Chapter Text
A la luz de un nuevo día y al borde del añejo tubo que lo protegía de una caída dolorosa desde la cima de su torre, Ezra quería creer en la esperanza de ver un nuevo amanecer sin el incesante humo que rodeaba la capital y del cual sumergía todo en una grisácea mancha áspera, sin embargo, con el rugido estrellante de los cazas estelares recorriendo el cielo de su hogar natal, dicha fe se fue desvaneciendo en un doloroso recuerdo de lo que un día fue su planeta.
Entonces una trasmisión destello en el fondo de su cuarto, introduciendo una voz femenina con matices cálidos pero con una falsedad notable, la pequeña canción comercial que sonaba de fondo le recordó a las viejas melodías del mercado que los viejos habitantes solían poner en épocas de especial conmemoración.
“Hoy estamos a unos cuantos días de celebrar el 15° aniversario del establecimiento de nuestro gran…”
Ezra resopló irritado mientras se acercaba a la vieja radio escondida en la esquina de su cama, vio la pequeña maquina amarilla que apenas sobrevivía en base de pilas viejas y mecánicas oxidadas y dudo por un segundo de tomarlo antes de finalmente sostenerla contra su oído.
“Y maravilloso imperio, donde decenas de sistemas interplanetarios decidieron abrir su puerta hacia la libertad y gloria…”
La voz chillante de la mujer le provocó migraña mientras soltaba las palabrerías típicas de un oficial de gobierno.
“¡Es por eso que la semana entrante estaremos festejando nuestro gran e increíble desfile imperial donde todos estarán invitados a conmemorar este hecho tan especial!”
Un destello de agriedad inundo su estomago con disgusto mientras pensaba en las sonrisas forzadas de los oficiales y de la ministra fomentando los aplausos y gritos a punta de pistola finciendo una devoción poco cierta en vez de la habitual apatía que solía rodear a Lothal la mayor parte del tiempo.
El imperio había terminado con la luz de Lothal y con ello también se llevo su libertad.
Ezra jugueteo nerviosamente con sus dedos en los bolsillos sentándose al borde de su cama y se mordió el labio con impotencia.
No había nada que pudiera hacer. No cuando su estomago gruñía todos los días con la intensidad de un destructor imperial en épocas de protesta.
Además, el recordatorio constante de sus padres le provocaba arcadas, más que ayudar, le hacían retroceder cada vez que había un peligro inminente a su alcance y puede que ya sea para bien o para mal, Ezra tenía que sobrevivir y no podía arriesgarse a que lo atraparan.
Tal vez su postura decepcionaría al recuerdo de sus padres, pero después de su desaparición, no pudo darse cuenta del lujo de pensar en algo más que su propio bienestar.
Entonces llegó el día del imperio, con luces destellantes abriéndose por toda la ciudad y canciones publicitarias inundando la galaxia. Tal como si fuera una broma de mal gusto, un tirón al fondo de su cabeza se destelló ligeramente hacia afuera.
Con su corazón latiendo intensamente, dio varías respiraciones mientras dejaba que la tensión se deslizara de su cuerpo, sin embargo, tuvo un efecto contrario cuando accidentalmente poso su mirada en el casco blanco y negro colocado cuidadosamente al lado de otros cascos imperiales en una pequeña mesa al otro lado de su cama.
Un hormigueo recorrió su columna al momento que sus ojos se toparon con los del casco y por alguna razón, su cuerpo se movió solo hacia la salida de la torre, apretando sus labios con confusión y sujetándose al pequeño deslizador.
Desde luego dejo que la sensación que había palpitado en su cuerpo lo guiara hacia donde quisiera ir. Ajustando sus pernas y brazos en el deslizador, Ezra alcanzo a deslumbrar como pequeñas sombras a su alrededor se alzaban a medida que iba pasando por los pastizales de Lothal.
Una leve sonrisa recorrió su rostro ante la leve inclinación curiosa de los loth cats y se prometió traerles algunas semillas más tarde.
A su distancia, la ciudad Capital se alzaba con una fuerte pero a la vez deteriorada presencia, dejando ver a su vez, las calles llenas de oficiales de alto rango y soldados de ataque.
Al inicio, cada vez que Ezra veía un Stormtrooper se cohibía temiendo ser perseguido, pero con el paso del tiempo se fue volviendo más temerario, robándoles directamente y escabulléndose entre ellos, también y que desarrollo la afición de coleccionar sus cascos.
Las casas y edificios a su alrededor le dieron la bienvenida al frío entorno de la ciudad, con pequeñas grietas sumergidas en el yeso de las paredes y el sólido color blanco y gris que pintaba cada esquina de las viviendas y el cual parecía extirpar cada gramo de identidad que antes la ciudad solía tener.
Recordó con agriedad la calidez que solía regodear en las calles cuando era aún más joven, antes de que ni siquiera el imperio se llevara a sus padres y que cerraran los negocios locales.
En esos momentos las fabricas ya se habían instalado y apenas los efectos del humo negro que rodeaba a Lothal se empezaba a hacerse notar, sin embargo para aquellos tiempos todavía se seguía practicando el Lothalí en las calles y los murales no habían sido destruidos por el paso del imperio.
Ahora todo había cambiado.
Ezra se deslizó con sigilo entre las calles hasta llegar a un viejo callejón que conoció desde que tenía ocho años escondiéndose de cualquier mirada imperial que pudiera provocarle problemas. Utilizando las paredes como punto de apoyo, salto entre ellas hasta alcanzar el filo del techo.
Una vez arriba, echo a correr por detrás de los conductos de aire que resaltaban por encima de las viviendas, utilizándolos como una cobertura momentánea hacía su curioso fisgoneo.
Entonces una sensación aguda rechino al fondo de su mente, tal como si se tratará de un pequeño cosquilleo recorriendo su piel arrullo a sus sentido haciendo que volteara a ver al fondo de la calle, justo donde se ubicaban tres cajas grises de metal que descansaban contra la pared.
Ezra entrecerró los ojos con sospecha escuchando nuevamente esa extraña sensación que vibraba en su cabeza, casi tan ruidosa como un timbre de la academia imperial. Encorvándose, camino agachado y salto con sutilidad de una construcción a otra.
Lo que sea que el mundo le estaba intentando decir, de seguro sería de gran importancia si eso significaba que prácticamente lo había hecho correr desde su torre de comunicación hasta esas cajas grises arrinconadas.
Volteando a ver a su alrededor un par de veces. Solo se encontraron par de oficiales de bajo rango y un pequeño grupo de Stormtrooper caminando con pereza de un lado a otro. Aún así la difusa inquietud seguía oprimiendo su pecho con pesadez como si tratará de mostrarle algo, pero sin decirle directamente qué.
Sentía que estaba perdiendo el tiempo y el repentino gruñido de su estomago le recordó cuando había sido la última vez desde que había comido algo. Sus dedos magullados se encorvaron contra su estomago, tratando de silenciar el ruido proveniente de su cuerpo y agitó la cabeza tratando de concentrarse una vez más.
Entonces nuevamente el cosquilleo inundo sus entrañas con intensidad, palpitando en sus manos con una extraña agitación que sacudió a sus nervios.
Dando un último vistazo a su alrededor, se aseguró que nadie más estuviera vigilando dicha área antes de extender su mano lentamente hacía una de las cajas. Un impulso lejanamente conocido se regocijo en su cuerpo con calidez. Ezra exhalo con dificultad al sentir un peso vacío hundiéndose en sus hombros, colándose en sus brazos y temblando en sus manos.
El zumbido en su mente se intensificó nublándole la vista durante unos segundos mientras trataba de que sus extremidades no cayeran del cansancio, entonces, la tapa de la caja se movió por un par de centímetros con lentitud.
No fue mucho, ni siquiera lo suficiente para dejar al descubierto todo el contenido, pero fue lo suficiente para que Ezra pudiera ver a través de la pequeña rendija lo que había en su interior.
“Armas”. Susurró hacía sí mismo con sorpresa. No sabía que había estado esperando, pero ciertamente sintió una decepción al ver la caja llena de armas largas y de apariencia más elegante.
No eran los típicos blasters que cualquier soldado usaría, más bien la apariencia de una mezcla de un cañón y un rifle, solo más alargados y con colores más refinados. Hacía tiempo, Ezra había visto como casas enteras habían sido destruidas por un solo tiro de un cañón y como las vidas de decenas fueron aprehendidas a las manos del imperio a punta de rifles.
Un regorteo revolvió su estomago con preocupación y no pudo evitar sentir escalofríos al pensar en lo que dichas armas podrían hacer en las manos de los imperiales de Lothal. Ya de por si los toques de queda se habían incrementado desde aquellos ataques rebeldes que habían surgido meses antes en la capital.
Ezra realmente no quería imaginarse que pasaría si estas armas tendrían la potencia de un cañón y la precisión de un rifle, ahora había un mayor número de oficiales rondando por las calles, con menor paciencia y con reglas cada vez más estrictas y ridículas.
En este punto, Lothal se volvería una carnicería local de prueba del imperio, no solo como una base industrial, si no como centro de prueba de armas y eso era algo que realmente no podría tolerar.
Viendo las armas y frunciendo el ceño, Ezra se decidió.
Destruiría esas pistolas sin lugar a duda.
Ciertamente no serían las únicas en existencia, pero al menos ayudaría a retrasar dicha distribución y puede que incluso la pérdida haga reflexionar al centro imperial acerca del alcancé de éstas.
Ezra se asomó nuevamente en su posición para confirmar el número de imperiales. Para ser armas tan elegantes, los oficiales no parecieron darle la suficiente importancia para siquiera colocar un par de Stormtrooper al lado de las cajas, lo cual le hizo pensar que tal vez ni siquiera ellos sabían de lo que se trataba.
De igual forma, en Lothal no había mucho que exportar aparte de armas y comida, por lo que era probable que pensaran que las cajas tenían alimentos dirigidos hacia la academia imperial. Eso hizo que la misión de Ezra se volviera más fácil.
No podría simplemente explotarlos en medio de la calle, principalmente porque no tenía explosivos y también porque lo atraparían al instante y lo enviarían inmediatamente a prisión.
Tenía que ser más creativo que eso, claro, todavía podía destruirlos, pero no en ese lugar, ni en ese instante. Si lograba una forma de sacar dichas armas de la capital sin que nadie se diera cuenta, entonces el mismo se daría el lujo de comer más de una comida al día.
Ezra suspir con pesar a sabiendas del lio que el mismo se haba metido. Entonces apareció una nueva figura al fondo de su vista.
A la leve lejanía, a la otra esquina de la calle, una figura alta, de cabello café, camisa verde y pantalones azules, se apoyo contra la pared con una de sus manos posada en un muy reconocible blasters ubicado por debajo de su cadera.
Ezra lo vio con curiosidad por unos segundos hasta que una vibración retumbo en sus oídos con vigor, haciendo que sus nervios saltaran con apatía como si se tratará de millas de disparos dirigidos hacia él, por un breve segundo se olvido de lo que estaba haciendo y con temor se arrastró rápidamente hacia atrás de uno de los conductos con el nerviosismo a flor de piel.
De alguna manera, ese hombre le había alterado al punto de hacerle esconderse y aunque estaba curioso y levemente perturbado del porque, todavía tenía que deshacerse de dichas armas. Con un par de respiraciones intentando calmar los temblores que azotaban sus piernas, Ezra volvió a salir, viendo las calles medio vacías.
Esta vez no visualizo al hombre misterioso pasado, si no la presencia de una chica al lado de éste, su armadura mandaloriana denotaba de donde provenía pero fueron la combinación de colores rosas, naranjas y amarillos lo que le llamó la atención.
Nunca había conocido a un mandaloriano, pero había escuchado muchas historias de ellos y si la mitad de esos cuentos eran ciertos, entonces realmente no quería meterse con alguno en su vida.
Por otra parte, una especie de wookie calvo y morado apareció en su visión, justo cuando este pasaba al lada de la chica, el wookie se detuvo durante unos segundos palpando su muslo izquierdo dos veces y en respuesta, la chica palpo el suyo tres veces.
Ezra parpadeó ahora con una genuina curiosidad acerca de lo que este peculiar grupo estaba planeando hacer, no sin antes asegurarse de que nadie todavía se había llevado las armas.
No sabía cómo explicarlo, pero las armas simplemente parecían emanar un tipo diferente de dolor, uno del cual se sentía familiar pero a la vez distante. Por lo que le fue sencillo sentir si su presencia se alejaba o acercaba.
No pudo quedarse más tiempo presenciando el intercambio similar de aquel grupo desconocido, por lo que Ezra se puso en acción. Deslizándose sigilosamente por una de las esquinas, camino en cuclillas hacía las cajas.
No tenía idea de lo que iba hacer, por un lado de la calle estaba rodeado de Stormtrooper y por otro igual, no podía adjuntar magnéticamente las cajas a su deslizador sin que no se viera muy obvio que iba por las calles con unas cajas imperiales, por lo que optó por la opción del sigilo.
Sacaría cada caja, una a una, hacía un espacio menos concurrido y luego las enlazaría a su speeder y esperaría hasta que las calles se vaciaran para llevárselas.
Ezra conoció a Lothal tan bien como la palma de su mano, sabía dónde se localizaba el callejón sin salida más próxima y también que rutas solían tomar los oficiales y troopers, por lo cuál lo único que tendría que hacer era evadir a cualquier figura que pudiera delatarlo y llevar las cajas al callejón, para después regresar por su deslizador, magnetizarlo e irse a la torre de comunicación.
Aunque todavía habían partes de su plan que pulir, Ezra confiaba que en el camino se le ocurriría algo que haría la misión menos (o más)arriesgada. Fue entonces cuando todo se echo a perder al momento que el sonido de algo incrustándose en las cajas captó su mirada y Ezra apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando en un sonoro y ardiente explosión azotó sus sentidos, arrastrándolo hacía el otro lado de la calle y estrellándolo contra la pared más cercana.
El humo inundo toda su visión, respirando las cenizas que habían quemado parte de su piel. Sintiendo sus huesos crujir por el impacto, apenas alcanzó a captar los colores rosas y amarillos por encima suyo.
Por un instante le recordó a los fuegos artificiales que la gente solía arrojar al cielo, con destellos púrpuras y naranjas, solo que aquellos no se sentían como si le estuvieran hirviendo por dentro.
Con la visión tambaleando, pudo observar al grupo de personas de hace unos minutos correr desde el otro lado de la calle hasta donde se encontraba él, atravesando el bosquejo gris y caliente que había dejado la explosión y sujetándose a tres motos deslizadoras ubicadas justo a un par de metros de su posición.
Al menos tenía una preocupación menos .
Pensó cuando vio los restos de las armas vueltas cenizas.
Sin embargo, ahora con la garganta ardiendo y su corazón latiendo con intensidad, supo que tenía que salir del lugar antes de que lo volvieran un chivo expiatorio.
Ezra había conocido casos donde gente completamente inocente habían tomado la culpa por actos criminales de los cuales ni siquiera idea que habían pasado solo por estar cerca de donde se habían cometido y esto no iba a dejar que le pasara.
El imperio buscaba culpables a los que ejecutar y exponer para su servicio y no les daría la satisfacción de darles eso.
Por lo que sus piernas se movieron más rápido de lo habitual, corriendo hacia el grupo frente suyo que ya se encontraban acelerando en sus motos deslizadoras. Ignorando el palpante e intenso dolor de sus huesos, Ezra flexiono sus piernas al ver la moto del tipo morado y saltó en un tirón cayendo por detrás del tipo provocando que la moto se tambaleada hacía un lado con sorpresa.
“¿Qué demonios….?” Preguntó el tipo con molestia cuando lo vio, su voz irritada y rasposa provocó que una sonrisa traviesa atravesara su rostro.
Ezra sintió la adrenalina recorrer sus músculos cuando los disparos de los blasters comenzaron a sonar al lado suyo.
“¡Saben, podrían haber sido más sutiles hace rato!” Exclamó mientras esquivaba los disparos. “¡Tú enorme tamaño casi delataba a tus amigos!”
El wookie calvo frunció el ceño con el ojo. “¡¿Huh?! A lo que Ezra se rio con emoción encorvándose de hombros.
“¡Ahora me involucraron, así que no tengo otra opción que robarles!” Volvió a gritar entre el tormento de arena, gritos y disparos. La chica mandaloriana lo había volteado a ver por unos segundos al mismo tiempo que el hombre misterioso que los acompañaba.
“¿A qué te refieres…?” Preguntó el wookie sin recibir una respuesta, antes de que Ezra hiciera un pequeño gesto de despedida con sus dedos. Para después apoyar su pie en el estribor de la moto provocando que el hombre se inclinara hacia adelante y que con un pequeño empujón de su parte, saliera rodando hacia el suelo.
Ezra saltó hacía el asiento se encontraba el hombre anterior tomando el control del deslizador y sintiendo el estupor de las otras dos personas a su lado. Con diversión, aceleró su paso y se deslizó de lado dándoles las caras directamente, deteniéndose por unos segundos.
“¡Lo siento por su amigo!” Les gritó antes de volver a su camino inicial, marchando con velocidad y dejando atrás todo el caos en el que se había metido.
