Chapter Text
John dejó su café sobre la mesa, acercó el portátil y suspiró mientras sus dedos se cernían sobre el teclado. Acababan de resolver un caso bastante difícil, y no había actualizado su blog en semanas, así que estaba seguro de que sus lectores se alegrarían de tener finalmente algunas noticias. Tomó un cuidadoso sorbo de su bebida caliente y crujió los dedos, pero justo cuando estaba a punto de empezar a escribir, Sherlock habló.
“John,” le llamó, sonando excesivamente serio a pesar de lo que dijo a continuación, “Gavin necesita que nos besemos.”
De todas las cosas que se le pasaron por la cabeza en ese preciso momento, lo único que John pudo decir fue, “Te refieres a Greg.”
Sherlock resopló, agitando su mano despectivamente, y continuó, “Sí, sí.”
John esperó. Seguramente Sherlock se lo explicaría, no podía declarar que necesitaban besarse por Greg aparentemente y esperar que John simplemente lo aceptara. Pero Sherlock permaneció callado, los ojos fijos en el techo mientras estaba tirado en el sofá, y John suspiró de nuevo, “¿Y por qué Greg necesita que nos besemos?”
“Tiene problemas financieros”, contestó Sherlock, como si eso lo explicara todo.
John cerró su portátil, el caso tenía que esperar. “Perdón, no veo la correlación entre esas dos piezas de información.”
Sherlock se giró, moviendo su cabeza para mirarle, y John no pudo evitar sonreír. Había rastros de la almohada en sus mejillas y John sintió el irresistible deseo de tocarlas. “Claro que no,” dijo Sherlock, cambiando la mirada de John, “Nunca te das cuenta.”
John no se retrajo, había oído a Sherlock llamarle un idiota demasiadas veces como para ahora tomárselo en serio, y sabía perfectamente que no lo decía con mala intención. “Dime entonces, ¿de qué debería haberme dado cuenta?”
Sherlock volvió a sentarse en el sofá, su bata abierta colgaba sobre sus hombros y John tuvo que apartar la mirada de nuevo. Cogió su café, esperando que le ayudara a concentrarse en otra cosa, y espero a que Sherlock prosiguiera.
“Ha estado trabajando horas extra los dos últimos meses,” Sherlock comenzó, sus ojos fijos en él. “Por una vez no tiene nada que ver con el lío con su esposa, sino porque sus dos niños decidieron que necesitaban aprender a tocar el piano. Probablemente lo dejarán pronto si me preguntas, pero aun así, tiene que pagar por las clases y estoy seguro de que sabes lo caras que son.” Paró y John asintió, su sonrisa se amplió. “Añadiendo la reciente inundación en Londres y el estado de su tejado, digamos que Lestrade necesitará dinero pronto.”
John terminó su café, depositando la taza de nuevo en la mesa y se inclinó hacia delante, “Así que Greg necesita dinero, vale. Sigo sin ver por qué necesita que nos besemos.” Apenas logró desviar sus ojos de los labios de Sherlock mientras hablaba.
“Sabes muy bien que en la policía hay una Apuesta desde que te mudaste aquí,” respondió Sherlock y John no pudo reprimir una risa. “¿Por qué te ríes? Esto es serio.”
“Perdón,” dijo John rápidamente, “¿No es solo un rumor? ¿Algo que Greg dijo para molestarte?”
“Te aseguro, John, la Apuesta es real y de hecho ahora mismo vale 2308 libras.”
John se quedó sin aire, “¿¡Cuánto!?”
“2308 libras,” Sherlock suspiró, “Por favor, escucha.”
“No puede ser verdad,” contestó John, sacudiendo la cabeza. Greg había mencionado la Apuesta un par de veces en el pub, preguntándole a John cuando iba finalmente a besar a Sherlock y dejarle recuperar su dinero, pero John estaba seguro de que lo decía en broma. “¿Me estás diciendo en serio que todo el cuerpo de policía ha estado apostando dinero sobre cuándo tú y yo nos vamos a besar?”
Sherlock asintió, “No solo besarnos, pero convertirnos en una pareja, John.”
John se quedó sin palabras. Esto era ridículo. No quería besar a Sherlock- No, aparta eso. No quería besarle porque necesitaran ayudar a Greg a arreglar su tejado y pagar las clases de música de sus hijos. John quería besarle porque llevaba queriéndolo años. “Sherlock, no sé-“
“Tan solo será unos pocos días, John,” interrumpió Sherlock, levantándose y andando hacia la cocina. “Nos besamos, actuamos como si estuviéramos juntos y luego hacemos como que no funcionó.”
Eso es incluso peor, John quiso decir pero mantuvo sus labios sellados. Claro que funcionaría, a la perfección. John no quería otra cosa más que despertarse con Sherlock dormido a su lado, pegado a su cuerpo y con sus manos sobre él. John ya quería todo de él, y si había algo de lo que estaba seguro, es de cómo de bien encajarían.
“Pensaba que Lestrade era tu amigo,” dijo Sherlock desde la cocina y John cerró los ojos. No podía decir que no. Solo le llevaría unos pocos segundos a Sherlock deducir el por qué, y eso era lo último que John necesitaba ahora mismo. “De hecho podría ser divertido, ya sabes.”
Claro, pensó John amargamente, un juego para mantener su mente ocupada. Se levantó, cogió su taza y se dirigió a la cocina. Sherlock ya estaba absorto en un nuevo experimento pero John se dio cuenta de que le había mirado por un segundo antes de volver a concentrarse en lo que fuera en lo que estaba trabajando. John supo que aún estaba esperando respuesta, y probablemente ya sabía que iba a decir que sí, pero permaneció en silencio de todas maneras. Dejó la taza en el fregadero y se apoyó contra la esquina. Solo podía ver la nuca de Sherlock desde aquí, los rizos que imaginaba que se sentirían tan suaves estaban justo ahí, y tomó toda su fuerza de voluntad para no acercarse y acariciarlos.
¿Podría mantener esta farsa? ¿Podría aparentar estar en una relación con Sherlock Holmes y entonces hacer como si nada hubiera pasado? ¿Podría sentir sus labios, sentir su cuerpo cerca y su respiración contra su piel, y saber que tan solo es un truco? John agitó su cabeza, dejando escapar un silencioso suspiro. Claro que no puedo, esto es de locos, incluso jodidamente peligroso. Pero aún así, pensó, esta podría ser la única oportunidad que tendría para saber.
“Sabía que al final aceptarías,” dijo Sherlock, sobresaltándole.
“No he dicho que aceptara,” respondió John, sonriendo y seguro de que Sherlock podía oír la sonrisa en su voz. Sherlock permaneció quieto, obviamente pensando que ya estaba decidido y John se preguntó a qué coño acababa de decir que sí. “Supongo que tienes un plan, entonces.”
Eso llamó el interés de Sherlock, y se levantó para hacerle frente de nuevo, “Por supuesto. He deducido la hora y el lugar donde Lestrade cree que vamos a besarnos-“
“¿Te refieres a que has buscado en la oficina de Greg y has encontrado la Apuesta?” interrumpió John, su sonrisa creciendo por segundos.
“Ese no es el asunto, John,” contestó Sherlock, poniendo los ojos en blanco y John rio ligeramente. “La última vez que apostó algo, planeó que nos besáramos después de un caso, o en sus palabras “John encontrará a Sherlock herido tras un caso y finalmente besará al jodido imbécil.” así que, necesito lesionarme.”
“Espera un segundo,” John le interrumpió, “¡No necesitas hacerte daño!”
“Por supuesto que sí,” Sherlock suspiró, “O no servirá para la apuesta de Lestrade.” Se detuvo, mirándole fijamente por varios segundos antes de decir, “¿Dirías que es algo que podrías verte haciendo?”
John frunció el ceño, “¿Qué?”
“¿Besarme porque haya sido herido y te hayas asustado?” Sherlock replicó, como si hablar de ellos dos besándose fuera algo perfectamente normal ahora mismo.
“S-supongo que sí.” John no le dijo que casi lo hizo miles de veces.
“Bien,” afirmó, “Parecerá más real.”
Se miraron por varios segundos, ninguno de los dos se movió, y por un momento John creyó que Sherlock había parado de respirar por completo. Hubo tiempos, antes y después de Mary, donde John pensó que había visto algo en los ojos de su amigo, algo que le había hecho preguntarse si, quizá, Sherlock también lo sentía. Esto necesita ser más íntimo, ser más.
“Tendremos que esperar a un nuevo caso,” dijo Sherlock finalmente, su voz mucho más grave que antes, y a John le recorrió un pequeño escalofrío. “Y por supuesto, tendrás que esperar a que Lestrade esté allí antes de besarme.”
John asintió, sin estar seguro de poder hablar ahora mismo. De alguna manera, acababan de planear un beso, su primer beso, y John aún necesitaba tiempo para hacerse a la idea. Iba a besar a Sherlock Holmes, eso era seguro. Lo que iba a pasar después seguía siendo un completo misterio.
