasar por eso una segunda vez. Por nada del mundo.
En lugar de la comezón del séptimo año, la suya había sido una experiencia del quinto año, cuando a punto de graduarse de la universidad y comenzar en serio con sus responsabilidades de la vida adulta, Shouto se había sincerado con Izuku al mencionar que había un compañero en su curso por el que siempre se había sentido atraído, y que creía que era mutuo. Llamado Inasa Yoarashi, aquel era un senpai del posgrado que siempre se había mostrado interesado en Shouto y a quien Izuku toleraba porque en realidad no era del tipo celoso y confiaba en su novio, pero cuando éste le preguntó si estaba adverso a la idea de un trío fue cuando Izuku descubrió al fin cuánto malestar le causaba asumir lo indispuesto que estaba a compartir.
—Es porque eres hijo único —había razonado con él Shouto en esa ocasión—. Para ti, la pertenencia y la exclusividad van de la mano, pero no puedes esperar que piense lo mismo siendo el cuarto hijo de una familia como la mía.
—¿Y qué, eso es pase automático para que tú estés bien y yo mal con respecto a participar en un trío? —Rebatió Izuku con indignación, y lo que comenzó como una propuesta confesada a media voz, derivó en 2 semanas de tratos fríos en su departamento, dormir dándose la espalda y reconsiderar si podrían superar aquel bache, y por último, en una larga y sentida conversación para establecer los puntos sobre los que iban a trabajar, que culminó entonces una tarde en un love hotel en la que Inasa hizo una exagerada reverencia al entrar a la habitación y les agradeció por invitarlo a ser parte de aquello.
Con amargura Izuku se mordió la lengua de mencionar que no había sido idea suya en lo absoluto incluirlo en su intimidad, pero por Shouto, quien ganó aquella batalla aduciendo que ambos habían sido la primera vez del otro y eso le había robado la oportunidad de explorar a sus anchas durante la adolescencia, es que había accedido sin estar del todo convencido que fuera lo mejor para ellos. A su manera de ver las cosas, no le debía nada a Inasa, ni siquiera una explicación de cómo su mera presencia era una daga en su interior, así que Izuku participó tanto como la sensación de estar presente en contra de su voluntad se lo permitió, y de esa manera fue como terminó aplastado debajo del grandulón aquel que lo penetró hasta venirse dentro del condón, y luego se enfocó las siguientes 3 horas en Shouto, sin importarles que permaneció recostado a su lado con la mirada vidriosa, o que a la mitad de la faena se ausentó para tomar una ducha y jamás volvió.
A Izuku le costaba pensar en aquello como un trío en toda regla porque al final habían sido Shouto e Inasa acostándose juntos mientras él se mordió los nudillos sentado en la tapa del retrete y sintiendo que su relación tal como la conocían había llegado a su fin, pero caso curioso, a aquel encuentro siguió una perfecta etapa de luna de miel donde su novio se mostró agradecido y atento con él, de sobra enamorado, porque en sus palabras, aquel había sido un regalo valioso como pocos y eso había fortalecido lo que tenían, así que Izuku se confió en que esa experiencia había sido una simple picazón que Shouto atendió y después olvidó, y que estarían bien...
Craso error.
En el presente, contemplando sus manos mientras su novio esgrimía razones de por qué abrir su relación era la única opción viable para él, Izuku lo interrumpió para preguntar lo único que importaba.
—Shou... ¿Qué pasa entre nosotros si no acepto esto de abrir nuestra relación?
Su novio exhaló con pesadez. —Que entonces romperíamos, porque lo haré de igual manera, pero quería contar con tu apoyo...
Y cediendo a lo que a todas luces era un chantaje emocional, Izuku permitió que Shouto maldijera su unión.
